49- Sermón Veneranda Dies y Universalidad del Camino de Santiago.

          El Capítulo XVII del Libro I del Códice Calixtino (siglo XII) constituye el Sermón Veneranda Dies, llamado así por la costumbre de denominar a los textos eclesiásticos (encíclicas, bulas, documentos, etc.) por las dos primeras palabras del mismo. Es el texto más significativo y relevante del Códice, verdadero compendio programático de toda la obra, que incluye la Translatio como fundamento de la Tradición Jacobea, los valores de la Peregrinación a Santiago de Compostela y su carácter de Universalidad.

      El experto Manuel C. Díaz y Díaz, señala que se trata de una pieza escrita antes de la compilación de la obra, deducible de la lectura del Prólogo del Códice: “…mientras meditaba el sermón de la Traslación del Apóstol Veneranda Dies, y tenía entre las manos el cuaderno de tal escrito, se me apareció El mismo con Santiago en un éxtasis y me dijo: No difieras el escribir esos preceptos que son gratos y han de observar todos”, de donde se deduce que este sermón constituye el núcleo del Liber Sancti Iacobi, no sólo por su extensión y su estilo narrativo, sino también por su contenido de la Tradición Jacobea y de la defensa de los peregrinos.

          Tras el título del Capítulo XVII “Sermón del Santo Papa Calixto en la solemnidad de la Elección y de la Traslación de Santiago Apóstol, que se celebra el día 30 de Diciembre” se disponen 20 folios, desde el 74r hasta el 93v, se trata por tanto del texto más extenso de los que componen el Libro Primero del Códice, un cuaderno con una estructura autónoma, de modo que podría constituir un libro independiente. Su contenido gira esencialmente alrededor de dos temas: el Apóstol Santiago y el peregrino que acude a la ciudad del Apóstol.

          La parte dedicada al Apóstol Santiago es precisamente la que da nombre al sermón al aludir desde sus primeras palabras, ser el 30 de Diciembre Día Venerable de la Traslación del cuerpo del Apóstol a Galicia:  Este día es más célebre que otros muchos, más esclarecido, más ilustre, más digno que los demás días, más santo que otros; en él, pues, Santiago Apóstol, patrono de Galicia, alegró los cielos con su entrada espiritual felizmente, adornó a los españoles y especialmente a los gallegos con su presencia corporal y los enriqueció prodigando sus milagros…

          Describe a continuación la elección de Santiago, en las orillas del mar de Galilea por el Señor entre sus apóstoles, junto con Juan, Pedro y Andrés, conforme relata Mateo en su Evangelio, refiriendo que vio a los hermanos Zebedeo en la barca junto a su padre, reparando redes. Los llamó, y ellos, dejando la barca y a su padre, lo siguieron. Y cita los versos del poeta cristiano Sedulio (siglo V) sobre la elección de Santiago y demás apóstoles.

Toma en seguida entre los pescadores discípulos aptos
Para pescar a las almas humanas que, en pos de los goces
Frívolos corren del mundo, y se lanzan cual las azuladas
Olas a ciegas nadando a través del abismo inseguro.
A estos discípulos Él les infunde una vida más alta,
Sin que la gloria de hablar flatulento ni sangre soberbia
De una vana nobleza los nutran, sino que callada
Fama y un halo de luz que humildemente refulge,
Puedan hacerlos del pueblo los más cercanos al cielo.
Dios poderoso eligió a los simples y bajos del mundo
Quebrantando a los fuertes y confundiendo a los sabios.

          El relato del Veneranda Dies se basa en la mención de la decapitación de Santiago por orden de Herodes Agripa, y el trasladado a Galicia de su cuerpo por sus discípulos. Se precisa que la Traslación del cuerpo fue en su integridad, lo que supone de modo implícito que otras numerosas reliquias que se citaban en otras latitudes del mundo cristiano no eran auténticas. En el texto impulsado por el arzobispo Gelmírez y el Papa Calixto II, se pretende difundir tanto el culto jacobeo como la peregrinación al sepulcro del apóstol, en modo que Santiago aparece como patrón de los gallegos, y por extensión de todos los que visiten su sepulcro buscando la expiación de sus pecados y salvación de sus almas, dejando, por la peregrinación los bienes materiales.

          “Así, pues, el Santo Apóstol el día en que fue elegido deja no sólo la barca, a su padre y a su madre y sus propios bienes, sino también el conjunto vicioso de su vida anterior por el amor divino; de ahí su perseverancia en las obras buenas; así también nosotros debemos desmoronar el cúmulo de nuestros vicios y perseverar en las obras buenas. Por tanto, pues, le ordenó Dios abandonar todo, porque no quiere que los que le sirven se preocupen de los bienes terrenos, estando sólo atentos a los bienes celestiales. Pues, como dice el Apóstol, ninguno que siga las milicias de Dios, debe entrometerse en los negocios del siglo, para agradar al que le eligió.”

          Describe el Veneranda Dies la Traslación del cuerpo del Apóstol buscando dar una coherencia narrativa, corrigiendo errores que se decían ya entonces como añadidos extraordinarios y apócrifos que lo exageraban y deformaban. Los bulos son un viejo vicio de la humanidad, y ya desde el siglo XII la Tradición Jacobea, de origen popular y oral, arrastraba la deformación de elementos postizos fabulosos que deformaban su contenido.

          Deja el relato claro que se trata de unos de los favoritos de Cristo, de su núcleo más cercano y de confianza, que le acompañó en algunos momentos estelares como la Transfiguración en el monte Tabor y por tanto particularmente conocedor de su naturaleza divina.

          El relato recurre con frecuencia a las similitudes para describir los diversos aspectos de la vida, el traslado y el martirio del apóstol Santiago. Así una de las imágenes más hermosas y poéticas del Veneranda Dies, es la comparación de Santiago con el lirio:  “…Por el lirio que muere en el invierno y en el verano da blancas flores olorosas se representa a Santiago, el cual, así como en la estación del invierno sufre en este mundo las aflicciones de su martirio, en la alegría estival, esto es, en la frondosidad del Paraíso eternamente florece ante Dios con los méritos de sus buenas obras. Olor agradable emite el lirio; porque Santiago, como dice S. Pablo, fue el buen olor de Cristo en todo lugar, predicando, orando, obrando bien, dando a todos ejemplo de todas las virtudes. El lirio muere por las hojas, pero retoña de las raíces como Santiago mortificó a su hombre exterior, con sus muchos trabajos, pero vivificó a su hombre interior, aumentando sus virtudes….”

          A continuación el autor, tras explicar las propiedades medicinales de la planta del lirio, como describe el médico naturalista griego Dioscórides (Siglo I), Así como las hojas del lirio ejercen una acción curativa e de alivio, también Santiago arredra los vicios e absuelve los pecados con su predicación. Como señala el canciller compostelano Elisardo Temperán, “se trata de cuadro analógico en el que el autor, después de explicarnos las cualidades medicinales del lirio, las compara con la vida y obras de Santiago, pero al referirlas al Apóstol, antes que centrarse en la vida física y orientar hacia ésa los poderes medicinales de Santiago, el Pseudo-Calisto se refiere constantemente a su poder y actuación contra las heridas del error, del pecado y de los vicios. Se habla, por tanto del Apóstol como de una medicina que actúa en orden a la salud espiritual de cuantos en él confían«.

          Además del Lirio también compara el Veneranda Dies a Santiago con la palmera que, de raíz áspera, representa a Santiago, que llevó una vida dura pero elevándose a gran altura en las virtudes de fe, esperanza y caridad. En la copa produce un manjar del que surgen las palmas, significando la esperanza en los bienes celestiales futuros, por la cual Santiago, entregando su cuerpo venerable a los diversos suplicios del martirio, vencidos los enemigos de la fe, con la palma de la victoria no sólo traspasó las alturas de los aires, sino que penetró en las alturas de los cielos enarbolando los ramos y espigas de las virtudes celestes. O la palma vencedora en la corte celestial en donde está Santiago.

        Y se relata la milagrosa influencia sobre quienes le visitan, pues la sagrada virtud del Apóstol trasladada desde la región de Jerusalén brilla en Galicia con los milagros divinos, pues junto a su basílica brotan los milagros de Dios por su mediación:A los enfermos da la salud; a los presos, la libertad; a las estériles, la fecundidad de sus hijos; a las parturientas, el feliz alumbramiento; a los que zozobran en el mar, el puerto saludable; a los peregrinos, el regreso a su patria; a los necesitados, el alimento; a los moribundos, muchas veces, la vuelta a la vida; a todos los afligidos, alivio; suelta y rompe las cadenas, abre pronto las cárceles; regula el exceso de lluvias, serena el ambiente, refrena los vientos de las tormentas; los incendios del fuego devastador, por las oraciones de los hombres los extingue; impide que los ladrones maléficos y que los pérfidos gentiles dañen a los pueblos cristianos, como desearían; aplaca la ira y la venganza, da la tranquilidad. A todo el que le pide da el deseado auxilio, conforme a la ordenación de Dios, hasta a los gentiles, si le invocan fielmente. Con razón, pues, a este Santiago se le llama el Mayor, pues grandes favores acostumbra a hacer en todas partes y a cualquiera.”

          Se ocupa además el texto de explicar cómo puede realizar Santiago otros milagros distantes de su sepultura, argumentando que pueden ocurrir en todas partes en que los que están en peligro o atribulados, le invocan en su auxilio, tanto en el mar como en la tierra. Y diferencia entre verdaderos milagros de supuestos pero falsos acontecimientos prodigiosos. Eran tiempos en que el pueblo era fácilmente influenciable por la fantasía milagrera y para evitar creencias populares, supersticiones y falsedades, se precisa que solo se considerarán milagros auténticos si tienen la comprobación de dos o tres testigos, solo entonces se concederá permiso a que se escriban para edificación de los fieles. Compostela debía refrenar las historias y leyendas creadas al límite de la ortodoxia y establecer un marco de credibilidad del culto jacobeo. Eran muchas las fantasías y extravagancia que circulaban, algunas inaceptables, y era necesario definir la credibilidad y condenar las falsedades que alcanzaban a veces un carácter herético.

          Los milagros del Apóstol Santiago se tratan específica y extensamente en el Libro Segundo del Códice Calixtino, pero el Veneranda Dies nos da este anticipo en tono celebrativo, reforzando la teoría de que el Veneranda Dies es un programa de todo el contenido del Códice que luego se desarrollará en cada uno de los libros que lo componen, con el objetivo general de ensalzar la iglesia compostelana, consolidar la presencia del cuerpo del apóstol en Galicia, difundir la peregrinación a su sepultura y el culto jacobeo en todo los pueblos de la cristiandad.

          El peregrino es la figura central del texto. Klaus Herbersll propone que su autor puede ser muy bien Aimeric Picaud, a quien se atribuye el Libro Quinto o guía del peregrino, por la pasión y énfasis con que escribe algunos pasajes, indicando que vive desde la experiencia propia del Camino.

          El autor describe al peregrino desde una imagen bíblica que revela su formación eclesiástica. Cita a Adán como el primer peregrino, al verse obligado a abandonar el paraíso por su pecado. También cita a Abraham como peregrino, al ser invitado por el Señor a dejar su tierra. Cita también a Jacob en su marcha a Egipto, y a todo el pueblo de Israel cuando sale de Egipto para ir hasta la tierra prometida. Hay por tanto una definición de la peregrinación medieval con un sentido penitencial: el peregrino debía dejar su patria durante un período de tiempo según la gravedad de la pena como un exilio temporal, dirigiéndose a un santuario donde el santo podía interceder en su favor para la remisión de sus pecados. Se trata por tanto de la Peregrinatio poenitentiae causa, frente a la Peregrinatio devotionis causa, que se instaurará poco después, en base a la decisión libre y voluntaria de quienes emprendían el viaje.

          Una de las secciones más afamadas del sermón es el que menciona que los peregrinos que llegaban a Compostela procedían de todos los pueblos de la cristiandad medieval: A este lugar vienen los pueblos bárbaros y los que habitan en todos los climas del orbe, a saber: francos, normandos, escoceses, irlandeses, los galos, los teutones, los iberos, los gascones, los bávaros, los impíos navarros, los vascos, los godos, los provenzales, los garascos, los loreneses, los gautos, los ingleses, los bretones, los de Cornualles, los flamencos, los frisones, los alóbroges, los italianos, los de Apulia, los poitevinos, los aquitanos, los griegos, los armenios, los dacios, los noruegos, los rusos, los joriantos, Ios nubios, los partos, los rumanos, los gálatas, los efesios, los medos, los toscanos, los calabreses, los sajones, los sicilianos, los de Asia, los del Ponto, los de Bitinia, los indios, los cretenses, los de Jerusalén, los de Antioquía, los galileos, los de Sardes, los de Chipre, los húngaros, los búlgaros, los eslavones, los africanos, los persas, los alejandrinos, los egipcios, los sirios, los árabes, los colosenses, los moros, los etíopes, los filipenses, los capadocios, los corintios, los elamitas, los de Mesopotamia, los libios, los de Cirene, los de Panfilia, los de Cilicia, los judíos y las demás gentes innumerables de todas las lenguas, tribus y naciones vienen junto a él en caravana y falanges, cumpliendo sus votos en acción de gracias para con el Señor y llevando el premio de las alabanzas.

        Hay un claro propósito de reflejar el carácter de Universalidad del Culto Jacobeo y de la peregrinación a la ciudad del Apóstol por el Camino de Santiago, y aunque se argumenta la retórica literaria del texto, no puede desdeñarse un trasfondo real, sobre todo en lo relativo a las convivencias de peregrinos en el interior de la catedral en las noches peregrinas de vigilia:Causa alegría y admiración contemplar los coros de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia: los teutones a un lado, los francos a otro, los italianos a otro; están en grupos, tienen cirios ardiendo en sus manos; por ello toda la iglesia se ilumina como con el sol en un día claro. Cada uno con sus compatriotas cumple individualmente con maestría las guardias. Unos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos, otros flautas, caramillos, trompetas, arpas, violines, ruedas británicas o galas, otros cantando con cítaras, otros cantando acompañados de diversos instrumentos, pasan la noche en vela; otros lloran sus pecados, otros leen los salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí pueden oírse diversidad de lenguas, diversas voces en idiomas bárbaros; conversaciones y cantilenas en teutón, inglés, griego y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no resuenen sus voces. Estas vigilias cuidadosamente se celebran allí; unos vienen, otros se retiran y ofrecen en su variedad diversos dones. Si alguno se acerca triste, se retira alegre. Allí se celebra continua solemnidad, la festividad se prepara cuidadosamente, a la esclarecida celebridad se le rinde culto de día y de noche, alabanzas y gozos, alegría y contento, en común, se cantan. Todos los días y noches como en ininterrumpida solemnidad, en continuo alborozo, se celebran los cultos para gloria del Señor y del Apóstol. Las puertas de esta basílica nunca se cierran, ni de día ni de noche; ni en modo alguno la oscuridad de la noche tiene lugar en ella; pues con la luz espléndida de las velas y cirios, brilla como el mediodía. Allá se dirigen los pobres, los ricos, los criminales, los caballeros, los infantes, los gobernantes, los ciegos, los mancos, los pudientes, los nobles, los héroes, los próceres, los obispos, los abades, unos descalzos, otros sin recursos, otros cargados con hierro por motivos de penitencia.”

        Unos sesenta o setenta años después este principio de Universalidad se recoge en unos versos del Códice “Preciosa” (Siglo XIII) del antiguo hospital de peregrinos de Santa María de Roncesvalles cuya estrofa nº 15, son el más bello exponente de la filosofía abierta del Camino de Santiago, brindando la hospitalidad monástica a peregrinos de toda clase y condición:

Porta patet omnibus, infirmis et sanis,
Non solum catholicis, uerum et paganis,
ludeis, hereticis, ociosis, uanis,
Et, ut dicam breuiter, bonis et profanis.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos
no solo a católicos sino aún a paganos,
judios, herejes, ociosos y vanos;
y mas brevemente, a buenos profanos.

          Resalta el texto del Calixtino la tipología de los peregrinos: Algunos como los griegos llevan cruces en sus manos, otros distribuyen sus bienes entre los pobres, otros traen en sus manos hierro o plomo para la obra de la basílica del Apóstol…”.  Según la costumbre de transportar, por los peregrinos piedras calizas para la construcción de la catedral desde Triacastela hasta los hornos de Castañeda, con un valor psicológico y participativo, ya que implicaba una colaboración en la construcción de la catedral como morada de su patrón. “…unos traen las cadenas y los grilletes de hierro sobre sus hombros, de los que se habían librado por la intercesión del Apóstol y de las prisiones de los tiranos, haciendo penitencia, llorando sus delitos.”

          Gran interés dedica el sermón a la liturgia y ritos de partida, que consistía en una toma de hábitos del peregrino a través de objetos que le identifican, tales como el morral y el bordón o báculo, que adquieren un específico significado alegórico. …los que vienen a visitar a los santos reciben en la iglesia el báculo y el morral bendito. Pues cuando los enviamos con motivo de hacer penitencia al santuario de los santos, les damos un morral bendito, según el rito eclesiástico, diciéndoles: En nombre de nuestro Señor Jesucristo, recibe este morral hábito de tu peregrinación, para que castigado y enmendado te apresures en llegar a los pies de Santiago, a donde ansías llegar, y para que después de haber hecho el viaje vuelvas al lado nuestro con gozo, con la ayuda de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. También, cuando le damos el báculo, así decimos: Recibe este báculo que sea como sustento de la marcha y del trabajo, para el camino de tu peregrinación, para que puedas vencer las catervas del enemigo y llegar seguro a los pies de Santiago, y después de hecho el viaje, volver junto a nos con alegría, con la anuencia del mismo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.”

          Tras estas fórmulas, el texto describe con cierta extensión el uso y significado del morral, citando sus diferentes nombres y describiéndolo materialmente y su interpretación simbólica:Por el morral, que los italianos llaman escarcela, los provenzales espuerta, los galos isquirpa, se designa la esplendidez en las limosnas y la mortificación de la carne. El morral es un saquito estrecho, hecho de la piel de una bestia muerta, siempre abierto por la boca, no atado con ligaduras. El hecho de que el morral sea un saquito estrecho significa que el peregrino, confiado en el Señor, debe llevar consigo una pequeña y módica despensa. El que sea del cuero de una bestia muerta significa que el peregrino debe mortificar su carne con los vicios y concupiscencias, con hambre y sed, con muchos ayunos, con frio y desnudez, con penalidades y trabajos. El hecho de que no tenga ataduras, sino que esté abierto por la boca siempre, significa que el mismo (el peregrino) debe antes repartir sus propiedades con los pobres y por ello debe estar preparado para recibir y para dar.”

  Con un mismo proceder también explica el significado del bordón o báculo. Por el báculo, puesto que el suplicante lo recibe como un tercer pie para sostenerse, se simboliza la fe en la Santísima Trinidad, en la cual debe perseverar. EI báculo es la defensa del hombre contra los lobos y los perros. El perro suele ladrar al hombre y el lobo acostumbra a devorar las ovejas. Por el perro y el lobo se designa el diablo tentador del género humano. EI demonio ladra al hombre, cuando provoca su mente a pecar con el ladrido de sus sugestiones. Muerde como el lobo, cuando impulsa sus miembros hacia el pecado y por la costumbre de vivir en la culpa devora su alma entre sus hambrientas fauces. Por tanto, debemos encarecer al peregrino, cuando le damos el báculo, que lave sus culpas por la confesión y fortalezca su corazón y sus miembros frecuentemente con la enseña de la Santísima Trinidad contra las ilusiones y fantasmas diabólicos.”

          Un apartado importante dedica a explicar el sentido de la concha o vieira. “Por lo mismo los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del santuario de Santiago traen las conchas. Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas. Así como los vencedores al volver de la batalla solían en otro tiempo agitar las palmas en sus manos, mostrando que habían triunfado, así los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, mostrando que han mortificado sus vicios. Pues los que se embriagan, los deshonestos, los avaros, los ambiciosos, los litigiosos, los usureros, los lujuriosos, los adúlteros o los demás vicios, puesto que aún están en la guerra de los vicios, no deben traer la palma, sino los que vencieron completamente los vicios y se unieron a las virtudes. Pues hay unos mariscos en el mar próximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta un molusco parecido a una ostra. Tales conchas están labradas como los dedos de la mano y las llaman los provenzales nidulas y los franceses crusillas, y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol, y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas con que el marisco se defiende, significan los dos preceptos de la caridad, con que quien debidamente los lleva debe defenderse, esto es: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Ama a Dios el que guarda sus mandamientos. Ama al prójimo como a sí mismo el que no hace a otro lo que no quiere para sí, y lo que quiere para sí hace a los demás. Las conchas, acomodadas a manera de dedos, significan las obras buenas, en las cuales el que dignamente las lleva debe perseverar, y bellamente por los dedos se simbolizan las obras buenas: de ellos nos valemos cuando hacemos algo. Por tanto, como el peregrino lleva la concha, así mientras esté en el camino de la vida presente debe llevar el yugo del Señor, esto es: debe someterse a sus mandamientos.”

        El propio Códice indica que no era imprescindible llegar hasta el Atlántico para obtener las conchas de vieira, puesto que se podían adquirir junto a otros muchos enseres peregrinos (calzado, vino, morrales de piel de ciervo, bolsos, cintos, todo tipo de hierbas medicinales), en la plaza que llamaban del Paraíso, a la izquierda de la catedral, conocida también como Azabachería. La demanda de conchas llega a ser tan elevada, que se recurre a la elaboración de conchas artesanales fundidas en plomo o esculpidas en azabache, material al que se atribuían poderes mágicos, muy usado en Galicia para la creación de amuletos, estatuas de Santiago, conchas y otros “souvenir” jacobeos. La fabricación de conchas llega a ser en Santiago una de las principales actividades artesanales, generando el progreso de gremios, que acceden a un régimen corporativo con contrato con la catedral que tenía la exclusividad de la fabricación de conchas. Producían además multitud de insignias que los peregrinos difundirán por toda Europa, constituyendo uno de los más claros indicios de la alta difusión del culto jacobeo y su popularidad entre los pueblos cristianos medievales.

          Recomienda el Veneranda Dies acometer la peregrinación después de liberarse de los pecados a través de la confesión, como parte del rito de partida. Antes de emprender la peregrinación que le ausentará un largo periodo de tiempo, el peregrino debe, como parte sustancial de esta preparación ritual, prepararse a la peregrinación con corazón puro, sin pesos ni vínculos mundanos. Debe perdonar a los que le injuriaron, aplacar todo los rencores que albergue su corazón, pedir permiso a las personas con las que tenga obligaciones, con su pastor eclesiástico, arreglando con su cónyuge y su familia las disposiciones de sus bienes coma si estuviese ante la muerte. Durante el viaje deberá comportarse honestamente, escuchar misa si no a diario al menos los domingos, compartir todos sus bienes con otros peregrinos en modo que este principio de solidaridad es la característica básica del peregrino. Deberá huir de las palabras superfluas, de las tentaciones de la carne, de las pendencias y sobre todo de las borracheras, de las que el Veneranda Dies describiendo con extensión sus malas consecuencias, para que el camino sea ventajoso para su alma como para su cuerpo.

          Describe con amplitud las virtudes de la peregrinación que modelan las del peregrino. “El camino de peregrinación es cosa muy buena, pero es estrecho. Pues es estrecho el camino que conduce al hombre a la vida; en cambio, ancho y espacioso el que conduce a la muerte. El camino de peregrinación es para los buenos; carencia de vicios, mortificación del cuerpo, aumento de las virtudes, perdón de los pecados, penitencia de los penitentes, camino de los justos, amor de los santos, fe en la resurrección y premio de los bienaventurados, alejamiento del infierno, protección de los cielos. Aleja de los suculentos manjares, hace desaparecer la voraz obesidad, refrena la voluptuosidad, contiene los apetitos de la carne que luchan contra la fortaleza del alma, purifica el espíritu, invita al hombre a la vida contemplativa, humilla a los altos, enaltece a los humildes, ama la pobreza; odia el censo de aquel a quien domina la avaricia; en cambio del que lo distribuye entre los pobres, lo ama; premia a los austeros y que obran bien; en cambio, a los avaros y pecadores no los arranca de las garras del pecado.”

          El Veneranda Dies invierte buena parte de su contenido en referirse a los que llama enemigos del peregrino, como los mesoneros, las meretrices, los curas indignos, los cambistas y los farsantes y malhechores, que el peregrino encontrará en su progresión hacia la ciudad del Apóstol, describiendo con todo lujo de detalles los usos deshonestos de los malos mesoneros para engañar al peregrino con fines lucrativos. Se ve en la detallada amplitud de la picaresca y aún de la maldad más perniciosa y perversa, el conocimiento detallado de quien ha vivido la experiencia de la peregrinación, citando lugares, contando anécdotas a pie de camino, lo que descubre que se trata de alguien que ha peregrinado, y conoce de primera mano estas adversidades y percances que sufría el peregrino como víctima de fraudes, engaños y a veces de verdadera delincuencia. El autor censura especialmente a los hospederos, a veces tan perversos con los peregrinos que los compara con la traición de Judas, adulterando el vino, dando gato por liebre, simulando afecto pero dando mal servicio, falseando las mediciones, cobrando en exceso, hurtándole sus bienes o incluso envenenándoles para quedarse con sus pertenencias. Y condena a las criadas y meretrices venden sus favores a los peregrinos tentando su virtud a cambio de dinero. Denuncia los arreglos entre hospederos y guardianes de basílicas y templos para promover ofrendas que revertirán en su propio lucro. Advierten a los peregrinos que deben precaverse de los llamados cinnatores, o estafadores que engañaban al peregrino en sus compras, o le timaban aparentando facilitarles gangas de valioso valor. O de los que simulan ser clérigos que ganan la confianza hasta estafarles con trucos, engaños o robos. O los que simulan enfermedad o lesiones en busca de limosna. Y de los falsos cambistas que cambian la moneda , los metales o piedras preciosos fraudulentamente. O de los especieros engañosos que venden hierbas podridas como buenas, o especias adulteradas como auténticas. O de los tenderos farsantes que venden productos estropeados como buenos, o materiales baratos como si fueran valiosos. O de los cobradores de tributos a los peregrinos de Santiago, los cobradores de portazgos explotando al transeúnte u obligándole a pagar peajes injustos o abusivos.

          Quienquiera que ultraje a los peregrinos, o les quite algo, por hurto, rapiña, o por otro medio cualquiera, sin duda alguna, su suerte será con el diablo. Mientras que el que no engaña a los peregrinos, ni en la plaza, ni en el negocio, ni en el cambio, ni en el hospedaje, ni por medios fraudulentos, sino que se porta con ellos debidamente, sin duda alguna obtendrá en el futuro el premio del Señor.

          Particularmente conflictiva podía ser el destino de los bienes de un peregrino que moría estando en un hospital, ya que podía despertar intereses arbitrarios y propiciar grandes abusos.

          Parece evidente que el autor del Veneranda Dies conoce bien la vida en los caminos de peregrinación a Santiago, y que domina cumplidamente el libro V del Códice, lo que evidencia que se trata de textos procedentes de una misma mano. En todas las censuras encontramos equivalencias que llevan a considerar que su redactor es el mismo que la Guía del peregrino de Santiago, un defensor del verdadero peregrino, que condena a todos el que le perjudican o estafan, en la que resulta ser la visión más realista y pragmática del texto, que emana de una experiencia directa de la peregrinación, por lo que muchos concluyen que Aimeric Picaud, que vivió como peregrino compostelano estas vivencias, puede muy bien ser quien escribiera también este Sermón.

          Como mejor manera de cerrar esta exposición en que el Apóstol Santiago y el peregrino jacobeo confluyen en el Culto a Santiago, bien procede, y el Veneranda Dies se hace buen eco de ello, una invocación que resalte al Apóstol como patrón y protector de Galicia y de España entera: “¡Oh dichoso pueblo de España y de Galicia, honrado con el poder de tan gran príncipe!; exaltado no por el mérito de tu bondad, sino por el de tan glorioso Apóstol. Él te decoró, él te adornó, él te hizo feliz, él te honró. Tu noche, que no tenía día, se ha convertido en antorcha de la verdadera fe, cuyo esplendor no es posible explicar con palabras. Tú, que antes no tenías la gracia, ahora se te concede abundantemente. Antes ignorabas a tu Criador; ahora, por tu Apóstol, conoces a tu Hacedor. Antes estabas sumergida en el error; ahora has sido levantada a la fe apostólica. Antes estabas entregada a las leyes vanas; ahora has aprendido las enseñanzas de libertad. Abjuraste lo que eras y comenzaste a ser lo que no eras. Tú, que habías fabricado templos inmundos, ahora adoras al verdadero Dios. Tú, que yacías en el estiércol de la infidelidad, ahora brillas en la fe apostólica. Antes estabas como viuda; ahora estás desposada con el celeste varón. Antes eras estéril; ahora das a luz hijos. Antes estabas desconsolada; ahora, reconciliada con tu Criador. Antes estabas como oveja descarriada y sin pastor; ahora, unida al Rey celestial. Antes eras necia sin tal doctor; mas ahora estás en compañía del fiel maestro.

“Gentes gallegas, cantad vuestras nuevas canciones a Cristo;
De que Santiago venga dadle las gracias a Dios.
Viene a la grey su esperanza y el padre y amante del pueblo:
Que las ovejas gocen con el pastor que les dan.
Bajo su guía la grey pacerá por los pastos sagrados,
Aprovechando frutos de celestial simiente.
Y cuidará de los puros rediles del buen Jesucristo,
Porque serían presa de los rapaces lobos.
Con vigilante atención regirá el establo sin mancha,
Para que no padezca ni una rapiña su grey.
Defendera los corderos de hermoso vellón encerrados,
Y cuando estén dormidos los guardará despierto.
Florecerá con divino cultivo la viña lozana,
Y las maduras uvas le prestarán belleza.
Para llenar las bodegas del cielo con su eterno fruto,
De donde viva fuente fluya y las almas beban.
No las castigue la sed, que calmar con un dedo mojado
Tanto anhelaba el rico cuando pedía ayuda.
Mas a gozar las delicias del seno de Abraham sus ovejas,
Entre sus propios brazos conducirá el pastor.
Y duplicando el talento que tuvo muy bien a su cargo,
Al verdadero goce de su Señor entrará.
Y coronado con el galardón de sus méritos, digno,
En el palacio obtendrá puesto, soldado del Rey.”

Fuentes Consultadas:

1.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. El peregrino en la literatura jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 40, Nº. 3-4, 1995, págs. 379-391.

2.- Elisardo Temperán Villaverde. La liturgia propia de Santiago en el Códice Calixtino. Xunta de Galicia 1997.

3.- Liber Sancti Iacobi: Codex Calixtinus. Traducción de A. Moralejo, C. Torres, J. Feo. Xunta de Galicia. Xacobeo’99, pp 188-234

4.- Jacopo Caucci Von Saucken. O Sermón Veneranda Dies del Liber Sancti Jacobi. O Sentido e O Valor da Peregrinaxe Compostelá. Xunta de Galicia. Xacobeo 2004.

5.- Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Ediciones Bolansa 2010, Tomo 18, pp. 63-64

6.- Carlo Pulsoni. Notas sobre algunos nombres de pueblos en el «Veneranda dies». Ad Limina: revista de investigación del Camino de Santiago y las peregrinaciones, Nº. 1, 2010, pp. 151-159

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