48- Gotescalco de Le Puy y su paso por Albelda

Peregrinos anónimos 1Las noticias sobre los peregrinos a Santiago de Compostela en los inicios de la peregrinación (siglos IX y X) son exiguas, y en general muy desiguales según las épocas, los países de donde proceden y su condición social. En los archivos de la iglesia de Santiago han dejado muy pocas huellas, como también son escasas las alusiones individuales en la Historia Compostelana, que recoge con grandes pormenores los hechos del pontificado de Gelmírez. Pero en cambio, son frecuentes más tarde en diferentes partes del Liber Sancti Jacobi, lo que refleja la importancia que había adquirido la peregrinación en la primera mitad del siglo XII.

Peregrinos anónimos 2Los peregrinos por devoción, cumplían su viaje sin que de él quedase constancia oficial alguna, o había de ser elevada su condición social para que un cronista la mencionara la peregrinación, y entonces de pasada pues la costumbre de peregrinar estuvo tan arraigada en la Edad Media, que no merecía más atención que un acto corriente de la vida. Sólo cuando se da una circunstancia extraordinaria, como la de la muerte en Compostela de Guillermo X de Aquitania en el Viernes Santo del año 1137, llega a tener repercusión en los historiadores.

Es común mencionar que la primera noticia segura de un peregrino extranjero fue la de Gotescalco, obispo de Le-Puy-en-Velay, y puede aceptarse si precisamos que se trata del primer peregrino ilustre que hizo el Camino a Santiago en el otoño del año 950 partiendo desde más allá de los Pirineos. Y la debemos a una casualidad, ya que no queda de ella el menor documental, y habría permanecido oculta en el olvido, como sin duda tantas y tantas otras, si no hubiera sido por el prólogo que el monje de Albelda puso a la copia que, con destino, y a petición de dicho obispo hizo del “Libellus de Virginitate”de San Ildefonso de Toledo.

 

Primer folio del manuscrito Godescalco«Yo, Gomesano, aunque indigno perteneciente al orden de los presbíteros, haciendo vida regular en las fronteras de Pamplona, en el monasterio albeldense, dentro del recinto sagrado que guarda las reliquias del santo beatísimo Martín, obispo, bajo el régimen del benéfico abad Dulcidio, entre los ejércitos de siervos de Cristo, de casi doscientos monjes, forzado por el obispo Gotescalco, que por motivo de oración, saliendo de la región de Aquitania, con una gran devoción, acompañado de una gran comitiva, se dirigía apresurado a los confines de Galicia, para implorar humildemente la misericordia de Dios y el sufragio del apóstol Santiago, escribí de buen ánimo el pequeño libro publicado hace tiempo por San lldefonso, obispo de la sede toledana, en el que se contiene la alabanza de la virginidad de Santa María siempre virgen y madre de Jesucristo Nuestro Señor.» Y al final del prólogo: «Llevó este libro el santísimo obispo Gotescalco de España a Aquitania en el tiempo de invierno, precisamente en el mes de enero, corriendo felizmente la era DCCCCLXXXVIIII«.

En aquella época no se llevaba registro de las peregrinaciones y solo en virtud de este prólogo del monje encargado, todo hubiera quedado en la clandestinidad, pues esta fue la única referencia existente del paso de la comitiva del obispo por el monasterio de San Martín de Albelda durante su peregrinación a Santiago de Compostela.

Cortejo peregrino medievalGotescalco fue monje y abad del monasterio de San Teofredo, en la región francesa de la Aubernia, hasta que fue ungido obispo de Le-Puy-en-Velay,  nombrado conde y, además, uno de los príncipes de Francia, de aquí que sea considerado un peregrino ilustre. Su intención era llegar a Compostela para la fiesta del martirio que, entonces, se celebraba el 30 de diciembre. Así, a pesar de ponerse en camino en las estaciones de mal tiempo, el prelado de la sede eclesiástica francesa se puso en marcha con una gran y lujosa comitiva de heraldos, que anunciaban la presencia del séquito a la entrada de cada pueblo, hombres armados, cortesanos, clérigos, pajes, siervos, criados y juglares, encabezados todos ellos por un caballero que portaba el estandarte con la imagen de la virgen negra de Nuestra Señora de Le-Puy-en-Velay, un cortejo que, sin duda, dejaría huella en el recuerdo de los lugares donde pasaron, convirtiéndose en el primer peregrino ilustre llegado a Compostela de más allá de los Pirineos, y transformándose en símbolo de la peregrinación del Camino Francés y figura emblemática del espíritu jacobeo que impregnó Europa.

puy-bendicionLa memoria dejada por Gotescalco ha dejado en la ciudad de Le Puy una tradición que sigue viva, manteniendo una gran actividad relacionada con el Camino, constituyendo el símbolo de la Vía Podiense, muy atractiva por  atravesar regiones francesas de gran belleza, iglesias románicas muy antiguas como la abadía de Sainte Foy en Conques o la de San Pedro de Moissac. Es muy emotiva la Misa de las 7 de la mañana en la catedral de Notre-Dame du Puy al finalizar la ceremonia religiosa, cuando el obispo de Le-Puy-en-Velay reúne a los peregrinos alrededor de la imagen de Santiago, les pregunta su origen, les da la bendición del peregrino, y les hace coger de una bandeja un mensaje escrito que con ruegos al apóstol para presentarlas a su llegada a Compostela.

Aunque el viaje de Gotescalco no está documentado en ningún archivo eclesiástico ni de origen ni de destino, nos queda el testimonio del monje de Albelda de Iregua, que es quien hace referencia a Gotescalco como peregrino ilustre. El manuscrito está en la Biblioteca Nacional de Francia, en París y clasificado como MS La. 2855, en su conjunto es conocido como manuscrito de Gotescalco en honor de este obispo que fue el primer peregrino a Santiago documentado, en 950.

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Le Puy es sede de un santuario mariano emblemático en la cima del Monte Corneille que visitó varias veces el emperador Carlomagno. Buscando Gotescalco un oficio litúrgico para las festividades de la Virgen, se puso en camino en busca de un copia del texto del afamado  Ildefonso de Toledo “De virginitate perpetua Mariae Virginis”, del que solo había entonces dos copias en Europa, una de ellas en el monasterio de Albelda.

PlanoGotescalco estaba orgulloso de que la fiesta de Santiago era también su cumpleaños, y que en ese mismo día fue hecho obispo de Le Puy. Parece que esto fue lo que le indujo a hacer una peregrinación junto con una considerable comitiva. En su camino probablemente pararían en sitios tan  importantes como Conques, con el santuario de Saint Foy, o el monasterio de Moissac. Después, tendrían que atravesar los Pirineos hacia la península Ibérica. Una vez allí, cuando pasaron por Pamplona y se dirigieron hacia Logroño, en vez de continuar hacia el Oeste, la comitiva se dirigió hacia el sur el tomando un desvío de unos 15 Km, a lo largo del río Iregua.

imgAsí, pasaron junto a un gran número de cuevas en las colinas que se asomaban al valle del Iregua, habitadas desde tiempos visigodos por ermitaños o pequeñas comunidades monásticas, en consonancia con la fuerte tradición en el norte de España del monacato eremítico y rupestre. Gotescalco en lo que estaba interesado era en un nuevo monasterio fundado en Albelda, también coronado por cuevas y fundado en 924, sólo un cuarto de siglo antes de su visita y está documentado que entonces había en él 200 monjes, considerable número para un monasterio, y quizá en época en que se estaba iniciando el magnífico códice Albeldense.

Manuscrito “De Virginitate...”París BNF lat. 2885.Además de cimentar los lazos eclesiástico-políticos con esta recién liberada área, lo que Gotescalco venía buscando era copiar el manuscrito del De virginitate de Ildefonso de Toledo, probablemente informado por monjes visigodos de Le Puy de que allí se disponía de una de las escasas copias de este manuscrito, parece que solo dos en esa época,  y uno de ellos en Albelda. Tras presentarse al Abad Dulquitus, conocido por su cultura y amor a los libros, Gotescalco le preguntó si el monasterio tenía ese texto, y si así era, si podría hacerle una copia mientras viajaba a Santiago, de manera que él pudiera recogerlo al volver a Aquitania. Dulquitus, impresionado por su notable visita, le dijo que sí era posible y que tenía el escriba apropiado para hacerlo.

Gomesindo y GotescalcoSe trataba del escriba Gomesano, que como sacerdote tenía al menos 25 años (edad para ser ordenado), lo que le sitúa en Albelda desde su fundación. En 951, cuando Gotescalco volvía de Santiago con su gran séquito, se desvió de nuevo a Albelda y allí le fue entregado por Gomesano el  manuscrito del De virginitate, de magnífica factura, realizado con una bella letra visigótica, la letra de la España visigoda y mozárabe, usada hasta el siglo XIII, cuando fue reemplazada por la letra carolingia del norte de Europa. Contiene tres secciones, un prólogo de Gómez explicando por qué el manuscrito fue escrito para Gotescalco; una historia de la vida de Ildefonso escrita por Julián de Toledo (uno de los sucesores de Ildefonso), y tercero, el trabajo principal, del De virginitate perpetua sancte Marie.

Folio 159 r del manuscrito GotescalcoEs un bello manuscrito, con grandes letras en un hermoso estilo visigótico. Sorprendentemente no hay ilustraciones que se podrían esperar en un manuscrito hecho en Albelda con tan magníficos ilustradores, probablemente porque Gomesano disponía de poco tiempo para completar el manuscrito antes de que Godescalco volviera de Santiago en 951. Pero hay varias iniciales con bellos lazos.

vigilarecontruidoXXIIvpEl manuscrito de Gotescalco fue copiado múltiples veces por escribas en Europa (incluyendo el prólogo de Gomesano). De hecho, existen todavía catorce manuscritos que tienen el texto de Ildefonso con este prólogo. Durante la Revolución Francesa, en los ataques a Le Puy y su catedral, cuando la estatua de la Virgen Negra fue profanada, decapitada y quemada, considerando que su verdadera fortuna era el manuscrito de Gomesano, fue trasladado a París para ser preservado allí en la Librería Real, donde puede hoy ser contemplado y consultado por un moderno peregrino a Santiago de hoy, lo que constituye una emocionante y conmovedora experiencia a la luz  de la fascinante historia que rodea su creación y avatares a través de más de un milenio.

 

Fuentes

1.- Julián Cantera Orive. Un ilustre peregrino francés en Albelda (Logroño, 950 – 951). Berceo, Nº 12, 1949, págs. 329-340

2.- Louis Bourbon, L. «L’évêque Godescalc et la tradition compostellane», Príncipe de Viana, n.° 98-99, Pamplona, 1965, pp. 69-74

3.- Klaus Herbers. El primer peregrino ultrapirenaico a Compostela a comienzos del siglo X y las relaciones de la monarquía asturiana con Alemania del sur. Compostellanum, Vol 36, Nº 3-4, 1991, págs. 255-264

4.- Laurenson-Rosaz C. Gotiscalc, évêque du Puy (928-962). In: Vie de l’Église. Paris, Picard, 2004

5.- Humbert Jacomet 2009, « Gotescalc, évêque de Sainte-Marie d’Anis, pèlerin de Saint-Jacques (950-951) », Compostelle, n°12 [Nouvelle Série] (2009), pp. 9‑44.

6.- Roger Reynolds. Extractos de “A precious Ancient Souvenir Given to the first pilgrim to Santiago de Compostela”. Instituto Pontificio de Estudios Medievales. (Peregrinations: Journal of Medieval Art&Architecture. Volume IV, Number 3, 2014), (Traducción de Andrés Cámara).

7.- Jean-François Cordier. Lieux d’Assistance et d’Hospitalité au Moyen Âge. Bull. Acad. Natle Méd., 2018, 202, nos 8-9, pp. 2069-2083.

8.- Carmen Jusué Simonena. La vida en el Camino II. Diario de Navarra Sábado, 12 de diciembre de 2020.

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