OBJETIVOS DEL TRABAJO

Rudesindus          Entre  la postura apriorística de la ciencia histórica y los planteamientos especulativos de los esotéricos, es necesario un estudio de la Tradición Jacobea como origen del Camino de Santiago. El propósito del trabajo es el estudio de sus fuentes para ver si contiene indicios o criterios de verosimilitud, o es una falsedad arropada en el transcurso de la Historia.

          Aunque incluyendo ampliaciones y complemento grafico adicional, todo lo aquí publicado relativo a Tradición Jacobea y sus criterios de verosimilitud, fue editado en el número 7 de la revista Rudesindus de 2011.

          Junto a este objetivo prioritario de este blog iré incluyendo otros muchos temas complementarios, como breves relatos literarios, artículos musicales, diarios de peregrinación, personajes de la historia jacobea, conformando un mosaico temático que pueda ser del gusto del peregrino del Camino de Santiago.

          Y si este Blog resulta de tu agrado, te invito a regristarte y a que lo des a conocer entre tus contactos que puedan estar interesados.

 

Anuncios
Publicado en A - PREFACIO | 15 comentarios

32- Iglesia de Santiago de Tordesillas

          Los días 17 y 18 de Junio de 2017 la Cofradía de Santiago de Madrid que tengo la suerte de presidir, visitó Tordesillas en colaboración con la Asociación del Camino de Santiago del Sureste en Valladolid. No en vano Tordesillas, además de un emblemático lugar de la Historia de España es también meta de una de las etapas del mencionado Camino del Sureste.

          Tordesillas, injustamente valorada con la polémica del Toro Vega, es cuna de momentos emblemáticos de la Historia de España.  El 7 de junio de 1494,​ entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de Castilla y de Aragón, por una parte, y los del rey Juan II de Portugal, por la otra, firmaron el llamado Tratado de Tordesillas, en virtud del cual se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo. Las Casas del Tratado es cita obligada que enriquece de historia y de cultura al visitante.

          Otro acontecimiento histórico es que en marzo de 1509, la Reina Propietaria de la Corona de Castilla, Doña Juana llega a esta localidad, y lo que podría haber sido una parada más en su ruta de casi dos años con el cuerpo sin sepultar de su marido, Felipe I “El Hermoso”, se convirtió en su destino definitivo, con la excusa de enfermedad mental y por decisión primero de su padre Fernando el Católico y luego por su hijo Carlos I, de modo que Juana viviría recluida por 46 años en Tordesillas, en una fortaleza, hoy inexistente, hasta su fallecimiento, con el único alivio de la compañía de su hija pequeña Catalina.

          Pero la visita tuvo otros muchos alicientes, empezando por el Monasterio de Santa Clara que entre sus muchos atractivos nos mostró un fresco de un peregrino medieval; el museo de San Antolín, que conserva múltiples tesoros históricos y artísticos, una inolvidable comida de hermanamiento con la Asociación del Camino de Santiago del Sureste en Valladolid, un paseo por las calles del lugar en especial por su emblemática Plaza Mayor o las atractivas visitas al museo del Encaje, a la Bodega Muelas y a la pastelería Galicia, en pleno centro de la población.

          Pero os confieso que el lugar que más impacto dejó en mi alma de peregrino fue nuestro paso por las ruinas consolidadas de la antigua iglesia de Santiago, una estructura que ha podido resistir el abandono y el olvido total, y que en su retiro es aún lugar emocionante de cita para peregrinos y visitantes de los vestigios jacobeos en Tordesillas.

          Encontramos esta estructura al noreste de la localidad, en una calle de ronda interior cerca del antiguo Convento de San Francisco, la calle Santiago, circunvalada por la calle Corro Sol. Fue parroquia hasta el siglo XIX, añadiéndose su feligresía, tras su cierre diocesano, a la parroquia de Santa María desde 1885.

          Con fama de ser la más antigua parroquia “de las que en Tordesillas hubo”,  databa en origen, probablemente, de los siglos IX o X, época de la que nada se conserva, pues experimentó grandes reformas en el siglo XVI y lo que queda de ella es de la Edad Moderna, tras la reforma de 1949. La época de la primera reforma estructural, es contemporánea al gran momento histórico de la firma, en un caserón de la villa, del Tratado mediante el cual España y Portugal se dividían el mundo conocido.

          La situación algo periférica de este templo, hace pensar que su ubicación fue extramuros de la primitiva cerca medieval. Los restos que aún perviven son los de una edificación construida en varias etapas, pues constaba de nave principal única con capilla mayor y crucero, sacristía, torre, capillas funerarias adosadas y pórtico de diferentes épocas. Esta superposición de fábricas, procedentes de obras sucesivas en el tiempo, fue modificando la morfología del edificio, con distintas calidades en su ejecución y materiales.

          Su única nave ser dividía en dos tramos y se cubría por techumbre mudéjar de madera a parhilera. El crucero se alineaba con la planta y se cubría con cúpula del siglo XVIII sobre pechinas. La capilla mayor, con bóveda de cañón, iba originalmente cubierta con armadura mudéjar, que en 1561 se obliga a blanquear con cal, y se separaba del resto por arco triunfal de medio punto. A los pies se levantaba la tribuna y se adosaba la torre. El desaparecido Retablo Mayor des esta iglesia es probable que fuera proyectado por el ensamblador vallisoletano Alonso de Villota.

          En el testero de la capilla mayor tuvo altar dedicado a Santiago Apóstol con escultura del santo en su representación de matamoros, después de su aparición en Clavijo, que se terminó de dorar en 1692. Hubo otro altar dedicado a San BIas con cuadros de estilo hispano-flamenco y frontal de cuero cordobés. Y aún otra capilla fundada por el inquisidor Arganda para su enterramiento que estuvo dedicada a la Visitación de Nuestra Señora. Su altar tuvo frontal de azulejo, y en una losa de esta capilla puede leerse:

AQUI ESTAN SEPULTADOS EL DOCTOR FRANCO DE ARGANDA YNQUYSYDOR APOSTOLYCO y CANONYGO DE LA SANCTA YGLESIA DE TOLEDO y DOÑA VANA DE ARGANDA SU ERMANA, DE LA CAMARA DE LA REYNA DOÑA ANA. FALLECYERON AÑO DE 1609 Y 1614.

Y en la cornisa que recorre la capilla se lee:

 

EL DOCTOR FRANCISCO…DE ARGANDA. INQUISIDOR APPOSTOUCO y CANONIGO DE LA SANCTA YGLESlA… y DOÑA IU … SU ERMANA, DE LA CAMARA DE LA REINA DOÑA ANNA ..A.

           Por desgracia solo se conservan algunos restos en estado de ruina consolidada, y de su pasada estructura no queda más que parte de los muros, habiendo desaparecido  techos, cubiertas y el coro situado a los pies del templo. La ruina ha sido desescombrada, limpiada y consolidada, lo que permite apreciar que aún conserva el pavimento, constituido por las losas de las tumbas que ocupaban la capilla mayor y la nave del templo, formando nueve calles que la recorrían hasta los pies, donde se situaba el coro.

          En esta zona sólo se mantiene un pretil de piedra sobre un escalón que marca la separación de la nave, flanqueado por pilastras y con un escudo en su centro, donde aparece la Cruz de Santiago y dos conchas de peregrino. También se mantiene una pequeña puerta con moldura rehundida en el lado de la Epístola, junto a la torre, que posibilitaba la entrada independiente a la parte baja del coro, quizás para facilitar el acceso a la torre, cuya puerta de entrada está hoy tapiada.

          Por fortuna se han mantenido la sacristía, de planta rectangular y cúpula rebajada. Adyacente, se encuentra la Capilla de la Visitación, cubierta con bóveda vaída, si bien sólo quedan los arranques esquineros donde aún se observa la decoración de yeso en puntas de diamante.

          El edificio conserva aún sus dos portadas en pie: una al lado del Evangelio, pequeña, con arco de medio punto de generosas dovelas flanqueada por un contrafuerte. La principal se abre al costado sur, de la Epístola, y es de medio punto también con grandes dovelas y columnillas de gótica estirpe que se prolongan, por baquetón, sobre el trazado del arco. Un alfiz la enmarca. Estuvo esta portada cubierta con pórtico hundido, del que sólo se conserva un arco carpanel de piedra.

          De igual forma ha desaparecido todo el cuerpo de ladrillo de la torre, que aún se mantenía en 1980, y del que sabemos que sobre la basa de piedra hoy presente, levantó cuerpo alargado de ladrillo con huecos de medio punto para campanas: dos en sentido longitudinal y uno en el transversal. Actualmente es imposible el acceso al cuerpo de piedra que se mantiene, ya que su entrada, desde lo que fue coro, esta tapiada. En el muro norte, por dentro, se incrustó un nicho funerario en forma de caja vertical donde, entre molduras clasicistas puede leerse:

 

HIC IACET VIVAT … M

DOCTORIS CESPEDES M … TUl

VIS MAGTS SISTE VIATOR

RUMPE IAM JONICUM OPUS

CONSULE IN CODICE ANNUM

L. ET VI SOECULI XVIII

FESTINAS EN LAUS ABSIT

ME PETRO EM. CASSADO AUCTORE

IOSEPH ANT. LATATU AVNVENTE

NEC RELUCTANTE EM. GARCIA

MUNERE TRIUNVIRALI

EST POST LIMINIO REVERSA

En la bordura se dice:

IETRE (PETRE?) QUIDEM MANUEL CASSADO ALBIZ – MALVENDA [CANTABER ILUSTRIS CONTECIT.I.STELAPE.

          Son precisamente los muros de la nave los que han sufrido mayor ruina. De hecho sólo queda su basamento de mampostería a lo largo del lado del Evangelio y los pies del templo. La falta de protección del tapial de estos muros, al desaparecer la cubierta, ha acelerado su deterioro y desaparición, pues en fotografías de los años 1980, si bien se aprecia el desmoronamiento en su coronación, aún se mantenían en su mayor parte. Por el contrario las partes de ladrillo y tapial asentadas sobre zócalo de piedra de sillería (crucero, capilla mayor, sacristía y capilla próxima), han mantenido buena parte de la altura de sus muros. La sacristía mantiene incluso su techo y cubierta.

          Sin duda la calidad en la ejecución de los zócalos de los muros ha influido en su estabilidad planteando problemas desde bien antiguo pues entre 1785 y 1795 se hizo obra en el muro norte por tener una gran oquedad que ponía en peligro la fábrica. Quizás se refieran estas noticias al arco de medio punto embebido en parte del muro noreste, entre el crucero y la capilla mayor, que aparece cegado en las fotos del Catálogo y que, probablemente, se ha destapado cuando se realizaron las obras de limpieza y consolidación de las ruinas. Este arco pertenece a una construcción anterior a la que formó el crucero y la capilla mayor.

          En la capilla de la Visitación la ruina de la bóveda vaída que la cubría deja ver su solución constructiva, que formaba el cascarón con doble capa de ladrillos colocados a tabla y recibidos con yeso. Apoyaba sobre los muros del recinto mediante arcos de ladrillo en resalte formando una moldura recta que remata el encuentro con cada paño en continuidad con las pilastras que recorren los paramentos.

          El cuerpo de ladrillo de la torre ya presentaba agrietamientos en sus fachadas norte y oeste cuando fueron publicadas las fotos del catálogo, aunque el basamento de piedra aparece en perfecto estado, al menos en los paramentos que se aprecian en la imagen. Las grietas, que parecen reparadas en parte, evidencian los problemas de estabilidad de sus muros que, bien por problemas de asentamiento sobre la fábrica de ladrillo, bien por problemas de cohesión de su aparejo, causaron su ruina o propiciaron su derribo ante el peligro con que amenazaban.

          Tordesillas se vio privada así de un vestigio singular que muchos vecinos aún recuerdan, especialmente cuando al llegar el 25 de julio se celebra la fiesta religiosa y profana en la que los parroquianos aportaban lo mejor de si mismos. Tal fue la celebración de la octava de Santiago, ocho días de atenciones espirituales y el último, al llegar la fecha señalada en el calendario, la efigie de Santiago Matamoros era paseada en andas alrededor del recinto y barriada entre el repicar de campanas, acompañado de la dulzaina y del tamboril, una vez acabadas las ceremonias litúrgicas de rigor.

          Entre los aspectos lúdicos de conmemoración de la octava aparece la noticia de toros a cargo de “los de Santiago” y así según los libros de actas municipales, el mayordomo del Santísimo Sacramento presentó al consistorio esta petición: “Habiéndose terminado de dotar el altar del apóstol Santiago, y para la colocación del Santísimo, teniendo prevenidos dos toros y novillos de limosnas, por ser pobre el mayordomo y no poder sufragar tantos gastos, le ayude este Ayuntamiento a hacer el toril y a tapar las calles”, accediendo a esta petición de muy buena gana el Municipio (Acuerdos, 1962).

          El Apóstol Santiago era celebrado con toros, función a todos gustosa, uno de los cuales será soltado a la vega, con sus clarines aunque con la expresa prohibición de participación de los clérigos, según mandado episcopal “Que no salgan los sacerdotes con vara larga a los toros de la Vega, porque en esta Villa hay muchos sacerdotes que con vara larga y hábitos indecentes salen a lidiar los toros de la vega…”  Y es que también el caballo blanco de Santiago, galopa y retumba y ensordece  sus cascos por entre los pinos de la vega del Toro de Tordesillas, mientras rumia estrellas en los campos celestiales.

         

            La estatua de Santiago Matamoros, que aún, y por suerte, la conservamos todavía en el museo de San Antolín, en donde fueron recogidas las piezas que pudieron salvarse, representa al apóstol con su caballo blanco y mandoble en ristre da tajos y acaba con un grupo de moros que yacen a los pies de su caballo, en homenaje a la Batalla de Clavijo, comienzo de la leyenda de Santiago como adalid cristiano contra la morería. La azulejería de Talavera también fue trasladada al mismo lugar y allí, en dicho museo tordesillano, al lado del sepulcro del arcipreste Juan González, fundador del hospital de peregrinos, se presenta a la posteridad. Hay que decir que para evitar los vaivenes de la talla al ser portada por las buenas gentes de su barrio y darla consistencia debida, el rabo del jaco se desarma y por salva sea la parte se le introducía una arroba  de arena para ganar así el peso necesario.

          Recordar la dedicación de este templo tordesillano refleja notablemente y sin ninguna duda la devoción que desde la Edad Media hubo en España hacia el apóstol y por Tordesillas se encaminaban a Santiago de Compostela un gran contingente de peregrinos. Pero esto no es solo lo que suscita la devoción sino que la dedicación de un templo es exponente del reconocimiento de la villa de Tordesillas al protomártir, al considerarle como protector de reyes, del reino y de los hispanos.

Publicado en A - PREFACIO | 2 comentarios

31- El Castro Lupario y la Tradición Jacobea

          Enclavado en las estribaciones del Camino Portugués a Santiago de Compostela y vinculado a la leyenda del Apóstol Santiago y de la mítica reina Lupa, está este recóndito lugar, uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de la comarca de Santiago y merecedor de mayor atención de las instituciones. Es el llamado Castro Lupario, una arcaica fortaleza cuya fundación se sitúa en tiempos remotos de la historia local, y conocido también como castro de Francos o de Veca o de Faramello, como también se le llama por topónimos de lugares que están a su falda.

 

            A unos doce kilómetros de Santiago y a unos ocho de Padrón, entre los términos municipales de Teo, Rois y Brión, dominando el entorno de los valles del Sar y del Tinto, hay un monte de mediana altura, cubierto de espesa vegetación y con unos ciento cuarenta metros de altitud y novecientos metros de circunferencia con cierta forma de herradura y con una meseta en su parte alta de una hectárea y media de superficie cuyo recinto es conocido también como “Eira dos Mouros”. La falda occidental es profunda y muy escarpada, lo que hace muy difícil la ascensión por aquella parte, por lo que debe acometerse por su ladera norte en una subida algo fatigosa pero que puede hacerse con relativa facilidad acometiendo su exigente subida, siempre que el estado de la vegetación lo permita, hasta su cima, un paraje solitario que guarda restos todavía imponentes de una muralla que rodea el contorno casi circular de su meseta, y que aunque algo desportillada en algunos tramos, ofrece unas formidables proporciones que llega hasta dos metros de espesor y más de cuatro de altura.

          Se trata muy probablemente de un Oppidum céltico o íbero, como otros ejemplares de la región, que debió ser capital de los Amaaeos o pobladores del valle de la Amaía, pues se trata de la principal fuerza existente entre otras de la comarca. Consistía en una primitiva forma de organización tribal que constituía una unidad defensiva y social.

          Con la conquista se convirtió después en fortaleza romana, quizás un castro o præsidium en donde estuviese alojado un destacamento de algunas de las dos legiones (quizás de la VI, Victrix) que guarnecían a Asturias y a Galicia. Así lo acreditan trozos de ladrillo romano y terra sigillata que se ha encontrado sobre el terreno, así como por la vía romana empedrada que rodeaba su base, que comunicaba con la que iba desde Iria hasta Asseconia pasando al pie del Picosacro o monte Ilicino, atravesando un puente de un solo arco, cuyo esqueleto se mantiene todavía sobre el riachuelo de Padarela, el río Tinto, que baña las estribaciones del Castro Lupario y que el vulgo aún llama dos Mouros.

       Hay por tanto un esquema de comunicaciones que hace comprensible y viable los movimientos que hubieron de efectuar los discípulos apostólicos en búsqueda de un lugar adecuado para la sepultura de su maestro, para atravesar el valle de la Amaía, acceder al Pico Sacro, y tomar la vía romana per loca maritima, que atravesaba el Tambre entre Ons y Negreira y se dirigía hacia la costa de Finisterre; en definitiva, que los desplazamientos e itinerarios propios que conectan los topónimos de lugar mencionados en el relato de la Tradición Jacobea, encajan y responden bien con la distribución geográfica lógica y asumible ya desde los primeros momentos de la era cristiana.

          En el primer periodo de la Edad Media parece que tuvo allí su residencia el Comes o regio mandatario de la Amaaea, en que se levantó una fortaleza interior que conservó durante varios siglos una Torre central, llamaba Torre de Sixto, topónimo de una localidad limítrofe, y que es citada en algunas referencias escritas, como la del padre mercedario Juan de Azcona en 1532, o Mauro Castellá que visitó el famoso Castro a principios del siglo XVII y en su Historia del Apóstol Santiago nos deja una notable descripción que nos da buena idea de las proporciones y la relevancia del lugar:

           “Residía Lupa en un Castillo, y fortaleza suya, rodeado de gruesa muralla, que aún tiene doce pies de ancho en algunas partes, dentro de la cual hay tanta capacidad, que cabe un escuadrón de cuatro mil hombres, y mas: aún hay hoy día grandes pedazos de ella, en partes tiene altura de una pica (que quiere Dios conservar estas memorias por honor de su apóstol). Tenía el Castillo en medio de esta plaza, cuyos cimientos se ven ahora, y desde la entrada de la primera muralla se iba a él por una calle estrecha de ocho pies de ancho, hecha de uno y otro lado con gruesa muralla. Estaba esta fuerza y están estos vestigios en un sitio fuerte que ocupa la corona de un alto cerro, a dos leguas de Iria, junto a Francos, a mano izquierda del camino que viene a Compostela, de la cual dista otras dos, llámanle ahora Castro Lupario, como le llamaban antiguamente, y este nombre ha conservado siempre, como se halla en la historia Compostelana, y en muchas escrituras de la casa Apostólica. Ha tenido y tiene este nombre, porque fue de la Señora Lupa. De poco tiempo acá por una ermita que fundaron en él los comarcanos de la vocación de San Antonino, le llamaban también Castro de San Antonino”.

          Ciertamente, está documentada la existencia de una parroquia en la Edad Media conocida como San Antonino de Castro, lo que originó también el nombre de castro de San Antonino. Fue una de las iglesias que recibió diego Gelmírez de su hermano Munio. En 1635 el visitador diocesano ordenó su demolición por estar en estado ruinoso, y mandó que se pusiera una cruz en su lugar.

          La tradición nos dice, por tanto, que allí estuvo emplazado el Palacio de la Reina Lupa, que en él residía habitualmente, por lo que era conocido con el nombre de Castro Lupario. Así lo cita ya el Códice Calixtino en el siglo XII, como testimonio de que se trata de un lugar arcaico con raíces culturales populares en el que subyace un fondo de historicidad.  Desde allí es donde cuenta la leyenda que recibió a los apóstoles que acudieron a la autoridad del lugar en su propósito de buscar una sepultura para el cuerpo de su maestro.

          Cuando Antonio López Ferreiro estuvo allí por primera vez, hacia fines del siglo XIX, todavía existían algunos restos del castillo que describe Castellá Ferrer, aunque en estado de ruina y era identificable y medible la estructura de la torre que se elevaba en el centro con unas medidas de 69 pies en largo y 39 en ancho. Detectó incluso una especie de torreón que defendía la entrada del muro exterior abierta hacia el norte del castro, cuyo perímetro interior era de unos 600 metros. Solo unos pocos decenios después de aquella descripción y por el absoluto abandono de aquellas ruinas, desapareció todo vestigio de la misma, de modo que no queda una sola piedra de dicha Torre y menos aún del castillo y las estructuras interiores del castro.

          Por tanto del Palacio o Fortaleza que había en el recinto amurallado nada se conserva, aunque es de suponer que sus cimientos y algunos restos se hallen soterrados o cubiertos por el espeso manto del espinoso tojo y maleza  que crece en toda la planicie y laderas, a veces tan intensa y tan densa que impide su acceso o lo dificulta muchísimo, generando en alguna ocasión la realización de intenso desbroce y agresivos cortafuegos, motivo de polémica y protesta. Servidor intentó la subida al lugar en junio de 2015 por su lado norte, y solo pude llegar a la base del otero por hacer imposible el ascenso un tupido manto de agresivos tejos.  

          Fernando Acuña Castroviejo y Milagros Cavada Nieto realizaron la excavación mejor documentada que se conoce y que realizaron en 1970. En el interior observaron que su amplia plataforma central estaba cruzada por varios muros, restos sin duda de antiguas construcciones, quizá el castillo y torre citados. A la derecha de la entrada y por la parte exterior de la misma detectaron un saliente rodeado de pequeños muros que podrían corresponder al torreón defensivo que señala López Ferreiro. Y confirmaron la existencia de los cimientos de una construcción rectangular con unas dimensiones de casi setenta metros de largo por cuarenta de ancho compatible con el palacio o fortaleza de la que hablan distintos relato. También encontraron gravados rupestres, esculturas, cerámicas y monedas, que descubren, dentro del contexto en que se hallaron, la relevancia del lugar.

          Merece compendiar estos hallazgos hoy en dispersión museística o de localización ignorada. Utilizada en la muralla del castro como elemento constructivo, sobre una piedra de granito rectangular, se halló un petroglifo en cuatro círculos concéntricos con una pequeña cazoleta central y dos líneas radiales que salen del centro de la composición. Se ha encontrado la escultura de una cabeza humana esculpida en una pieza de granito de 22 cm de ancho, 27 de largo y 20 de grosor, un trabajo tosco con predominio de trazos curvos, que muestra rostro ovalado donde solo aparecen los rasgos de la cara, con cejas marcadas, ancha nariz, y boca de amplia hendidura e indicios de lo que pudiera ser un bigote. Su uso, poco claro, podría tratarse de trofeo, representación de deidad, ornamental o valor funerario. Se han recogido fragmentos de cerámica de diversa época y significado funcional, como tejas, ladrillos y otros usos. Se han localizado dos piezas de indudable interés situadas encima del muro que se levanta en las inmediaciones de la entrada al recinto castreño y que permanecen allí. Se trata de dos piezas de granito de forma irregular, con una perforación cerca de sus extremos y cuya finalidad podría ser la de anclaje de alguna puerta o cancela. En el terreno numismático se han encontrado unas cuantas monedas y un medallón aparecidos a mediados de 1970. Las monedas, en número de diez o doce, constituyen un pequeño “tesorillo” de piezas todas diferentes e inusuales en otros yacimientos, y que abarca un amplio periodo cronológico, desde la de Tyche de Antioquía, en la actual Turquía, del año 312 antes de Cristo, hasta el as o Dupondio de Crispina Augusta del año 180 de Roma, o una pieza de la Urbs de Roma de la época de Constantino de la Ceca de Roma de 330-331. La fecha de ocultación de estas monedas puede fijarse hacia mediados del siglo IV.

 

 

          En los aspectos arqueológicos coinciden los entendidos que desde las descripciones de Castellá Ferrer y de López Ferreiro, pocos son los cambios que hoy se perciben en este castro. Las medidas de la muralla hoy son, lógicamente, un poco inferiores a la de aquellos autores, dado el tiempo transcurrido, y ha habido lógicamente derrumbes inevitables, ha aumentado la maleza y lo que antes era confuso, hoy lo está un poco más. Aun así lo que se conserva es suficiente para dar una idea de la importancia que sin duda tuvo en tiempos pretéritos.

          Las valoraciones sobre sus interesantes hallazgos sugieren la gran importancia que debió tener en tiempos pretéritos. El lugar ya de antiguo debió de ser habitado o frecuentado por individuos de la Edad del Bronce como muestra la del petroglifo citado que nos habla de que el emplazamiento fue lugar de culto. Durante la Edad de Hierro, ya con un castro constituido como estructura cierta, la cultura material de sus pobladores se manifiesta en la cabeza descrita. Y en tiempos romanos, el castro no dejó de tener su importancia, como lo demuestra la ocultación numismática reseñada, a lo que habría que añadir el paso de dos vías por sus inmediaciones y la existencia del pequeño puente de Paradela, para salvar el río. Las murallas del castro pudieron levantarse en la Edad del Hierro por pobladores del valle de Amaia y luego reutilizada en tiempos romanos. La rareza de las monedas nos induce a pensar en una función especial del lugar. Y las citas de la Traslación de los restos apostólicos puestos en ese escenario de verosimilitud toponímica y geográfica, hace aún valiosa la importancia del lugar. 

          El castro fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2009 y a raíz de ello en los alrededores de este recinto prerromano se dispuso una ruta de senderismo llamada Ruta do Castro Lupario y Río Sar. Pero lo cierto es que el propio castro está en absoluto abandono y sería deplorable el deterioro de estas murallas, uno de los monumentos más populares de la Tradición Jacobea y la Reina Lupa, que medió en proporcionar sepultura al Apóstol, en el lugar que fuera inicialmente su mausoleo familiar y que en el transcurso de los tiempos será el fundamento de la ciudad de Compostela. A pesar del abandono los entendidos lo consideran uno de los sitios más interesantes de la zona, un recinto enigmático satisfactoriamente bien conservado a pesar del olvido y abandono, que encierra ciertas singularidades y misterios que merecerían mayor estudio, con algunas formas detectables a través de Google Maps. Un muro de piedra imponente rodea el compartimiento superior de la Acrópolis con una pared divisoria en su interior. Hay una suerte de terraplén extramuros que podría tratarse del acceso original al castro con alguna forma de infraestructura defensiva. Como fenómeno de interés, hay unas derivaciones radiales de la misma época del propio muro, que descienden hasta el mismo pie de la montaña, quizá separadores de diferentes fincas de cultivo o ganadería. Un detalle interesante es la ausencia de trazos de viviendas, por lo menos en la zona norte, lo que podría indicar un uso culturalmente diferente del resto de los asentamientos en la zona. Todo ello sugiere lo conveniente y deseable que sería un estudio más activo y permanente de este complejo arqueológico, que podría arrojar verdaderas joyas al patrimonio gallego y tal vez aclarar sus enigmas. Podría asociarse con una explotación museística y centro de interpretación, semejante, por ejemplo, al castro de Viladonga (Lugo), prototipo de castro de interior, aunque en el caso del Castro Lupario contaría con el estímulo adicional de ser escenario de la Tradición Jacobea, encontrarse muy cerca de Compostela y prácticamente a los pies del Camino Portugués de peregrinación, lo que podría muy bien asentar las bases de un centro sostenible con instalaciones pensadas tanto para el peregrino como para el visitante.

          Hoy por hoy la realidad, tristemente, es muy otra, no solo por su olvido y desatención absolutos, sino por los desmanes de una administración local desinformada que hace cortafuegos en los montes sin personal capacitado ni estudios previos, como el realizado en junio del 2010 hasta el mismo muro del Castro Lupario. La propia administración descuida y daña el patrimonio que dice proteger, y como no va a denunciarse ni multarse a sí misma, asunto sobreseído. Así se van acumulando daños irreparables como la agresión a perímetros de castros y de caminos antiguos, o la destrucción de mámoas. Que verdadero despilfarro o falta de previsión y estrategia cultural.

¡Que buen vasallo sería…

si tuviese buen señor!

Publicado en 31- El Castro Lupario y la Tradición Jacobea, C - ARTÍCULOS | Etiquetado | Deja un comentario

34- João Zorro y Lisboa medieval.

          João Zorro (Joán, Johán, Xoán o Xohán Zorro) fue un juglar portugués de biografía desconocida que desarrolla su actividad poética durantes finales del siglo XIII y primer cuarto del XIV, durante el reinado de Dionisio I de Portugal, en cuya corte estuvo al servicio del monarca. Se piensa que dos de sus cantigas fueron compuestas por orden real con ocasión de la botadura de navíos en los astilleros de Lisboa para el inicio de alguna campaña militar naval.

          En el siglo XIII Lisboa se convirtió en la capital de Portugal por su localización estratégica, y llegando a ser un importante centro comercial que conoció gran prosperidad por su actividad marítima y colonial. Es la época del rey Don Denis, gran cultivador de las letras en su país, trovador célebre y protector de trovadores y juglares en su corte. Lisboa empieza a desempeñar un papel político y cultural muy importante y João Zorro fue, según los investigadores, un famoso juglar de la corte de Don Denis, es decir, su actividad poética tuvo lugar en el período dionisíaco de la poesía cortés gallego-portuguesa, un período que, junto al período alfonsí, constituye la época clásica de esta poesía, una época de florecimiento y esplendor para la más famosa escuela poética medieval en la Península Ibérica.

          Las célebres cantigas de João Zorro se consideran por algunos investigadores los documentos poéticos mayores de la Lisboa medieval, de la cual nos da importantes testimonios, siendo el único poeta de los Cancioneros medievales gallego-portugueses que dedica una gran parte de su obra a esta ciudad, y su contenido puede reflejar el nacimiento de una nueva época en Portugal, que va a desembocar en los Descubrimientos.

          De su obra han llegado hasta nuestros días tan sólo once de sus cantigas, gran parte de las cuales son barcarolas o cantigas marineras, pues la constante referencia a motivos marineros es una de las características más sobresalientes de Zorro.

          “En Lixboa sobre lo mar” [B 1151a-1152a, V 754], es una conocida cantiga ambientada en Lisboa, aparentemente de tema heroico pero que oculta una cantiga de amor que a su vez remeda la forma de una cantiga de amigo en la línea de la tradición literaria medieval galaicoportuguesa, con coplas alternas, paralelísticas y con leixa-pren. El sujeto lírico, una voz masculina, anuncia a su dama que ha ordenado construir barcos en Lisboa, un motivo temático que ha de entenderse como parte de los preparativos de una campaña militar y que sirve para introducir el tópico de la separación de los amantes. Aunque formalmente la tenemos que clasificar como una cantiga de amor, ya que la voz es masculina, como se ha dicho, está realmente lejos del universo común de ese género, y muy cerca del universo de las cantigas de amigo (incluso, además de la tradicional forma paralelística, uno de sus “marcadores” habituales, el término velida). Esta simbiosis entre los dos géneros es, desde luego, una de las originalidades de la cantiga. Otra característica muy original es el hecho de que esta voz masculina no es la del trovador, como cabría esperar, sino la voz del mismo constructor de los barcos, el rey Don Denis. Este es un caso único en la lírica gallego-portuguesa (e incluso en la lírica en general). La composición entra, por lo demás, en diálogo directo con las cantigas de amigo del mismo autor, y donde una voz femenina se refiere igualmente a estas barcas nuevas que el rey mandó hacer.

[B 1151a-1152a, V 754]

En Lixboa, sobre lo mar
barcas novas mandei lavrar,
ai mia senhor velida!

En Lixboa, sobre lo ler,
barcas novas mandei fazer,
ai mia senhor velida!

Barcas novas mandei lavrar
e no mar as mandei deitar,
ai mia senhor velida!

Barcas novas mandei fazer
e no mar as mandei meter,
ai mia senhor velida!

          La magnífica versión instrumental de Strella do Día y Quinta estampida real ambientan bien la temática en el tono festivo de la botadura de navíos en los astilleros de Lisboa para el inicio de alguna campaña militar naval.

          En otra cantiga de amigo, eco de la anterior, se construye una narrativa simbólica con cuatro personajes: la madre, la hija, el rey de Portugal y el amigo. En general, las cantigas de amor son de un carácter más culto que las de amigo y, en su mayoría, son cantigas de maestría. La cantiga que analizamos es una de las pocas que son escritas con estribillo. Es ésta una de las características en el estilo de João Zorro, es decir, la forma tradicional de su poesía. Sin embargo, no dejan por ello evocar el universo cortés, miembro del cual fue el poeta mismo. En estas cantigas aparecen las piedras angulares de la poesía de João Zorro: el río, el mar, el rey de Portugal, Lisboa, etc. Estos aspectos de su poesía tienen que ver en gran medida con las circunstancias históricas de su época, las cuales Zorro refleja fielmente en su obra.

[B 1153, V 755]

El-Rei de Portugale
barcas mandou lavrare,
e lá irán nas barcas migo
mia filha e noss’amigo.

El-Rei portugueese
barcas mandou fazere,
e lá irán nas barcas migo
mia filha e noss’amigo.

Barcas mandou lavrare
e no mar as deitare,
e lá irán nas barcas migo
mia filha e noss’amigo.

Barcas mandou fazere
e no mar as metere,
e lá irán nas barcas migo
mia filha e noss’amigo.

          Otras cantigas sobre botadura de barcos con el trasfondo del amor truncado lo tenemos otras dos piezas de João Zorro.  

[B 1156, V 758]

Mete el-Rei barcas no río forte;
quen amig’ha que Deus lho amostre:
alá vai, madr’, ond’hei suidade!

Met’el-Rei, barcas na Estremadura;
quen amig’ha que Deus lho aduga:
alá vai, madre, ond’hei suidade.

          En esta breve cantiga del ciclo “barcas novas”: el rey lanzó las barcas al mar y la doncella espera, ya con nostalgia, que Dios le traiga rápidamente a su amigo que en ellas va. Una vez más, y al contrario de lo habitual en cantigas de amigo, la escena es concretamente ubicada en la Extremadura portuguesa.

[B 1150a / V 753]

Per ribeira do río
vi remar o navío,
e sabor hei da ribeira.

Per ribeira do alto
vi remar o barco,
e sabor hei da ribeira.

Vi remar o navío;
i vai o meu amigo,
e sabor hei da ribeira.

Vi remar o barco;
i vai o meu amado,
e sabor hei da ribeira.

I vai o meu amigo,
quer-me levar consigo,
e sabor hei da ribeira,

I vai o meu amado,
quer-me levar de grado,
e sabor hei da ribeira.

          En esta cantiga integrada en el ciclo que tiene Lisboa como escenario, la voz femenina canta ahora la ribera del río, seguramente el Tajo, donde ve el barco a remos que lleva a su amigo. El placer que ella siente con la contemplación de la escena que exalta la belleza del estuario del Tajo, esconde una nostalgia evidente sobre la marcha de su amigo y la separación obligada, patente en los versos donde ella dice que su amigo la quiere llevar consigo.

          En un papel central de las obras de João Zorro ocupa un protagonismo destacado la ciudad de Lisboa, que no es sólo el marco donde se desarrolla la acción, sino también objeto del poema. Las citadas barcas nuevas simbolizan la propia ciudad de Lisboa en pleno desarrollo, donde la construcción naval se convierte en un modo de existencia política y comercial.

Publicado en 34- João Zorro y Lisboa medieval., B - MÚSICA | Etiquetado , | Deja un comentario

33- Ato, episcopus trecensis, en el Códice Calixtino

          En el desarrollo de la polifonía y el canto Santiago de Compostela y el Camino de Santiago tuvieron una marcada relevancia, como muestra el Códice Calixtino, que además de su destacado contenido monódico de canto llano en el libro I de las liturgias, contiene en su apéndice musical tras el libro V, el primer repertorio polifónico de la Historia de la Música, superiores a otros corpus polifónicos europeos (Winchester y San Marcial de Limoges), y que pueden muy bien considerarse precursor de la gran música polifónica de la escuela de Paris (Leonín y Perotín), con quien tuvo una demostrada relación precursora. Eran los tiempos de la capilla de música formada por canónigos o niños al servicio de la iglesia que cantaban y leían la música sobre facistoles o grandes atriles colectivos sobre los que se apoyaban los libros de música para cantar en las iglesias.

          La colección polifónica del Calixtino, además de una pieza monódica singular com el “Dum pater familias”, incluye veintiún piezas polifónicas pertenecientes a la primera etapa de la polifonía europea (Ars antiqua). Y aparecen en total once personas a los que el Calixtino atribuye estas obras polifónicas y fue una auténtica novedad, pues hasta entonces lo usual era el anonimato, y Compostela fuera la primera en romper con ese hábito como pronto hará la escuela de París poco después. La investigación arroja que en no pocos casos se trata de personajes reales tanto en identidad como en cronología, y los estudios del musicólogo López Calo apuntan a que muy bien estos autores colaborado realmente en la elaboración de estos cantos, lo que tiene un gran interés en la historia de la música, pues serían los primeros autores conocidos de música polifónica, anteriores incluso a Leonin y Perotin, a los que se venía reconociendo como los primeros autores de polifonía. En este caso la escuela de polifonía compostelana sería un precedente de la escuela de Notre Dame de Paris, que actualmente se considera la hipótesis más factible.

      El nombre a que se atribuyen mayor cuantía de obras polifónicas es “Ato episcopus Trecensis”. Se trata de Atón o Hattón, que fue arcediano y deán de Sens y luego obispo de Troyes en la Champaña desde 1125. En 1145 se retiró a la Abadía de Cluny donde murió ese mismo año.

 

          Se le atribuyen siete composiciones en el apéndice polifónico, todas a dos voces: “Nostra phalanx plaudat leta” (Nº 95, folio 214 [185]), “Dum esset salvator in monte Sicut enim vox tonitrui” (Nº 103, folio 216v [187v], “Huic Iacobo Tristis est anima” (nº 104, folio 217 [188]), “Iacobe virginei Tu prece continua” (Nº 105, folio 207 [188]), “O adiutor omnium seculorum Qui subvenis periclitantibus” (Nº 106, folio 217-217v [188-188v]), “Portum in ultimo” (nº 107, folio 217v [188v]), y “Misit Herodes Occidit autem” (Nº 109, folio 218 [189]).

          El Nostra Phalanx es un himno al apóstol Santiago de bellísima factura que los registrados en Spotify pueden escuchar, en versión de Venance Fortunate Ensemble, en el nº 11 de este enlace: 

https://open.spotify.com/album/37MgtzCjQsqTF13ukFWcgX

 

Nostra phalanx plaudat leta
Hac in die, qua athleta
Cristi gaudet sine meta
Iacobus in gloria
Angelorum in curia.

Quem Herodes decollavit,
Et id circo coronavit
Illum Cristus et ditavit
In celesti patria
Angelorum in curia.

Cuius corpus tumulatur
Et a multis visitatur
Et per illud eis datur
Salus in Gallecia
Angelorum in curia.

Ergo festum celebrantes,
Eius melos decantantes
Persolvamus venerantes
Dulces laudes domino
Angelorum in curia.

(Traducción de A. Moralejo)

Aplaudid con alegría,
que Santiago en este día
goza como merecía
en la gloria celestial,
en la curia angelical.

 

Por Herodes degollado,
y por esto coronado
por Cristo y magnificado
en la patria celestial,
en la curia angelical.

 

Cuya tumba venerada
es por muchos visitada
en Galicia les es dada
curación de todo mal
en la curia angelical.

 

Su fiesta, pues, celebremos,
en su honor himnos cantemos
y con loas veneremos
al Señor de siervo tal
en la curia angelical.

 

          El resto de piezas son respuestas para los servicios de la celebración del día de Santiago de las que escucharemos como muestra dos de ellas:

Huic Iacobo Tristis est anima en versión del grupo Sequentia.

R/ Huic Iacobo condoluit dominus tempore passionis sue
velut karus karo suo mesticiam carnis sue,
ostendens ei et dicens.

V/ Tristis est anima mea usque ad mortem,
ostendens ei et dicens.
Gloria Patri et Filio, et Spiritui Sancto

R/ A este Santiago se lamentó el Señor, en el tiempo de su pasión,
como el amigo a su amigo,
mostrándole la tristeza de su carne y diciéndole.
V/ Triste está mi alma hasta la muerte.
Mostrándole y diciéndole.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Iacobe virginei Tu prece continua

R/ Iacobe virginei frater preciose Iohannis,
qui pius Ermogenem revocasti
corde ferocem ex mundi viciis
ad honorem cunctipotentis

V/ Tu prece continua pro nobis omnibus ora,
qui pius Ermogenem revocasti
corde ferocem ex mundi viciis
ad honorem cunctipotentis

R/ Santiago, preciado hermano del virginal Juan,
que convertiste piadosamente a Hermógenes,
de índole feroz, de los vicios del mundo
al servicio del Omnipotente.
V/ Con oración continua pide por nosotros,
que convertiste piadosamente a Hermógenes,
de índole feroz, de los vicios del mundo
al servicio del Omnipotente.

 

Publicado en 33- Ato, episcopus trecensis, en el Códice Calixtino, B - MÚSICA | Etiquetado | Deja un comentario

30- Santiago de Praga o la Iglesia de la Mano Cortada

          En la ciudad vieja de Praga, en una pequeña calle detrás del patio Ungelt, encontramos esta iglesia (Kostel sv. Jakuba), vinculada a una importante comunidad monástica franciscana, que sorprende por sus dimensiones y por la belleza de su decoración. Una vez que nos encontremos en su interior, nos quedamos absortos por la longitud de su nave central, así como por la vertiginosa altura de la misma, que alcanza los treinta metros.

       Surgió cuando la Vieja Ciudad de Praga comenzó a ser rodeada de muros de protección, fundada en 1232 a instancias de Wenceslao I de Bohemia, en estilo románico. Gracias a Juan de Luxemburgo y su esposa, el inmueble fue reconstruido en el siglo XIV y transformado en una hermosa e inmensa basílica gótica. En 1689 la iglesia fue destruida por un incendio y posteriormente renovada y remodelada en estilo barroco. Por ello y como ocurre en otras muchas iglesias de Praga, en ella encontramos una asociación de elementos góticos del edificio con una decoración interior barroca. No cabe quedarse con ganas de conocerla, pues dicen las guías turísticas que permanece abierta todos los días del año y que la entrada es gratuita.

          La iglesia fue un componente original del Monasterio Minorita  aquí edificado. Uno de los primeros usos de los que se tiene evidencia para esta construcción, fue como escenario de la festividad para celebrar la coronación del rey Juan de Luxemburgo y su esposa, para luego ser marginada de la historia durante una enorme cantidad de años. Durante su existencia ha sido víctima de tres incendios diferentes, todo lo cual representó un gran esfuerzo de reconstrucción en la posguerra. La construcción que se ve en la actualidad es el resultado del trabajo realizado en el siglo XVII, en el que tuvo lugar el último incendio. El incendio que destruyó una gran parte de la Ciudad Vieja en 1689 obligó la reconstrucción parcial del edificio.

En la nueva fachada encontraremos tres bajo-relieves de gran tamaño, cuyas escenas representan la apoteosis de San Francisco, Santiago el mayor rodeado de peregrinos y la apoteosis de San Antonio de Padua.

          Desde los siglo XII y XIII desde Praga partía una de las rutas principales de peregrinación europea, y la ciudad fue un punto clave del Camino de Santiago medieval, en modo que la iglesia de Santiago de Praga fue un lugar de descanso de los peregrinos en el Camino de Santiago centro-europeo. Las altas torres de la iglesia debían facilitar a los peregrinos la orientación y el angel sobre el apóstol Santiago de relieve central de la entrada está indicando la dirección para peregrinar al camino de Santiago junto a un peregrino que lo muestra al resto.

          En la decoración de los interiores de la iglesia de Santiago participaron los más destacados artistas checos del barroco, destacando una obra maestra del arte barroco: la pintura del altar que representa el Martirio de Santiago de Reiner, instalado en un enorme marco llevado por ángeles. Cuenta la leyenda que el cuadro fue pintado cuando la peste negra asolaba Praga. El pintor pedía continuamentye a la Virgen no morir de esta enfermedad. Él no la contrajo, pero si su esposa y su hijo, que fallecieron mientras él siguió trabajando hasta dar la última pincelada al cuadro, momento en que cayó muerto al suelo, aunque no víctima de la peste negra.

También es reseñable su magnífica bóveda, embellecida con frescos en trampantojo del pintor Francis Vogeta de 1736, con escenas de la Virgen María.

          La acústica de la iglesia es de renombre mundial, por lo que es lugar elegido como lugar idóneo de conciertos de música clásica y sacra que se celebran allí a lo largo de cada año. La acústica se hace singularmente patente con el colosal órgano barroco de 1705, un prestigioso atractivo de esta iglesia, con 4 teclados manuales, 91 registros y 8277 tubos,  que se encuentra en el lugar perfecto para demostrar su sonido. Resulta un aliciente espectacular la cita dominical por la intervención del órgano. Se cuenta que Mozart fue en varias ocasiones a tocar en el órgano de esta espectacular iglesia.

          Uno de los mayores atractivos de esta iglesia lo representa la tumba del Canciller Checo Vratislav de Mitrovice. El elaborado diseño fue creado por Jan Bernard Fischer de Erlach es un verdadero testimonio de  su destreza. Un viejo rumor cuenta que cuando la tumba fue abierta, su cuerpo fue encontrado sentado, como si hubiera tratando en vano de salir de su tumba.

          Otro gran atractivo es la estatua de la Virgen María del siglo XV, en el altar mayor. Se trata de la Virgen Dolorosa, de un bello estilo gótico tardío, que ocupaba inicialmente un altar lateral cuando protagonizo uno de los acontecimientos más sorprendentes y siniestros del lugar, emparentado con la propia historia y tradición de esta iglesia y que da al templo el sobrenombre de “Iglesia de la mano cortada”.

 

          Santiago fue considerado patrono del gremio de los carniceros, lo que explica que en la Praga medieval hubiera numerosos comercios de carniceros en las inmediaciones de la iglesia. El rey de Bohemia, Juan de Luxemburgo, les concedió el privilegio como gremio como agradecimiento por haberle ayudado a llegar al trono. Cuando en el siglo XV estallaron en el país las guerras de los husitas, quienes destruían todo lo relacionado con la religión católica, la iglesia de Santiago y el convento quedaron casi indemnes gracias a la protección de los carniceros, que la defendían contra los ataques y robos, según testimonia una vieja leyenda local, cuando cierta vez un ladrón quiso robar las joyas de la Virgen. Permaneció agazapado en una esquina hasta quedar el templo vacío, momento que eligió para acercarse a la talla de madera de la Virgen María, abalanzándose sobre ella para robarle sus joyas, una corona y un collar de perlas. Para sorpresa del ladrón, la estatua de la Virgen le agarró la mano con tal fuerza que el ladrón no podía liberarse y tuvo que permanecer allí toda la noche hasta que a la mañana siguiente le encontró un sacerdote, quien salió a la antigua calle de los carniceros y volvió a la iglesia con un carnicero y su hacha. El ladrón clamaba que rompieran la talla, pero resolvieron cortarle el brazo, que se conserva en la iglesia de Santiago hasta el presente. Sea como fuere, si realmente se trató de una leyenda o si fue verdad lo ocurrido, lo cierto es que a la entrada a la iglesia, en el pasillo a mano derecha, cuelga en lo alto un resto que realmente se asemeja a un brazo humano momificado, y debajo un lienzo que narra la historia de la iglesia de la mano cortada. Y en la nave lateral del inmueble, en dirección al norte, está situada en la pared una placa del año 1615 que lleva una inscripción de los carniceros, quienes advierten que a quien quiera hacer algún daño o ponga en peligro la iglesia, será hecho pedazos.

          Actualmente la iglesia y el convento sirven nuevamente a la orden Minorita que enlaza en sus actividades con los años de gloria de la época en que gobernaron el país los soberanos de la dinastía de los Luxemburgo.

 

Publicado en 30- Santiago de Praga o la Iglesia de la Mano Cortada, C - ARTÍCULOS | Etiquetado | 1 Comentario

21- Milagro en Santiago de las Escombreras

De mi buen amigo Manuel Esperilla, de los Amigos del Camino de Santiago de Sevilla «Vía de la Plata», tomo prestado esta joya de artículo que dice mucho y bueno de su autor y de su asociación.

 

DE COMO LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO VÍA PLATA Y EL CLUB BÚHO PEREGRINO FUERON TESTIGOS DEL PRODIGIO QUE SE CUENTA, HACIENDO LABORES DE LIMPIEZA DEL CAMINO A LA SALIDA DE SEVILLA

“¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro!”, gritan las voces divertidas y en el fondo emocionadas.

“¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro!”, siguen gritando, reclamando la atención del resto de la cuadrilla que poco a poco abandonan sus aperos de limpieza y acuden a observar el hallazgo, el segundo, pues minutos antes han aparecido quemados los restos de una placa de un disco duro. “¡Bárcenas, Bárcenas, el portátil de Bárcenas!”, ha vociferado su descubridor, sin atreverse a declararlo “milagro” pues ni su fe ni la del resto ni la de cualquier alma, aún cándida, es bastante para creer en un hecho tan improbable.

Son apenas las nueve de la mañana y la sombra de la torre Pelli, como un dildo ortopédico de hormigón y cristal, todavía sin bruñir, proyecta su sombra sobre los primeros metros de tierra del Camino de Santiago.

La salida de Sevilla, buscando la antigua pasarela del ferrocarril a Camas, hoy Vía verde, sucia y llena de escombros, es fácil de imaginar para quien habitó en ciudades y conoció sus bordes, siempre degradados y abandonados. Las hierbas altas de esta primavera que todo lo ocultaban ardieron por gracia de algún pirómano, de algún desaprensivo que igual arroja colillas encendidas que suelas de zapatos, latas de cerveza que vidrio, mucho vidrio, o ropa vieja, colchones, alfombrillas, pelucas, restos de ordenadores, juguetes, condones y la biblia en pasta.

 

 

Todo el decálogo de objetos posibles arrojados desde las ventanillas de los autos que paran a hacer el stop del semáforo, o por los peatones que, camino del aparcamiento o de ese mercadillo digno de un estudio sociológico para el que todo un departamento universitario no sería bastante, han compuesto un paisaje desolador, un basurero improvisado que amenaza con tragarse el camino y enterrar la caseta del guardia.

Todo previsible, ¿todo? No. Entre los escombros incendiados, someramente enterrado, ha aparecido la figurilla de un santo. ¿Casualidad? Tampoco. El santo es el mismísimo Santiago, peregrino de metal que ha brillado cuando pasando de mano en mano se ha ido despojado de los resto de tierra, de cenizas, de tizne como una pátina que lo ultraja. Las caricias han terminado por devolver su aspecto lozano a esta figurilla de apenas diez centímetros de alto, reproducción de la que, en piedra, corona la fachada de la Quintana, por encima de la Puerta Santa, en la catedral compostelana, escoltado por sus discípulos. Teodoro y Atanasio.

El sitio de la aparición es marcado para convertirlo en lugar provisto de significado, en otro locus sancti iacobi (lúdico y sevillano) en el que levantar la futura capilla, ermita, crucero o santuario que acoja al santo. Arquitecto y aparejador (que haylos entre los devotos) ponen trabas urbanísticas, cuando enseguida aparece un manojo de llaves, “las de la futura capilla”, revela su descubridora, cual pastorcita de Fátima. Es entonces cuando los profesionales del rotring o del autocad, ya entregados, comienzan a pensar en el Plan Parcial para ejecutarla.

Con la vuelta al tajo, reina un breve silencio entre esta veintenade peregrinos voluntarios que han salido a limpiar este tramo, a practicar lo que alguno ha llamado “arqueología del desperdicio”, pues la recogida de basuras obliga a arquear el espinazo, invistiendo por si hiciera falta de una dignidad añadida el acto. Cada uno ha deseado en secreto la suerte de los descubridores, elegidos por el santo, uncidos con su gracia, y a todos les resulta fácil recrear el sentimiento de Pelagio, el ermitaño, o el de Miguel Payá, arzobispo de Santiago, cuando a ambos le fueron reveladas, con diez siglos de diferencia entre ambos sucesos, las reliquias del Santo.

Han sido casi tres horas de emociones intensas y duro trabajo. La sombra de la torre comienza a acortarse cuando más de cincuenta bolsas de basura, sacos y cajas repletos son cargados para ser llevados a la cuba más próxima (lejana). El Santo, que está por agradar (¡cómo si hiciera falta!), hace que aparezca en lontananza un vehículo de LIPASAM (empresa municipal de limpieza) con un par de operario que huyen en cuanto ven el fruto de nuestro trabajo, con la excusa de que sería decisión del responsable (que, como es lógico, no está pues hoy es sábado) acercarse hasta donde estamos para llevarse las basuras que les hemos cogido prestadas. ¡Y es que, aunque lo intente, ni el mismísimo Santo, Santiago de las Escombreras de todos los Caminos, puede obrar tan prodigioso milagro! Debe ser que tendrá de ser llevado, andando, a su tumba en Compostela, para ser allí bendecido y entonces sus poderes renovados.

De momento, y habiendo acabado temprano, peregrinamos hacia la bifurcación del Camino con el cortijo del infame Queipo de Llano, a quien por más que alguna vez se congraciara con el Matamoros, el Peregrino tendrá que haber castigado.

Señalamos el sitio en el que colocar una señal que aguante las riadas y continuamos a Santiponce, negociando incluso con un boyero, con el que casualmente nos encontramos, el acarreo del monolito pendiente de autorización para ser instalado.

En el polígono industrial llenamos la mochila con langostinos y gambas recién cocidos para emprender el regreso a la sede de la asociación y celebrar tal día como hoy, 31 de agosto de 2013, fecha ya imborrable en la historia jacobea sevillana.

Se unió a nuestra celebración un peregrino francés que comenzaba el día de la aparición su camino a Santiago. Comió, bebió y se emocionó con la crónica de nuestro hallazgo, por lo que pudiera ser que pronto lleguen noticias del milagro a Santiago, donde para nuestra desgracia, ningún Gelmírez sabrá sacarle todo el partido necesario.

Hasta aquí lo que se puede contar, pues otros prodigios y temblores de piernas se sucedieron para mayores favores, glorias y méritos de devotos, peregrinos y Santo.

Y cuenta este humilde cronista aficionado esto para que generaciones venideras acudan a esta memoria cuantas veces les hiciera falta.

Crónica apresurada del primer milagro del que se tienen noticias de Santiago de las Escombreras

De todos es sabido la beneficencia y favores de los santos, manifiestos en sus milagros. Muchos son los realizados por Santiago a lo largo de los caminos a Compostela: convertir a un pajarillo (txori) en higiénico asistente de una Virgen coqueta, hacer cantar una gallina después de asada, transustanciar ante un cura incrédulo el vino eucarístico en sangre… y un largo etcétera que hay que intentar comprender en su contexto, dentro de un tiempo en el que entre la lógica y la magia no existían fronteras, ambas permitiendo explicaciones igual de válidas del Mundo y de sus gentes.

Las crónicas de tales milagros resultan siempre deficientes, pues es una experiencia total y plena que al pretender trascribir da como resultado una simplificación incoherente, como comprobaremos en cuanto intentemos dar noticias del primer milagro, aún por reconocer, de Santiago de las Escombreras, ante la presencia de una veintena de peregrinos-barrenderos. Y sin embargo, convencidos estamos de que este Santo se sumará a otros píos que recorren la Vía de la Plata, como esa talla pesada de madera que bendice los campos sobre su carro arriero, o como aquel otro prístino esculpido en granito, colgado en una arquivolta de Santa Marta de Tera, y cuya reproducción adorna un rinconcito de nuestra sede.

Más o menos, han sido así los hechos:

Dos peregrinos de cierta edad, con su afán de trascendencia ya satisfecho (ambos con hijos, e incluso nietos) se casaron hace un par de años en segundas nupcias celebradas en Chipiona. Fue templo la playa y por dioses acudieron el agua salada, el sol tibio de invierno y la inmaculada arena. Y como distinguido cortejo, buena parte de los que hoy han participado en las tareas de limpieza de esos pocos de metros de camino como una inmunda escombrera. Es feliz esta pareja que celebra y vuelve a celebrar su unión en cuantos actos peregrinos se le presentan, pues no en vano deben los esponsales al Camino su feliz encuentro.

Hoy, finalizada la faena, de vuelta de Santiponce con las mochilas de mariscos llenas, ella ha comprendido por fin el sentido de esas vibraciones que ha dicho sentir Juan el búho (declarado beato como el de Iría, después de haber sido él quien encontrara al Santo de las Escombreras). Se ha atrevido ella a verbalizar lo que ha intuido desde hace apenas unos momentos, desde que tuvo la figurilla entre sus dedos. “Estoy embarazada”, confiesa tímidamente.

El grupo acoge con vítores de entusiasmo la buenanueva, y alguno no duda en calificar el hecho como milagro inmediatamente. Ávidos de conocimientos, han querido saber de cuánto tiempo, y le preguntan impacientes para echar cuentas sobre el alumbramiento, el bautismo, la guardería y el primer diente.

“Todavía me tiemblan las piernas”, responde con un rubor adolescente capaz de emocionar a cualquiera.

“¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro!”. Otra vez se alzan las voces y se prodigan las felicitaciones y parabienes para la llena de gracia, graciosa y excelente cocinera que ha preparado para la ocasión una exquisita pastela. Su compañero, padre putativo, enseguida asiente y confirma el milagro sin mijita de celos, haciendo secretos cálculos sobre la reciente anunciación entre los escombros quemados, justo encima de la marca con que se ha señalado el lugar del descubrimiento, donde según los más fervientes tendrá que ser levantado el futuro templo.

“Es niña”, termina diciendo con una sonrisa de felicidad plena, imposible de dibujar con letras. No habiendo, o al menos no conociendo, versión femenina del nombre del hijo de Zebedeo se descartan Santiaga, Diega, Jacoba, Jaima… y comienzan las propuestas para ser sometidas a consenso:

Vieira: muy difícil de pronunciar por estas tierras, casi un trabalenguas.

Zamburiña: (así llamadas las vieiras en Isla Cristina), resulta un nombre más propio para una pastorcita navideña.

Coquina: cariñoso, bueno como diminutivo y exquisito bivalvo que podría provocar la incontinencia de los varones fogosos (entre los que, pecador al cabo, me encuentro).

Berberecha: inmediatamente descartado por prestarse a desmesurado cachondeo.

Albariña: gozoso en exceso.

Y así se van sucediendo las propuestas, sin acabar de dar con la tecla, hasta que por fin aparece Concha: también bivalvo, aunque sin subgénero, y apócope de Concepción. Y esta ambigüedad hace que la agraciada asienta, con el beneplácito de su putativo compañero.

Lo siguiente es fijar fechas para el bautismo previo alumbramiento (aunque sea esto lo de menos). A todos los asistentes parece venirles bien las Navidades, por ser días de natividad, de vacaciones y de fiesta. Y hasta entonces queda esta crónica en suspenso, salvo que tuviera que ser retomada por cualquier incidente.

Como has visto y ya te anunciaba, toda transcripción de cualquier milagro resulta siempre insuficiente, inevitablemente incompleta y reducida en su verdadera esencia.

 

Publicado en 21- Milagro en Santiago de las Escombreras, G- PRÉSTAMOS LITERARIOS | Deja un comentario

32 Payo Gomes Chariño entre la marina y la trova.

          Payo Gomes Chariño  o Payo Gomez de Sotomayor fue un noble gallego marino y militar, primer señor de Rianxo, Adelantado Mayor del Reino de Galicia, y figura política de la corona de Castilla, que fue también poeta y singular trovador en lengua gallega, exponente de la perfección técnica y estética a la que llegó el cancionero en gallego en el siglo XIII.

          Nació probablemente en 1225 en una familia de la nobleza del suroeste de Galicia, en Pontevedra o sus cercanías. Brilló por sus dotes militares en el mar. Destacó al frente de la flota que conquistó Sevilla para Castilla remontando el Guadalquivir (1248).

          A la edad de 22 años y bajo el reinado de Fernando III, se incorporó con sus naves a la flota de guerra reunida por don Ramón Bonifaz en las villas del Cantábrico, y juntos se dirigieron al Guadalquivir.

          Allí destacó en la conquista de Sevilla, pues cuenta la tradición que era él quien mandaba las dos naves gallegas que, puestas en vela y con viento favorable, rompieron el puente de barcas y las cadenas que había sobre el Guadalquivir, dejando así incomunicado el barrio de Triana con la capital de Sevilla, acción que fue clave para la victoria y la conquista de la ciudad. Con la flota que Fernando III preparaba y que luego su hijo Alfonso X armó para invadir el reino almohade del norte de áfrica, fue donde D. Payo ganó la experiencia y el prestigio por el que el rey Alfonso X, poco antes de ser sucedido en el trono por su hijo Sancho IV, le nombro Almirante en 1284, a los 59 años, cargo que ejerció hasta 1286; y en 1292, el propio rey  Sancho le honró con su máxima confianza nombrándole Adelantado Mayor del Reino de Galicia, a donde pasaría a vivir definitivamente.

          Su relación con Sancho IV fue muy estrecha, acompañándole en su peregrinación a Compostela en 1286, periplo en el que Gómez Charinho ganó la plena confianza y ganó del monarca algunos privilegios para su tierra natal, Pontevedra.

          A la muerte de Sancho IV, y ante la supuesta debilidad de su viuda y regente Dª María de Molina hasta la mayoría de edad del hijo de ambos, Fernando IV, Don Juan de la Cerda pretendió hacerse con la corona de los reinos de Sevilla, Galicia y León, dejando a María de Molina la regencia de Castilla y Toledo. En la guerra civil consecutiva, D. Payo tomó partido por la regente, defendiendo las fronteras del reino de Galicia como correspondía a su cargo, y hubo de enfrentarse con D. Juan Alfonso de Albuquerque, valedor en Galicia de Juan de la Cerda, logrando vencerle y hacerle prisionero. Pero poco después, contando ya con 70 años, cuando acudía como mediador entre los infantes D. Juan y D. Enrique, D. Rui Pérez de Tenorio le daría muerte en el año 1295 en  Ciudad Rodrigo, y se cuenta que le mataron a traición “dándole con un cuchillo por medio del corazón e cayó luego de un caballo que montaba”.

          Fue enterrado en un majestuoso sepulcro en la iglesia de San Francisco, con existencia de documentos que acreditan el pago de noventa y cinco reales anuales al convento de San Francisco por derechos de la sepultura de Payo Gómez Charino y sucesores, y por el Patronato de la capilla de la Adoración de los Santos Reyes. En el lado de la Epístola contiene una leyenda en su lápida que dice:

AQVI: IAZE: EL MUI NOBLE: CABALLERO: PAYO
GUOMEZ: CHARINO: EL PRIMEIRO: SEÑOR: DE RRIANJO:
QUE GUANO: A SEVILLA SIENDO: DE MOROS: Y LOS:
PREVILEIOS: DESTA VILLA: ANO DE I…(1304, era la fecha que contenía)

          Posteriormente el sarcófago fue usado por sus descendientes como panteón familiar. De hecho la inscripción fue realizada en fecha posteriormente a la del sarcófago, que Chamoso Lamas dató en 1308. Fueron sus bisnietos, Suero Gómez de Soutomaior e Juán Mariño quienes en el siglo XV añadieron la inscripción y los escudos.

          En 1923 se procedió al traslado del sarcófago a su nueva ubicación, y allí descansa junto a sus descendientes, y a otro sarcófago, probablemente de su esposa doña María Giráldez Maldonado, que sobrevivió once años a su esposo hasta que murió en la ciudad de Pontevedra.

          Se le conocen 28 composiciones entre cantigas de amor y de amigo. Sólo queda de él una cantiga de escarnio. En sus poemas amorosos introduce la temática marinera, que da lugar a la entrañable invocación al Apóstol.

          Es un exponente de la perfección técnica y estética a la que llegó el cancionero en gallego en el siglo XIII.

          Escuchamos la versión del grupo Performers en la voz de Paulina Ceremużyńska del Grupo de Música Antiga Meendinho que sobrecoge nuestro espíritu por la belleza emocionante de la música y del texto formando una unidad de sentimiento que remueve a cualquier oyente.   

https://youtu.be/gnq2If_TWZY

[B 817 / V 401]

As frores do meu amigo
briosas van no navío
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores
d’aquí ben con meus amores!

As frores do meu amado
briosas van eno barco!
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores
d’aquí ben con meus amores!

Briosas van no navío
pera chegar ao ferido.
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores
d’aquí ben con meus amores!

Briosas van eno barco
pera chegar ao fossado.
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores

d’aquí ben con meus amores!


Pera chegar ao ferido,
servir mí, corpo velido.
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores
d’aquí ben con meus amores!

Pera chegar ao fossado,
servir mí, corpo loado.
E van-se as frores
d’aquí ben con meus amores!
Idas son as frores
d’aquí ben con meus amores!

 

          Y la ternura de sus poemas amorosos se encuentra con la entrañable invocación al Apóstol, que escuchamos con el corazón compungido del Ensemble Discantus y Brigitte Lesne, un tema en donde el amor humano y la fe en el apostol se hacen uno desde el siglo XIII.

https://youtu.be/YInu0wwpNRE


[B 843 / V 429]

Ai Santiago, padrón sabido,
vós mi adugades o meu amigo!
Sobre mar ven quen frores d’amor ten:
mirarei, madre, as torres de Geén.

Ai, Santiago, padrón provado,
vós mi adugades o meu amado!
Sobre mar ven quen frores d’amor ten!
mirarei, madre, as torres de Geén.

 

 

Publicado en 32 Payo Gómez Chariño entre la marina y la trova., B - MÚSICA | Etiquetado | Deja un comentario