47- Códice la Pretiosa de Roncesvalles-Orreaga

          La Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles (Navarra) y su antiguo hospital de peregrinos, ámbito de épicos acontecimientos históricos y heroicas resonancias carolingias, es uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago, pues a él llegaban muchos peregrinos de Europa cristiana tras superar la mítica y exigente travesía de la cordillera pirenaica en el trayecto fronterizo entre tierras francesas y españolas, desde las que se empiezan a divisar las primeras imágenes del monasterio navarro.

          En el conjunto arquitectónico que forma la Colegiata, sobresale la iglesia de Santa María, construida a finales del siglo XII y principios del XIII, en estilo gótico francés, con planta de tres naves y cabecera pentagonal iluminada por ventanales góticos decorados con vidrieras, y cuyo altar mayor está presidido por la imagen de Santa María de Roncesvalles, del siglo XIV, la Señora del Pirineo, una talla de madera de cedro, revestida enteramente de plata y adornos dorados, a excepción de las manos y de los rostros, sedente y sosteniendo al Niño con la mano izquierda. Realizada en Toulouse a mediados del S.XIV, es una magnífica talla gótica en que las posturas que adoptan la Virgen y del Niño introducen novedades, ya que desaparecen los esquemas simétricos y rígidos tan arraigados en las esculturas anteriores. La Virgen gira con suavidad la cabeza, abre y flexiona con naturalidad las piernas y cruza su mirada con la del Niño, el cual acaricia su pecho en actitud dinámica, logrando un conjunto de gran belleza. Despierta gran devoción entre los peregrinos de la Ruta Jacobea y entre los habitantes de la montaña navarra, venerada cada año por miles de creyentes en romerías que se suceden con la llegada de la primavera. La talla es tan hermosa y atractiva que merece el apelativo de “Preciosa” más que el códice que ahora analizaremos.

          Y es que este complejo monástico conserva y expone en su museo una pieza bibliográfica valiosa, el códice conocido como “La Preciosa”, manuscrito de comienzos siglo XIII para unos o del primer tercio del siglo XIV para otros, que recoge el ceremonial litúrgico que los canónigos practicaban al terminar el oficio de Prima en el capítulo general de la Orden de Roncesvalles durante la octava de Todos los Santos. Su nombre más apropiado es el de “La Pretiosa” por cuanto las primeras palabras que entonaba el salmista eran “Pretiosa in conspectu Domini” (Preciosa a la vista de Dios), a lo que respondía el coro “Mors sanctorum eius” (La Muerte de sus Santos), a lo que seguía una procesión del cabildo por el claustro del templo.

          El manuscrito no es uniforme ni en su composición ni en su contenido, y participaron en su redacción tres manos, lo que se traduce en tres estilos paleográficos. Se conforma por la suma de cuadernillos cosidos con hilo de cáñamo y ornamentado con pluma y pincel pintando grandes iniciales mayúsculas de distinto estilo según cada una de las tres manos ejecutoras, lo que puede explicar que el códice haya sido redactado en distintos momentos cronológicos hasta su conformación y encuadernación final.

          El contenido de este códice es muy variado, y cumplía la doble función de libro de coro y cartulario. Como libro de coro contenía los textos y fórmulas de las ceremonias litúrgicas de la colegiata. Como Cartulario contenía los documentos relativos a la fundación, los privilegios y los derechos legales del establecimiento eclesiástico.

          Se compone de distintos elementos: Relación de aniversarios en el orden del calendario romano, Martirologio, Poema histórico sobre Roncesvalles, Aniversarios de canónigos y protectores, Regla de San Agustín, Pasajes y lecciones evangélicas, Responso y oración en la imposición de hábito y otras oraciones, documento fundacional del hospital de Roncesvalles, formulario de profesión religiosa y de ingreso en la Orden de Roncesvalles, Obituario y ceremonial funerario.

          Fuera de la obra la original, este códice no fue recogido formalmente en la historiografía europea hasta el Siglo XIX, y hasta entonces no eran extrañas la referencias a él no por conocimiento directo del manuscrito sino por referencias epistolares, siendo sus elementos más conocidos y difundidos el Documento Fundacional y el poema de alabanza a su hospital.

          El poema contiene 42 estrofas goliárdicas (cuatro versos tridecasílabos que riman entre si, con ritmo trocaico y cesura después de la séptima sílaba), es decir un total de 168 versos sin figurar ni el título ni el nombre del autor, escritos en tiempo de Sancho el Fuerte y del Prior Martín Guerra que ejerció el cargo entre 1199 y 1215. Su primer editor fue el padre Fidel Fita, que publicó el documento fundacional del hospital y el poema histórico en Roncesvalles, poema histórico del siglo XIII, Boletín de la Academia de la Historia, 1883, con el título de Carmen in laudem Rosciuallidis, atribuyéndolo a don Rodrigo Ximénez de Rada (1170-1247), nacido en Navarra, Arzobispo de Toledo, Primado de España, y capitán de las fuerzas cristianas en la batalla de Las Navas de Tolosa, de quien dijo que fue un poeta, erudito en los fastos de Roncesvalles, poseedor de la Ciencia Sagrada, ingenio claro y talento sólido, corazón bello e inflamado de tiernísima caridad.

          Poco después, en 1889, el estudioso de Roncesvalles abate V. Dubarat tuvo entre sus manos el códice y nos da de él la descripción más completa hasta la fecha, en su artículo Ronceveaux, charte de fondation , poème du Moyen Âge, règle de Saint Augustin, obituaire “Buletin de la Societé des Lettres et Arts de Pau” 1888-1889.

          Ya en el siglo XX es nuevamente editado entre otros autores por J. Ibarra en 1935 en su Historia de Roncesvalles, Menéndez Pelayo en 1944 en su Antología de poetas líricos castellanos, Vazquez de Parga, Lacarra y Uría en 1948 en Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, y A. Martínez Alegría en 1973 en su obra Roncesvalles.

          Su contenido recoge datos históricos del documento fundacional y los privilegios otorgado por Sancho VII de Navarra, conocido como el Fuerte. Comienza con datos históricos fundacionales por el obispo Sancho de Larrosa con la colaboración del rey de Aragón, la fecha de su edificación, y los motivos que llevaron a elegir como emplazamiento un lugar lejano y solitario, de duras condiciones climáticas y por el que pasa el Camino de Santiago, recogiendo a muchos peregrinos que atravesaban los Pirineos por los puertos de Cize. Se relata con detalle el buen trato que se daba a los peregrinos y enfermos, sobre los que se practicaban las obras de misericordia: lavar los pies, afeitarles la barba, lavarles la cabeza y cortarles el pelo, reparar el calzado, ofrecer pan, recoger y educar a los huérfanos y atender a los enfermos. De esta atención se ocupaban mujeres honestas y piadosas. Describe las dos enfermerías del que hospital, una de hombres y otra de mujeres, ambas bien iluminadas con lámparas, con buenos lechos mullidos y bien preparados. Había baños para los internos y los acompañantes podían quedarse hasta la curación del enfermo. En caso de muerte se le sepultaba en el cementerio, de acuerdo con las prescripciones de las leyes humanas y divinas, y se encomendaba su alma a Dios. En sus últimas estrofas cita el nombre del prior contemporáneo, “Martinus”, identificado como Martín Guerra que rigió el monasterio entre 1203 y 1216, que sirve para acotar como fecha de redacción más plausible la fecha de inicios del siglo XIII.

          Su fragmento más popular es la estrofa nº 15, de los versos 57 al 60, que se citan hoy con cierta frecuencia como exponente actual de la filosofía abierta del Camino de Santiago. La propuesta es hermosa, desde luego, pero sería equivocado olvidar cual es el origen del poema y la época en que se acuña, porque quien abre las puertas al peregrino sin pedirle cuentas es una entidad religiosa medieval y cristiana, entonces las únicas entidades que ofrecían asistencia altruista a los peregrinos, poniendo en práctica las obras de misericordia en modo desinteresado. Aunque han pasado muchos siglos, este fragmento constituye la esencia de la acogida y hospitalidad al peregrino, un pilar básico de la hospitalidad jacobea tradicional.

Porta patet omnibus, infirmis et sanis,
Non solum catholicis, uerum et paganis,
ludeis, hereticis, ociosis, uanis,
Et, ut dicam breuiter, bonis et profanis.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos
no solo a católicos sino aún a paganos,
judios, herejes, ociosos y vanos;
y mas brevemente, a buenos profanos.

          Una versión traducida del poema integro que merece la pena conocer es la del pamplonés José María Iraburu Mathieu (1899-1983), abogado, poeta, escritor, investigador y buen conocedor de vida pirenaica, que a menudo escribía tras el seudónimo “Luzaide” por amor a la tierra de su madre “Luzaide-Valcarlos”. Es autor de artículos sobre el Camino de Santiago, unos de investigación y otros literarios; y es autor de relatos, poemas y comentarios históricos sobre Roncesvalles, cuyo papel y patrimonio conoce muy bien como miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Nadie mejor que él para abrir a nuestro tiempo el contenido íntegro del poema sobre el hospital de Roncesvalles que titula “Alabanzas al Instituto de Caridad de Roncesvalles”. Manteniendo la rima poética nos presenta una traducción del latín que permite comprender el significado y la filosofía del poema medieval latino.

Alabanzas al Instituto de Caridad de Roncesvalles.

Casa venerable y casa gloriosa
Mansión admirable, mansión fructuosa,
Que en los Pirineos florece cual rosa
A todos abierta y a todos graciosa.

Yo sus beneficios deseo contar
Porque todos puedan conocer y amar
La que de mil modos se puede alabar
Pues su gloria es fuente de eterno mamar.

En mis alabanzas cierto es cuanto digo,
De tantas bondades no falta testigo;
Quien la verdad huye y al error da abrigo
Del cielo y la tierra se toma enemigo.

Llámase esta noble casa hospitalaria
La de Roncesvalles. En virtudes varia,
Para el bien propicia, para el mal contraria,
Y que Dios protege por lo necesaria.

Que el omnipotente solícito cuida
De otorgar los dones que la fe la pida
Derrama sus gracias. procura comida,
Y reserva premio para la otra vida.

El Obispo Sancho fue su fundador,
Consagró a la obra su celo y su amor,
Todo a mayor gloria y a mayor honor,
De María, Madre de Nuestro Señor.

El Obispo Sancho lo era pamplonés
Y al pie de los montes Pirineos es
La Casa que él hizo; dotada después,
Por el buen Alfonso, rey aragonés.

Viendo era piadoso a la consagración
Quiso ser partícipe de su fundación,
Y fue con gran largueza, con gran devoción,
El ínclito Alfonso, rey de Aragón.

Después de la Era, el ano mil ciento
Y deben contarse setenta de aumento,
Al nuevo Hospital se dio fundamento,
Porque halle el viajero cobijo y sustento.

Sobre los rigores del tiempo invernal,
El hielo es perpetuo, las nieves igual,
El cielo brumoso y el viento glacial,
Tan sólo es tranquila la casa Hospital.

La tierra es estéril, y por tal destino,
Carecen las gentes de pan y de vino,
De sidra y de aceite, de lana y de lino,
A todos provee por amor divino.

Pero es soportable su esterilidad,
Y hasta del invierno la dura crueldad,
habiendo una fuente de tal caridad
Que aleja de todos la necesidad.

Un camino existe en su cercanía,
Que es la más famosa, frecuentada vía,
Los que van a Roma la tienen por guía,
Y los que a Santiago, por su travesía.

Aunque es en el monte donde está el santuario,
Muchos peregrinos se acogen a diario,
Males y fatigas que él hospitalario
Consuela y remedia con lo necesario.

La puerta abre a todos, enfermos y sanos,
Así a los católicos como a los paganos,
Judíos, herejes, ociosos y vanos.
Y a todos recibe como a sus hermanos.

Practicar virtudes de continuo veo,
Como entre los infieles, no hay un fariseo
Tranquilos aguardan; y a lo que yo creo
El día del juicio no habrá ningún reo.

Gran fama trasciende a su alrededor
La casa; y loado es su director,
Los ángeles gozan con este clamor,
Los demonios rugen de estéril rencor.

A cuantos mendigos aquí van llegados
Con caridad suma los pies son lavados,
Las barbas rapadas, cabellos cortados,
Y sin indecibles los demás cuidados.

Si a pobres descalzos allí contemplaras
Calzarse de cuero, a Dios alabaras,
De esta noble Casa las virtudes claras
Con todas las fuerzas de tu pecho amaras.

Hay uno en la puerta que entrega raciones
De pan al viajero. Sus obligaciones
A esto se reducen, y a las oraciones,
Porque Dios conceda muchas bendiciones.

Al que ha recibido la Casa bendita
Nunca le es negado lo que solicita,
Y aquellos remedios que den a su cuita
Es Dios y no el hombre quien los facilita.

Huérfanos acoge con materno amor,
Y a todos enseña del modo mejor,
A llenar la vida de honrada labor,
Sin usar de medios que causan rubor.

Enfermos atiende con sumo cuidado
Generosamente, siempre les ha dado,
En frutos campestres lo más delicado,
Mucho en este escrito quedará olvidado.

También hay mujeres; bondad y belleza,
En vida, costumbres, de mucha limpieza,
Cuidan los enfermos con delicadeza
Caridad solícita, acierto y presteza.

Hombres y mujeres dos distintas masas
Forman, y así ocupan separadas casas.
Como aquí los bienes no conocen tasas
Las satisfacciones nunca son escasas.

Existe una estancia bien abastecida
De almendras, granadas y fruta escogida;
Cuanta extraña clase sea conocida
De lejanas tierras ha sido traída.

De día disfrutan de la luz divina,
Y hay luces de noche, cual la matutina.
Del altar de medio, santa Catalina,
Se venera siempre con santa Marina.

Todos los enfermos duermen aquí sobre
blando y limpio lecho. Nunca sale un pobre
De no ser su propia voluntad la que obre
O hasta que del todo la salud recobre.

Las habitaciones que se les depara
Suelen estar limpias como el agua clara;
Y también un baño se arregla y prepara,
Por si algún viajero lo solicitara.

Sin ver del enfermo clase ni linaje
Hasta que repuesto prosiga su viaje,
Sus deudos y amigos hallan hospedaje,
Y el Prior ordena se les agasaje.

Si alguno fallece tendrá sepultura
Cual manda las leyes y está en la Escritura
Hay una basílica, en donde segura
Hallará descanso la humana envoltura.

Como dicho templo se halla destinado
A recibir muertos, carnario es llamado,
Que legiones de ángeles lo hayan visitado,
Por dichos de muchos resulta probado.

En medio del templo hay un oratorio,
Y por los que sufren en el Purgatorio,
Celebran el santo y expiatorio
Misterio, tan grato como meritorio.

Los que a Compostela marchan con fervor,
Llevan sus ofrendas en prueba de amor,
Viendo la basílica su traza y labor
Doblan la rodilla y cantan al Señor.

El templo presenta la forma cuadrada,
Arriba la bóveda está redondeada,
Se ve en su pináculo la enseña sagrada
Que a nuestro enemigo vence y anonada.

Lo hizo el rey navarro, de grande bondad,
Dándole en sueldos con regia piedad,
Diez mil cuatrocientos. De esta cantidad
Los réditos goza a perpetuidad.

Su madre era hija del Emperador,
Su padre fue Sancho el Batallador,
Rey sapiente y justo, del bien servidor,
Y del enemigo fiero ahuyentador.

En la Santa Casa freires y sorores
De los beneficios son dispensadores,
Renuncian al mundo, desprecian honores,
En cuanto a costumbres no los hay mejores.

El pastor de todos llámase Martino
Protector que sombra presta al peregrino,
Y así es comparable con un alto pino
Cuya savia fuera el amor divino.

Por él la limosna se otorga cumplida
Y sus propios bienes cede sin medida,
Sabe que la gloria sólo es merecida,
Por los sufrimientos que hay en esta vida.

El Señor del cielo la hacienda le ha dado
Para que use de ella como es mandado,
A rendirle cuentas quedará obligado;
Siendo ellas cabales, él será premiado.

Noto que en mi rima no estarán presentes
Otros beneficios y frecuentes,
Pero de he finarla antes que impacientes
Y cansados vea, mis caros oyentes.

Fuentes Consultadas
1.- Fidel Fita Colomé. Roncesvalles. Poema histórico del siglo XIII Madrid, 21 Diciembre 1883 http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/roncesvalles-poema-histrico-del-siglo-xiii-0/html/0099d462-82b2-11df-acc7-002185ce6064_7.html#I_0_

2.- V. Dubarat. Ronceveaux, charte de fondation , poème du Moyen Âge, règle de Saint Augustin, obituaire “Buletin de la Societé des Lettres et Arts de Pau” 1888-1889. T. XVIII, pp 277-351. http://www.xacobeo.fr/ZF2.01.pel.Dubarat.poeme.htm

3.- Vazquez de Parga, Lacarra y Uría en Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, tomo II, pp 56-59 y 66-70, Madrid 1948

4.- María Isabel Ostolaza Elizondo “El códice La Pretiosa de la Real Colegiata de Roncesvalles”, Historia. Instituciones. Documentos, Nº 7, 1980, págs. 169-214

5.- Antoni Peris Juan, El Ritmo de Roncesvalles: estudio y edición, Cuadernos de filología clásica: Estudios latinos, Nº 11, 1996, págs. 171-209

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