37- El Teatro Jacobeo

          El teatro de temática jacobea merece un apartado propio como muestra de que el tema centrado en la figura del Apóstol Santiago encuentra expresión en todas las ramas del arte, y dentro de la literatura, el teatro y en general las manifestaciones escénicas, con ciertas limitaciones y singularidades pero con amplio carácter y dimensión, como veremos en este artículo. Ya el milenario ritual del botafumeiro implica una escenificación litúrgica del culto jacobeo que expresa, hasta nuestros días, la intensa emoción que emana de la devoción jacobea. 

          El estudio del teatro medieval, valora la función de la religión en las sociedades antiguas y el papel ritual religioso de la liturgia cristiana. En ella los Tropos (Figura retórica que usa las palabras en sentido metafórico o figurado) introducen el diálogo en los oficios litúrgicos, lo que conlleva el germen de la acción dramática de los dramas litúrgicos, con vestuario, escenografía y atrezzo. El primer tropo que se convirtió en drama fue el Quem Quaeritis, diálogo musical entre las Marías que acuden al sepulcro de Cristo y el ángel que lo custodia, cantado en el curso de la ceremonia litúrgica de la Visitatio sepulchri. La representación evolucionó hasta convertirse en un drama secularizado, embrión del teatro religioso, que sale de las iglesias y se traslada al claustro, al atrio primero y a la plaza pública. El esquema es reduccionista pero hoy la concepción del teatro medieval reconoce la existencia de tradiciones diversas (religiosa, litúrgica, popular, folclórica, culta y clasicista) con influencia y enriquecimiento recíproco. Para algunos autores estas manifestaciones escénicas medievales no son teatro al modo greco-latino, sino ceremonia y espectáculo. La Edad Media careció de verdadero teatro, pero procedió a teatralizar los acontecimientos de la vida: la liturgia, la muerte, las entradas de personajes reales en las ciudades, los torneos, las fiestas… Sólo a partir del siglo XV aparece una especialización teatral en el sentido que damos hoy a esta palabra, pero antes no había frontera alguna. La noción moderna de Teatro implica un acto público en el que se fusionan dos formas de expresión diferentes: la literaria y la espectacular. El drama medieval, sin embargo, favorece la representación, el espectáculo, en detrimento del texto dramático. Las profesoras de la USC Eva Castro y Pilar Lorenzo proponen una fórmula compuesta de cinco ingredientes: diálogo dramático, impersonation, ejecución en un espacio concreto, acotaciones y acción e intriga. Estos rasgos, pueden darse por separado, pero es necesario que aparezcan juntos para que pueda hablarse en propiedad de teatro. Es por tanto complejo el concepto de teatro medieval, ya que realmente poco importa que las ceremonias, espectáculos, dramas, o como se los quiera denominar, cumplan las condiciones que en el siglo XXI definimos como teatro y quizá sería mejor hablar, más que de teatro, de artes escénicas o de espectáculo.

          La actividad dramática popular sale de los templos y se va a canalizar mediante gremios y cofradías religiosas, llevando sus actividades procesionales y sus representaciones a distintas festividades religiosas, como el Corpus, las festividades Marianas, la Navidad, la Semana Santa, las fiestas patronales, y entre ellas destacadamente las fiestas del Apóstol Santiago. Ya desde el siglo XV en Compostela tuvo notable significado los festejos dedicados a santos protectores como San Roque, muy popular como abogado de la peste, dando lugar a actividades de carácter dramático como los “juegos, cañas, torneos y sortija”, además de las habituales comidas gremiales, toros, y solemne procesión. También era festejado este Santo en otras Localidades como Pontedeume o Betanzos con funciones religiosas, toros, juegos de sortija, cabalgatas de máscaras nocturnas, danzas y representaciones de comedias.

          Las representaciones hagiográficas no lograron en Galicia una gran difusión en la Edad Media, pero se daban estas manifestaciones centradas en vidas de santos y en las festividades religiosas, sin alcanzar el notable esplendor de las representaciones o “comedias” que se representaban en Francia con notable esplendor acerca de los Milagros y la Pasión de Santiago basadas en el Calixtino y la Leyenda Dorada.

          La Fiesta de los milagros de Santiago (3 ó 5 de octubre) se celebraba en Compostela hasta el siglo XV, y los Milagros de Santiago del Códice Calixtino se leían en la catedral compostelana en los días festivos próximos a la Festividad del Apóstol; la liturgia compostelana otorgaba notable protagonismo a Santiago en ceremonias de carácter dramático y espectacular como la Vigilia en la víspera de su fiesta (inspirada en la Vigilia Pascual) o la solemnidad de su Elección y Traslación (30 de diciembre) que se celebraba con solemnísima procesión, exhibición de reliquias, ricos ornamentos y presencia de todo el clero y el pueblo de la ciudad. Hay constancia de que a finales del siglo XV un canónigo en la Catedral de Santiago se encargaba de historiar los milagros del Apóstol, y consta que el extremeño Vasco Díaz Tanco de Frexenal, residente en Santiago a principios de la década de 1540, escribió una Comedia Dorothea, de los milagros de Santiago, hoy perdida.

          En la liturgia compostelana merece mención por su carácter dramático la Misa Farcida de Santiago del Códice Calixtino, atribuida a Fulberto de Chartres, compuesta “para cantarla en una u otra festividad del mismo Apóstol”. En ella aparece el Apóstol como “un obispo o un presbítero vestido con ínfulas” e intervienen dos grupos de cantores, un cantor solista y un lector, escenificando con diálogos cantados la Modica Passio del Santo, con cierto carácter de representación escénica en torno al altar, y por tanto con una cierta naturaleza teatral, como le designan los traductores modernos del Códice Calixtino: “Representación del Oficio de la Misa de Santiago”. Ciertamente su valor es ante todo litúrgico, lo que no excluye la existencia de elementos escénicos.

          Era conocida la representación del Mystére de la Traslation de Saínt-Jacques et de ses míracles, de Copienne en 1466, con gran despliegue de vestuario y música, que lograron destacada concurrencia. Fue impresa poco después en esta ciudad francesa. También lo fue la Tragedíe de Saint-Jacqaes compuesta a fines del siglo XVI, por Bernard Bardon de Brun, representada en Limoges por los Romeros de Santiago el 25 de Julio de 1596, e impresa en este mismo año. De esta época es también el Auto de Santiago portugués de Afonso Alvares (antes de 1580), quizá escrito para representar en el Corpus, pero inspirado en los Milagros jacobeos del Calixtino como sucede en algunas de las obras francesas citadas y en otras italianas (Rappresentazioe duno miracolo di tre peregrini cha andavano a Sancto Jacopo di Galitia, Florencia, 1519).

          Aparece también la temática jacobea en el coloquio entre el Apóstol, España, un peregrino y un gallego incluido en 1612 en las Exequias de la Reyna D. Margarita de Austria, pieza en latín del Licenciado toledano Alonso Pérez de Lara que tiene todas las trazas de estar inspirada en un Auto Sacramental.

          En Galicia hay testimonios tardíos, de la existencia de representaciones y danzas como la “danza de romeros y romeras” que hacía el gremio de tejedores de Compostela en el siglo XVI, el “diálogo y danza a propósito de nuestra peregrinación” de Monforte en 1610, y la “danza de peregrinos” que interpretaron los criados del Conde de Lemos en unos festejos de 1619. Estas representaciones debieron ser frecuentes, según Blas Nasarre quien en 1749 afirma: “Los peregrinos en cuadrillas, el bordón de la mano, con sus esclavinas y sombreros cubiertos de conchas y bordoncillos (…), representaban al vivo los misterios de la Religión y las historias sagradas, de cuya costumbre quedaron las oraciones de ciegos y los autos que llaman sacramentales”, (…) “aun permanecen en Galicia y en algunos monasterios usos y prácticas que lo prueban”.

          En Compostela está documentada representaciones cómicas y espectáculos de guiñol, de marionetas y de títeres en las Fiestas del Apóstol de 1612, y en la fiesta del traslado de las reliquias al relicario nuevo el 11 de agosto de 1641. Está documentado que La plaza de la Quintana era el escenario habitual durante los siglos XVII-XVIII de este tipo de representaciones. Hay también testimonio de que se representaba teatro cómico con títeres y música en el contexto de la peregrinación a Compostela, aunque con temática ajena a lo propiamente jacobeo, como el Canto della Madre badessa y la Prosa dei conversi, que representó a lo largo del Camino entre 1717 y 1719 el peregrino italiano Giacomo Antonio Naia. También lo confirma, en 1763, el dramaturgo y antólogo Juan José López de Sedano, el cual, comentando una obra teatral perdida del cura de Friume, dice: «El estilo es sencillo, y devoto, que acredita la piedad, y buen zelo de su Autor, y nos hace acordar las ‘Cantigas’, ó Canciones antiguas de los Peregrinos, que iban en romería á Compostela«.

          Fuera del templo catedralicio la fiesta del Apóstol se celebraba en Compostela, al menos desde 1531, con juegos de cañas, toros, la popular carrera hípica del Cendal, fuegos artificiales y un juego de sortija mantenido por los caballeros de la Cofradía de Santiago que en 1586 intervenían a caballo con “su máscara puesta, y trompetas atanbores y ynbenciones”. Hay indicios de espectáculos parateatrales de temática jacobea como las ynbenciones que salieron en las fiestas del 25 de Julio, que en 1602 consistieron en un carro (…) en que iba la barca de Santiago como vino de Jerusalén a España, muerto, con dos discípulos y dentro della tres ángeles que hacían tres niños del coro los quales iban cantando motetes y villancicos”. Y eran frecuentes los castillos pirotécnicos que se emplazaban en el centro del Obradoiro siendo quemados la noche del 24 de julio como hoy lo es la «fachada» de la Catedral. En la época que nos ocupa se trataba de escenarios teatrales distintos cada año levantados con recursos de la arquitectura, escultura barata y pintura, resultando una máquina de exaltación jacobea con historias adecuadas (Batalla de Clavijo, Traslación del Apóstol, Venida de Almanzor a Santiago) y notables recursos escenográficos como el Santiago ecuestre que en 1704 descendió por un cable desde la torre de las Campanas hasta el castillo para incendiarlo.

          Los simulacros guerreros o representaciones de batallas entre moros y cristianos, que se resolvían en favor de éstos con la protección de la Virgen y del Apóstol Santiago, fueron frecuentes en Compostela para festejar la entrada de los nuevos arzobispos y en la visita de personajes egregios. En ese ámbito cabe mencionar la “Historia de Señor Santiago a caballo como cuando fue lo del Rey Ramiro” que llevaban los azabacheros en el Corpus compostelano al menos desde 1570, una danza o representación que también se ofrecía a los arzobispos en sus tomas de posesión y a los visitantes ilustres, escenificando la aparición del Apóstol en la legendaria batalla de Clavijo.

          En cuanto al teatro propiamente dicho, tenemos una obra de fines del siglo XVIII, una ópera sobre la Traslación titulada “De las venturas de España la gratitud es la mejor”, obra de D. José Amo García de Leis, Profesor de Matemáticas y Bellas Artes en la Universidad de Santiago, y musicada por don Buono Chiodi, Maestro de Capilla de la Catedral, y que se imprimió en la Imprenta de Sebastián Montero Fraiz en 1773. Se representó en las fiestas Patronales de dicho año, Jubilar, gratificándose con 350 reales a su autor.

          En el siglo XX cabe citar “La Reina Lupa” un drama histórico en tres actos y un cuadro musical a cerca de los orígenes de Compostela, compuesta por el prelado gallego Manuel Vidal Rodríguez, que se estrenó el 27 de mayo de 1924 en el Salón Teatro de la Casa Social de Santiago, con el diseño de los decorador por Díaz Baliño. La obra está basada en la Traslación del Apóstol y su enterramiento en el sepulcro fundado según la tradición por la matrona celto-galaica conocida como Lupa y que por tanto fundadora del sepulcro apostólico que originará la Catedral y la Ciudad que posteriormente se levantaron en torno a la tumba jacobea.

          Finalmente citaremos la ópera en tres actos de Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón “Ultreya” sobre libreto de Armando Cotarelo Valledor, estrenada en castellano el 12 de Marzo de 1935 en el Teatro La Zarzuela de Madrid, como refleja el recorte de prensa de la época.

Fuentes Consultadas:
Vidal Rodríguez, Manuel. La Tumba del Apóstol Santiago. Santiago 1924
González Montañés, Julio I. 2002-2009. Concepto de Teatro en la Edad Media y el Renacimiento. http://www.teatroengalicia.es/concepto.htm
González Montañés, Julio I. 2002-2009. Teatro hagiográfico http://ec.aciprensa.com/wiki/Teatro_hagiográfico
González Montañés, Julio I. 2002-2009. Teatro jacobeo http://www.teatroengalicia.es/jacobeo.htm
Bara, Milagros. 18-IX-2011 http://patrimoniomusicalgalego.blogspot.com/2011/09/eduardo-rodriguez-losada-rebellon.html
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2 respuestas a 37- El Teatro Jacobeo

  1. José María Maldonado dijo:

    Entre los hospitaleros madrileños hay una serie de actores que año tras año han representado obras alusivas al camino de Santiago. Gente muy creativa, llena de gracia, a los que hace unos años invitamos a dar una representación en Sevilla. El artículo, excelente desde el punto de vista histórico, debería incluir un párrafo final dedicado a esta gente que en la actualidad mantienen viva esa llamita encendida. O tal vez dedicarles un artículo entero.

    • Pues seguro que tienes razón, pero no se quienes son y carezco de información y por tanto de material escrito y gráfico con el que poder confeccionar el artículo que sugieres. Te propongo que los escribas tu y llegado el caso yo lo incorporo a mi sección de prestamos literarios.

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