17- El Gozo Compostelano

1          Una temprana mañana de Mayo de 2007. Amanece sin niebla pero con cielo plomizo amenazante de lluvia que nos dará una jornada fresca, aunque solo entrando en Santiago se convertirá en leve llovizna, que no incomoda sino que alivia la fatiga.

100_0173          La salida de O Pino nos devuelve a los inmensos bosques de eucaliptos y robles que, como sólidos vigías, observan nuestro paso. Lamentablemente en algunos tramos de este trayecto estos colosos del camino han sido salvajemente talados a beneficio de un polígono industrial que traiciona el paso histórico de los peregrinos. Lo que a nuestro paso era un bosque vigoroso lleno de encanto milenario, ahora es páramo desolado que amenaza convertirse en área de fábricas y almacenes. Ojalá que el proceso iniciado por un puñado de peregrinos irreductible despierte las conciencias de quienes deciden y les desvista de la impunidad con la que operan de espaldas al patrimonio histórico, amputando las raíces del árbol milenario o secando el manantial que nutre pastos que se quieren perennes. Algo sagrado puede morírsenos entre las manos y el Apóstol Santiago llora en el camarín de los abrazos.

100_0179           Paradiña en Sampaio por imperativo biológico, anticipo de nuestro paso por Lavacolla, donde en la cabeza de pista de aterrizaje coincidimos con un avión que, más que aterrizar parece envestirnos. Poco después atravesamos el regato de Lavacolla donde, de modo simbólico, nos lavamos las manos y refrescamos la cara, como recuerdo de la vieja tradición, que revalidamos a pesar de los eruditos filólogos que la desdicen, confundiendo filología con tradición y palabras con hechos.

100_0186          En el Monte do Gozo, junto al monumento del papa, comprobamos que desde allí no se divisan las torres de la catedral. Algo ocurre, porque la tradición recoge que desde este punto los peregrinos divisan por primera vez la ciudad de Santiago y sus torres como lirios desafiantes del cielo compostelano, y al peregrino que llegaba primero se le designaba “rey de la 100_0190peregrinación”. Sin hacer caso de las flechas y mojones indicadores, nos desviamos a la izquierda del recinto del albergue “Monte del Gozo”, salvando una verja y caminando en zigzag hasta una colina próxima, en cuya altura dos grandes peregrinos de bronce saludan gozosos el fin de su peregrinación, dando sentido al nombre del lugar. Subimos junto a ellos y desde allí, en efecto y a pesar del día nublado, se divisan, lejanas pero bien 100_0188nítidas, las torres compostelanas. No entiendo por qué se roba al peregrino esta experiencia y la señalización ignora este mítico lugar que la mayoría de los peregrinos se pierden y que incluso la gente del lugar ignora.

100_0211          Quizás por la emoción de nuestra llegada, en el descenso hacia la ciudad del Apóstol, los cielos descargan una suave llovizna que no solo no incomoda la marcha sino que alivia nuestro avance entre las estribaciones urbanas, que nos ven entrar pausada y señorialmente, como ministros que celebran un rito milenario por la rúa dos Concheiros, 100_0207San Lázaro y San Pedro hasta Porta do Camiño, por la que entramos en la ciudad vieja antiguamente amurallada, y seguimos por Casas Reais, Algalia de Arriba, plaza de Cervantes, Azabachería y plaza de la Inmaculada, entre la fachada norte de la catedral y el imponente monasterio de San Martín Pinario y, bajando a través del arco bajo el palacio arzobispal, entramos en la Plaza del Obradoiro, donde la imponente fachada catedralicia nos recibe con sus mejores galas, y los sueños se hacen gozo y en su pórtico de gloria Santiago Apóstol nos alberga.

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          Anunciado ya desde el Monte mítico, el gozo se hace presente en forma de sentimiento de culminación y de abrazo fraternal, nunca mejor dicho. Es mucho lo compartido y un abrazo gozoso es la mejor manera de sellarlo. Los peregrinos Ludovicus y Albertus llevan muchos años compartiendo cosas bajo el mismo techo y bajo el mismo cielo, y el Camino y su meta es un momento único para conmemorarlo.

          Visita al Apóstol para el abrazo tradicional y rezar en su cripta por los nuestros. Todos los familiares y amigos vienen a la mente.

100_0215          A los rincones monumentales históricos se añaden encuentros que conjuntan alegría y nostalgia a un tiempo como en ninguna otra ciudad. Los gestos y las miradas se hacen más expresivos que nunca para abrazar o sonreír, para saludar o despedir a los compañeros de camino o albergue. Cada rincón de Compostela mezcla emociones y contrastes. Unos CaminoCard-peregrinosgestos muestran la dicha efusiva de quienes entran en la ciudad como peregrinos. Otros se combinan con miradas húmedas y brillantes, y palabras de afecto que fluyen sinceras desde el corazón de quienes las pronuncian, buscando dejar eco de lo vivido. Un simple instante compartido, puede dejar una huella para siempre. El encuentro con la peregrina llorosa y su compañero son el mejor ejemplo. Nos reencontramos en la encrucijada de Rúa Franco y Fonseca, ahora no llora, sino que su rostro es alegre y su sonrisa ilumina Compostela. Nos habla en buen español con acento extranjero: “Gracias por ofrecer ayuda… solo ofrecerla sirvió mucho… había problemas familiares… ahora ya todo bien…”, improvisé unas palabras emocionadas que no se si llegue a decir o fueron solo ideas y sentimientos: “únicamente por compartir antes tu llanto y ahora tu sonrisa ha merecido la pena este Camino”.

 100_0224          Compostela ofrece mucho que ver, que sentir, que vivir, que compartir, y lo sagrado y lo profano se suceden como caras de un mismo poliedro. Desde los visitables tejados de la catedral, Compostela ofrece panorámicas únicas mientras rompe a llover y perlas de agua alimentan la piedra verdosa.

100_0327          Un momento muy especial de oración me traigo como broche. Tenía pensado dedicar al Apóstol un canto medieval desde el triforio, pero el murmullo turístico lo hace desaconsejable. Me desplazo entonces a la cripta sepulcral, ante la urna de plata. El Apóstol escuchaba atentamente. Ya antes le expresé mis sentimientos y mis oraciones como un niño grande que ha sido feliz en el Camino y quiere expresarlo a plena voz, y el Dum Pater Familias fluye entonces vibrante flotando sobre un eco corto e íntimo que ensalza cada nota y la proyecta al universo de piedra que nos envuelve:

          Dum pater familias… Rex universorum … Donaret provincias… Ius apostolorum… Jacobus Yspanias… Lux illustrat morum… Primus ex apostolis… Martir Jerosolimis… Jacobus egregio… Sacer est martyrio… Jacobi Gallecia… Opem rogat piam…Plebe cuius gloria… Dat insignem viam… Ut precum frequentia… Cantet melodiam… Herru Sanctiagu… Grot Sanctiagu… E ultreya e suseya… Deus adjuva nos… Primus ex apostolis… Martir Jerosolimis… Jacobus egregio… Sacer est martyrio… A… men…

100B0260           Termina el canto y la cripta sigue cantando un instante, hasta que se hace el silencio, un silencio sonoro que suena a paz y a sonrisa de apóstol, a eternidad de piedra, a llanto risueño de peregrina, a Camino compartido entre hermanos, a oración cantada y abrazo de amigo. El Camino no termina allí. Allí es donde empieza.

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