43- San Roque, un santo para tiempos de pandemia

          Acerca de la vida de San Roque, se tiene información a partir de sus hagiografías que nos proporcionan conocimientos incompletos y legendarios al tratarse de obras escritas mucho tiempo después de los hechos, atendiendo más a razones morales que históricas, aunque no exentas de algunos datos históricos básicos. Son fundamentalmente dos. La Vita Sanct Rochi escrita en latín por el jurista veneciano Francisco Diedo, en 1479, base de la “cronología tradicional”. Y el Acta Breviora, cuya primera edición conocida se encuentra en un libro de Vitae de santos publicado en Colonia en 1483, pero que según algunos investigadores, se trataría de la traducción latina de un texto italiano más antiguo compuesto en Lombardia hacia 1430, lo que lo convierte en su biografía más antigua, y el texto que alimenta la “nueva cronología”, que fija su nacimiento y defunción medio siglo después que la versión de Diedo.

          Su nombre parece derivar del apellido de un noble linaje del Languedoc francés, Rog o Rotch, con posible significado de “fuerte como roca”.

          Su semblanza, por tanto, se mide por una doble cronología, una tradicional que propone 1295 como año de su nacimiento y 1327 como año de su muerte. Otra cronología de márgenes abiertos, que busca conciliar el contexto biográfico con ciertos hechos históricos conocidos, situando su nacimiento en el tramo 1348-1350 y su muerte en el tramo 1376-1379. Es la segunda la que parece contar con más apoyos.

          Sus padres, una familia noble y pudiente de Montpellier, en algunas fuentes el gobernador de la ciudad, Juan el padre y Libera la madre, ante la prolongada dificultad en concebir un hijo pedían a Dios en oración la concesión de descendencia, y parece que ya desesperaban cuando llegó la buena nueva. Lo cierto es que Roque creció en un clima de profunda religiosidad y muy pronto demostró su vocación. Algunos autores citan que Roque habría estudiado en la escuela de los Dominicos y que habría pertenecido a la «Tercera Orden» de franciscanos, lo que aun sin estar constatado, se entiende bien al valorar que los ideales de vida franciscana fueron cultivados en Montpellier por San Antonio de Padua, fiel intérprete de San Francisco, encajando bien con que Roque asumiera el voto de pobreza, vendiendo todo y dándolo a los pobres. Por otra parte Montpellier era famosa por su universidad de medicina y de derecho y está en el camino francés del Camino de Santiago de Compostela, de modo que algunas fuentes mencionan que pudo adquirir conocimientos en el arte de sanar y atracción por el mundo de la peregrinación.

          Su porvenir vino influido cuando con doce años perdió a su padre, de quien se cita que le aconsejó en su lecho de muerte ser anónimamente dadivoso con los pobre de necesidad. A los veinte años perdió a su madre, y al quedar heredero único del notable legado familiar, guiado por su fe y su educación, decidió vender sus bienes y donarlos a los pobres, aunque algunos afirman que entregó parte de sus derechos de herencia a un tío suyo quedando liberado de preocupaciones materiales. Esta trascendente decisión de liberarse de ataduras materiales y quedar en la absoluta pobreza para ponerse en camino, pertenece al más puro estilo franciscano. Resolvió dedicarse a la peregrinación y al auxilio de sus semejantes.

          Los destinos preferidos de peregrinación eran Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, siguiendo el culto a las tumbas y reliquias de santos y mártires. Europa medieval tenía una red de hospitales atendidos mayormente por órdenes religiosas y en algunos casos por cofradías de laicos. La entrega desprendida y piadosa era una opción popular virtuosa en auxilio de quienes se aventuraban a la peregrinación. No eran aquellos buenos tiempos para peregrinar a Tierra Santa de modo que decidió ir primero a Roma como peregrino y dejar para otro tiempo peregrinar a Santiago de Compostela, aunque luego no tuvo ocasión de hacerlo.

          Se proporcionó el hábito peregrino: sayo, sombrero de ala ancha, bordón y calabaza, pelliza, esclavina y varias conchas para beber de los ríos, además de unas alforjas para sus pocas pertenencias de caminante. Así es representado en multitud de imágenes hasta el punto que muy a menudo era confundido con la propia imagen peregrina del Apóstol Santiago del que, sin embargo, se diferencia bien por dos elementos que le identifican: la herida o bubón de la peste que suele representarse en el muslo o en la pierna, y el perro con una hogaza de pan en las fauces, aunque a veces figura un ángel curando su herida.

          El elemento que más distinguió a san Roque es su afectación y dedicación a la peste, lo que se ha argumentado para su datación cronológica. La pandemia de peste más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV alcanzando su punto máximo entre 1347 y 1353, los años llamados de la «peste negra», en que se estima que falleció una tercera parte de la población de aquella época, cifrándose en más de veinte millones de muertos.

          En su peregrinación hacia Roma por la vieja ruta de la Toscana se encontró con la peste en Acquapendente (Lazio), donde paró para cuidar de los enfermos. Cuando la plaga disminuyó se dirigió a Cesena (Emilia Romaña), donde había surgido un nuevo brote de la enfermedad. Siguiendo los pasos de la enfermedad marchó a Rímini para llegar finalmente a Roma. En su recorrido fue por tanto siguiendo los pasos de la plaga y se dedicó a curar y atender a todos los enfermos de la peste acudiendo a sus hospitales, curando a muchos enfermos haciendo sobre ellos la señal de la cruz y ayudándoles siempre tanto física como espiritualmente. A quienes morían, los enterraba él mismo, ante el miedo a acercarse a los cadáveres por el contagio de peste. El propio Roque argumentaba que Dios le enviaba para curar milagrosamente a los apestados.

          Uno de los episodios más conocidos de su vida es su encuentro con el sumo pontífice, valioso testimonio que puede orientar la cronología de su vida. De 1309 a 1377, los papas residían en Aviñón, salvo el periodo entre octubre de 1367 y septiembre de 1370, que volvieron un tiempo a Roma, por acción del pontífice Urbano V, francés que fue profesor en Montpellier. Se admite que este Papa fue con quien se entrevistó San Roque, por lo que su paso por Roma sería entre finales de 1367 y principios de 1368, poniéndose una vez más al servicio de los enfermos, en el hospital del Santo Espíritu de Roma, fundado por Guido de Montpellier, nexo que pudo facilitar su estancia. Allí tuvo lugar la curación de una alta jerarquía vaticana que, en gratitud, organizó la audiencia papal. La estancia de Roque en Roma se considera que llegaría hasta 1370 o 1371. Es la época de mayor prestigio y seguimiento local del Santo a quien, ante la grave amenaza de la peste, se aclama por su poder taumatúrgico sobrenatural. La modestia y humildad le hacen huir de este escenario de aclamación y se dirige Piacenza, anónimamente como años antes había entrado en Roma.

          En Piacenza, en la Emilia-Romaña, a partir de 1371, se dirige al hospital local como era su costumbre. Si hasta entonces Roque había triunfado sobre la enfermedad y la desgracia; a partir de aquí será víctima de ambas. Una fea llaga surgió en su pierna, y el aclamado Roque pasó a ser un apestado más. Expulsado del hospital y de la ciudad, se refugió en un bosque no muy lejano para aislarse y morir en paz, al parecer en Sarmato, según alguna fuente. Allí calma la sed y limpia su herida en un manantial cercano, que en algún relato emana milagrosamente. El alimento se lo proporcionaba a diario un perro que le traía un trozo de pan que extraía de la despensa de su amo, Gottardo Pallastrelli. Este animal es representado desde entonces como compañero fiel de San Roque en innumerables representaciones artísticas. Gottardo, de familia acomodada, al descubrir la labor de su perro, siguió su proceder: cuidó y alimentó a Roque mientras éste lo instruía en la fe del Evangelio, terminando por hacerse discípulo suyo y optando por peregrinar como él. El «Acta Brevoria», texto más fidedigno de la vida del santo, escrita en el norte de Italia y considerada anónima, algunos historiadores creen que fue redactada por el propio Gottardo.

          La curación definitiva de Roque, por obra de un ángel, aunque según alguna creencia popular sería por lamidos del perro, marca un nuevo episodio confuso y legendario en la vida de San Roque. Una vez curado se dirigió hacia su ciudad natal y de camino encontró dificultades bélicas y al verlo con prendas en mal estado y ocultar su nombre y datos de familia, pensaron que podía ser un espía, por lo que fue detenido, sin aceptar que ocultaba su identidad para mantener su voto de pobreza. Será encarcelado cinco años, tras los que muere un 16 de agosto entre 1376 y 1379, a la temprana edad de 32 años. Una versión sitúa la muerte del santo en la cárcel de Montpellier donde es recluido anónimamente hasta identificar la cruz bermeja en su pecho como marca de nacimiento. Pero es más factible que Roque no llegara a Montpellier sino que fuera detenido al norte de Italia y falleciera en Angera según algunas fuentes, y en Voghera según otras. Hoy la opción que parece más viables es la sugerida por el criterio bolandista (Jesuitas que siguen la obra hagiográfica de Jean Bolland 1596-1665) en la definición del lugar y fecha de la muerte de un santo, de que la acreditación del lugar donde aparece la primera tradición litúrgica y veneración de las reliquias, es la más fiable, y es Voghera la que cuenta con los testimonios más antiguos en Italia y en Europa con firmes indicios que señalan a San Roque de Montpellier. Además Voghera era un importante cruce de caminos, por el que circulaban los palmeros que viajaban a Tierra Santa, los romeros que peregrinaban a Roma, y los peregrinos que desde Italia partían a Santiago.

          Las frecuentes oleadas de peste perpetuaron la memoria del peregrino que atendía a los enfermos de tan nefasta dolencia y que obraba curaciones milagrosas con la sola señal de la cruz, por lo que la devoción popular empezó a incluirle en sus ruegos y cultos colectivos, como protector de la peste y las epidemias, dedicándole templos, capillas, hospitales, hospicios, cofradías, ermitas, oraciones y liturgias, difundiéndose primero por Italia y Francia y pronto por todo Europa el culto a San Roque ya desde finales del siglo XIV y durante el siglo XV mucho antes de su canonización, de la que hay cierta confusión de fecha. Unos citan que no se formaliza hasta finales del siglo XVI por Gregorio XIII en 1584, y otros que se produjo en julio de 1629 por Urbano VIII.  Sixto V solicitó al embajador de Venecia una biografía de su vida y milagros y, cuestionando el valor de las pruebas presentadas cuestionó incluir en el santoral a San Roque a lo que el embajador contestó que no aceptar la santidad de San Roque, de absoluta popularidad, sería tal escándalo que temblaría la cristiandad. Lo cierto es que ya antes la Iglesia reconoció el fervor popular, concediendo a San Roque honores litúrgicos, pues desde finales del siglo XV tiene una Misa propia en el Misal Romano el día 16 de Agosto, siendo uno de los santos mas venerados del mundo católico. Gregorio XIV le dio Categoría de mártir incluyendo a San Roque en el  Martirologio romano en 1591. 

          Esta rápida extensión popular de su  su santidad y poder taumaturgico, según Louis Réau, se dio por dos hechos fundamentales: por un lado la decisión del Concilio de Constanza en 1414 de instaurar plegarias públicas al santo para que cesara la epidemia de peste (aunque algunos investigadores creen que realmente fue en el Concilio de Ferrara de 1439); por otro lado el traslado de sus reliquias a Venecia en 1485, importante centro comercial y religioso de Europa por el que transitaban muchos de los peregrinos que iban a Tierra Santa y donde se fundó la Scuola Grande di San Rocco, cofradía  creada para asistir a los ciudadanos en tiempos de peste.

          El origen más temprano de su culto se encuentra en Voghera, y tras ella Venecia, y después Nuremberg, en Alemania, debido a la comunidad de comerciantes alemanes que volvían de Venecia. Su culto se extiende a Portugal (Lisboa), Alemania (Bingen) y Bélgica (Amberes y Huy), y prácticamente a toda Europa. En 1489 el culto llegó a España, concretamente a Valencia. En 1501 el Papa Alejandro VI enviaba a Granada una reliquia del Santo y en 1563 Felipe II hizo que llegara otra a San Lorenzo de El Escorial. Pero es Galicia el lugar donde más devoción tuvo este santo debido sobre todo a las pestes de finales del XVI, siendo designado co-patrón de Santiago, pues según la tradición, salvó a Compostela de las epidemias que la amenazaban. Hoy son multitud las localidades de España y de Europa que tienen a San Roque como Patrón o Protector y por todos los rincones del mundo donde hay fieles católicos, pueden encontrarse capillas o iglesias, o incluso aldeas con su nombre.

Fuentes Consultadas.

1.- Miguel Herrero García, San Roque, en Año Cristiano, Tomo III, Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 407-410

2.- Pierre Bolle y Paolo Ascagni 2001-2010, traducción de  María Luengo 2008. Roque de Montpellier, Voguera y su santo. Asociación Italiana San Roque de Montpellier, Centro de estudios Sobre San Roque, Comité internacional.

3.- Luis M. Expósito Navarro. San Roque de Montpellier. De Voghera a Burjassot. Historia de un caminante, peregrino y taumaturgo. Asociación Amigos de San Roque, 2010.

4.- Luis Expósito/Arturo Cervellera. La devoción a San Roque en Valencia. Revista Valenciana de Estudios Históricos Vol.3 No 2, 2016.

5.- Mariano Esteban Caro. San Roque Terciario Franciscano. 16 agosto 2016.

6.- Iván Torrico Lorenzo. San Roque, el peregrino antipestífero de Montpelier. Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. IX, nº 18, 2017, pp. 105-116.

7.- P. Ángel Peña O.A.R. San Roque Patrono de los Apestados. Logroño 2018

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