22- Renacimiento del Camino y Papel de la Iglesia

          Un buen conocedor de la temática que este título sugiere es mi viejo amigo Jose Antonio de la Riera, a quien me gusta apodar el gaitero, no solo por saber tocarla con acierto y saber, sino porque el instrumento sintoniza bien con su temperamento, su timbre singular, su tono discrepante y autóctono, que sobresale cuanto toca hacerlo, que sabe trinar en solitario pero también se deja acompañar por el pandero, el tamboril o el bombo gallego cuando toca. Es Jose Antonio un hombre asiduo en los ámbitos jacobeos y cuando asoma no deja a nadie indiferente. Su visión y su opinión siempre interesa conocerse. Que enriquecedor es dialogar con él, sea para coincidir la mayoría de las veces o para discrepar otras ocasiones, y luego que placentero y alegre es compartir con él y con su gaita un vino en algún tugurio del camino o de la Ciudad del Apóstol.

ALGUNAS FALACIAS SOBRE EL RENACIMIENTO DEL CAMINO DE SANTIAGO
Jose Antonio de la Riera 7 de enero de 2013

          Ya que estoy en ello – y me lo pide el cuerpo, y además me importa un carallo – reproduzco aquí lo que ya expresé en público en conferencias en Madrid y Santiago de Compostela. Hay para todos, para la Administración Pública también, pero antes voy con otra “gente”. Uno siempre cree que hay que ir de frente, sobre todo cuando las convicciones (y lo que se ha vivido) son las que son. Y porque la indignación a veces supera todo lo previsible. Uno tiene, además, anchos hombros y paso largo, y hay cosas por las que no paso. Se siente. Y se dedica, muy expresamente, a la cantidad de “personal” que cree que las flechas amarillas llegaron en el papamóvil o que Manuel Fraga instaló una nueva Jerusalén en el Monte del Gozo en lugar de una ciudad-tanatorio.
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Las preguntas están en el viento, el viento del Camino, y las respuestas también. Pero dejamos dicho que debemos acercarnos al momento en que se produjo el estallido del Camino en los tiempos modernos, el inicio del glorioso renacimiento actual, para intentar acercarnos a esas respuestas. Y debo hacerlo en román paladino, así caigan chuzos de punta o amenazas de lapidación.

          Hay quien dice, y son generalmente fuentes interesadas, que el renacimiento actual del Camino se debe a factores objetivos, generados básicamente por la actuación de la Iglesia y de las administraciones públicas. Nosotros, que vivimos intensamente ese renacimiento, estamos firmemente convencidos, también por factores objetivos, de que no ha sido así en absoluto, de que mienten como bellacos y de que nada más lejos de un fenómeno que estalló a años luz de cualquier institución oficial, del tipo que fuere.

          I EL RENACIMIENTO DEL CAMINO Y EL PAPEL DE LA IGLESIA
          Esas fuentes hablan de las visitas de Juan Pablo II a Compostela como factor fundamental. Hay que decir que la visita del Papa en 1982, con un brillante discurso convocando a toda Europa a Compostela, reforzó sin duda alguna el prestigio de la meta, pero que para nada se vio reflejado en el Camino y la peregrinación tradicional. Más incidencia tuvo su segunda visita en 1989, pero para entonces ya se había producido el milagro.

          Porque el milagro del renacimiento del Camino de Santiago en los tiempos modernos, surgió de las propias entrañas del Camino, del empeño de una serie de hombres que decidieron reavivar los humildes rescoldos de la vieja llama casi extinguida del Camino de Santiago. Llama que había sabido ver hasta el propio Álvaro Cunqueiro, que en un destartalado seiscientos había recorrido un Camino abandonado a su suerte en los años sesenta. Hombres como René de la Coste Messeliere, George Bernés, Francisco Beruete y, sobre todo, Elías Valiña desde las remotas montañas de su Cebreiro.

          Elías fue el brazo armado, la mente que empuja, el gigante que subió a sus hombros el peso entero de siglos de historia para lanzarlos como un misil hacia el futuro. Moliendo kilómetros, sin horario, compulsivamente, el pequeño cura de O Cebreiro aparecía en el Camino a las horas más intempestivas señalizando, espabilando conciencias, coordinando acciones en aquel estrambótico GS blanco o en la mítica mesa de madera de San Giraldo de Aurillac, bañando de amarillo las ruta que repasaba una y otra vez sacando tiempo de donde no lo había.

          Según su sobrina Pilar: “estaba permanentemente abierto para todo el mundo, no tenía horas de despacho para el Camino, estaba permanentemente abierto, las 24 horas. Él de nada hacía mucho, hacía la vida fácil a todo el mundo, repartía juego pero cargaba personalmente con los mayores trabajos, era increíble. Todo el mundo que estuvo con él aprendió mucho, pero muchísimo”.

        Nada refleja mejor el carácter de Valiña y como se desarrolló lo que hemos denominado “milagro del renacimiento del Camino”, que la siguiente anécdota que cuenta Antón Pombo en un artículo publicado en nuestra revista Libredón, con motivo del XX aniversario del fallecimiento de Elías. Antón, ex presidente y fundador de nuestra asociación, doctor en historia y, actualmente, uno de los mayores expertos europeos del Camino de Santiago, era entonces estudiante en Compostela y habitante de esa especie de repúblicas libertarias que eran entonces los pisos de estudiantes. Él había colaborado activamente con Elías en varias ocasiones, pero ni se imaginaba lo que le esperaba cuando, en mañana de resaca colectiva presidida por un poster de John Lennon y lemas de “haz el amor y no la guerra”, llamaron al timbre en horas tempranas.

          Era el cura de O Cebreiro que, indiferente al caos que reinaba en aquella casa, se dirigió a un Antón patidifuso en estos términos: “Hola Antón, vengo con mucha prisa, pero quería que me contaras como van tus gestiones para crear la asociación de Amigos del Camino en la Provincia de Coruña.

          Desde luego, apunta Antón, no sé si algún día yo le había prometido algo así, pero del asunto no me acordaba ni remotamente, y además: ¿qué iba a hacer un estudiante de 3º curso de Historia en una ciudad con tantas autoridades, eclesiásticas y civiles, profesores de tanto prestigio y con tanta fauna intelectual al por mayor. Esto, más o menos, es lo que le dije como respuesta a Valiña, señalándole que mejor sería que se pusiera en contacto con alguien del Cabildo catedralicio, de la Universidad o de la Mafia neotemplaria, ¡yo qué sé

          -No, con esos no hay nada que hacer –me contestó muy serio- esta asociación la tienen que montar los peregrinos entusiastas, la gente que conoce el Camino y que lo quiere de verdad, gente joven como tú. Así que hazme el favor de crear la asociación de una vez, que ya tenemos muchas en el Camino comprometidas, y no puede ser que donde está Santiago no haya nada.”

          Pronto, el trabajo de Elías se reflejó en dos hitos fundamentales para el Camino: la aparición de la mítica guía roja de Everest y el comienzo de la publicación de los no menos míticos Boletines del Camino de Santiago, ambos en 1985. Tanto la guía como los Boletines fueron auténticos misiles que, viajando por toda Europa en las mochilas de los peregrinos, proclamaron la nueva de un Camino renacido. Y aquí están las estadísticas que van demostrando, paso a paso, todo lo que estamos reflejando, precisamente desde ese importante año 1985: 1985, 619 peregrinos- 1986, 1.800,-1987, 2905 – 1988, 3.051- 1989, 5.760 (visita del Papa)- 1990, 4.918- 1991, 7.274- 1992, 9.764.

          Y aquí, justo antes de 1993, nos detenemos. Las estadísticas reflejan claramente que, ni siquiera las visitas del Papa aportaron nada especial a la peregrinación tradicional a Compostela. Que fue un boca a boca, lento pero implacable, surgido de las propias entrañas del Camino de Santiago, lo que produjo ese milagro en plenos años ochenta. Pero estábamos con el protagonismo de la Iglesia y, muy particularmente, de la Catedral de Compostela en este renacimiento de la peregrinación.

Estamos en condiciones de decir que su participación fue prácticamente nula, que todo se les fue en arquear el entrecejo cuando vieron entrar en Compostela a los nuevos peregrinos de un Camino renacido, instaurar burocracias, hacer pucheros, ponerle puertas al Campo mientras los peregrinos les llevaban noticias de los amaneceres de Estella, de los atardeceres junto a la Cruz de Ferro, del lecho de paja en la humilde palloza de O Cebreiro y de extrañas señales de reconocimiento en formas de flechas amarillas. Se les vino encima, ni lo esperaban ni mucho menos esperaban a los peregrinos de un Camino renacido. Todo su empeño se fue en blindar la meta, ignorando en absoluto el Camino y, mucho más aún, ignorando también que por él se estaba acercando a Santiago lo mejor de la nueva Europa.

 Valiña, con su olivetti, tecleando los Boletines en las duras noches de O Cebreiro, sin luz muchos días y sin teléfono todos ellos, hasta el punto de tener que alquilar una habitación en Pedrafita para poder confeccionarlo por la noche, nos da noticias preciosas, como la petición por carta a Rouco Varela, arzobispo a la sazón, fechada el 5 de febrero de 1986, solicitando un albergue de acogida para los peregrinos en Compostela. Extractamos lo siguiente, que da una idea clara de la ausencia total de implicación de la catedral compostelana en todo lo que se refería al Camino de Santiago:

          “ … si están mojados ¿donde se secan?, si tienen frío ¿dónde se calientan?… aunque sea humilde, el peregrino necesita su casa. Si esto lo pueden hacer muchas parroquias del Camino, ayuntamientos, etc… con mucha más razón ese Arzobispado debe ofrecer un digno refugio a los peregrinos que, de todas las nacionalidades llega a la tumba del Apóstol”

          En las frases de Valiña se denota tristeza e indignación contenida y, también, cierta ingenuidad. No entendía que si el más humilde pueblo del Camino ofrecía lo que podía a los peregrinos mientras Compostela, la Jerusalén de Occidente, les volviera despectivamente la espalda.

          La respuesta de Rouco Varela, fechada el 22 de febrero, fue antológica, digna de un manual de diplomacia de corredoira. Recuerda mucho la conversación entre otros dos gallegos, el general Franco y el cardenal Quiroga Palacios, al respecto, en aquellos tiempos, de una posible visita del Papa y la ampliación urgente del aeropuerto de Lavacolla. El cardenal urgía a Franco a comenzar las obras de inmediato:
– ¡Excelencia, qué viene el Papa
– Eminencia: ¿Y si no viene?
– Arre carallo: ¿Y si viene?
Cuentan las crónicas que estuvieron así cuatro horas, hasta que recibieron recado de chocolate con picatostes.

          En la misma línea, Rouco Varela, le contesta así a Valiña, entre otras generalidades: “Pido al Apóstol que nos alcance el don de una conciencia viva que urja la mejor atención al peregrino y mueva las iniciativas necesarias para proporcionarle la acogida conveniente, superando los handicaps que supone el riesgo de la empresa y lanzándose a ella con decisión ilusionada”.

          Es decir, humo, y no precisamente de botafumeiro. Y cinismo todo a cien. Como muchos sabéis, 24 años después y cerrado el albergue provisional y semafórico del Seminario Menor, Compostela y su catedral no ofrecen albergue alguno a los peregrinos, salvo algunas iniciativas privadas, Pero la cosa aún fue a peor siguiendo la afamada ley del Sr. Murphy. Los dos primeros números del Boletín del Camino de Santiago del párroco de O Cebreiro se publicaron en la Delegación Diocesana de Enseñanza de Santiago de Compostela. Pero una orden tajante del canónigo delegado de las peregrinaciones, Don Jaime García, prohibió terminantemente que el Boletín se imprimiera allí dejando toda la iniciativa en precario. La respuesta de Valiña, en el propio Boletín, fue escueta: “Es lamentable”.

          Y frente esa postura oficial de pasotismo y desprecio, el heroísmo y el compromiso de algunos párrocos: el propio Valiña en O Cebreiro, José Ignacio Díaz primero en Viloria de Rioja y luego en Grañón, José María Alonso Marroquín en San Juan de Ortega…

 

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