DOS TRADICIONES EN UNA

Predicación Santiago          Es necesario precisar que en la leyenda de Santiago hay dos partes bien diferenciables, una que habla de un viaje de Santiago a España y de su predicación en tierras hispanas, y otra que se refiere al traslado de los restos del Apóstol a Galicia por algunos discípulos, que lo habrían traído desde Jerusalén, donde fue martirizado. Por tanto, más que una única tradición, son dos tradiciones en una, que conviene distinguir.

Codice_Pergamino          La primera sitúa a Santiago en España, no necesaria ni exclusivamente en Galicia, y se apoya en una tradición oral cuyo origen está en los inicios del cristianismo, reforzada luego por testimonios documentales que sugieren la existencia de una Tradición que se transmite a través de los siglos. La segunda inicia en el siglo IX, y se compone de dos elementos: uno primero que consiste en la revelación de la tumba del Apóstol Santiago (Inventio), y otra posterior que relata como aconteció el traslado de los restos hasta su tumba (Translatio).

compostela127          Cada una de las dos tradiciones tiene su propia argumentación, y más que disociarlas hay que analizarlas. Pero cada una de ellas refuerza a la otra, y realmente son dos momentos de una misma Tradición, como anticipa Beda el Venerable en el siglo VII, pues además de hablar de la evangelización de Santiago en Hispania, la asocia a un traslado: “Los huesos sagrados de este Apóstol bienaventurado, fueron trasladados a Hispania, y en su parte extrema, puestas a salvo frente al mar Britanico”. El término británico no se refiera aquí a las islas Británicas ni a la Bretaña Francesa, sino a Britonia, la diócesis bretona del noroeste hispano cuya sede era Santa María de Bretoña, hoy San Martín de Mondoñedo (Lugo). Es decir, que la conexión entre las dos tradiciones existía ya antes de aparecer los textos que buscan explicar la Inventio y la bande-prov-ecl-galicia-visig_opt2Traslatio, y antes del descubrimiento de los restos apostólicos. Es importante resaltarlo, porque un hecho singular en la aparición de los elementos de la Tradición es que aparecen en orden inverso, primero se revela el sepulcro, y tiempo después surgen las narraciones que explican el traslado. Es una cuestión contradictoria que no pocos han usado como criterio de falsedad, pero que muy al contrario tiene una justificación muy racional. Se descubre primero el sepulcro porque su ubicación fue un hecho local de escasa o nula difusión que se pierde en la memoria de una cristiandad incipiente y castigada. Será después del descubrimiento cuando surge la necesidad de explicar el traslado sobre los indicios de una tradición oral muy diluida y deformada.

          Si Santiago había muerto en Jerusalén, ¿dónde estaba su cuerpo?. Para responder a esto era necesario un descubrimiento formal, que conforme al uso de la época solo podía venir de modo convincente por vía de la revelación. La primera referencia escrita a la revelación, se encuentran en tres antiguas cartas de Compostela del siglo IX, (años 829, 844 y 854) en que solo se menciona que el cuerpo de Santiago fue revelado en el 813, siendo Teodomiro obispo de Iria Flavia, durante el reinado de Alfonso II el Casto, y que el descubrimiento tuvo lugar en el valle de Amaia, pero nada se dice sobre las circunstancias de la revelación.

Concordia antealtares     El relato de la Inventio aparece en la “Concordia de Antealtares” (1077), entre Diego Peláez, obispo de Iria, y Fagildo, abad del Monasterio de Antealtares. El primer foco de construcciones germen de la futura Compostela, serán una pequeña basílica y un monasterio con una comunidad de monjes que cuidaba el culto a las reliquias del apóstol Santiago, levantado en el lado este frente a la puerta de acceso del mausoleo sepulcral romano, por lo que recibió la denominación de Antealtares, y del que no quedan vestigios pues fue demolido para el levantamiento de la catedral que sustituiría la basílica de Alfonso III levantada en el lado opuesto del edículo, que permanecía entre ambas construcciones. Dicha demolición implicó un litigio entre basílica y monasterio por cuanto el inicio de la catedral que exigía demoler edificación monástica, con lucha de intereses que concluyó con la firma del documento de acuerdo sobre el nuevo emplazamiento del monasterio, con garantías y acuerdos por los que los monjes renuncian a la Iglesia a cambio de privilegios en la nueva catedral, que centralizará la custodia del sepulcro apostólico, de cuyos restos se relata su procedencia. Se cuestiona su valor documental por surgir dos siglos y medio después del descubrimiento, pero junto al antecedente que acabamos de mencionar, hay que añadir que el acuerdo no busca rellenar un vacío que no preocupaba en la feudal Compostela, sino resolver el conflicto de intereses y sentar la custodia del cuerpo santo. El supuesto vacío estaba ocupado por una tradición oral que termina por encontrar una expresión escrita.

          La creencia e incluso el conocimiento popular va aquí por delante de la Iglesia, en la elaboración de un relato que explique la predicación en España, el martirio en Jerusalén y la sepultura en Galicia.

         El documento más antiguo es la Translatio Sancti Jacobo, recogida en el Codex Calixtino y la Historia Compostelana (siglo XII), y adornada luego en La Leyenda Aurea de Jacobo de la Vorágine (siglo XIII). Es la compilación anónima en el siglo IXfotobleyenda 1493. de textos relacionados con el Apóstol de la tradición oral popular del lugar, originalmente vulgar y propia su declamación y quizás entonación con cierto acompañamiento musical en foros populares públicos. Su contenido mezcla la Tradición con los Siete Varones Apostólicos de la Bética que son los discípulos de Santiago, tres de los cuales permanecen custodiando el sepulcro, y los otros cuatro se dispersaron a predicar. Incluye términos locales como Iria y el Pico Sacro, y mitos populares como el dragón, los toros bravos y el hundimiento del puente.

          El segundo documento que explica la aparición del cuerpo del apóstol en España es la Epístola de San León. De ella existen tres versiones, en que se va conformando una narración más cuidada en el fondo y las formas en evolución desde lo popular a lo culto. La 1ª, redactada entre finales del IX e inicios del X, es la versión de la abadía de San Marcial de Limoges, supuestamente atribuida a San León I, papa entre 440-461, conocido en Galicia en relación al priscilianismo; es fiel a la Translatio pero trazando mejor los contornos de la tradición, y mezclándola aún con la de los Siete Varones de la Bética, citando a tres que quedan en la tumba, Torcuato, Tesifonte y Anastasio, (los dos primeros homónimos a la lista de los Siete Varones de la Bética), y otros cuatro que retornan a Jerusalén. Su latín es bastante deficiente, lo que traduce su inspiración en la Traslatio más popular. La 2ª, de finales del siglo X, se conserva en el Escorial, y es una versión más cuidada, que atribuye al Papa León III (795-816); elimina los hechos milagrosos demasiado portentosos y solo cita a Anastasio como nombre común a la anterior, no perteneciente a lista de los Siete Varones. La 3ª, es una redacción erudita de finales del siglo XI o comienzos del XII, atribuida también a León III, es la forma que se recoge en el libro III del Codex Calixtino, que reconoce solo dos discípulos distintos a los Siete Varones: Atanasio y Teodoro.

          Ya con el fenómeno de peregrinación en auge, desde la convicción en el valor del hallazgo compostelano, y para dar crédito y ortodoxia a la noticia que el hallazgo compostelano había confirmado, la Tradición necesita argumentos que la avalen y permitan una difusión sólida y congruente. Puede decirse que se busca promocionar Compostela con principios equivalentes a la publicidad actual. Es lo que busca la Carta de San León, explicando cómo el cuerpo de Santiago el Mayor, de quien ya se decía ser el evangelizador de Hispania, tras su martirio en Jerusalén narrado en los Hechos de los Apóstoles, pudo llegar hasta las costas de lria Flavia y ser enterrado en la futura Compostela. Su propósito básico, común a todas las versiones, es la certificación del primado de la Iglesia como aval eclesiástico. Las distintas versiones son sucesivas adaptaciones de la Translatio para convertir la tradición popular oral en una tradición escrita, erudita y culta, desmitificando el traslado y desvinculándolo de la Tradición de los Siete Varones Apostólicos.

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