38- Las dos en punto

          El primer conocimiento, y acaso el único, que obtiene el visitante ocasional de Santiago de Compostela de la visión de las dos estrafalarias estatuas de mujeres veteranas, maquilladas y vestidas con vivos colores, a la entrada del parque de la Alameda, y a pesar de la placa explicativa que acompaña a las figuras desde 2011, es una visión vaga de mujeres extravagantes y perturbadas que solían pasear en otro tiempo por las calles de Compostela. Se llevan en sus cámaras la fotografía de un instante compostelano que deja el poso de un momento cómico y anecdótico sin huella de ningún significado histórico de los personajes retratados y queda el desconocimiento o el olvido de su trasfondo histórico. No está de más conocer que hay detrás de estas imágenes grotescas tan a la vista del turista y descubrir que tras ese aspecto caricaturesco hay un fondo romántico y entrañable que justifica con holgura su popularidad y apego en la ciudad.

          Las llamadas Marías, eran una pareja de hermanas cuyos nombre eran Maruxa y Coralia, entre las que había más de 16 años, diferencia que no se notaba tanto en la apariencia física como en la cifra numérica, pues Maruxa nació en Santiago un 4 de enero de 1898 mientras que Coralia, también santiagueña, lo hizo en un 24 de agosto de 1914. Fruto de su conocido tránsito por las viejas calles compostelanas, fueron representadas desde 1994 en una famosa y colorida escultura ubicada en un lugar muy accesible del parque de la Alameda de Santiago.

          Las dos hermanas adquirieron una marcada popularidad en la ciudad por su diario y constante pasear por la zona vieja de la ciudad hasta la Alameda, ataviadas con un vestuario colorido y estrafalario, y un maquillaje recargado y profuso con los que, siempre a los dos en punto de la tarde, salían a flirtear con los jóvenes universitarios que a esa hora solían callejear en busca de donde comer bien y barato, de modo que la ciudad mostraba entonces una gran actividad y animación. Era esta la razón, dicen muchos, para su apodo de “Las Dos en Punto”, aunque otros pensaban que más que deberse a una cuestión horaria era por el hecho de que siempre aparecían la una junto a la otra, apoyándose y protegiéndose entre sí, en unos años tan oscuros, de tanto silencio y represión, en que ellas se mostraban desenvueltas, atrevidas, paseando por Santiago de forma llamativa, con no poco descaro, haciéndose notar, actuando como jóvenes siendo ya “venerables”, envueltas en su propio mundo acaso como mejor modo de romper con lo que había supuesto su difícil pasado, o tal vez como manera de revelarse contra él.

         Cuentan quienes las conocieron que Coralia, acaso por ser la menor de las dos, aunque también la más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más bajita pero bastante más veterana en edad y desenvoltura, era la que llevaba la iniciativa en sus avatares con los universitarios que veían en ellas una ocasión de lanzar sus galanterías y requiebros unas veces entre cortés y desenfadado, y otras plenamente jocoso y burlesco.

          No eran precisamente los jóvenes quienes veían, en la holgada diferencia entre la mocedad de ellos y la vetustez de ellas, una frontera insoslayable en el trato, motivo de que las dedicaran el apodo de “Las Marías”, con significado de inocentes e ingenuas, sino que eran más bien sus conciudadanos quienes enjuiciaban, con mayor o menor tono de reproche, la actitud de las hermanas a las que apodaban de “locas” y “solteronas”, con un trasfondo más áspero y crítico que a veces se convertía en “rojas” o “putas”. Entre uno y otro extremo se encontraba la verdadera razón de una actitud que resultaba reprobable para unos e inocentemente extrovertida para otros. La postura de las hermanas era el resultado de un proceso de maltrato institucional primero, y social después, bajo las exigentes condiciones en que se vieron sometidas en el pasado.

          Las hermanas María y Coralia pertenecieron a una familia asentada, desde el siglo XIX, en el número 16 de la rúa Espíritu Santo del viejo Santiago. El padre, Antonio Fandiño Requeijo (1866-1941) era zapatero que ejercía en el número 32 de la rúa Algalia de Arriba. La madre, Consuelo Ricart Pombo (1868-1961) era costurera que ejercía en su propia vivienda, en la que hubo un taller de ocho o nueve mujeres, entre sus hijas y otras mujeres de la ciudad. El matrimonio concibió trece hijos, nueve mujeres y cuatro hombres. Maruxa o María ocupaba el cuarto lugar, mientras que Coralia era la duodécima. Y de los cuatro hijos varones, tres militaron en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), llegando uno de ellos, Manuel, a ser dirigente destacado de la misma.

          Los años treinta del siglo XX fueron de grandes cambios sociales que se vivían con ilusión y esperanza. Con la izquierda en el poder los sindicalistas Manuel, Alfonso y Antonio Fandiño Ricart vieron cumplidas parte de sus aspiraciones sociopolíticas. Eran buenos tiempo para la familia Fandiño Ricart, y es en estos años cuando las hermanas eran conocidas como las tres Marías: Maruxa, Coralia y Sara, y solían realizar sus paseos por la ciudad entre las décadas de los años treinta a cincuenta, pues aunque Sara fallece en el año 36, debió de ocupar su lugar otra hermana hasta los años cincuenta, pues quedan testimonios de que seguían siendo tres las hermanas paseantes hasta esos años, finalmente reducido a dos en las décadas sesenta y setenta, las consabidas Maruxa y Coralia, tan fieles en sus paseos diarios que se ganaron el apodo de “Las Dos Marías” o “Las Dos en Punto”. En cualquier caso el tiempo de exposición pública fue tan prolongado que se entiende que fueran muy populares y llegaran a convertirse en un icono de la ciudad. En los años de juventud aquel paseo de las hermanas tenía como fundamental objetivo el de encontrar novio con el que contraer matrimonio, paseando por las calles vestidas con ropas hechas en su casa, con telas de colores brillantes y alegres. Pero cuando este objetivo parecía fuera de toda lógica y esperanza, no dejaron de mantenerse el hábito del paseo diario, incluso con renovada motivación y propósito, logrando mayor impacto social y nuevas interpretaciones a los motivos que las impulsaban, intensificando el colorido de las ropas y del maquillaje.

          María y Coralia, como otras de las hermana Fandiño Ricart, aprendieron de su madre el oficio de costurera hilvanando, bordando, manejando la máquina, y cortando patrones de toda clase de prendas femeninas. Se desconoce si llegaron a trabajar en alguna de las fábricas locales de la época, pero hay constancia de que ambas trabajaban en domicilios particulares con sus propias máquinas de coser en la calle del Vilar en los años cuarenta del pasado siglo.

          Las ilusiones revolucionarias quedaron truncadas cuando estalla la guerra en el 36. La represión posterior fue despiadada. Amigos y familiares son perseguidos y asesinados y los hermanos Manuel, Alfonso y Antonio Fandiño Ricart tienen que esconderse o exiliarse porque son perseguidos por su actividad sindical, y Antonio llega a ser detenido y torturado. Manolo se mantuvo escondido durante años y Alfonso logró huir en barco hasta ser detenido años después y encarcelado hasta su muerte.

          El acoso en busca de los fugados se convierte en pesadilla para la familia y las hermanas para averiguar su paradero, con visitas intempestivas a cualquier hora del día o de la noche, para proceder a violentos registros en que ponían patas arriba la vivienda, sometidas a la ingesta de aceite de ricino y del rapado de pelo en público. Aunque no está acreditado (como iba a estarlo), se dice que desnudaban, torturaban y violaban a las hermanas para forzarlas a confesar, con la consecuente humillación, vejación y deshonra que ello suponía. La represión se traducía en que las familias que tradicionalmente les hacían los encargos de costura, por miedo a ser significados con la izquierda, los dejaban de hacer con lo que mermaron primero y desaparecieron después tanto el trabajo como los ingresos de las hermanas.

          Puede pensarse que el violento maltrato físico y moral generó el trastorno psicológico de las hermanas, que desarrollaron el mecanismo defensivo de encerrarse en sí mismas. O puede interpretarse que se rebelaron contra todo aquello precisamente como modo de afrontarlo y de superarlo. Lo cierto es que sin oficio ni ingresos, María y Coralia seguían, a pesar del paso del tiempo, saliendo a la calle para recordar lo que habían sido, mujeres jóvenes con ilusiones que no iban a traicionar, como modo de no doblegarse a la injusticia, como manera de rebelarse a la realidad que les había tocado vivir. Esa insolencia en usar vivos colores en el vestido y el maquillaje podía ser muy bien el modo de romper con la norma. Otros lo niegan y argumentan que todo se debía a que solo podían aprovechar las telas que les regalaban o los viejos retales del taller de su madre. Algunos argumentan que imitaban los maniquíes y modelos de alta costura de las revistas parisinas. Y lo hacían de manera excesiva, provocativa y voluntariamente, llamando la atención de la gente, encontrando alivio y compensación moral en ir a contracorriente de una sociedad sometida y doblegada, llegando a encontrar divertido hacerlo con cierto descaro rompiendo con lo socialmente ético y razonable, como modo de rebelarse y de protestar ante lo mucho que habían tenido que callar y sufrir, como un mecanismo de supervivencia, de superación y de rebeldía.

          Las dos hermanas superaron así su pobreza y lograron cierta popularidad, despertando la caridad de la gente. Surgieron entonces la simpatía y las ayudas de los vecinos, algunas directas y otras encubiertas, y hasta en cierta ocasión se les ayudó con una sustanciosa colecta para reparar su vivienda que había sufrido destrozos tras una tormenta. Maruxa y Coralia, encontraron el modo de evadirse de la realidad, y cuerdas o locas, recuperaron su ilusión por vivir y su sueño de juventud, desdentadas por la desnutrición y delgadas por el hambre y el sufrimiento, vistieron y maquillaron su longevidad con ropas de colores llamativos, polvos de maquillaje, carmín y coloretes atrevidos, como máscaras de una comedia renacida o reeditada que contrastaba con la mediocridad, la miseria y la represión que se vivía en Santiago de Compostela, con excepción de la vida universitaria con la que supieron conectar. Tantas veces sometidas, frustradas, obligadas a vivir humilladas en la miseria y en la vergüenza, no se entregaron, no renunciaron y recuperaron su dignidad conservando sus paseos por Compostela, sin encerrarse en casa por la represión, sino encontrando su orgullo y su fuerza en recuperar sus ilusiones y seguir sintiéndose libres.

          Maruxa falleció en Santiago de Compostela en 1980 con 82 años. Coralia, que siempre decía que le hubiera gustado llamarse Rocío, se fue a vivir a La Coruña con otra hermana, con el pensamiento siempre puesto en Maruxa y en Santiago de Compostela hasta su muerte en 1983, a los 68 años de edad, acaso necesitando a su hermana para seguir paseando con ella en el más allá.

 

          En 1994, acaso para cumplir ese deseo eterno, el escultor vasco César Lombera, logró convencer al Ayuntamiento para instalar una escultura en su memoria, reproduciendo a las dos mujeres en uno de sus paseos, basada en el pose de una conocida fotografía, con Maruxa a la derecha, con el brazo extendido, y Coralia sosteniendo un paraguas, instalada en la Alameda, donde hoy continua, de vez en cuando rehabilitada.

          Pero hasta 2014 las hermanas se encontraban enterradas en tumbas separadas y alejadas en el compostelano cementerio de Boisaca con uno y otros familiares, hasta que en Mayo de ese año se decide reunir los retos de las dos hermanas en una tumba nueva en que el Ateneo de Santiago y la Asociación Cultural O Galo promueven un homenaje a Coralia y Maruxa y coloca una lápida de recuerdo.

          Las hermanas Maruxa y Coralia Fandiño Ricart, siempre jóvenes en el espejo, vestidas con las mejores costuras de vivos coloridos, como muñecas de porcelana, maquilladas con polvo de arroz en su rostro, colorete en sus mejillas y carmín en sus labios, pasean juntas y para siempre por las calles de la eternidad, rua abaixo, camino de la Alameda, a encontrarse con los ojos de aquel joven estudiante… (de la obra de teatro “Las dos en punto” de Walter Sánchez Rodríguez)

Fuentes consultadas:
JOSÉ HENRIQUE RIVADULLA CORCÓN. Coralia e Maruxa, as irmás Fandiño. Documental estrenado el 11 de abril de 2008.
RAIMUNDO FERROL. Las “dos marías” a las dos en punto, en Santiago de Compostela, resistiendo… 14/4/08
MARÍA FABREGAS (Santiago de Compostela) La verdad de ‘Las Marías’. Artículo en el diario El País (Madrid) del 17 de abril de 2008.
XOSÉ LOIS BERNAL (FARRUCO). Cara e cruz das “Dúas en punto”. 2009
ENCARNA OTERO CEPEDA. As Marías: irmás Fandiño Ricart. Cultura Galega 2010
WALTER SÁNCHEZ RODRÍFUEZ, obra de teatro “Las dos en punto”, representándose en Buenos Aires desde 2016.
MARTA CAAMAÑO. Las Marías y la represión contra la mujer durante el franquismo. Feb 11, 2017
AURA SÁNCHEZ. Las Marías de Santiago de Compostela. Representación de la identidad femenina en los medios de comunicación © 2017 Libros.com

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