43- Influencia mental del Camino de Santiago en el peregrino

          Que el Camino de Santiago es una experiencia sinigual que aporta al mundo psíquico de quien la vive una abundante cantidad de estímulos y sentimientos que influyen en su personalidad y dejan un poso que habitualmente perdura para siembre, es un hecho fácilmente comprensible e identificable. Lo he podido experimentar como peregrino y como médico que he salido a peregrinar en numerosas ocasiones. Que sea un motivo de patología, como algún docto especialista propone, es una observación que está muy lejos de la realidad, acaso fruto de la deformación profesional.

      Allá por septiembre del 2007, la cuestión creo que fue inicialmente mal orientada por especialistas burgaleses de psiquiatría que, muy lejos de una perspectiva objetiva e imparcial, se lanzó a definir el “Síndrome del peregrino” o “Síndrome del Camino de Santiago”, definido como enfermedad nueva, y que catalogaba la peregrinación como una experiencia potencialmente generadora de patología mental, despachándose doctamente con la aseveración distorsionada de que el Camino de Santiago era un manicomio ambulante.

          El peregrino que, tras trescientos kilómetros andados, o mas, del Camino de Santiago, expresa un cuadro de delirio psíquico que altera su percepción y su contacto con la realidad, tenía en sí misma la enfermedad, no se la proporcionó la peregrinación. El Camino solo fue el escenario donde otras causas como la fatiga, la deshidratación, la insolación, la soledad, los temores, las fobias… o un conjunto de ellos, pudieron actuar como verdaderos desencadenantes de un proceso cuya esencia era ya parte del propio individuo.

          El llamado síndrome del peregrino o del Camino de Santiago no existe, y mucho menos como enfermedad nueva. Es un invento formulado desde una perspectiva académica fragmentadora de la realidad que busca por un lado un logro académico y por otro una temática vestida de cierta originalidad para presentar en un Congreso Nacional de Psiquiatría. El caso del peregrino con síntomas psíquicos de siempre (obsesión, paranoia, insomnio…) no conforma ningún síndrome singular que el Camino de Santiago condicione de una manera específica. La casuística reunida, parece que de 38 casos elegidos dentro de la infinidad de peregrinos que se ponen en marcha a cada momento, no autoriza a etiquetar un cuadro común en psiquiatría en donde el Camino de Santiago no es más que el escenario en el que transcurre. Hay casos en que el peregrino inicia su peregrinación con su problema mental, ya en curso o aún silente, como el caso de depresivos, bipolares, obsesiones, manías, paranoias, neurosis, etc.

          No veo difícil cuestionar clínicamente la objetividad de acuñar tal síndrome, pero lo que creo que desautoriza la cuestión es enfrentar el tema a los beneficios que el Camino de Santiago y la peregrinación a Compostela aportan y en donde cabe interpretar una relación causa-efecto objetiva a la hora de ver el Camino y la Peregrinación como su causa generadora.

        Hoy hay además investigaciones neurológicas que corroboran que el Camino de Santiago es una forma óptima para vencer la tristeza, la preocupación y la ansiedad. Caminar es ya el mejor remedio natural, y el Camino de Santiago añade una motivación histórica, cultural e ideológica que posibilita el distanciamiento de la fuente del problema y sumergirse en un entorno natural y cordial. Algunos estudios sugieren que el Camino, así vivido, es un escenario óptimo para aliviar el dolor, deshacerse del estrés acumulado y recargarnos de energía, pero además es que nuestro cerebro se libera y se regenera. Desde este planteamiento objetivo que he podido constatar como médico y como peregrino, el Camino de Santiago no solo no es generador de un supuesto síndrome patológico, sino que ofrece el escenario sanador óptimo y distanciarse algún tiempo del medio nocivo y aprender una nueva escala de valores sociales y morales que enriquecen a la persona y le dan herramientas para superar limitaciones y ansiedades. El peregrino debe enfrentarse a su fatiga y sus miedos, y el lograrlo le proporciona una compensación moral y psíquica de tal magnitud, que le liberan de tendencias a la ansiedad y la depresión. El Camino no solo no es fuente de patología sino que es fuente de recursos terapéuticos.

          El ejercicio físico y mental que la peregrinación propone, en el marco de superación y cordialidad que habitualmente el Camino proporciona, es una óptima terapia para la depresión y la ansiedad. Se ha demostrado que caminar a un ritmo sostenido favorece la liberación de endorfinas, hormonas que nos hacen sentir felices y relajados, al tiempo que reduce la producción de cortisol, la hormona del estrés. Neurocientíficos de la Universidad de Princeton han puesto de manifiesto que los efectos de una caminata saludable van más allá de la producción momentánea de algunos neurotransmisores, y afirman que caminar regularmente ayudar incluso a regenerar el cerebro y le permiten enfrentar mejor y con menos estrés los problemas cotidianos. Todo indica que cuando caminamos, en ese clima especial de peregrinación, el cerebro activa las que podríamos llamar “neuronas calmantes” que inhiben el nivel de excitación de las neuronas que son la base de las preocupaciones, las elucubraciones y el estrés, es decir son una terapia propicia contra la obsesión y la ansiedad que genera la vida cotidiana. Es decir, que la actividad física ayuda a reorganizar el cerebro, sufriendo menos la ansiedad y el estrés que en la vida diaria. Caminar mejora el mecanismo de inhibición que evita que las células nerviosas excitables se vuelvan hiperactivas.

          Los neuro-científicos de la Universidad Heriot-Watt monitorizaron a 12 persona mientras caminaban 25 minutos en un centro comercial, en un espacio verde y en una calle concurrida, con electroencefalograma móvil que medía emociones y estados como la frustración, la meditación, el entusiasmo y la atención. Demostraron que la relajación y la meditación eran más intensas cuando los sujetos caminaban por espacios verdes, y se sintieron menos frustradas. En la naturaleza el cerebro desconecta de lo cotidiano y activa lo que se llama “atención involuntaria”, propia de la capacidad de moverse libremente en un estado similar a la meditación de atención plena. Por el contrario, en las calles y centros comerciales tenemos que estar más atentos y menos desconectados de nuestras preocupaciones, sin ocasión de que el cerebro descanse.

        Cada año, más de 250.000 peregrinos de todos los rincones del planeta recorren el Camino de Santiago y a lo largo de 2017, fueron más de 301.000. Un nutrido grupo de investigadores de las universidades de Zaragoza, Barcelona, Valencia y Sao Paulo se centra a partir de 2018 en el Proyecto Ultreya, analizar sus efectos sobre el bienestar y la salud mental. Se realiza un sondeo antes de emprender el reto y otra inmediatamente después, con detalles de distancia, edad, sexo, motivación, modo de hacerlo, etc. La realización del Camino de Santiago se aproxima a la de un estado de ‘mindfulness’ o atención plena en los retiros espirituales que en ese contexto se denomina meditación trascendental. En una peregrinación sobre el Camino de Santiago hay un mayor nivel de afecto positivo, felicidad y conexión con otros que refuerzan sus valores, son capaces de mostrar una mayor gratitud y capacidad de autocuidado, se convierten en seres más empáticos y parece definirse un antes y un después en la vida de infinidad de peregrinos.

          Un estudio más ambicioso analiza si el Camino de Santiago induce efectos terapéuticos o curativos a través de su efecto sobre la salud emocional y psicológica de la mayoría de peregrinos. Para ello es importante que el analizador no sea solo un observador ajeno al Camino desde un erudito puesto de observador sino que, a pie de camino, sea capaz de empatizar comprendiendo de primera mano lo que el peregrino expresa. Lo detectado es un cambio a nivel de mejoría del estrés, depresión, ansiedad y mejorías en cuanto al afecto positivo, capacidad para poder vivir una vida satisfactoria, felicidad y, también, capacidad para poder vivir una vida más centrada en los propios valores, así como capacidad de vivir una vida más desapegada respecto a los bienes materiales, a sentir una mayor satisfacción con la vida y una capacidad a no juzgar, a aceptar el dolor y la adversidad, afrontándolos con ánimo y espíritu de superación.

          Es acreditable que el Camino de Santiago genera un beneficio psicológico evidente. La frecuente afirmación tantas veces oída de que la vivencia del camino te cambia la vida, que hay un antes y un después, especialmente si se realiza con un cierto grado de austeridad y exigencia, viene siendo tan sistemáticamente dicha y sentida por los peregrinos a través de los años; esta afirmación consiste en expresar fehacientemente que el peregrino, tras llegar a su destino y culminar la exigente experiencia de la peregrinación, se siente una persona diferente, renovada. Hay a menudo un componente religioso, o espiritual, de impulso emocional de cierta plenitud, de deseo de continuar, de fuerza interior para afrontar mejor los problemas y frustraciones de la vida diaria que a menudo pasan a segundo plano, de superación de prejuicios y de un sentimiento de satisfacción asociado a veces, al concluir la experiencia, con cierto sentimiento de nostalgia y vinculación con ese proceso mejorativo que se siente inconcluso y nos hace volver al Camino como modo de reactivar esa transformación que se busca completar y optimizar. Cabría afirmar que la vida cotidiana empobrece nuestros valores y capacidades, y que la vivencia del Camino potencia nuestros recursos y nuestros sentimientos de bienestar y satisfacción, lo que en definitiva se traduce en el hecho de que hacer el Camino de Santiago, puede traer beneficios psicológicos para los peregrinos.

          Puede argumentarse que todo ese efecto se deba a que transcurre en un ambiente vacacional de mayor relajación y contacto con la naturaleza. Pero obviamente esto no se sostiene. Es frecuentísimo que el peregrino en no pocos momentos de su peregrinación, precisamente porque es consciente de estar en el uso de sus días de vacación y descanso, en plena naturaleza, se cuestione muy firmemente que hace allí, cuando podría estar tranquilamente tomando el sol y un refresco, en la playa o en su pueblo… incluso llegando a sentir deseos de abandonar cuando la fatiga y el malestar del cansancio, el dolor articular, las ampollas de los pies, ponen a prueba su resistencia física y sobre todo su resistencia psíquica y moral. Es precisamente cuando se supera ese momento, esa contradicción, esa duda, cuando se genera una compensación moral nunca antes vivida que da relieve al sentimiento de superación y de logro, de satisfacción y de propósito de continuar a pesar de la dificultad, que empieza a verse de otro modo. El cuerpo acaba endureciéndose, sobre todo en largas peregrinaciones y entonces el espíritu vuela sobre nosotros, nos hace disfrutar de los valores paisajísticos y nos transporta a un nivel de conciencia que podría definirse como meditación trascendental, plenitud de atención al momento presente, más allá del cuerpo y sus limitaciones, en donde no existe la ansiedad ni los temores, se desarrolla la capacidad de decidir y se resaltan los propios valores y capacidades. Se siente que Dios y el Apóstol caminan con nosotros, o simplemente que nuestro espíritu está por encima de nuestro cuerpo.

        Es incluso más valorable las experiencias en que grupos conformados por familiares y personas con enfermedad mental diagnosticada, o personas con discapacidad severa acompañadas y ayudadas por un ser querido, como encuentran en el Camino de Santiago un lugar para beneficiarse de los efectos favorables del Camino, además de luchar contra el estigma social y lograr la inclusión de estas personas en la sociedad, y permitiéndoles conocer y experimentar capacidades perdidas físicamente muertas pero psíquicamente vivas, sentimientos de libertad y de superación más allá de las limitaciones.

        El Camino de Santiago está muy lejos de ser un manicomio ambulante, como gratuitamente ha propuesto algún erudito especialista, sino que está mucho más cerca de ser un gran hospital general que nos hace más sanos y mejores personas, una inmensa sala de rehabilitación que nos permite a todos los que lo transitamos, dar lo mejor de nosotros mismos. Buen Camino a todos.

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