OBJETIVOS DEL TRABAJO

Rudesindus          Entre  la postura apriorística de la ciencia histórica y los planteamientos especulativos de los esotéricos, es necesario un estudio de la Tradición Jacobea como origen del Camino de Santiago. El propósito del trabajo es el estudio de sus fuentes para ver si contiene indicios o criterios de verosimilitud, o es una falsedad arropada en el transcurso de la Historia.

          Aunque incluyendo ampliaciones y complemento grafico adicional, todo lo aquí publicado relativo a Tradición Jacobea y sus criterios de verosimilitud, fue editado en el número 7 de la revista Rudesindus de 2011.

          Junto a este objetivo prioritario de este blog iré incluyendo otros muchos temas complementarios, como breves relatos literarios, artículos musicales, diarios de peregrinación, personajes de la historia jacobea, conformando un mosaico temático que pueda ser del gusto del peregrino del Camino de Santiago.

          Y si este Blog resulta de tu agrado, te invito a regristarte y a que lo des a conocer entre tus contactos que puedan estar interesados.

 

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49- Sermón Veneranda Dies y Universalidad del Camino de Santiago.

          El Capítulo XVII del Libro I del Códice Calixtino (siglo XII) constituye el Sermón Veneranda Dies, llamado así por la costumbre de denominar a los textos eclesiásticos (encíclicas, bulas, documentos, etc.) por las dos primeras palabras del mismo. Es el texto más significativo y relevante del Códice, verdadero compendio programático de toda la obra, que incluye la Translatio como fundamento de la Tradición Jacobea, los valores de la Peregrinación a Santiago de Compostela y su carácter de Universalidad.

      El experto Manuel C. Díaz y Díaz, señala que se trata de una pieza escrita antes de la compilación de la obra, deducible de la lectura del Prólogo del Códice: “…mientras meditaba el sermón de la Traslación del Apóstol Veneranda Dies, y tenía entre las manos el cuaderno de tal escrito, se me apareció El mismo con Santiago en un éxtasis y me dijo: No difieras el escribir esos preceptos que son gratos y han de observar todos”, de donde se deduce que este sermón constituye el núcleo del Liber Sancti Iacobi, no sólo por su extensión y su estilo narrativo, sino también por su contenido de la Tradición Jacobea y de la defensa de los peregrinos.

          Tras el título del Capítulo XVII “Sermón del Santo Papa Calixto en la solemnidad de la Elección y de la Traslación de Santiago Apóstol, que se celebra el día 30 de Diciembre” se disponen 20 folios, desde el 74r hasta el 93v, se trata por tanto del texto más extenso de los que componen el Libro Primero del Códice, un cuaderno con una estructura autónoma, de modo que podría constituir un libro independiente. Su contenido gira esencialmente alrededor de dos temas: el Apóstol Santiago y el peregrino que acude a la ciudad del Apóstol.

          La parte dedicada al Apóstol Santiago es precisamente la que da nombre al sermón al aludir desde sus primeras palabras, ser el 30 de Diciembre Día Venerable de la Traslación del cuerpo del Apóstol a Galicia:  Este día es más célebre que otros muchos, más esclarecido, más ilustre, más digno que los demás días, más santo que otros; en él, pues, Santiago Apóstol, patrono de Galicia, alegró los cielos con su entrada espiritual felizmente, adornó a los españoles y especialmente a los gallegos con su presencia corporal y los enriqueció prodigando sus milagros…

          Describe a continuación la elección de Santiago, en las orillas del mar de Galilea por el Señor entre sus apóstoles, junto con Juan, Pedro y Andrés, conforme relata Mateo en su Evangelio, refiriendo que vio a los hermanos Zebedeo en la barca junto a su padre, reparando redes. Los llamó, y ellos, dejando la barca y a su padre, lo siguieron. Y cita los versos del poeta cristiano Sedulio (siglo V) sobre la elección de Santiago y demás apóstoles.

Toma en seguida entre los pescadores discípulos aptos
Para pescar a las almas humanas que, en pos de los goces
Frívolos corren del mundo, y se lanzan cual las azuladas
Olas a ciegas nadando a través del abismo inseguro.
A estos discípulos Él les infunde una vida más alta,
Sin que la gloria de hablar flatulento ni sangre soberbia
De una vana nobleza los nutran, sino que callada
Fama y un halo de luz que humildemente refulge,
Puedan hacerlos del pueblo los más cercanos al cielo.
Dios poderoso eligió a los simples y bajos del mundo
Quebrantando a los fuertes y confundiendo a los sabios.

          El relato del Veneranda Dies se basa en la mención de la decapitación de Santiago por orden de Herodes Agripa, y el trasladado a Galicia de su cuerpo por sus discípulos. Se precisa que la Traslación del cuerpo fue en su integridad, lo que supone de modo implícito que otras numerosas reliquias que se citaban en otras latitudes del mundo cristiano no eran auténticas. En el texto impulsado por el arzobispo Gelmírez y el Papa Calixto II, se pretende difundir tanto el culto jacobeo como la peregrinación al sepulcro del apóstol, en modo que Santiago aparece como patrón de los gallegos, y por extensión de todos los que visiten su sepulcro buscando la expiación de sus pecados y salvación de sus almas, dejando, por la peregrinación los bienes materiales.

          “Así, pues, el Santo Apóstol el día en que fue elegido deja no sólo la barca, a su padre y a su madre y sus propios bienes, sino también el conjunto vicioso de su vida anterior por el amor divino; de ahí su perseverancia en las obras buenas; así también nosotros debemos desmoronar el cúmulo de nuestros vicios y perseverar en las obras buenas. Por tanto, pues, le ordenó Dios abandonar todo, porque no quiere que los que le sirven se preocupen de los bienes terrenos, estando sólo atentos a los bienes celestiales. Pues, como dice el Apóstol, ninguno que siga las milicias de Dios, debe entrometerse en los negocios del siglo, para agradar al que le eligió.”

          Describe el Veneranda Dies la Traslación del cuerpo del Apóstol buscando dar una coherencia narrativa, corrigiendo errores que se decían ya entonces como añadidos extraordinarios y apócrifos que lo exageraban y deformaban. Los bulos son un viejo vicio de la humanidad, y ya desde el siglo XII la Tradición Jacobea, de origen popular y oral, arrastraba la deformación de elementos postizos fabulosos que deformaban su contenido.

          Deja el relato claro que se trata de unos de los favoritos de Cristo, de su núcleo más cercano y de confianza, que le acompañó en algunos momentos estelares como la Transfiguración en el monte Tabor y por tanto particularmente conocedor de su naturaleza divina.

          El relato recurre con frecuencia a las similitudes para describir los diversos aspectos de la vida, el traslado y el martirio del apóstol Santiago. Así una de las imágenes más hermosas y poéticas del Veneranda Dies, es la comparación de Santiago con el lirio:  “…Por el lirio que muere en el invierno y en el verano da blancas flores olorosas se representa a Santiago, el cual, así como en la estación del invierno sufre en este mundo las aflicciones de su martirio, en la alegría estival, esto es, en la frondosidad del Paraíso eternamente florece ante Dios con los méritos de sus buenas obras. Olor agradable emite el lirio; porque Santiago, como dice S. Pablo, fue el buen olor de Cristo en todo lugar, predicando, orando, obrando bien, dando a todos ejemplo de todas las virtudes. El lirio muere por las hojas, pero retoña de las raíces como Santiago mortificó a su hombre exterior, con sus muchos trabajos, pero vivificó a su hombre interior, aumentando sus virtudes….”

          A continuación el autor, tras explicar las propiedades medicinales de la planta del lirio, como describe el médico naturalista griego Dioscórides (Siglo I), Así como las hojas del lirio ejercen una acción curativa e de alivio, también Santiago arredra los vicios e absuelve los pecados con su predicación. Como señala el canciller compostelano Elisardo Temperán, “se trata de cuadro analógico en el que el autor, después de explicarnos las cualidades medicinales del lirio, las compara con la vida y obras de Santiago, pero al referirlas al Apóstol, antes que centrarse en la vida física y orientar hacia ésa los poderes medicinales de Santiago, el Pseudo-Calisto se refiere constantemente a su poder y actuación contra las heridas del error, del pecado y de los vicios. Se habla, por tanto del Apóstol como de una medicina que actúa en orden a la salud espiritual de cuantos en él confían“.

          Además del Lirio también compara el Veneranda Dies a Santiago con la palmera que, de raíz áspera, representa a Santiago, que llevó una vida dura pero elevándose a gran altura en las virtudes de fe, esperanza y caridad. En la copa produce un manjar del que surgen las palmas, significando la esperanza en los bienes celestiales futuros, por la cual Santiago, entregando su cuerpo venerable a los diversos suplicios del martirio, vencidos los enemigos de la fe, con la palma de la victoria no sólo traspasó las alturas de los aires, sino que penetró en las alturas de los cielos enarbolando los ramos y espigas de las virtudes celestes. O la palma vencedora en la corte celestial en donde está Santiago.

        Y se relata la milagrosa influencia sobre quienes le visitan, pues la sagrada virtud del Apóstol trasladada desde la región de Jerusalén brilla en Galicia con los milagros divinos, pues junto a su basílica brotan los milagros de Dios por su mediación:A los enfermos da la salud; a los presos, la libertad; a las estériles, la fecundidad de sus hijos; a las parturientas, el feliz alumbramiento; a los que zozobran en el mar, el puerto saludable; a los peregrinos, el regreso a su patria; a los necesitados, el alimento; a los moribundos, muchas veces, la vuelta a la vida; a todos los afligidos, alivio; suelta y rompe las cadenas, abre pronto las cárceles; regula el exceso de lluvias, serena el ambiente, refrena los vientos de las tormentas; los incendios del fuego devastador, por las oraciones de los hombres los extingue; impide que los ladrones maléficos y que los pérfidos gentiles dañen a los pueblos cristianos, como desearían; aplaca la ira y la venganza, da la tranquilidad. A todo el que le pide da el deseado auxilio, conforme a la ordenación de Dios, hasta a los gentiles, si le invocan fielmente. Con razón, pues, a este Santiago se le llama el Mayor, pues grandes favores acostumbra a hacer en todas partes y a cualquiera.”

          Se ocupa además el texto de explicar cómo puede realizar Santiago otros milagros distantes de su sepultura, argumentando que pueden ocurrir en todas partes en que los que están en peligro o atribulados, le invocan en su auxilio, tanto en el mar como en la tierra. Y diferencia entre verdaderos milagros de supuestos pero falsos acontecimientos prodigiosos. Eran tiempos en que el pueblo era fácilmente influenciable por la fantasía milagrera y para evitar creencias populares, supersticiones y falsedades, se precisa que solo se considerarán milagros auténticos si tienen la comprobación de dos o tres testigos, solo entonces se concederá permiso a que se escriban para edificación de los fieles. Compostela debía refrenar las historias y leyendas creadas al límite de la ortodoxia y establecer un marco de credibilidad del culto jacobeo. Eran muchas las fantasías y extravagancia que circulaban, algunas inaceptables, y era necesario definir la credibilidad y condenar las falsedades que alcanzaban a veces un carácter herético.

          Los milagros del Apóstol Santiago se tratan específica y extensamente en el Libro Segundo del Códice Calixtino, pero el Veneranda Dies nos da este anticipo en tono celebrativo, reforzando la teoría de que el Veneranda Dies es un programa de todo el contenido del Códice que luego se desarrollará en cada uno de los libros que lo componen, con el objetivo general de ensalzar la iglesia compostelana, consolidar la presencia del cuerpo del apóstol en Galicia, difundir la peregrinación a su sepultura y el culto jacobeo en todo los pueblos de la cristiandad.

          El peregrino es la figura central del texto. Klaus Herbersll propone que su autor puede ser muy bien Aimeric Picaud, a quien se atribuye el Libro Quinto o guía del peregrino, por la pasión y énfasis con que escribe algunos pasajes, indicando que vive desde la experiencia propia del Camino.

          El autor describe al peregrino desde una imagen bíblica que revela su formación eclesiástica. Cita a Adán como el primer peregrino, al verse obligado a abandonar el paraíso por su pecado. También cita a Abraham como peregrino, al ser invitado por el Señor a dejar su tierra. Cita también a Jacob en su marcha a Egipto, y a todo el pueblo de Israel cuando sale de Egipto para ir hasta la tierra prometida. Hay por tanto una definición de la peregrinación medieval con un sentido penitencial: el peregrino debía dejar su patria durante un período de tiempo según la gravedad de la pena como un exilio temporal, dirigiéndose a un santuario donde el santo podía interceder en su favor para la remisión de sus pecados. Se trata por tanto de la Peregrinatio poenitentiae causa, frente a la Peregrinatio devotionis causa, que se instaurará poco después, en base a la decisión libre y voluntaria de quienes emprendían el viaje.

          Una de las secciones más afamadas del sermón es el que menciona que los peregrinos que llegaban a Compostela procedían de todos los pueblos de la cristiandad medieval: A este lugar vienen los pueblos bárbaros y los que habitan en todos los climas del orbe, a saber: francos, normandos, escoceses, irlandeses, los galos, los teutones, los iberos, los gascones, los bávaros, los impíos navarros, los vascos, los godos, los provenzales, los garascos, los loreneses, los gautos, los ingleses, los bretones, los de Cornualles, los flamencos, los frisones, los alóbroges, los italianos, los de Apulia, los poitevinos, los aquitanos, los griegos, los armenios, los dacios, los noruegos, los rusos, los joriantos, Ios nubios, los partos, los rumanos, los gálatas, los efesios, los medos, los toscanos, los calabreses, los sajones, los sicilianos, los de Asia, los del Ponto, los de Bitinia, los indios, los cretenses, los de Jerusalén, los de Antioquía, los galileos, los de Sardes, los de Chipre, los húngaros, los búlgaros, los eslavones, los africanos, los persas, los alejandrinos, los egipcios, los sirios, los árabes, los colosenses, los moros, los etíopes, los filipenses, los capadocios, los corintios, los elamitas, los de Mesopotamia, los libios, los de Cirene, los de Panfilia, los de Cilicia, los judíos y las demás gentes innumerables de todas las lenguas, tribus y naciones vienen junto a él en caravana y falanges, cumpliendo sus votos en acción de gracias para con el Señor y llevando el premio de las alabanzas.

        Hay un claro propósito de reflejar el carácter de Universalidad del Culto Jacobeo y de la peregrinación a la ciudad del Apóstol por el Camino de Santiago, y aunque se argumenta la retórica literaria del texto, no puede desdeñarse un trasfondo real, sobre todo en lo relativo a las convivencias de peregrinos en el interior de la catedral en las noches peregrinas de vigilia:Causa alegría y admiración contemplar los coros de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia: los teutones a un lado, los francos a otro, los italianos a otro; están en grupos, tienen cirios ardiendo en sus manos; por ello toda la iglesia se ilumina como con el sol en un día claro. Cada uno con sus compatriotas cumple individualmente con maestría las guardias. Unos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos, otros flautas, caramillos, trompetas, arpas, violines, ruedas británicas o galas, otros cantando con cítaras, otros cantando acompañados de diversos instrumentos, pasan la noche en vela; otros lloran sus pecados, otros leen los salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí pueden oírse diversidad de lenguas, diversas voces en idiomas bárbaros; conversaciones y cantilenas en teutón, inglés, griego y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no resuenen sus voces. Estas vigilias cuidadosamente se celebran allí; unos vienen, otros se retiran y ofrecen en su variedad diversos dones. Si alguno se acerca triste, se retira alegre. Allí se celebra continua solemnidad, la festividad se prepara cuidadosamente, a la esclarecida celebridad se le rinde culto de día y de noche, alabanzas y gozos, alegría y contento, en común, se cantan. Todos los días y noches como en ininterrumpida solemnidad, en continuo alborozo, se celebran los cultos para gloria del Señor y del Apóstol. Las puertas de esta basílica nunca se cierran, ni de día ni de noche; ni en modo alguno la oscuridad de la noche tiene lugar en ella; pues con la luz espléndida de las velas y cirios, brilla como el mediodía. Allá se dirigen los pobres, los ricos, los criminales, los caballeros, los infantes, los gobernantes, los ciegos, los mancos, los pudientes, los nobles, los héroes, los próceres, los obispos, los abades, unos descalzos, otros sin recursos, otros cargados con hierro por motivos de penitencia.”

        Unos sesenta o setenta años después este principio de Universalidad se recoge en unos versos del Códice “Preciosa” (Siglo XIII) del antiguo hospital de peregrinos de Santa María de Roncesvalles cuya estrofa nº 15, son el más bello exponente de la filosofía abierta del Camino de Santiago, brindando la hospitalidad monástica a peregrinos de toda clase y condición:

Porta patet omnibus, infirmis et sanis,
Non solum catholicis, uerum et paganis,
ludeis, hereticis, ociosis, uanis,
Et, ut dicam breuiter, bonis et profanis.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos
no solo a católicos sino aún a paganos,
judios, herejes, ociosos y vanos;
y mas brevemente, a buenos profanos.

          Resalta el texto del Calixtino la tipología de los peregrinos: Algunos como los griegos llevan cruces en sus manos, otros distribuyen sus bienes entre los pobres, otros traen en sus manos hierro o plomo para la obra de la basílica del Apóstol…”.  Según la costumbre de transportar, por los peregrinos piedras calizas para la construcción de la catedral desde Triacastela hasta los hornos de Castañeda, con un valor psicológico y participativo, ya que implicaba una colaboración en la construcción de la catedral como morada de su patrón. “…unos traen las cadenas y los grilletes de hierro sobre sus hombros, de los que se habían librado por la intercesión del Apóstol y de las prisiones de los tiranos, haciendo penitencia, llorando sus delitos.”

          Gran interés dedica el sermón a la liturgia y ritos de partida, que consistía en una toma de hábitos del peregrino a través de objetos que le identifican, tales como el morral y el bordón o báculo, que adquieren un específico significado alegórico. …los que vienen a visitar a los santos reciben en la iglesia el báculo y el morral bendito. Pues cuando los enviamos con motivo de hacer penitencia al santuario de los santos, les damos un morral bendito, según el rito eclesiástico, diciéndoles: En nombre de nuestro Señor Jesucristo, recibe este morral hábito de tu peregrinación, para que castigado y enmendado te apresures en llegar a los pies de Santiago, a donde ansías llegar, y para que después de haber hecho el viaje vuelvas al lado nuestro con gozo, con la ayuda de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. También, cuando le damos el báculo, así decimos: Recibe este báculo que sea como sustento de la marcha y del trabajo, para el camino de tu peregrinación, para que puedas vencer las catervas del enemigo y llegar seguro a los pies de Santiago, y después de hecho el viaje, volver junto a nos con alegría, con la anuencia del mismo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.”

          Tras estas fórmulas, el texto describe con cierta extensión el uso y significado del morral, citando sus diferentes nombres y describiéndolo materialmente y su interpretación simbólica:Por el morral, que los italianos llaman escarcela, los provenzales espuerta, los galos isquirpa, se designa la esplendidez en las limosnas y la mortificación de la carne. El morral es un saquito estrecho, hecho de la piel de una bestia muerta, siempre abierto por la boca, no atado con ligaduras. El hecho de que el morral sea un saquito estrecho significa que el peregrino, confiado en el Señor, debe llevar consigo una pequeña y módica despensa. El que sea del cuero de una bestia muerta significa que el peregrino debe mortificar su carne con los vicios y concupiscencias, con hambre y sed, con muchos ayunos, con frio y desnudez, con penalidades y trabajos. El hecho de que no tenga ataduras, sino que esté abierto por la boca siempre, significa que el mismo (el peregrino) debe antes repartir sus propiedades con los pobres y por ello debe estar preparado para recibir y para dar.”

  Con un mismo proceder también explica el significado del bordón o báculo. Por el báculo, puesto que el suplicante lo recibe como un tercer pie para sostenerse, se simboliza la fe en la Santísima Trinidad, en la cual debe perseverar. EI báculo es la defensa del hombre contra los lobos y los perros. El perro suele ladrar al hombre y el lobo acostumbra a devorar las ovejas. Por el perro y el lobo se designa el diablo tentador del género humano. EI demonio ladra al hombre, cuando provoca su mente a pecar con el ladrido de sus sugestiones. Muerde como el lobo, cuando impulsa sus miembros hacia el pecado y por la costumbre de vivir en la culpa devora su alma entre sus hambrientas fauces. Por tanto, debemos encarecer al peregrino, cuando le damos el báculo, que lave sus culpas por la confesión y fortalezca su corazón y sus miembros frecuentemente con la enseña de la Santísima Trinidad contra las ilusiones y fantasmas diabólicos.”

          Un apartado importante dedica a explicar el sentido de la concha o vieira. “Por lo mismo los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del santuario de Santiago traen las conchas. Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas. Así como los vencedores al volver de la batalla solían en otro tiempo agitar las palmas en sus manos, mostrando que habían triunfado, así los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, mostrando que han mortificado sus vicios. Pues los que se embriagan, los deshonestos, los avaros, los ambiciosos, los litigiosos, los usureros, los lujuriosos, los adúlteros o los demás vicios, puesto que aún están en la guerra de los vicios, no deben traer la palma, sino los que vencieron completamente los vicios y se unieron a las virtudes. Pues hay unos mariscos en el mar próximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta un molusco parecido a una ostra. Tales conchas están labradas como los dedos de la mano y las llaman los provenzales nidulas y los franceses crusillas, y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol, y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas con que el marisco se defiende, significan los dos preceptos de la caridad, con que quien debidamente los lleva debe defenderse, esto es: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Ama a Dios el que guarda sus mandamientos. Ama al prójimo como a sí mismo el que no hace a otro lo que no quiere para sí, y lo que quiere para sí hace a los demás. Las conchas, acomodadas a manera de dedos, significan las obras buenas, en las cuales el que dignamente las lleva debe perseverar, y bellamente por los dedos se simbolizan las obras buenas: de ellos nos valemos cuando hacemos algo. Por tanto, como el peregrino lleva la concha, así mientras esté en el camino de la vida presente debe llevar el yugo del Señor, esto es: debe someterse a sus mandamientos.”

        El propio Códice indica que no era imprescindible llegar hasta el Atlántico para obtener las conchas de vieira, puesto que se podían adquirir junto a otros muchos enseres peregrinos (calzado, vino, morrales de piel de ciervo, bolsos, cintos, todo tipo de hierbas medicinales), en la plaza que llamaban del Paraíso, a la izquierda de la catedral, conocida también como Azabachería. La demanda de conchas llega a ser tan elevada, que se recurre a la elaboración de conchas artesanales fundidas en plomo o esculpidas en azabache, material al que se atribuían poderes mágicos, muy usado en Galicia para la creación de amuletos, estatuas de Santiago, conchas y otros “souvenir” jacobeos. La fabricación de conchas llega a ser en Santiago una de las principales actividades artesanales, generando el progreso de gremios, que acceden a un régimen corporativo con contrato con la catedral que tenía la exclusividad de la fabricación de conchas. Producían además multitud de insignias que los peregrinos difundirán por toda Europa, constituyendo uno de los más claros indicios de la alta difusión del culto jacobeo y su popularidad entre los pueblos cristianos medievales.

          Recomienda el Veneranda Dies acometer la peregrinación después de liberarse de los pecados a través de la confesión, como parte del rito de partida. Antes de emprender la peregrinación que le ausentará un largo periodo de tiempo, el peregrino debe, como parte sustancial de esta preparación ritual, prepararse a la peregrinación con corazón puro, sin pesos ni vínculos mundanos. Debe perdonar a los que le injuriaron, aplacar todo los rencores que albergue su corazón, pedir permiso a las personas con las que tenga obligaciones, con su pastor eclesiástico, arreglando con su cónyuge y su familia las disposiciones de sus bienes coma si estuviese ante la muerte. Durante el viaje deberá comportarse honestamente, escuchar misa si no a diario al menos los domingos, compartir todos sus bienes con otros peregrinos en modo que este principio de solidaridad es la característica básica del peregrino. Deberá huir de las palabras superfluas, de las tentaciones de la carne, de las pendencias y sobre todo de las borracheras, de las que el Veneranda Dies describiendo con extensión sus malas consecuencias, para que el camino sea ventajoso para su alma como para su cuerpo.

          Describe con amplitud las virtudes de la peregrinación que modelan las del peregrino. “El camino de peregrinación es cosa muy buena, pero es estrecho. Pues es estrecho el camino que conduce al hombre a la vida; en cambio, ancho y espacioso el que conduce a la muerte. El camino de peregrinación es para los buenos; carencia de vicios, mortificación del cuerpo, aumento de las virtudes, perdón de los pecados, penitencia de los penitentes, camino de los justos, amor de los santos, fe en la resurrección y premio de los bienaventurados, alejamiento del infierno, protección de los cielos. Aleja de los suculentos manjares, hace desaparecer la voraz obesidad, refrena la voluptuosidad, contiene los apetitos de la carne que luchan contra la fortaleza del alma, purifica el espíritu, invita al hombre a la vida contemplativa, humilla a los altos, enaltece a los humildes, ama la pobreza; odia el censo de aquel a quien domina la avaricia; en cambio del que lo distribuye entre los pobres, lo ama; premia a los austeros y que obran bien; en cambio, a los avaros y pecadores no los arranca de las garras del pecado.”

          El Veneranda Dies invierte buena parte de su contenido en referirse a los que llama enemigos del peregrino, como los mesoneros, las meretrices, los curas indignos, los cambistas y los farsantes y malhechores, que el peregrino encontrará en su progresión hacia la ciudad del Apóstol, describiendo con todo lujo de detalles los usos deshonestos de los malos mesoneros para engañar al peregrino con fines lucrativos. Se ve en la detallada amplitud de la picaresca y aún de la maldad más perniciosa y perversa, el conocimiento detallado de quien ha vivido la experiencia de la peregrinación, citando lugares, contando anécdotas a pie de camino, lo que descubre que se trata de alguien que ha peregrinado, y conoce de primera mano estas adversidades y percances que sufría el peregrino como víctima de fraudes, engaños y a veces de verdadera delincuencia. El autor censura especialmente a los hospederos, a veces tan perversos con los peregrinos que los compara con la traición de Judas, adulterando el vino, dando gato por liebre, simulando afecto pero dando mal servicio, falseando las mediciones, cobrando en exceso, hurtándole sus bienes o incluso envenenándoles para quedarse con sus pertenencias. Y condena a las criadas y meretrices venden sus favores a los peregrinos tentando su virtud a cambio de dinero. Denuncia los arreglos entre hospederos y guardianes de basílicas y templos para promover ofrendas que revertirán en su propio lucro. Advierten a los peregrinos que deben precaverse de los llamados cinnatores, o estafadores que engañaban al peregrino en sus compras, o le timaban aparentando facilitarles gangas de valioso valor. O de los que simulan ser clérigos que ganan la confianza hasta estafarles con trucos, engaños o robos. O los que simulan enfermedad o lesiones en busca de limosna. Y de los falsos cambistas que cambian la moneda , los metales o piedras preciosos fraudulentamente. O de los especieros engañosos que venden hierbas podridas como buenas, o especias adulteradas como auténticas. O de los tenderos farsantes que venden productos estropeados como buenos, o materiales baratos como si fueran valiosos. O de los cobradores de tributos a los peregrinos de Santiago, los cobradores de portazgos explotando al transeúnte u obligándole a pagar peajes injustos o abusivos.

          Quienquiera que ultraje a los peregrinos, o les quite algo, por hurto, rapiña, o por otro medio cualquiera, sin duda alguna, su suerte será con el diablo. Mientras que el que no engaña a los peregrinos, ni en la plaza, ni en el negocio, ni en el cambio, ni en el hospedaje, ni por medios fraudulentos, sino que se porta con ellos debidamente, sin duda alguna obtendrá en el futuro el premio del Señor.

          Particularmente conflictiva podía ser el destino de los bienes de un peregrino que moría estando en un hospital, ya que podía despertar intereses arbitrarios y propiciar grandes abusos.

          Parece evidente que el autor del Veneranda Dies conoce bien la vida en los caminos de peregrinación a Santiago, y que domina cumplidamente el libro V del Códice, lo que evidencia que se trata de textos procedentes de una misma mano. En todas las censuras encontramos equivalencias que llevan a considerar que su redactor es el mismo que la Guía del peregrino de Santiago, un defensor del verdadero peregrino, que condena a todos el que le perjudican o estafan, en la que resulta ser la visión más realista y pragmática del texto, que emana de una experiencia directa de la peregrinación, por lo que muchos concluyen que Aimeric Picaud, que vivió como peregrino compostelano estas vivencias, puede muy bien ser quien escribiera también este Sermón.

          Como mejor manera de cerrar esta exposición en que el Apóstol Santiago y el peregrino jacobeo confluyen en el Culto a Santiago, bien procede, y el Veneranda Dies se hace buen eco de ello, una invocación que resalte al Apóstol como patrón y protector de Galicia y de España entera: “¡Oh dichoso pueblo de España y de Galicia, honrado con el poder de tan gran príncipe!; exaltado no por el mérito de tu bondad, sino por el de tan glorioso Apóstol. Él te decoró, él te adornó, él te hizo feliz, él te honró. Tu noche, que no tenía día, se ha convertido en antorcha de la verdadera fe, cuyo esplendor no es posible explicar con palabras. Tú, que antes no tenías la gracia, ahora se te concede abundantemente. Antes ignorabas a tu Criador; ahora, por tu Apóstol, conoces a tu Hacedor. Antes estabas sumergida en el error; ahora has sido levantada a la fe apostólica. Antes estabas entregada a las leyes vanas; ahora has aprendido las enseñanzas de libertad. Abjuraste lo que eras y comenzaste a ser lo que no eras. Tú, que habías fabricado templos inmundos, ahora adoras al verdadero Dios. Tú, que yacías en el estiércol de la infidelidad, ahora brillas en la fe apostólica. Antes estabas como viuda; ahora estás desposada con el celeste varón. Antes eras estéril; ahora das a luz hijos. Antes estabas desconsolada; ahora, reconciliada con tu Criador. Antes estabas como oveja descarriada y sin pastor; ahora, unida al Rey celestial. Antes eras necia sin tal doctor; mas ahora estás en compañía del fiel maestro.

“Gentes gallegas, cantad vuestras nuevas canciones a Cristo;
De que Santiago venga dadle las gracias a Dios.
Viene a la grey su esperanza y el padre y amante del pueblo:
Que las ovejas gocen con el pastor que les dan.
Bajo su guía la grey pacerá por los pastos sagrados,
Aprovechando frutos de celestial simiente.
Y cuidará de los puros rediles del buen Jesucristo,
Porque serían presa de los rapaces lobos.
Con vigilante atención regirá el establo sin mancha,
Para que no padezca ni una rapiña su grey.
Defendera los corderos de hermoso vellón encerrados,
Y cuando estén dormidos los guardará despierto.
Florecerá con divino cultivo la viña lozana,
Y las maduras uvas le prestarán belleza.
Para llenar las bodegas del cielo con su eterno fruto,
De donde viva fuente fluya y las almas beban.
No las castigue la sed, que calmar con un dedo mojado
Tanto anhelaba el rico cuando pedía ayuda.
Mas a gozar las delicias del seno de Abraham sus ovejas,
Entre sus propios brazos conducirá el pastor.
Y duplicando el talento que tuvo muy bien a su cargo,
Al verdadero goce de su Señor entrará.
Y coronado con el galardón de sus méritos, digno,
En el palacio obtendrá puesto, soldado del Rey.”

Fuentes Consultadas:

1.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. El peregrino en la literatura jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 40, Nº. 3-4, 1995, págs. 379-391.

2.- Elisardo Temperán Villaverde. La liturgia propia de Santiago en el Códice Calixtino. Xunta de Galicia 1997.

3.- Liber Sancti Iacobi: Codex Calixtinus. Traducción de A. Moralejo, C. Torres, J. Feo. Xunta de Galicia. Xacobeo’99, pp 188-234

4.- Jacopo Caucci Von Saucken. O Sermón Veneranda Dies del Liber Sancti Jacobi. O Sentido e O Valor da Peregrinaxe Compostelá. Xunta de Galicia. Xacobeo 2004.

5.- Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolansa 2010, Tomo 18, pp. 63-64

6.- Carlo Pulsoni. Notas sobre algunos nombres de pueblos en el “Veneranda dies”. Ad Limina: revista de investigación del Camino de Santiago y las peregrinaciones, Nº. 1, 2010, pp. 151-159

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42- Ad Honorem Regis Summi

        Dentro de la sección de obras polifónicas del Códice Calixtino hay una pieza singular que está a caballo entre la música polifónica y la monódica. La sección polifónica se compone de 6 folios que contiene 20 piezas claramente polifónicas, que serían 21 si se reconoce el himno Ad honorem Regis summi como composición a dos voces. Hay además incluida en esta sección una obra más de estructura monódica, el Dum Pater Familias, una pieza singular que cierra el bloque. En total por tanto son 22 obras diferentes en esta sección del códice, todas a 2 voces, menos la segunda pieza del suplemento que se anota a tres (Congaudeat Catholici), que es la primera obra de occidente de esa dimensión polifónica.

          En este grupo el himno Ad honorem Regis summi merece una mención especial pues, aunque incluida en esta sección polifónica, su escritura tiene un aspecto monódico por la disposición horizontal de las voces. Parece tratarse de una pieza de estructura monódica convertida en una pieza a dos voces con la voz principal en primer lugar y una segunda voz que se situaría en las 2 últimas líneas. Si además conocemos la práctica de esta denominada “Notación Sucesiva” en repertorios coetáneos como San Marcial de Limoges, en que la segunda parte se encuentra muy por encima de la primera, con resultado sonoro satisfactorio, podemos afirmar que esta pieza, antes comúnmente interpretado a una sola voz, se anotó con la intención de cantarse polifónicamente. Era fórmula que se explicaba en términos de “Notación sucesiva y polifonía escondida”, en modo que la interpretación aceptaba las dos versiones: monódica y la polifónica.

          Pero aparte de esta consideración técnica musical que puede resultar de difícil comprensión para el profano, lo que resulta verdaderamente singular es que se trata de una pieza que el Calixtino asigna a Aimeric Picaud, y así aparece escrito en rojo encima de la partitura: “Aimericus Picaudi, presbyter de Partiniaco”, el enigmático compilador de los textos que compondrán el emblemático códice jacobeo, identificado como un clérigo errante, un fraile giróvago o sarabaíta, que en su tierra era conocido por el seudónimo de Olivier d’Asquins, de buen nivel cultural pero que nada partidario de sujetarse a la vida regular de los anacoretas y cenobitas, moraba en las ciudades con dos o tres compañeros, sin regla ni superior.

          Y no parece descabellada la propuesta por cuanto los versos largos de quince sílabas con una cesura media (hemistiquio) que venía después del séptimo pie, en modo que la octava sílaba lenta no cuenta en la medida, fórmula de métrica poética común de la poesía latina para frailes vagabundos o goliardos.

          La marcha de los peregrinos: Ad honorem regis summi, cita los veintidós milagros del Libro II del códice, a razón de un verso para cada uno, siguiendo el mismo orden del Liber Miraculorum y que se leían a los peregrinos durante las largas noches de vela ante el sepulcro del Apóstol.

          Esta pieza excepcional, está muy vinculada con el “Dum Paterfamilias”, ambas eran cantadas por los peregrinos como expresión de la dicha de llegar a la ciudad del Apóstol, al entrar en la catedral medieval o en su interior, especialmente el 25 de Julio. De ambas hay la idea de que pudieran ser cantos populares de ritmo alegre, probablemente ambientados con otros instrumentos, percusión y danza, con tanta popularidad entre los peregrinos que terminan por sacralizarse e incorporarse incluso en el Códice Calixtino.

          Y ambas contiene una expresión muy peregrina: “Ultreia e suseia”, palabras que aparecen también en una prosa del capítulo XXVI del libro I del Códice: “Todos los pueblos, lenguas y tribus acuden a él clamando sus ella, ultreya”. Eran términos, por tanto, bien conocidos en el ámbito compostelano en relación con la peregrinación. Se trataba de una expresión popular de ánimo, júbilo y saludo entre los peregrinos, que significa “adelante” “arriba”, muy común entre los caminantes medievales, parece ser que sobre todo germánicos y flamencos, aunque hoy se acepta que trascienden los límites geográficos y lingüísticos, y se convierten en vocablos universales de la peregrinación que han llegado hasta nuestros días a través del Codex Calixtinus (s. XII), aunque con el auge actual del Camino de Santiago, la expresión se ha recuperado entre los peregrinos como saludo y expresión de ánimo, conectando con el espíritu milenario de los peregrinos medievales.

Escucharemos primero la versión sacra que a buen seguro se escuchaba por los cantores canónigos, a los seguramente se sumaban los peregrinos.

Y también la versión popular y festiva como canto de triunfo y alegría.

Incluso esta otra que nos da también una versión de canto popular, compartido y animoso, que pone especial énfasis en las palabras clave: Ultreia  esus  eia 

Ad honorem regi summi que condidit omnia,
Venerantes iubilemus Iacobi magnalia,
De quo gaudent celi cives in superna curia
Cuius facta gloriosa meminit ecclesia

Supra mare Galilee omnia postposuit
Viso rege ad mundana redire non voluit
Sed post illum se vocantem pergere disposuit
Et praecepta eius sacra predicare studuit
Ermogeni et Fileto Christi fidem tribuit
Et Iosiam baptizavit et vim aegro prebuit.
Olim Ihesum transformatum vidit patris numine,
Pro quo nacem ab Herode simpsit fuso sanguine.

Cuius corpus sepelitur in terra Galecie,
Et petentes illud digne summut vitam glorie.
Iam per totum fulget mundum divinis miraculis,
Qui viginti viros olim solvit ab ergastulis.

Scedulaque peccatoris deleta apparuit,
Matris natum iam defunctum ad vitam restituit,
Hic defunctum urbi sue a Cisera detulit,
Quem bis senas per dietas una nocte contulit.

Hic suspensum post triginta dies vite reddidit,
Peregrino Pictavensi asinum tradidit,
Et Frisonum ferro tectum de abisso eruit,
Presulemque mari mersum in nati instituit.

Vim vincendit Turcos viro apostolus tribuit,
Peregrinum mari lapsum per verticem tenuit,
De excelsa arce saltans vir sanus ereptus est,
Per crusille tactum miles saluti redditus est.

Sanitati post vindictam Dalmacius datus est,
A postrata arce sane mercator egressus est,
Militemque custodivit a suis sequentibus,
Liberavit virum egrum pressum a demonibus.

Interfectum a se ipso ad vitam restituit,
Et altaris valvas clausa comitit aperuit,
Stephanoque servo Dei ut miles apparuit,
Virum captum comes spata ledere non potuit.

Hic contractum membris ruptum erexit humiliter,
Vinculatum solvit virum tredecies dulciter,
Hec sunt illa sacrosancta divina miracula,
Que ad decus Christi fecit Iacobus per secula.

Unde laudes regi regum solvamus alacriter,
Cum quo leti mereamur vivere perhenniter.
Fiat, amen, alleluia, dicamus solempniter
E ultreia esus eia decantemus iugiter.

TRADUCCIÓN

En honor del Rey Supremo del que todo lo creó,
celebremos las grandezas que Santiago realizó.
Alegría de los santos en la curia celestial,
y en la Iglesia recordado por glorioso en su historial.

Junto al mar de Galilea quiso todo posponer,
y, visto su Rey, al mundo no quiso jamás volver;
Más tras El que le llamaba dispúsose allí a marchar,
y sus santos mandamientos deseaba predicar.

A Hermógenes y Fileto la fe de Cristo infundió
Y dio salud al enfermo y a Josias bautizó
Vio a Jesús transfigurado del Padre en la majestad
Y murió y vertió su sangre de Herodes por la crueldad.

Cuyo cuerpo está enterrado de Galicia en un rincón
Y alcanzan la gloria quienes van allá con devoción.
Resplandecen sus milagros por toda la cristiandad
Una vez a veinte hombres libró de cautividad

Hizo aparecer borrada la esquela de un pecador;
Devolvió a un niño la vida y a la madre en su dolor.
Desde Cize a un difunto se lo llevó a su ciudad
Echando en doce jornadas una noche nada más

A uno ahorcado treinta días a la visa devolvió
Y un borrico a un peregrino poitevino le prestó
Y a Frísono envuelto en hierro del mar hubo de sacar
Como en la nave a un prelado puso, que cayó en el mar

Para vencer a los turcos fuerza a un caballero dio
Por el pelo a un peregrino caído al mar sujetó;
Saltó sano de un torre otro hombre por su virtud
Y tocado de una concha otro logró la salud.

Dalmacio sufrií venganza y fue sanado después
Hizo inclinarse a una torre por soltar a un mercader;
A un caballero que huía libró con su protección,
Y a otro que sufría enfermo de demonios la opresión.

A un hombre que se dio muerte a la vida devolvió;
Cerrado a su altar, las puertas a un conde dignose abrir
Al siervo de Dios Esteban caballero se mostró
Y a un cautivo con su espada no pudo otro conde herir.

A un lisiado contrahecho le curó con humildad
Y a un cautivo trece veces le soltó con su bondad
Estos son los sacrosantos milagros que para honor
De Jesucristo por siglos hizo Santiago el Mayor.

Por eso al Rey de los reyes loas debemos decir
para merecer felices por siempre con Él vivir.
Hágase, amén, aleluya, -digamos, pues, a la par-,
E ultreya e sus eya, cantaremos sin cesar.

Fuentes Consultadas

1.- Louis René. Aimeri Picaud, compilateur du Liber Sancti Jacobi. In: Bulletin de la Société Nationale des Antiquaires de France, 1948-1949, 1952. pp. 80-97

2.- Eva Esteve Roldán. La polifonía en el Códice Calixtino. El canto gregoriano y otras monodias medievales / VI Jornadas de Canto Gregoriano. De la monofonía a la polifonía, 2003, págs. 81-120

3.- José López-Calo. Los polémicos comienzos del descubrimiento musical del Códice Calixtino. Abrente: Boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, Nº. 42-43, 2010-2011, págs. 333-386.

4.- José Sierra Pérez. Un ejemplo de notación sucesiva en el Códice Calixtino: ad honorem regis summi. Revista de musicología, Vol. 20, Nº 1, 1997, págs. 61-76

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48- Tradición armenia de Jerusalén a Compostela

          Resulta llamativo que entre los primeros peregrinos a Compostela tengan significativa presencia los venidos desde Armenia, país del Cáucaso en el extremo sur-oriental de Europa, la región más remota y distante de la cristiandad medieval, de la que llegaron peregrinos a Compostela como menciona el sermón Veneranda Dies del Códice Calixtino, en el apartado que cita los muchos pueblos del mundo que visitan Santiago. Armenia tiene sus raíces en una de las más antiguas civilizaciones del mundo, con un rico patrimonio cultural en que destaca ser la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en modo que la fe cristiana constituye un papel primordial en la historia e identidad del pueblo armenio.

          El peregrino armenio más destacado y conocido por el relato que él mismo dejó, fue el obispo armenio Martiros que, a finales del siglo XV, visitó la ciudad del apóstol, recorriendo en la península el Camino del Norte o de la costa cantábrica, y su crónica viene a constituir la primera guía de ese camino. El propio autor refleja en sus escritos ser peregrino devoto que afronta su viaje hasta el extremo de Galicia para expresar su devoción al Apóstol, lo que acredita la fama del santuario en tan lejanas tierras. Martirios se muestra en su relato como un cristiano que, aunque con tradición propia, comparte la misma devoción medieval por santos y reliquias, incluyendo la tradición jacobea. Se vislumbran además posibles intenciones diplomáticas en busca de apoyo contra los turcos, mediante entrevistas que el propio Martiros dice no poder declarar. De su paso por Compostela, en la que estuvo cerca de tres meses, describe el altar central, que identifica como la tumba de Santiago y habla de la imagen conocida por los abrazos, y el baldaquino que cubre altar e imagen. Dejó además un estudio artístico y teológico del Pórtico de la Gloria, describe la fuente de Mediodía, junto con la plaza donde “el peregrino puede encontrar todo lo que necesita, pues se vende cuanto se puede desear en medallas y rosarios”. Continuó hasta el Finis Terrae, singularizándose por su insólita cita del fabuloso Vákner, animal salvaje difícil de identificar que distintos editores dudan si sería un toro, un oso, o un lobo, pero en definitiva el gran mito medieval de la Costa da Morte, un animal singularmente feroz que atacaba a los peregrinos.

          Mucho antes que Martiros, en el año 983 ó 984 acudió a Santiago Simeón, ermitaño de Polirone (Mantua, Italia) monje armenio que vivió antes como ermitaño en los desiertos de Palestina, y que fue canonizado a finales del siglo XI. Era afamada su renuncia y su santidad, así como su visita por devoción Santiago de Compostela, sirviendo de referencia precoz de la relación entre Armenia y el culto jacobeo. En el siglo XII también está registrada la visita de un arzobispo de Nínive -Irak- acompañado por varios prelados armenios, y a partir de aquí muchos peregrinos armenios fueron a Compostela junto a peregrinos de otras nacionalidades, como cita el Codex Calixtinus.

          Y es que entre Armenia y el mundo jacobeo hay, a través del tiempo y del espacio, una histórica y vieja relación con el culto a Santiago. No en vano Armenia fue uno de los países que primero abrazó el cristianismo ya en el siglo I y fueron los primeros en rendir culto a los dos apóstoles de nombre Santiago en la iglesia armenia de Santiago en Jerusalén. Judas Tadeo y Bartolomé fueron, entre los Doce, los apóstoles que evangelizaron al pueblo armenio, que adquirió oficialmente la nueva fe cristiana por obra de San Gregorio, su primer obispo, en el 301, lo que convierte a Armenia en el primer reino cristiano.

        Las raíces armenias surgen, pues, en el cristianismo primitivo, y constituyen un singular antecedente de culto jacobeo, muy anterior al hispano, en una colectividad armenia jerosolimitana consolidada desde el siglo VI pero presente desde el siglo I. Las crónicas hispanas astures y compostelanas tienen, por tanto, un antiguo y asombroso precedente en las crónicas armenias de Jerusalén, que mencionan las primeras reliquias tanto de Santiago el Mayor como de Santiago el Menor, precisamente donde su tradición sitúa el lugar donde ambos vivieron y murieron.

          El barrio armenio de la ciudad vieja de Jerusalén acoge la catedral de Santiago, sede del patriarcado de Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén. Aunque parece que fundado en el año 638 con antecedentes en los siglos V-VI, la primera constancia del templo es del siglo X, edificado por los georgianos, aunque tras la Primera Cruzada se pactó su cesión a los armenios, cuya presencia armenia en Tierra Santa se remonta a los primeros años del cristianismo. El templo fue totalmente reedificado por los armenios en el siglo XII, un templo cruciforme de tres naves y cúpula central, en que llama la atención la abundancia de adornos y antiguas lámparas de aceite que cuelgan de las bóvedas, y una en araña de 120 velas, que se enciende en las grandes celebraciones. El conjunto se enriqueció con hospedería y monasterio, venerando como mayor tesoro los restos de Santiago el Menor y la cabeza de Santiago el Mayor. Hay constancia que en los siglos XV y XVI, la hospedería recibió peregrinos de la Península Ibérica, revelando una conexión de culto jacobeo, e incluso los Reyes Católicos hicieron donación para sufragar la hospedería.

          En la nave central, en la separación del coro y el crucero, hay dos tronos enfrentados, uno con dosel representa la cátedra de Santiago, hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén. El otro trono, enfrente, es del patriarca armenio. Uno de los primeros días de enero se festeja al apóstol, y el patriarca preside la ceremonia de pie al lado del trono apostólico, como símbolo de ser el sucesor en el obispado de Jerusalén. La sepultura de Santiago el Menor ocupa el lugar preferente del templo, pues la tradición dice que bajo el altar mayor descansan sus restos, aunque sin ningún icono ni letrero que lo señale. A la izquierda de la entrada hay tres capillas pequeñas; una de ellas es la capilla de la decapitación de Santiago el Mayor, con un bello altar de mármol en cuyo hueco inferior, rodeado de seis lámparas votivas, hay un medallón en se representa la cabeza de Santiago, que la tradición dice conservada en este mismo lugar. Y un poco más adelante del altar, a la altura del suelo, hay un círculo estrellado de plata que rodea una pequeña cavidad que señala el lugar donde fue decapitado el santo. Todo ello convierte este templo, después de Santiago de Compostela, en el segundo lugar de culto jacobeo más sagrado del mundo.

          La tradición armenia sobre Santiago el Mayor, tiene su origen en los principios del siglo VII, traducidos a la lengua armenia entre los años 620 y 638. Describe que Santiago hijo de Zebedeo fue a evangelizar Hispania, que refiere como un pueblo “bárbaro, impío e inicuo”, y que a su retorno a Jerusalén continuó la predicación, debiendo enfrentarse al mago Hermógenes al que superó, lo que desata el rechazo judío que desencadena su martirio del Apóstol por Herodes Agripa. Cuenta que un ángel, después del martirio, envolvió la cabeza y la trasladó al palacio episcopal de Santiago, el hermano del Señor. Después de manifestar su gran dolor, el obispo y el apóstol Juan rindieron honores fúnebres al venerable depósito. Aquí intervienen los discípulos que habían regresado de Hispania con Santiago y que en la tradición armenia se reduce a una fiel y noble discípula, que envuelve el cuerpo en una mortaja y lo transporta secretamente al puerto de Jaffa, donde lo ata a una columna de mármol. Unos ángeles lo trasladan milagrosamente al Finis Terrae, donde es denominado como el “Dios sin cabeza“, que realiza milagros como la curación de un ciego. San Pablo acude entonces desde Roma a informar sobre la identidad del santo. Es por tanto un relato que reconoce la evangelización a Hispania justificando la permanencia de la cabeza de Santiago el Mayor en Jerusalén.

          Esta Pasión armenia de Santiago tiene mucho en común con la tradición jacobea compostelana, con la puntualización de que esta versión la conocemos a partir de dos fuentes armenias vinculadas entre sí, cuyo origen escrito parece situarse en hacia el año 638 a partir de la tradición oral. Es decir, la tradición armenia parte de una fuente autóctona. La tradición occidental y particularmente la compostelana, es fruto de una recopilación hagiográfica de distintas fuentes europeas que acaba reflejada en el Libro de Santiago, el Códíce Calixtino, después conservado en otras copias y versiones.

          En cuanto a Santiago el Menor, no salió a predicar fuera de Jerusalén, que fue una misión al grupo de los Doce, sino que permaneció en ella, donde organizó la primera Iglesia cristiana, de la cual fue su primer obispo. Murió siendo arrojado del pináculo del templo, en el año 62, como relató el historiador Flavio Josefo, denominándole “Jacobo, hermano de Jesús llamado Cristo”, lo que constituye la primera referencia no cristiana que acreditada de la existencia de Jesús. Dice el relato de su tradición que después de la Ascensión los Apóstoles eligieron a Santiago el Menor en Jerusalén como primer obispo, confiriéndole la ordenación episcopal. Estableció su sede y residencia en el Monte Sion, que se cree localizado donde actualmente está la Catedral Armenia de Santiago. Sus reliquias, sepultadas inicialmente en el Valle de Josafat (en la parte Este o árabe de la ciudad), se trasladaron a la catedral de Santiago y fueron depositadas en el punto donde actualmente está el altar mayor.

          En cierto paralelismo a la supuesta intervención protectora de Santiago el mayor en la confrontación Hispano-musulmana en beneficio de los cristianos, en 1948 se dice que Santiago también intervino, en la guerra árabe-israelí, protegiendo a la comunidad armenia, refugiada dentro de la catedral para resguardarse de los bombardeos mediante los fuertes muros del templo. Se dice que una noche especialmente bélica, más de mil proyectiles rodearon la Catedral. Algunos testimonios aseguran haber visto un personaje vestido de blanco, nada menos que el mismo Santiago, en el techo del templo, desviando con sus propias manos los proyectiles protegiendo a los suyos. Pero ¿cual de los dos Santiago?. Nadie supo precisar si fue obra de Santiago Zebedeo o de Santiago hermano del Señor, y ambas figuras constituían patrimonio común histórico de los armenios en la Ciudad Santa, en que los dos comparten por igual la protección de los armenios. Los dos murieron allí y están íntimamente vinculados con la primera Iglesia cristiana local.

          Hay por tanto un cruce entre ambas tradiciones en que se menciona a ambos Santiago. Entre las dos tradiciones, armenia y occidental, hay independencia plena, se trata por tanto de versiones distintas que coinciden en muchos elementos y que difieren en otros. Pero como elemento común básico, la mención en ambas de situar la labor evangelizadora de Santiago Zebedeo en Hispania es ya un hecho de credibilidad firme. En la evangelización de Hispania la tradición armenia avala la tradición occidental al tratarse de textos muy anteriores al descubrimiento del sepulcro jacobeo en Compostela, que puede tener un interés en atribuirse el destino de la evangelización jacobea, pero si la atribución es anterior y parte del propio origen del evangelizador, el destino hispano de Santiago queda muy consolidado.

          Pero tiene también un elemento de divergencia al referir que la cabeza de Santiago el Mayor permaneció en Jerusalén en vez de ser trasladada a Hispania con todo el cuerpo. El relato compostelano aporta en su favor comprobaciones que luego valoraremos expresamente. La tradición armenia, por su parte, nunca ha acreditado la presencia real de un cráneo que se pueda atribuir a uno, ni restos óseos que puedan asignarse al otro. Es un elemento más pragmático de la cuestión, pero que debe sustentar toda tradición de la que se quiera ofrecer algún substrato de historicidad.

          La coincidencia en el nombre de los dos apóstoles ha generado confusión entre ellos, y hasta los estudios técnicos han atribuido a uno u otro la epístola de Santiago, no faltando la postura de que fuera un tercero. De hecho la tradición oriental recoge la existencia de tres Santiago o Jacobo: Jacobo el Mayor hijo de Zebedeo que muere bajo la espada de Herodes Agripa en Jerusalén en el año 44; Santiago el hermano del Señor, apodado el Justo, arrojado desde el pináculo del templo también en Jerusalén en el año 62; y Jacobo hijo de Alfeo, identificado como “el Menor” y que murió y fue sepultado en “Marmárica”. Distingue por tanto como personajes distintos a Santiago hermano del Señor de Santiago el Alfeo, en modo que Santiago el hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén, no pertenecía propiamente al grupo de los Doce.

        La confusión se acentúa en Compostela cuando a comienzos del siglo XII se dice que el obispo de Coimbra Mauricio peregrinó a Jerusalén en un largo viaje de casi cinco años, retornando con un conjunto de reliquias entre las que decía traer la cabeza del Apóstol Santiago el Mayor. La reacción en Compostela, donde se veneraba el cuerpo completo del Apóstol, fue inmediata, precisándose desde entonces que los discípulos habían trasladado el cuerpo “con la cabeza”. La reliquia traída de Jerusalén pasó al priorato cluniacense de san Zoilo de Carrión y finalmente a León. En 1116 la reina doña Urraca se la regaló al obispo Gelmírez, que la trajo a Compostela, organizando una solemne procesión desde el milladoiro de san Marcos (Monte del Gozo) para trasladar al templo jacobeo la preciosa reliquia, que se acabará por identificar como la cabeza de Santiago Alfeo, y el arzobispo don Berenguel de Landoria ordena la ejecución en 1322 de un precioso relicario.

          La identidad de los dos Santiago hubiera quedado confusa, como un juego de trileros, pero quedó definitivamente resuelta con el hallazgo protagonizado por López Ferreiro de los restos apostólico en las excavaciones del presbiterio de la catedral compostelana, tres esqueletos identificados como los del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, con sus cráneos correspondientes. El tema quedaba además comprobado con el estudio de la reliquia de Pistoia que Gelmírez donó en 1138, y cuyo estudio a fines del siglo XIX reveló que se trataba de un fragmento de la apófisis mastoidea derecha que encaja en los huesos enterrados en Compostela, pero no en el cráneo del relicario de Santiago Alfeo. El valioso relicario era una pieza en plata sobredorada que pasó a formar parte del tesoro compostelano como su pieza más valiosa, atribuida al orfebre Rodrigo Eáns. Se incorporó a las procesiones jacobeas más solemnes por el claustro catedralicio, permaneciendo mayormente custodiada en el Tesoro de la Catedral.

          Hay por tanto una devoción compartida y bidireccional entre el Templo armenio de Jerusalén y la Catedral de Compostela, que confluye en un culto jacobeo común a través de muchos kilómetros de distancia.

          El mejor modo de finalizar este artículo con el video del padre José de Jesús Aguilar Valdés, sobre la Catedral Armenia de Santiago en Jerusalén, realizado el 17 de julio de 2019, y que nos permite ser visitante del templo que guarda culto a los dos apóstoles Santiago.

Fuentes consultadas:

1.- José Guerra Campos. Exploraciones arqueológicas en torno al sepulcro del Apóstol Santiago. Santiago de Compostela : Cabildo de la Catedral, 1983, pp. 98.

2.- Emma Falke Rey. Historia Compostelana. Ediciones Akal 1994, pp. 265-269

3.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. De Santiago y de los caminos de Santiago. Xunta de Galicia, 1997. Santiago el Mayor a través de los textos, pp. 73-74.

4.- Louis Cardaillac. Las dos cabezas de Santiago. La Aventura de la historia, Nº. 69, 2004, pág. 102-106

5.- Louis Cardillac. Santiago acá, allá y acullá. Miscelánea de estudios Jacobeos, El Colegio de Jalisco, 2004. Capítulo IV, Santiago de Compostela entre Roma y Jerusalén, pp. 75-90.

6.- Fernando López Alsina. La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media. Consorcio de Santiago, 2013, pp. 54-55

7.- Francisco J. Buide del Real. Armenia Jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 60, Nº. 3-4, 2015, págs. 593-643

8.- Rafael Lema. El extraordinario viaje de Martirios de Armenia al Finisterre (I y II). 2019
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/09/30/el-extraordinario-viaje-de-martirios-de-armenia-al-finisterre.html
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/10/18/el-largo-viaje-de-martyr-de-armenia-al-finisterre-ii.html

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40- San Francisco de Asís, peregrino a Compostela

          Tomás de Celano, contemporáneo y compañero de Francisco de Asís, nos da una descripción física del santo en su Primera Vida: “De mediana estatura, más bien pequeño que alto; cabeza redonda y bien proporcionada, cara un tanto alargada en óvalo, frente llana y pequeña; ojos ni grandes ni pequeños, negros y de sencilla mirada; cabellos de color oscuro, cejas rectas, nariz bien perfilada, enjuta y recta…; labios pequeños y delgados, barba negra, algo rala…, vestido áspero, sueño brevísimo y trabajo continuo”. Apoyándose en esta descripción Cenni di Pepo Cimabue (1240-1302) pinta el Retrato de San Francisco incluido en el fresco más antiguo de la iglesia de San Francisco, en Asís, que muestra a María y a Jesús en el trono: Maestà con san Francisco, Asís.

          En el año 2014 las ciudades de Santiago de Compostela en Galicia y Asís en Italia, celebraron el VIII Centenario de San Francisco en el Camino de Santiago con distintos actos conmemorativos. Otros proponen que Francisco nunca realizó tal viaje, ya que no existe ningún documento que lo acredite.

          Hoy no cabe negar historicidad por falta de documento, pues  hay documentos de hechos falsos, documentos falsificados, y hechos históricos sin documentos. Las edades Antigua y Media están llenas de ellos, y los documentos, o no existían, o se perdieron o fueron destruidos por el adversario. Se estima que unas 3/4 partes de textos se han perdido. Ni el documento acredita certeza histórica, ni su falta la descarta. La Historia debe estudiar fuentes auxiliares: archivos civiles y diocesanos, arqueología, epigrafía, cronología, numismática, paleografía, codicología, historiografía, heráldica, arte, literatura, etnografía, e incluso tradición oral, estudiando los hechos desde una perspectiva multidisciplinar. Es muy valiosa la tradición, oral primero y escrita después, y las leyendas siempre guardan un núcleo de verdad junto a un envoltorio que la distorsiona en el paso de los tiempos.

          Esta visión es la que lleva a muchos historiadores a pensar que el Santo realizó ciertamente la ruta jacobea entre 1213 y 1215. La venida de San Francisco a Santiago de Compostela es, ciertamente una tradición pero, como afirma Paco Castro Miramontes, Rector del Convento compostelano de San Francisco, una tradición muy avalada, con un escrito datado en el siglo XIV, “I Fioretti”, que contiene una serie de relatos sobre la vida de San Francisco y los primeros compañeros, obra nacida en Italia, pero que bebe de fuentes escritas más antiguas, del siglo XIII, y que en el capítulo cuatro habla expresamente de esta peregrinación de San Francisco a Santiago de Compostela, de cómo estuvo en su catedral, consagrada aún hacía poco tiempo, y como él consideró que aquí tenían que permanecer franciscanos. Incluso puede afirmarse que la congregación franciscana compostelana fue la primera fuera de Italia, y el lugar donde Francisco decide fundar en el mundo entero. La cuestión tiene su valor, ya que después de Asís, Santiago de Compostela sería una referencia para el franciscanismo. La peregrinación estaba en auge, y Francisco de Asís define perfectamente la figura del peregrino medieval.

        La crítica histórica atribuye la autoría de “I Fioretti”, al menos en su mayor parte, al hermano Hugolino de Santa María (hoy Montegiorgio), que murió hacia el año 1350; la fecha de composición se fija entre 1328 y 1343. La obra consta de 53 capítulos, 40 de los cuales relatan episodios de la vida de San Francisco, de sus compañeros y de Santa Clara, mientras que los 13 últimos están destinados a dar a conocer las virtudes extraordinarias de santos franciscanos. Sin ser un libro propiamente histórico, encierra datos de valor histórico. Su Capítulo IV afirma que «En los comienzos de la fundación de la Orden, cuando aún eran pocos los hermanos y no habían sido establecidos los conventos, fue, por devoción, a Santiago de Galicia», acompañándole en ella algunos hermanos, entre ellos Bernardo, el único que es citado por encomendarle el cuidado de un enfermo con el que se encontraron en el camino; los demás, siguieron con Francisco la peregrinación. Más adelante relata cómo al llegar a Compostela pasaban: «la noche en oración en la iglesia de Santiago, cuando le fue revelado por Dios a San Francisco que tenía que fundar muchos conventos por el mundo, ya que su Orden se había de extender y crecer con una gran multitud de hermanos. Esta revelación movió a San Francisco a fundar conventos en aquellas tierras», es decir, en primer lugar en Galicia y en otros lugares de España por los que pasó. Este texto coincide puntualmente con las tradiciones y leyendas franciscanas que se generaron en Santiago, en Galicia y en el territorio hispano, con muchas tradiciones orales que dan a entender que es una tradición muy extendida, fundadas en la propuesta de que por allí pasó San Francisco de Asís en dirección a Santiago de Compostela.

          Sintetizando la visión de los primeros cronistas y los modernos, el viaje de Francisco a España, tenía una doble intención: viajar a España y recibir el martirio a manos de los musulmanes. Todos coinciden en que Francisco llegó a España en su camino hacia Marruecos con intención de encontrarse con los sarracenos. En aquel tiempo Marruecos ocupaba todo el norte de áfrica y el sur de España, era el imperio almohade, gobernado por el Miramamolín (Muhámmad an-Násir) que había sido vencido por los reyes cristianos a las órdenes de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Francisco conoció la victoria cristiana y proyectó una misión evangélica sobre el derrotado para mostrarle otra relación con el cristianismo distinta a la impuesta por la espada. Francisco, pues, se va España para misionar entre los sarracenos. Pero una enfermedad le obligó a renunciar a su propósito y regresar a Italia, a santa María de la Porciúncula, donde se repuso y preparó un nuevo viaje a tierras islámicas, en esta ocasión a Siria, con el mismo anhelo de martirio y, aunque logró llegar allí y dialogar con el sultán, éste le dio un trato amable y pacífico que frustró su afán de martirio. Los relatos aceptan en general la peregrinación de Francisco a la tumba de Santiago, y que de esta visita surgieron diversas tradiciones y leyendas que se mantienen vivas en la memoria popular.

         Todo comienza en una cabaña a principios del siglo XIII, en el Val do Inferno, zona fuera de la ciudad donde se dice que se arrojaban desperdicios y se enterraba a los ejecutados. Propiedad de los benedictinos del Monasterio de Antealtares y San Martín Pinario, lo cedieron a los franciscanos para asentarse. Allí se levantó una ermita y algunas cabañas en donde vivían los frailes con una vida muy austera, atendiendo a personas muy pobres. El origen del convento de San Francisco es, desde luego, en vida de Francisco de Asís, adoptando el nombre al de Val de Deus. El primer testimonio de la presencia de los frailes instalados ya en Santiago es de 1220, un documento que recoge que los benedictinos les prestaron un libro a los frailes que ya residían en Val de Deus, lo que acredita es que ya antes estaban allí los franciscanos en aquellas tierras, en vida de San Francisco, lo que resulta una compatibilidad cronológica de gran valor histórico.

          La clave de la construcción del convento puede estar en la figura de Cotolay, personaje santiagués del siglo XIII, a medio camino entre la historia y la leyenda. La tumba de Cotolay se conserva en el propio convento y junto a ella una inscripción del siglo XVI que completa la narración de la historia: “Viniendo Nuestro Padre San Francisco a visitar al Apóstol Santiago, hospedole un pobre carbonero llamado Cotolay, cuya casa está junto a la ermita de San Payo, en la falda del monte Pedroso. De allí se salía el santo al monte a pasar las noches en oración. Allí le reveló Dios era su voluntad le edificase un convento en el sitio donde está, llamado Val de Dios y Val de Infierno, y sabiendo el santo era del monasterio de San Martín, pidióselo al padre abad por amor de Dios y ofreció ser su forero y pagar en cada un año un cestillo de peces. Aceptó el padre abad, y de ello se hizo foro, firmando el santo, el cual dan fe los ancianos de San Martín han visto y leído. Habido el sitio, dijo el santo a Cotolay: Dios quiere que me edifiques un convento de mi Orden. Respondió Cotolay: que cómo podía un pobre carbonero. Vete a aquella fuente, dijo el santo, que allí te dará Dios con qué. Obedeció Cotolay y halló un gran tesoro con que edificó este monasterio. Bendijo Dios a la casa de Cotolay, casó noblemente, fue regidor de esta ciudad y edificó los muros de ella que ahora van junto a san Francisco y antes iban por la Azabachería. Su mujer está enterrada en la Quintana y Cotolay, fundador de esta casa, en este lucillo, que para sí escogió. Falleció santamente, año del Señor de 1238”.

          Al tratarse de la primera fundación franciscana por el propio fundador de la Orden, ya el primer capítulo general, reunido en Asís en 1217, se crearon las diez iniciales provincias denominando la correspondiente a España: provincia de Santiago, que poco después, en 1233, se dividió en tres: la de Santiago (Galicia, Portugal y viejo reino de León), Castilla y Aragón (incluyendo Navarra).

          La entrega de pago convenida entre los franciscanos y los monjes de san Martín de una canastilla de peces, correspondía a la misma estructura de la acordada entre Francisco y el abad del monasterio benedictino de Monte Subasio, de la iglesia de santa María de la Porciúncula en Italia y, en ambos casos, la entrega se hacía mediante un rito que en Santiago incluía solemnes procesiones.

          El siglo XV mantuvo las tradiciones anteriores sin novedades, y en el último cuarto del XVI el convento compostelano sufrió un devastador incendio y ante la falta de recursos para repararlo su guardián, fray Mateo de Oviedo, escribió al rey Felipe II para pedirle ayuda, haciendo hincapié en que lo había fundado el propio san Francisco y que aquí dejó a algunos de sus primeros seguidores. La súplica fue atendida hacia 1590 en que el convento parece que estaba de nuevo en pie. Es en esta reconstrucción que Francisco Gonzaga redactaba una historia de los franciscanos: «De Origine», grabada en piedra, que permanece, en el muro occidental de su portería y que ha sido antes mencionada.

          El escrito firmado por Francisco y el abad de San Martín fue regalado a Felipe II en 1554, cuando pasó por Santiago camino de A Coruña, lo depositó en el relicario de El Escorial, de donde, inexplicablemente, desapareció.

          En 1722 se publicó la obra de fray Jacobo de Castro, en que narra la tradición de la peregrinación de Francisco a Santiago y la fundación de su convento, con matizaciones que tratan de darle mayor verosimilitud e intensidad.

          En el siglo XIX merece destacarse la obra editada en Madrid de Emilia Pardo Bazán: “San Francisco de Asís. (Siglo XIII)”, una extensa biografía del santo fundador que incluye su peregrinación al sepulcro del apóstol Santiago. Y el que publicó Ramón Segade en el último cuarto del siglo XIX, que sirvió de base en 1966 al guion cinematográfico de la película española «Cotolay».

          Dentro de la orden destaca Fray Atanasio López (1876-1944), autor de varias publicaciones relativas al viaje de Francisco, que en 1914 recogió los datos narrativos de esta tradición franciscana que se hallaban diluidos y confundidos en las fuentes: la Vita Prima de Celano de 1228, el Tratado de los milagros de los años 1250- 1253, la Legenda maior de San Buenaventura… y tras la revisión de estas fuentes acreditadas originales que dan testimonio directo de la presencia de Francisco en España, afirma que “estos testimonios del siglo XIII prueban… históricamente el hecho de la venida de San Francisco a España” y que «la visita de san Francisco a Compostela no puede negarse». Sitúa el viaje después de mediados del año 1213, y su retorno a Italia antes del mes de noviembre de 1215, en que asistió al Concilio Lateranense, situando la fecha de la fundación compostelana entre los meses de mayo-octubre de 1214. Más explícitamente aparece la intención de la peregrinación jacobea en el Proceso de canonización de Santa Clara en que la testigo Madonna Bona de Guelfuccio de Asís, compañera de infancia de la Santa, declara que “Madonna Clara le había encargado que visitase la Iglesia de Santiago”. Las fuentes del siglo XIV como los Actus Beati Francisci, las Florecillas o Fiorettí, en la primera mitad del siglo XIV y la Crónica de los XXIV Generales (c. 1370) y otras narraciones, apuntan ecos históricos comprensibles pero indeterminados, que aluden al paso de Francisco por territorio español. Las crónicas mas objetivas proponen la entrada en España por el camino francés, entrando por Navarra y recorriendo las tierras de la Rioja y Castilla la Vieja para llegar a Santiago, haciendo el recorrido en un año, y retornando a Italia saliendo de la península por Cataluña, pero ignoran el itinerario y dudan de la cantidad de sucesos y tradiciones que se acumulan en torno a la persona de Francisco en la Península en ese margen de tiempo, aceptando que probablemente muchas de esas tradiciones surgen posteriormente en la difusión franciscana sin que muchas de ellas hubieran sido protagonizadas por el santo.

          Que en Compostela se instituyera el primer convento de la orden franciscana, la cesión de los terrenos por los monjes benedictinos de san Paio de Antealtares o de san Martín Pinario, y el protagonismo de Cotolay en la edificación del templo, dan fundamento de valor histórico. Aunque arraigó la tradición de su condición de carbonero, López Ferreiro publicó en 1888 en el Archivo de la catedral de Santiago, el Testamento de D. Cotolaya, fechado el 12 de julio de 1195, en el que menciona una importante serie de propiedades y bienes. El profesor García Oro es quien percibe que esta familia Cotolaya es la que se relaciona con la fundación del convento franciscano de Santiago. En 1225 un documento de venta menciona a Fernán Pérez de Cotolaya, y los miembros de esta familia siempre aparecen como gentes adineradas y burguesas, que pudieron apoyar con generosidad la implantación del convento compostelano, al que el monasterio de san Martín Pinario podría haberle cedido alguna de sus propiedades. La pertenencia a la burguesía compostelana y su posible apoyo a los franciscanos justificarían su entierro en el sepulcro actualmente situado en la portería del convento, que fue el lugar en el que se levantó la primitiva iglesia conventual.

          La ubicación del convento en lugar próximo a la catedral aunque extramuros a ella, se entiende bien al conocer documentalmente que en ese terreno estaba el Valdedeus o Vallis Dei, poblada desde el siglo XII, donde había casas que el monasterio compostelano de San Martín aforaba a particulares y que en la Baja Edad Media llegó a ser un espacio poblado por gentes notables con servidumbre, tienden a concentrarse en este espacio los artesanos compostelanos, sobre todo los poderosos burgueses de la obra catedralicia que junto con el cabildo compostelano contribuyeron sin duda ya antes de 1261 a consolidar la fundación. Es pues muy posible que el monasterio de San Martín Pinario hubiera hecho la cesión benéfica justamente en los tiempos que Francisco decide iniciar la construcción de la primera fundación franciscana en España y la difusión de la Orden en el mundo. La cronología y la identidad de Cotolay y de la constitución de fundación que solo el fundador de la orden podía iniciar, dan a la tradición una base histórica muy sólida que luego la tradición idealiza y distorsiona.

 

Fuentes Consultadas
1.- Las Florecillas de San Francisco. Siglo XIV
2.- Celano: Vida primera de San Francisco. Siglo XIII
3.- Ramón Segade. Cotolay. Imprenta de F. Maroto e Hijos. Madrid 1879
4.- Atanasio López Fernández. Viaje de San Francisco a España, 1914.
5.- José García Oro. Francisco de Asís en Compostela. Aspectos de una tradición franciscana. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 57, Nº. 3-4, 2012, págs. 143-154
6.- Ramón Yzquierdo Perrín. Universidad de La Coruña. Iconografías de san Francisco de Asís en Santiago: tradiciones, leyendas y textos. SÉMATA, Ciencias Sociais e Humanidades, 2014, vol. 26: 547-582
7.- Fray Ignacio Omaechevarría, Cronología de la vida de San Francisco de Asís. http://www.franciscanos.org/sfa/omaechevarria.htm
8.- Jesús Mª Caamaño Martínez. La Primitiva Iglesia de San Francisco de Santiago de Compostela. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología: BSAA, Tomo 23, 1957, págs. 91-95
9.- José Luis Hernando Garrido. Los Franciscanos en los viejos reinos de Castilla y León: de la pobreza espontánea a la promoción nobiliaria. Estudio e investigación, Nº. 31, 2016, págs. 157-195.
10.- FRANCISCO Y ESPAÑA – Amici di Santiago https://amicidisantiago.it/biblioteca/libri/Francisco_y_Espana.pdf

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39- Rememorando a Hermógenes.

          Es Hermógenes un personaje de la leyenda jacobea poco conocido, valorado como ficticio pero al que no le faltan ciertas  connotaciones históricas. La narración, como ocurre siempre en los relatos antiguos, está recreada inventivamente para rellenar el vacío sobre la figura del Apóstol Santiago y construir en torno a él una tradición que justifique su muerte y su legado. Lo que se construyó ingenuamente como un marco para dar consistencia argumental y contenido sobrenatural, hoy es valorado, por la ley del todo o nada, como un relato falso del que nada puede extraerse. Es uno de las sentencias comunes de la visión materialista de hoy, incapaz de interpretar nada que no sea medible, objetivable y tangible. Planteamientos más abiertos logran perspectivas mas sugerentes sobre el escenario en que desarrolla el relato, más allá de reducir todo a una valoración de su existencia real o irreal.

          Se menciona Hermógenes como mago, que en la Palestina antigua se entendía como un líder religioso que acaparaba atención y seguimiento de una parte de la población. Se deduce sin esfuerzo que hay una dialéctica con el movimiento que lideran los apóstoles, con los que entra en contacto generándose a partir de entonces una relación de encuentro-desencuentro que finalmente conduce a la conversión. Hermógenes no aparece en la primera referencia de Clemente de Alejandría recogida en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, sobre la pasión y muerte del apóstol Santiago o “Passio modica o minor”, donde se narra la capacidad de conversión de Santiago incluso justo antes de ser decapitado, que hasta quien le denunció se arrepintió y se convirtió, lo que le valió también el martirio.

          El relato que se difunde en Occidente es la “Pasión Magna” recogida en el Codex Calistino (XII) y Leyenda áurea de Jacobo de la Vorágine (XIII), pero con precedentes reconocibles en el norte de Italia en el siglo V difundida en Francia, España y otros países, en los martirologios. Refieren los textos que nutren la Pasión Magna que Santiago, al retornar de su evangelización por tierras hispanas, recorría Judea y Samaria, entrando en las sinagogas enseñando las profecías cumplidas en Jesucristo. Cuenta que el fervor y la sinceridad de sus palabras hacía que los que solían concurrir a la sinagoga creyeran en Jesucristo por mediación de Santiago. Por la fuerza de su palabra y la seducción de su comportamiento y trato, destruía los argumentos de sus adversarios, en una lucha dialéctica contra el mago y los judíos, en el afán de que Santiago no difunda, por Samaría y Judea, la figura de Cristo como Hijo de Dios. Primero el debate es con un intermediario, Fileto, al que convence y convierte, y luego directamente con un mago poderoso, Hermógenes, que lanza su maldición contra Santiago que, como boomerang, revierte contra el propio mago, y tras varios altercados, Santiago vence el poder de los diablos, entrega a Hermógenes el báculo su viaje a Hispania para que le protegiera de los demonios; el mago lo toma y se convierte a la fe del Apóstol y renuncia a sus artes y al judaísmo, quemando sus libros o arrojándolos al mar, según la fuente, y se hace uno de los discípulos mas destacados del Apóstol.

        Esta deriva irrita a los judíos, que proyectan con soborno la detención de Santiago, quien pronuncia un sermón antijudío ante el pontífice Abiatar que desata su condena a través de Herodes que buscaba congraciarse con los judíos. Su delator, Josías, al ver que en tan terrible momento es capaz de sanar a un paralítico que lo invoca, pide el perdón y se convierte mientras le conducen a su ejecución, y Santiago como última gracia pide agua para bautizarlo. Los dos correrán la suerte de la decapitación. Esta Pasión Jacobea es incluida en la colección de Pasiones de Abdías, (Libro IV del Pseudo-Abdías) parece que algún compilador del siglo VI en el mundo merovingio.

          La condición taumatúrgica de Santiago aparece también ponderada en las Iglesias copta y etíope, cuyos martirologios describen milagros como la curación del prefecto Teófilo, que termina convirtiéndose, así como muchas gentes como consecuencia de su predicación entre los judíos de las doce tribus.

          Versión importante es la armenia, que rinde culto al lugar de la decapitación del Apóstol Santiago en el Templo Armenio de Santiago Alfeo de Jerusalén, y que recoge la tradición de Santiago en manuscritos que citan su viaje a Hispania, sin mucho éxito evangelizador, y su retorno a Jerusalén tiene el debate entre otros con Hermógenes, y su condena, seguida de un traslado milagroso y la curación milagrosa de un ciego, que genera un culto armenio al “dios decapitado”, error que será corregido por el mismo San Pablo, que también había visitado España.

          El episodio de Hermógenes sirve, por tanto, para dar sentido argumental a la muerte de Santiago en las escrituras de la que solo hacen una breve mención: “Por aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos de la iglesia. Ordenó matar a filo de espada a Santiago, el hermano de Juan; y como vio que esto había agradado a los judíos, hizo arrestar también a Pedro”. Herodes Agripa I, recién restituido en el cargo de rector máximo de los judíos por el emperador Claudio, buscaba congraciarse con su pueblo, y aleccionado por el sanedrín decide acabar con dos de los más representativos líderes del cristianismo que andaban evangelizando al pueblo chocando frontalmente con la tradición judía. Hermógenes es una herramienta para justificar que Santiago es ajusticiado con premura y Pedro detenido para luego sentenciarlo a muerte de modo ejemplar, para acabar con el cristianismo y ganar la confianza del sanedrín y de los judío.

          La comprensión del Mago Hermógenes, como personaje coherente con las escrituras, se asume mejor al considerar otra mago como Simón el mago, mencionado en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 8: 9-24), donde se cuenta que practicaba la hechicería y asombraba a la gente deslumbrándolos con sus artes mágicas, sin embargo acabó creyendo y bautizándose al conocer la predicación de los apóstoles y sus milagros, aunque acabó queriendo comerciar con los poderes apostólicos. Este Simón fue un líder religioso samaritano mencionado no solo en los Hechos de los Apóstoles, sino también en obras de Justino Mártir, Ireneo de Lyon e Hipólito, así como en los Hechos apócrifos de Pedro y en la llamada “literatura pseudo-clementina” sobre los orígenes del cristianismo, y los que tienen como elemento sustancial los debates mantenidos por Pedro y Simón el Mago. También de él se narran leyendas fantasiosas que no deben impedir comprender que detrás había un escenario histórico, y que el propio personaje fue un protagonista histórico distorsionado por la magnificación de los relatos antiguos.

          Son datos que revelan un substrato de historicidad del personaje, extrapolables a Hermógenes. Se busca reconstruir una dialéctica entre Hermógenes y Santiago como los existentes entre Simón Pedro y Simón el Mago, lo que conlleva un escenario de historicidad genérica que no debemos obviar. Santiago se encontró con una resistencia del sanedrín y de la tradición judía, que acabó sentenciándole por traición al judaísmo, castigado por la inflexible tradición judía, según algunas fuentes, con pena de muerte sin enterramiento y arrojo del cuerpo a la Geena de Jerusalén, en la cañada o barranco de Hinón, donde eran arrojados los ajusticiados de entonces.

          Dentro de lo extraordinario de estos relatos, es claramente reconocible un destacado papel evangelizador de Santiago, y es cronológicamente compatible que predicara primero en Palestina y luego hiciera un viaje a un país lejano, con referencias de que pudo ser a Hispania, como se recoge en testimonios muy antiguos (Breviarium Apostolorum, Isidoro de Sevilla, Aldhelmo del Malmesbury, Beda el Venerable, Beato de Liebana) y encuentran respaldo en la tradición armenia.

          En este contexto tan difícil de concretar de modo feaciente, la historicidad de Hermógenes y Fileto es reconocible en la cita de estos nombre que San Pablo hace en su 2ª epístola a Timoteo (1,15), y alguna tradición identifica a Hermógenes como el mártir San Hermógenes celebrado el 19 de Abril junto a otros mártires ajusticiados en el mismo proceso, en Metilene de Armenia, como se recoge el martirologio romano, pero se desconoce realmente su origen y su identificación cronológica es confusa. Creo que esta revisión permite aceptar que Hermógenes y Fileto sean personajes reales, inicialmente contrarios al naciente cristianismo desde su raíz judía, como lo fue el propio Pablo, pero que, también como Pablo, se convierten y quizás también de algún modo excepcional relacionado con Santiago.

Fuentes Consultadas.

1 Moralejo, A/ Torres, C/ Feo, J. Liber Sancti Jacobi “Codex Calixtinus. Xunta dde Galicia. Traduccióm 1951. Libro I, Cap IX, pp. 122-133

2 Jacobo de la Vorágine. Leyenda Dorada. ALIANZA ED. Volumen 1, pp. 396-415

3 Victoria Armesto. Galicia Feudal. Galaxia 1969. pp. 52-53

4 Xosé Ramón Mariño Ferro. Leyendas y milagros del Camino de Santiago. El Lago Ediciones Castellón 2010, pp 30

5 José Luis Hernando Garrido Sobre minorías hebreas y mudéjares: mentalidades, arte y folklore en la Castilla bajomedieval y moderna. Biblioteca: estudio e investigación, Nº. 27, 2012, págs. 156-158

6 Gonzalo del Cerro. Vida del Apóstol Santiago el Mayor según sus Hechos Apócrifos. Septiembre 2012. https://www.tendencias21.net/crist/Vida-del-Apostol-Santiago-el-Mayor-segun-sus-Hechos-Apocrifos_a1233.html

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23- Un pueblo llamado Zumaia

          El 31 de Mayo de 2019 nos visitaron a la Jornada Santiagueña Matritense de la Cofradía de Santiago de Madrid, Teresa y Antxón, padres de Bolitx, para darnos la ponencia “El Gran Caminante, desde el Hogar hasta el Final de la Tierra”, legado literario de Antxon González Gabarain “Bolitx”. Antxon y Teresa son gente cercana y entrañable que nos hablaron con amor de la obra de Bolitx, enamorado del Camino de Santiago sobre el que su deseo más vivo era, al modo medieval, peregrinar saliendo desde su casa para llegar hasta Finisterre. A poco de culminar su anhelo fue diagnosticado de ELA, y comenzó entonces a escribir el libro “El Gran Caminante” una obra de envergadura que terminó admirablemente gracias a la técnica digital para escribir con los ojos pues la enfermedad había paralizado sus extremidades.

          Antón padre nos cuenta como lo anunció Bolitx: “Voy a escribir un libro… y va a ser bueno“. La obra vio la luz de manera póstuma un año después de su fallecimiento gracias a que la Familia se decide por auto-editar el libro, con el resultado de un éxito editorial que hoy se ha convertido en una referencia de primer orden en la literatura de peregrinación, y un legado que permanece vivo entre los peregrinos.

          En esta ocasión quiero traer en calidad de préstamo un relato del propio Bolitx, que no pertenece a “El Gran Caminante”, sino a una colección de relatos, y en concreto este, con el título “Un pueblo llamado Zumaia”, que rebosa amor por su tierra y por el Camino de Santiago, y que dedicó a Tere.

Un pueblo llamado Zumaia.

          La “señorita” me ha dicho que haga una redacción hablando de mi pueblo, que es camino a Santiago. Me da un poco de vergüenza porque algunos sois de ciudades muy muy grandes e importantes: Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz, Bilbao, Santander, Murcia… y otros sois de ciudades con mucha historia del camino, como Astorga, Pamplona, Burgos…y mi pueblo es pequeñito y no muy famoso, pero tiene algunas cositas que seguro que os gustan. Además ella dice que las cosas pequeñas también son importantes.

          Se llama Zumaia, tiene mar y dos ríos, uno es el Urola y el otro Narrondo, y tienen muchos peces, y también tienen angulas, que son como unas culebritas pequeñas y transparentes que vienen del mar todas juntas en invierno… no os lo creeréis, pero están muy ricas y se cogen con unas raquetas gigantes. Detrás de las angulas entran las lubinas, para comérselas, y nosotros aprovechamos y las pescamos con caña. Y nos comemos las dos, las angulas y las lubinas.

          También tiene dos playas, ¿y sabeis como se llama una? Pues se llama la playa de Santiago, que casualidad ¿a que si? aunque yo prefiero la otra, porque tiene más olas y es más divertida, además dicen que es de las más yodadas del mundo… esto no sé lo que es pero dicen que es muy bueno para las personas mayores con reuma y artrosis, mi abuela un año se bañó nueve días seguidos en octubre y desde entonces nunca más ha tenido gripe. … Ah! y se me olvidaba la marisma… que hay una marisma y allí sí que hay pájaros… hay cormoranes, gaviotas, patos, chorlitos (me hace gracia que le llamen chorlito a un pájaro), archibebes, patirojos, martines pescadores, y hasta alguna águila pescadora, que es como la real pero más pequeña … y no vuela tan rápido.

          En Zumaia hay de todo, tiene museos, casco antiguo, polideportivo, piscina, talasoterapia, parques con columpios, un castillo, puerto, hoteles, frontón, paseo marítimo, también dicen que hay un puticlub, que yo no sé lo que es, pero mi madre dice que no tengo que entrar nunca allí.

          En arte la Parroquia de San Pedro… en ella destaca su bóveda de crucería, típica del gótico final y el ábside poligonal, cubierto por medio de una bóveda estrellada de principios del XVI.

          Mi “seño” me ha dicho que Zumaia surgió en torno al monasterio de Santa María, que en el año 1292 babia sido donado mediante un privilegio por el rey de Castilla Don Sancho IV al convento de Roncesvalles. Y eso quiere decir, que Zumaia en un tiempo fue de Roncesvalles… pero esto no puede ser, si Zumaia y Roncesvalles se encuentran muy lejos uno del otro, además Roncesvalles sí que es pequeñito, por lo menos veinte veces más pequeño, yo pienso que la “seño” se ha confundido, y que es Roncesvalles la que era de Zumaia.

          En aquel tiempo los zumaianos sufrían los ataques de los piratas que venían del mar, pero se metían en la parroquia-fortaleza y desde arriba les echaban agua hirviendo para defenderse.

        Jurídicamente la localidad nació en 1341, año en que el rey Alfonso XI confirmó a sus fundadores la Carta Puebla de “Villa de Villagrana de Zumaya”, a la que se le concedió el fuero de Donostia. Ya os habréis dado cuenta que esto se lo he copiado al empollón de la clase, porque yo no tengo ni idea lo que quiere decir.

          ¿A que no sabíais que cuando el tatarabuelo de mi abuelo era pequeño los zumaianos pescaban ballenas? Pues sí, ahora no hay, pero antes sí que había e iban remando a por ellas cuando el vigía avisaba… y luego las pescaban con arpones, remaban lo más rápido que podían para llegar antes que los vecinos de Guetaria y Orio. Por eso ahora se hacen las regatas de traineras, es una de las tradiciones de Zumaia, y de otros pueblos.

          En Zumaia las mejores fiestas son los San Telmos, y todos se visten de arrantzales, mi abuelo se ríe de ellos porque dice que no saben hacer ni el nudo de un anzuelo y luego se visten de marineros, que es como el que se cuelga una vieira enorme para parecer peregrino, para que me entendáis. Ahora en Zumaia hay muy pocos pescadores… yo aunque sea, si sé hacer el nudo de un anzuelo… y mi vieira es pequeña. Los platos típicos son la sopa de pulpo y las lapas en salsa verde. “Lapas de enero, mejor que el mero y el cordero” dicen con orgullo.

          ¿Queréis que os cuente más cosas o ya os habéis aburrido?

          A que no sabéis en que más pueblos se celebra San Telmo… jeje, yo si… pues en Fromista… y en Tui, que es donde está la tumba de este santo. Los tres pueblos están hermanados… Y no sé si os habéis dado cuenta que los tres son camino a Santiago.

          Fromista es camino francés, Tui es camino porfugués … y Zumaia es camino del norte!!! Que casualidad, ¿a que si?

        O sea que pudiera darse el caso de que tres peregrinos que salen cada uno de su pueblo por estas tres rutas diferentes se encontraran en Santiago. A que si coincidiesen sería un milagro y lo celebrarían ¿no?.. . Pues el empollón dice que no, porque unos dirían que el milagro sería gracias a Santiago y el otro que gracias a San Telmo… y terminarían enfadados, los mayores siempre se enfadan por esas tonterías.

          Zumaia tiene más cosas que no he contado porque no me da tiempo, pero le falta una… ¿Sabéis que es lo que le falta?… Pues le falta un albergue de peregrinos.

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47- Códice la Pretiosa de Roncesvalles-Orreaga

          La Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles (Navarra) y su antiguo hospital de peregrinos, ámbito de épicos acontecimientos históricos y heroicas resonancias carolingias, es uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago, pues a él llegaban muchos peregrinos de Europa cristiana tras superar la mítica y exigente travesía de la cordillera pirenaica en el trayecto fronterizo entre tierras francesas y españolas, desde las que se empiezan a divisar las primeras imágenes del monasterio navarro.

          En el conjunto arquitectónico que forma la Colegiata, sobresale la iglesia de Santa María, construida a finales del siglo XII y principios del XIII, en estilo gótico francés, con planta de tres naves y cabecera pentagonal iluminada por ventanales góticos decorados con vidrieras, y cuyo altar mayor está presidido por la imagen de Santa María de Roncesvalles, del siglo XIV, la Señora del Pirineo, una talla de madera de cedro, revestida enteramente de plata y adornos dorados, a excepción de las manos y de los rostros, sedente y sosteniendo al Niño con la mano izquierda. Realizada en Toulouse a mediados del S.XIV, es una magnífica talla gótica en que las posturas que adoptan la Virgen y del Niño introducen novedades, ya que desaparecen los esquemas simétricos y rígidos tan arraigados en las esculturas anteriores. La Virgen gira con suavidad la cabeza, abre y flexiona con naturalidad las piernas y cruza su mirada con la del Niño, el cual acaricia su pecho en actitud dinámica, logrando un conjunto de gran belleza. Despierta gran devoción entre los peregrinos de la Ruta Jacobea y entre los habitantes de la montaña navarra, venerada cada año por miles de creyentes en romerías que se suceden con la llegada de la primavera. La talla es tan hermosa y atractiva que merece el apelativo de “Preciosa” más que el códice que ahora analizaremos.

          Y es que este complejo monástico conserva y expone en su museo una pieza bibliográfica valiosa, el códice conocido como “La Preciosa”, manuscrito de comienzos siglo XIII para unos o del primer tercio del siglo XIV para otros, que recoge el ceremonial litúrgico que los canónigos practicaban al terminar el oficio de Prima en el capítulo general de la Orden de Roncesvalles durante la octava de Todos los Santos. Su nombre más apropiado es el de “La Pretiosa” por cuanto las primeras palabras que entonaba el salmista eran “Pretiosa in conspectu Domini” (Preciosa a la vista de Dios), a lo que respondía el coro “Mors sanctorum eius” (La Muerte de sus Santos), a lo que seguía una procesión del cabildo por el claustro del templo.

          El manuscrito no es uniforme ni en su composición ni en su contenido, y participaron en su redacción tres manos, lo que se traduce en tres estilos paleográficos. Se conforma por la suma de cuadernillos cosidos con hilo de cáñamo y ornamentado con pluma y pincel pintando grandes iniciales mayúsculas de distinto estilo según cada una de las tres manos ejecutoras, lo que puede explicar que el códice haya sido redactado en distintos momentos cronológicos hasta su conformación y encuadernación final.

          El contenido de este códice es muy variado, y cumplía la doble función de libro de coro y cartulario. Como libro de coro contenía los textos y fórmulas de las ceremonias litúrgicas de la colegiata. Como Cartulario contenía los documentos relativos a la fundación, los privilegios y los derechos legales del establecimiento eclesiástico.

          Se compone de distintos elementos: Relación de aniversarios en el orden del calendario romano, Martirologio, Poema histórico sobre Roncesvalles, Aniversarios de canónigos y protectores, Regla de San Agustín, Pasajes y lecciones evangélicas, Responso y oración en la imposición de hábito y otras oraciones, documento fundacional del hospital de Roncesvalles, formulario de profesión religiosa y de ingreso en la Orden de Roncesvalles, Obituario y ceremonial funerario.

          Fuera de la obra la original, este códice no fue recogido formalmente en la historiografía europea hasta el Siglo XIX, y hasta entonces no eran extrañas la referencias a él no por conocimiento directo del manuscrito sino por referencias epistolares, siendo sus elementos más conocidos y difundidos el Documento Fundacional y el poema de alabanza a su hospital.

          El poema contiene 42 estrofas goliárdicas (cuatro versos tridecasílabos que riman entre si, con ritmo trocaico y cesura después de la séptima sílaba), es decir un total de 168 versos sin figurar ni el título ni el nombre del autor, escritos en tiempo de Sancho el Fuerte y del Prior Martín Guerra que ejerció el cargo entre 1199 y 1215. Su primer editor fue el padre Fidel Fita, que publicó el documento fundacional del hospital y el poema histórico en Roncesvalles, poema histórico del siglo XIII, Boletín de la Academia de la Historia, 1883, con el título de Carmen in laudem Rosciuallidis, atribuyéndolo a don Rodrigo Ximénez de Rada (1170-1247), nacido en Navarra, Arzobispo de Toledo, Primado de España, y capitán de las fuerzas cristianas en la batalla de Las Navas de Tolosa, de quien dijo que fue un poeta, erudito en los fastos de Roncesvalles, poseedor de la Ciencia Sagrada, ingenio claro y talento sólido, corazón bello e inflamado de tiernísima caridad.

          Poco después, en 1889, el estudioso de Roncesvalles abate V. Dubarat tuvo entre sus manos el códice y nos da de él la descripción más completa hasta la fecha, en su artículo Ronceveaux, charte de fondation , poème du Moyen Âge, règle de Saint Augustin, obituaire “Buletin de la Societé des Lettres et Arts de Pau” 1888-1889.

          Ya en el siglo XX es nuevamente editado entre otros autores por J. Ibarra en 1935 en su Historia de Roncesvalles, Menéndez Pelayo en 1944 en su Antología de poetas líricos castellanos, Vazquez de Parga, Lacarra y Uría en 1948 en Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, y A. Martínez Alegría en 1973 en su obra Roncesvalles.

          Su contenido recoge datos históricos del documento fundacional y los privilegios otorgado por Sancho VII de Navarra, conocido como el Fuerte. Comienza con datos históricos fundacionales por el obispo Sancho de Larrosa con la colaboración del rey de Aragón, la fecha de su edificación, y los motivos que llevaron a elegir como emplazamiento un lugar lejano y solitario, de duras condiciones climáticas y por el que pasa el Camino de Santiago, recogiendo a muchos peregrinos que atravesaban los Pirineos por los puertos de Cize. Se relata con detalle el buen trato que se daba a los peregrinos y enfermos, sobre los que se practicaban las obras de misericordia: lavar los pies, afeitarles la barba, lavarles la cabeza y cortarles el pelo, reparar el calzado, ofrecer pan, recoger y educar a los huérfanos y atender a los enfermos. De esta atención se ocupaban mujeres honestas y piadosas. Describe las dos enfermerías del que hospital, una de hombres y otra de mujeres, ambas bien iluminadas con lámparas, con buenos lechos mullidos y bien preparados. Había baños para los internos y los acompañantes podían quedarse hasta la curación del enfermo. En caso de muerte se le sepultaba en el cementerio, de acuerdo con las prescripciones de las leyes humanas y divinas, y se encomendaba su alma a Dios. En sus últimas estrofas cita el nombre del prior contemporáneo, “Martinus”, identificado como Martín Guerra que rigió el monasterio entre 1203 y 1216, que sirve para acotar como fecha de redacción más plausible la fecha de inicios del siglo XIII.

          Su fragmento más popular es la estrofa nº 15, de los versos 57 al 60, que se citan hoy con cierta frecuencia como exponente actual de la filosofía abierta del Camino de Santiago. La propuesta es hermosa, desde luego, pero sería equivocado olvidar cual es el origen del poema y la época en que se acuña, porque quien abre las puertas al peregrino sin pedirle cuentas es una entidad religiosa medieval y cristiana, entonces las únicas entidades que ofrecían asistencia altruista a los peregrinos, poniendo en práctica las obras de misericordia en modo desinteresado. Aunque han pasado muchos siglos, este fragmento constituye la esencia de la acogida y hospitalidad al peregrino, un pilar básico de la hospitalidad jacobea tradicional.

Porta patet omnibus, infirmis et sanis,
Non solum catholicis, uerum et paganis,
ludeis, hereticis, ociosis, uanis,
Et, ut dicam breuiter, bonis et profanis.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos
no solo a católicos sino aún a paganos,
judios, herejes, ociosos y vanos;
y mas brevemente, a buenos profanos.

          Una versión traducida del poema integro que merece la pena conocer es la del pamplonés José María Iraburu Mathieu (1899-1983), abogado, poeta, escritor, investigador y buen conocedor de vida pirenaica, que a menudo escribía tras el seudónimo “Luzaide” por amor a la tierra de su madre “Luzaide-Valcarlos”. Es autor de artículos sobre el Camino de Santiago, unos de investigación y otros literarios; y es autor de relatos, poemas y comentarios históricos sobre Roncesvalles, cuyo papel y patrimonio conoce muy bien como miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Nadie mejor que él para abrir a nuestro tiempo el contenido íntegro del poema sobre el hospital de Roncesvalles que titula “Alabanzas al Instituto de Caridad de Roncesvalles”. Manteniendo la rima poética nos presenta una traducción del latín que permite comprender el significado y la filosofía del poema medieval latino.

Alabanzas al Instituto de Caridad de Roncesvalles.

Casa venerable y casa gloriosa
Mansión admirable, mansión fructuosa,
Que en los Pirineos florece cual rosa
A todos abierta y a todos graciosa.

Yo sus beneficios deseo contar
Porque todos puedan conocer y amar
La que de mil modos se puede alabar
Pues su gloria es fuente de eterno mamar.

En mis alabanzas cierto es cuanto digo,
De tantas bondades no falta testigo;
Quien la verdad huye y al error da abrigo
Del cielo y la tierra se toma enemigo.

Llámase esta noble casa hospitalaria
La de Roncesvalles. En virtudes varia,
Para el bien propicia, para el mal contraria,
Y que Dios protege por lo necesaria.

Que el omnipotente solícito cuida
De otorgar los dones que la fe la pida
Derrama sus gracias. procura comida,
Y reserva premio para la otra vida.

El Obispo Sancho fue su fundador,
Consagró a la obra su celo y su amor,
Todo a mayor gloria y a mayor honor,
De María, Madre de Nuestro Señor.

El Obispo Sancho lo era pamplonés
Y al pie de los montes Pirineos es
La Casa que él hizo; dotada después,
Por el buen Alfonso, rey aragonés.

Viendo era piadoso a la consagración
Quiso ser partícipe de su fundación,
Y fue con gran largueza, con gran devoción,
El ínclito Alfonso, rey de Aragón.

Después de la Era, el ano mil ciento
Y deben contarse setenta de aumento,
Al nuevo Hospital se dio fundamento,
Porque halle el viajero cobijo y sustento.

Sobre los rigores del tiempo invernal,
El hielo es perpetuo, las nieves igual,
El cielo brumoso y el viento glacial,
Tan sólo es tranquila la casa Hospital.

La tierra es estéril, y por tal destino,
Carecen las gentes de pan y de vino,
De sidra y de aceite, de lana y de lino,
A todos provee por amor divino.

Pero es soportable su esterilidad,
Y hasta del invierno la dura crueldad,
habiendo una fuente de tal caridad
Que aleja de todos la necesidad.

Un camino existe en su cercanía,
Que es la más famosa, frecuentada vía,
Los que van a Roma la tienen por guía,
Y los que a Santiago, por su travesía.

Aunque es en el monte donde está el santuario,
Muchos peregrinos se acogen a diario,
Males y fatigas que él hospitalario
Consuela y remedia con lo necesario.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos,
Así a los católicos como a los paganos,
Judíos, herejes, ociosos y vanos.
Y a todos recibe como a sus hermanos.

Practicar virtudes de continuo veo,
Como entre los infieles, no hay un fariseo
Tranquilos aguardan; y a lo que yo creo
El día del juicio no habrá ningún reo.

Gran fama trasciende a su alrededor
La casa; y loado es su director,
Los ángeles gozan con este clamor,
Los demonios rugen de estéril rencor.

A cuantos mendigos aquí van llegados
Con caridad suma los pies son lavados,
Las barbas rapadas, cabellos cortados,
Y sin indecibles los demás cuidados.

Si a pobres descalzos allí contemplaras
Calzarse de cuero, a Dios alabaras,
De esta noble Casa las virtudes claras
Con todas las fuerzas de tu pecho amaras.

Hay uno en la puerta que entrega raciones
De pan al viajero. Sus obligaciones
A esto se reducen, y a las oraciones,
Porque Dios conceda muchas bendiciones.

Al que ha recibido la Casa bendita
Nunca le es negado lo que solicita,
Y aquellos remedios que den a su cuita
Es Dios y no el hombre quien los facilita.

Huérfanos acoge con materno amor,
Y a todos enseña del modo mejor,
A llenar la vida de honrada labor,
Sin usar de medios que causan rubor.

Enfermos atiende con sumo cuidado
Generosamente, siempre les ha dado,
En frutos campestres lo más delicado,
Mucho en este escrito quedará olvidado.

También hay mujeres; bondad y belleza,
En vida, costumbres, de mucha limpieza,
Cuidan los enfermos con delicadeza
Caridad solícita, acierto y presteza.

Hombres y mujeres dos distintas masas
Forman, y así ocupan separadas casas.
Como aquí los bienes no conocen tasas
Las satisfacciones nunca son escasas.

Existe una estancia bien abastecida
De almendras, granadas y fruta escogida;
Cuanta extraña clase sea conocida
De lejanas tierras ha sido traída.

De día disfrutan de la luz divina,
Y hay luces de noche, cual la matutina.
Del altar de medio, santa Catalina,
Se venera siempre con santa Marina.

Todos los enfermos duermen aquí sobre
blando y limpio lecho. Nunca sale un pobre
De no ser su propia voluntad la que obre
O hasta que del todo la salud recobre.

Las habitaciones que se les depara
Suelen estar limpias como el agua clara;
Y también un baño se arregla y prepara,
Por si algún viajero lo solicitara.

Sin ver del enfermo clase ni linaje
Hasta que repuesto prosiga su viaje,
Sus deudos y amigos hallan hospedaje,
Y el Prior ordena se les agasaje.

Si alguno fallece tendrá sepultura
Cual manda las leyes y está en la Escritura
Hay una basílica, en donde segura
Hallará descanso la humana envoltura.

Como dicho templo se halla destinado
A recibir muertos, carnario es llamado,
Que legiones de ángeles lo hayan visitado,
Por dichos de muchos resulta probado.

En medio del templo hay un oratorio,
Y por los que sufren en el Purgatorio,
Celebran el santo y expiatorio
Misterio, tan grato como meritorio.

Los que a Compostela marchan con fervor,
Llevan sus ofrendas en prueba de amor,
Viendo la basílica su traza y labor
Doblan la rodilla y cantan al Señor.

El templo presenta la forma cuadrada,
Arriba la bóveda está redondeada,
Se ve en su pináculo la enseña sagrada
Que a nuestro enemigo vence y anonada.

Lo hizo el rey navarro, de grande bondad,
Dándole en sueldos con regia piedad,
Diez mil cuatrocientos. De esta cantidad
Los réditos goza a perpetuidad.

Su madre era hija del Emperador,
Su padre fue Sancho el Batallador,
Rey sapiente y justo, del bien servidor,
Y del enemigo fiero ahuyentador.

En la Santa Casa freires y sorores
De los beneficios son dispensadores,
Renuncian al mundo, desprecian honores,
En cuanto a costumbres no los hay mejores.

El pastor de todos llámase Martino
Protector que sombra presta al peregrino,
Y así es comparable con un alto pino
Cuya savia fuera el amor divino.

Por él la limosna se otorga cumplida
Y sus propios bienes cede sin medida,
Sabe que la gloria sólo es merecida,
Por los sufrimientos que hay en esta vida.

El Señor del cielo la hacienda le ha dado
Para que use de ella como es mandado,
A rendirle cuentas quedará obligado;
Siendo ellas cabales, él será premiado.

Noto que en mi rima no estarán presentes
Otros beneficios y frecuentes,
Pero de he finarla antes que impacientes
Y cansados vea, mis caros oyentes.

Fuentes Consultadas
1.- Fidel Fita Colomé. Roncesvalles. Poema histórico del siglo XIII Madrid, 21 Diciembre 1883 http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/roncesvalles-poema-histrico-del-siglo-xiii-0/html/0099d462-82b2-11df-acc7-002185ce6064_7.html#I_0_

2.- V. Dubarat. Ronceveaux, charte de fondation , poème du Moyen Âge, règle de Saint Augustin, obituaire “Buletin de la Societé des Lettres et Arts de Pau” 1888-1889. T. XVIII, pp 277-351. http://www.xacobeo.fr/ZF2.01.pel.Dubarat.poeme.htm

3.- Vazquez de Parga, Lacarra y Uría en Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, tomo II, pp 56-59 y 66-70, Madrid 1948

4.- María Isabel Ostolaza Elizondo “El códice La Pretiosa de la Real Colegiata de Roncesvalles”, Historia. Instituciones. Documentos, Nº 7, 1980, págs. 169-214

5.- Antoni Peris Juan, El Ritmo de Roncesvalles: estudio y edición, Cuadernos de filología clásica: Estudios latinos, Nº 11, 1996, págs. 171-209

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38- Gelmírez, primera conciencia naval hispánica

          Diego Gelmírez, prelado compostelano entre 1100 y 1140, fue una de las figuras más destacadas de la historia de Galicia y España medieval, el protagonista más influyente en el prestigio de Santiago de Compostela y máximo impulsor de la peregrinación jacobea por el Camino de Santiago. Bajo su mandato Compostela paso de ser Obispado dependiente de Braga, a Arzobispado dependiente de Roma, y sede metropolitana con jurisdicción canónica sobre Galicia, Asturias y León, alcanzando como nunca hasta entones un desarrollo y un prestigio en toda Europa.

        Fue hijo de Gelmirio, quien había adquirido su nobleza al servicio de la Iglesia compostelana bajo obispado de Diego Peláez, que le había nombrado alcaide gobernador de las Torres del Oeste, en Catoira, y de las tierras de Iria, Amaía y Postmarcos. Algunos consideran que pudo haber nacido en esta fortaleza. Pero Gelmirio poseía también propiedades en Santiago, de modo que es mas probable que en ella naciese su hijo Gelmírez, hacia el año 1068.

          Entre sus muchas aportaciones cabe citar la reanudación de las obras de la catedral románica y del inicio de otras obras y construcciones en su territorio, la consolidación de un cabildo docto y bien formado, reformando y ampliando la escuela catedralicia contratando figuras europeas de prestigio, e impulsando la formación de clérigos y canónigos jóvenes en las mejores universidades de Europa, así como promover la elaboración de obras literarias como la Historia Compostelana o el Liber Sancti Iacobi (Codex Calixtino).

          Una de sus singulares aportaciones fue el perfeccionamiento en las medidas de seguridad y defensa de las costas de la tierra de Iria, incesantemente amenazada por los ataques marítimos de piratas normandos y almorávides, como relata con detalle la Historia Compostelana. Y es que la cercanía al mar constituía entonces un verdadero riesgo de invasiones, saqueos, robos y raptos. Estos ataques a Galicia se veían favorecidos por su deficiente protección de la costa, y lejanía de los centros de poder, así como el desinterés y poca pericia defensiva. Estas incursiones marítimas, procedentes tanto del norte como del sur, se dirigían a las sedes episcopales gallegas, sobre todo la de Iria Flavia primero y luego la de Compostela, ambas en la ría de Arousa, la entrada natural a Santiago de Compostela, las llamadas tierras de Jacobsland por los vikingos y de San Yaqub por los sarracenos.

          Una opción, como hicieron otros líderes de señoríos y reinos, eran trasladar su sede a otro lugar apartado de la costa. No cabía esta solución en Santiago de Compostela, heredera de la inamovible ubicación de la tumba apostólica, sobre la que se estaba levantando una colosal catedral románica. Ya antes otros precursores de Gelmírez, como Sisnando o Cresconio, habían establecido su defensa en un diseño pasivo y estático basado en el levantamiento murallas circundantes, así como de fortalezas y castillos en lugares adyacentes estratégicos y la instalación de artilugios que cerraran el acceso del río Ulla.

          Gelmírez ideó una nueva estrategia al observar la osadía y facilidad con que actuaban los invasores que, tras el viaje de aproximación, se instalaban en las islas de la ría de Arousa, y allí descansaban y reparaban sus naves para atacar luego las poblaciones en ataques por sorpresa con saqueo y vandalismo, destruyendo por completo iglesias, demolían altares, incendiaban las villas y los palacios de los nobles, destruían bosques y ganado, y raptaban a hombres, mujeres, jóvenes, niños, que o hacían cautivos en busca de rescate, o esclavizaban o asesinaban si no obtenían ganancia con ellos.

          Gelmírez pensó entonces que una forma eficaz de combatirlos era adelantarse e impedir estos asentamientos, creando una flota de naves de guerra que les hiciese frente sin permitirles desembarcar. Ya ataques previos de piratas vikingos, normandos y musulmanes habían podido ser afrontados y contenidos por los propios marinos gallegos con sus naves de faenar, reforzadas para la ocasión con armas y soldados. Gelmírez pensó entonces que una fuerza naval más potente podría ser la solución para pacificar su territorio de cara estabilizar el tráfico comercial y prevenir y afrontar con solvencia los ataques de los piratas que periódicamente asolaban las costas gallegas. Con este nuevo concepto defensivo se genera una defensa activa, móvil y flexible mediante embarcaciones capaces de acudir a cualquier lugar de la costa, impedir la llegada de naves enemigas y evitar su desembarque, atacando a los invasores con sus propias armas y sin esperar a hacerles frente en tierra firme, además de la valioso labor de informar anticipadamente de la llegada de las fuerzas enemigas.

          Pero Gelmírez en principio no encontró a nadie capaz de encabezar esta iniciativa, ya que los constructores gallegos de naves solo eran capaces de fabricar pequeñas embarcaciones para pesca, comercio y desplazamientos fluviales o navegación de cabotaje en las costas gallegas, por lo que optó por enviar emisarios a Pisa y Génova, pues había fama de que había allí los mejores constructores de naves y expertos marinos. Con la promesa de grandes pagos y recompensas, persuadieron para que vinieran a Galicia el maestro genovés Ougerio, acompañado de operarios y carpinteros y pilotos de la ribera de Pisa, asumiendo la construcción de dos galeras, con una costosa inversión costeada por el obispo.

          La verdadera innovación de Gelmírez fue construir, en el año 1115, unos sólidos astilleros en Iria Flavia, que algunos autores entienden como ampliación de los preexistentes en época romana, cerca de la actual Padrón, convirtiéndolos en el verdadero puerto de Compostela el que hasta entonces era conocido como Porto y antes puerto del Apóstol.

          Sin descuidar la resistencia estática, Gelmírez refuerza la construcción que creara el obispo Cresconio, y que gobernó su padre, las Torres del Oeste (Catoira), con nuevas torres y refortalecimiento de sus murallas, adquiriendo un valor emblemático en la defensa territorial al convertirla en una fortaleza inexpugnable en donde edificar un puente, una capilla de nave única dedicada a Santiago y una gran torre dentro del mismo que se añadía a las seis torres ya existentes. Hoy se celebra en Catoira una romería vikinga que recuerdan las invasiones de los piratas nórdicos, aunque con valor más festivo y folclórica que de conmemoración histórica. Potencia también otras defensas costeras, como la torre y fortaleza de A Lanzada, la torre de San Sadurniño en Cambados, el castillo de Cedofeita en Pontevedra y el castillo de San Paio de Luto en Pontesampaio. Además existían en la costa una serie de puestos de vigía o avistamiento, desde las que se mandaban avisos por el empleo de espejos y hogueras, incluso campanas, mientras mandaban correos para alertar a las fortalezas y ciudades.

          Aunque no está documentado cómo eran estas galeras, hay algunas representaciones iconográficas de otras naves del siglo XII como en las Cantigas de Alfonso X el Sabio y de algunos códices bizantinos, de los que se deduce que se derivaban de las galeras birremes romanas, es decir con dos órdenes de remos y un solo remo en cada banco, dotadas de cubierta y fila de remos fuertes y de buen tamaño, hasta 12 en cada banda, manejados cada uno por dos o tres hombres. Armadas con espolón metálico en la proa, eran naves estrechas, de amplia eslora (longitud) de 25 a 30 m y manga (ancho) de 6 a 7 m, lo que les daba rapidez de movimientos; se aparejaban con amplia vela latina triangular, portando bajo la cubierta unos cien hombres de armas y las necesarias provisiones. En la Sala Naval del Museo de Pontevedra se muestran dos modelos de galeras que intentan reproducir las construidas por los maestros de Génova y Pisa, contratados por Diego Gelmírez.

          El obispo compostelano mandó preparar hombres para la lucha, partiendo luego hacia las tierras ismaelitas en operación de castigo y resarcimiento de daños, destruyendo sus bienes y sus naves, dándoles a probar su propia medicina. En el ataque se obtuvo un importante botín de oro y plata, con el que pagó Gelmírez el importe de las naves y el sueldo de la tripulación, además de la acostumbrada quinta parte como limosna para la Iglesia, mientras llevaban a los prisioneros árabes a Santiago para transportar piedra para la construcción de la catedral. Lo que en principio se concebía como una armada de defensa de la costa, pasó a convertirse en una armada de acción ofensiva, con acciones que repitió en otras ocasiones. Suponía la clara advertencia de que las futuras razzias y saqueos encontrarían cumplida resistencia, pues estas galeras construidas por Gelmírez, junto a otras construidas después y a las naves capturadas al enemigo, sirvieron para constituir una flota naval para defensa de las costas gallegas, a base de reforzar la flota compuesta por naves de pesca y de comercio con armamento y marinos militares de otra parte de Galicia, como Ferrol, adaptándolas para la confrontación bélica, con lo que consiguieron derrotar a los enemigos y ofrecer una defensa eficaz del señorío de Santiago, convirtiéndose en la primera armada organizada que se conoció en la Península Ibérica que puede considerarse precursora de la Marina de Castilla. Así Diego Gelmírez con su acertada política naval, logró restablecer la seguridad en las costas gallegas, con la consiguiente repoblación las mismas, que posteriormente generó el resurgimiento y prosperidad de las villas litorales gallegas, como Noia, Ponte Veteri (Pontevedra) y Tui.

          Por tanto y como conclusión, es justo considerar a Diego Gelmírez como el primer gobernante con una conciencia naval de Galicia, que desarrolló una estrategia defensiva integrando a las medidas estáticas de defensa la creación de una flota naval que cabe entenderse como precursora de la futura Marina de Castilla.

FUENTES CONSULTADAS:
1 Emma Falque Rey. Historia Compostelana. Ediciones Akal, 1994. Libro I, Cap XXXIII, Reconstrucción de las Torres del Oeste (pp132-133). Cap CIII, Naves del Obispo y botín conseguido por medio de ellas a los sarracenos (pp. 244-247). Libro II, Cap XXI, Naves de los sarracenos apresadas por los irienses (pp. 339-341), Cap. XXIII. Construcción de las Torres del Oeste (pp. 343). Cap XXIV Como los sarracenos quisieron atacar el castillo de Oeste y construcción de la Torre Mayor (pp. 344-345)

2 Juan José Cebrián Franco. Obispos de Iria y Arzobispos de Santiago de Compostela. Don Diego Gelmírez (1100-1140), Pp. 92-93. Instituto Teológico Compostelano 1997

3 Francisco Javier García de Castro. La Marina de Guerra de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media. Capítulo I, nº 1 Las expediciones de Diego Gelmírez y de Alfonso VII, pp. 24-29. Tesis Doctoral. Universidad de Valladolid 2011.

4 Juan José Burgoa. La Armada Gallega de Diego Gelmírez. NALGURES · TOMO VIII · AÑO 2012, pp. 75-114.

5 Manuel Flores Díaz. Castilla y el dominio del mar en la Edad Media. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia, Departamento de Historia Medieval. Cap. VI, La Marina de Gelmírez, pp. 281-284. Madrid 2016.

6 Celia Chaín-Navarro. La primera flota de galeras de España. Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. https://blogcatedranaval.com/2018/01/22/la-primera-flota-de-galeras-de-espana/ 22/01/2018

7 José Cervera Pery. La Marina de Castilla, pp 77-86. Armada Española. https://armada.defensa.gob.es/archivo/mardigitalrevistas/cuadernosihcn/13cuaderno/08cap.pdf

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46- Fenestellas martiriales y culto paleocristiano en Compostela

          Durante el estudio que Isidoro Millán González Pardo realizó en 1983 sobre el mosaico que recubría desde el siglo II la sepultura apostólica, encontró criterios para estudiar con más detalle los estratos de pavimentación del mismo, además de facilitar datos para la confección de una maqueta del mausoleo. Por ello solicitó en 1988 nuevo permiso del Cabildo para entrar en el sepulcro y fotografiarlo pormenorizadamente para comprender mejor su evolución interna antes de su descubrimiento en el siglo IX por el obispo Teodomiro.

          En el contexto de este nuevo análisis se produjeron dos valiosos hallazgos que han venido a atestiguar el valor de la tradición apostólica hispana sobre Los sepulcros del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro.

          Los sepulcros de los dos discípulos se sitúan en los lóculos que están a derecha e izquierda del pequeño pasillo de acceso al oratorio del edículo que limitan a uno y otro lado por medio de sus tabiques de ladrillo romano, que resultaban invisibles al observador por sendos pares de paneles que los cubrían. Para la realización de este nuevo análisis se retiraron las mamparas que cubren los lóculos y al hacerlo aparecieron sendos orificios que subsistían, íntegros y contrapuestos, en medio de las dos sepulturas. Eran dos aberturas perfectamente centradas y simétricas. Es fundamental precisar que se trataba de orificios imposibles de atribuir a un deterioro accidental ni a la actuación humana en el curso de la exploración arqueológica. Un estudio comparativo de arqueología paleocristiana, permitía identificar aquellos huecos como ventanitas o fenestellae de culto martirial.

          Cabe pensar cómo fue posible que los estudios arqueológicos previos no hubiesen detectado estas aberturas y su significado martirial, pero al conocer el procedimiento que siguieron López Ferreiro y Labín Cabello en sus excavaciones de 1879, la explicación es evidente. En su primer acceso las sepulturas estaban rodeadas de escombros hasta su nivel superior, coincidente con un piso de baldosas cerámicas, que López Ferreiro interpretó entonces como el suelo originario de la cámara sepulcral. Así resultaba imposible concebir un culto martirial primitivo en tumbas que eran accesibles por su cubierta, mientras que estas fenestellas subterráneas permanecían ocultas. La cuestión fue que el proceso canónico en 1879 se centró prioritariamente en la autenticación de las reliquias sin detectar ni dar valor a estos huecos. Incluso en las excavaciones de Chamoso Lamas en 1950 tampoco fueron observados en principio, ya que tanto los corredores externos como el interior del edículo se encontraban cubierto de relleno de escombros. Al evacuar el escombro y verse los orificios Guerra Campos llegó a interpretar equivocadamente que, con intención exploradora, pudieron ser abiertos por López Ferreiro en 1879. No se había comprobado aún que los orificios eran originales del murete de ladrillo romano, levantado precisamente para delimitar el lóculo sepulcral de los discípulos, dejando de origen estos accesos para el uso martirial que se explica a continuación. Es decir que los huecos no fueron abiertos rompiendo el muro, sino que se diseñaron adrede al construir la pared, según se acredita más adelante.

        Las Fenestellas martiriales desempeñan una función inequívocamente reconocible como testimonios arqueológicos de culto de los mártires y la veneración de sus tumbas. Desde los primeros tiempos del cristianismo se usan como forma o conductos de acceso a los cuerpos mismos de los mártires en sus tumbas, en los sitios de culto paleocristiano. La proximidad a sus restos, la contemplación visual de sus sepulcros o reliquias, el contacto físico con ellas, era ansia de los fieles que respondía al deseo de “ver y tocar lo santo”. A través de ellas se alcanzaba a ver o a comunicar con el lugar de sepultura del mártir, el martyrium, incluso se obtenía percepción inmediata de los sagrados restos, o permitía la introducción en el interior del sepulcro de tiras o lienzos o brandea, que servían luego de reliquias indirectas.

        Otros procedimientos de culto paleocristiano eran la veneración con candelas o lucernas, o con inciensos y aroma; uno u otro se usaban en la conmemoración de sus aniversarios de natalicio o martirio. Los perfumes y bálsamos que se derramaban, y el persistente arder de las candelas, generaba un líquido que se recogía en ampullae como aceite santificado, y era natural que dejasen huellas de humo y carbonilla en las paredes de las sepulturas o las superficies de las piedras o las embocaduras de las fenestellas.

          Fue durante la sesión de 1988 para obtención de medidas precisas para la realización de una maqueta, que se produjo estos dos determinantes hallazgos: un hueco de fenestella martirial taponado por una piedra en el ángulo superior Noroeste del lóculo Norte. La piedra contenía una inscripción colocada en posición inversa a la de lectura, con letras de rasgos rugosos que, entrevistos de lejos y con enfoque lateral, parecían meros rasguños en el granito pero que al invertir la posición de la diapositiva se detectó que contenía una insospechada inscripción que permitía ir deletreando los términos de ATHANASIOS/MARTYR, que fue detectada al proyectar las diapositivas y ver que no se trataba de meras rugosidades propias del granito.

          Estamos pues ante un mausoleo sepulcral de factura romana del siglo I, con fenestellas martiriales que evidencian el culto a mártires cristianos sepultados en ellos. La evidencia arqueológica se refuerza en testimonios del año 961: “intraverunt in tumulum B. Jacobi… et dederunt sacrum juramentum per ipsius Corpun Apostoli et per omnes Sanctorum virtutes, quae ibi reconditae” [Entraremos en el túmulo del B. Apóstol Santiago…, daremos sagrado juramento por el mismo cuerpo del Apóstol y por todas las virtudes de los santos que allí están guardados].

          Se practicaron cinco fenestellas que subsisten en los muros del pódium del mausoleo (el resto fue seccionado y eliminado por Gelmírez siglos antes). Tres de ellos daban hacia el exterior de la cámara sepulcral, al pasillo limitado por los muros envolventes del edículo. En uno de estos tres huecos, justamente en el muro norte, es el que contenía y conserva la inscripción de San Atanasio, grabada en la cara de una especie de piedra-tapón de esta fenestella exterior de la cámara sepulcral. Las otras dos se sitúan en los muros de ladrillo romano internos del edículo hacia el pasillo que conduce al altar donde hoy se sitúa la urna de plata.  

          Si atendemos al tramo occidental del lóculo norte o de San Atanasio, vemos que se trata de un murete con seis hiladas de ladrillo romano visto, con un orificio a modo de ventanita o fenestella, de bordes regulares, con un ladrillo superior descantillado y prolongado en arco para configurar la curvatura cimera del vano, y sin concierto en la alineación de los ladrillos puestos a uno y otro lado de la fenestella, acreditando que no se rasgó en un tabique ya construido, sino que se elaboró al tiempo de armar el tabique. Tanto este lóculo, como el opuesto, miden 2,00 m. de largo x 0,60 de alto x 0,60 de fondo, descontados los revestimientos (de 0,10 m.). Habían sido, pues, fabricado para sepultura de cuerpos enteros, no para restos óseos, y se creó la fenestella simultáneamente, es decir que se trataba de un mártir cristiano, sepultado allí en la segunda mitad del siglo I. Los vestigios del culto martirial dentro de ambos lóculos, pueden datar las fechas más probables del martirio e inhumación de los Discípulos del Apóstol (c.64-68 y c.95-97 p.C.) y la de creación del Pavimento II (c. 170-200 p.C.).

          La aparición del título de San Atanasio, veintitrés días después de identificadas la fenestella, bien identificado en el calco que se hizo de la inscripción, viene a identificar la persona y época del mártir, Atanasio, confirmando la Tradición Jacobea de que se trataba de la sepultura del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro. Cuando menos la inscripción nos asegura su nombre: Atanasio, idéntico al que la tradición atribuía al discípulo de Santiago enterrado a la izquierda del Apóstol, ATHANASIOS/MARTYR en dos líneas de clara cursiva griega en que dos de sus letras pertenecen al alfabeto hebreo que vinculan la inscripción con la criptográficas del Monte de los Olivos propia de la comunidad cristiana de Jerusalén del siglo I. Siendo ya importante la concordancia del nombre Atanasio con la Tradición, lo determinante son estas consideraciones epigráficas y las pruebas arqueológicas que revelan la gran prioridad temporal de los lóculos respecto al pavimento II de la cámara (170-200 d. de C.), de las que se desprende la datación de la sepultura o lóculo norte en el siglo I. De modo que este título sepulcral documenta que perteneció realmente a San Atanasio. La tradición queda confirmada por la arqueología y la epigrafía: el descubrimiento de Teodemiro en el siglo IX fue un hecho real.

          En el reborde superior del arquito interior de la fenestella queda evidente vestigio de humo y carbonilla, solo explicable como residuos de la quema de perfumes e inciensos, revelando el culto martirial (figura 4).

          Este culto martirial mediante quema de perfumes e introducción de telas o lienzos para obtención de reliquias por contacto (brandea), se realizaron hasta finales del siglo II, en que hay evidencia arqueológica de efectuarse la reforma de la cámara sepulcral, en que todo el espacio intermedio entre los lóculos se rellenó de tierra y escombros, conformando un espacio macizo sobre el que se asentó el Pavimento II con un piso de baldosas cerámicas. Desde esa fecha de las tumbas quedaron soterradas hasta el nivel referido, y no subsistió ya ninguna posibilidad de culto a través de las ocultas fenestellas.

          En el interior del lóculo de San Atanasio, en el ángulo noroeste superior que forma con la pared de cabecera, se ve alojado un prisma pétreo de granito de cortas dimensiones (17,50 cm de alto por 22 cm de ancho), empleado como tapón de las fenestella abierta en el muro norte, en que se halla inscrito el epígrafe sepulcral de San Atanasio. Su posición original en la cara externa del muro, indicaba a los fieles que circulaban por el corredor septentrional del mausoleo, que se trataba de la sepultura de Atanasio, donde procedían los ritos devocionales privados, mientras que en los días clave (dies natalis y dies depositionis) se destapaba la fenestella y se realizaban las liturgias de culto colectivo.

          Dado que este espacio ritual fue rellenado de tierra y escombro con la reforma del mausoleo que quedó cegado en este espacio sepulcral, tanto las fenestellas con sus evidencias de cenizas y calcinaciones, como la piedra-tapón que contenía la inscripción, permanecieron totalmente ocultas durante siglos.

          Tras las excavaciones de 1879, al librarse de escombros los pasillos externos y la cámara sepulcral y disponerla para el culto público, para ganar una profundad que hiciera posible el acceso, se le rebajó el suelo, se abrió en medio del muro una puerta, introduciendo varias hiladas de sillares nuevos en su dintel y jambas. Y la piedra-tapón, de función aún ignorada, que apareció suelta, fue reutilizada dada su oportuna dimensión con un sentido práctico taponando nuevamente el hueco del muro por su cara interna y en posición inversa al de lectura de su inscripción, para reforzar el ángulo noroeste y rellenando el resto del conducto con piedra menuda y argamasa. De este modo la piedra-tapón y su inscripción quedó inaccesible hasta el hallazgo ocasionado por el detallado el estudio fotográfico que promovió Isidoro Millán González Pardo a fin de comprender mejor su evolución interna antes de su descubrimiento en el siglo IX por el obispo Teodomiro y para obtener medidas precisas de los distintos elementos mausoleo para la realización de una maqueta que realizaría después el canónigo don Segundo Mendoza.

Fuentes consultadas

-Hallazgo en el mausoleo del Apóstol Santiago del título sepulcral griego de su discípulo San Atanasio, Isidoro Millán González Pardo y Antonio Blanco Freijeiro, in Boletín de la Real Academia de la Historia, t. 186, cuad. 2, 1989, páxs. 209-220.

-Autenticación arqueológico-epigráfica de la Tradición Apostólica Jacobea. Isidoro Millán González Pardo. In VV.AA., El Camino de Santiago Camino de Europa (Curso de conferencias, El Escorial 22-26 julio de 1991), pp 45-105.

-El culto a los mártires y santos en la cultura cristiana: Origen, evolución y factores de su configuración. Rafael González Fernández. Kalakorikos Nº 5, 2000, págs. 161-186

-El misterio del apóstol Santiago. Mito y realidad del enigma jacobeo. Carlos García Costoya. Plaza y Janéz, 2004, pp 257-258

-Culto martirial y auto-representación en el mundo funerario a través de algunos ejemplos hispanos. Fernando López Cuevas. Arte, arqueología e historia. 2011, pp 1-12

-Historia, arte y culto de las reliquias en la Diócesis de León. Jorge Juan Fernández. Ateneo Leonés 2014, pp 43-45.

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45- Redescubrimiento de los Restos Jacobeos

  1.           En la noche del 28 de enero de 1879, Antonio López Ferreiro, junto a José María Labín Cabello, el maestro de obras Larramendi y el obrero Juan Nartallo, tras varias jornadas nocturnas de excavaciones en el altar mayor de la catedral compostelana, descubrió finalmente los restos sepulcrales que venía buscando para resolver las crecientes dudas sobre su presencia en el subsuelo de la catedral compostelana, en modo que las excavaciones que dirige van a alcanzar un efecto fundamental en la relocalización de los huesos atribuidos al Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro.

          La convicción milenaria de la Iglesia compostelana de que las reliquias apostólicas estaban en la Cripta funeraria bajo el Altar jacobeo era creencia firme a finales del siglo XVI, y así lo deja constatado Ambrosio de Morales. Pero a partir de entonces se va a generar un clima de duda y cuestionamiento, especialmente desde que en 1589 ataca La Coruña de Francis Drake, con propósito de llegar a Santiago y profanar sus reliquias. Ante esta amenaza el arzobispo Juan de Sanclemente decidió ocultarlas, llevándolas de la cripta a un lugar seguro, de modo que los restos custodiados como los de Santiago y sus discípulos dejaron su lugar habitual y pasaron a un sitio secreto, con tal celo guardado que murieron los pocos que lo sabían sin transmitirlo a otros, y como quiera que los restos nunca fueron retornados a su lugar original, una vez superado el riesgo, resultó que durante casi tres siglos el lugar de localización de los restos del Apóstol va a quedar ignorado. El arzobispo tenía el propósito, por un lado de proteger las reliquias de la amenaza de profanación, y por otro evitar las aspiraciones de Felipe II de trasladarlas al Escorial. Se entiende así el secretismo con guardado con la información y que se perdiera en el tiempo por fallo en su transmisión. Podría decirse que los restos se pierden en el subsuelo catedralicio. Esta sorprendente situación levanta una neblina de incógnitas que convierte a Santiago en un mito acerca de la venida del Apóstol y la realidad de su sepulcro.

          Son tiempos en que el modernismo cultural y el desarrollo del pensamiento filosófico de entonces hace decaer la peregrinación ante el protagonismo que cobran otros focos e intereses europeos. Compostela parece perder su buena estrella y va sumiéndose en un enigma en que su historia, su poder aglutinante, sus virtudes y atractivo se verán desacreditados. Se cuestiona que Santiago predicara en España y que sus restos llegaran hasta Galicia y fueran allí sepultados. Esto será el impulso para que el cardenal Miguel Payá y Rico decida excavar el subsuelo de la catedral. Con la excusa de reformar pero con el propósito de resolver las dudas crecientes, afronta las excavaciones bajo el Altar Mayor, que autoriza a finales del 1878.

          En primer lugar excavan bajo el altar mayor y encuentran el sepulcro original vacío de restos, como ya ocurriera en 1655 durante las obras de la capilla Mayor que dirigió el canónigo y arquitecto madrileño José de Vega y Verdugo. De aquí pasan a la girola, junto a la puerta santa, en memoria de una tradición que en esa zona hubo una puerta que daba acceso antiguamente a la tumba apostólica, nada encontraron. Luego excavan frente a la capilla de la Virgen de la Azucena o capilla de San Pedro: sin logro alguno. Pasan a excavar de nuevo en el interior del presbiterio, al lado del evangelio, junto al altar: tampoco. En quinta tentativa levantan la tarima y el suelo del presbiterio: nada. Y a la sexta tentativa abordan el área detrás del altar mayor, espacio en hemiciclo que se usaba entonces como sacristía para revestirse las jerarquías eclesiásticas, y en cuyo lugar había una estrella que les motiva a buscar aquí ante antiguas noticias de un traslado detrás del altar, y animados por el recuerdo de que las procesiones solemnes litúrgicas que se hacían en la basílica, a través de la girola y de los brazos de la cruz, la procesión de antemisa, el cabildo tenía la costumbre inveterada de hacer una estación o parada en el centro de la girola, y mirando hacia el altar, a través de los ventanales, y se entonaba la antífona corpora santorum (cuerpos de los santos), y además en algunas ocasiones en ese lugar se encendían velas. Se decide explorar allí con la razonable sospecha de que pudiera ser éste el lugar donde el arzobispo Juan de San Clemente escondió las reliquias. Excavan pues en el trasaltar, y en su centro geométrico aparece lo que se llamó desde entonces un reconditorio, hoy visible por deseo del cabildo, colocando en ese lugar una placa de cristal rodeado de una verja de bronce. A pesar de que hoy puede verse claramente desde la escalera de subida al camarín donde se realiza el rito del abrazo a la imagen apóstol, es un lugar desconocido para la gran mayoría de peregrinos y visitantes.

          La exploración se llevaba a cabo en el más riguroso secreto, como si en vez de un propósito sagrado estuvieran perpetrando un robo. El propio López Ferreiro nos relata lo acontecido: «…la noche del 28 de Enero del año actual [1879] a cosa de las diez de la noche estando uno de los declarantes [López Ferreiro] escarbando con un cincel la tierra que rodeaba la piedra frontal de la urna, halló sobre esta dos ladrillos unidos, que le llamaron la atención por ser parecidos a los que había debajo del altar mayor, mandó al cantero que le acompañaba que los levantara, y, ejecutado que esto fue…, al centro de la urna varios huesos, de aspecto de antigüedad…».

          En esa operación la pica de Juan Nartallo a las órdenes de López Ferreiro levanta los ladrillos que cubrían los restos y con la farola de acetileno alumbraron el hallazgo y vieron que se trataba de una urna funeraria muy primaria, un reconditorio alternativo dentro de la cual observaron un cúmulo de huesos humanos y fragmentos de cráneo, lo que hizo creer que habían encontrado los restos del Apóstol. Juan Nartallo, que era hombre rústico y de fe grande, con la emoción del momento perdió el conocimiento. Temiendo que sufriera algo grave, sus compañeros dejaron sus pesquisas a un lado y se centraron en la reanimación del albañil. Al volver en sí de su desmayo, llevándose las manos a los ojos expresó que no podía ver. Permaneció privado de vista más de media hora. Sin duda estaba siendo víctima del fuerte poder psicosomático de las emociones. El mismo Labín Cabello refirió la supresión repentina de una cefalalgia muy probablemente por la misma impresión emocional.

          El reconditorio estaba hecho con piedras reutilizadas, y dentro encontraron además una serie de ladrillos, macizos y del tamaño de un pie, es decir, unos 30 cm de longitud, que resultarán ser los mismos ladrillos romanos que conforman las sepulturas del edículo apostólico, y dado que “…algunos fragmentos óseos estaban teñidos de rojo intenso por el contacto con los ladrillos de las tumbas del Mausoleo primitivo, contacto que no tenían estando en esa cavidad” quedaba probado que lo allí encontrado era el resultado de un traslado desde la sepultura apostólica original. Aparecieron gotas de cera, indicativas de que el traslado fue nocturno y secreto, bajo la iluminación de unas velas. Se puede fácilmente recomponer la situación: habían construido un reconditorio toscamente elaborado, y de forma precipitada e improvisada tomaron los restos óseos de sus lugares originales y con cierta prisa los trasladaron de noche, a la luz de las velas, a este reconditorio o arqueta, mezclados con alguna tierra de hacer el hoyo, los taparon y repusieron el pavimento, colocando alguna alfombra encima para que no se viera la frescura de la obra y no fuera detectada la maniobra que pretendía pasar inadvertida.

          Con posterioridad al hallazgo y observados los restos óseos con todo respeto, sellaron el lugar y notificaron el hallazgo al cardenal. El propio maestro de obras Manuel Larramendi relata cómo le habían dado la noticia al cardenal Payá: “Eran las dos de la mañana, y en cuanto Nartallo fue reponiéndose, don Antonio me dio la comisión de ir personalmente a dar la feliz noticia del hallazgo al señor Cardenal. Llamé repetidas veces a la portería y no me sintió nadie. Entonces fui por la calle de San Francisco y arrojé una piedra a la vidriera de la habitación del cochero de su eminencia. Se asomó con precaución y, en cuanto me conoció y le dije lo que pasaba, vino corriendo a abrirme la puerta de palacio, llevándome al dormitorio del señor Cardenal. Este me recibió muy contento y yo le conté todo lo que había ocurrido. Me mandó que volviese a cerrar el sarcófago en la misma forma que estaba… como se hizo“.

          A la mañana siguiente, el cardenal Miguel Payá y Rico dirigió una carta a D. Antonio Casares, catedrático de Química de la Universidad de Santiago, primer decano de la Facultad de Farmacia y Rector de la Universidad, muy cualificado por tanto para el estudio de la composición química de los restos; don Francisco Freire Barreiro, catedrático de Anatomía y Técnica Operatoria de la Facultad de Medicina, y por tanto cualificado para la peritación ósea; y don Timoteo Sánchez Freire, catedrático de Patología Clínica y Quirúrgica de la Facultad de Medicina, antes catedrático de Anatomía Descriptiva, Anatomía General y preparador anatómico de la Facultad de Medicina y también de indudable cualificación para la peritación osteológica. Les dirige esta carta: “La exploración que se está practicando en el subpavimento del presbiterio y tras-sudario con el fin de descubrir el sepulcro y los hueso del Apóstol, ha dado el descubrimiento de una gran colección de ellos dentro de un sepulcro rústico en el tras-sudario…; sin inscripción alguna que indique ser los del Apóstol o los de sus discípulos, San Atanasio y San Teodoro, que la historia y la tradición atestigua haber sido enterrados junto a las cenizas de su tan amado maestro. Hemos creído lógico y prudente rogar a vuestras excelencias se sirvan reconocerlos, examinarlos, clasificarlos y coleccionarlos, informándonos de estos tres extremos: 1 ¿a cuántos esqueletos pertenecen?, 2 ¿cuál es su antigüedad?, 3 ¿se descubre en ellos alguna señal que haga temeraria o inverosímil la creencia de que son los que se buscan, esto es, los del Santo Apóstol tan sólo, o los de éste con sus dos indicados discípulos?”.

          Nada más recibir la carta los profesores se presentaron en el palacio arzobispal. Allí les esperaban los descubridores del sepulcro y él canónigo don Jacobo Blanco Barreiro como miembros de la comisión de excavaciones del cabildo catedralicio de Santiago. Todos juntos se encaminaron a la catedral. En el trasaltar, ábside de la basílica, los profesores ven que el pavimento está levantado. Se acercan. En el centro del espacio excavado ven una caja, a manera de nicho, formada de toscas paredes. Tendría un largo de unos 99 centímetros, 33 de ancho y 30 de profundidad. “Los huesos estaban deteriorados y mezclados con tierra…. Sin orden, fraccionados, sin cartílagos y partes blandas, muy deteriorados y frágiles, no existía ni un solo hueso entero ni completo”.

          El conjunto de huesos a los que se enfrentaban aparecían por tanto totalmente revueltos y mezclados con tierra, ni uno solo de ellos entero, sino multi-fragmentados, y por tanto su capacidad informativa era compleja y reducida. Pero no cabía esperar otra cosa tratándose de unos restos de dos mil años. La acción putrefactiva tiende a que los huesos se disgreguen y pulvericen, si bien el estar sepultados les ha dado una protección que les ha permitido aguantar el paso del tiempo.

          Los extraen de su lugar y los trasladan a la Universidad con sumo cuidado para que no se rompan por su fragilidad al manipularlos, los limpian, los deshidratan y consolidan, y los agrupan en dos bandejas, una para los más reconocibles y otra para los fragmentos indeterminables por su pequeñez y pérdida de forma, separando en ella un total de 365 fragmentos menores. El resto los estudian por su color, consistencia, peso, conformación, textura, desarrollo, osificación y número, comprobando que correspondían a tres grupos óseos, tres esqueletos por tanto, que numeraron como grupo 1, 2 y 3. Los huesos del 1º y 3er grupo tienen el mismo color en dos tonalidades. Los peritos los describen como huesos de color avellana clara los del 1er grupo y avellana oscura los del 3º. Los huesos del grupo 2 son de color arcilla moteados de verde. La distribución fue de 81 fragmentos pertenecientes a 29 huesos nominables para el grupo 1; 85 fragmentos pertenecientes a 25 huesos para el grupo 2; y 90 fragmentos pertenecientes a 24 huesos para el grupo 3.

          Con los recursos técnicos de hoy, C14 a la cabeza, cabría pensar que no sería difícil averiguar la antigüedad de unos huesos. Pero en la Compostela de finales del siglo XIX la cuestión tenía sus dificultades. Por eso los profesores tardaron seis meses en dar su contestación al cardenal arzobispo, el 20 de julio de 1879, en estos términos:

Primero notifican de los análisis físicos de los restos humanos, que pertenecientes a varios esqueletos y hecha la clasificación han resultado tres grupos. Y, en segundo lugar, el análisis químico, en que hacen notar la disminución de la materia orgánica, debido a la antigüedad; y el aumento de fosfatos y la disminución de carbonos, por la fermentación de sustancias orgánicas con las que hubiesen estado mezclados los huesos. Después atienden las tres preguntas planteadas por el Cardenal Payá:

los huesos pertenecen a tres esqueletos, incompletos, de otros tantos individuos varones de desarrollo y edad diferentes, de los cuales los de los dos primeros grupos cruzaban el tránsito del segundo al último tercio de la duración media y fisiológica de la vida; mientras que el tercero parece que estaba en éste.

no es posible fijar con exactitud la antigüedad de los huesos reconocidos; pero teniendo en cuenta su estado de su integridad y composición… puede asegurarse que cuentan siglos.

en cuanto a la antigüedad se refiere, no parece temeraria la creencia de que dichos huesos hayan pertenecido a los cuerpos del Santo Apóstol y de sus dos discípulos.

          La respuesta a la 1ª Pregunta resultaba satisfactoria a que fueran los restos del Apóstol, y sus discípulos Atanasio y Teodoro, al tratarse de tres esqueletos masculinos, por la robustez de los huesos y a la vigorosidad de las inserciones musculares que se reflejan en ellos. El estudio amplia la información y nos aproxima una edad. De los grupos 1 y 2, en el 2º tercio de la vida fisiológica. Para los peritos de ese estudio cada tercio de vida era estimada en 25 años para el siglo I, de modo que si los del grupo 1 y 2 están en el tránsito hacia el segundo tercio de la vida, es que tenían entre 40 y 50 años. Y si el grupo 3 está en el tránsito del 2º al 3er tercio, es que tenía por tanto unos 60 ó 65 años. La clave de este cálculo está en los fragmentos de la bóveda del cráneo, unidos entre sí por suturas que tienden a soldarse con la edad, según pautas cronológicas. Además, en el esqueleto más viejo observaron que los huesos de la bóveda craneal tenían distrofia senil, un proceso de adelgazamiento del espesor de los huesos que se produce en edades relativamente avanzadas. La respuesta a la primera pregunta es pues satisfactoria a la idea de partida: se trata de tres cuerpos, tres varones, tres adultos, uno de ellos más viejo (uno de los discípulos), los otros dos algo más jóvenes, pero todos en una etapa madura de la vida. Encaja perfectamente bien con el presupuesto.

          La pregunta 2ª sobre su antigüedad es más compleja pues entonces no era posible, solo por vía arqueológica, conocer la antigüedad de huesos descontextualizados. Pero pudieron fijar la edad aproximada en que sobrevino la muerte a cada uno de los grupos óseos. Se hizo analizando un fragmento de fémur del grupo 2 y comparando su cantidad de materia orgánica e inorgánica, y comparándola con los datos obtenidos por Berzelius en un esqueleto normal, y con los de Girardin en un esqueleto francés de época céltica y por tanto del filo del año cero de nuestra era, ante la aproximación proporcional de los huesos estudiados a los de este último, resultaron de una antigüedad equivalente, en modo que nada impedía hacerlos remontar a los primeros siglos del Cristianismo. Es decir que la respuesta a la 2ª pregunta también encaja dentro de los parámetros previstos para el Apóstol Santiago y sus discípulos. No se disponía de la prueba del C14 ni otros métodos de datación modernos, se hizo lo que se podía hacer con conocimiento muy acertado.

          La respuesta a la 3ª pregunta es una consecuencia de las dos anteriores, pues tratándose de tres varones maduros de las edades mencionadas y de una antigüedad próxima a los dos mil años, nada hay que haga temerario aceptar que pueden ciertamente tratarse de los restos del Apóstol Santiago y sus dos discípulos.

          El cardenal Payá y Rico notificó el hallazgo al Papa León XIII, y sobre la base del dictamen médico se abrió un expediente canónico. Una vez asumida la legitimidad de que los huesos, procedía determinar cuales eran los del Apóstol Santiago y cuáles los de sus discípulos Teodoro y Atanasio.

          Se creyó reconocer los restos apostólicos por varios detalles. Lo primero es que el molar que se custodiaba en el relicario Coquatrix de la Capilla de Reliquias de la Catedral, se correspondía bien con el alveolo del maxilar inferior de la presunta mandíbula apostólica. Luego se valoró que el hueso del cráneo apostólico existente en el relicario de la catedral de Toledo, que faltaba en el cráneo compostelano presentaba iguales manchas verdosas que los fragmentos compostelanos del grupo 2 y resultaba acoplarse bien a dicho cráneo como prueba de que pertenecía a un mismo cráneo, el del Apóstol Santiago. Finalmente, el cráneo correspondía no al esqueleto “joven” sino a uno de los “viejos” y la presunta duración de vida que revelaba el estudio de aquellos restos venía a coincidir con la edad que tendría el Apóstol Santiago cuando fue decapitado por orden del rey Herodes en el año 44. En cambio en comparación con el cráneo de Santiago el Menor de la Capilla de las reliquias, no tenía ninguna concordancia con las de Santiago el Mayor y sus discípulos.

          Estas coincidencias constituían una buena aproximación para diferenciar entre los restos redescubiertos, los que podrían ser del Apóstol Santiago de los que pertenecían a los discípulos Atanasio y Teodoro. Pero un nuevo y esclarecedor elemento vino a corroborar la cuestión, y va a jugar un papel decisivo la Reliquia de Pistoia que Gelmírez donó a San Atón en 1138, custodiada en esa localidad italiana. Al grupo de huesos que los de Santiago atribuían al Apóstol, el numerado como grupo 2, le faltaba la hipófisis mastoidea derecha. Pues bien, según descubrieron los doctores Francisco y Alberto Chiapelli, la reliquia jacobea venerada en Pistoya era precisamente la hipófisis mastoidea derecha que faltaba en el cráneo descubierto en Santiago, y con las mismas manchas verdosas. Es una circunstancia que a juicio del Profesor D. Xosé Carro Otero, destacado médico, antropólogo, docente, académico e investigador de nuestro tiempo y Presidente da Real Academia de Medicina e Cirurxía de Galicia, dejan fuera de toda duda su autenticidad.

          A fin de confirmar el dictamen de los médicos, León XIII envió a Pistoya al promotor de la fe Monseñor Agustín Caprara y a un notario de la Curia los cuales examinaron también la reliquia. Poco después, Monseñor Caprara llegó a Compostela para hacer todas las comprobaciones necesarias. Caprara portaba el estudio que acreditaba que la reliquia de Pistoya era la punta de la apófisis mastoidea del hueso temporal derecho del cráneo, con una mancha de sangre que explicaba que el desprendimiento del fragmento fue por decapitación. Lo más significativo fue que solo uno de los tres cráneos carecía de dicha apófisis mastoidea del lado derecho, y con una concordancia plena entre el fragmento pistoyense y el cráneo compostelano, lo que venía a demostrar que los restos rencontrados eran los mismos de los que Gelmírez extrajo, siglos antes, la reliquia donada a Pistoia y que venían siendo custodiados desde el hallazgo de Teodomiro de Iria. Después de un año de deliberaciones la comisión vaticana, reunida un 17 de julio de 1884, formuló el siguiente dictamen: “Affirmative, sen sententiem esse confirmandam“. El Decreto del cardenal arzobispo de Santiago sobre la autenticidad de los huesos, podía ser confirmado. Don Miguel Payá y Rico mandado abrir el «Expediente instruido acerca de la autenticidad de las Sagradas Reliquias de Santiago Apóstol», guardando una copia y enviando el original al Papa León XIII.

          Solo entonces León XIII emitió, el 1 de noviembre de 1884, la Bula Deus Omnipotens declarando que los restos rencontrados eran del Apóstol Santiago el Mayor y sus discípulos Atanasio y Teodoro. No fue el fruto del inmovilismo eclesiástico instalado en la infalibilidad papal, como sugiere alguna opinión indocumentada. La cuestión jacobea no es tema dogmático de fe que afecte a la doctrina católica, y la conclusión papal es el resultado de un complejo proceso compostelano primero y vaticano después que instruye muy consistentemente la decisión.

          Durante todo el tiempo que duró el proceso de estudio de las reliquias, estuvieron guardadas en una caja de madera habilitada al efecto, y custodiada en la capilla del palacio arzobispal.

          Para celebrar el redescubrimiento de los restos apostólicos jacobeos, León XIII decretó con carácter extraordinario que el año 1885 fuera Año Santo cual si la festividad del Apóstol recayera en domingo. En el día de Santiago los restos del Apóstol y los de Atanasio y Teodoro recorrieron las calles de Compostela. Luego los huesos fueron guardados en una caja de palo santo y ésta a su vez en una urna de plata que hoy se encuentra en la cripta o capilla subterránea de la catedral de Santiago, en el interior de lo que fue el edículo sepulcral romano, arqueta de plata que también fue construida aquel año para hacer accesible a los visitantes la bajada a la cripta sepulcral donde se custodian los restos y donde se les venera.

Fuentes consultadas:

– Apuntes biográficos de Santiago Apóstol el Mayor… Domenico Bartolini. Roma, Tipografía Vaticana 1885

-Galicia Feudal. Victoria Armesto. Editorial Galaxia, Vigo 1969. El Culto Jacobeo, Capítulo I, pp. 11-24

-Obispos de Iria Flavia y arzobispos de Santiago. Juan José Cebrián Franco. Santiago de Compostela,Instituto Teológico Compostelano, Agencia Gráfica, 1997, pp. 293-303

-Santiago el Mayor y Compostela. Manuel Jesús Precedo Lafuente. Ed. Aldeasa, Madrid 1999, Ocultamiento y redescubrimiento de las Reliquias, pp. 61-65

-López Ferreiro e as súas escavacións na Catedral de Santiago. Conferencia do Ateneo de Santiago en homenaxe á figura de López Ferreiro impartida o 22 de marzo de 2010 polo Profesor D. Xosé Carro Otero, Presidente da Real Academia de Medicina e Cirurxía de Galicia. Fuente general  http://www.ateneodesantiago.com/?p=318

-El Expediente del Proceso de reconocimiento de la autenticidad de las Reliquias del Apóstol Santiago el Mayor y sus discípulos Atanasio y Teodoro. Alejandro-Benito Barral Iglesias. Santa A. M. I. Catedral de Santiago de Compostela. Annuarium Sancti Iacobi, 2013, nº 2, 397-418

-El sepulcro de Santiago. Documentos – Toponimia – Arqueología, Cabildo de la S.A.M.I. Catedral de Santiago. Alejandro-Benito Barral Iglesias. Santiago de Compostela 2018. Capítulo VII, pp. 337- 400.

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