46- Cantigas de romería o de santuario

Las cantigas de romería o de santuario son una variante de las cantigas de amigo, peculiares de la lírica galaicoportuguesa frente a las literaturas de otras latitudes que carecen de este género. Son cantigas relacionadas con romerías y peregrinaciones a ermitas o santuarios, donde se encontraban los enamorados, no siempre con resultado feliz. Dos ejemplos célebres son las cantigas de Mendiño en la ermita de San Simón y Johán de Cangas en la ermita de San Mamede, vistos en otros artículos.

No se trata de composiciones de temática religiosa pues en estas cantigas la peregrinación o romería a una capilla o santuario son el pretexto o escenario para el desarrollo del tema amoroso profano. Sin embargo no está del todo ausente el contexto de tradición religiosa popular  que subyace como lugar de encuentro entre los enamorados. Diríamos que en estas cantigas hay un encuentro del amor y la religiosidad, en donde suele contrastar la fe de las madres hacia el santuario, no ajenas a los propósitos más desinteresados de los aspectos religiosos por parte de sus hijas, más atraídas por la danza y el encuentro.  

En general tienen dos componentes importantes bien reconocibles: el ambiente de fiesta campestre alrededor de una ermita a la que se hace romería, y la devoción popular que aun hoy vive en las romerías gallegas. Algunas tienen una forma especialmente alegre, las “bailadas”, las cantigas de romería más felices, que rebosan alegría de amar y de vivir, con formas métricas y rítmicas que invitan al baile. Si las cantigas están hechas para ser cantadas, estás lo están para ser cantadas y bailadas, a ritmo de pandero y algún instrumento musical, y aún sin ellos, emparentadas con el folclore popular. 

La acción se sitúa en una ermita o santuario, que en Galicia abundan por ser zona de influencia de las peregrinaciones desde Roncesvalles hasta Santiago pasando por distintas iglesias donde descansaban los peregrinos. Se ha dicho que estas cantigas guardan relación con el ritual pagano de la fertilidad, relacionado más con el amor que con el culto. Sin desechar esta relación, parece mucho decir, además de que no so son aspectos opuestos sino, a menudo, simultáneos.

Veremos aquí dos de los que ejemplos más representativos. Pero Viviaez es un trovador galaicoportugués del último cuarto del siglo XIII. En su cantiga [B 735, V 336], la romería es para las madres ocasión de culto mientras que las hijas en cambio, encuentran en ella una invitación a la danza ante sus enamorados.

PERO VIVIAEZ   [B 735, V 336]

Pois nossas madres vam a San Simon

de Val de Prados candeas queimar,

nós, as meninhas, punhemos d’andar

con nossas madres, elas enton

queimen candeas por n’os e por si

e nós, meninhas, bailaremos i.

Nossos amigos todos lá iram

por nos veer e andaremos nós

bailand’ant’eles, fremosas, en cós,

e nossas madres, pois que alá van,

queimen candeas por nós e por si

e nós, meninhas, bailaremos i.

Nossos amigos iran por cosuir

como bailamos e poden veer

bailar moças de [mui] bon parecer,

e nossas madres, pois lá queren ir,

queimen candeas por nós e por si

e nós, meninhas, bailaremos i.

JOÁN DE REQUEIXO [B 1289 / V 896]

Foi eu, madr’, en romaría
a Faro con meu amigo
e venho del namorada
por quanto falou comigo,
     ca mi jurou que morría
     por mí, tal ben mi quería!

Leda venho da ermida
e desta vez leda serei,
ca falei con meu amigo,
que sempre muito desejei,
     ca mi jurou que morría
     por mí, tal ben mi quería!

Du m’eu vi con meu amigo
vin leda, se Deus mi perdón,
ca nunca lhi cuid’a mentir,
por quanto m’el diss’entón,
     ca mi jurou que morría
     por mí, tal ben mi quería.

El segundo tema es obra de Johan de Requeixo, juglar gallego de finales del siglo XIII, parece que natural de la parroquia de Santiago de Requeixo, de cuya iglesia parece que era sacerdote. De él se conservan cinco cantigas de amigo, todas del subgénero denominado cantigas de romería, ambientadas en el santuario de monte Faro en Chantada, en el que se han colocado monolitos con textos suyos.

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