48- Tradición armenia de Jerusalén a Compostela

          Resulta llamativo que entre los primeros peregrinos a Compostela tengan significativa presencia los venidos desde Armenia, país del Cáucaso en el extremo sur-oriental de Europa, la región más remota y distante de la cristiandad medieval, de la que llegaron peregrinos a Compostela como menciona el sermón Veneranda Dies del Códice Calixtino, en el apartado que cita los muchos pueblos del mundo que visitan Santiago. Armenia tiene sus raíces en una de las más antiguas civilizaciones del mundo, con un rico patrimonio cultural en que destaca ser la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en modo que la fe cristiana constituye un papel primordial en la historia e identidad del pueblo armenio.

          El peregrino armenio más destacado y conocido por el relato que él mismo dejó, fue el obispo armenio Martiros que, a finales del siglo XV, visitó la ciudad del apóstol, recorriendo en la península el Camino del Norte o de la costa cantábrica, y su crónica viene a constituir la primera guía de ese camino. El propio autor refleja en sus escritos ser peregrino devoto que afronta su viaje hasta el extremo de Galicia para expresar su devoción al Apóstol, lo que acredita la fama del santuario en tan lejanas tierras. Martirios se muestra en su relato como un cristiano que, aunque con tradición propia, comparte la misma devoción medieval por santos y reliquias, incluyendo la tradición jacobea. Se vislumbran además posibles intenciones diplomáticas en busca de apoyo contra los turcos, mediante entrevistas que el propio Martiros dice no poder declarar. De su paso por Compostela, en la que estuvo cerca de tres meses, describe el altar central, que identifica como la tumba de Santiago y habla de la imagen conocida por los abrazos, y el baldaquino que cubre altar e imagen. Dejó además un estudio artístico y teológico del Pórtico de la Gloria, describe la fuente de Mediodía, junto con la plaza donde «el peregrino puede encontrar todo lo que necesita, pues se vende cuanto se puede desear en medallas y rosarios». Continuó hasta el Finis Terrae, singularizándose por su insólita cita del fabuloso Vákner, animal salvaje difícil de identificar que distintos editores dudan si sería un toro, un oso, o un lobo, pero en definitiva el gran mito medieval de la Costa da Morte, un animal singularmente feroz que atacaba a los peregrinos.

          Mucho antes que Martiros, en el año 983 ó 984 acudió a Santiago Simeón, ermitaño de Polirone (Mantua, Italia) monje armenio que vivió antes como ermitaño en los desiertos de Palestina, y que fue canonizado a finales del siglo XI. Era afamada su renuncia y su santidad, así como su visita por devoción Santiago de Compostela, sirviendo de referencia precoz de la relación entre Armenia y el culto jacobeo. En el siglo XII también está registrada la visita de un arzobispo de Nínive -Irak- acompañado por varios prelados armenios, y a partir de aquí muchos peregrinos armenios fueron a Compostela junto a peregrinos de otras nacionalidades, como cita el Codex Calixtinus.

          Y es que entre Armenia y el mundo jacobeo hay, a través del tiempo y del espacio, una histórica y vieja relación con el culto a Santiago. No en vano Armenia fue uno de los países que primero abrazó el cristianismo ya en el siglo I y fueron los primeros en rendir culto a los dos apóstoles de nombre Santiago en la iglesia armenia de Santiago en Jerusalén. Judas Tadeo y Bartolomé fueron, entre los Doce, los apóstoles que evangelizaron al pueblo armenio, que adquirió oficialmente la nueva fe cristiana por obra de San Gregorio, su primer obispo, en el 301, lo que convierte a Armenia en el primer reino cristiano.

        Las raíces armenias surgen, pues, en el cristianismo primitivo, y constituyen un singular antecedente de culto jacobeo, muy anterior al hispano, en una colectividad armenia jerosolimitana consolidada desde el siglo VI pero presente desde el siglo I. Las crónicas hispanas astures y compostelanas tienen, por tanto, un antiguo y asombroso precedente en las crónicas armenias de Jerusalén, que mencionan las primeras reliquias tanto de Santiago el Mayor como de Santiago el Menor, precisamente donde su tradición sitúa el lugar donde ambos vivieron y murieron.

          El barrio armenio de la ciudad vieja de Jerusalén acoge la catedral de Santiago, sede del patriarcado de Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén. Aunque parece que fundado en el año 638 con antecedentes en los siglos V-VI, la primera constancia del templo es del siglo X, edificado por los georgianos, aunque tras la Primera Cruzada se pactó su cesión a los armenios, cuya presencia armenia en Tierra Santa se remonta a los primeros años del cristianismo. El templo fue totalmente reedificado por los armenios en el siglo XII, un templo cruciforme de tres naves y cúpula central, en que llama la atención la abundancia de adornos y antiguas lámparas de aceite que cuelgan de las bóvedas, y una en araña de 120 velas, que se enciende en las grandes celebraciones. El conjunto se enriqueció con hospedería y monasterio, venerando como mayor tesoro los restos de Santiago el Menor y la cabeza de Santiago el Mayor. Hay constancia que en los siglos XV y XVI, la hospedería recibió peregrinos de la Península Ibérica, revelando una conexión de culto jacobeo, e incluso los Reyes Católicos hicieron donación para sufragar la hospedería.

          En la nave central, en la separación del coro y el crucero, hay dos tronos enfrentados, uno con dosel representa la cátedra de Santiago, hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén. El otro trono, enfrente, es del patriarca armenio. Uno de los primeros días de enero se festeja al apóstol, y el patriarca preside la ceremonia de pie al lado del trono apostólico, como símbolo de ser el sucesor en el obispado de Jerusalén. La sepultura de Santiago el Menor ocupa el lugar preferente del templo, pues la tradición dice que bajo el altar mayor descansan sus restos, aunque sin ningún icono ni letrero que lo señale. A la izquierda de la entrada hay tres capillas pequeñas; una de ellas es la capilla de la decapitación de Santiago el Mayor, con un bello altar de mármol en cuyo hueco inferior, rodeado de seis lámparas votivas, hay un medallón en se representa la cabeza de Santiago, que la tradición dice conservada en este mismo lugar. Y un poco más adelante del altar, a la altura del suelo, hay un círculo estrellado de plata que rodea una pequeña cavidad que señala el lugar donde fue decapitado el santo. Todo ello convierte este templo, después de Santiago de Compostela, en el segundo lugar de culto jacobeo más sagrado del mundo.

          La tradición armenia sobre Santiago el Mayor, tiene su origen en los principios del siglo VII, traducidos a la lengua armenia entre los años 620 y 638. Describe que Santiago hijo de Zebedeo fue a evangelizar Hispania, que refiere como un pueblo “bárbaro, impío e inicuo”, y que a su retorno a Jerusalén continuó la predicación, debiendo enfrentarse al mago Hermógenes al que superó, lo que desata el rechazo judío que desencadena su martirio del Apóstol por Herodes Agripa. Cuenta que un ángel, después del martirio, envolvió la cabeza y la trasladó al palacio episcopal de Santiago, el hermano del Señor. Después de manifestar su gran dolor, el obispo y el apóstol Juan rindieron honores fúnebres al venerable depósito. Aquí intervienen los discípulos que habían regresado de Hispania con Santiago y que en la tradición armenia se reduce a una fiel y noble discípula, que envuelve el cuerpo en una mortaja y lo transporta secretamente al puerto de Jaffa, donde lo ata a una columna de mármol. Unos ángeles lo trasladan milagrosamente al Finis Terrae, donde es denominado como el «Dios sin cabeza«, que realiza milagros como la curación de un ciego. San Pablo acude entonces desde Roma a informar sobre la identidad del santo. Es por tanto un relato que reconoce la evangelización a Hispania justificando la permanencia de la cabeza de Santiago el Mayor en Jerusalén.

          Esta Pasión armenia de Santiago tiene mucho en común con la tradición jacobea compostelana, con la puntualización de que esta versión la conocemos a partir de dos fuentes armenias vinculadas entre sí, cuyo origen escrito parece situarse en hacia el año 638 a partir de la tradición oral. Es decir, la tradición armenia parte de una fuente autóctona. La tradición occidental y particularmente la compostelana, es fruto de una recopilación hagiográfica de distintas fuentes europeas que acaba reflejada en el Libro de Santiago, el Códíce Calixtino, después conservado en otras copias y versiones.

          En cuanto a Santiago el Menor, no salió a predicar fuera de Jerusalén, que fue una misión al grupo de los Doce, sino que permaneció en ella, donde organizó la primera Iglesia cristiana, de la cual fue su primer obispo. Murió siendo arrojado del pináculo del templo, en el año 62, como relató el historiador Flavio Josefo, denominándole “Jacobo, hermano de Jesús llamado Cristo”, lo que constituye la primera referencia no cristiana que acreditada de la existencia de Jesús. Dice el relato de su tradición que después de la Ascensión los Apóstoles eligieron a Santiago el Menor en Jerusalén como primer obispo, confiriéndole la ordenación episcopal. Estableció su sede y residencia en el Monte Sion, que se cree localizado donde actualmente está la Catedral Armenia de Santiago. Sus reliquias, sepultadas inicialmente en el Valle de Josafat (en la parte Este o árabe de la ciudad), se trasladaron a la catedral de Santiago y fueron depositadas en el punto donde actualmente está el altar mayor.

          En cierto paralelismo a la supuesta intervención protectora de Santiago el mayor en la confrontación Hispano-musulmana en beneficio de los cristianos, en 1948 se dice que Santiago también intervino, en la guerra árabe-israelí, protegiendo a la comunidad armenia, refugiada dentro de la catedral para resguardarse de los bombardeos mediante los fuertes muros del templo. Se dice que una noche especialmente bélica, más de mil proyectiles rodearon la Catedral. Algunos testimonios aseguran haber visto un personaje vestido de blanco, nada menos que el mismo Santiago, en el techo del templo, desviando con sus propias manos los proyectiles protegiendo a los suyos. Pero ¿cual de los dos Santiago?. Nadie supo precisar si fue obra de Santiago Zebedeo o de Santiago hermano del Señor, y ambas figuras constituían patrimonio común histórico de los armenios en la Ciudad Santa, en que los dos comparten por igual la protección de los armenios. Los dos murieron allí y están íntimamente vinculados con la primera Iglesia cristiana local.

          Hay por tanto un cruce entre ambas tradiciones en que se menciona a ambos Santiago. Entre las dos tradiciones, armenia y occidental, hay independencia plena, se trata por tanto de versiones distintas que coinciden en muchos elementos y que difieren en otros. Pero como elemento común básico, la mención en ambas de situar la labor evangelizadora de Santiago Zebedeo en Hispania es ya un hecho de credibilidad firme. En la evangelización de Hispania la tradición armenia avala la tradición occidental al tratarse de textos muy anteriores al descubrimiento del sepulcro jacobeo en Compostela, que puede tener un interés en atribuirse el destino de la evangelización jacobea, pero si la atribución es anterior y parte del propio origen del evangelizador, el destino hispano de Santiago queda muy consolidado.

          Pero tiene también un elemento de divergencia al referir que la cabeza de Santiago el Mayor permaneció en Jerusalén en vez de ser trasladada a Hispania con todo el cuerpo. El relato compostelano aporta en su favor comprobaciones que luego valoraremos expresamente. La tradición armenia, por su parte, nunca ha acreditado la presencia real de un cráneo que se pueda atribuir a uno, ni restos óseos que puedan asignarse al otro. Es un elemento más pragmático de la cuestión, pero que debe sustentar toda tradición de la que se quiera ofrecer algún substrato de historicidad.

          La coincidencia en el nombre de los dos apóstoles ha generado confusión entre ellos, y hasta los estudios técnicos han atribuido a uno u otro la epístola de Santiago, no faltando la postura de que fuera un tercero. De hecho la tradición oriental recoge la existencia de tres Santiago o Jacobo: Jacobo el Mayor hijo de Zebedeo que muere bajo la espada de Herodes Agripa en Jerusalén en el año 44; Santiago el hermano del Señor, apodado el Justo, arrojado desde el pináculo del templo también en Jerusalén en el año 62; y Jacobo hijo de Alfeo, identificado como “el Menor” y que murió y fue sepultado en “Marmárica”. Distingue por tanto como personajes distintos a Santiago hermano del Señor de Santiago el Alfeo, en modo que Santiago el hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén, no pertenecía propiamente al grupo de los Doce.

        La confusión se acentúa en Compostela cuando a comienzos del siglo XII se dice que el obispo de Coimbra Mauricio peregrinó a Jerusalén en un largo viaje de casi cinco años, retornando con un conjunto de reliquias entre las que decía traer la cabeza del Apóstol Santiago el Mayor. La reacción en Compostela, donde se veneraba el cuerpo completo del Apóstol, fue inmediata, precisándose desde entonces que los discípulos habían trasladado el cuerpo “con la cabeza”. La reliquia traída de Jerusalén pasó al priorato cluniacense de san Zoilo de Carrión y finalmente a León. En 1116 la reina doña Urraca se la regaló al obispo Gelmírez, que la trajo a Compostela, organizando una solemne procesión desde el milladoiro de san Marcos (Monte del Gozo) para trasladar al templo jacobeo la preciosa reliquia, que se acabará por identificar como la cabeza de Santiago Alfeo, y el arzobispo don Berenguel de Landoria ordena la ejecución en 1322 de un precioso relicario.

          La identidad de los dos Santiago hubiera quedado confusa, como un juego de trileros, pero quedó definitivamente resuelta con el hallazgo protagonizado por López Ferreiro de los restos apostólico en las excavaciones del presbiterio de la catedral compostelana, tres esqueletos identificados como los del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, con sus cráneos correspondientes. El tema quedaba además comprobado con el estudio de la reliquia de Pistoia que Gelmírez donó en 1138, y cuyo estudio a fines del siglo XIX reveló que se trataba de un fragmento de la apófisis mastoidea derecha que encaja en los huesos enterrados en Compostela, pero no en el cráneo del relicario de Santiago Alfeo. El valioso relicario era una pieza en plata sobredorada que pasó a formar parte del tesoro compostelano como su pieza más valiosa, atribuida al orfebre Rodrigo Eáns. Se incorporó a las procesiones jacobeas más solemnes por el claustro catedralicio, permaneciendo mayormente custodiada en el Tesoro de la Catedral.

          Hay por tanto una devoción compartida y bidireccional entre el Templo armenio de Jerusalén y la Catedral de Compostela, que confluye en un culto jacobeo común a través de muchos kilómetros de distancia.

          El mejor modo de finalizar este artículo con el video del padre José de Jesús Aguilar Valdés, sobre la Catedral Armenia de Santiago en Jerusalén, realizado el 17 de julio de 2019, y que nos permite ser visitante del templo que guarda culto a los dos apóstoles Santiago.

Fuentes consultadas:

1.- José Guerra Campos. Exploraciones arqueológicas en torno al sepulcro del Apóstol Santiago. Santiago de Compostela : Cabildo de la Catedral, 1983, pp. 98.

2.- Emma Falke Rey. Historia Compostelana. Ediciones Akal 1994, pp. 265-269

3.- Manuel Cecilio Díaz y Díaz. De Santiago y de los caminos de Santiago. Xunta de Galicia, 1997. Santiago el Mayor a través de los textos, pp. 73-74.

4.- Louis Cardaillac. Las dos cabezas de Santiago. La Aventura de la historia, Nº. 69, 2004, pág. 102-106

5.- Louis Cardillac. Santiago acá, allá y acullá. Miscelánea de estudios Jacobeos, El Colegio de Jalisco, 2004. Capítulo IV, Santiago de Compostela entre Roma y Jerusalén, pp. 75-90.

6.- Fernando López Alsina. La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media. Consorcio de Santiago, 2013, pp. 54-55

7.- Francisco J. Buide del Real. Armenia Jacobea. Compostellanum: revista de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Vol. 60, Nº. 3-4, 2015, págs. 593-643

8.- Rafael Lema. El extraordinario viaje de Martirios de Armenia al Finisterre (I y II). 2019
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/09/30/el-extraordinario-viaje-de-martirios-de-armenia-al-finisterre.html
https://www.adiantegalicia.es/reportaxes/2019/10/18/el-largo-viaje-de-martyr-de-armenia-al-finisterre-ii.html

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