50- Torres de Oeste y defensa del litoral gallego

         Las Rías se definen como accidente geomorfológico consistente en la formación de profundas escotaduras del litoral de un costa por la penetración en ella del mar debido a la sumersión de una cuenca fluvial de laderas más o menos abruptas, por el descenso del nivel terrestre completado por un ascenso relativo del nivel del mar y conformado por los movimientos continuos de las mareas. Constituyen una peculiaridad de la geografía de Galicia, sin duda un atractivo turístico por los condicionantes pesqueros y paisajísticos que hacen de Galicia un territorio singular bien diferenciado de otros lugares peninsulares.

          Fue también, sin lugar a dudas, un condicionante histórico y social, pues Galicia, en el ángulo noroeste de la Península Ibérica, limitado su acceso al resto de la península por sus montañas circundantes, era un territorio que encontró su desarrollo mirando más al mar que a la tierra. Por mar llegaron la influencia e intercambios culturales con otros pueblos, en el terreno del comercio y la religión, por cuestiones de accesibilidad. Por mar llegaban las embarcaciones desde los tiempos fenicios para comerciar trayendo productos del exterior y llevado productos del interior de Galicia. Por mar llegaban las naves que hacían con cierta periodicidad la ruta del estaño y de los minerales (Barca da pedra). Por mar se trasladaban y llegaban los predicadores y evangelizadores, y especialmente el Apóstol Santiago, según reza la tradición, entró hasta Iria Flavia siguiendo la ruta del Mar de Arousa y del rio Ulla.  

          También condicionaban los ataques enemigos y por tanto la necesidad de una defensa estratégica. Aquí nos ocuparemos de una de las defensas más singulares de Galicia y particularmente de la Ría de Arousa, la más elegida por los asaltantes furtivos por su amplitud geográfica, por sus abundantes islas para desembarco intermedio, y por ser la vía de acceso a la naciente y próspera ciudad de Santiago de Compostela de renombre y prestigio en todo el mundo conocido, que despertaba ambiciones y atraía los ataques piratas. Algo parecido ocurre hoy con los traficantes de tabaco y droga, que encuentran en la ría el acceso adecuado para burlar los controles y las leyes.

     Los ataques por mar tanto de los piratas sarracenos como de las embarcaciones vikingas, constituían un verdadero azote para Galicia y especialmente el Señorío de Santiago que obligó al arzobispado, a la sazón un señorío feudal, a desarrollar y perfeccionar un sistema defensivo que tardó varios siglos en alcanzar su eficacia.

          La fortaleza “Torres de Oeste” se ubica en la provincia de Pontevedra y municipio de Catoira, en un punto geográfico estratégico que le convertía en lugar de gran accesibilidad al desembarco de naves enemigas, lo que sin duda es la razón de que se buscara proteger con una sólida fortaleza como la que analizamos.

      Los estudios arqueológicos del lugar revelan que los orígenes de esta fortaleza se remontan a la época castreña, desde finales de la Edad del Bronce hasta principios de nuestra era. Del siglo II a I a.C., se conservan restos de cerámica y de armas de bronce. Con la romanización se construyó en la desembocadura del Sar, el Castellum Honesti, o Turris Augusti (en honor al emperador Augusto, con una estatua del mismo) construcción militar en defensa del enclave portuario de posibles ataques de piratas y el control del curso fluvial del Ulla como entrada natural hacia el interior de Galicia, argumentos preventivos que servirán en época alto medieval para reforzar este enclave como protección de Compostela. El Castellum Honesti convirtió la zona en importante puerto comercial, gracias a la protección estratégica de la fortaleza como acceso por vía marítima de embarcaciones comerciales, según refleja el geógrafo Pomponio Mela, natural de Tingentera, en la Hispania bética, con alusiones históricas que sitúan su obra entre el 43 y el 44 d.C. Interesante este dato en lo jacobeo por cuanto documenta que en esa época era bien factible el acceso a ese puerto en época coetánea a la del Apóstol Santiago desde embarcaciones desde cualquier parte del imperio, incluidas las tierras palestinas. En todo caso se encontraron numerosas piezas de cerámica, fundamentalmente ánforas romanas, que reflejan la elevada actividad comercial y portuaria de la época en ese estratégico lugar que, en definitiva acreditan que esta era una destacada vía comercial a la que accedían naves desde múltiples puntos del imperio.

          Aparte de estos antecedentes donde la defensa de las costas gallegas adquiere mayor relevancia es hacia finales de la alta Edad Media, justamente a partir de comienzo del fenómeno jacobeo (siglos IX – XII). Las tierras de Iria – Compostela, se verán   incesantemente amenazadas por los ataques marítimos de piratas normandos y almorávides, como relata con detalle la Historia Compostelana. La cercanía al mar constituía entonces un verdadero riesgo de invasiones, saqueos, robos y raptos. Estos ataques a Galicia se veían favorecidos por su deficiente protección de la costa, y lejanía de los centros de poder, así como el desinterés y poca pericia defensiva inicial. Estas incursiones marítimas, procedentes tanto del norte como del sur, se dirigían a las sedes episcopales gallegas, sobre todo la de Iria Flavia primero y luego la de Compostela, ambas en la ría de Arousa, la entrada natural a Santiago de Compostela, las llamadas tierras de Jacobsland por los vikingos y de San Yaqub por los sarracenos.

          Hacia finales del siglo IX, Alfonso III, en colaboración con el obispo iriense Sisnando I, mando construir la segunda iglesia de Santiago en Locus Sancti Iacobi, con la intención de ofrecer al sepulcro de Santiago un marco más idóneo que el del modesto templo inicial de Alfonso II. Paralelamente reconstruyó el Castellum Honesti romano para dar protección a la sede compostelana de los ataques normandos y sarracenos. Entre los restos encontrados entre las ruinas de aquella fortaleza, el crismón de la victoria pertenece a esta época.

          La necesidad de reforzar este punto estratégico se marca en el año 968, en que una numerosa escuadra de naves normandas entró en la Ría de Arousa, remontó el Ulla, desembarcando en este lugar clave y se dirigieron a Iria Flavia. Sisnando II salió a su encuentro al frente de sus tropas para frenarles haciéndoles retroceder hasta el lugar de Fomelos. Pero allí  se rehicieron los invasores, con la mala fortuna que una saeta alcanzó a Sisnando y segó su vida. Ante la falta de obstáculo los vikingos saquearon, destruyeron y quemaron todo a su paso hasta llegar a O Cebreiro. Si resistieron el ataque las dos ciudades amuralladas: Santiago gracias a las murallas que levantara Sisnando, y Lugo gracias a sus murallas romanas. Esto evidenció la necesidad de levantar una defensa sólida.

          Momento clave fue el protagonizado por Ulf «el gallego», caudillo vikingo que saqueó Galicia entre 1028 y 1048, pero que finalmente fue eliminado por el obispo Cresconio, cuyo gran acierto fue la construcción de las famosas Torres de Oeste en Catoira, durante reinado de Alfonso V, pasando a depender de la Mitra compostelana, por su valor defensivo clave de la ría de Arousa para la protección de la entrada a Iria Flavia y Compostela. Según la Historia Compostelana (S. XII), fueron levantadas sobre las ruinas de las «Aras de Augusto» con mano de obra campesina traída por precepto real desde Triacastela hasta la costa. Fueron construidas a mitad de siglo XI, y las excavaciones realizadas comprobaron la inicial existencia de cinco torres y probablemente dos más, aunque actualmente sólo se pueden observar los restos de dos y los cimientos de otra. Durante su episcopado, sus soldados fueron eficazmente entrenados en la estrategia y tácticas militares precisamente para superar a los vikingos hasta vencerles definitivamente. Al llegar la flota normanda a la entrada de Iria Flavia, chocaron con las cadenas que Cresconio había ordenada colocar atravesadas de una a otra orilla para evitar el avances de las naves enemigas, que al desembarcar, advertidas y dispuestas las tropas gallegas para el momento, derrotaron al ejército de Ulf el gallego obteniendo una victoria definitiva. Cresconio resultó ser más feroz y astuto que Ulv Galiciefarer que tuvo que tuvo que huir para no volver a ser nombrado en las crónicas. Durante el pontificado de Cresconio, y luego también el de Diego Peláez, fue nombrado al frente de esta estructura defensiva Gelmirio (padre del futuro arzobispo Diego Gelmírez).

          Entre los años 1102 y 1122, Diego Gelmírez volvió a reforzar las defensas a tiempo de repeler un nuevo ataque sarraceno. Fue bajo su pontificado que las Torres de Oeste adquirieron su mayor influencia, incorporadas en un esquema integral de defensa costera, pues si antes Sisnando y Cresconio habían establecido una defensa pasiva y estática basado en murallas circundantes y fortalezas estratégicas, Gelmírez desarrolló un nuevo concepto de defensa añadiendo a la defensa pasiva una defensa activa. Reforzó la construcción que creara el obispo Cresconio, y que gobernó su padre, las Torres del Oeste, fortificando sus murallas hasta hacer de ellas una fortaleza inexpugnable en donde edifica un puente, una capilla de una nave dedicada a Santiago y una gran torre interior que se añadía a las seis torres ya existentes, la torre principal, llamada torre Lugo, pues parece que fue costeada por esta ciudad. Crea o refuerza otras fortalezas estratégicas y sobre todo construye galeras defensivas dotadas de tropa adiestrada y equipada que se anticipa al enemigo, desarrolla un sistema de vigilancia y alarma, constituyendo una defensa preventiva e incluso de acción ofensiva, siendo el primer gobernante con una conciencia naval de Galicia, que desarrolló una estrategia de defensa integrando a las medidas estáticas la creación de una flota naval que cabe entenderse como precursora de la futura Marina de Castilla.

          La estructura del castillo, tal y como era en el siglo XII, consistía en un recinto amurallado de forma elíptica con siete torres, cerrando el acceso a Iria Flavia. Una gran torre sobresalía entre las otras, la mencionada torre Lugo. Sus defensas se complementaban con el entorno pantanoso sobre el que se erguía que convertían la fortaleza prácticamente en una isla. Hoy transcurre casi sobrevolando la zona el puente de la C–550 entre Catoira y Rianxo. En la zona más próxima a la ría pueden verse restos de los muros que conformaban las dependencias del interior del recinto amurallado. Aquí se encuentran los restos de las dos imponentes torres, los cimientos de la torre central y la capilla de Santiago. Las torres, de tipo prerrománico, presentan gruesos muros que van reduciendo su espesor en altura.

          La capilla, construida por Gelmírez en el siglo XII y dedicada a Santiago Apóstol, es de carácter prerrománico. Consta de una sola nave con ábside semicircular, y fue entre los siglos XII y XVI una continuación de la peregrinación a Santiago de Compostela, gracias a lo cual se mantuvo el lugar después de que perdiera su valor estratégico.

          Con el paso del tiempo, la fortaleza y su recinto amurallado fue perdiendo su valor defensivo estratégico convirtiéndose en nido de malhechores y ladrones que dañaban los intereses del señorío de Santiago por lo que surgieron iniciativas en distintos momentos que provocaron su derrocamiento y destrucción, llegando al estado de ruina. Los modestos restos que pervivieron, para evitar su demolición plena, fueron declarados monumento histórico-artístico en 1931, y hoy los restos se encuentran en estado de ruina consolidada, por restauración para dar solidez, que se realizó a partir de 1970, cuando fue declarado Monumento Nacional.

          Contribuye a su conservación la celebración de las fiestas del pueblo el primer domingo de Agosto, donde se representa el asalto a las torres de los ejércitos vikingos, con participación de reconstrucciones de los drakkar que llegan repletos de gentes caracterizados de vikingos. En la zona se reproducen mercados y cantinas medievales. Son las Romerías vikingas de Catoira con elementos internacionales de intercambio cultural, que hoy es una de las fiestas de interés turístico internacional de la provincia de Pontevedra el primer domingo de agosto. En el río también podemos ver los «drakar»  que son reconstrucciones de las antiguas embarcaciones vikingas, que se usan el primer Domingo de Agosto, en la famosa «Romería Vikinga».  Donde se representa el  asalto de los ejércitos normandos a las torres de Catoira, todo ello acompañado de música autóctona y buen vino. Un auténtico festejo  declarado de interés turístico internacional.

Fuentes Consultadas

1.- J. A. Otero Ricart. Arqueología. El Enigma de Turris Augusti. La Opinión, 21 Diciembre 2008.

2.-  Carlos Andrés González Paz. El «Castellum Honesti» una fortificación marítima medieval gallega. Las fortificaciones y el mar, 2008, págs. 165-174

3.- Manuel F. Rodríguez. Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolanda 2010. Torres de Oeste, Volumen 17, pp. 194-196

4.- Fernando Alonso Romero. “La embarcación de la jarra romana del río Ulla (Galicia)”, en Anuario Brigantino, Nº 37, pp. 93-102. Concello de Betanzos. Betanzos, 2014.

5.- David Fernández Abella y Erik Carlsson Fontán. La ría de Arousa: un ejemplo de la ocupación y explotación de la costa en época romana. Arkeogazte 2014, nº 4, pp. 227-246.

6.- https://www.catoira.net/

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