LA APORTACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA

Catedral aerea          Los edificios históricos, religiosos o civiles, además de su dimensión arquitectónica y artística, tienen un gran significado en virtud del largo proceso que se remonta a sus orígenes, en especial si es la Antigüedad, y se vincula con el emplazamiento privilegiado que ocupan, donde acontecieron hechos no registrados por los cronistas, pero que son raíces de identidad del lugar y su entorno. Por ello la arqueología de estos edificios y lugares nos da acceso al conocimiento de un proceso que trasciende a la realidad actual del propio edificio, que incluye sus antecedentes  y que revela datos de etapas en que losExcavaciones catedral testimonios documentales escasean o no existen. La información arqueológica viene así a cubrir lagunas históricas de épocas sin  información escrita, sobre precedentes que de otro modo hubieran permanecido ocultos. Así entendida desde la arqueología, la catedral compostelana es un completo historial del hecho jacobeo desde momentos muy anteriores a la “Inventio”, y nos informa de una ciudad anterior a la Edad Media, que llegó a creerse inexistente ante la falta de una historia antigua.

          En las excavaciones que, en distintos momentos cronológicos, se realizaron bajo el presbítero catedralicio y en el subsuelo de la basílica compostelana, se han recogidoMateriales 1 una serie  de restos materiales que nos aportan datos valiosos de la dimensión dinámica del fenómeno jacobeo, como son su origen cronológico, su evolución en el tiempo y evidencias de la peregrinación en el tiempo. Se trata de fragmentos de cerámica, monedas, cuentas de vidrio, etc. Hay cerámica romana desde finales del siglo I a C. a mediados del III d.C, que nos remite al primer núcleo romano; cerámica del primer foco compostelano (siglos Materiales 2VIII-X), y de su apogeo medieval y construcción de la catedral románica (siglos XI-XIII), hasta épocas bajomedieval y moderna. Igualmente hay un número diversificado de monedas que incluyen piezas desde época romana a moderna, y como reflejo cronológico y geográfico de la peregrinación es significativo evidenciar la presencia, además de ejemplares de los reinos hispanos, de monedas francesas junto a otras de distintas procedencias europeas, como la alemana o la italiana.

         Las teselas de revestimiento ornamental de mármol y pórfido propia de los mosaicos, características de las construcciones romanas, o los objetos de vidrio datados en el siglo I y II, en sintonía con hallazgos más recientes en la Plaza de la Quintana y del Claustro, vienen a confirmar la existencia de un importante ASENTAMIENTO ROMANO ALTO-IMPERIAL en lo que después será el locusMosaico apostólico. A partir de aquí la interpretación dinámica de los hallazgos arqueológicos permiten conocer una conversión como centro de culto sepulcral que genera la ciudad de Compostela, primero en torno al edículo sepulcral romano, después custodiado en las basílicas de los reyes astures y luego en su espléndida catedral románica, constituyendo elementos reconocibles por la arqueología como raíces del fenómeno jacobeo que transforma un culto sepulcral local en un culto peregrinante de dimensión europea.

          Aunque sin pretensión arqueológica exhaustiva, desde el planteamiento multidisciplinar de este análisis, interesa reseñar tres hallazgos arqueológicos capitales para el contexto argumental de la tradición: El lauda del obispo Teodomiro, el edículo sepulcral romano y la Necrópolis paleocristiana.

          EL LAUDA SEPULCRAL DE TEODOMIRO es la lápida de la tumba del obispo que protagonizó el hallazgo del sepulcro apostólico. Ignorada durante siglos, se descubre durante las excavaciones del subsuelo de la catedral entre 1946-1959, dentro de un recinto adosado a la mitad del muro sur de la que fue basílica del Alfonso III, lugar que hoy ocupa el borde sur del crucero actual. Se trata de una gran losa granítica de más de dos metros de largo por casi uno de ancho, que lleva grabadas la cruz de Alfonso II y una inscripción que nos revela la historicidad del personaje y la importancia de su hallazgo: solo un hallazgo muy relevante pudo generar el traslado desde la original sede de Iria a un nuevo lugar, construir allí su sede episcopal sin designación eclesiástica, y situara allí su propia sepultura, en plena sintonía con el culto sepulcral que subyace en Compostela.

Lauda          EDÍCULO SEPULCRAL ROMANO. En las exploraciones realizadas ente 1875-1886 se halló, bajo el subsuelo del presbítero, un monumento funerario de factura romana atribuido al siglo I. La ausencia de puerta de acceso inferior y el estudio comparativo con otros edificios de la época permite reconocer que se trata de edículouna edificación de dos plantas, una inferior destinada a cámara sepulcral, y otra superior dedicada al oratorio o culto memorial, unidas entre si por una escalera interior, y que a través del tiempo va a experimentar una serie de transformaciones según veremos. Estudios de 1988 han revelado como hallazgo de significada importancia la existencia, la existencia de una fenestella martirial, o pequeña ventanita para la obtención de reliquias de tela por contacto con los restos (brandeum), hallazgo indicativo de que se trata de culto a mártires cristianos de época romana, por cuanto es original del muro romano, fenestellano por rotura posterior. En este trabajo,  Isidoro Millán Gonzalez-Pardo revela un hallazgo sorprendente al  hacer una serie de diapositivas en los sepulcros laterales, que permitió descubrir el tapón de la fenestella con la inscripción Atanasio Martir, precisamente uno de los discípulos de la leyenda jacobea, en grafía griega y hebrea Tapóncalcocon signos de simbología mística, que podrían emparentarlo con el cementerio del Monte de los Olivos de Jerusalén. El hallazgo, etiquetado de polémico y cuestionable, ha permanecido dormido durante años hasta que los recientísimos estudios de Enrique Alarcón, de la Universidad de Navarra, encuentra en esta inscripción otros significados que revalidarían la Tradición Jacobea. Él anuncia el descubrimiento la palabra Jacob entrelazada con lainscripciondelsepulcrodesantiago palabra griega “mártyr” –que significa “testigo”–. Para Alarcón la simbología de la inscripción es muy rica, con alusiones a la fiesta Judía de Shavu’ot, equivalente a la del Pentecostés cristiano, con signos rituales de los comienzos del cristianismo. El hallazgo remite a las inscripciones halladas en las Alarcóntumbas del primitivo cementerio judeocristiano de Jerusalén. Alarcón recuerda que es en Pentecostés cuando los apóstoles se lanzan a predicar a todos los pueblos, por mandato de Cristo de salir entonces de Jerusalén y ser sus testigos hasta el Finis Terrae. En esa línea sostiene que la inscripción se refiere a Santiago como cumplidor de ese mandato: testigo de Cristo en el Finisterre; aunque nada indica que, a comienzos de la Era Cristiana, lo que hoy llamamos Finisterre tuviese ya ese nombre, sí hay sobrada documentación histórica de que, para numerosos eruditos griegos y romanos, el extremo occidental de la tierra se encontraba por ese lugar, lo que es una referencia contemporanea, en modo que el hallazgo, a su juicio, “confirma la tradición” que sitúa al Apóstol en tierras hispánicas y su enterramiento en el templo compostelano.

          La hipótesis, polémica y cuestionable, necesitada confirmación académica, pero no deja de ser un criterio que, con toda la prudencia que el caso merece, debe ponerse también en la relación de criterios y argumentos.

          NECRÓPOLIS PALEOCRISTIANA. Las excavaciones de 1946-1959, realizadas en diversas fases en el subsuelo de la basílica compostelana, deja al descubierto una intrincada serie de necrópolis en que a partir de los siglos II y III se suceden en el tiempo sepulturas romanas, suevas y medievales, en donde sorprende la existencia de elementos comunes que hablan de un culto cristiano que se transmite entorno a la tumba principal hacia la que están orientadas.

Necrópolis paleocristiana          La conclusión de estos hallazgos, aun con margen a futuros análisis e investigaciones, no dejan ninguna duda de que Compostela no es un invento ni un montaje, sino un verdadero hallazgo, con antecedentes no reflejados en las crónicas, que guardan una sorprendente aproximación con la legendaria Tradición Jacobea.

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