OBJETIVOS DEL TRABAJO

Rudesindus          Entre  la postura apriorística de la ciencia histórica y los planteamientos especulativos de los esotéricos, es necesario un estudio de la Tradición Jacobea como origen del Camino de Santiago. El propósito del trabajo es el estudio de sus fuentes para ver si contiene indicios o criterios de verosimilitud, o es una falsedad arropada en el transcurso de la Historia.

          Aunque incluyendo ampliaciones y complemento grafico adicional, todo lo aquí publicado relativo a Tradición Jacobea y sus criterios de verosimilitud, fue editado en el número 7 de la revista Rudesindus de 2011.

          Junto a este objetivo prioritario de este blog iré incluyendo otros muchos temas complementarios, como breves relatos literarios, artículos musicales, diarios de peregrinación, personajes de la historia jacobea, conformando un mosaico temático que pueda ser del gusto del peregrino del Camino de Santiago.

          Y si este Blog resulta de tu agrado, te invito a regristarte y a que lo des a conocer entre tus contactos que puedan estar interesados.

 

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6- Del peregrino engañado por el diablo y rescatado por Santiago y la Virgen María

          Uno de los momentos prodigiosos más estelares en la peregrinación a Santiago, es el Milagro de la Mutilación del miembro viril por arrepentimiento de una falta y amor al apóstol Santiago. Se trata de uno de los más conocidos relatos tradicionales del Camino de Santiago. En el siglo XII era conocido como el gran milagro y tenía una fiesta especial en la catedral compostelana.

          El fenómeno es relatado en el Libro II del Codex Calixtinus y en el códice de Santo Domingo de la Calzada, y a él se dedica una de las cantigas de Alfonso X el Sabio. En el Códice Calixtino se nos presenta como “Del peregrino que por amor del Apóstol se mató a instigación del diablo y Santiago, con auxilio de la santa madre de Dios, María, le volvió de la muerte a la vida”. En el códice Calceatense se intitula “De cómo el diablo engañó a un fiel”. Las Cantigas de Santa María recogen también el Milagro, en la cantiga número 26, con el título “No é Gran Cousa” y bajo el epígrafe “Esta es como Santa María juzgó el alma de un peregrino que iba a Santiago, que se mutila y muere en el camino por engaño del diablo, para que volviese al cuerpo e hiciese penitencia”.

          En la versión del Cócex Calictinus, el milagro aparece contado por Anselmo de Canterbury, que de hecho lo narra de manera muy semejante en sus Dicta Anselmi de 1115, y que por tanto eran de publicación reciente cuando empieza a conformarse el libro II de los Milagros.

          El protagonista de los hechos es un joven de buena condición social, Giraldo de nombre y peletero de oficio, natural de una aldea próxima a Lyon. Era muy devoto, desde su infancia, de, Apóstol Santiago, tanto que solía acudir anualmente a su sepulcro para rendirle culto. Había fallecido su padre, y sostenía a su madre con quien vivía. Vivía en noble castidad, pero en una ocasión se vio vencido por el placer de la carne y yació con una “jovenzuela”.

          Partió poco después hacia Santiago sin haber expresado formalmente su falta ni hacer penitencia, acaso por vergüenza y postergando su confesión hasta llegar a la ciudad del apóstol. Viajaba en compañía de unos amigos y familiares cuando en un momento de la travesía se le presenta el diablo haciéndose pasar por el mismísimo apóstol Santiago, haciéndole ver la falta que rompía su trayectoria de castidad y devoción, persuadiéndole engañosamente de que vería con agrado y perdón a su falta, si se mutilara las partes viriles con las que había pecado, aún a riesgo de su vida, porque él le auxiliaría y le llevaría de inmediato a la Gloria. Engañado de este modo, resuelve Giraldo acometer, de noche, la mutilación de sus partes viriles, con lo que cae de inmediato en grave estado fruto de la grave pérdida de sangre. Sus compañeros de peregrinación, en la madrugada del fatal, viéndole inconsciente y temerosos de que pudiera imputárseles el crimen, deciden abandonarle y huir.

          Bien de mañana los dueños de la casa y vecinos del lugar le hallan muerte y resuelven darle sepultura, y cuando preparaban sus exequias el difunto recupera la conciencia y narra lo acontecido. Engañado por el diablo mutiló los genitales y acabó así con su vida creyendo obtener el perdón. Cometió, pues, suicidio y por tanto murió en pecado mortal, y al separarse su alma del cuerpo, acudió una legión de demonios que lo llevaron a los tormentos. En su marcha, se dirigieron hacia Roma, y en un bosque situado en Labicanum (probablemente Labico, 15 millas al S.E. de Roma), acudió en su auxilio el verdadero Santiago reclamándole como peregrino suyo, y junto a la iglesia de san Pedro apóstol se formó una asamblea en que actuó de abogada la Virgen María, la cual ordena que sea entregada el alma a Santiago, y devuelta a su cuerpo, con lo que pudo continuar la peregrinación y volver a su tierra dando testimonio.

          Importa reseñar, como indica Manuel Cecilio Díaz y Díaz, que no se establece competencia con san Pedro ni su santuario, sino que, sin romper la autoridad papal aunque si dejando a Roma en un segundo plano en este relato de salvación, se pone de relieve la grandeza y singularidad celestial de Santiago, de acuerdo con el culto jacobeo. Santiago rescata al peregrino engañado como devoto suyo, dando a esta devoción un carácter universal, logrando que Giraldo retornara y comunicara a su gente lo experimentado, en beneficio del culto jacobeo y la peregrinación a Compostela que se convirtiera en un bien universal.

          Es por otra parte un relato que rompe con la rivalidad milagrera entre Santiago de Compostela y Santa María de Villalcazar de Sirga y sobre todo entre el poder sobrenatural de dos personajes tan vinculados en la tradición española con el Apóstol Santiago y la Virgen María. Aquí no hay una competencia por el poder curativo de una otra invocación, sino que ambas se unen en el mismo milagro. Cabría decir que Santiago y María Colaboran en una misma causa. 

          Escucharemos la Cantiga número 26 de Alfonso X el Xabio que relata musicalmente el milagro en la excelente versión del Grupo Artefactum.

Cantiga nº 26 No e Gran Cousa

Esta é como Santa María juïgou a alma do Roméu que ía a Santïago, que se matou na carreira por engano do dïabo, que tornass’ ao córpo e fezésse pẽedença.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Mui gran razon é que sábia dereito
que Deus troux’ en seu corp’ e de seu peito
mamentou, e del despeito
nunca foi fillar;
poren de sen me sospeito
que a quis avondar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Sobr’ esto, se m’ oissedes, diria
dun joyzo que deu Santa Maria
por un que cad’ ano ya,
com’ oý contar,
a San Jam’ en romaria,
porque se foi matar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Este romeu con bõa voontade
ya a Santiago de verdade;
pero desto fez maldade
que ant’ albergar
foi con moller sen bondade,
sen con ela casar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Pois esto fez, meteu-ss’ ao camo,
e non sse mãefestou o mesqo;
e o demo mui festo
se le foi mostrar
mais branco que un armo,
polo tost’ enganar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Semellança fillou de Santiago
e disse: «Macar m’ eu de ti despago,
a salvaçon eu cha trago
do que fust’ errar,
por que non cáias no lago
d’ iferno, sen dultar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Mas ante farás esto que te digo,
se sabor ás de seer meu amigo:
talla o que trages tigo
que te foi deytar
en poder do emigo,
e vai-te degolar.»

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

O romeu, que ssen dovida cuidava
que Santiag’ aquelo lle mandava,
quanto lle mandou tallava;
poi-lo foi tallar,
log’ enton se degolava,
cuidando ben obrar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Seus companneiros, poi-lo mort’ acharon,
por non lles apõer que o mataron,
foron-ss’; e logo chegaron
a alma tomar
demões, que a levaron
mui toste sen tardar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

E u passavan ant’ ha capela
de San Pedro, muit’ aposta e bela,
San James de Conpostela
dela foi travar,
dizend’: «Ai, falss’ alcavela,
non podedes levar

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

A alma do meu romeu que fillastes,
ca por razon de mi o enganastes;
gran traiçon y penssastes,
e, se Deus m’ anpar,
pois falssament’ a gãastes,
non vos pode durar.»

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Responderon os demões louçãos:
«Cuja est’ alma foi fez feitos vãos,
por que somos ben certãos
que non dev’ entrar
ante Deus, pois con sas mãos
se foi desperentar.»

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Santiago diss’: «Atanto façamos:
pois nos e vos est’ assi rezõamos,
ao joyzo vaamos
da que non á par,
e o que julgar façamos
logo sen alongar.»

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Log’ ante Santa Maria veron
e rezõaron quanto mais poderon.
Dela tal joiz’ ouveron:
que fosse tornar
a alma onde a trouxeron,
por se depois salvar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

Este joyzo logo foi comprido,
e o romeu morto foi resorgido,
de que foi pois Deus servido;
mas nunca cobrar
pod’ o de que foi falido,
con que fora pecar.

Non é gran cousa se sabe | bon joyzo dar
a Madre do que o mundo | tod’ á de joigar.

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31- Pertiguero o Pincerna de la catedral de Santiago

                   El Pertiguero es el ministro seglar que desempeña la función de control sobre el cuerpo de acólitos, oficio que es propio de las Catedrales. 

          Se le designa como pertiguero o “pincerna”, si bien este último término antiguamente se entendía como una función de mayordomía o servidumbre consistente en servir la copa, ya sea de vino, licor o agua a su señor, lo que era peculiar en algunas ceremonias, en las que en algún momento podría además identificarse con un vestuario propio y portar una pértiga que identificara su papel, y aquí es donde cabe entenderse la unificación de ambas funciones.

          Hoy se entiende más como un ministro que interviene en las iglesias catedrales, y en las Cofradías y Hermandades, presidiendo la procesión ante los acólitos que portan los cirios (ceriferarios) e incensarios (turiferarios), llevando en la mano una pértiga o vara larga revestida de plata con la que puede transmitir algunas órdenes básicas desde su misión fundamental de abrir las procesiones y asegurar el buen orden de las mismas, actuando en algún modo como maestro de ceremonia.

          No ejerce ninguna función durante la eucaristía por lo que su presencia no está hoy contemplada en la Liturgia eucarística, sino específicamente en los desplazamientos procesionales paralitúrgicos.

          El pertiguero se singulariza con una vestidura litúrgica propia y singularmente por ser portador de una pértiga, que es lo que da nombre al cargo. En las hermandades y cofradías abre paso al cuerpo de acólitos e indicar a los acólitos los movimientos y acciones que tienen que ejecutar. En las catedrales es quien abre la marcha del cuerpo de acólitos y de los canónigos, iniciando la procesión por las naves del templo o hasta el presbiterio, en donde desaparece al iniciar la liturgia eucarística. O bien en aquellos desplazamientos por el exterior de la catedral hasta una zona exterior del templo, como por ejemplo en la liturgia de apertura de la Puerta Santa.

          En cuanto al vestuario el pertiguero viste una dalmática cuyo color corresponde al carácter del acto litúrgico que se celebra, básicamente blanco en las fiestas Navidad y Pascua, rojo en las fiestas de la Pasión del Señor, verde en el Tiempo Ordinario, morado en tiempos de Adviento y de Cuaresma y en misas de difuntos, rosa en los domingos Gaudete (3º de Adviento) y Laetare (4º de Cuaresma), y celeste para la solemnidad de la Inmaculada Concepción.

          En ningún caso debe confundirse con el antiguo cargo de Pertiguero Mayor de Santiago, cargo de alta dignidad desempeñado por miembros de la alta nobleza con funciones militares, policiales y judiciales, bajo el compromiso de honor de servir y defender a la Iglesia compostelana y a la ciudad de Santiago.

          Por una cuestión de orden práctico, como particularidad de la Catedral de Santiago, el pertiguero o pincerna, como miembro del cuerpo de acólitos de la catedral, también ejerce de tiraboleiro, es decir de acólito turiferario que se ocupa de tirar de las cuerdas de esparto que confluyen en la maroma central del botafumeiro para su magnífico balanceo por las naves laterales de la catedral al finalizar la misa del peregrino.

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40- Italianización de la Capilla de Música Compostelana. Buono Chiodi

          Buono Chiodi nació en Salò, pequeña localidad de la provincia italiana de Brescia. Fue bautizado con el nombre de Buono Giuseppe, el 20 de enero de 1728, en el Duomo de dicho lugar. Su familia era propietaria de dos casas y una extensa finca que dominaba el lago de Garda y la villa de Saló, con bosques y campos de cultivo que aún hoy se conoce como “paese di Bonchiodi”. Es aquí donde debió nacer el futuro músico y en algún lugar de Brescia adquirió los hábitos, aunque ignoramos dónde y cuándo se ordenó sacerdote por perderse los archivos que podrían reflejar ese dato, por lo que también es mucho lo que se ignora de su etapa italiana, solo hipotéticamente deducida a partir de indicios valorados en las fuentes originales, labor que debemos a la historiadora y musicóloga María Pilar Alén.

          Debió educarse en la Accademia di S. Benedetto de Salò, regida por los padres somascos, un centro que atendía tanto la educación de los huérfanos como del clero y de la clase noble. Es por tanto muy posible que Chiodi haya iniciado estudios en esta Academia y que aquí naciera su vocación sacerdotal fruto del contacto con esta orden, y dada la buena posición social de la familia, lo más probable es que continuase su formación vocacional y musical en la cercana ciudad de Brescia ya fuera en la escuela del Duomo como niño de coro, ya que este era el principal centro musical de la villa, o en el Seminario. Lo que carece de base documentada aunque se menciona en algunas citas, es que fuera maestro de la catedral de Bérgamo, pues en la consulta de fuentes locales no aparece ninguna mención del autor; de modo que mientras no se documente lo contrario parece que no cabe inventar que fuera maestro de capilla de este lugar. Hay constancia de que comenzó a componer pronto, con alguna composición fechada en 1750, y es probable que tuviera otras con anterioridad, y ya poco antes de ser contratado por el Cabildo de Santiago, en la portada de una de sus obras aparece esta nota: Miserere del célebre abate D. Buono Chiodi, maestro insigne di música, 1766.

          Santiago de Compostela entonces era una afamada plaza en toda Europa, tanto musical como eclesiástica, y es comprensible que, atraído por esa fama, fuera pretendida por Buono Chiodi. Hay constancia de que el cargo de Maestro de Capilla de la catedral de Santiago de Compostela disponía de unas buenas condiciones salariales y que era muy nutrida su población clerical y su nivel social. Santiago era, en el siglo XVIII, una ciudad urbanísticamente anticuada que pugnaba por su modernización ante el empuje de los años de Jubileo, pues la llamada de devotos y peregrinos pudientes era el reclamo de mendigos, impedidos y enfermos que acudían a la ciudad en busca de la ayuda económica de los peregrinos pudientes. La preocupación por el urbanismo y las condiciones higiénicas son el comienzo de un proceso de transformación, principalmente por parte del arzobispado y secundada por el gobierno civil de la ciudad. Tanto el arzobispo Rajoy como su sucesor, Francisco A. Bocanegra, promovieron proyectos de reformas.

          Este es el contexto que conoció Buono Chiodi, con la ventaja particular de que en el campo de la música la situación era más favorable y la Capilla de Música gozaba de uno de los mejores momentos de su historia, y el nivel de calidad de la música y de los músicos de la catedral era muy destacado, y la música religiosa del lugar y sus intérpretes gozaban de resonado prestigio.

          Como explica María Pilar Alén, la elección de Buono Chiodi como maestro de capilla de la catedral compostelana, fue muy meditada por parte del Cabildo. En agosto de 1767 el maestro Cifuentes solicitó se le autorizase a presentarse en la catedral sólo cuando se lo permitiese su salud, y en marzo de 1768, en reunión capitular se concluyó en la necesidad de suplirlo ante su imposibilidad de trabajar, y tuvieron noticia de que en Italia había un excelente músico eclesiástico que había expresado su deseo de ocupar la plaza. Se trataba, sin duda, de Buono Chiodi, que conocía la situación gracias a la información que le llegaba del cantante Giuseppe Ferrari, alumno suyo, y de las referencias que le transmitían los hermanos italianos Baldassare y Giuseppe Servida.

          Fue en mayo de 1768 cuando el Cabildo acordó la sustitución del maestro, nombrándose una comisión para elegir al nuevo maestro de capilla. Condicionados por la preferencia de un clérigo español se optó por Francisco Javier García, conocido como “El Españoleto”, maestro de capilla en Zaragoza, al que convocaron pero con la incidencia de que este candidato no quería venir, debido a la avanzada edad de su madre. Y no hallando otro candidato adecuado, se contrató al maestro italiano, del que ya había buenas referencias. Entonces los músicos italianos gozaban de mucho prestigio en toda Europa, lo que en buena medida debió influir en la decisión final, y a comienzos de abril de 1770, se mandó al canónigo Joaquín Pardo a Italia para realizar el contrato definitivo con Chiodi, que debió formalizarse en Lodi, en donde Chiodi parece que ejercía y era de allí su alumno el cantante Giuseppe Ferrari, lo que supone un evidente contacto que influyó en el proceso. Ese año se trasladó a Santiago, trayendo, por mediación del cabildo, dos cofres con partituras y diverso material musical, instalándose en La Quintana de Vivos, en la casa alquilada por el Cabildo destinada al maestro de capilla de la catedral, y que compartía con sus dos discípulos y miembros de la capilla de música.

          No obstante Buono Chiodi no se convirtió en maestro de capilla a todos los efectos hasta después de la muerte de Cifuentes en septiembre de 1771, fecha en que se le concedieron las mismas prerrogativas propias del maestro de capilla: educar y mantener a los seises, dirigir los ensayos y representaciones de música, y hacer las composiciones que el Cabildo le indicaba.

          La vida de Chiodi en Santiago transcurrió desde entonces con total normalidad y sencillez, con la excepción única de un viaje a Italia durante todo un año, entre 1777 y 1778, con el beneplácito del Cabildo. Esta ausencia fue aprovechada por el arzobispo Bocanegra, para censurar por escrito la labor de Chiodi, afirmando que su música “no es propia del templo, sino de un teatro de comedias: porque todo su aire es profano, y raramente se oye un golpe que mueva a devoción”. Proponía su destitución y sustitución por otro músico del país. Parece que el propósito Bocanegra más que censurar la música de Chiodi era beneficiar a algún protegido. No recibió la menor consideración del Cabildo y Chiodi no solo conservó su cargo, sino que mantuvo intacto su estilo característico de componer.

          En 1783 Chiodi cayó gravemente enfermo y murió a comienzos de Noviembre. Conforme a su expresado deseo, fue sepultado en el convento de Carmelitas Descalzas de Santiago. Las Actas Capitulares recogen el Cabildo acordó dar una cantidad de dinero para costear su funeral (…) atendiendo (…) el amor y fidelidad con que dicho maestro desempeñó su empleo y otros encargos que se han puesto a su cuidado (…), de donde se deduce que además de sus obligaciones como maestro de capilla desempeñó otras tareas que no eran estrictamente propias del cargo. Dejó testamento efectuado por Chiodi ocho días antes de su muerte, donde refleja que había previsto los gastos de su entierro y funerales, para el momento y las misas futuras, tanto en Santiago como en su ciudad natal, incluyendo algunas obras benéficas en Compostela. Por ese documento conocemos datos de su vida, su obra, su carácter y el trato que tuvo con quienes le rodearon, su lugar de nacimiento, sus vínculos familiares y su condición sacerdotal, estableciendo sus bienes y las últimas disposiciones para después de su muerte.

          Como maestro de capilla Buono Chiodi remodeló el coro y la orquesta de la catedral alcanzando un nivel óptimo por perfección y calidad artística. Los recursos humanos y materiales fueron similares a los de sus predecesores, pero supo poner como ningún otro su capacidad de organización y dirección musical al servicio de la calidad. Puso fin a la música policoral en que se distinguió notablemente José de Vaquedano. Amplio la capilla en 10 miembros, aumentando en cuatro el número de cantores, y en seis el número de instrumentistas, de modo que si el conjunto vocal e instrumental se componía de 21 miembros, bajo su dirección alcanzó la cifra de 30 – 31 componentes. Diseñó el esquema de la orquesta “clásica”, configurada por oboes, trompas, violines, viola, violoncello, contrabajo y bajo continuo. Además introdujo por primera vez en la catedral el uso de la viola, un poco más grande que el violín pero equivalente a él en forma y estructura, y que en principio su manejo no era ejercido por un músico específico de la plantilla, sino que eran los músicos de cuerda quienes se hacían cargo de él, como ocurría para “violón” y “violoncello” que tratándose de instrumentos similares, podían ser tocados por cualquier músico que dominase los instrumentos de cuerda. El violón era un instrumento intermedio entre el violoncello y el contrabajo, por el que fue reemplazado en el siglo XIX.

          Las composiciones de Buono Chiodi que se conservan en el Archivo Musical de la catedral de Santiago de Compostela, muestran la habilidad compositiva de Chiodi, su grafía ágil y fluida. Las partituras están firmadas por el autor, no así las particellas elaboradas por el copista, ya que por la frecuencia con que se empleaban, sufrieron desgaste y fue preciso renovarlas, lo que además descubre que sus obras tuvieron buena aceptación en el público y en el propio Cabildo.

          Su grafía de Chiodi evolucionó los años, al principio muy cuidada y con caracteres bien definidos, pero después de rasgos más estilizados y ágiles, lo que a veces ha generado dificultad en transcribir hoy sus obras, ya que muchas partituras presentan numerosas enmiendas y correcciones, permaneciendo algunas incompletas y en ocasiones con un texto difícil de entender lo que sin embargo no constituía un problema entre sus músicos habituados a sus signos y conocedores de sus obras, que entendían bien el desorden de los papeles y el reaprovechamiento del papel de otras piezas desechadas lo que a veces ha constituido hoy día un problema para transcribirlas y completarlas. También era frecuente en el autor reformas de la obra años después de su estreno y cambios de texto tomados de otra fuente litúrgica. En tales casos rectifica la partitura, sino que reformaba la música sobre la misma partitura ya escrita, con tinta de otro color y utilizaba con frecuencia términos en italiano y en español. Algunas obras no aparecen firmadas, lo que dificulta atribuírselas con certeza.

          Chiodi otorga gran protagonismo a la música vocal que maneja preferentemente en coro a cuatro y ocho voces, en dos coros, uno de ellos de solistas. Otras veces escribe para solistas e incluso la partitura precisa el nombre del intérprete, siguiendo entonces el estilo virtuosístico italiano. Su música se encuadra en la etapa de transición del Barroco al Clasicismo, en donde se une lo antiguo con lo moderno, creando cierta mezcla de estilos, en donde Chiodi asume su condición de músico del barroco tardío, sin todas las características del Barroco ni todas los del estilo Clásico, en donde la claridad, sencillez y mesura del estilo Clásico, se alterna con pasajes contrapuntísticos mas propios del Barroco. Si se comparan sus composiciones con las de otros maestros de capilla de España, la diferencia es clara en la riqueza de las melodías y en el modo de tratar los instrumentos, en modo que Chiodi es el músico italianizante por antonomasia de la música sacra española.

          La labor de Chiodi en Santiago fue realmente productiva, como prueba la enorme cantidad de obras que nos ha dejado conservadas en el Archivo Musical de la catedral de Santiago de Compostela, y por otra la esmerada tarea de formación y dirección que ejerció durante mas de trece años. Como todo maestro de capilla, Chiodi tenía que enseñar a los niños de coro, dirigir a los músicos de la catedral y componer la música para las diferentes solemnidades. Además, parece que le fueron encomendadas otras funciones que no eran estrictamente propias de su cargo. Gestionaba, por ejemplo, las licencias de los músicos para poder actuar fuera de la catedral, trámite que lo normal es que lo gestionara el Cabildo. Y atendió la elaboración de algunas composiciones que no eran propiamente de la liturgia catedralicia, como algún poema dramático operístico.

          En donde la obra de Chiodi muestra con mayor despliegue su tono italianizante en su obra operística. En 1773 musicó una “ópera” sobre el asunto de la Traslación titulada “De las venturas de España la de Galicia es la mejor”, cuyo autor del libreto fue José Amo García de Leis, Profesor de Matemáticas y Bellas Artes en la Universidad de Santiago, y le puso la música Buono Chiodi. La obra se representó en las fiestas Patronales de 1773, año Jubilar. Constaba de seis personajes: Aristo, Príncipe de Galicia; Nerea o Lupa, Princesa de Galicia; Armidoro, Cónsul romano; Torcuato, Cecilio e Indalecio, discípulos del Apóstol; y comparsa de hombres y mujeres. Los cantantes eran miembros de la Capilla de Música que él dirigía. El argumento se despliega en tres escenas que desarrollan el relato de la traslación del cuerpo del Apóstol y las vicisitudes hasta lograr su sepultura. Etiquetada hoy como Ópera, término que Chiodi nunca usó, habría que decir que  se trata más propiamente de un poema dramático de valor catequético que recoge el relato de la Tradición Jacobea con abundante uso de efectos escénicos. Y en 1774 puso en escena un ‘Divertimento’ con texto de uno de los más conocidos libretistas italianos de la época: Carlo Goldoni, La Birba, obra escenificada y destinada a enriquecer los festejos de la solemnidad de Santiago Apóstol, con el declarado propósito de divertir y mostrar el gusto italiano.

          Fueron sin duda estas representaciones lo que llevaron a quien hacía poco tiempo que había sido nombrado arzobispo, D. Francisco Alejandro Bocanegra, a expresar su rechazo por la música de Chiodi en un mordaz ataque a su labor, con cierta alevosía, aprovechando un momento en que Chiodi estaba de viaje en Italia. El Cabildo, fue comedido en su respuesta, pero optó claramente por defender a Chiodi, sin dar mayor valor a la crítica del prelado, que nunca gozó de buenas relaciones con el Cabildo.

          Como corolario musical de la música de este autor, en 1992 se publicó una obra instrumental del archivo de la catedral de Santiago de Compostela que López-Calo atribuyó a Buono Chiodi por cuanto sus aportaciones técnicas musicales corresponden al de una Sinfonía Concertante o Concerto Grosso, que corresponde al gusto clásico de la música italiana, que concuerda con los estudios realizados sobre el desarrollo de la orquesta de la capilla durante el último cuarto del S. XVIII, y por tanto encaja como anillo al dedo al maestro Buono Chiodi. La obra fue reinterpretada el 27 de abril de 2016 delante del altar mayor de la catedral compostelana que puede contemplarse en el video realizado por la Universidad de Santiago de Compostela en este enlace:

http://tv.usc.es/mmobj/index/id/3112

          No puedo terminar sin precisar que la principal fuente consultada en la elaboración de este artículo es María Pilar Alén Garabato, historiadora, musicóloga y profesora gallega, doctorada en 1992 con la Tesis “El compositor italiano Buono Chiodi y su magisterio en Santiago de Compostela”, y autora del texto La Capilla de Música de la catedral de Santiago de Compostela, Renovación y apogeo de una etapa privilegiada (1770-1808), que la convierten en la gran conocedora y re-descubridora de una época y de un autor como Buono Chiodi, que detalla y pormenoriza en sus artículos sobre el tema.

-María Pilar Alén. Un síntoma de la crisis del italianismo en la música religiosa española: el ataque del arzobispo Bocanegra a Buono Chiodi (1778). Recerca Musicològica 1985: Núm.: 5, pp 45-83.
-María Pilar Alén. La Capilla de Música de la Catedral de Santiago de Compostela. Renovación y apogeo de una etapa privilegiada (1770-1808). Edicios do Castro. A Coruña 1995.
-María Pilar Alén, El Poema Sacro Melo-Dramático de Buono Chiodi (Santiago de Compostela 1773). Anuario Musical, CSIC, N.º 64 enero-diciembre 2009, pp 215-236.
-María Pilar Alén. De Venecia a Compostela. SEMATA, Ciencias Sociais e Humanidades 2009, vol. 21: pp 287-311
– María Pilar Alén. La música en las comunidades religiosas de Santiago de Compostela: aportaciones para un estudio necesario. Galicia monástica. Universidad de Santiago de Compostela 2009, pp 409-432
-María Pilar Alén. Música y catedrales: las “óperas” de Buono Chiodi, un singular legado al margen del culto religioso. SEMATA, Ciencias Sociais e Humanidades, Universidad de Santiago de Compostela 2010, vol. 22: pp 473-494

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30- Castelao y el Apóstol Santiago

          Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao (1886-1950), la figura más relevante de la cultura gallega del siglo XX, fue un hombre muy polifacético en sus manifestaciones artísticas y culturales, pues fue narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante y político, además de médico obstetra, y uno de los más destacados padres del nacionalismo gallego, que mereciera ser homenajeado en el Día de las Letras Gallegas de 1964. En diciembre de 2011 la Junta de Galicia declaró su obra como “Bien de Interés Cultural Inmaterial” y La Real Academia Gallega de Bellas Artes le dedicó el Día de las Artes Gallegas 2016 por los «extraordinarios méritos artísticos» de su obra. Sus restos descansan en el panteón de gallegos ilustres en la iglesia del monasterio de Santo Domingo de Bonaval, junto a Rosalía de Castro y Eduardo Pondal entre otros.

          Puede parecer sorprendente citar a Castelao en relación al Apóstol Santiago, pero hay una vinculación de interés entre ambos por iniciativa del propio Castelao, pues el 25 de Julio del 1923 publicó en el periódico Galicia, de Vigo, un dibujo con dos viñetas. En una se veía a Santiago evangelizador con aspecto acogedor, reproducción en esencia de la estatua del pórtico de la Gloria. En el otro lado reproduce la figura de Santiago Matamoros. Y en la portada del diario de ese mismo día lucía un dibujo de Santiago Peregrino que completa la triple imagen del apóstol Santiago.

          El dibujo interior que ahora analizaré, llevaba un claro mensaje que fue muy criticado en el panorama sociopolítico. Según él, la imagen de Santiago Matamoros correspondía a una España violenta y centralizadora que identificaba con los carlistas, los monárquicos, los conservadores y en general a los opuestos a los ideales de la república, mientras que al nacionalismo gallego correspondía la imagen encarnada por el apóstol maestro, pacífico y acogedor. Finalmente a Europa le correspondía el concepto del Apóstol peregrino de la portada.

        El propio Alfonso Rodríguez Castelao lo explica así en su libro, Sempre en Galiza: “Europa representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos seus peregrinos, con esclavina e chapeu cubertos de conchas-vieras, un bordón na man dereita e un libro la esquerda, os pes descalzos e en actitude de andar tal como se ve na cume de Saint Jaques de París, a modo de Santo protector dos camiños, símbolo da alma viaxeira de Europa“.

          Continúa: “Hespaña representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos guerrilleiros da Reconquista, montado nun cabalo branco e brandendo uhna espada, terror dos sarracenos, tal como foi descrito por Alfonso X, o Sabio, na sua referencia da batalla de Clavijo; este é o Santiago Matamoros, que se venera nas iglexas hispanas a modo de patrón provincial o patrón das Hespañas“.

          Sigue: “Galiza representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos Patriarcas, sentado en maxestade, un bastón na man esquerda e un pergamino na dereita, a cabeza erguida, os ollos enfiados cara o ignoto Occidente e os beizos repetirán aquel salmo de Davide: no mar están os teus camiños e nas moitas augas as tuas sendas. Así o representou o mestre Mateo e así os esculpiu no Pórtico da Gloria, con replica no altar mayor para recibir os antiguos visitantes da sua Catedral“.

          Desde la plena admiración por la persona y la obra de Castelao, creo no obstante que yerra en el terreno jacobeo y lo toma de modo tendencioso. Es normal que así ocurra, no quiero hacer juicios de valor que pertenecen al pasado, pero si me servirá para hacer mi propia valoración. La visión general del apóstol es ciertamente triple, como es recogido en las representaciones pictóricas y escultóricas a lo largo de la historia: en primer lugar como Guerrero o Caballero (centro), generalmente en representación ecuestre y militar; en segundo lugar como Maestro, Apóstol evangelizador o Patriarca, en postura sentada, pacífica y con un libro o filacterio como expresión de conocimiento y transmisión de mensaje (derecha); y finalmente como Peregrino, con el vestuario propio del peregrino medieval, la vieira, el bordón y la calabaza (izquierda). Aunque hay representaciones intermedias que participan de una u otra imagen, puede aceptarse que éstas son las tres formas de ver a Santiago.

          No le falta a la distribución que hace Castelao una lógica teórica, pero en la práctica su exposición se sustenta en sus convicciones más personales, que expresa con propósito interesado en donde aplica lo que entiende deseable y positivo a lo propio, y lo que entiende negativo y malo lo aplica a lo ajeno, al otro. En suma, arrima el ascua a su sardina, lo que hacemos todos de un modo u otro, pero que aquí Castelao usa con gran arbitrariedad. El error creo que está en interpretar una y otra visión con distribución geográfica excluyente, en donde la visión del apóstol peregrino corresponde a Europa, la del Maestro evangelizador a Galicia, y la del Apóstol caballero y matamoros al resto de España.

          Aparcando al peregrino europeo en la portada del diario, Castelao centra la cuestión en el dibujo interior, de dos viñetas o dos dibujos paralelos, por un lado el Maestro Evangelizador al que etiqueta como “O noso”, y por otro el Caballero guerrero y matamoros que etiqueta como “O d’eles”.

          El primero, la viñeta izquierda que numera como I la subtitula como “O noso”, va vestido al modo bíblico, está sentado, sostiene en la mano izquierda un libro o filacterio judío, que representa su misión evangelizadora, apoyando su diestra en un bastón en forma de tau como símbolo de autoridad y magisterio. Su mirada refleja gran inteligencia y suma bondad. El sencillo y hermoso dibujo de Castelao viene a representar en unos pocos rasgos la figura del Apóstol Santiago del Pórtico de la Gloria, con esa figura de Padre venerable y cariñoso que cautiva y atrae.

          La contrapartida es la viñeta de la derecha, que numera como II, que etiqueta como “O d’eles” y que es justamente la antítesis de la viñeta anterior, en actitud belicosa blandiendo una espada intransigente sobre caballo casi volador, que impone y destruye. Los moros fugitivos, heridos o suplicantes, no son aquí tales, sino que más bien representan víctimas de hoy, indefensas, obligadas, sometidas, componiendo una imagen negativa y rechazable que atribuye a otros.

          Aunque esa figura que representa su fe y su labor predicadora es patrimonio común de todos los españoles y podría decirse que de todos los pueblos cristianos, el autor se lo adjudica a los gallegos, y aunque esa imagen ecuestre lo que realmente traduce es la labor protectora y liberadora de un pueblo invadido y castigado, Castelao desmerece este significado y lo reduce a una labor destructiva y malévola que asigna a otro bando que no es el suyo. Como si Galicia no hubiera tomado parte ni sufrido la Reconquista ni el enfrentamiento con el Islam, ni la destrucción de Compostela por Almanzor, ni en las luchas contra las razias sarracenas. La interpretación es injusta en sí mismo, y muy equivocada en su perspectiva, pues hay en Galicia muy abundantes expresiones y representaciones populares de enfrentamiento al islam, como puede verse en cantigas en poesía popular, coplas y romances, y sobre todo en la Iconografía jacobea de Galicia, en donde el tipo predominante es el Santiago guerrero blandiendo la espada y jinete en blanco corcel. En Galicia son muy numerosas las consagradas al Apóstol Santiago, y en ninguna falta una imagen ecuestre que no presida el tímpano de sus atrios, o una escultura de caballo y espada que con frecuencia preside las procesiones rurales, y es mucho más conocida y popular en el medio rural la imagen del Santiago matamoros.

          Mas que una interpretación objetiva y culturalmente dominada, Castelao adopta esta irreal diferenciación por intereses sociopolíticos personales y quizás por improvisación periodística ante la necesidad de aportar su cuota en modo de dibujo crítico para su periódico de tirada diaria, bajo el epígrafe común que preside ambos Santiagos de “Os dous espritus”, que aquí quieren ser el nacional y el nacionalista, en donde Castelao busca propagar una idea sociopolítica y lo que hace es manipular la imagen del apóstol, porque no ha existido nunca esa diferencia de criterios o espíritus que pueda adjudicarse a la población gallega en exclusiva, ni al resto de la española, distribuyendo al albur y a conveniencia, actitudes, sentimientos y querencias.

          La propuesta de Castelao consiste, por tanto, en asignar a Santiago Matamoros a la iglesias españolas y a las gallegas el Santiago predicador y maestro, lo que parece querer esconder (no es posible que lo desconociera) que el pueblo gallego ha erigido al Apóstol Santiago, desde antaño hasta nuestros días, multitud de imágenes ecuestres, y que el Santiago matamoros es destacado patrimonio jacobeo de Galicia y del pueblo gallego, tanto de dentro como de fuera de la península, pues en su día la Asociación Española de Santiago Apóstol de Buenos Aires, de aplastante predominio gallego, acordó hacia el primer cuarto del siglo XX, justamente la época del artículo y dibujos de Castelao, reproducir una imagen del Apóstol Santiago para celebrar los festejos del 25 de Julio. Se acordó por unanimidad, que la imagen fuese ecuestre, y se eligió el modelo del Santiago Matamoros de la Catedral de Santiago, obra maestra del escultor gallego José Gambino en el siglo XVIII, que reprodujo admirablemente el escultor Magariños en el siglo XX. Como más significativos de la Edad Media señalaremos el del tímpano de la entrada de la iglesia de Santiago de La Coruña (Siglo XIII), y el tímpano de la iglesia de Santiago de Betanzos (Siglo Xlll), pero sobretodo el conocido tímpano románico de Clavijo de la Catedral de Santiago, notablemente más antiguo que los anteriores pues se trata de una talla procedente de la rehecha basílica tras la razzia de Almanzor a finales del X, es decir, muy anterior a la catedral románica iniciada por los obispos Peláez (1070-1094) y Gelmírez (1100-1140). El culto gallego ha dado siempre destacada representación a la figura ecuestre del apóstol Santiago a través de los tiempos, desde las antiguas representaciones mencionadas hasta la talla más moderna de Santiago ecuestre que culmina el Palacio de Rajoy.

          Galicia y España entera albergan en su historia y en sus expresiones artísticas los tres prototipos de la imagen del apóstol Santiago y en particular los dos modelos del apóstol Santiago, que nos es de uno ni de otros, sino de todos y sobre todo de nuestra historia común. Que me disculpe el acreditado Alfonso Rodríguez Castelao desde su merecido descanso en el Panteón de Gallegos ilustres, pero en el tema jacobeo no estuvo nada acertado.

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22- Cruz de Ferro entre la Maragatería y el Bierzo

          De buena mañana salgo de Catalina de Somoza dispuesto a cambiar las tierras de la Maragatería por las del Bierzo, topándome pronto con una vieja y modesta cruz de madera que recuerda la memoria sagrada de la ruta jacobea. Atravieso El Ganso, con la Iglesia de Santiago y su Cristo de los peregrinos, y unos kilómetros después Rabanal del Camino y su iglesia de la Asunción, que intensifica la subida hacia el renacido Foncebadón que, de su estado abandonado y ruinoso, ha rebrotado en lugar emblemático para el peregrino.

          Pero el mito de la peregrinación que se hace anhelar hoy es, sin duda, La Cruz de Ferro, uno de los lugares más representativo y simbólicos del Camino de Santiago Francés, además de un verdadero Hito de la peregrinación jacobea.

          Situada en plenos montes de León, el monte Irago, se sitúa a una altitud de 1504 m. Ya era mencionado el lugar en el Códice Calixtino del siglo XII, donde es mencionado como portus montis Iraci. Se sitúa entre dos aldeas míticas del Camino de Santiago; dos kilómetros antes ya hemos pasado la aldea de Foncebadón, otro lugar emblemático que llegó a estar en estado de ruina y desaparición, pero que el incremento del tránsito de los peregrinos lo ha revitalizado hasta convertirlo en uno de los lugares más representativos del Camino Francés. Y dos kilómetros después la aldea de Manjarín, prácticamente en estado de abandono, pero que parece mantener alguna actividad local gracias también al Camino de Santiago, y gracias al hospitalero de lugar, Tomás, que gusta de vestir ropa con distintivo templario y sorprender a los peregrinos con rituales que quieren proceder de la orden del Temple.

          La Cruz de Ferro se sitúa en el punto más alto del puerto del monte Irago, y debe su nombre al gran humilladero de piedras de origen remoto sobre el que se eleva un tronco de madera a modo de mástil de unos cinco metros de altura culminado por una sencilla cruz de hierro que da nombre al conjunto. Sin incluir el puerto del Somport del tramo Aragonés, puede considerarse el lugar de máxima altitud del Camino Francés, y es la puerta de entrada al Bierzo desde la región de Somoza. El ascenso es tan exigente que ya el peregrino alemán Küning recomendaba en el siglo XV eludir este paso y desviarse para evitar la dureza de los montes de León. El puerto marca la zona de vertiente divisoria de las aguas del Sil y del Órbigo.

          Por tratarse de un punto de culminación y límite de separación entre dos zonas geográfica y culturalmente bien diferentes, y por otra parte de extrema dificultad para el caminante, especialmente en temporada invernal, el paso tiene un valor relevante. Algunos dicen que desde el mons mercurii de los romanos y un supuesto altar al dios Mercurio, señalado como un lugar de ofrendas. Algunos quieren ver antecedentes aún mayores y significados mágicos de tiempos célticos que ofrecen más enigmas insondables que realidades tangibles.

          La identidad más reconocible del lugar viene de la mano del Camino de Santiago, y la colocación de una cruz sobre el mástil que inicialmente sirviera de indicador del camino en temporada invernal que era borrado durante las grandes nevadas. La cruz fue colocada por Gaulcemo, abad de la alberguería de Foncebadón y Manjarín a finales del siglo XI, en auxilio de los peregrinos. Se trataba de una cruz de hierro forjado que diera al lugar un sentido religioso más visible, junto a la asistencia humanitaria del hospital. En su recuerdo hoy se abre el albergue con ese nombre “Gaucelmo” en Rabanal del Camino.

          Los peregrinos medievales, quizás conservando una supuesta tradición remota de protección u ofrenda, o creo más bien que iniciándola en lo que fue una marca fronteriza con refuerzo invernal, ahora en pleno Camino de Santiago, depositan allí una piedra para dejar testimonio de su paso por el lugar o agradecer la llegada hasta el lugar. Adoptan el hábito también los arrieros, comerciantes y viajeros de toda condición en tránsito por el monte Irago. El paso de los siglos es la razón de que las piedras depositadas han acabado formando el más grande humilladero de España y Europa. Algunos lo hacen de espaldas al humilladero haciendo una petición, rememorando los supuestos tiempos en que se hacía tal rito implorando la protección de los dioses, hoy por la petición de ayuda para concluir el Camino con bien, o tan vez expresando los sentimientos más íntimos, como una oración o una reflexión personal, con el significado y valor que cada uno quiera darle. El ritual es tan conocido entre los peregrinos, que suelen traer consigo una piedra, o bien la toman de otro lugar del camino y la depositan allí como testimonio de su paso. Algunos otros dejan frases escritas en los cantos rodados o en algún papel que dejan sujeto, o alguna prenda personal a modo de exvoto, convirtiendo el lugar en un pequeño vertedero que hay que limpiar de vez en cuando. El lugar es de un sabor emblemático de tanta tradición, que o lo conservamos entre todos o terminará convirtiéndose en un gran montón de inmundicia, como ocurre ya en el mítico Finisterre y con otros rincones del Camino que, en vez de lugar de ofrendas se convierten en acúmulo de desechos. Por fortuna entidades locales como las asociaciones de Amigos del Camino de Santiago del Bierzo y de Astorga, periódicamente reclutan voluntarios para atender la necesaria labor de limpieza y mantener el sabor emblemático del lugar; de otro modo el mítico humilladero de piedras terminaría convirtiéndose en un cúmulo de porquería y basura. Lleva algunos siglos cumpliendo su misión de recibir las ofrendas pétreas de los peregrinos, y si queremos conservarlo debería ser más conscientes y cuidadosos, y limitarnos a dejar una piedra anónima que represente nuestro paso, nuestro homenaje o nuestra petición. Bien está participar de esta magia milenaria, pero deberíamos todos abstenernos de mayores protagonismos.

          La cruz original se conserva en el Museo de los Caminos de Astorga desde 1976. Y por fortuna, porque en los últimos años su réplica ha sufrido algún que otro percance, incluso el mástil de madera que la sostiene  llegó a ser cortado o desmontado para sustraerla. En los años ochenta del pasado siglo, se construyeron en las inmediaciones una capilla dedicada a Santiago y una fuente.

          El lugar es ciertamente merecedor de interrumpir la marcha unos instantes, concederle su valor emblemático, arrojar una piedra que llevemos con nosotros para la ocasión, hacer una oración o reflexión personal, y fotografiarse en el mítico lugar antes de continuar hasta Manjarín donde merece dedicar un rato a conversar con Tomás o alguno de sus colaboradores y descender hasta El Acebo, en un solemne descenso que nos pone a prueba, pues el cuerpo ciertamente se fatiga en las subidas hasta Foncebadón, pero donde surgen las tendinitis, los esguinces e incluso las ampollas, son en los duros descensos, como el que encontramos después de la mítica cruz de ferro camino del Acebo. La gravedad de nuestro cuerpo incrementada por el peso de la mochila, nos frena para subir pero nos empuja al bajar, y la pisada se hace menos estable e insegura, lo que aumenta el riesgo de traspiés y lesión. Se agradece llegar a El Acebo, donde toca descansar de las andanzas y emociones de hoy.

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29- Herodes en la historia del cristianismo

          Con el nombre de Herodes no estamos señalando a un personaje concreto, sino a varios, más bien a una dinastía familiar, aunque han sido tres Herodes los que han tenido una relevancia histórica y en especial en el cristianismo.

          El primero de ellos es Herodes llamado el Grande que reinó en Judea entre el 37 a.C y el 4 a.C. Fue el que inició la dinastía de reyes al servicio de Roma. Destacó por su enorme inseguridad y crueldad, que le llevó a cometer multitud de abusos y crímenes por asegurar su trono. Alrededor del 19 a. C., realizó la demolición y construcción del segundo Templo de Jerusalén. También construyó teatros, anfiteatros, hipódromos, ciudadelas, fortalezas, palacios, jardines, templos en honor a César, acueductos, puertos, monumentos e incluso ciudades a las que puso su propio nombre, el de sus parientes o el de los emperadores de Roma. Reconstruyó las fortalezas de Antonia y Masada, esta última con gran lujo. Hizo obras de construcción en ciudades tan lejanas como Antioquía de Siria y Rodas. Construyó un puerto artificial en Cesárea que supuso una magnífica obra de ingeniería. Poco antes de su muerte protagonizó la matanza de los inocentes tras la visita de los Sabios de Oriente, mandando matar a los niños varones de Belén. Aunque hay controversia sobre su realidad histórica, el relato bíblico de la matanza de todos los niños varones menores de dos años de edad en Belén y sus distritos, está en armonía con otros registros históricos que hablan acerca de la iniquidad y la catadura moral de Herodes mandando asesinar a cuantos amenazaron su trono. Poco antes de su fallecimiento, sintiendo la proximidad de su fin, ordenó la muerte de su hijo Antipatro, y amargado porque intuye que nadie lamentará su muerte diseña un plan diabólico: ordena que todos los nobles de su corte sean confinados en Jericó, dejando instrucciones ocultas de que fueran asesinados a su muerte, como modo de asegurar que se lamentara su muerte, órdenes que por fortuna fueron revocadas a tiempo pero que acreditan bien la bajeza moral de este monarca.          El segundo es Herodes Antipas, hijo del anterior, tetrarca de Galilea y Perea entre el 4 a.C y el 34 d.C. Se significó en la historia bíblica porque se casó con la mujer de su hermano Herodes Felipe, hecho que fue condenado por Juan el Bautista lo que le costó ser condenado por decapitación en el trance del baile de su hija Salomé a la que prometió conceder lo que pidiera y, asesorada por Herodías, su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista. También intervino en el juicio a Cristo, recibiéndolo de Pilatos y devolviéndoselo con la decepción de no presenciar ningún milagro.

          Finalmente y en el que más nos centraremos por su vinculación con la Tradición Jacobea, es Herodes Agripa I, nieto del primero y sobrino del segundo. Fue el que protagonizó la muerte de Santiago el Mayor y el encarcelamiento de Pedro con su posterior liberación.

          El rey Herodes Agripa nació en el año 10 a.C. Su abuelo fue Herodes el Grande, rey de Judea en el tiempo del nacimiento de Jesucristo, quien por desconfiar de la lealtad de sus más íntimos, mandó matar a su propia esposa, con la que había sido feliz durante ocho años y que le dio dos hijos Aristóbulo y Alejandro. Luego también desconfió de ellos y los ajustició como había hecho antes con su madre.

          A la muerte de Aristóbulo, su madre llevó a Roma a su hijo el joven Agripa, donde llevó una vida de dispendio y derroche que le valió perder el favor de la familia imperial, y tener que abandonar Roma. En el año 36 regresó a Roma donde fue arrestado por Tiberio, pero su amistad con Cayo Calígula, le valió que al suceder éste a Tiberio en el imperio, favoreció sin medida a Agripa con valiosos obsequios e incluso lo nombró rey de Galilea y posteriormente en el año 39 le concedió también los territorios de su tío Felipe a quien exilió: Iturea, Traconite, Lisanias y Abilinia.

          Cuando Calígula fue asesinado en el año 41, Agripa se encontraba en Roma y aprovechando su trato de amistad, ayudó a Claudio a ascender al trono, y a convertirse en el nuevo César; Claudio añadió Judea y Samaria a su reino, haciéndole mucho más grande que su abuelo. En ese mismo año se trasladó a su extenso reino. Los judíos no aceptaron bien su llegada por considerar que era amigo del imperio romano y que venía con educación y maneras de romano. Descubrió entonces, asesorado por el Sanedrín, una manera de ganarse la aceptación de los judíos: perseguir a los miembros de la naciente iglesia cristiana. Fue entonces cuando mando ajusticiar al apóstol Santiago a quien condenó por traición al judaísmo, informado de que Santiago era uno de los líderes del cristianismo al que podía atacar por su punto débil, la apertura a los gentiles, inaceptable para los judíos, lo que le valió el favor de los fariseos y fanáticos de la ley de Moisés. Al ver que pudo cometer ese crimen con impunidad y obtener la aquiescencia de los judíos, decidió arrestar a Pedro durante la celebración de la Pascua, y como la ley judía no permitía ejecuciones durante esa festividad, no se precipitó como con Santiago, sino que le custodió en la prisión con intención de llevarlo a juicio después de la fiesta. Advertido de que Pedro gozaba de gran prestigio y seguimiento mandó poner fuerte guardia para que fuera vigilado intensamente por turnos, y lo encadenó con rigor, pues lo usual era encadenar una de las muñecas del prisionero a la del guardia. Con Pedro se duplicó la seguridad y ambas muñecas estaban encadenadas con un guardia romano a cada lado, y otros dos que vigilaba la puerta, todo en turnos de tres horas. La estricta vigilancia muestra que el caso era muy relevante para Herodes Agripa. El enorme gentío que visitaba la Pascua, la popularidad de Pedro y la advertencia del Sanedrín, hizo temer a Herodes que algunos de sus seguidores intentara rescatarle aprovechando la confusión que había en la ciudad. Dicen las Escrituras que un Ángel del Señor lo liberó milagrosamente y, sin pretensión de desmentir que lo fuera, el relato de la liberación de Pedro se entiende bien como un complot liberador bien preparado que sin tiempo ni espacio para rescatar a Santiago, pudo actuar con eficacia en el caso de Pedro. Pasada la fiesta y cuando iba a iniciar el juicio, Herodes no encontró a Pedro ni pudo averiguar cómo se produjo su inesperada liberación, por lo que entró en cólera al ver fracasada su estrategia, y mandó castigar a la guardia. Es muy factible que esa guardia se formara con soldados de la Cohorte Itálica que mandaba el centurión Cornelio en Cesárea Marítima, la propia sede de Herodes, pero que había acudido a Jerusalén, quizás con el propio Herodes, para reforzar la guarnición militar, como era costumbre en toda Pascua. Cornelio era un incondicional seguidor de Pedro y había recibido él y todos los de su casa, soldados entre ellos, el bautismo y la condición de cristianos. No encontraría ninguna dificultad en acreditar órdenes y documentos que indicaran el traslado del preso, y cayeran cadenas, rejas y puertas a la orden del centurión, facilitadas por sus soldados cristianos. Esta fue la trama más lógica y comprensible de la liberación de Pedro, en donde Cornelio y sus soldados, seguidores de Pedro y del cristianismo, actuaron como un verdadero ángel salvador, y hasta es viable que el propio Pedro así lo llamara para no dar señal alguna de su identidad.

          Pedro acudió entonces a la casa de la Madre de Marcos, el futuro evangelista, donde solían reunirse los cristianos, les mando que difundieran su liberación y se fue a otro lugar que las Escrituras no precisan. Un lugar discreto, casi clandestino, como la casa de Simón el Curtidor en Joppe, citado en las Escrituras, donde encontraría complicidad plena para planificar desde el puerto de Joppe la evasión del cuerpo de Santiago a Hispania una vez tratado y camuflado en un fardo de pieles, en compañía de la guardia itálica que buscaba huir de Herodes, así como la de Pedro a Roma para atender la misión de su Maestro: “Id y haced discípulos a todas las naciones y bautizadles en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles todo lo que os he enseñado…”

          La muerte de Agripa acaeció poco después, tras un episodio en que las Escrituras le asignan aceptar la adoración de los judíos como si fuera un dios, por lo que dicen las Escrituras que “Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:21-23). De nuevo la mediación de un Ángel en la muerte de Herodes que puede explicarse mejor como un proceso abdominal agudo, el llamado cólico miserere que no es más que una apendicitis aguda, mortal en esos tiempos, pues no tratada evolucionaba inevitablemente a una perforación peritoneal y muerte por septicemia en pocos días. El libro apócrifo las Virtutes Ioannis añade sobre la muerte de Herodes Agripa: “Viviendo una vida indigna, murió con una muerte digna”, es decir, merecida.

          Para cerrar el ciclo cabe aún mencionar a un cuarto Herodes con papel bíblico, Herodes Agripa II, hijo del anterior, nacido en Roma el 27 d.C. y educado al cuidado del emperador Claudio. Era aún muy joven cuando murió su padre por lo que Claudio no permitió que asumiera el mando del reino que volvió a ser provincia romana. Con los años llegó a concedérsele condición real de otras provincias. Su intervención más conocida es su encuentro con San Pablo (Hch 25.13-26.32), a quién expresó su disposición a convertirse al cristianismo, y posiblemente lo hubiera hecho de no haber sido por presiones políticas y familiares. Con él se extinguió la rama judía de la dinastía herodiana.

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21- De Santo Domigo de la Calzada a San Juan de Ortega

          Pasar de Santo Domingo de la Calzada a San Juan de Ortega, cuando se trata de topónimos de lugares del Camino, supone pasar de tierras vinícolas riojanas a campos de cereales castellanos por caminos que nos ofrecen una sucesión de escenarios que, como cuentas de un rosario, surgen ante nuestros pasos peregrinos con sus mensajes y sugerencias. Cuando hablamos de personajes del Camino que dejaron su impronta en él, entonces nos referimos a los llamados santos constructores por antonomasia, de quienes ya Aimeric Picaud, hacia 1140 y en el capítulo VIII del Libro V del Codex Calixtinus proponía a los peregrinos visitar sus sepulturas, más como deber moral que como recomendación. Era costumbre entre los peregrinos medievales rendir culto a las distintas reliquias de santos que encontraban a lo largo del Camino de Santiago, y en el territorio español estos eran de los más afamados por cuanto dedicaron su labor en ayudar a los peregrinos facilitándoles su tránsito creando puentes, allanando terrenos y prestando auxilio a los peregrinos expresamente en los lugares con dificultades de paso.

          Santo Domingo de la Calzada es el nombre de la ciudad en lo que era un frondoso bosque de encinas, en donde se instaló a mediados del siglo XI un ermitaño de nombre Domingo que decidió dedicar su vida a facilitar el viaje a los que peregrinaban a Compostela. Los relatos legendarios cuentan que con una hoz de segar -hoy en el escudo del lugar- taló todo el bosque como si se tratara de espigas, construyendo un puente que salvara los peligros del paso del río Oja que daba nombre a la región. La importancia de la obra llegó a oídos del rey Alfonso VI que decide visitarlo en 1076, donándole tierras y privilegios para consolidar el lugar como un punto relevante en el Camino de Santiago. Es obligado, como ya recomendaba Aimeric Picaud, detenerse en este emblemático lugar, visitar su catedral y admirar su sepultura y hacer memoria de su historia y milagros.

          Salir de Santo Domingo de la Calzada bien tempranito, antes que canten los gallos del milagro que guarda su catedral, permite atravesar el puente sobre el rio Oja casi en penumbra y con los faroles encendidos del puente que rememora el que levantó el Santo Domingo en auxilio de los peregrinos, generando de la nada un poblado por y para el Camino de Santiago, en un lugar inhóspito. Del puente de entonces solo queda el emplazamiento y la memoria, pues el actual de 150 metro y 16 arcos, es reconstrucción que se acometió primero en el siglo XVIII y luego en el XX. Pero no deja de permitir el paso del peregrino a través del mismo vado de entonces y transitarlo nos transporta a otros tiempos.

          A medio camino entre Santo Domingo y Grañón encontramos la Cruz de los Valientes, una cruz de madera que rememora un litigio de cierto siglo en el que no coinciden plenamente los relatos, entre los dos poblados riojanos por el uso de un encinar, que acordaron resolver mediante lucha de los dos jóvenes más aguerridos de cada lugar. Venció Martín García, de Grañón, y en el lugar de la lucha se izó una cruz, y aunque la leyenda magnifica la pugna y gusta citar la muerte de ambos contendientes por su arrojo sin límites, no hubo tal, sino que la pelea se pactó cuerpo a cuerpo y sin muerte. El vencedor ganó los derechos del encinar a sus vecinos y la cruz se levantó más bien en acción de gracias por la pacificación del lugar, y hoy es ubicación de reunión y festejo cordial de ambas poblaciones.

          Atravieso Grañón y su iglesia de San Juan Bautista, donde asienta un albergue de hospitalidad emblemática y tradicional hospitalidad, que cuenta con un destacado retablo. El lugar tiene su atractivo y está bien surtido de lugares de asistencia al peregrino en torno a su calle Mayor, pero esta vez no ha tocado hacer alto en este lugar de modo que cruzo lentamente los viejos callejones del tradicional diseño urbano cuadricular de las villas de peregrinación.

          Es poco después cuando se produce el paso a territorio castellano. Ocurre en Redecilla del Camino a cuya entrada encontramos un rollo jurisdiccional, una fuente y un mojón que nos avisa de que acabamos de entrar en tierras de Castilla y León. Merece visitarse la iglesia de la Virgen de la Calle, aunque solo sea por admirar su magnífica pila bautismal del siglo XII, del que dicen las guías que es una joya del románico, que remeda una ciudad amurallada en su cuerpo en forma de copa sobre una base de ocho columnas. Soporta estoicamente mis miradas y los disparos de mi cámara.

          Poco después llego a Viloria de Rioja, que aún conserva las ruinas de la que fue la casa de Santo Domingo de la Calzada. Un cartel recuerda el terreno donde se levantaba la casa, que terminó en ruinas y se ordenó su desplome total para evitar daños, pero conservando el recinto e indicando su ubicación y sus ruinas. Junto a ella está la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, llena de motivos en memoria del santo. Lamentándonos de que estuviera cerrada la pudimos visitar gracias a la mujer del alcalde que nos abrió el recinto, mientras nos daba cuenta de la difícil situación que atravesaba Viloria dentro de un contencioso que pretende dejar a Viloria fuera del trazado del Camino de Santiago. Sería una gran pérdida para el lugar y para el Camino. Viloria de Rioja merece seguir en el Camino y debe luchar por ello si no quieren que, como la casa del santo, caiga en ruina. Ya solo por visitar el lugar y esas ruinas vecinas, sellar en la iglesia como nosotros hicimos, merecería la visita. Si además se instalara un modesto negocio de bocadillos y refrescos y se diera opción de alimentar la idea de pernoctar en el meritorio albergue de Acacio y Orieta, Viloria podría muy bien mantenerse en el Camino de Santiago con motivo y orgullo para ello. Ánimo, amigos de Viloria.

          Tras pernoctar en Belorado, atravieso Tosantos, Villambista y Espinosa del Camino, con ese espíritu íntimo y personal con que el peregrino progresa por fuera y por dentro, hasta llegar en este caso a Villafranca Montes de Oca, un lugar en el que ya Domenico Laffi, clérigo Borgoñés del siglo XVII, recomendaba, en su relato de peregrinación, descansar y reponer fuerzas y alimento antes de acometer el duro y antaño peligroso tránsito de los Montes de Oca, lugar de refugio de forajidos y asaltantes que ponían en peligro la bolsa y la vida del peregrino si no iba convenientemente acompañado de protección. Hoy, en contraste con si peligroso pasado, es un lugar lleno de paz y espíritu de soledad silvestre rodeada de naturaleza, con buenas vistas como la que logra el mirador sobre la sierra de la Demanda, con rampas exigente hasta llegar a la fuente de Mojapán, a partir de donde encontraremos pistas inmensas entre robles, enebros y brezos, pasando junto a un monumento a las caídos y pasando luego en una larga pista forestal cercada de espesos pinares que nos llevará, no sin esfuerzo, hasta el monasterio de San Juan de Ortega.

          En la iglesia de San Nicolas de Bari encontramos un rico patrimonio de cultura del camino que el peregrino debe atender antes de continuar, pues aquí descansan los restos del segundo de los santos constructores, discípulo de Santo Domingo de la Calzada de quien siguió el ejemplo de dedicar su vida a facilitar el tránsito de los peregrinos a Santiago de Compostela mediante la construcción de puentes y calzadas en distintos tramos del Camino, y servir a los peregrinos como el que levantó aquí, en el pequeño núcleo urbano que lleva su nombre y donde creó un hospital de peregrinos y levantó un templo dedicado a San Nicolás de Bari, a quien se encomendó en un trance con riesgo de naufragio cierta vez que peregrinó a Tierra Santa.          

          En su interior destacan un baldaquino gótico florido con relieves de la vida del santo, un bello sepulcro románico y, sobre todo, los capiteles románicos, de gran expresividad. Uno de ellos encierra un valor emblemático en las fechas de los equinoccios de primavera y de otoño. Se trata del capitel de la Natividad, en que el diseño arquitectónico del templó ha previsto que el rayo de luz lo ilumine comenzando con la anunciación del ángel a María y continuando con el nacimiento.

          Es un lugar que puede considerarse de visita obligada para el peregrino donde puede rendir homenaje a las reliquias del santo, desde que Aymeric Picaud lo recomendaba en el siglo XII, hasta el día de hoy en que es un alivio para el cuerpo y para el espíritu encontrar este lugar tras el exigente paso de los Montes de Oca. El peregrino puede instalarse en la histórica hospedería, tantos años atendida por José María Alonso Marroquín, que elevó la atención del peregrino a una tradición emblemática que convirtieron a este lugar y a su hospitalero en uno de los hitos del Camino Francés, adquiriendo singular fama sus sopas de ajo. 

          Tras rendir homenaje a los emblemáticos personajes de los que allí queda memoria, decido continuar mis pasos durante algunos kilómetros más hasta Agés que conserva uno de los puentes románicos atribuidos a San Juan de Ortega, y desde entonces guardo en mi corazón peregrino reconocimiento a su memoria.

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