OBJETIVOS DEL TRABAJO

Rudesindus          Entre  la postura apriorística de la ciencia histórica y los planteamientos especulativos de los esotéricos, es necesario un estudio de la Tradición Jacobea como origen del Camino de Santiago. El propósito del trabajo es el estudio de sus fuentes para ver si contiene indicios o criterios de verosimilitud, o es una falsedad arropada en el transcurso de la Historia.

          Aunque incluyendo ampliaciones y complemento grafico adicional, todo lo aquí publicado relativo a Tradición Jacobea y sus criterios de verosimilitud, fue editado en el número 7 de la revista Rudesindus de 2011.

          Junto a este objetivo prioritario de este blog iré incluyendo otros muchos temas complementarios, como breves relatos literarios, artículos musicales, diarios de peregrinación, personajes de la historia jacobea, conformando un mosaico temático que pueda ser del gusto del peregrino del Camino de Santiago.

          Y si este Blog resulta de tu agrado, te invito a regristarte y a que lo des a conocer entre tus contactos que puedan estar interesados.

 

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43- Faustino Santalices, recuperador de la zanfona

          Faustino Santalices Pérez, nacido en Bande (Ourense), el 16 de noviembre de 1877 y fallecido en Madrid el 6 de diciembre de 1960, fue el investigador mas importante de zanfona en España, donde ha destacado como verdadero promotor de su conservación, desde que quedó prendado de ella cuando de niño escuchó tocarla a un ciego en alguna feria o romería. Hacia 1898 tuvo noticia de que en Lueda, muy cerca a su lugar natal, había una zanfona, probablemente la misma que oyó de niño,  que compró a los herederos. Abandonada su fabricación probablemente por el marcado desarrollo del violín, los viejos ejemplares de zanfona escaseaban, en mal estado de conservación, y van pasando a los museos, anticuarios y colecciones particulares. Se impone una acepción peyorativa que lo considera un instrumento estridente y monótono limitado al uso en romerías populares, preferentemente por ciegos. Los escasos ciegos que la tocaban usaban instrumentos desvencijados y mal cuidados, lo que influyó negativamente en su comprensión y aceptación. Faustino intuye sus verdaderas posibilidades y se siente llamado a vencer este abandono, y desde entonces con aplicado celo se entregó a la recuperación de este singular instrumento prácticamente desaparecido.  Estudió Derecho en Santiago de Compostela y tras licenciarse ingresó en el Ministerio de la Gobernación, siendo destinado a Soria, donde vivió hasta 1914 antes de regresar a Orense. En 1918 se casó con Rosa Muñiz, que le acompañó en sus actuaciones y grabaciones. En 1924 fue nombrado Secretario del Gobierno Civil de Orense.

          Desde su juventud fue un estudioso e investigador tanto del folclore gallego como de los instrumentos tradicionales de Galicia. Aprendió a tocar la gaita en Celanova, del famoso Gaitero de Penalta, estudiándola de manera minuciosa y aprendiendo de él todos los recursos técnicos, y el modo de construir modelos de perfecta afinación y bellísima factura, alguno de los cuales pueden contemplarse en el Museo Provincial de Lugo. En cuanto a la zanfona, este histórico instrumento estaba en vías de desaparición entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, incluso en el medio popular apenas podía verse en alguna romería. Faustino estudió, recogió y mejoró técnicamente la zanfona, en colaboración con Casto Sampedro y Folgar, primer director del Museo de Pontevedra y autor del más completo Cancionero musical de Galicia. La recuperación de la zanfona fue la inmensa labor de Santalices que le supuso el Primer Premio. Internacional de Instrumentos Antiguos, en 1949, cuya labor será continuada hasta hoy por su hijo Faustino y el Taller Escuela de la Diputación de Lugo, dando al instrumento estabilidad y futuro.

          En 1922 empezó a colaborar como gaitero en el coro orensano “De Ruada” y luego con “Os Enxebres”, agrupaciones en las que realizó una importante labor de divulgación del folclore gallego. En 1929 grabó varias piezas con zanfona y otras con gaita en la casa Regal. En agosto de 1934, investido de su condición académica universitaria se le invitó a impartir una charla magistral sobre la zanfona en el Paraninfo Compostelano, acompañando su discurso con música de su vieja zanfona, con la que interpretó cantigas de juglares  medievales, y terminando con algunas piezas tradicionales con dos gaitas y tambor. Suposo en suma la presentación culta da la zanfona y la gaita gallegas en un acto académico en la Universidad de Santiago.

          Durante los años de la guerra construyó muchas gaitas, que regaló a los soldados gallegos. Posteriormente fue trasladado a Barcelona y luego a Madrid en 1944, donde colaboró con la agrupación artística Rosalía de Castro.

          En 1949, editó en los estudios de la calle Colón de Madrid, un disco completo, titulado “Gravacions históricas de zanfona”.  Una grabación discográfica de entonces se acometía de un tirón, sin opciones de interrupción ni descanso, ni retoques técnicos como permite la tecnología actual, lo que resultó verdaderamente admirable para un hombre que contaba ya con 73 años. En alguna pieza participó su propio hijo tocando las conchas. De aquella sesión, editada por la casa Columbia, nacía el mito y la leyenda, ya que contenía piezas que eran  símbolo de la riqueza expresiva de la música gallega: “Alalá das mariñas”, “Axéitame a polainiña”, “Romance de don Gaiferos”, etc.

          Con apoyo de la Diputación de Lugo, fundó en esa ciudad un Taller-Escuela de Instrumentos Galegos en 1951, gracias al patrocinio del empresario Antonio Fernández López. En ella contó  con la ayuda del gaitero Paulino Pérez y formó artesanos para que la tradición de la zanfona no se perdiese. Actualmente las nuevas hornadas de intérpretes de música tradicional y los talleres de nóveles y destacados artesanos de instrumentos dedicados a su fabricación permiten hablar de un resurgimiento definitivo, después de una fase en que cabía hablar de verdadera “resurrección”. Al año siguiente grabó cuatro discos, que posteriormente reeditó y refundió en un único trabajo llamado Faustino Santalices.

          Fue un cualificado ponente de conferencias-concierto, como la que dio en Santiago en julio de 1952 en la inauguración del Palacio de Gelmírez, donde causó enorme sensación oír y percibir las posibilidades melódicas de la vieja novedad que ofrecía la zanfona. Merece citarse el recital-homenaje a Ramón Menéndez Pidal, en 1954, en que dio a conocer en público el Romance de don Gaiferos de Mormaltán, verdadero hito de los cantos de peregrinación jacobea. Oímos aquí el tema de su álbum Gravacions históricas de zanfona, grabación emblemática representativa como ninguna otra de la recuperación tanto del instrumento como de la pieza interpretada.

          También escribió el primer libro español sobre este instrumento, La zanfona (1956), que está basado en el método francés de Michel Corrette (1738) donde incluye algunas de sus ilustraciones. Colaboró también en periódicos y revistas como Finisterre, Revista de Galicia, Faro de Vigo, etc. En 1960, a la edad de 83 años, Santalices falleció en Madrid; después de cultivar ricamente el folclore de su tierra natal y dejando un legado que garantiza la continuidad de su colosal labor en favor de la zanfona dejando continuadores de ella.

          Desde principios de 1990 tiene una calle dedicada en Pontevedra.

          Resultan entrañables algunos de sus reflexiones sobre la zanfona: “Si la gaita se hizo para cantar la alegría popular, debajo de la bóveda del cielo, la zanfona fue creada para expresarlo todo… Es un instrumento intimo que suena poco, que habla bajito, y hay que oírlo recogidamente”, “Son cinco cordas que cantan, que sospiran, rin o choran; son a i-alma de Galicia morriñenta e soñadora.”

          Merece una mención especial su zanfona favorita, aquella con la que daba sus conciertos e hizo sus grabaciones. Se trataba de una zanfona que le fue regalada por una familia orensana, los Taboada-Tor, en 1943 ó 1944, y había sido recuperada en un Pazo que esta familia poseía en las proximidades de Orense. Esta zanfona, de factura y acabado de gran calidad, posee las características propias de la zanfona española tradicional, pero con escasa escotadura, y con una caja armónica atípicamente más ancha de lo normal. Testimonios de un discípulo y de su propio hijo, que la conocieron antes de su remodelación, la describen con flautas en un lado y fuelles en su interior (de aquí su anchura), lo que la identifica como una lyra organizatta o zanfona-órgano, modelo muy particular construidas como instrumentos de lujo durante breve espacio de tiempo, hacia la segunda mitad del siglo XVIII y que en seguida dejaron de construirse. Aunque intentó su reparación por un organero prestigioso de Valladolid, donde entonces Faustino residía por razones profesionales, no fue posible hacerlo, ante lo que optó por reconvertida en una zanfona normal. La mayoría de los instrumentos que había recogido se encontraban muy deteriorados e irrecuperables, por lo que esta zanfona, antigua pero de muy buena calidad, se convirtió en su instrumento preferido.

          Se trata por tanto de una zanfona francesa pero con casi todas las características de la zanfona española, acaso un modelo común de un taller que no diferenciaba entre unas y otras, sino solo buscaba diseñar una buena zanfona. Esta peculiar zanfona, que Santalices llamó zanfona en sol, fue usada como modelo durante años en el taller escuela de la Diputación de Lugo. Eran, por tanto, dos los modelos que se fabricaban: una pequeña en Do y otra grande en Sol y sin escotadura, usada por muchos grupos de música tradicional gallega. Actualmente la escuela de Lugo ha dejado de construir las grandes zanfonas basadas en el modelo de Santalices, acercándose a ejemplares que creemos más auténticos, de un tamaño mas reducido y forma más tradicional.

 

          En el capítulo de audiciones además del Romance de Don Gaiferos ya mostrado antes, quiero incluir también del álbum Gravacions históricas de zanfona, el “Cantar de romería”, por la singularidad de que oiremos al propio Faustino explicando el uso del “verso endecasílabo o anapéstico, con acento en la cuarta y séptima sílabas y su perfecto acomodo al compás de muñeira (6 x 8)”.

          Y no quiero terminar sin compartir una versión que considero un verdadero portento de la técnica musical y de la sensibilidad artística, la versión histórica de Faustino Santalices de 1949 del Alalá das Mariñas, pero enmarcada por el grupo Milladoiro en un soporte instrumental montado en 2002 en su CD “O Niño do Sol”, un encuentro musical a través del tiempo que hace contener la respiración y encogerse el corazón, sintiendo la saudade gallega sea cual sea la tierra que nos vio nacer.

Fuentes consultadas

1.- Juan Bautista Varela de Vega.  Anotaciones Históricas sobre la Zanfona. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. www.cervantesvirtual.com Publicación original: 1980

2.- Julio García Bilbao. Averiguaciones sobre la Zanfona de Faustino Santalices. Revista de Musicología,  Sociedad Española de Musicología (SEDEM), Vol. 18, No. 1/2 (Enero-Diciembre 1995), pp. 275-287

3.- Alberto Solana, Gran Enciclopedia del Camino de Santiago, Ediciones Bolanda 2010. Gaiferos de Mormaltán, Vol. 8, págs. 141-143. Zanfona, Vol. 18, págs. 175-177.

4.- José Luís Forneiro. Faustino Santalices e a poesía narrativa popular galega. Cástor Castro Vicente e Félix Castro Vicente (eds.), 2011, Congreso Faustino Santalices: ciencia da gaita, consciencia da zanfona. ourense: Difusora de Letras, Artes e ideas, 86-97.

5.- Antón Seoane. Faustino Santalices. Investigador, gaiteiro e zanfonista (Galegos na Historia). Ir Indo Edicións 2011.

 

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43- San Roque, un santo para tiempos de pandemia

          Acerca de la vida de San Roque, se tiene información a partir de sus hagiografías que nos proporcionan conocimientos incompletos y legendarios al tratarse de obras escritas mucho tiempo después de los hechos, atendiendo más a razones morales que históricas, aunque no exentas de algunos datos históricos básicos. Son fundamentalmente dos. La Vita Sanct Rochi escrita en latín por el jurista veneciano Francisco Diedo, en 1479, base de la “cronología tradicional”. Y el Acta Breviora, cuya primera edición conocida se encuentra en un libro de Vitae de santos publicado en Colonia en 1483, pero que según algunos investigadores, se trataría de la traducción latina de un texto italiano más antiguo compuesto en Lombardia hacia 1430, lo que lo convierte en su biografía más antigua, y el texto que alimenta la “nueva cronología”, que fija su nacimiento y defunción medio siglo después que la versión de Diedo.

          Su nombre parece derivar del apellido de un noble linaje del Languedoc francés, Rog o Rotch, con posible significado de “fuerte como roca”.

          Su semblanza, por tanto, se mide por una doble cronología, una tradicional que propone 1295 como año de su nacimiento y 1327 como año de su muerte. Otra cronología de márgenes abiertos, que busca conciliar el contexto biográfico con ciertos hechos históricos conocidos, situando su nacimiento en el tramo 1348-1350 y su muerte en el tramo 1376-1379. Es la segunda la que parece contar con más apoyos.

          Sus padres, una familia noble y pudiente de Montpellier, en algunas fuentes el gobernador de la ciudad, Juan el padre y Libera la madre, ante la prolongada dificultad en concebir un hijo pedían a Dios en oración la concesión de descendencia, y parece que ya desesperaban cuando llegó la buena nueva. Lo cierto es que Roque creció en un clima de profunda religiosidad y muy pronto demostró su vocación. Algunos autores citan que Roque habría estudiado en la escuela de los Dominicos y que habría pertenecido a la «Tercera Orden» de franciscanos, lo que aun sin estar constatado, se entiende bien al valorar que los ideales de vida franciscana fueron cultivados en Montpellier por San Antonio de Padua, fiel intérprete de San Francisco, encajando bien con que Roque asumiera el voto de pobreza, vendiendo todo y dándolo a los pobres. Por otra parte Montpellier era famosa por su universidad de medicina y de derecho y está en el camino francés del Camino de Santiago de Compostela, de modo que algunas fuentes mencionan que pudo adquirir conocimientos en el arte de sanar y atracción por el mundo de la peregrinación.

          Su porvenir vino influido cuando con doce años perdió a su padre, de quien se cita que le aconsejó en su lecho de muerte ser anónimamente dadivoso con los pobre de necesidad. A los veinte años perdió a su madre, y al quedar heredero único del notable legado familiar, guiado por su fe y su educación, decidió vender sus bienes y donarlos a los pobres, aunque algunos afirman que entregó parte de sus derechos de herencia a un tío suyo quedando liberado de preocupaciones materiales. Esta trascendente decisión de liberarse de ataduras materiales y quedar en la absoluta pobreza para ponerse en camino, pertenece al más puro estilo franciscano. Resolvió dedicarse a la peregrinación y al auxilio de sus semejantes.

          Los destinos preferidos de peregrinación eran Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, siguiendo el culto a las tumbas y reliquias de santos y mártires. Europa medieval tenía una red de hospitales atendidos mayormente por órdenes religiosas y en algunos casos por cofradías de laicos. La entrega desprendida y piadosa era una opción popular virtuosa en auxilio de quienes se aventuraban a la peregrinación. No eran aquellos buenos tiempos para peregrinar a Tierra Santa de modo que decidió ir primero a Roma como peregrino y dejar para otro tiempo peregrinar a Santiago de Compostela, aunque luego no tuvo ocasión de hacerlo.

          Se proporcionó el hábito peregrino: sayo, sombrero de ala ancha, bordón y calabaza, pelliza, esclavina y varias conchas para beber de los ríos, además de unas alforjas para sus pocas pertenencias de caminante. Así es representado en multitud de imágenes hasta el punto que muy a menudo era confundido con la propia imagen peregrina del Apóstol Santiago del que, sin embargo, se diferencia bien por dos elementos que le identifican: la herida o bubón de la peste que suele representarse en el muslo o en la pierna, y el perro con una hogaza de pan en las fauces, aunque a veces figura un ángel curando su herida.

          El elemento que más distinguió a san Roque es su afectación y dedicación a la peste, lo que se ha argumentado para su datación cronológica. La pandemia de peste más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV alcanzando su punto máximo entre 1347 y 1353, los años llamados de la «peste negra», en que se estima que falleció una tercera parte de la población de aquella época, cifrándose en más de veinte millones de muertos.

          En su peregrinación hacia Roma por la vieja ruta de la Toscana se encontró con la peste en Acquapendente (Lazio), donde paró para cuidar de los enfermos. Cuando la plaga disminuyó se dirigió a Cesena (Emilia Romaña), donde había surgido un nuevo brote de la enfermedad. Siguiendo los pasos de la enfermedad marchó a Rímini para llegar finalmente a Roma. En su recorrido fue por tanto siguiendo los pasos de la plaga y se dedicó a curar y atender a todos los enfermos de la peste acudiendo a sus hospitales, curando a muchos enfermos haciendo sobre ellos la señal de la cruz y ayudándoles siempre tanto física como espiritualmente. A quienes morían, los enterraba él mismo, ante el miedo a acercarse a los cadáveres por el contagio de peste. El propio Roque argumentaba que Dios le enviaba para curar milagrosamente a los apestados.

          Uno de los episodios más conocidos de su vida es su encuentro con el sumo pontífice, valioso testimonio que puede orientar la cronología de su vida. De 1309 a 1377, los papas residían en Aviñón, salvo el periodo entre octubre de 1367 y septiembre de 1370, que volvieron un tiempo a Roma, por acción del pontífice Urbano V, francés que fue profesor en Montpellier. Se admite que este Papa fue con quien se entrevistó San Roque, por lo que su paso por Roma sería entre finales de 1367 y principios de 1368, poniéndose una vez más al servicio de los enfermos, en el hospital del Santo Espíritu de Roma, fundado por Guido de Montpellier, nexo que pudo facilitar su estancia. Allí tuvo lugar la curación de una alta jerarquía vaticana que, en gratitud, organizó la audiencia papal. La estancia de Roque en Roma se considera que llegaría hasta 1370 o 1371. Es la época de mayor prestigio y seguimiento local del Santo a quien, ante la grave amenaza de la peste, se aclama por su poder taumatúrgico sobrenatural. La modestia y humildad le hacen huir de este escenario de aclamación y se dirige Piacenza, anónimamente como años antes había entrado en Roma.

          En Piacenza, en la Emilia-Romaña, a partir de 1371, se dirige al hospital local como era su costumbre. Si hasta entonces Roque había triunfado sobre la enfermedad y la desgracia; a partir de aquí será víctima de ambas. Una fea llaga surgió en su pierna, y el aclamado Roque pasó a ser un apestado más. Expulsado del hospital y de la ciudad, se refugió en un bosque no muy lejano para aislarse y morir en paz, al parecer en Sarmato, según alguna fuente. Allí calma la sed y limpia su herida en un manantial cercano, que en algún relato emana milagrosamente. El alimento se lo proporcionaba a diario un perro que le traía un trozo de pan que extraía de la despensa de su amo, Gottardo Pallastrelli. Este animal es representado desde entonces como compañero fiel de San Roque en innumerables representaciones artísticas. Gottardo, de familia acomodada, al descubrir la labor de su perro, siguió su proceder: cuidó y alimentó a Roque mientras éste lo instruía en la fe del Evangelio, terminando por hacerse discípulo suyo y optando por peregrinar como él. El «Acta Brevoria», texto más fidedigno de la vida del santo, escrita en el norte de Italia y considerada anónima, algunos historiadores creen que fue redactada por el propio Gottardo.

          La curación definitiva de Roque, por obra de un ángel, aunque según alguna creencia popular sería por lamidos del perro, marca un nuevo episodio confuso y legendario en la vida de San Roque. Una vez curado se dirigió hacia su ciudad natal y de camino encontró dificultades bélicas y al verlo con prendas en mal estado y ocultar su nombre y datos de familia, pensaron que podía ser un espía, por lo que fue detenido, sin aceptar que ocultaba su identidad para mantener su voto de pobreza. Será encarcelado cinco años, tras los que muere un 16 de agosto entre 1376 y 1379, a la temprana edad de 32 años. Una versión sitúa la muerte del santo en la cárcel de Montpellier donde es recluido anónimamente hasta identificar la cruz bermeja en su pecho como marca de nacimiento. Pero es más factible que Roque no llegara a Montpellier sino que fuera detenido al norte de Italia y falleciera en Angera según algunas fuentes, y en Voghera según otras. Hoy la opción que parece más viables es la sugerida por el criterio bolandista (Jesuitas que siguen la obra hagiográfica de Jean Bolland 1596-1665) en la definición del lugar y fecha de la muerte de un santo, de que la acreditación del lugar donde aparece la primera tradición litúrgica y veneración de las reliquias, es la más fiable, y es Voghera la que cuenta con los testimonios más antiguos en Italia y en Europa con firmes indicios que señalan a San Roque de Montpellier. Además Voghera era un importante cruce de caminos, por el que circulaban los palmeros que viajaban a Tierra Santa, los romeros que peregrinaban a Roma, y los peregrinos que desde Italia partían a Santiago.

          Las frecuentes oleadas de peste perpetuaron la memoria del peregrino que atendía a los enfermos de tan nefasta dolencia y que obraba curaciones milagrosas con la sola señal de la cruz, por lo que la devoción popular empezó a incluirle en sus ruegos y cultos colectivos, como protector de la peste y las epidemias, dedicándole templos, capillas, hospitales, hospicios, cofradías, ermitas, oraciones y liturgias, difundiéndose primero por Italia y Francia y pronto por todo Europa el culto a San Roque ya desde finales del siglo XIV y durante el siglo XV mucho antes de su canonización, de la que hay cierta confusión de fecha. Unos citan que no se formaliza hasta finales del siglo XVI por Gregorio XIII en 1584, y otros que se produjo en julio de 1629 por Urbano VIII.  Sixto V solicitó al embajador de Venecia una biografía de su vida y milagros y, cuestionando el valor de las pruebas presentadas cuestionó incluir en el santoral a San Roque a lo que el embajador contestó que no aceptar la santidad de San Roque, de absoluta popularidad, sería tal escándalo que temblaría la cristiandad. Lo cierto es que ya antes la Iglesia reconoció el fervor popular, concediendo a San Roque honores litúrgicos, pues desde finales del siglo XV tiene una Misa propia en el Misal Romano el día 16 de Agosto, siendo uno de los santos mas venerados del mundo católico. Gregorio XIV le dio Categoría de mártir incluyendo a San Roque en el  Martirologio romano en 1591. 

          Esta rápida extensión popular de su  su santidad y poder taumaturgico, según Louis Réau, se dio por dos hechos fundamentales: por un lado la decisión del Concilio de Constanza en 1414 de instaurar plegarias públicas al santo para que cesara la epidemia de peste (aunque algunos investigadores creen que realmente fue en el Concilio de Ferrara de 1439); por otro lado el traslado de sus reliquias a Venecia en 1485, importante centro comercial y religioso de Europa por el que transitaban muchos de los peregrinos que iban a Tierra Santa y donde se fundó la Scuola Grande di San Rocco, cofradía  creada para asistir a los ciudadanos en tiempos de peste.

          El origen más temprano de su culto se encuentra en Voghera, y tras ella Venecia, y después Nuremberg, en Alemania, debido a la comunidad de comerciantes alemanes que volvían de Venecia. Su culto se extiende a Portugal (Lisboa), Alemania (Bingen) y Bélgica (Amberes y Huy), y prácticamente a toda Europa. En 1489 el culto llegó a España, concretamente a Valencia. En 1501 el Papa Alejandro VI enviaba a Granada una reliquia del Santo y en 1563 Felipe II hizo que llegara otra a San Lorenzo de El Escorial. Pero es Galicia el lugar donde más devoción tuvo este santo debido sobre todo a las pestes de finales del XVI, siendo designado co-patrón de Santiago, pues según la tradición, salvó a Compostela de las epidemias que la amenazaban. Hoy son multitud las localidades de España y de Europa que tienen a San Roque como Patrón o Protector y por todos los rincones del mundo donde hay fieles católicos, pueden encontrarse capillas o iglesias, o incluso aldeas con su nombre.

Fuentes Consultadas.

1.- Miguel Herrero García, San Roque, en Año Cristiano, Tomo III, Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 407-410

2.- Pierre Bolle y Paolo Ascagni 2001-2010, traducción de  María Luengo 2008. Roque de Montpellier, Voguera y su santo. Asociación Italiana San Roque de Montpellier, Centro de estudios Sobre San Roque, Comité internacional.

3.- Luis M. Expósito Navarro. San Roque de Montpellier. De Voghera a Burjassot. Historia de un caminante, peregrino y taumaturgo. Asociación Amigos de San Roque, 2010.

4.- Luis Expósito/Arturo Cervellera. La devoción a San Roque en Valencia. Revista Valenciana de Estudios Históricos Vol.3 No 2, 2016.

5.- Mariano Esteban Caro. San Roque Terciario Franciscano. 16 agosto 2016.

6.- Iván Torrico Lorenzo. San Roque, el peregrino antipestífero de Montpelier. Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. IX, nº 18, 2017, pp. 105-116.

7.- P. Ángel Peña O.A.R. San Roque Patrono de los Apestados. Logroño 2018

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51- La Barca del Apóstol Santiago

          La barca es un elemento muy asociable al apóstol Santiago por su condición de pescador al servicio de su padre Zebedeo, con una factoría dedicada a la pesca en el Mar de Genesaret, junto a Juan, a Pedro y Andrés, los primeros apóstoles llamados por Cristo.

        Como evangelizador de Hispania o de otro lugar distante, tuvo que viajar en barco como hacían frecuentemente los discípulos de Cristo y recogen con abundancia los Hechos de los Apóstoles como actuaciones comunes y necesarias (Hech 2013-16, 211-7, 271-44, 281-14). Y su traslado, que se nos relata como leyenda fabulosa, tuvo que ser navegando desde las costas palestinas hasta Hispania.  

          La Tradición Jacobea, transmitida durante siglos, primero oralmente y luego de forma escrita,  introduce elementos que la magnifican y deforman. Procede analizar si entre los elementos legendarios y los históricos hay criterios que nos permitan un acercamiento objetivo. Estudiar la barca que trajo los restos del apóstol Santiago, es un buen modo de hacerlo.

          Las versiones más antiguas de la Tradición proponen que Santiago llegó a las costas gallegas en una Barca de Piedra, lo que será pronto un recurso fácil para los detractores quienes, ante el brillante argumento de la imposibilidad de que una nave de piedra flote, concluyen que la tradición es un relato mítico, sin contenido creíble y que no merece consideración histórica ni análisis científico.

          Pero hay que valorar la barca de piedra como una conexión entre la cultura popular y la clerical; la primera específica del pueblo humilde y la segunda propia del canónigo culto. Aunque de distinto origen, ambas tiene un fin común: explicar, cada cual en su ámbito, el traslado del apóstol Santiago desde Jerusalén, donde fue ajusticiado en el año 44 d.C., por orden de Herodes Agripa, hasta el noroeste de la Península Ibérica. Mientras que la versión popular centra el hecho en la mención sobrenatural de la nave pétrea, la postura oficial de la iglesia medieval compostelana y sus textos canónigos no plantearon nunca la barca de piedra. La diferencia más que insalvable, parece lógica: la primera versión hace una propuesta fabulosa desde la fe, recurriendo a lo mágico o milagroso; la segunda busca un argumento objetivo desde la razón. Curiosamente en aquellos tiempos cabría decir que se cambian los papeles: al pueblo humilde le basta hablar desde la fe y cita una nave gobernada por la divinidad; el clérigo erudito necesita argumentar desde la razón expresando que el cuerpo fue trasladado en una nave gobernada por mano humana aunque bajo designio divino. La diferencia coetánea entre ambas versiones parece drástica, pues la iglesia buscaba diferenciar hechos objetivos de los supersticiosos y folclóricos. Pero lo cierto es que ambas versiones tienen un mismo fin: explicar el traslado del cuerpo del apóstol Santiago el Mayor en una nave cruzando el Mediterráneo de un extremo a otro, y cada versión lo hace con sus recursos.

        Además el tema de la Barca y los viajes sobrenaturales, es también un fenómeno de conexión entre la cultura galaica y la cultura celta irlandesa y británica. Un relato literario de navegación prodigiosa fue “La Navegación de San Brandán”, monje evangelizador irlandés del siglo VI (484-578) y abad del monasterio de Clonfert, cuya leyenda de su viaje al paraíso influirá mucho en los relatos hagiográficos de Europa occidental; se trata de un texto de cristianización moralizante, que solo cabe interpretarse como un viaje iniciático y purificador en busca del Paraíso Terrenal. Tuvo su trasvase cultural a Galicia en el monje gallego “Trezenzonio” al que la tradición atribuye divisar e incluso visitar desde el primitivo faro romano de A Coruña (Brigantium) hasta la isla paradisíaca de Solistición, también relato místico que trata del viaje espiritual, en búsqueda personal del más allá. Conexión cultural galaico – irlandesa  hay también en la fundación de Brigantia por el rey Breogán con su alta torre, desde la cual, según la tradición celta, se podían llegar a divisar las costas de Irlanda. La conexión literaria traduce una conexión histórica propiciada por el mar, y los bretones de Hispania fue un grupo étnico de origen celto-británico que asentó en el noroeste de la península ibérica durante los siglos V y VI que fundaron la ciudad de Britonia, registrada en el Parrochiale Suevorum (siglo VI) y que hoy corresponde a San Martín de Mondeñedo. Sin pretensión exhaustiva en la conexión entre la cultura celta y la galaica, este trasvase cultural subyace también con clara presencia en la barca de piedra que ahora analizamos.

La Barca de Piedra de la Tradición Jacobea no nace como iniciativa eclesiástica, sino que su origen y su transmisión es popular de inicio local. No se trata de un elemento constante, sino que aparece solo en las versiones antiguas, las de origen popular de transmisión oral, mientras que la iglesia nunca mencionó la barca de piedra que valora como elemento pagano inaceptable.

          En otros lugares de Galicia, como Muxía y San Andrés de Teixido, hay acantilados rocosos ricos en formas cuya visión permite entender que las gentes primitivas vieran en ellas Barcas de Piedra, en forma de rocas que remedan partes de una nave o naves volteadas por el mar. La tradición popular de Muxía aceptaba que la Virgen María, nominada aquí “Nosa Señora da Barca”, llegó en una barca de piedra para dar ánimos al apóstol Santiago en su labor evangelizadora, y cuyo timón y vela de material pétreo, se conservan en el pedregal local, visibles a los visitantes. La vela es la llamada Pedra dos Cadrís (riñones), por la vieja creencia de que curaba dolencias renales y lumbares a quienes pasaban ritualmente por el hueco natural que se forma debajo de ella, creencia que se encuentra también en lugares de Irlanda, y que sintoniza bien con la cultura de la piedra del mundo antiguo, lo que nos sugiere una cristianización de creencias paganas anteriores en claro proceso de sincretismo. En San Andrés de Teixido la leyenda cuenta que hasta allí llegó el apóstol Andrés en una barca de piedra, y el imaginario popular vio en sus acantilados los restos de la pétrea nave del santo volteada sobre las aguas una vez cumplida su misión.

          Caso singular es la Barco de piedra de San Juan de Misarela; en el cauce del río Barbanza, en la parroquia de San Isidro de Posmarcos, concello de A Pobra do Caramiñal (A Coruña), en la confluencia con el llamado río das Pedras, enfrente de las ruinas del monasterio de San Juan de Misarela, se puede ver varada una barca de piedra granítica de unos cinco metros de eslora. Dice la leyenda que es la barca en la que llegó a aquel lugar San Mauro, fundador del eremitorio de Misarela, huyendo de sus perseguidores los legendarios mouros.

          Lo más relevante es que aparecen Barcas de Piedra en otros puntos de litoral atlántico de Europa, como Bretaña, Gales y Cornualles, y especialmente los encontramos en leyendas hagiográficas de Irlanda y de la Bretaña francesa, donde las naves pétreas traen héroes, guerreros y otros personajes mitológicos. Es decir: estamos ante la difusión atlántica de un elemento arcaico que impregna la Tradición Jacobea, pero que no es sustancial ni genuina en ella, sino que ha sido incorporada por sincretismo, proceso por el cual dos ámbitos culturales distintos llegan a compartir o unificar rasgos de origen diferente para compatibilizarlos. 

          Pero no acaban aquí las explicaciones sobre la barca de piedra, que el sincretismo permite comprender de forma cultural mas asumible pero sin aportar argumentos esclarecedores sobre la tradición jacobea que muchos siguen viendo como mero sincretismo o cristianización de una cultura pagana previa y por tanto juzgan como mera leyenda piadosa.

          Antes de incurrir en un descarte precipitado conviene valorar otras opciones que nos explican una lógica factible en la Barca de Piedra. El traslado de los restos apostólicos no fue, obviamente, en una nave de piedra, sino en una nave convencional de la época, tal vez fenicia o romana, bien calafateada de estopa y brea para impermeabilizarla. En las costas gallegas hay restos arqueológicos de puertos fenicios y romanos con gran actividad comercial en la costa o en la transición marítimo-fluvial entre río y ría. En aquella época, las vías marítimas y fluviales, bien desarrolladas por el comercio desde tiempos remotos, eran el modo idóneo de transporte de personas y mercancías. También y aunque excepcionalmente, de los sarcófagos y bloques de piedra que incluso eran bien aceptados en las bodegas de los barcos como lastre necesario para la navegación. No era posible transportarlo por tierra en que ni los caminos ni los vehículos estaban adaptados a ello, y las escasas vías terrestres estaban concebidas con fines militares y administrativos más que comerciales. La frecuente hostilidad entre poblados y territorios hacía inviable un transporte terrestre por territorios intransitables por la escasez de caminos o la ausencia de ellos. En cambio, traído hasta la costa y desembarcado en algún lugar próximo a una desembocadura fluvial a una ría, el sarcófago podría ahora transportarse en una nave o balsa para remontar un río en los casos de “repatriación” de algún personaje de la antigüedad hasta su lugar de origen, mediante arrastre fluvial con pértigas o cuerdas desde las orillas, lo que permitía remontar los ríos hasta el lugar oportuno. El supuesto absurdo de la barca de piedra navegando sobre las aguas, no resulta un hecho sobrenatural, sino que puede responder a un lance comprensible. Se trata solo del planteamiento de una conjetura que nos proporciona una primera explicación coherente, pero sobre todo que nos invita a la búsqueda de otras opciones lógicas.

          Hay en efecto otra opción aún más interesante y factible. La expresión “Barca da pedra” no hace alusión al material del que la barca está hecha, sino a la función que desempeña, y que en este caso no sería otra que el traslado de mineral (oro, estaño y minerales) por vía marítima. Se ha usado la visión de la tradición celta equivocando el concepto. Estas naves transportadoras de materias minerales, piedra, mármoles y metales, no eran una entelequia, sino de una opción plenamente acorde con la “ruta del estaño” que iniciaron  los fenicios antes de la era cristiana y continuaron luego los romanos. El campamento romano de Ciudadela contiene restos de un asentamiento militar de origen romano, 500 militares de la Cohors I Celtibérica que controlaba la ruta del estaño de BrigantiumLucus Augusti, punto intermedio para proteger el abastecimiento de este estratégico metal. Conocían bien la navegación desde las tierras palestinas hasta el noroeste hispano, por rutas marítimas comerciales periódicas ya existentes en la época y que hacen objetivo que un judío pudiera trasladarse por mar entre estos dos puntos distantes del imperio romano, el puerto de Jaffa y el de Iria Flavia. Una nave romana era muy capaz de transportar mineral en sus depósitos en modo que además sirviera de lastre para la navegación. Galicia estaba en plena ruta comercial del estaño y era además productora del mismo. Pero además se extraía oro en el valle del Sil, en tierras de Orense y en el Bierzo; hay notables evidencias de explotaciones auríferas romanas, como Las Médulas, que una vez extraído sería transportado por vía marítima a otros puntos del imperio. Está documentado el comercio de la piedra entre Egipto y Galicia en tiempos de Jesucristo, en naves que ya eran llamados barcos de la piedra, lo que evidentemente no quería decir que estuvieran hechos de granito, sino que trasportaban materiales minerales.

          Sin una pretensión demostrativa, la Barca de Piedra tiene una dimensión lógica que no autoriza a desestimar a priori la Tradición Jacobea. Un procedimiento paralelo puede aplicarse a otros de los muchos elementos que mitifican el relato jacobeo, como los 7 días y los 7 discípulos que más que una referencia cronológica imposible o un número cerrado de discípulos, puede explicarse simplemente por el uso bíblico del número 7. La lucha con el dragón y con los toros bravos son también elementos simbólicos que representan la superación de dificultades. El ángel timonel o la mano divina que guía la nave o el hundimiento del puente que protege a los discípulos de sus perseguidores nos hablan de la protección divina al estilo que lo hace la travesía del mar rojo.

          La conclusión útil de este apartado jacobeo, es que la leyenda, aún su fantasía acumulada a través de las culturas y de los siglos, guarda un contenido coherente y comprensible que constituye un primer substrato de verosimilitud que luego veremos reafirmada en otros análisis y valoraciones.

Fuentes Consultadas:

1.- El Viaje de San Brandán. Benedeit. Traducción y prólogo: Marie-José Lemarchand. Ediciones Sirula 1983.

2.- Fernando Alonso Romero. Santos e Barcos de pedra, para una interpretación de Galicia atlántica. Xerais 1991.

3.- Fernando Alonso Romero. La Barca de piedra de San Juan de Misarela: Características, paralelos y origen de una embarcación legendaria. Cadernos de Estudios Gallegos, Tomo XXXIX, Fascículo 104. Santiago 1991.

4.- José Fernández Arenas. Elementos simbólicos de la peregrinación jacobea. Edilesa 1998, págs. 27-28.

5.- Jacques Chocheyras. Ensayo histórico sobre Santiago en Compostela. Gedisa 1999, págs. 15-16, 72-73, 83.

6.- Carlos García Costoya. El misterio del Apóstol Santiago, mito y realidad del enigma jacobeo. Plaza Janés 2004, págs. 124-125.

7.- José Cornide. Las Casitérides, o Islas del Estaño, restituidas a los mares de Galicia. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006. Edición digital basada en la de Madrid, Benito Cano, 1790.

8.- Ted Olsen. El cristianismo y los celtas. San Pablo Editoria, 2007.

9.- José Miguel Andrade Cernadas. Cultura clerical y cultura popular en el legendario jacobeo, la barca de piedra. El Extramundi y los papeles de Iria Flavia, Año nº 16, Nº 63, 2010, pp. 115-124.

10.- Alberto Solana. El Enigma Compostelano. Cofradía de Santiago Apóstol de Madrid. 2016.

11.- Joel Varela Rodríguez. El Viaje de Trezenzonio a la Isla de Solistitición. Refacción de material y distintos niveles de sentido. Universidad de Santiago de Compostela. Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades. EVPHROSYNE, 44, 2016.

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50- Torres de Oeste y defensa del litoral gallego

         Las Rías se definen como accidente geomorfológico consistente en la formación de profundas escotaduras del litoral de un costa por la penetración en ella del mar debido a la sumersión de una cuenca fluvial de laderas más o menos abruptas, por el descenso del nivel terrestre completado por un ascenso relativo del nivel del mar y conformado por los movimientos continuos de las mareas. Constituyen una peculiaridad de la geografía de Galicia, sin duda un atractivo turístico por los condicionantes pesqueros y paisajísticos que hacen de Galicia un territorio singular bien diferenciado de otros lugares peninsulares.

          Fue también, sin lugar a dudas, un condicionante histórico y social, pues Galicia, en el ángulo noroeste de la Península Ibérica, limitado su acceso al resto de la península por sus montañas circundantes, era un territorio que encontró su desarrollo mirando más al mar que a la tierra. Por mar llegaron la influencia e intercambios culturales con otros pueblos, en el terreno del comercio y la religión, por cuestiones de accesibilidad. Por mar llegaban las embarcaciones desde los tiempos fenicios para comerciar trayendo productos del exterior y llevado productos del interior de Galicia. Por mar llegaban las naves que hacían con cierta periodicidad la ruta del estaño y de los minerales (Barca da pedra). Por mar se trasladaban y llegaban los predicadores y evangelizadores, y especialmente el Apóstol Santiago, según reza la tradición, entró hasta Iria Flavia siguiendo la ruta del Mar de Arousa y del rio Ulla.  

          También condicionaban los ataques enemigos y por tanto la necesidad de una defensa estratégica. Aquí nos ocuparemos de una de las defensas más singulares de Galicia y particularmente de la Ría de Arousa, la más elegida por los asaltantes furtivos por su amplitud geográfica, por sus abundantes islas para desembarco intermedio, y por ser la vía de acceso a la naciente y próspera ciudad de Santiago de Compostela de renombre y prestigio en todo el mundo conocido, que despertaba ambiciones y atraía los ataques piratas. Algo parecido ocurre hoy con los traficantes de tabaco y droga, que encuentran en la ría el acceso adecuado para burlar los controles y las leyes.

     Los ataques por mar tanto de los piratas sarracenos como de las embarcaciones vikingas, constituían un verdadero azote para Galicia y especialmente el Señorío de Santiago que obligó al arzobispado, a la sazón un señorío feudal, a desarrollar y perfeccionar un sistema defensivo que tardó varios siglos en alcanzar su eficacia.

          La fortaleza “Torres de Oeste” se ubica en la provincia de Pontevedra y municipio de Catoira, en un punto geográfico estratégico que le convertía en lugar de gran accesibilidad al desembarco de naves enemigas, lo que sin duda es la razón de que se buscara proteger con una sólida fortaleza como la que analizamos.

      Los estudios arqueológicos del lugar revelan que los orígenes de esta fortaleza se remontan a la época castreña, desde finales de la Edad del Bronce hasta principios de nuestra era. Del siglo II a I a.C., se conservan restos de cerámica y de armas de bronce. Con la romanización se construyó en la desembocadura del Sar, el Castellum Honesti, o Turris Augusti (en honor al emperador Augusto, con una estatua del mismo) construcción militar en defensa del enclave portuario de posibles ataques de piratas y el control del curso fluvial del Ulla como entrada natural hacia el interior de Galicia, argumentos preventivos que servirán en época alto medieval para reforzar este enclave como protección de Compostela. El Castellum Honesti convirtió la zona en importante puerto comercial, gracias a la protección estratégica de la fortaleza como acceso por vía marítima de embarcaciones comerciales, según refleja el geógrafo Pomponio Mela, natural de Tingentera, en la Hispania bética, con alusiones históricas que sitúan su obra entre el 43 y el 44 d.C. Interesante este dato en lo jacobeo por cuanto documenta que en esa época era bien factible el acceso a ese puerto en época coetánea a la del Apóstol Santiago desde embarcaciones desde cualquier parte del imperio, incluidas las tierras palestinas. En todo caso se encontraron numerosas piezas de cerámica, fundamentalmente ánforas romanas, que reflejan la elevada actividad comercial y portuaria de la época en ese estratégico lugar que, en definitiva acreditan que esta era una destacada vía comercial a la que accedían naves desde múltiples puntos del imperio.

          Aparte de estos antecedentes donde la defensa de las costas gallegas adquiere mayor relevancia es hacia finales de la alta Edad Media, justamente a partir de comienzo del fenómeno jacobeo (siglos IX – XII). Las tierras de Iria – Compostela, se verán   incesantemente amenazadas por los ataques marítimos de piratas normandos y almorávides, como relata con detalle la Historia Compostelana. La cercanía al mar constituía entonces un verdadero riesgo de invasiones, saqueos, robos y raptos. Estos ataques a Galicia se veían favorecidos por su deficiente protección de la costa, y lejanía de los centros de poder, así como el desinterés y poca pericia defensiva inicial. Estas incursiones marítimas, procedentes tanto del norte como del sur, se dirigían a las sedes episcopales gallegas, sobre todo la de Iria Flavia primero y luego la de Compostela, ambas en la ría de Arousa, la entrada natural a Santiago de Compostela, las llamadas tierras de Jacobsland por los vikingos y de San Yaqub por los sarracenos.

          Hacia finales del siglo IX, Alfonso III, en colaboración con el obispo iriense Sisnando I, mando construir la segunda iglesia de Santiago en Locus Sancti Iacobi, con la intención de ofrecer al sepulcro de Santiago un marco más idóneo que el del modesto templo inicial de Alfonso II. Paralelamente reconstruyó el Castellum Honesti romano para dar protección a la sede compostelana de los ataques normandos y sarracenos. Entre los restos encontrados entre las ruinas de aquella fortaleza, el crismón de la victoria pertenece a esta época.

          La necesidad de reforzar este punto estratégico se marca en el año 968, en que una numerosa escuadra de naves normandas entró en la Ría de Arousa, remontó el Ulla, desembarcando en este lugar clave y se dirigieron a Iria Flavia. Sisnando II salió a su encuentro al frente de sus tropas para frenarles haciéndoles retroceder hasta el lugar de Fomelos. Pero allí  se rehicieron los invasores, con la mala fortuna que una saeta alcanzó a Sisnando y segó su vida. Ante la falta de obstáculo los vikingos saquearon, destruyeron y quemaron todo a su paso hasta llegar a O Cebreiro. Si resistieron el ataque las dos ciudades amuralladas: Santiago gracias a las murallas que levantara Sisnando, y Lugo gracias a sus murallas romanas. Esto evidenció la necesidad de levantar una defensa sólida.

          Momento clave fue el protagonizado por Ulf «el gallego», caudillo vikingo que saqueó Galicia entre 1028 y 1048, pero que finalmente fue eliminado por el obispo Cresconio, cuyo gran acierto fue la construcción de las famosas Torres de Oeste en Catoira, durante reinado de Alfonso V, pasando a depender de la Mitra compostelana, por su valor defensivo clave de la ría de Arousa para la protección de la entrada a Iria Flavia y Compostela. Según la Historia Compostelana (S. XII), fueron levantadas sobre las ruinas de las «Aras de Augusto» con mano de obra campesina traída por precepto real desde Triacastela hasta la costa. Fueron construidas a mitad de siglo XI, y las excavaciones realizadas comprobaron la inicial existencia de cinco torres y probablemente dos más, aunque actualmente sólo se pueden observar los restos de dos y los cimientos de otra. Durante su episcopado, sus soldados fueron eficazmente entrenados en la estrategia y tácticas militares precisamente para superar a los vikingos hasta vencerles definitivamente. Al llegar la flota normanda a la entrada de Iria Flavia, chocaron con las cadenas que Cresconio había ordenada colocar atravesadas de una a otra orilla para evitar el avances de las naves enemigas, que al desembarcar, advertidas y dispuestas las tropas gallegas para el momento, derrotaron al ejército de Ulf el gallego obteniendo una victoria definitiva. Cresconio resultó ser más feroz y astuto que Ulv Galiciefarer que tuvo que tuvo que huir para no volver a ser nombrado en las crónicas. Durante el pontificado de Cresconio, y luego también el de Diego Peláez, fue nombrado al frente de esta estructura defensiva Gelmirio (padre del futuro arzobispo Diego Gelmírez).

          Entre los años 1102 y 1122, Diego Gelmírez volvió a reforzar las defensas a tiempo de repeler un nuevo ataque sarraceno. Fue bajo su pontificado que las Torres de Oeste adquirieron su mayor influencia, incorporadas en un esquema integral de defensa costera, pues si antes Sisnando y Cresconio habían establecido una defensa pasiva y estática basado en murallas circundantes y fortalezas estratégicas, Gelmírez desarrolló un nuevo concepto de defensa añadiendo a la defensa pasiva una defensa activa. Reforzó la construcción que creara el obispo Cresconio, y que gobernó su padre, las Torres del Oeste, fortificando sus murallas hasta hacer de ellas una fortaleza inexpugnable en donde edifica un puente, una capilla de una nave dedicada a Santiago y una gran torre interior que se añadía a las seis torres ya existentes, la torre principal, llamada torre Lugo, pues parece que fue costeada por esta ciudad. Crea o refuerza otras fortalezas estratégicas y sobre todo construye galeras defensivas dotadas de tropa adiestrada y equipada que se anticipa al enemigo, desarrolla un sistema de vigilancia y alarma, constituyendo una defensa preventiva e incluso de acción ofensiva, siendo el primer gobernante con una conciencia naval de Galicia, que desarrolló una estrategia de defensa integrando a las medidas estáticas la creación de una flota naval que cabe entenderse como precursora de la futura Marina de Castilla.

          La estructura del castillo, tal y como era en el siglo XII, consistía en un recinto amurallado de forma elíptica con siete torres, cerrando el acceso a Iria Flavia. Una gran torre sobresalía entre las otras, la mencionada torre Lugo. Sus defensas se complementaban con el entorno pantanoso sobre el que se erguía que convertían la fortaleza prácticamente en una isla. Hoy transcurre casi sobrevolando la zona el puente de la C–550 entre Catoira y Rianxo. En la zona más próxima a la ría pueden verse restos de los muros que conformaban las dependencias del interior del recinto amurallado. Aquí se encuentran los restos de las dos imponentes torres, los cimientos de la torre central y la capilla de Santiago. Las torres, de tipo prerrománico, presentan gruesos muros que van reduciendo su espesor en altura.

          La capilla, construida por Gelmírez en el siglo XII y dedicada a Santiago Apóstol, es de carácter prerrománico. Consta de una sola nave con ábside semicircular, y fue entre los siglos XII y XVI una continuación de la peregrinación a Santiago de Compostela, gracias a lo cual se mantuvo el lugar después de que perdiera su valor estratégico.

          Con el paso del tiempo, la fortaleza y su recinto amurallado fue perdiendo su valor defensivo estratégico convirtiéndose en nido de malhechores y ladrones que dañaban los intereses del señorío de Santiago por lo que surgieron iniciativas en distintos momentos que provocaron su derrocamiento y destrucción, llegando al estado de ruina. Los modestos restos que pervivieron, para evitar su demolición plena, fueron declarados monumento histórico-artístico en 1931, y hoy los restos se encuentran en estado de ruina consolidada, por restauración para dar solidez, que se realizó a partir de 1970, cuando fue declarado Monumento Nacional.

          Contribuye a su conservación la celebración de las fiestas del pueblo el primer domingo de Agosto, donde se representa el asalto a las torres de los ejércitos vikingos, con participación de reconstrucciones de los drakkar que llegan repletos de gentes caracterizados de vikingos. En la zona se reproducen mercados y cantinas medievales. Son las Romerías vikingas de Catoira con elementos internacionales de intercambio cultural, que hoy es una de las fiestas de interés turístico internacional de la provincia de Pontevedra el primer domingo de agosto. En el río también podemos ver los “drakar”  que son reconstrucciones de las antiguas embarcaciones vikingas, que se usan el primer Domingo de Agosto, en la famosa “Romería Vikinga”.  Donde se representa el  asalto de los ejércitos normandos a las torres de Catoira, todo ello acompañado de música autóctona y buen vino. Un auténtico festejo  declarado de interés turístico internacional.

Fuentes Consultadas

1.- J. A. Otero Ricart. Arqueología. El Enigma de Turris Augusti. La Opinión, 21 Diciembre 2008.

2.-  Carlos Andrés González Paz. El “Castellum Honesti” una fortificación marítima medieval gallega. Las fortificaciones y el mar, 2008, págs. 165-174

3.- Manuel F. Rodríguez. Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolanda 2010. Torres de Oeste, Volumen 17, pp. 194-196

4.- Fernando Alonso Romero. “La embarcación de la jarra romana del río Ulla (Galicia)”, en Anuario Brigantino, Nº 37, pp. 93-102. Concello de Betanzos. Betanzos, 2014.

5.- David Fernández Abella y Erik Carlsson Fontán. La ría de Arousa: un ejemplo de la ocupación y explotación de la costa en época romana. Arkeogazte 2014, nº 4, pp. 227-246.

6.- https://www.catoira.net/

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42- Paio el ermitaño y las razones de Teodomiro

     Una panorámica en altura permitiría divisar dos áreas separadas por no más de quinientos metros que hoy pertenecen al mismo núcleo urbano de Santiago de Compostela, pero que en los primeros siglos de la era cristiana pertenecían a ámbitos bien diferenciados.

          La visión arqueológica permite concebir bien estos dos ámbitos. El área que ahora ocupa la catedral compostelana era la base de un núcleo o fortificación romana de una cierta elevación y estructura defensiva. El otro área es el castro de San Fiz de Solovio un pequeño centro de campesinos y pastores que ocupaba un antiguo castro de posible ascendencia celta en el territorio de la Amaía, comarca entre los ríos Sar y Sarela, cerca de Santiago de Compostela hasta Iria Flavia (Padrón).

          Con el paso del tiempo la fortificación romana fue abandonada y absorbida por el fuerte crecimiento de la vegetación y se convirtió en un espeso bosque conocido como Libredón, y del que el robledal (carballeira) de Santa Susana podría ser muy bien legado del mismo. Por su parte  el castro quedo reducido a un resguardo de campesinos y pastores. Eran tiempos difíciles en que las tierras hispanas, tras una larga paz de siglos bajo el dominio del imperio romano, Hispania pasó a ser invadida en distintos momentos por los suevos, primero y los visigodo después, y posteriormente por las fuerzas invasoras sarracenas. Pronto será también víctima de los ataques de los normando o vikingos. El derramamiento de sangre en unos casos, la obligada negociación diplomática y tributaria en otros, y luego la lejanía de aquellas tierras de los asentamientos sarracenos en el Al-Andalus y la resistencia cristiana del renaciente pueblo astur en el norte peninsular, había permitido resurgir y mantenerse en aquellas remotas tierras.

          Lo cierto es que el pasado romano de aquellas lugares quedo literalmente sepultado por el paso del tiempo y el exuberante desarrollo de la vegetación y el bosque de robles. Nada quedó a la vista de las edificaciones defensivas y termales que permiten valorar que allí hubo un foco de residencia romana de cierta importancia, ahora olvidada y sepultada, aunque quizás aún conservada en la tradición oral de los lugareños.

          Aquí se situó una antigua ermita al cuidado de Paio (Pelagio o Pelayo), la de San Fiz de Solovio o Sub Lovium, es decir, debajo o al pie del bosque o de la enramada. Paio era un anacoreta que vivía junto a aquel bosque, en el que a veces se adentraba para hacer sus ayunos y oraciones, de modo que sabía que sumidos entre aquella maraña vegetal dormían unas ruinas romanas. Administraba una pequeña ermita que reavivó el modesto asentamiento dando servicio eclesiástico a los labradores  y pastores del propio Solovio y algunas otras aldeas circundantes.

        Es en este lugar donde la tradición jacobea sitúa la visión de luminarias sobre la antigua y abandonada ciudadela romana, ahora sepultada bajo el manto espeso de la vegetación autóctona; luminarias que, según la leyenda, llamaron la atención del ermitaño y de algunos vecinos del lugar. Paio y los humildes lugareños cambian impresiones y hasta realizan alguna incursión en el tupido bosque ante la memoria popular de que allí se localizaba antiguas ruinas con un pasado mencionado en su tradición oral. Fuese por inspiración divina, como dicen las fuentes más arcaicas, fuese por inducción de algunos datos y referencias históricos que el ermitaño pudiera poseer, o por la indagaciones y evidencias que hallaron de culto funerario asociado a conocimiento de la tradición oral de que por aquel entorno fueron sepultados los restos jacobeos, las gentes de San Fiz de Solovio se percataron de que allí se guardaba algo valioso, por lo que aquellas gentes resolvieron informar a la autoridad eclesiástica, el Obispo Teodomiro de Iria Flavia. No es desechable que el propio Teodomiro advirtiera a los moradores de aquellos contornos de esa contingencia, con el cometido de que le informaran caso de localizar unos restos antiguos de culto funerario.

          El obispo iriense tenía conocimiento de antecedentes que hablaban de que en algún lugar de Galicia debía de encontrarse la sepultura del Apóstol Santiago y de sus discípulos; repasó los viejos manuscritos que atesoraba en su modesta biblioteca, y no tardó en encontrar las referencias que despertaron y reforzaron sus sospechas de que el Apóstol podía estar enterrado en algún lugar no muy lejano. Recordó la cita de Aldelmo de Malmesbury obispo de Sherborne que en su Poema de Aris, compuesto a principios del siglo VIII, cita la predicación de Santiago el Mayor en la Península Ibérica, y sobre todo los escritos de Beda el Venerable, con citas de enorme valor jacobeo, que reafirman la predicación de Santiago en la península ibérica, y añade que los restos del Apóstol fueron enterrados en Hispania y posteriormente traslados y “escondidos en sus últimos límites frente al mar británico”, o mar de Occidente, que baña las costas de la Britonia lucense y que hoy se conoce como San Martín de Mondoñedo. Conoce Teodomiro que estas  citas inglesas tenía su base en textos conocido como el Breviarium Apostolorum, Anónimo, y en el De Ortu et obitu Sabctorum, de Isidoro de Sevilla, a su vez inspirados en textos bizantinos del siglo V que hablan de la localización de la sepultura jacobea en Arca Marmárica. Todo ello se reflejará en la obra de Beato de Liébana, heredero de la obra Isidoriana, que llegó a reconocer al Apóstol Santiago como Evangelizador y Patrón de España. Todo esto ha llegado a Teodomiro en su sede de Iria Flavia y él mismo debió de indagar cual era el lugar denominado Arca Marmárica, la olvidada sepultura del Apóstol Santiago, cuya localización sabe que no es una entelequia ni una mera tradición piadosa, sino un realidad perdida pero aún conservada en la memoria popular que se transmite oralmente y guardada en sólidos antecedentes escritos. Parece que Teodomiro, más que ser avisado por llamativas luminarias, estrellas celestiales, revelaciones divinas o cantos angelicales, sabía lo que buscaba, aunque luego la tradición revistió el relato con hechos alegóricos y sobrenaturales.  Algunas fuentes citan un culto prexistente en los siglos precedentes, abandonado por guerras, enfermedades y hambrunas, pero del que quedó memoria popular, como un estado de letargo anterior a la intervención del ermitaño Pelayo, en modo que la exhumación de Teodomiro pudo ser la de una tumba escondida y olvidada, pero de existencia local conocida.

          Por tanto, no se extrañó Teodomiro de que las gentes de Solovio le requirieran para investigar personalmente lo que allí se escondía. Ni los antecedentes ni los indicios anunciados invitaban a vacilar; ya resultaba evidente que allí se encerraba una incógnita que era preciso aclarar, e impulsado por estas razones, y tras la piadosa diligencia de guardar tres días de ayuno y oración, según cuenta la leyenda, Teodomiro resuelve ponerse en marcha con su cortejo explorador en compañía del ermitaño Paio y de los vecinos del viejo castro de San Fiz de Solovio, sumido en la inmensa masa boscosa de Libredón. Al llegar al lugar indicado por el ermitaño y los vecinos, comenzaron a desbrozar el paraje de la exuberante maleza y ramaje, y pronto comenzaron a encontrar bajo la exuberante cubierta de tierra y vegetación, restos de edificación arcaica,  sacando ladrillos, trozos de mármol, sillares de granito, hasta que al fin dan con los muros de un pequeño monumento bien labrado que terminan por dejar al descubierto. Localizaron dos sepulturas cubiertas con bloques de ladrillo y al franquear definitivamente el edículo ven un altar a cuyo pie hay una losa sepulcral rodeada de un pavimento de mosaico. En el entorno hay evidencias de culto cristiano funerario dedicado a los restos que hallan  bajo la losa y que por tanto no podía menos de ser de un Santo muy venerado. Examina todo el sepulcro, los objetos que en él se hallan, examina la bóveda, las paredes y todos los rincones del monumento, y tras confrontar los antecedentes consignados en algunos de sus manuscritos, analizando las circunstancias del lugar y del hallazgo, y los claros indicios de culto sepulcral cristiano, concluye en lo que ya estima como evidencia, que el Santo que allí yace sepultado no es otro que es el Apóstol Santiago, y que las otras dos sepulturas circundantes son los de sus discípulos custodios Atanasio y Teodoro.

          Es el primer tercio del siglo IX cuando Teodomiro, el obispo de Iria Flavia, acababa de localizar el Arca Marmárica oculta y olvidada bajo las retorcidas raíces de una tupida carballeira del bosque de Libredón.

Fuentes consultadas:

1.- Anónimo. Historia Compostelana (siglo XII). Edición de Emma Falque Re. Akal 1994, Libro I, Capítulo II, pp. 69-70.

2.- Enrique Flórez. España sagrada, Tomo XIX. Estado antiguo de la Iglesia Iriense, y Compostelana, hasta su primer Arzobispo. Segunda Edición, Madrid 1792, pp. 63-65.

3.- Antonio López Ferreiro. Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela. Santiago 1899. Tomo II, pp. 7–25.

4.- Manuel Vidal Rodríguez. La Tumba del Apóstol Santiago. Santiago 1924, pp. 44-48

5.- José Guerra Campos. Roma y el Sepulcro de Santiago, La Bula Deus Omnipotens (1884). Cabildo de la SAMI Catedral de Santiago de Compostela, 1985, pp. 23, y 55-56.

6.- Juan José Cebrián Franco. Obispor de Iria Flavia y Arzobispos de Compostela. Instituto teológico compostelano, 1997, pp. 48-50.

7.- Manuel Jesús Precedo Lafuente. Santiago el Mayor y Compostela, un apóstol, una ciudad, unos Caminos. Aldeasa 1998, pp. 58-59.

8.- José María Lacarra y de Miguel, Juan Uría Ríu. Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, Gobierno de Navarra, Madrid 1998., pp. 31-32.

9.- Manuel F. Rodríguez. Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolanda. 2010. Paio, Volumen 13, pp. 138-139. Concordia de Antealtares, Volumen 5, pp. 167-168. Inventio, Volumen 10, pp. 153-155. San Fiz de Solovio, Volumen 15, pp. 201-202. Edículo sepulcral de Santiago, Volumen 16, pp. 102-103.

10.- Alberto Solana. El Enigma Compostelano. Cofradía de Santiago Apóstol de Madrid, 2016, pp. 61-69.

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41- Carlomagno y el Camino de Santiago

          Carlomagno, conocido también como Carlos el Grande, fue el rey de los francos que instauró  el imperio carolingio en Europa Occidental. Nació en el año 742 en Herstal, cerca de Lieja en territorio que hoy conocemos como Bélgica. Hijo del rey franco Pipino el Breve y Bertrada de Laon, a la muerte de aquel en 768, su reino se dividió entre sus dos hijos Carlomagno y Carloman, pero esté último murió repentinamente en 771 de enfermedad natural, haciendo de Carlomagno gobernante único por consentimiento de todos los francos.

        Eginargo, presbítero, historiador y escritor que fue designado biógrafo por el propio Carlomagno, como testigo directo de sus campañas y vivencias, describe así a su señor: “Fue de cuerpo amplio y robusto, de estatura elevada, que con todo no pasaba de la justa medida —pues consta que su talla era de siete pies de alto—, de cabeza terminada en forma redonda, de ojos muy grandes y vivaces, de nariz algo mayor que la media, de bellos cabellos blancos, de cara alegre y jovial. Por todo ello adquiría, en su aspecto tanto sentado como de pie, autoridad y dignidad. Aunque su cuello parecía grueso y corto y su vientre algo prominente, la equilibrada armonía de los demás miembros lo disimulaba. Su paso era resuelto, y varonil toda la apariencia de su cuerpo; tenía la voz clara, pero esto no convenía en absoluto a su aspecto físico; de muy buena salud, salvo por el hecho de que, antes de su muerte, en los últimos cuatro años le acometían frecuentes accesos febriles

          Su éxito residió en la habilidad para combinar cualidades difícilmente compatibles: gran estratega militar, entregado guerrero, hábil político y mandatario, capaz reformador, sagaz talento para designar colaboradores, y equilibrado interés por las ciencias y las artes sin olvidar los valores de la antigüedad. Con estas cualidades logró dotar de una conciencia de unidad política y de esplendor a Europa.  Construye la unificación europea a la vez que restaura la grandeza de Roma, con una política expansiva instalada en un pacto con el Papado y su papel de máximo protector de la fe cristiana, consiguiendo la conquista de múltiples territorios como Sajonia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y la mayor parte de Alemania, del norte de Italia, Hungría, República Checa, Eslovaquia y Croacia. En 778 atravesó los pirineos y tuvo la derrota de Roncesvalles que luego precisaremos. Agregó Bohemia y sometió a los ávaros en la cuenca media del Danubio. Todo ello le convirtió en el monarca más poderoso de Europa. Logró la unidad y cohesión de este vasto conjunto territorial, conformando el Occidente Cristiano, superior al que lograron algunos emperadores de la Roma antigua. Pactó con el papado la formación de los Estados Pontificios, siendo considerado el máximo protector de la Iglesia. Se rodeó de un equipo de administrativos, académicos, económicos, gubernamentales, judiciales y religiosos que gestionaron la reforma carolingia, nombrando estratégicamente representantes en cada una de las regiones, logrando un gobierno eficaz de todo el Imperio, sentando las bases de una Europa unificada y moderna. Alcuino de York, el más destacado exponente de la cultura de su tiempo, protagonizó la reforma intelectual carolingia en la escuela palaciega de Aquisgrán donde creo una biblioteca con obras tanto de la antigüedad como de la modernidad medieval.

          La consecución exitosa de su hegemonía radicó en la combinación de tradición e innovación, fusionando las culturas germánica, romana y cristiana, poniendo el poder en defensa del cristianismo, la ley y el orden. Por ello fue tomado como modelo ideal en la Europa de su tiempo.

       Carlomagno fue coronado la noche del 25 de diciembre del año 800 no solo como el rey de los francos, sino como emperador de Roma, por el Papa León III en la Catedral de San Pedro. Fue entronizado como emperador de forma inesperada, pues mientras permanecía arrodillado ante el altar el Papa se aproximó por detrás y le impuso la corona de emperador, y de inmediato se arrodilló ante los pies del nuevo emperador mientras los clérigos entonaban la letanía de la coronación, y era aclamado por los nobles y ciudadanos. El rey de los francos se convertía en emperador romano. Relata Eginardo como confidencia del propio Carlomagno que si hubiera sabido lo que se proponía León, no habría puesto el pie en la iglesia incluso tratándose de tan importante festividad. Parece claro entender que Carlomagno sintiera deseo de obtener el título imperial, pero no por imposición Papal, que comprometía al soberano a la protección del Estado Pontificio, y en particular a sostener a León XIII ante las de las duras dificultades a las que se había visto sometido hasta la presente. Proclamándole públicamente y «por la gracia de Dios» e imponerle la corona con sus propias manos, no solo como soberano del reino franco sino como una nueva autoridad, la de Emperador del Sacro Imperio Romano, lo involucraba como defensor de la Cristiandad Occidental, y por ende de la ciudad de Roma, del Estado Pontificio y del propio Pontífice, que venían atravesando serias dificultades que más de una vez exigió le petición de auxilio al reino franco.  Recibiendo esa corona crecía su prestigio y jerarquía, pero en realidad no añadía ni un solo palmo de tierra a sus dominios y ni un solo súbdito ni vasallo a su potestad.

          Carlomagno es, en suma, artífice de una identidad común en Europa occidental, de la instauración del catolicismo en el imperio como religión, y del renacimiento carolingio. Por todo esto merece la consideración de «Padre de Europa», cuyo patrón religioso y cultural constituyen el legado carolingio que ha sobrevivido al paso de los siglos facilitando la gestación del Occidente medieval, y luego de los distintos estados europeos modernos.

          Ya con más de 70 años de edad, tras su brillante trayectoria militar y política, ante el peso de la enfermedad y la vejez, presintiendo quizás cercano su final y como modo preservar la unidad política del imperio, en el año 813 hizo llamar a su hijo Luis, el único que le quedaba de los tres que tuvo de su mujer Hildegarda. Lo hizo en asamblea general de los principales del reino de los francos, nombrándole heredero del título imperial y coronándole personalmente, ordenando que se le llamara augusto y emperador, de modo que desde ese instante compartió con él título como co-emperador hasta su muerte.

          El 28 de enero del 814 moría Carlomagno a consecuencia de una grave pleuritis, y esa misma noche, según las crónicas de la época, recibió sepultura en la Catedral de Aquisgrán, su sede predilecta. La localización precisa del lugar permaneció ignora da durante cerca de dos siglos hasta que, según se relató, el emperador Otón III descubrió la tumba, y tras vestirlo con ropas ostentosas, corona de oro y cetro de celebración, se volvió a enterrar. En 1165, el emperador Federico I Barbarroja abrió de nuevo la tumba y trasladó el cuerpo a un sarcófago que emplazó debajo del suelo de la catedral.​ En 1215, el emperador Federico II volvió a exhumar los restos de Carlomagno trasladando sus restos óseos a un sarcófago de oro y plata donde se custodian en la catedral. Sin embargo la sepultura del subsuelo permanece aún sin precisarse su localización a pesar de las excavaciones realizadas bajo la creencia de que se encontraba en la antesala de la catedral. Tras los resultados negativos parece que será complicado hallar el lugar en el que originalmente fue enterrado.

          Pero lo que eleva la figura de Carlomagno por encima de los criterios históricos, a niveles legendarios y mitológicos es su vinculación con el descubrimiento del sepulcro jacobeo y el Camino de Santiago.

          La relación del monarca imperial con Hispania se remontan al 778 en que atravesó los pirineos en supuesta campaña de apoyo a los cristianos hispanos contra los moros de Al Andalus en época del rey Silo de Asturias. Cuenta Eginardo que “Mientras combatía contra los sajones asiduamente y casi sin interrupción, y tras disponer guarniciones en lugares convenientes de sus confines, Carlos decidió atacar la tierra de España con él mayor aparato bélico que le era posible. Atravesado el obstáculo de los Pirineos, fue recibiendo el ejército de Carlos la sumisión de todos los castillos y plazas fuertes que iba encontrando en su camino. Iniciado el ejército de Carlos su camino de retorno, le tocó en suerte experimentar algo de la perfidia vasca. Pues como el ejército marchara desplegado en largas filas, según lo exigía la estrechez del lugar, los vascos, tendiendo una emboscada en la parte más elevada de la montaña y el espesor de los bosques, se precipitaron a la hondonada. Atacando los vascos la retaguardia que portaba el ejército, la impedimenta y a quienes cubrían la marcha del grueso del ejército, trabaron combate con ellos hasta apoderarse de los bagajes. Hasta que cayó la noche y se dispersaron con la mayor rapidez en diversas direcciones. En esta batalla resultaron muertos Egiardo, senescal real, el conde de palacio Anselmo y Rolando, duque de la marca de Bretaña.

          Atravesó los Pirineos y  tomó Pamplona, demoliendo sus murallas para prevenir su resistencia posterior. Al llegar a Zaragoza su nuevo mandatario se negó a entregar la ciudad y mantuvo sus puertas cerradas por lo que decidió cercar la ciudad. Durante el cerco, la sublevación de los sajones forzó la retirada para dirigirse al frente sajón. El tamaño del ejército franco y la falta de la defensa de Pamplona presagiaban una vuelta plácida. Pero en el transcurso de la maniobra, un 15 de agosto del año 778, el ejército franco fue atacado por los vascones en los desfiladeros de Roncesvalles, posiblemente en la hondonada o valle de Valcarlos cuyo nombre procede de Vallis-Karoli, el Valle de Carlos, infringiendo la primera derrota al gran Carlomagno.

          Aunque supuso un duro revés, sirvió para modificar la estrategia carolingia sobre la península Ibérica, reforzando la importancia de Aquitania como reino a cargo de su hijo Luis, acogiendo a los hispanos cristianos que huían del Islam, y precipitó la creación de una zona fronteriza entre el Imperio Carolingio y la Hispania musulmana, la Marca Hispánica, desde Pamplona hasta Barcelona, fundando condados que sirvieran de freno a la expansión islámica. El propio Carlomagno llegará a decir, en una de sus frases más famosas: “He aprendido mucho más de mi única derrota que de todas mis victorias”.

          Desde esta política de convertir en ventaja ideológica la derrota, el fracaso será mitificado y convertido en epopeya épica en la “Chanson de Roland”, Cantar de Gesta cuyo relato literario magnifica el acontecimiento y lo transforma en la leyenda mas popular de occidente europeo, que convierte a Rolando de comandante histórico de los francos al servicio de la Marca Bretona, en sobrino legendario del mismo Carlomagno y sobre todo en paladín heroico víctima de las fuerzas sarracenas en épica defensa del cristianismo contra el islam y exponente máximo de los valores francos.

          En esa dinámica legendaria de los Cantares de Gesta franceses, para relacionar el antecedente histórico con el origen del Camino de Santiago, se vinculó a Carlomagno con el descubrimiento del sepulcro jacobeo y el inicio de las peregrinaciones jacobeas, cuando el Códice Calixtino, en su libro IV o Historia Turpini, se cuenta la aparición del Apóstol Santiago a Carlomagno en sueños señalándole la Vía Láctea como manera de encontrar su sepulcro, que debe librar de los sarracenos para poder venerar sus reliquias. Como señala el medievalista López Alsina, con la alusión a Carlomagno, la Iglesia compostelana busca relacionar al emperador de Occidente con el apóstol de Occidente. Los intereses eclesiásticos encuentran conexión diplomática en la relación entre la monarquía asturiana y el imperio carolingio.

          La presencia de Carlomagno en la península quedó viva en el imaginario colectivo de los peregrinos medievales. Así nace el mito de Carlomagno como supuesto descubridor del sepulcro jacobeo y del Camino de Santiago, así como otras leyendas épicas fantásticas como la del monarca sarraceno Aigolando, la batalla con el bárbaro rey Furro en Monjardín, la lucha con el gigante Ferragut con Rolando, la destrucción de Lucerna, y otras fantasías novelescas. La irreal propuesta de la fantástica Historia Turpini es que Carlomagno había conquistado la Península Ibérica y descubierto la sepultura apostólica y liberado su acceso a los peregrinos, en el curso de varios años cuando la realidad es que apenas permaneció unos pocos meses.

          La memoria y huellas de Carlomagno y Roldán quedarán impregnando el Camino de Santiago. En Roncesvalles se encuentran el Silo de Carlomagno o capilla de Sancti Spiritus, edificación del siglo XII, la más antigua de Roncesvalles, que asienta sobre un pozo que servía de osario cuya tradición reconoce como el lugar donde fueron enterrados guerreros francos caídos en el 778. El museo del monasterio de Roncesvalles conserva el llamado ajedrez de Carlomagno en el que, según la tradición, el emperador jugaba cuando oyó la llamada de Roldán anunciando la fatal derrota del ejército franco. En realidad se trata de un relicario que alternan casillas con esmaltes y otras que conservan reliquias. En el alto de Ibañeta se encuentra el Monumento a Roldán y entre Roncesvalles y Burguete están las cruces de Carlomagno y de Roldan; y distintos lugares del Camino muestran capiteles y relieves que reproducen el combate entre Roldán y Ferragut. En la sierra de Aralar (valle del Ata) hay un menhir o Piedra de Roldán que el legendario héroe supuestamente lanzó contra el santuario de San Miguel, aunque no llegó por enredarse con su capa en el lanzamiento, de una marcas en la piedra se dicen ser las señales dejados por los dedos de Roldán. En el término de Linzoáin, valle de Erro, hay una piedra de 3 metros que la tradición dice ser la distancia del paso de Roldán. En la plaza de Urroz-Villa, hay otra Piedra de Roldán, un bloque de 2,60 metros y unos pequeños orificios naturales de los que se dice que los marcó el héroe al agarrar el bloque con los dedos para lanzarlo a los sarracenos, aunque no llegó en este caso dice la tradición por pisar una bosta de vaca al lanzarla. Todo este caudal se funda en hechos históricos deformados por la leyenda, reflejando que a través de los siglos la tradición asocia el Camino de Santiago con la memoria de las hazañas carolingias que arraigó en los peregrinos medievales y llega hasta nuestros días, llevando todo a una dimensión cósmica con la referencia a la Vía Láctea, desde entonces aceptada como el Camino de Santiago estelar.    

        Lejos de este ejercicio literario que ensalza los ideales patrios del reino franco y sus líderes en un contexto fantástico, fue el rey astur-galaico Alfonso II el Casto quien envió cartas y embajadas diplomáticas al rey franco en busca de un aliado poderoso en su lucha contra el Islam en momentos de verdadero agobio y peligro de su subsistencia. No se tradujo en apoyo objetivo del rey franco, pero parece que Carlomagno lo vio con interés en sintonía con su propósito por crear la Marca Hispánica y cuando menos generó cierto prestigio astur al conocerse en Europa que en el norte hispano había una monarquía cristiana que resistía al poderoso califato de Córdoba. Algún autor contemporizador sugiere que al descubrimiento de la tumba apostólica el rey astur Alfonso II el Casto, en cuyo tiempo se produce el hallazgo, informaría de la noticia al emperador. Atractiva propuesta si no fuera porque Carlomagno descansaba ya bajo la tierra de Aquisgrán, pues aun no había llegado el tiempo del descubrimiento del sepulcro apostólico.

          El Hallazgo de la sepultura jacobea se produce en el primer tercio del siglo IX. Pero no en el año 813 que se cita en las primeras fuentes y que aún hoy se menciona como cifra que forma parte de la propia leyenda, buscando avalar y difundir la peregrinación a Santiago desde todo el continente a partir del prestigio de Carlomagno. El año el 813 es un imposible histórico, pues en esa fecha aún no regía en la diócesis de Iria el obispo Teodomiro, protagonista del hallazgo, sino su predecesor Quendulfo II, que aún permanece en el cargo el 1º de septiembre del 818, fecha en que el Tumbo A del monasterio de Sobrado guarda el último documento con la firma de este obispo. Teodomiro no pudo llegar al obispado de Iria antes del 819, que es el año que se propone como inicio de su obispado, y por tanto el hallazgo del que será el sepulcro compostelano no puede ser anterior a esa fecha. El descubrimiento sepulcral debió producirse entre los años 820 y 830, bajo el reinado asturiano de Alfonso II el Casto, pero en que el Rey de los francos y Emperador de Occidente no era ya Carlomagno sino su hijo Ludovico Pio, cuya labor fue la de consolidar la Marca Hispánica.

Fuentes consultadas:

1.- Eginardo. Vita Karoli Magni. Biografía compuesta alrededor de 830-833. Texto original de la Bibliotheca Augustana. Edición bilingüe Latín – Castellano, 2016.

2.- Previté Orton. Historia del Mundo en la Edad Media. Editorial Ramón Sopena S. A. 1967. Tomo I. El Imperio Carolingio, pp. 413-458.

3.- Historia Universal. Salvat Editores 1980. Volumen II. Europa Siglos III-X. Hacia la Sociedad Medieval: El Mundo Carolingio, pp. 223-274

4.- Harold Lamb. Carlomagno. Biografía y Novela histórica. Edhasa, Barcelona 1991

5.- Luís Vázquez de Parga, José María Lacarra, Juan Uría Ríu. Las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Editores: Gobierno de Navarra 1998. Tomo I. Las peregrinaciones y la literatura pp. 499-515.

6.- Antonio Regalado. Carlomagno en el Camino de Santiago. Carreteras: Revista técnica de la Asociación Española de la Carretera, Nº. 168, 2009, págs. 98-111.

7- Adeline Rucquoi. Charlemagne à Compostelle. Compostelle. Cahiers du Centre d’Étude, de Recherches et d’Histoire Compostellanes, 17 (2014), pp. 5-25

8.- Cristina Durán y David Barreras. Carlomagno y la Europa medieval. Punto de Vista Editores. Madrid 2017

9.- Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolanda, 2010. Carlomagno. Tomo 4, pp. 114-119. Historia Turpini o de Turpín. Tomo 9, pp. 168-177. Turpín. Tomo 18, pp. 17.

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49- Sermón Veneranda Dies y Universalidad del Camino de Santiago.

          El Capítulo XVII del Libro I del Códice Calixtino (siglo XII) constituye el Sermón Veneranda Dies, llamado así por la costumbre de denominar a los textos eclesiásticos (encíclicas, bulas, documentos, etc.) por las dos primeras palabras del mismo. Es el texto más significativo y relevante del Códice, verdadero compendio programático de toda la obra, que incluye la Translatio como fundamento de la Tradición Jacobea, los valores de la Peregrinación a Santiago de Compostela y su carácter de Universalidad.

      El experto Manuel C. Díaz y Díaz, señala que se trata de una pieza escrita antes de la compilación de la obra, deducible de la lectura del Prólogo del Códice: “…mientras meditaba el sermón de la Traslación del Apóstol Veneranda Dies, y tenía entre las manos el cuaderno de tal escrito, se me apareció El mismo con Santiago en un éxtasis y me dijo: No difieras el escribir esos preceptos que son gratos y han de observar todos”, de donde se deduce que este sermón constituye el núcleo del Liber Sancti Iacobi, no sólo por su extensión y su estilo narrativo, sino también por su contenido de la Tradición Jacobea y de la defensa de los peregrinos.

          Tras el título del Capítulo XVII “Sermón del Santo Papa Calixto en la solemnidad de la Elección y de la Traslación de Santiago Apóstol, que se celebra el día 30 de Diciembre” se disponen 20 folios, desde el 74r hasta el 93v, se trata por tanto del texto más extenso de los que componen el Libro Primero del Códice, un cuaderno con una estructura autónoma, de modo que podría constituir un libro independiente. Su contenido gira esencialmente alrededor de dos temas: el Apóstol Santiago y el peregrino que acude a la ciudad del Apóstol.

          La parte dedicada al Apóstol Santiago es precisamente la que da nombre al sermón al aludir desde sus primeras palabras, ser el 30 de Diciembre Día Venerable de la Traslación del cuerpo del Apóstol a Galicia:  Este día es más célebre que otros muchos, más esclarecido, más ilustre, más digno que los demás días, más santo que otros; en él, pues, Santiago Apóstol, patrono de Galicia, alegró los cielos con su entrada espiritual felizmente, adornó a los españoles y especialmente a los gallegos con su presencia corporal y los enriqueció prodigando sus milagros…

          Describe a continuación la elección de Santiago, en las orillas del mar de Galilea por el Señor entre sus apóstoles, junto con Juan, Pedro y Andrés, conforme relata Mateo en su Evangelio, refiriendo que vio a los hermanos Zebedeo en la barca junto a su padre, reparando redes. Los llamó, y ellos, dejando la barca y a su padre, lo siguieron. Y cita los versos del poeta cristiano Sedulio (siglo V) sobre la elección de Santiago y demás apóstoles.

Toma en seguida entre los pescadores discípulos aptos
Para pescar a las almas humanas que, en pos de los goces
Frívolos corren del mundo, y se lanzan cual las azuladas
Olas a ciegas nadando a través del abismo inseguro.
A estos discípulos Él les infunde una vida más alta,
Sin que la gloria de hablar flatulento ni sangre soberbia
De una vana nobleza los nutran, sino que callada
Fama y un halo de luz que humildemente refulge,
Puedan hacerlos del pueblo los más cercanos al cielo.
Dios poderoso eligió a los simples y bajos del mundo
Quebrantando a los fuertes y confundiendo a los sabios.

          El relato del Veneranda Dies se basa en la mención de la decapitación de Santiago por orden de Herodes Agripa, y el trasladado a Galicia de su cuerpo por sus discípulos. Se precisa que la Traslación del cuerpo fue en su integridad, lo que supone de modo implícito que otras numerosas reliquias que se citaban en otras latitudes del mundo cristiano no eran auténticas. En el texto impulsado por el arzobispo Gelmírez y el Papa Calixto II, se pretende difundir tanto el culto jacobeo como la peregrinación al sepulcro del apóstol, en modo que Santiago aparece como patrón de los gallegos, y por extensión de todos los que visiten su sepulcro buscando la expiación de sus pecados y salvación de sus almas, dejando, por la peregrinación los bienes materiales.

          “Así, pues, el Santo Apóstol el día en que fue elegido deja no sólo la barca, a su padre y a su madre y sus propios bienes, sino también el conjunto vicioso de su vida anterior por el amor divino; de ahí su perseverancia en las obras buenas; así también nosotros debemos desmoronar el cúmulo de nuestros vicios y perseverar en las obras buenas. Por tanto, pues, le ordenó Dios abandonar todo, porque no quiere que los que le sirven se preocupen de los bienes terrenos, estando sólo atentos a los bienes celestiales. Pues, como dice el Apóstol, ninguno que siga las milicias de Dios, debe entrometerse en los negocios del siglo, para agradar al que le eligió.”

          Describe el Veneranda Dies la Traslación del cuerpo del Apóstol buscando dar una coherencia narrativa, corrigiendo errores que se decían ya entonces como añadidos extraordinarios y apócrifos que lo exageraban y deformaban. Los bulos son un viejo vicio de la humanidad, y ya desde el siglo XII la Tradición Jacobea, de origen popular y oral, arrastraba la deformación de elementos postizos fabulosos que deformaban su contenido.

          Deja el relato claro que se trata de unos de los favoritos de Cristo, de su núcleo más cercano y de confianza, que le acompañó en algunos momentos estelares como la Transfiguración en el monte Tabor y por tanto particularmente conocedor de su naturaleza divina.

          El relato recurre con frecuencia a las similitudes para describir los diversos aspectos de la vida, el traslado y el martirio del apóstol Santiago. Así una de las imágenes más hermosas y poéticas del Veneranda Dies, es la comparación de Santiago con el lirio:  “…Por el lirio que muere en el invierno y en el verano da blancas flores olorosas se representa a Santiago, el cual, así como en la estación del invierno sufre en este mundo las aflicciones de su martirio, en la alegría estival, esto es, en la frondosidad del Paraíso eternamente florece ante Dios con los méritos de sus buenas obras. Olor agradable emite el lirio; porque Santiago, como dice S. Pablo, fue el buen olor de Cristo en todo lugar, predicando, orando, obrando bien, dando a todos ejemplo de todas las virtudes. El lirio muere por las hojas, pero retoña de las raíces como Santiago mortificó a su hombre exterior, con sus muchos trabajos, pero vivificó a su hombre interior, aumentando sus virtudes….”

          A continuación el autor, tras explicar las propiedades medicinales de la planta del lirio, como describe el médico naturalista griego Dioscórides (Siglo I), Así como las hojas del lirio ejercen una acción curativa e de alivio, también Santiago arredra los vicios e absuelve los pecados con su predicación. Como señala el canciller compostelano Elisardo Temperán, “se trata de cuadro analógico en el que el autor, después de explicarnos las cualidades medicinales del lirio, las compara con la vida y obras de Santiago, pero al referirlas al Apóstol, antes que centrarse en la vida física y orientar hacia ésa los poderes medicinales de Santiago, el Pseudo-Calisto se refiere constantemente a su poder y actuación contra las heridas del error, del pecado y de los vicios. Se habla, por tanto del Apóstol como de una medicina que actúa en orden a la salud espiritual de cuantos en él confían“.

          Además del Lirio también compara el Veneranda Dies a Santiago con la palmera que, de raíz áspera, representa a Santiago, que llevó una vida dura pero elevándose a gran altura en las virtudes de fe, esperanza y caridad. En la copa produce un manjar del que surgen las palmas, significando la esperanza en los bienes celestiales futuros, por la cual Santiago, entregando su cuerpo venerable a los diversos suplicios del martirio, vencidos los enemigos de la fe, con la palma de la victoria no sólo traspasó las alturas de los aires, sino que penetró en las alturas de los cielos enarbolando los ramos y espigas de las virtudes celestes. O la palma vencedora en la corte celestial en donde está Santiago.

        Y se relata la milagrosa influencia sobre quienes le visitan, pues la sagrada virtud del Apóstol trasladada desde la región de Jerusalén brilla en Galicia con los milagros divinos, pues junto a su basílica brotan los milagros de Dios por su mediación:A los enfermos da la salud; a los presos, la libertad; a las estériles, la fecundidad de sus hijos; a las parturientas, el feliz alumbramiento; a los que zozobran en el mar, el puerto saludable; a los peregrinos, el regreso a su patria; a los necesitados, el alimento; a los moribundos, muchas veces, la vuelta a la vida; a todos los afligidos, alivio; suelta y rompe las cadenas, abre pronto las cárceles; regula el exceso de lluvias, serena el ambiente, refrena los vientos de las tormentas; los incendios del fuego devastador, por las oraciones de los hombres los extingue; impide que los ladrones maléficos y que los pérfidos gentiles dañen a los pueblos cristianos, como desearían; aplaca la ira y la venganza, da la tranquilidad. A todo el que le pide da el deseado auxilio, conforme a la ordenación de Dios, hasta a los gentiles, si le invocan fielmente. Con razón, pues, a este Santiago se le llama el Mayor, pues grandes favores acostumbra a hacer en todas partes y a cualquiera.”

          Se ocupa además el texto de explicar cómo puede realizar Santiago otros milagros distantes de su sepultura, argumentando que pueden ocurrir en todas partes en que los que están en peligro o atribulados, le invocan en su auxilio, tanto en el mar como en la tierra. Y diferencia entre verdaderos milagros de supuestos pero falsos acontecimientos prodigiosos. Eran tiempos en que el pueblo era fácilmente influenciable por la fantasía milagrera y para evitar creencias populares, supersticiones y falsedades, se precisa que solo se considerarán milagros auténticos si tienen la comprobación de dos o tres testigos, solo entonces se concederá permiso a que se escriban para edificación de los fieles. Compostela debía refrenar las historias y leyendas creadas al límite de la ortodoxia y establecer un marco de credibilidad del culto jacobeo. Eran muchas las fantasías y extravagancia que circulaban, algunas inaceptables, y era necesario definir la credibilidad y condenar las falsedades que alcanzaban a veces un carácter herético.

          Los milagros del Apóstol Santiago se tratan específica y extensamente en el Libro Segundo del Códice Calixtino, pero el Veneranda Dies nos da este anticipo en tono celebrativo, reforzando la teoría de que el Veneranda Dies es un programa de todo el contenido del Códice que luego se desarrollará en cada uno de los libros que lo componen, con el objetivo general de ensalzar la iglesia compostelana, consolidar la presencia del cuerpo del apóstol en Galicia, difundir la peregrinación a su sepultura y el culto jacobeo en todo los pueblos de la cristiandad.

          El peregrino es la figura central del texto. Klaus Herbersll propone que su autor puede ser muy bien Aimeric Picaud, a quien se atribuye el Libro Quinto o guía del peregrino, por la pasión y énfasis con que escribe algunos pasajes, indicando que vive desde la experiencia propia del Camino.

          El autor describe al peregrino desde una imagen bíblica que revela su formación eclesiástica. Cita a Adán como el primer peregrino, al verse obligado a abandonar el paraíso por su pecado. También cita a Abraham como peregrino, al ser invitado por el Señor a dejar su tierra. Cita también a Jacob en su marcha a Egipto, y a todo el pueblo de Israel cuando sale de Egipto para ir hasta la tierra prometida. Hay por tanto una definición de la peregrinación medieval con un sentido penitencial: el peregrino debía dejar su patria durante un período de tiempo según la gravedad de la pena como un exilio temporal, dirigiéndose a un santuario donde el santo podía interceder en su favor para la remisión de sus pecados. Se trata por tanto de la Peregrinatio poenitentiae causa, frente a la Peregrinatio devotionis causa, que se instaurará poco después, en base a la decisión libre y voluntaria de quienes emprendían el viaje.

          Una de las secciones más afamadas del sermón es el que menciona que los peregrinos que llegaban a Compostela procedían de todos los pueblos de la cristiandad medieval: A este lugar vienen los pueblos bárbaros y los que habitan en todos los climas del orbe, a saber: francos, normandos, escoceses, irlandeses, los galos, los teutones, los iberos, los gascones, los bávaros, los impíos navarros, los vascos, los godos, los provenzales, los garascos, los loreneses, los gautos, los ingleses, los bretones, los de Cornualles, los flamencos, los frisones, los alóbroges, los italianos, los de Apulia, los poitevinos, los aquitanos, los griegos, los armenios, los dacios, los noruegos, los rusos, los joriantos, Ios nubios, los partos, los rumanos, los gálatas, los efesios, los medos, los toscanos, los calabreses, los sajones, los sicilianos, los de Asia, los del Ponto, los de Bitinia, los indios, los cretenses, los de Jerusalén, los de Antioquía, los galileos, los de Sardes, los de Chipre, los húngaros, los búlgaros, los eslavones, los africanos, los persas, los alejandrinos, los egipcios, los sirios, los árabes, los colosenses, los moros, los etíopes, los filipenses, los capadocios, los corintios, los elamitas, los de Mesopotamia, los libios, los de Cirene, los de Panfilia, los de Cilicia, los judíos y las demás gentes innumerables de todas las lenguas, tribus y naciones vienen junto a él en caravana y falanges, cumpliendo sus votos en acción de gracias para con el Señor y llevando el premio de las alabanzas.

        Hay un claro propósito de reflejar el carácter de Universalidad del Culto Jacobeo y de la peregrinación a la ciudad del Apóstol por el Camino de Santiago, y aunque se argumenta la retórica literaria del texto, no puede desdeñarse un trasfondo real, sobre todo en lo relativo a las convivencias de peregrinos en el interior de la catedral en las noches peregrinas de vigilia:Causa alegría y admiración contemplar los coros de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia: los teutones a un lado, los francos a otro, los italianos a otro; están en grupos, tienen cirios ardiendo en sus manos; por ello toda la iglesia se ilumina como con el sol en un día claro. Cada uno con sus compatriotas cumple individualmente con maestría las guardias. Unos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos, otros flautas, caramillos, trompetas, arpas, violines, ruedas británicas o galas, otros cantando con cítaras, otros cantando acompañados de diversos instrumentos, pasan la noche en vela; otros lloran sus pecados, otros leen los salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí pueden oírse diversidad de lenguas, diversas voces en idiomas bárbaros; conversaciones y cantilenas en teutón, inglés, griego y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no resuenen sus voces. Estas vigilias cuidadosamente se celebran allí; unos vienen, otros se retiran y ofrecen en su variedad diversos dones. Si alguno se acerca triste, se retira alegre. Allí se celebra continua solemnidad, la festividad se prepara cuidadosamente, a la esclarecida celebridad se le rinde culto de día y de noche, alabanzas y gozos, alegría y contento, en común, se cantan. Todos los días y noches como en ininterrumpida solemnidad, en continuo alborozo, se celebran los cultos para gloria del Señor y del Apóstol. Las puertas de esta basílica nunca se cierran, ni de día ni de noche; ni en modo alguno la oscuridad de la noche tiene lugar en ella; pues con la luz espléndida de las velas y cirios, brilla como el mediodía. Allá se dirigen los pobres, los ricos, los criminales, los caballeros, los infantes, los gobernantes, los ciegos, los mancos, los pudientes, los nobles, los héroes, los próceres, los obispos, los abades, unos descalzos, otros sin recursos, otros cargados con hierro por motivos de penitencia.”

        Unos sesenta o setenta años después este principio de Universalidad se recoge en unos versos del Códice “Preciosa” (Siglo XIII) del antiguo hospital de peregrinos de Santa María de Roncesvalles cuya estrofa nº 15, son el más bello exponente de la filosofía abierta del Camino de Santiago, brindando la hospitalidad monástica a peregrinos de toda clase y condición:

Porta patet omnibus, infirmis et sanis,
Non solum catholicis, uerum et paganis,
ludeis, hereticis, ociosis, uanis,
Et, ut dicam breuiter, bonis et profanis.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos
no solo a católicos sino aún a paganos,
judios, herejes, ociosos y vanos;
y mas brevemente, a buenos profanos.

          Resalta el texto del Calixtino la tipología de los peregrinos: Algunos como los griegos llevan cruces en sus manos, otros distribuyen sus bienes entre los pobres, otros traen en sus manos hierro o plomo para la obra de la basílica del Apóstol…”.  Según la costumbre de transportar, por los peregrinos piedras calizas para la construcción de la catedral desde Triacastela hasta los hornos de Castañeda, con un valor psicológico y participativo, ya que implicaba una colaboración en la construcción de la catedral como morada de su patrón. “…unos traen las cadenas y los grilletes de hierro sobre sus hombros, de los que se habían librado por la intercesión del Apóstol y de las prisiones de los tiranos, haciendo penitencia, llorando sus delitos.”

          Gran interés dedica el sermón a la liturgia y ritos de partida, que consistía en una toma de hábitos del peregrino a través de objetos que le identifican, tales como el morral y el bordón o báculo, que adquieren un específico significado alegórico. …los que vienen a visitar a los santos reciben en la iglesia el báculo y el morral bendito. Pues cuando los enviamos con motivo de hacer penitencia al santuario de los santos, les damos un morral bendito, según el rito eclesiástico, diciéndoles: En nombre de nuestro Señor Jesucristo, recibe este morral hábito de tu peregrinación, para que castigado y enmendado te apresures en llegar a los pies de Santiago, a donde ansías llegar, y para que después de haber hecho el viaje vuelvas al lado nuestro con gozo, con la ayuda de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. También, cuando le damos el báculo, así decimos: Recibe este báculo que sea como sustento de la marcha y del trabajo, para el camino de tu peregrinación, para que puedas vencer las catervas del enemigo y llegar seguro a los pies de Santiago, y después de hecho el viaje, volver junto a nos con alegría, con la anuencia del mismo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.”

          Tras estas fórmulas, el texto describe con cierta extensión el uso y significado del morral, citando sus diferentes nombres y describiéndolo materialmente y su interpretación simbólica:Por el morral, que los italianos llaman escarcela, los provenzales espuerta, los galos isquirpa, se designa la esplendidez en las limosnas y la mortificación de la carne. El morral es un saquito estrecho, hecho de la piel de una bestia muerta, siempre abierto por la boca, no atado con ligaduras. El hecho de que el morral sea un saquito estrecho significa que el peregrino, confiado en el Señor, debe llevar consigo una pequeña y módica despensa. El que sea del cuero de una bestia muerta significa que el peregrino debe mortificar su carne con los vicios y concupiscencias, con hambre y sed, con muchos ayunos, con frio y desnudez, con penalidades y trabajos. El hecho de que no tenga ataduras, sino que esté abierto por la boca siempre, significa que el mismo (el peregrino) debe antes repartir sus propiedades con los pobres y por ello debe estar preparado para recibir y para dar.”

  Con un mismo proceder también explica el significado del bordón o báculo. Por el báculo, puesto que el suplicante lo recibe como un tercer pie para sostenerse, se simboliza la fe en la Santísima Trinidad, en la cual debe perseverar. EI báculo es la defensa del hombre contra los lobos y los perros. El perro suele ladrar al hombre y el lobo acostumbra a devorar las ovejas. Por el perro y el lobo se designa el diablo tentador del género humano. EI demonio ladra al hombre, cuando provoca su mente a pecar con el ladrido de sus sugestiones. Muerde como el lobo, cuando impulsa sus miembros hacia el pecado y por la costumbre de vivir en la culpa devora su alma entre sus hambrientas fauces. Por tanto, debemos encarecer al peregrino, cuando le damos el báculo, que lave sus culpas por la confesión y fortalezca su corazón y sus miembros frecuentemente con la enseña de la Santísima Trinidad contra las ilusiones y fantasmas diabólicos.”

          Un apartado importante dedica a explicar el sentido de la concha o vieira. “Por lo mismo los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del santuario de Santiago traen las conchas. Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas. Así como los vencedores al volver de la batalla solían en otro tiempo agitar las palmas en sus manos, mostrando que habían triunfado, así los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, mostrando que han mortificado sus vicios. Pues los que se embriagan, los deshonestos, los avaros, los ambiciosos, los litigiosos, los usureros, los lujuriosos, los adúlteros o los demás vicios, puesto que aún están en la guerra de los vicios, no deben traer la palma, sino los que vencieron completamente los vicios y se unieron a las virtudes. Pues hay unos mariscos en el mar próximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta un molusco parecido a una ostra. Tales conchas están labradas como los dedos de la mano y las llaman los provenzales nidulas y los franceses crusillas, y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol, y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas con que el marisco se defiende, significan los dos preceptos de la caridad, con que quien debidamente los lleva debe defenderse, esto es: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Ama a Dios el que guarda sus mandamientos. Ama al prójimo como a sí mismo el que no hace a otro lo que no quiere para sí, y lo que quiere para sí hace a los demás. Las conchas, acomodadas a manera de dedos, significan las obras buenas, en las cuales el que dignamente las lleva debe perseverar, y bellamente por los dedos se simbolizan las obras buenas: de ellos nos valemos cuando hacemos algo. Por tanto, como el peregrino lleva la concha, así mientras esté en el camino de la vida presente debe llevar el yugo del Señor, esto es: debe someterse a sus mandamientos.”

        El propio Códice indica que no era imprescindible llegar hasta el Atlántico para obtener las conchas de vieira, puesto que se podían adquirir junto a otros muchos enseres peregrinos (calzado, vino, morrales de piel de ciervo, bolsos, cintos, todo tipo de hierbas medicinales), en la plaza que llamaban del Paraíso, a la izquierda de la catedral, conocida también como Azabachería. La demanda de conchas llega a ser tan elevada, que se recurre a la elaboración de conchas artesanales fundidas en plomo o esculpidas en azabache, material al que se atribuían poderes mágicos, muy usado en Galicia para la creación de amuletos, estatuas de Santiago, conchas y otros “souvenir” jacobeos. La fabricación de conchas llega a ser en Santiago una de las principales actividades artesanales, generando el progreso de gremios, que acceden a un régimen corporativo con contrato con la catedral que tenía la exclusividad de la fabricación de conchas. Producían además multitud de insignias que los peregrinos difundirán por toda Europa, constituyendo uno de los más claros indicios de la alta difusión del culto jacobeo y su popularidad entre los pueblos cristianos medievales.

          Recomienda el Veneranda Dies acometer la peregrinación después de liberarse de los pecados a través de la confesión, como parte del rito de partida. Antes de emprender la peregrinación que le ausentará un largo periodo de tiempo, el peregrino debe, como parte sustancial de esta preparación ritual, prepararse a la peregrinación con corazón puro, sin pesos ni vínculos mundanos. Debe perdonar a los que le injuriaron, aplacar todo los rencores que albergue su corazón, pedir permiso a las personas con las que tenga obligaciones, con su pastor eclesiástico, arreglando con su cónyuge y su familia las disposiciones de sus bienes coma si estuviese ante la muerte. Durante el viaje deberá comportarse honestamente, escuchar misa si no a diario al menos los domingos, compartir todos sus bienes con otros peregrinos en modo que este principio de solidaridad es la característica básica del peregrino. Deberá huir de las palabras superfluas, de las tentaciones de la carne, de las pendencias y sobre todo de las borracheras, de las que el Veneranda Dies describiendo con extensión sus malas consecuencias, para que el camino sea ventajoso para su alma como para su cuerpo.

          Describe con amplitud las virtudes de la peregrinación que modelan las del peregrino. “El camino de peregrinación es cosa muy buena, pero es estrecho. Pues es estrecho el camino que conduce al hombre a la vida; en cambio, ancho y espacioso el que conduce a la muerte. El camino de peregrinación es para los buenos; carencia de vicios, mortificación del cuerpo, aumento de las virtudes, perdón de los pecados, penitencia de los penitentes, camino de los justos, amor de los santos, fe en la resurrección y premio de los bienaventurados, alejamiento del infierno, protección de los cielos. Aleja de los suculentos manjares, hace desaparecer la voraz obesidad, refrena la voluptuosidad, contiene los apetitos de la carne que luchan contra la fortaleza del alma, purifica el espíritu, invita al hombre a la vida contemplativa, humilla a los altos, enaltece a los humildes, ama la pobreza; odia el censo de aquel a quien domina la avaricia; en cambio del que lo distribuye entre los pobres, lo ama; premia a los austeros y que obran bien; en cambio, a los avaros y pecadores no los arranca de las garras del pecado.”

          El Veneranda Dies invierte buena parte de su contenido en referirse a los que llama enemigos del peregrino, como los mesoneros, las meretrices, los curas indignos, los cambistas y los farsantes y malhechores, que el peregrino encontrará en su progresión hacia la ciudad del Apóstol, describiendo con todo lujo de detalles los usos deshonestos de los malos mesoneros para engañar al peregrino con fines lucrativos. Se ve en la detallada amplitud de la picaresca y aún de la maldad más perniciosa y perversa, el conocimiento detallado de quien ha vivido la experiencia de la peregrinación, citando lugares, contando anécdotas a pie de camino, lo que descubre que se trata de alguien que ha peregrinado, y conoce de primera mano estas adversidades y percances que sufría el peregrino como víctima de fraudes, engaños y a veces de verdadera delincuencia. El autor censura especialmente a los hospederos, a veces tan perversos con los peregrinos que los compara con la traición de Judas, adulterando el vino, dando gato por liebre, simulando afecto pero dando mal servicio, falseando las mediciones, cobrando en exceso, hurtándole sus bienes o incluso envenenándoles para quedarse con sus pertenencias. Y condena a las criadas y meretrices venden sus favores a los peregrinos tentando su virtud a cambio de dinero. Denuncia los arreglos entre hospederos y guardianes de basílicas y templos para promover ofrendas que revertirán en su propio lucro. Advierten a los peregrinos que deben precaverse de los llamados cinnatores, o estafadores que engañaban al peregrino en sus compras, o le timaban aparentando facilitarles gangas de valioso valor. O de los que simulan ser clérigos que ganan la confianza hasta estafarles con trucos, engaños o robos. O los que simulan enfermedad o lesiones en busca de limosna. Y de los falsos cambistas que cambian la moneda , los metales o piedras preciosos fraudulentamente. O de los especieros engañosos que venden hierbas podridas como buenas, o especias adulteradas como auténticas. O de los tenderos farsantes que venden productos estropeados como buenos, o materiales baratos como si fueran valiosos. O de los cobradores de tributos a los peregrinos de Santiago, los cobradores de portazgos explotando al transeúnte u obligándole a pagar peajes injustos o abusivos.

          Quienquiera que ultraje a los peregrinos, o les quite algo, por hurto, rapiña, o por otro medio cualquiera, sin duda alguna, su suerte será con el diablo. Mientras que el que no engaña a los peregrinos, ni en la plaza, ni en el negocio, ni en el cambio, ni en el hospedaje, ni por medios fraudulentos, sino que se porta con ellos debidamente, sin duda alguna obtendrá en el futuro el premio del Señor.

          Particularmente conflictiva podía ser el destino de los bienes de un peregrino que moría estando en un hospital, ya que podía despertar intereses arbitrarios y propiciar grandes abusos.

          Parece evidente que el autor del Veneranda Dies conoce bien la vida en los caminos de peregrinación a Santiago, y que domina cumplidamente el libro V del Códice, lo que evidencia que se trata de textos procedentes de una misma mano. En todas las censuras encontramos equivalencias que llevan a considerar que su redactor es el mismo que la Guía del peregrino de Santiago, un defensor del verdadero peregrino, que condena a todos el que le perjudican o estafan, en la que resulta ser la visión más realista y pragmática del texto, que emana de una experiencia directa de la peregrinación, por lo que muchos concluyen que Aimeric Picaud, que vivió como peregrino compostelano estas vivencias, puede muy bien ser quien escribiera también este Sermón.

          Como mejor manera de cerrar esta exposición en que el Apóstol Santiago y el peregrino jacobeo confluyen en el Culto a Santiago, bien procede, y el Veneranda Dies se hace buen eco de ello, una invocación que resalte al Apóstol como patrón y protector de Galicia y de España entera: “¡Oh dichoso pueblo de España y de Galicia, honrado con el poder de tan gran príncipe!; exaltado no por el mérito de tu bondad, sino por el de tan glorioso Apóstol. Él te decoró, él te adornó, él te hizo feliz, él te honró. Tu noche, que no tenía día, se ha convertido en antorcha de la verdadera fe, cuyo esplendor no es posible explicar con palabras. Tú, que antes no tenías la gracia, ahora se te concede abundantemente. Antes ignorabas a tu Criador; ahora, por tu Apóstol, conoces a tu Hacedor. Antes estabas sumergida en el error; ahora has sido levantada a la fe apostólica. Antes estabas entregada a las leyes vanas; ahora has aprendido las enseñanzas de libertad. Abjuraste lo que eras y comenzaste a ser lo que no eras. Tú, que habías fabricado templos inmundos, ahora adoras al verdadero Dios. Tú, que yacías en el estiércol de la infidelidad, ahora brillas en la fe apostólica. Antes estabas como viuda; ahora estás desposada con el celeste varón. Antes eras estéril; ahora das a luz hijos. Antes estabas desconsolada; ahora, reconciliada con tu Criador. Antes estabas como oveja descarriada y sin pastor; ahora, unida al Rey celestial. Antes eras necia sin tal doctor; mas ahora estás en compañía del fiel maestro.

“Gentes gallegas, cantad vuestras nuevas canciones a Cristo;
De que Santiago venga dadle las gracias a Dios.
Viene a la grey su esperanza y el padre y amante del pueblo:
Que las ovejas gocen con el pastor que les dan.
Bajo su guía la grey pacerá por los pastos sagrados,
Aprovechando frutos de celestial simiente.
Y cuidará de los puros rediles del buen Jesucristo,
Porque serían presa de los rapaces lobos.
Con vigilante atención regirá el establo sin mancha,
Para que no padezca ni una rapiña su grey.
Defendera los corderos de hermoso vellón encerrados,
Y cuando estén dormidos los guardará despierto.
Florecerá con divino cultivo la viña lozana,
Y las maduras uvas le prestarán belleza.
Para llenar las bodegas del cielo con su eterno fruto,
De donde viva fuente fluya y las almas beban.
No las castigue la sed, que calmar con un dedo mojado
Tanto anhelaba el rico cuando pedía ayuda.
Mas a gozar las delicias del seno de Abraham sus ovejas,
Entre sus propios brazos conducirá el pastor.
Y duplicando el talento que tuvo muy bien a su cargo,
Al verdadero goce de su Señor entrará.
Y coronado con el galardón de sus méritos, digno,
En el palacio obtendrá puesto, soldado del Rey.”

Fuentes Consultadas:

1.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. El peregrino en la literatura jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 40, Nº. 3-4, 1995, págs. 379-391.

2.- Elisardo Temperán Villaverde. La liturgia propia de Santiago en el Códice Calixtino. Xunta de Galicia 1997.

3.- Liber Sancti Iacobi: Codex Calixtinus. Traducción de A. Moralejo, C. Torres, J. Feo. Xunta de Galicia. Xacobeo’99, pp 188-234

4.- Jacopo Caucci Von Saucken. O Sermón Veneranda Dies del Liber Sancti Jacobi. O Sentido e O Valor da Peregrinaxe Compostelá. Xunta de Galicia. Xacobeo 2004.

5.- Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolansa 2010, Tomo 18, pp. 63-64

6.- Carlo Pulsoni. Notas sobre algunos nombres de pueblos en el “Veneranda dies”. Ad Limina: revista de investigación del Camino de Santiago y las peregrinaciones, Nº. 1, 2010, pp. 151-159

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42- Ad Honorem Regis Summi

        Dentro de la sección de obras polifónicas del Códice Calixtino hay una pieza singular que está a caballo entre la música polifónica y la monódica. La sección polifónica se compone de 6 folios que contiene 20 piezas claramente polifónicas, que serían 21 si se reconoce el himno Ad honorem Regis summi como composición a dos voces. Hay además incluida en esta sección una obra más de estructura monódica, el Dum Pater Familias, una pieza singular que cierra el bloque. En total por tanto son 22 obras diferentes en esta sección del códice, todas a 2 voces, menos la segunda pieza del suplemento que se anota a tres (Congaudeat Catholici), que es la primera obra de occidente de esa dimensión polifónica.

          En este grupo el himno Ad honorem Regis summi merece una mención especial pues, aunque incluida en esta sección polifónica, su escritura tiene un aspecto monódico por la disposición horizontal de las voces. Parece tratarse de una pieza de estructura monódica convertida en una pieza a dos voces con la voz principal en primer lugar y una segunda voz que se situaría en las 2 últimas líneas. Si además conocemos la práctica de esta denominada “Notación Sucesiva” en repertorios coetáneos como San Marcial de Limoges, en que la segunda parte se encuentra muy por encima de la primera, con resultado sonoro satisfactorio, podemos afirmar que esta pieza, antes comúnmente interpretado a una sola voz, se anotó con la intención de cantarse polifónicamente. Era fórmula que se explicaba en términos de “Notación sucesiva y polifonía escondida”, en modo que la interpretación aceptaba las dos versiones: monódica y la polifónica.

          Pero aparte de esta consideración técnica musical que puede resultar de difícil comprensión para el profano, lo que resulta verdaderamente singular es que se trata de una pieza que el Calixtino asigna a Aimeric Picaud, y así aparece escrito en rojo encima de la partitura: “Aimericus Picaudi, presbyter de Partiniaco”, el enigmático compilador de los textos que compondrán el emblemático códice jacobeo, identificado como un clérigo errante, un fraile giróvago o sarabaíta, que en su tierra era conocido por el seudónimo de Olivier d’Asquins, de buen nivel cultural pero que nada partidario de sujetarse a la vida regular de los anacoretas y cenobitas, moraba en las ciudades con dos o tres compañeros, sin regla ni superior.

          Y no parece descabellada la propuesta por cuanto los versos largos de quince sílabas con una cesura media (hemistiquio) que venía después del séptimo pie, en modo que la octava sílaba lenta no cuenta en la medida, fórmula de métrica poética común de la poesía latina para frailes vagabundos o goliardos.

          La marcha de los peregrinos: Ad honorem regis summi, cita los veintidós milagros del Libro II del códice, a razón de un verso para cada uno, siguiendo el mismo orden del Liber Miraculorum y que se leían a los peregrinos durante las largas noches de vela ante el sepulcro del Apóstol.

          Esta pieza excepcional, está muy vinculada con el “Dum Paterfamilias”, ambas eran cantadas por los peregrinos como expresión de la dicha de llegar a la ciudad del Apóstol, al entrar en la catedral medieval o en su interior, especialmente el 25 de Julio. De ambas hay la idea de que pudieran ser cantos populares de ritmo alegre, probablemente ambientados con otros instrumentos, percusión y danza, con tanta popularidad entre los peregrinos que terminan por sacralizarse e incorporarse incluso en el Códice Calixtino.

          Y ambas contiene una expresión muy peregrina: “Ultreia e suseia”, palabras que aparecen también en una prosa del capítulo XXVI del libro I del Códice: “Todos los pueblos, lenguas y tribus acuden a él clamando sus ella, ultreya”. Eran términos, por tanto, bien conocidos en el ámbito compostelano en relación con la peregrinación. Se trataba de una expresión popular de ánimo, júbilo y saludo entre los peregrinos, que significa “adelante” “arriba”, muy común entre los caminantes medievales, parece ser que sobre todo germánicos y flamencos, aunque hoy se acepta que trascienden los límites geográficos y lingüísticos, y se convierten en vocablos universales de la peregrinación que han llegado hasta nuestros días a través del Codex Calixtinus (s. XII), aunque con el auge actual del Camino de Santiago, la expresión se ha recuperado entre los peregrinos como saludo y expresión de ánimo, conectando con el espíritu milenario de los peregrinos medievales.

Escucharemos primero la versión sacra que a buen seguro se escuchaba por los cantores canónigos, a los seguramente se sumaban los peregrinos.

Y también la versión popular y festiva como canto de triunfo y alegría.

Incluso esta otra que nos da también una versión de canto popular, compartido y animoso, que pone especial énfasis en las palabras clave: Ultreia  esus  eia 

Ad honorem regi summi que condidit omnia,
Venerantes iubilemus Iacobi magnalia,
De quo gaudent celi cives in superna curia
Cuius facta gloriosa meminit ecclesia

Supra mare Galilee omnia postposuit
Viso rege ad mundana redire non voluit
Sed post illum se vocantem pergere disposuit
Et praecepta eius sacra predicare studuit
Ermogeni et Fileto Christi fidem tribuit
Et Iosiam baptizavit et vim aegro prebuit.
Olim Ihesum transformatum vidit patris numine,
Pro quo nacem ab Herode simpsit fuso sanguine.

Cuius corpus sepelitur in terra Galecie,
Et petentes illud digne summut vitam glorie.
Iam per totum fulget mundum divinis miraculis,
Qui viginti viros olim solvit ab ergastulis.

Scedulaque peccatoris deleta apparuit,
Matris natum iam defunctum ad vitam restituit,
Hic defunctum urbi sue a Cisera detulit,
Quem bis senas per dietas una nocte contulit.

Hic suspensum post triginta dies vite reddidit,
Peregrino Pictavensi asinum tradidit,
Et Frisonum ferro tectum de abisso eruit,
Presulemque mari mersum in nati instituit.

Vim vincendit Turcos viro apostolus tribuit,
Peregrinum mari lapsum per verticem tenuit,
De excelsa arce saltans vir sanus ereptus est,
Per crusille tactum miles saluti redditus est.

Sanitati post vindictam Dalmacius datus est,
A postrata arce sane mercator egressus est,
Militemque custodivit a suis sequentibus,
Liberavit virum egrum pressum a demonibus.

Interfectum a se ipso ad vitam restituit,
Et altaris valvas clausa comitit aperuit,
Stephanoque servo Dei ut miles apparuit,
Virum captum comes spata ledere non potuit.

Hic contractum membris ruptum erexit humiliter,
Vinculatum solvit virum tredecies dulciter,
Hec sunt illa sacrosancta divina miracula,
Que ad decus Christi fecit Iacobus per secula.

Unde laudes regi regum solvamus alacriter,
Cum quo leti mereamur vivere perhenniter.
Fiat, amen, alleluia, dicamus solempniter
E ultreia esus eia decantemus iugiter.

TRADUCCIÓN

En honor del Rey Supremo del que todo lo creó,
celebremos las grandezas que Santiago realizó.
Alegría de los santos en la curia celestial,
y en la Iglesia recordado por glorioso en su historial.

Junto al mar de Galilea quiso todo posponer,
y, visto su Rey, al mundo no quiso jamás volver;
Más tras El que le llamaba dispúsose allí a marchar,
y sus santos mandamientos deseaba predicar.

A Hermógenes y Fileto la fe de Cristo infundió
Y dio salud al enfermo y a Josias bautizó
Vio a Jesús transfigurado del Padre en la majestad
Y murió y vertió su sangre de Herodes por la crueldad.

Cuyo cuerpo está enterrado de Galicia en un rincón
Y alcanzan la gloria quienes van allá con devoción.
Resplandecen sus milagros por toda la cristiandad
Una vez a veinte hombres libró de cautividad

Hizo aparecer borrada la esquela de un pecador;
Devolvió a un niño la vida y a la madre en su dolor.
Desde Cize a un difunto se lo llevó a su ciudad
Echando en doce jornadas una noche nada más

A uno ahorcado treinta días a la visa devolvió
Y un borrico a un peregrino poitevino le prestó
Y a Frísono envuelto en hierro del mar hubo de sacar
Como en la nave a un prelado puso, que cayó en el mar

Para vencer a los turcos fuerza a un caballero dio
Por el pelo a un peregrino caído al mar sujetó;
Saltó sano de un torre otro hombre por su virtud
Y tocado de una concha otro logró la salud.

Dalmacio sufrií venganza y fue sanado después
Hizo inclinarse a una torre por soltar a un mercader;
A un caballero que huía libró con su protección,
Y a otro que sufría enfermo de demonios la opresión.

A un hombre que se dio muerte a la vida devolvió;
Cerrado a su altar, las puertas a un conde dignose abrir
Al siervo de Dios Esteban caballero se mostró
Y a un cautivo con su espada no pudo otro conde herir.

A un lisiado contrahecho le curó con humildad
Y a un cautivo trece veces le soltó con su bondad
Estos son los sacrosantos milagros que para honor
De Jesucristo por siglos hizo Santiago el Mayor.

Por eso al Rey de los reyes loas debemos decir
para merecer felices por siempre con Él vivir.
Hágase, amén, aleluya, -digamos, pues, a la par-,
E ultreya e sus eya, cantaremos sin cesar.

Fuentes Consultadas

1.- Louis René. Aimeri Picaud, compilateur du Liber Sancti Jacobi. In: Bulletin de la Société Nationale des Antiquaires de France, 1948-1949, 1952. pp. 80-97

2.- Eva Esteve Roldán. La polifonía en el Códice Calixtino. El canto gregoriano y otras monodias medievales / VI Jornadas de Canto Gregoriano. De la monofonía a la polifonía, 2003, págs. 81-120

3.- José López-Calo. Los polémicos comienzos del descubrimiento musical del Códice Calixtino. Abrente: Boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, Nº. 42-43, 2010-2011, págs. 333-386.

4.- José Sierra Pérez. Un ejemplo de notación sucesiva en el Códice Calixtino: ad honorem regis summi. Revista de musicología, Vol. 20, Nº 1, 1997, págs. 61-76

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48- Tradición armenia de Jerusalén a Compostela

          Resulta llamativo que entre los primeros peregrinos a Compostela tengan significativa presencia los venidos desde Armenia, país del Cáucaso en el extremo sur-oriental de Europa, la región más remota y distante de la cristiandad medieval, de la que llegaron peregrinos a Compostela como menciona el sermón Veneranda Dies del Códice Calixtino, en el apartado que cita los muchos pueblos del mundo que visitan Santiago. Armenia tiene sus raíces en una de las más antiguas civilizaciones del mundo, con un rico patrimonio cultural en que destaca ser la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en modo que la fe cristiana constituye un papel primordial en la historia e identidad del pueblo armenio.

          El peregrino armenio más destacado y conocido por el relato que él mismo dejó, fue el obispo armenio Martiros que, a finales del siglo XV, visitó la ciudad del apóstol, recorriendo en la península el Camino del Norte o de la costa cantábrica, y su crónica viene a constituir la primera guía de ese camino. El propio autor refleja en sus escritos ser peregrino devoto que afronta su viaje hasta el extremo de Galicia para expresar su devoción al Apóstol, lo que acredita la fama del santuario en tan lejanas tierras. Martirios se muestra en su relato como un cristiano que, aunque con tradición propia, comparte la misma devoción medieval por santos y reliquias, incluyendo la tradición jacobea. Se vislumbran además posibles intenciones diplomáticas en busca de apoyo contra los turcos, mediante entrevistas que el propio Martiros dice no poder declarar. De su paso por Compostela, en la que estuvo cerca de tres meses, describe el altar central, que identifica como la tumba de Santiago y habla de la imagen conocida por los abrazos, y el baldaquino que cubre altar e imagen. Dejó además un estudio artístico y teológico del Pórtico de la Gloria, describe la fuente de Mediodía, junto con la plaza donde “el peregrino puede encontrar todo lo que necesita, pues se vende cuanto se puede desear en medallas y rosarios”. Continuó hasta el Finis Terrae, singularizándose por su insólita cita del fabuloso Vákner, animal salvaje difícil de identificar que distintos editores dudan si sería un toro, un oso, o un lobo, pero en definitiva el gran mito medieval de la Costa da Morte, un animal singularmente feroz que atacaba a los peregrinos.

          Mucho antes que Martiros, en el año 983 ó 984 acudió a Santiago Simeón, ermitaño de Polirone (Mantua, Italia) monje armenio que vivió antes como ermitaño en los desiertos de Palestina, y que fue canonizado a finales del siglo XI. Era afamada su renuncia y su santidad, así como su visita por devoción Santiago de Compostela, sirviendo de referencia precoz de la relación entre Armenia y el culto jacobeo. En el siglo XII también está registrada la visita de un arzobispo de Nínive -Irak- acompañado por varios prelados armenios, y a partir de aquí muchos peregrinos armenios fueron a Compostela junto a peregrinos de otras nacionalidades, como cita el Codex Calixtinus.

          Y es que entre Armenia y el mundo jacobeo hay, a través del tiempo y del espacio, una histórica y vieja relación con el culto a Santiago. No en vano Armenia fue uno de los países que primero abrazó el cristianismo ya en el siglo I y fueron los primeros en rendir culto a los dos apóstoles de nombre Santiago en la iglesia armenia de Santiago en Jerusalén. Judas Tadeo y Bartolomé fueron, entre los Doce, los apóstoles que evangelizaron al pueblo armenio, que adquirió oficialmente la nueva fe cristiana por obra de San Gregorio, su primer obispo, en el 301, lo que convierte a Armenia en el primer reino cristiano.

        Las raíces armenias surgen, pues, en el cristianismo primitivo, y constituyen un singular antecedente de culto jacobeo, muy anterior al hispano, en una colectividad armenia jerosolimitana consolidada desde el siglo VI pero presente desde el siglo I. Las crónicas hispanas astures y compostelanas tienen, por tanto, un antiguo y asombroso precedente en las crónicas armenias de Jerusalén, que mencionan las primeras reliquias tanto de Santiago el Mayor como de Santiago el Menor, precisamente donde su tradición sitúa el lugar donde ambos vivieron y murieron.

          El barrio armenio de la ciudad vieja de Jerusalén acoge la catedral de Santiago, sede del patriarcado de Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén. Aunque parece que fundado en el año 638 con antecedentes en los siglos V-VI, la primera constancia del templo es del siglo X, edificado por los georgianos, aunque tras la Primera Cruzada se pactó su cesión a los armenios, cuya presencia armenia en Tierra Santa se remonta a los primeros años del cristianismo. El templo fue totalmente reedificado por los armenios en el siglo XII, un templo cruciforme de tres naves y cúpula central, en que llama la atención la abundancia de adornos y antiguas lámparas de aceite que cuelgan de las bóvedas, y una en araña de 120 velas, que se enciende en las grandes celebraciones. El conjunto se enriqueció con hospedería y monasterio, venerando como mayor tesoro los restos de Santiago el Menor y la cabeza de Santiago el Mayor. Hay constancia que en los siglos XV y XVI, la hospedería recibió peregrinos de la Península Ibérica, revelando una conexión de culto jacobeo, e incluso los Reyes Católicos hicieron donación para sufragar la hospedería.

          En la nave central, en la separación del coro y el crucero, hay dos tronos enfrentados, uno con dosel representa la cátedra de Santiago, hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén. El otro trono, enfrente, es del patriarca armenio. Uno de los primeros días de enero se festeja al apóstol, y el patriarca preside la ceremonia de pie al lado del trono apostólico, como símbolo de ser el sucesor en el obispado de Jerusalén. La sepultura de Santiago el Menor ocupa el lugar preferente del templo, pues la tradición dice que bajo el altar mayor descansan sus restos, aunque sin ningún icono ni letrero que lo señale. A la izquierda de la entrada hay tres capillas pequeñas; una de ellas es la capilla de la decapitación de Santiago el Mayor, con un bello altar de mármol en cuyo hueco inferior, rodeado de seis lámparas votivas, hay un medallón en se representa la cabeza de Santiago, que la tradición dice conservada en este mismo lugar. Y un poco más adelante del altar, a la altura del suelo, hay un círculo estrellado de plata que rodea una pequeña cavidad que señala el lugar donde fue decapitado el santo. Todo ello convierte este templo, después de Santiago de Compostela, en el segundo lugar de culto jacobeo más sagrado del mundo.

          La tradición armenia sobre Santiago el Mayor, tiene su origen en los principios del siglo VII, traducidos a la lengua armenia entre los años 620 y 638. Describe que Santiago hijo de Zebedeo fue a evangelizar Hispania, que refiere como un pueblo “bárbaro, impío e inicuo”, y que a su retorno a Jerusalén continuó la predicación, debiendo enfrentarse al mago Hermógenes al que superó, lo que desata el rechazo judío que desencadena su martirio del Apóstol por Herodes Agripa. Cuenta que un ángel, después del martirio, envolvió la cabeza y la trasladó al palacio episcopal de Santiago, el hermano del Señor. Después de manifestar su gran dolor, el obispo y el apóstol Juan rindieron honores fúnebres al venerable depósito. Aquí intervienen los discípulos que habían regresado de Hispania con Santiago y que en la tradición armenia se reduce a una fiel y noble discípula, que envuelve el cuerpo en una mortaja y lo transporta secretamente al puerto de Jaffa, donde lo ata a una columna de mármol. Unos ángeles lo trasladan milagrosamente al Finis Terrae, donde es denominado como el “Dios sin cabeza“, que realiza milagros como la curación de un ciego. San Pablo acude entonces desde Roma a informar sobre la identidad del santo. Es por tanto un relato que reconoce la evangelización a Hispania justificando la permanencia de la cabeza de Santiago el Mayor en Jerusalén.

          Esta Pasión armenia de Santiago tiene mucho en común con la tradición jacobea compostelana, con la puntualización de que esta versión la conocemos a partir de dos fuentes armenias vinculadas entre sí, cuyo origen escrito parece situarse en hacia el año 638 a partir de la tradición oral. Es decir, la tradición armenia parte de una fuente autóctona. La tradición occidental y particularmente la compostelana, es fruto de una recopilación hagiográfica de distintas fuentes europeas que acaba reflejada en el Libro de Santiago, el Códíce Calixtino, después conservado en otras copias y versiones.

          En cuanto a Santiago el Menor, no salió a predicar fuera de Jerusalén, que fue una misión al grupo de los Doce, sino que permaneció en ella, donde organizó la primera Iglesia cristiana, de la cual fue su primer obispo. Murió siendo arrojado del pináculo del templo, en el año 62, como relató el historiador Flavio Josefo, denominándole “Jacobo, hermano de Jesús llamado Cristo”, lo que constituye la primera referencia no cristiana que acreditada de la existencia de Jesús. Dice el relato de su tradición que después de la Ascensión los Apóstoles eligieron a Santiago el Menor en Jerusalén como primer obispo, confiriéndole la ordenación episcopal. Estableció su sede y residencia en el Monte Sion, que se cree localizado donde actualmente está la Catedral Armenia de Santiago. Sus reliquias, sepultadas inicialmente en el Valle de Josafat (en la parte Este o árabe de la ciudad), se trasladaron a la catedral de Santiago y fueron depositadas en el punto donde actualmente está el altar mayor.

          En cierto paralelismo a la supuesta intervención protectora de Santiago el mayor en la confrontación Hispano-musulmana en beneficio de los cristianos, en 1948 se dice que Santiago también intervino, en la guerra árabe-israelí, protegiendo a la comunidad armenia, refugiada dentro de la catedral para resguardarse de los bombardeos mediante los fuertes muros del templo. Se dice que una noche especialmente bélica, más de mil proyectiles rodearon la Catedral. Algunos testimonios aseguran haber visto un personaje vestido de blanco, nada menos que el mismo Santiago, en el techo del templo, desviando con sus propias manos los proyectiles protegiendo a los suyos. Pero ¿cual de los dos Santiago?. Nadie supo precisar si fue obra de Santiago Zebedeo o de Santiago hermano del Señor, y ambas figuras constituían patrimonio común histórico de los armenios en la Ciudad Santa, en que los dos comparten por igual la protección de los armenios. Los dos murieron allí y están íntimamente vinculados con la primera Iglesia cristiana local.

          Hay por tanto un cruce entre ambas tradiciones en que se menciona a ambos Santiago. Entre las dos tradiciones, armenia y occidental, hay independencia plena, se trata por tanto de versiones distintas que coinciden en muchos elementos y que difieren en otros. Pero como elemento común básico, la mención en ambas de situar la labor evangelizadora de Santiago Zebedeo en Hispania es ya un hecho de credibilidad firme. En la evangelización de Hispania la tradición armenia avala la tradición occidental al tratarse de textos muy anteriores al descubrimiento del sepulcro jacobeo en Compostela, que puede tener un interés en atribuirse el destino de la evangelización jacobea, pero si la atribución es anterior y parte del propio origen del evangelizador, el destino hispano de Santiago queda muy consolidado.

          Pero tiene también un elemento de divergencia al referir que la cabeza de Santiago el Mayor permaneció en Jerusalén en vez de ser trasladada a Hispania con todo el cuerpo. El relato compostelano aporta en su favor comprobaciones que luego valoraremos expresamente. La tradición armenia, por su parte, nunca ha acreditado la presencia real de un cráneo que se pueda atribuir a uno, ni restos óseos que puedan asignarse al otro. Es un elemento más pragmático de la cuestión, pero que debe sustentar toda tradición de la que se quiera ofrecer algún substrato de historicidad.

          La coincidencia en el nombre de los dos apóstoles ha generado confusión entre ellos, y hasta los estudios técnicos han atribuido a uno u otro la epístola de Santiago, no faltando la postura de que fuera un tercero. De hecho la tradición oriental recoge la existencia de tres Santiago o Jacobo: Jacobo el Mayor hijo de Zebedeo que muere bajo la espada de Herodes Agripa en Jerusalén en el año 44; Santiago el hermano del Señor, apodado el Justo, arrojado desde el pináculo del templo también en Jerusalén en el año 62; y Jacobo hijo de Alfeo, identificado como “el Menor” y que murió y fue sepultado en “Marmárica”. Distingue por tanto como personajes distintos a Santiago hermano del Señor de Santiago el Alfeo, en modo que Santiago el hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén, no pertenecía propiamente al grupo de los Doce.

        La confusión se acentúa en Compostela cuando a comienzos del siglo XII se dice que el obispo de Coimbra Mauricio peregrinó a Jerusalén en un largo viaje de casi cinco años, retornando con un conjunto de reliquias entre las que decía traer la cabeza del Apóstol Santiago el Mayor. La reacción en Compostela, donde se veneraba el cuerpo completo del Apóstol, fue inmediata, precisándose desde entonces que los discípulos habían trasladado el cuerpo “con la cabeza”. La reliquia traída de Jerusalén pasó al priorato cluniacense de san Zoilo de Carrión y finalmente a León. En 1116 la reina doña Urraca se la regaló al obispo Gelmírez, que la trajo a Compostela, organizando una solemne procesión desde el milladoiro de san Marcos (Monte del Gozo) para trasladar al templo jacobeo la preciosa reliquia, que se acabará por identificar como la cabeza de Santiago Alfeo, y el arzobispo don Berenguel de Landoria ordena la ejecución en 1322 de un precioso relicario.

          La identidad de los dos Santiago hubiera quedado confusa, como un juego de trileros, pero quedó definitivamente resuelta con el hallazgo protagonizado por López Ferreiro de los restos apostólico en las excavaciones del presbiterio de la catedral compostelana, tres esqueletos identificados como los del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, con sus cráneos correspondientes. El tema quedaba además comprobado con el estudio de la reliquia de Pistoia que Gelmírez donó en 1138, y cuyo estudio a fines del siglo XIX reveló que se trataba de un fragmento de la apófisis mastoidea derecha que encaja en los huesos enterrados en Compostela, pero no en el cráneo del relicario de Santiago Alfeo. El valioso relicario era una pieza en plata sobredorada que pasó a formar parte del tesoro compostelano como su pieza más valiosa, atribuida al orfebre Rodrigo Eáns. Se incorporó a las procesiones jacobeas más solemnes por el claustro catedralicio, permaneciendo mayormente custodiada en el Tesoro de la Catedral.

          Hay por tanto una devoción compartida y bidireccional entre el Templo armenio de Jerusalén y la Catedral de Compostela, que confluye en un culto jacobeo común a través de muchos kilómetros de distancia.

          El mejor modo de finalizar este artículo con el video del padre José de Jesús Aguilar Valdés, sobre la Catedral Armenia de Santiago en Jerusalén, realizado el 17 de julio de 2019, y que nos permite ser visitante del templo que guarda culto a los dos apóstoles Santiago.

Fuentes consultadas:

1.- José Guerra Campos. Exploraciones arqueológicas en torno al sepulcro del Apóstol Santiago. Santiago de Compostela : Cabildo de la Catedral, 1983, pp. 98.

2.- Emma Falke Rey. Historia Compostelana. Ediciones Akal 1994, pp. 265-269

3.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. De Santiago y de los caminos de Santiago. Xunta de Galicia, 1997. Santiago el Mayor a través de los textos, pp. 73-74.

4.- Louis Cardaillac. Las dos cabezas de Santiago. La Aventura de la historia, Nº. 69, 2004, pág. 102-106

5.- Louis Cardillac. Santiago acá, allá y acullá. Miscelánea de estudios Jacobeos, El Colegio de Jalisco, 2004. Capítulo IV, Santiago de Compostela entre Roma y Jerusalén, pp. 75-90.

6.- Fernando López Alsina. La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media. Consorcio de Santiago, 2013, pp. 54-55

7.- Francisco J. Buide del Real. Armenia Jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 60, Nº. 3-4, 2015, págs. 593-643

8.- Rafael Lema. El extraordinario viaje de Martirios de Armenia al Finisterre (I y II). 2019
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/09/30/el-extraordinario-viaje-de-martirios-de-armenia-al-finisterre.html
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/10/18/el-largo-viaje-de-martyr-de-armenia-al-finisterre-ii.html

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40- San Francisco de Asís, peregrino a Compostela

          Tomás de Celano, contemporáneo y compañero de Francisco de Asís, nos da una descripción física del santo en su Primera Vida: “De mediana estatura, más bien pequeño que alto; cabeza redonda y bien proporcionada, cara un tanto alargada en óvalo, frente llana y pequeña; ojos ni grandes ni pequeños, negros y de sencilla mirada; cabellos de color oscuro, cejas rectas, nariz bien perfilada, enjuta y recta…; labios pequeños y delgados, barba negra, algo rala…, vestido áspero, sueño brevísimo y trabajo continuo”. Apoyándose en esta descripción Cenni di Pepo Cimabue (1240-1302) pinta el Retrato de San Francisco incluido en el fresco más antiguo de la iglesia de San Francisco, en Asís, que muestra a María y a Jesús en el trono: Maestà con san Francisco, Asís.

          En el año 2014 las ciudades de Santiago de Compostela en Galicia y Asís en Italia, celebraron el VIII Centenario de San Francisco en el Camino de Santiago con distintos actos conmemorativos. Otros proponen que Francisco nunca realizó tal viaje, ya que no existe ningún documento que lo acredite.

          Hoy no cabe negar historicidad por falta de documento, pues  hay documentos de hechos falsos, documentos falsificados, y hechos históricos sin documentos. Las edades Antigua y Media están llenas de ellos, y los documentos, o no existían, o se perdieron o fueron destruidos por el adversario. Se estima que unas 3/4 partes de textos se han perdido. Ni el documento acredita certeza histórica, ni su falta la descarta. La Historia debe estudiar fuentes auxiliares: archivos civiles y diocesanos, arqueología, epigrafía, cronología, numismática, paleografía, codicología, historiografía, heráldica, arte, literatura, etnografía, e incluso tradición oral, estudiando los hechos desde una perspectiva multidisciplinar. Es muy valiosa la tradición, oral primero y escrita después, y las leyendas siempre guardan un núcleo de verdad junto a un envoltorio que la distorsiona en el paso de los tiempos.

          Esta visión es la que lleva a muchos historiadores a pensar que el Santo realizó ciertamente la ruta jacobea entre 1213 y 1215. La venida de San Francisco a Santiago de Compostela es, ciertamente una tradición pero, como afirma Paco Castro Miramontes, Rector del Convento compostelano de San Francisco, una tradición muy avalada, con un escrito datado en el siglo XIV, “I Fioretti”, que contiene una serie de relatos sobre la vida de San Francisco y los primeros compañeros, obra nacida en Italia, pero que bebe de fuentes escritas más antiguas, del siglo XIII, y que en el capítulo cuatro habla expresamente de esta peregrinación de San Francisco a Santiago de Compostela, de cómo estuvo en su catedral, consagrada aún hacía poco tiempo, y como él consideró que aquí tenían que permanecer franciscanos. Incluso puede afirmarse que la congregación franciscana compostelana fue la primera fuera de Italia, y el lugar donde Francisco decide fundar en el mundo entero. La cuestión tiene su valor, ya que después de Asís, Santiago de Compostela sería una referencia para el franciscanismo. La peregrinación estaba en auge, y Francisco de Asís define perfectamente la figura del peregrino medieval.

        La crítica histórica atribuye la autoría de “I Fioretti”, al menos en su mayor parte, al hermano Hugolino de Santa María (hoy Montegiorgio), que murió hacia el año 1350; la fecha de composición se fija entre 1328 y 1343. La obra consta de 53 capítulos, 40 de los cuales relatan episodios de la vida de San Francisco, de sus compañeros y de Santa Clara, mientras que los 13 últimos están destinados a dar a conocer las virtudes extraordinarias de santos franciscanos. Sin ser un libro propiamente histórico, encierra datos de valor histórico. Su Capítulo IV afirma que «En los comienzos de la fundación de la Orden, cuando aún eran pocos los hermanos y no habían sido establecidos los conventos, fue, por devoción, a Santiago de Galicia», acompañándole en ella algunos hermanos, entre ellos Bernardo, el único que es citado por encomendarle el cuidado de un enfermo con el que se encontraron en el camino; los demás, siguieron con Francisco la peregrinación. Más adelante relata cómo al llegar a Compostela pasaban: «la noche en oración en la iglesia de Santiago, cuando le fue revelado por Dios a San Francisco que tenía que fundar muchos conventos por el mundo, ya que su Orden se había de extender y crecer con una gran multitud de hermanos. Esta revelación movió a San Francisco a fundar conventos en aquellas tierras», es decir, en primer lugar en Galicia y en otros lugares de España por los que pasó. Este texto coincide puntualmente con las tradiciones y leyendas franciscanas que se generaron en Santiago, en Galicia y en el territorio hispano, con muchas tradiciones orales que dan a entender que es una tradición muy extendida, fundadas en la propuesta de que por allí pasó San Francisco de Asís en dirección a Santiago de Compostela.

          Sintetizando la visión de los primeros cronistas y los modernos, el viaje de Francisco a España, tenía una doble intención: viajar a España y recibir el martirio a manos de los musulmanes. Todos coinciden en que Francisco llegó a España en su camino hacia Marruecos con intención de encontrarse con los sarracenos. En aquel tiempo Marruecos ocupaba todo el norte de áfrica y el sur de España, era el imperio almohade, gobernado por el Miramamolín (Muhámmad an-Násir) que había sido vencido por los reyes cristianos a las órdenes de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Francisco conoció la victoria cristiana y proyectó una misión evangélica sobre el derrotado para mostrarle otra relación con el cristianismo distinta a la impuesta por la espada. Francisco, pues, se va España para misionar entre los sarracenos. Pero una enfermedad le obligó a renunciar a su propósito y regresar a Italia, a santa María de la Porciúncula, donde se repuso y preparó un nuevo viaje a tierras islámicas, en esta ocasión a Siria, con el mismo anhelo de martirio y, aunque logró llegar allí y dialogar con el sultán, éste le dio un trato amable y pacífico que frustró su afán de martirio. Los relatos aceptan en general la peregrinación de Francisco a la tumba de Santiago, y que de esta visita surgieron diversas tradiciones y leyendas que se mantienen vivas en la memoria popular.

         Todo comienza en una cabaña a principios del siglo XIII, en el Val do Inferno, zona fuera de la ciudad donde se dice que se arrojaban desperdicios y se enterraba a los ejecutados. Propiedad de los benedictinos del Monasterio de Antealtares y San Martín Pinario, lo cedieron a los franciscanos para asentarse. Allí se levantó una ermita y algunas cabañas en donde vivían los frailes con una vida muy austera, atendiendo a personas muy pobres. El origen del convento de San Francisco es, desde luego, en vida de Francisco de Asís, adoptando el nombre al de Val de Deus. El primer testimonio de la presencia de los frailes instalados ya en Santiago es de 1220, un documento que recoge que los benedictinos les prestaron un libro a los frailes que ya residían en Val de Deus, lo que acredita es que ya antes estaban allí los franciscanos en aquellas tierras, en vida de San Francisco, lo que resulta una compatibilidad cronológica de gran valor histórico.

          La clave de la construcción del convento puede estar en la figura de Cotolay, personaje santiagués del siglo XIII, a medio camino entre la historia y la leyenda. La tumba de Cotolay se conserva en el propio convento y junto a ella una inscripción del siglo XVI que completa la narración de la historia: “Viniendo Nuestro Padre San Francisco a visitar al Apóstol Santiago, hospedole un pobre carbonero llamado Cotolay, cuya casa está junto a la ermita de San Payo, en la falda del monte Pedroso. De allí se salía el santo al monte a pasar las noches en oración. Allí le reveló Dios era su voluntad le edificase un convento en el sitio donde está, llamado Val de Dios y Val de Infierno, y sabiendo el santo era del monasterio de San Martín, pidióselo al padre abad por amor de Dios y ofreció ser su forero y pagar en cada un año un cestillo de peces. Aceptó el padre abad, y de ello se hizo foro, firmando el santo, el cual dan fe los ancianos de San Martín han visto y leído. Habido el sitio, dijo el santo a Cotolay: Dios quiere que me edifiques un convento de mi Orden. Respondió Cotolay: que cómo podía un pobre carbonero. Vete a aquella fuente, dijo el santo, que allí te dará Dios con qué. Obedeció Cotolay y halló un gran tesoro con que edificó este monasterio. Bendijo Dios a la casa de Cotolay, casó noblemente, fue regidor de esta ciudad y edificó los muros de ella que ahora van junto a san Francisco y antes iban por la Azabachería. Su mujer está enterrada en la Quintana y Cotolay, fundador de esta casa, en este lucillo, que para sí escogió. Falleció santamente, año del Señor de 1238”.

          Al tratarse de la primera fundación franciscana por el propio fundador de la Orden, ya el primer capítulo general, reunido en Asís en 1217, se crearon las diez iniciales provincias denominando la correspondiente a España: provincia de Santiago, que poco después, en 1233, se dividió en tres: la de Santiago (Galicia, Portugal y viejo reino de León), Castilla y Aragón (incluyendo Navarra).

          La entrega de pago convenida entre los franciscanos y los monjes de san Martín de una canastilla de peces, correspondía a la misma estructura de la acordada entre Francisco y el abad del monasterio benedictino de Monte Subasio, de la iglesia de santa María de la Porciúncula en Italia y, en ambos casos, la entrega se hacía mediante un rito que en Santiago incluía solemnes procesiones.

          El siglo XV mantuvo las tradiciones anteriores sin novedades, y en el último cuarto del XVI el convento compostelano sufrió un devastador incendio y ante la falta de recursos para repararlo su guardián, fray Mateo de Oviedo, escribió al rey Felipe II para pedirle ayuda, haciendo hincapié en que lo había fundado el propio san Francisco y que aquí dejó a algunos de sus primeros seguidores. La súplica fue atendida hacia 1590 en que el convento parece que estaba de nuevo en pie. Es en esta reconstrucción que Francisco Gonzaga redactaba una historia de los franciscanos: «De Origine», grabada en piedra, que permanece, en el muro occidental de su portería y que ha sido antes mencionada.

          El escrito firmado por Francisco y el abad de San Martín fue regalado a Felipe II en 1554, cuando pasó por Santiago camino de A Coruña, lo depositó en el relicario de El Escorial, de donde, inexplicablemente, desapareció.

          En 1722 se publicó la obra de fray Jacobo de Castro, en que narra la tradición de la peregrinación de Francisco a Santiago y la fundación de su convento, con matizaciones que tratan de darle mayor verosimilitud e intensidad.

          En el siglo XIX merece destacarse la obra editada en Madrid de Emilia Pardo Bazán: “San Francisco de Asís. (Siglo XIII)”, una extensa biografía del santo fundador que incluye su peregrinación al sepulcro del apóstol Santiago. Y el que publicó Ramón Segade en el último cuarto del siglo XIX, que sirvió de base en 1966 al guion cinematográfico de la película española «Cotolay».

          Dentro de la orden destaca Fray Atanasio López (1876-1944), autor de varias publicaciones relativas al viaje de Francisco, que en 1914 recogió los datos narrativos de esta tradición franciscana que se hallaban diluidos y confundidos en las fuentes: la Vita Prima de Celano de 1228, el Tratado de los milagros de los años 1250- 1253, la Legenda maior de San Buenaventura… y tras la revisión de estas fuentes acreditadas originales que dan testimonio directo de la presencia de Francisco en España, afirma que “estos testimonios del siglo XIII prueban… históricamente el hecho de la venida de San Francisco a España” y que «la visita de san Francisco a Compostela no puede negarse». Sitúa el viaje después de mediados del año 1213, y su retorno a Italia antes del mes de noviembre de 1215, en que asistió al Concilio Lateranense, situando la fecha de la fundación compostelana entre los meses de mayo-octubre de 1214. Más explícitamente aparece la intención de la peregrinación jacobea en el Proceso de canonización de Santa Clara en que la testigo Madonna Bona de Guelfuccio de Asís, compañera de infancia de la Santa, declara que “Madonna Clara le había encargado que visitase la Iglesia de Santiago”. Las fuentes del siglo XIV como los Actus Beati Francisci, las Florecillas o Fiorettí, en la primera mitad del siglo XIV y la Crónica de los XXIV Generales (c. 1370) y otras narraciones, apuntan ecos históricos comprensibles pero indeterminados, que aluden al paso de Francisco por territorio español. Las crónicas mas objetivas proponen la entrada en España por el camino francés, entrando por Navarra y recorriendo las tierras de la Rioja y Castilla la Vieja para llegar a Santiago, haciendo el recorrido en un año, y retornando a Italia saliendo de la península por Cataluña, pero ignoran el itinerario y dudan de la cantidad de sucesos y tradiciones que se acumulan en torno a la persona de Francisco en la Península en ese margen de tiempo, aceptando que probablemente muchas de esas tradiciones surgen posteriormente en la difusión franciscana sin que muchas de ellas hubieran sido protagonizadas por el santo.

          Que en Compostela se instituyera el primer convento de la orden franciscana, la cesión de los terrenos por los monjes benedictinos de san Paio de Antealtares o de san Martín Pinario, y el protagonismo de Cotolay en la edificación del templo, dan fundamento de valor histórico. Aunque arraigó la tradición de su condición de carbonero, López Ferreiro publicó en 1888 en el Archivo de la catedral de Santiago, el Testamento de D. Cotolaya, fechado el 12 de julio de 1195, en el que menciona una importante serie de propiedades y bienes. El profesor García Oro es quien percibe que esta familia Cotolaya es la que se relaciona con la fundación del convento franciscano de Santiago. En 1225 un documento de venta menciona a Fernán Pérez de Cotolaya, y los miembros de esta familia siempre aparecen como gentes adineradas y burguesas, que pudieron apoyar con generosidad la implantación del convento compostelano, al que el monasterio de san Martín Pinario podría haberle cedido alguna de sus propiedades. La pertenencia a la burguesía compostelana y su posible apoyo a los franciscanos justificarían su entierro en el sepulcro actualmente situado en la portería del convento, que fue el lugar en el que se levantó la primitiva iglesia conventual.

          La ubicación del convento en lugar próximo a la catedral aunque extramuros a ella, se entiende bien al conocer documentalmente que en ese terreno estaba el Valdedeus o Vallis Dei, poblada desde el siglo XII, donde había casas que el monasterio compostelano de San Martín aforaba a particulares y que en la Baja Edad Media llegó a ser un espacio poblado por gentes notables con servidumbre, tienden a concentrarse en este espacio los artesanos compostelanos, sobre todo los poderosos burgueses de la obra catedralicia que junto con el cabildo compostelano contribuyeron sin duda ya antes de 1261 a consolidar la fundación. Es pues muy posible que el monasterio de San Martín Pinario hubiera hecho la cesión benéfica justamente en los tiempos que Francisco decide iniciar la construcción de la primera fundación franciscana en España y la difusión de la Orden en el mundo. La cronología y la identidad de Cotolay y de la constitución de fundación que solo el fundador de la orden podía iniciar, dan a la tradición una base histórica muy sólida que luego la tradición idealiza y distorsiona.

 

Fuentes Consultadas
1.- Las Florecillas de San Francisco. Siglo XIV
2.- Celano: Vida primera de San Francisco. Siglo XIII
3.- Ramón Segade. Cotolay. Imprenta de F. Maroto e Hijos. Madrid 1879
4.- Atanasio López Fernández. Viaje de San Francisco a España, 1914.
5.- José García Oro. Francisco de Asís en Compostela. Aspectos de una tradición franciscana. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 57, Nº. 3-4, 2012, págs. 143-154
6.- Ramón Yzquierdo Perrín. Universidad de La Coruña. Iconografías de san Francisco de Asís en Santiago: tradiciones, leyendas y textos. SÉMATA, Ciencias Sociais e Humanidades, 2014, vol. 26: 547-582
7.- Fray Ignacio Omaechevarría, Cronología de la vida de San Francisco de Asís. http://www.franciscanos.org/sfa/omaechevarria.htm
8.- Jesús Mª Caamaño Martínez. La Primitiva Iglesia de San Francisco de Santiago de Compostela. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA, Tomo 23, 1957, págs. 91-95
9.- José Luis Hernando Garrido. Los Franciscanos en los viejos reinos de Castilla y León: de la pobreza espontánea a la promoción nobiliaria. Estudio e investigación, Nº. 31, 2016, págs. 157-195.
10.- FRANCISCO Y ESPAÑA – Amici di Santiago https://amicidisantiago.it/biblioteca/libri/Francisco_y_Espana.pdf

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