38- Gelmírez, primera conciencia naval hispánica

          Diego Gelmírez, prelado compostelano entre 1100 y 1140, fue una de las figuras más destacadas de la historia de Galicia y España medieval, el protagonista más influyente en el prestigio de Santiago de Compostela y máximo impulsor de la peregrinación jacobea por el Camino de Santiago. Bajo su mandato Compostela paso de ser Obispado dependiente de Braga, a Arzobispado dependiente de Roma, y sede metropolitana con jurisdicción canónica sobre Galicia, Asturias y León, alcanzando como nunca hasta entones un desarrollo y un prestigio en toda Europa.

        Fue hijo de Gelmirio, quien había adquirido su nobleza al servicio de la Iglesia compostelana bajo obispado de Diego Peláez, que le había nombrado alcaide gobernador de las Torres del Oeste, en Catoira, y de las tierras de Iria, Amaía y Postmarcos. Algunos consideran que pudo haber nacido en esta fortaleza. Pero Gelmirio poseía también propiedades en Santiago, de modo que es mas probable que en ella naciese su hijo Gelmírez, hacia el año 1068.

          Entre sus muchas aportaciones cabe citar la reanudación de las obras de la catedral románica y del inicio de otras obras y construcciones en su territorio, la consolidación de un cabildo docto y bien formado, reformando y ampliando la escuela catedralicia contratando figuras europeas de prestigio, e impulsando la formación de clérigos y canónigos jóvenes en las mejores universidades de Europa, así como promover la elaboración de obras literarias como la Historia Compostelana o el Liber Sancti Iacobi (Codex Calixtino).

          Una de sus singulares aportaciones fue el perfeccionamiento en las medidas de seguridad y defensa de las costas de la tierra de Iria, incesantemente amenazada por los ataques marítimos de piratas normandos y almorávides, como relata con detalle la Historia Compostelana. Y es que la cercanía al mar constituía entonces un verdadero riesgo de invasiones, saqueos, robos y raptos. Estos ataques a Galicia se veían favorecidos por su deficiente protección de la costa, y lejanía de los centros de poder, así como el desinterés y poca pericia defensiva. Estas incursiones marítimas, procedentes tanto del norte como del sur, se dirigían a las sedes episcopales gallegas, sobre todo la de Iria Flavia primero y luego la de Compostela, ambas en la ría de Arousa, la entrada natural a Santiago de Compostela, las llamadas tierras de Jacobsland por los vikingos y de San Yaqub por los sarracenos.

          Una opción, como hicieron otros líderes de señoríos y reinos, eran trasladar su sede a otro lugar apartado de la costa. No cabía esta solución en Santiago de Compostela, heredera de la inamovible ubicación de la tumba apostólica, sobre la que se estaba levantando una colosal catedral románica. Ya antes otros precursores de Gelmírez, como Sisnando o Cresconio, habían establecido su defensa en un diseño pasivo y estático basado en el levantamiento murallas circundantes, así como de fortalezas y castillos en lugares adyacentes estratégicos y la instalación de artilugios que cerraran el acceso del río Ulla.

          Gelmírez ideó una nueva estrategia al observar la osadía y facilidad con que actuaban los invasores que, tras el viaje de aproximación, se instalaban en las islas de la ría de Arousa, y allí descansaban y reparaban sus naves para atacar luego las poblaciones en ataques por sorpresa con saqueo y vandalismo, destruyendo por completo iglesias, demolían altares, incendiaban las villas y los palacios de los nobles, destruían bosques y ganado, y raptaban a hombres, mujeres, jóvenes, niños, que o hacían cautivos en busca de rescate, o esclavizaban o asesinaban si no obtenían ganancia con ellos.

          Gelmírez pensó entonces que una forma eficaz de combatirlos era adelantarse e impedir estos asentamientos, creando una flota de naves de guerra que les hiciese frente sin permitirles desembarcar. Ya ataques previos de piratas vikingos, normandos y musulmanes habían podido ser afrontados y contenidos por los propios marinos gallegos con sus naves de faenar, reforzadas para la ocasión con armas y soldados. Gelmírez pensó entonces que una fuerza naval más potente podría ser la solución para pacificar su territorio de cara estabilizar el tráfico comercial y prevenir y afrontar con solvencia los ataques de los piratas que periódicamente asolaban las costas gallegas. Con este nuevo concepto defensivo se genera una defensa activa, móvil y flexible mediante embarcaciones capaces de acudir a cualquier lugar de la costa, impedir la llegada de naves enemigas y evitar su desembarque, atacando a los invasores con sus propias armas y sin esperar a hacerles frente en tierra firme, además de la valioso labor de informar anticipadamente de la llegada de las fuerzas enemigas.

          Pero Gelmírez en principio no encontró a nadie capaz de encabezar esta iniciativa, ya que los constructores gallegos de naves solo eran capaces de fabricar pequeñas embarcaciones para pesca, comercio y desplazamientos fluviales o navegación de cabotaje en las costas gallegas, por lo que optó por enviar emisarios a Pisa y Génova, pues había fama de que había allí los mejores constructores de naves y expertos marinos. Con la promesa de grandes pagos y recompensas, persuadieron para que vinieran a Galicia el maestro genovés Ougerio, acompañado de operarios y carpinteros y pilotos de la ribera de Pisa, asumiendo la construcción de dos galeras, con una costosa inversión costeada por el obispo.

          La verdadera innovación de Gelmírez fue construir, en el año 1115, unos sólidos astilleros en Iria Flavia, que algunos autores entienden como ampliación de los preexistentes en época romana, cerca de la actual Padrón, convirtiéndolos en el verdadero puerto de Compostela el que hasta entonces era conocido como Porto y antes puerto del Apóstol.

          Sin descuidar la resistencia estática, Gelmírez refuerza la construcción que creara el obispo Cresconio, y que gobernó su padre, las Torres del Oeste (Catoira), con nuevas torres y refortalecimiento de sus murallas, adquiriendo un valor emblemático en la defensa territorial al convertirla en una fortaleza inexpugnable en donde edificar un puente, una capilla de nave única dedicada a Santiago y una gran torre dentro del mismo que se añadía a las seis torres ya existentes. Hoy se celebra en Catoira una romería vikinga que recuerdan las invasiones de los piratas nórdicos, aunque con valor más festivo y folclórica que de conmemoración histórica. Potencia también otras defensas costeras, como la torre y fortaleza de A Lanzada, la torre de San Sadurniño en Cambados, el castillo de Cedofeita en Pontevedra y el castillo de San Paio de Luto en Pontesampaio. Además existían en la costa una serie de puestos de vigía o avistamiento, desde las que se mandaban avisos por el empleo de espejos y hogueras, incluso campanas, mientras mandaban correos para alertar a las fortalezas y ciudades.

          Aunque no está documentado cómo eran estas galeras, hay algunas representaciones iconográficas de otras naves del siglo XII como en las Cantigas de Alfonso X el Sabio y de algunos códices bizantinos, de los que se deduce que se derivaban de las galeras birremes romanas, es decir con dos órdenes de remos y un solo remo en cada banco, dotadas de cubierta y fila de remos fuertes y de buen tamaño, hasta 12 en cada banda, manejados cada uno por dos o tres hombres. Armadas con espolón metálico en la proa, eran naves estrechas, de amplia eslora (longitud) de 25 a 30 m y manga (ancho) de 6 a 7 m, lo que les daba rapidez de movimientos; se aparejaban con amplia vela latina triangular, portando bajo la cubierta unos cien hombres de armas y las necesarias provisiones. En la Sala Naval del Museo de Pontevedra se muestran dos modelos de galeras que intentan reproducir las construidas por los maestros de Génova y Pisa, contratados por Diego Gelmírez.

          El obispo compostelano mandó preparar hombres para la lucha, partiendo luego hacia las tierras ismaelitas en operación de castigo y resarcimiento de daños, destruyendo sus bienes y sus naves, dándoles a probar su propia medicina. En el ataque se obtuvo un importante botín de oro y plata, con el que pagó Gelmírez el importe de las naves y el sueldo de la tripulación, además de la acostumbrada quinta parte como limosna para la Iglesia, mientras llevaban a los prisioneros árabes a Santiago para transportar piedra para la construcción de la catedral. Lo que en principio se concebía como una armada de defensa de la costa, pasó a convertirse en una armada de acción ofensiva, con acciones que repitió en otras ocasiones. Suponía la clara advertencia de que las futuras razzias y saqueos encontrarían cumplida resistencia, pues estas galeras construidas por Gelmírez, junto a otras construidas después y a las naves capturadas al enemigo, sirvieron para constituir una flota naval para defensa de las costas gallegas, a base de reforzar la flota compuesta por naves de pesca y de comercio con armamento y marinos militares de otra parte de Galicia, como Ferrol, adaptándolas para la confrontación bélica, con lo que consiguieron derrotar a los enemigos y ofrecer una defensa eficaz del señorío de Santiago, convirtiéndose en la primera armada organizada que se conoció en la Península Ibérica que puede considerarse precursora de la Marina de Castilla. Así Diego Gelmírez con su acertada política naval, logró restablecer la seguridad en las costas gallegas, con la consiguiente repoblación las mismas, que posteriormente generó el resurgimiento y prosperidad de las villas litorales gallegas, como Noia, Ponte Veteri (Pontevedra) y Tui.

          Por tanto y como conclusión, es justo considerar a Diego Gelmírez como el primer gobernante con una conciencia naval de Galicia, que desarrolló una estrategia defensiva integrando a las medidas estáticas de defensa la creación de una flota naval que cabe entenderse como precursora de la futura Marina de Castilla.

FUENTES CONSULTADAS:
1 Emma Falque Rey. Historia Compostelana. Ediciones Akal, 1994. Libro I, Cap XXXIII, Reconstrucción de las Torres del Oeste (pp132-133). Cap CIII, Naves del Obispo y botín conseguido por medio de ellas a los sarracenos (pp. 244-247). Libro II, Cap XXI, Naves de los sarracenos apresadas por los irienses (pp. 339-341), Cap. XXIII. Construcción de las Torres del Oeste (pp. 343). Cap XXIV Como los sarracenos quisieron atacar el castillo de Oeste y construcción de la Torre Mayor (pp. 344-345)

2 Juan José Cebrián Franco. Obispos de Iria y Arzobispos de Santiago de Compostela. Don Diego Gelmírez (1100-1140), Pp. 92-93. Instituto Teológico Compostelano 1997

3 Francisco Javier García de Castro. La Marina de Guerra de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media. Capítulo I, nº 1 Las expediciones de Diego Gelmírez y de Alfonso VII, pp. 24-29. Tesis Doctoral. Universidad de Valladolid 2011.

4 Juan José Burgoa. La Armada Gallega de Diego Gelmírez. NALGURES · TOMO VIII · AÑO 2012, pp. 75-114.

5 Manuel Flores Díaz. Castilla y el dominio del mar en la Edad Media. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia, Departamento de Historia Medieval. Cap. VI, La Marina de Gelmírez, pp. 281-284. Madrid 2016.

6 Celia Chaín-Navarro. La primera flota de galeras de España. Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. https://blogcatedranaval.com/2018/01/22/la-primera-flota-de-galeras-de-espana/ 22/01/2018

7 José Cervera Pery. La Marina de Castilla, pp 77-86. Armada Española. https://armada.defensa.gob.es/archivo/mardigitalrevistas/cuadernosihcn/13cuaderno/08cap.pdf

Esta entrada fue publicada en 38- Gelmírez, primera conciencia naval hispánica, E - PERSONAJES y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s