51- La Barca del Apóstol Santiago

          La barca es un elemento muy asociable al apóstol Santiago por su condición de pescador al servicio de su padre Zebedeo, con una factoría dedicada a la pesca en el Mar de Genesaret, junto a Juan, a Pedro y Andrés, los primeros apóstoles llamados por Cristo.

        Como evangelizador de Hispania o de otro lugar distante, tuvo que viajar en barco como hacían frecuentemente los discípulos de Cristo y recogen con abundancia los Hechos de los Apóstoles como actuaciones comunes y necesarias (Hech 2013-16, 211-7, 271-44, 281-14). Y su traslado, que se nos relata como leyenda fabulosa, tuvo que ser navegando desde las costas palestinas hasta Hispania.  

          La Tradición Jacobea, transmitida durante siglos, primero oralmente y luego de forma escrita,  introduce elementos que la magnifican y deforman. Procede analizar si entre los elementos legendarios y los históricos hay criterios que nos permitan un acercamiento objetivo. Estudiar la barca que trajo los restos del apóstol Santiago, es un buen modo de hacerlo.

          Las versiones más antiguas de la Tradición proponen que Santiago llegó a las costas gallegas en una Barca de Piedra, lo que será pronto un recurso fácil para los detractores quienes, ante el brillante argumento de la imposibilidad de que una nave de piedra flote, concluyen que la tradición es un relato mítico, sin contenido creíble y que no merece consideración histórica ni análisis científico.

          Pero hay que valorar la barca de piedra como una conexión entre la cultura popular y la clerical; la primera específica del pueblo humilde y la segunda propia del canónigo culto. Aunque de distinto origen, ambas tiene un fin común: explicar, cada cual en su ámbito, el traslado del apóstol Santiago desde Jerusalén, donde fue ajusticiado en el año 44 d.C., por orden de Herodes Agripa, hasta el noroeste de la Península Ibérica. Mientras que la versión popular centra el hecho en la mención sobrenatural de la nave pétrea, la postura oficial de la iglesia medieval compostelana y sus textos canónigos no plantearon nunca la barca de piedra. La diferencia más que insalvable, parece lógica: la primera versión hace una propuesta fabulosa desde la fe, recurriendo a lo mágico o milagroso; la segunda busca un argumento objetivo desde la razón. Curiosamente en aquellos tiempos cabría decir que se cambian los papeles: al pueblo humilde le basta hablar desde la fe y cita una nave gobernada por la divinidad; el clérigo erudito necesita argumentar desde la razón expresando que el cuerpo fue trasladado en una nave gobernada por mano humana aunque bajo designio divino. La diferencia coetánea entre ambas versiones parece drástica, pues la iglesia buscaba diferenciar hechos objetivos de los supersticiosos y folclóricos. Pero lo cierto es que ambas versiones tienen un mismo fin: explicar el traslado del cuerpo del apóstol Santiago el Mayor en una nave cruzando el Mediterráneo de un extremo a otro, y cada versión lo hace con sus recursos.

        Además el tema de la Barca y los viajes sobrenaturales, es también un fenómeno de conexión entre la cultura galaica y la cultura celta irlandesa y británica. Un relato literario de navegación prodigiosa fue “La Navegación de San Brandán”, monje evangelizador irlandés del siglo VI (484-578) y abad del monasterio de Clonfert, cuya leyenda de su viaje al paraíso influirá mucho en los relatos hagiográficos de Europa occidental; se trata de un texto de cristianización moralizante, que solo cabe interpretarse como un viaje iniciático y purificador en busca del Paraíso Terrenal. Tuvo su trasvase cultural a Galicia en el monje gallego “Trezenzonio” al que la tradición atribuye divisar e incluso visitar desde el primitivo faro romano de A Coruña (Brigantium) hasta la isla paradisíaca de Solistición, también relato místico que trata del viaje espiritual, en búsqueda personal del más allá. Conexión cultural galaico – irlandesa  hay también en la fundación de Brigantia por el rey Breogán con su alta torre, desde la cual, según la tradición celta, se podían llegar a divisar las costas de Irlanda. La conexión literaria traduce una conexión histórica propiciada por el mar, y los bretones de Hispania fue un grupo étnico de origen celto-británico que asentó en el noroeste de la península ibérica durante los siglos V y VI que fundaron la ciudad de Britonia, registrada en el Parrochiale Suevorum (siglo VI) y que hoy corresponde a San Martín de Mondeñedo. Sin pretensión exhaustiva en la conexión entre la cultura celta y la galaica, este trasvase cultural subyace también con clara presencia en la barca de piedra que ahora analizamos.

La Barca de Piedra de la Tradición Jacobea no nace como iniciativa eclesiástica, sino que su origen y su transmisión es popular de inicio local. No se trata de un elemento constante, sino que aparece solo en las versiones antiguas, las de origen popular de transmisión oral, mientras que la iglesia nunca mencionó la barca de piedra que valora como elemento pagano inaceptable.

          En otros lugares de Galicia, como Muxía y San Andrés de Teixido, hay acantilados rocosos ricos en formas cuya visión permite entender que las gentes primitivas vieran en ellas Barcas de Piedra, en forma de rocas que remedan partes de una nave o naves volteadas por el mar. La tradición popular de Muxía aceptaba que la Virgen María, nominada aquí “Nosa Señora da Barca”, llegó en una barca de piedra para dar ánimos al apóstol Santiago en su labor evangelizadora, y cuyo timón y vela de material pétreo, se conservan en el pedregal local, visibles a los visitantes. La vela es la llamada Pedra dos Cadrís (riñones), por la vieja creencia de que curaba dolencias renales y lumbares a quienes pasaban ritualmente por el hueco natural que se forma debajo de ella, creencia que se encuentra también en lugares de Irlanda, y que sintoniza bien con la cultura de la piedra del mundo antiguo, lo que nos sugiere una cristianización de creencias paganas anteriores en claro proceso de sincretismo. En San Andrés de Teixido la leyenda cuenta que hasta allí llegó el apóstol Andrés en una barca de piedra, y el imaginario popular vio en sus acantilados los restos de la pétrea nave del santo volteada sobre las aguas una vez cumplida su misión.

          Caso singular es la Barco de piedra de San Juan de Misarela; en el cauce del río Barbanza, en la parroquia de San Isidro de Posmarcos, concello de A Pobra do Caramiñal (A Coruña), en la confluencia con el llamado río das Pedras, enfrente de las ruinas del monasterio de San Juan de Misarela, se puede ver varada una barca de piedra granítica de unos cinco metros de eslora. Dice la leyenda que es la barca en la que llegó a aquel lugar San Mauro, fundador del eremitorio de Misarela, huyendo de sus perseguidores los legendarios mouros.

          Lo más relevante es que aparecen Barcas de Piedra en otros puntos de litoral atlántico de Europa, como Bretaña, Gales y Cornualles, y especialmente los encontramos en leyendas hagiográficas de Irlanda y de la Bretaña francesa, donde las naves pétreas traen héroes, guerreros y otros personajes mitológicos. Es decir: estamos ante la difusión atlántica de un elemento arcaico que impregna la Tradición Jacobea, pero que no es sustancial ni genuina en ella, sino que ha sido incorporada por sincretismo, proceso por el cual dos ámbitos culturales distintos llegan a compartir o unificar rasgos de origen diferente para compatibilizarlos. 

          Pero no acaban aquí las explicaciones sobre la barca de piedra, que el sincretismo permite comprender de forma cultural mas asumible pero sin aportar argumentos esclarecedores sobre la tradición jacobea que muchos siguen viendo como mero sincretismo o cristianización de una cultura pagana previa y por tanto juzgan como mera leyenda piadosa.

          Antes de incurrir en un descarte precipitado conviene valorar otras opciones que nos explican una lógica factible en la Barca de Piedra. El traslado de los restos apostólicos no fue, obviamente, en una nave de piedra, sino en una nave convencional de la época, tal vez fenicia o romana, bien calafateada de estopa y brea para impermeabilizarla. En las costas gallegas hay restos arqueológicos de puertos fenicios y romanos con gran actividad comercial en la costa o en la transición marítimo-fluvial entre río y ría. En aquella época, las vías marítimas y fluviales, bien desarrolladas por el comercio desde tiempos remotos, eran el modo idóneo de transporte de personas y mercancías. También y aunque excepcionalmente, de los sarcófagos y bloques de piedra que incluso eran bien aceptados en las bodegas de los barcos como lastre necesario para la navegación. No era posible transportarlo por tierra en que ni los caminos ni los vehículos estaban adaptados a ello, y las escasas vías terrestres estaban concebidas con fines militares y administrativos más que comerciales. La frecuente hostilidad entre poblados y territorios hacía inviable un transporte terrestre por territorios intransitables por la escasez de caminos o la ausencia de ellos. En cambio, traído hasta la costa y desembarcado en algún lugar próximo a una desembocadura fluvial a una ría, el sarcófago podría ahora transportarse en una nave o balsa para remontar un río en los casos de “repatriación” de algún personaje de la antigüedad hasta su lugar de origen, mediante arrastre fluvial con pértigas o cuerdas desde las orillas, lo que permitía remontar los ríos hasta el lugar oportuno. El supuesto absurdo de la barca de piedra navegando sobre las aguas, no resulta un hecho sobrenatural, sino que puede responder a un lance comprensible. Se trata solo del planteamiento de una conjetura que nos proporciona una primera explicación coherente, pero sobre todo que nos invita a la búsqueda de otras opciones lógicas.

          Hay en efecto otra opción aún más interesante y factible. La expresión “Barca da pedra” no hace alusión al material del que la barca está hecha, sino a la función que desempeña, y que en este caso no sería otra que el traslado de mineral (oro, estaño y minerales) por vía marítima. Se ha usado la visión de la tradición celta equivocando el concepto. Estas naves transportadoras de materias minerales, piedra, mármoles y metales, no eran una entelequia, sino de una opción plenamente acorde con la “ruta del estaño” que iniciaron  los fenicios antes de la era cristiana y continuaron luego los romanos. El campamento romano de Ciudadela contiene restos de un asentamiento militar de origen romano, 500 militares de la Cohors I Celtibérica que controlaba la ruta del estaño de BrigantiumLucus Augusti, punto intermedio para proteger el abastecimiento de este estratégico metal. Conocían bien la navegación desde las tierras palestinas hasta el noroeste hispano, por rutas marítimas comerciales periódicas ya existentes en la época y que hacen objetivo que un judío pudiera trasladarse por mar entre estos dos puntos distantes del imperio romano, el puerto de Jaffa y el de Iria Flavia. Una nave romana era muy capaz de transportar mineral en sus depósitos en modo que además sirviera de lastre para la navegación. Galicia estaba en plena ruta comercial del estaño y era además productora del mismo. Pero además se extraía oro en el valle del Sil, en tierras de Orense y en el Bierzo; hay notables evidencias de explotaciones auríferas romanas, como Las Médulas, que una vez extraído sería transportado por vía marítima a otros puntos del imperio. Está documentado el comercio de la piedra entre Egipto y Galicia en tiempos de Jesucristo, en naves que ya eran llamados barcos de la piedra, lo que evidentemente no quería decir que estuvieran hechos de granito, sino que trasportaban materiales minerales.

          Sin una pretensión demostrativa, la Barca de Piedra tiene una dimensión lógica que no autoriza a desestimar a priori la Tradición Jacobea. Un procedimiento paralelo puede aplicarse a otros de los muchos elementos que mitifican el relato jacobeo, como los 7 días y los 7 discípulos que más que una referencia cronológica imposible o un número cerrado de discípulos, puede explicarse simplemente por el uso bíblico del número 7. La lucha con el dragón y con los toros bravos son también elementos simbólicos que representan la superación de dificultades. El ángel timonel o la mano divina que guía la nave o el hundimiento del puente que protege a los discípulos de sus perseguidores nos hablan de la protección divina al estilo que lo hace la travesía del mar rojo.

          La conclusión útil de este apartado jacobeo, es que la leyenda, aún su fantasía acumulada a través de las culturas y de los siglos, guarda un contenido coherente y comprensible que constituye un primer substrato de verosimilitud que luego veremos reafirmada en otros análisis y valoraciones.

Fuentes Consultadas:

1.- El Viaje de San Brandán. Benedeit. Traducción y prólogo: Marie-José Lemarchand. Ediciones Sirula 1983.

2.- Fernando Alonso Romero. Santos e Barcos de pedra, para una interpretación de Galicia atlántica. Xerais 1991.

3.- Fernando Alonso Romero. La Barca de piedra de San Juan de Misarela: Características, paralelos y origen de una embarcación legendaria. Cadernos de Estudios Gallegos, Tomo XXXIX, Fascículo 104. Santiago 1991.

4.- José Fernández Arenas. Elementos simbólicos de la peregrinación jacobea. Edilesa 1998, págs. 27-28.

5.- Jacques Chocheyras. Ensayo histórico sobre Santiago en Compostela. Gedisa 1999, págs. 15-16, 72-73, 83.

6.- Carlos García Costoya. El misterio del Apóstol Santiago, mito y realidad del enigma jacobeo. Plaza Janés 2004, págs. 124-125.

7.- José Cornide. Las Casitérides, o Islas del Estaño, restituidas a los mares de Galicia. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006. Edición digital basada en la de Madrid, Benito Cano, 1790.

8.- Ted Olsen. El cristianismo y los celtas. San Pablo Editoria, 2007.

9.- José Miguel Andrade Cernadas. Cultura clerical y cultura popular en el legendario jacobeo, la barca de piedra. El Extramundi y los papeles de Iria Flavia, Año nº 16, Nº 63, 2010, pp. 115-124.

10.- Alberto Solana. El Enigma Compostelano. Cofradía de Santiago Apóstol de Madrid. 2016.

11.- Joel Varela Rodríguez. El Viaje de Trezenzonio a la Isla de Solistitición. Refacción de material y distintos niveles de sentido. Universidad de Santiago de Compostela. Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades. EVPHROSYNE, 44, 2016.

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