32- Hermann Künig von Vach y el culto jacobeo en Alemania medieval

          El culto a Santiago en la cultura alemana tiene una larga tradición cuya mención se encuentra ya documentada en el siglo IX. En el siglo X se inscribe el 25 de julio como el «día de Santiago» en el calendario bávaro, y surgen las peregrinaciones a Santiago, proliferando alojamientos para peregrinos en Duderstadt, Erfurt y Frankfurt. En el siglo XIII existen ya más de 500 iglesias consagradas a Santiago. En los siglos posteriores, las regiones situadas a lo largo del Rin, las ciudades de la actual Suiza, Baviera y el Tirol se convierten en los puntos principales de culto jacobeo. El Apóstol pasa a ser el patrón de distintos gremios y se fundan numerosas hermandades jacobeas.

          Las primeras citas son del siglo X, como el de 930, un peregrino tullido del Monaterio de Reichenau, o el del franco-germano Bretenaldo. Incluso se han descubierto tumbas de peregrinos enterrados con conchas de vieira en sepulturas alemanas que parecen anteriores al siglo X. Será en el siglo XI cuando se da la gran eclosión de la peregrinación alemana. En 1072 tiene lugar una de las más famosas, la del arzobispo Sigfrido I de Maguncia. También por esos años peregrina con gran devoción el conde Eberhard de Nellenburg, que abrazó la vida monástica y alcanzó la condición de Beato. Después fue Konrad, conde de Wittelsbach, asimismo arzobispo de Maguncia (1164); luego la condesa Sofía de Holanda (1176) y Heinrich der Lówe en 1182. A partir de aquí serían burgueses, patricios y mercaderes quienes emprenderían el difícil camino hacia el sur, con abundante seguimiento y popularidad hasta la frontal oposición de Martín Lutero en el siglo XVI en el seno de su reforma protestante.

          Durante el largo viaje solían entonar cantos jacobeos o jacobslied, de los que perviven letras que expresan una gran devoción jacobea. Los peregrinos germanos contribuyeron señaladamente a la popularizaron del rito de la coronación del peregrino por el que colocaban en sus cabezas la corona metálica de la estatua románica de Santiago sobre el Altar Mayor de la catedral, como gesto de agradecimiento y satisfacción tras el largo esfuerzo. El rito es descrito por Arnold von Harff, mencionando las burlas que dicho hábito provocaba entre el resto de los romeros y que derivó en poner al apóstol el sombrero del propio peregrino, un rito emparentado con el del abrazo a la figura del apóstol en el camarín del altar mayor, que no tuvo mucho arraigo y terminó por desaparecer, permaneciendo el del abrazo.

          Entre los más célebres alojamientos de peregrinos en su viaje a la tumba del apóstol Santiago se cuenta el «Kompostellhof» en Frankfurt, inicialmente fue sede de la orden de caballería alemana y más tarde, a partir del siglo XV, residencia del elector de Maguncia, siendo mencionado en «Dichtung und Wahrheit» (Poesía y verdad), de Goethe. El complejo de edificios sufrió graves daños durante los ataques aéreos de 1944 y luego fue demolido.

          El Camino de Santiago tuvo, pues, en Alemania una gran historia en que el culto religioso o la expiación de una culpa lo que movió a la gente hacia Galicia en un viaje de unos 2500 km que exigían varios meses de peregrinación. Existieron relatos de viaje de peregrinos alemanes, y entre los más famosos los del caballero Arnold von Harff de Colonia (1499) y sobre todo los del monje Hermán Künig von Vach (1495).

          El noble Arnold von Harff de Colonia, con veinticinco años realizó una larga peregrinación a las más destacadas metas del cristianismo: Roma, Jerusalén y Santiago que afrontó en más de tres años de peregrinación. Su diario de viaje constituye un gran ejemplo de literatura odepórica, donde él mismo testimonia su doble motivación: “Para consuelo y salvación de mi alma […] pero también para conocer las ciudades, los países y las costumbres de los pueblos”. En cuanto al itinerario, partió de Venecia siguiendo una ruta terrestre hasta entrar en España por Saint-Jean-Pied-de-Port, cruzando los Pirineos hasta Roncesvalles y seguir después el clásico Camino Francés hasta Compostela y llegando luego hasta Finisterra.

          Pero sin duda el relato alemán más famoso es el de Hermann Künig von Vach, monje que escribió en 1495, en Estrasburgo, una guía de peregrinación dirigida fundamentalmente a sus compatriotas pero que durante el siglo XVI fue muy utilizada por los viajeros centroeuropeos. La terminó de escribir en el año 1495, en verso, con el título Die Walfart und Strass zu Sant Jacob, siendo editada varias veces y, últimamente, con «gran esmero», por K. Haebler, Das Wallfahrtsbuch des Hermannus Kunig von Vach un die Pilgerreisen der Deutschen nach Santiago de Compostela, Strassburg, 1899. Luego se hicieron traducciones en los distintos idiomas europeos.

Los primeros versos de la obra son una verdadera declaración de intenciones:

Yo, Hermann Künig, von Vach,
quiero, con la ayuda de Dios,
hacer un pequeño libro
que ha de llamarse «Camino de Santiago»,
En él quiero describir caminos y senderos,
y cómo ha de procurarse comida y bebida
cada uno de los hermanos de Santiago
y también citar las felonías de los taberneros”.

          Se considera “La clásica peregrinación alemana a Compostela” por excelencia y brinda información valiosa sobre la naturaleza de caminos y sendas, distancias, los lugares sagrados o de avituallamiento, los tipos de cambio de moneda, los derechos de aduana y las ocasiones donde pueden ser engañados, las comidas, los albergues y hospitales, los anfitriones y su amabilidad u hostilidad hacia los alemanes y muchos más consejos a sus paisanos. Aunque el texto es de una modesta calidad literaria, su información práctica proporciona consejo valioso sobre los problemas cotidianos de la peregrinación de esa época.

          Su itinerario comienza en Suiza, en el santuario de Nuestra Señora de Einsiedeln, un centro de peregrinación al sur del lago de Zúrich. En el viaje por recorrer, describe lo que él llama “Obere Strasse” o Camino Alto, tal vez porque comienza desde la Alta Alemania y cruza los Alpes al comienzo de su curso; en oposición a la “Niederstrasse” o Camino Bajo, que describe en el viaje de regreso, retornando a Burgos y desviando luego por el túnel natural de San Adrián, y que después de haber cruzado el oeste de Francia y los Países Bajos, regresa a Alemania por Aquisgrán.

          En cuanto al itinerario por España, entra por los pirineos por Roncesvalles y sigue básicamente el Camino Francés pero con dos variantes en las provincias de León y Lugo. En la primera de ellas, en el trayecto entre León y Astorga, Künig recomienda dejar el itinerario calixtino y no pasar por Astorga sino desviarse a mano derecha para llegar al Bierzo sin pasar montaña alguna. La descripción es bastante precisa. Advierte el monje que desde León se pueden tomar varias opciones: una subir hacia San Salvador (Oviedo), otra alternativa es caminar hacia Astorga y la tercera, que él recomienda, es que al llegar a un otero o colina con un crucero de piedra (San Martín), el camino se bifurca. Si vas a la Izquierda llegas a Astorga, “pero si sigues mi consejo, gira hacia la derecha aquí y no tendrás que subir las montañas, estas todas quedan a la izquierda. Mi consejo es evita Rabanal“. Así el peregrino sale de San Martín del Camino y tomar la ruta de Santa Marina del Rey y Benavides, y entra en el valle del Tuerto por Cogorderos o sus proximidades, para cruzar la Cepeda y entrar en el Bierzo por el valle de Tremor, concretamente a Cerezal de Tremor, siguiendo desde allí hacia Ponferrada.

          De este modo, frente a las cotas de 1500 metros de altura del paso de Foncebadón, Künig opta por un paso cercano a Brañuelas al que se accede, en suave ascenso, sin cruzar montañas y a una cota de unos 1100 metros, en territorio ameno y bastante poblado, tal como dejó escrito el monje alemán. La ruta, además de una orografía más asequible, atraviesa lugares que entonces eran relevantes; Santa Marina fue un importante lugar en que llegaría a residir el obispo de Astorga; y Benavides tuvo un notable poderío local, y en Cogorderos hubo un monasterio medieval bajo la advocación de Santiago. De este modo, dice el propio Künig: “esta ruta te llevará pronto a Bonfotat (Ponferrada) [….] y deja Astorga a tres millas a tu izquierda. Irás a través de un poblado tras otro, hay buena gente aquí, el viaje es seguro y te darán gozosos comida y bebida“.

          Y el segundo caso consiste en que, después de pasar Villafranca del Bierzo, Künig propone no subir por La Faba hacia O Cebreiro, sino dejar esta subida a la izquierda y tirar cruce a la derecha, pasando así por As Nogais, Becerreá, Baralla y O Corgo llegando tras unas 10 leguas a Lugo, en la que cita sus baños y su singularidad romana.

          Despacha rápidamente el paso por Santiago de Compostela, e inicia de inmediato el camino de retorno por la que denomina “vía baja”, desviándolos, desde Burgos, por el famoso túnel natural de San Adrián en el que actualmente se denomina Camino Vasco del Interior.

          “y llegando a Aquisgrán, allí confesarás tus pecados y darás gracias a Dios y a María por haber podido regresar con buena salud. Servirás a Dios y a María con piedad, para que disfrutes de la gracia que muchos hombres de tierras lejanas buscan obtener. María nos protege del castigo eterno y nos muestra su gracia, pobres pecadores, para que podamos morir de muerte eterna, pero para que podamos mirar eternamente a Dios, a Santiago, a todos los santos ya nuestra Santísima Virgen. Amén

Y finalmente concluye:

          “Yo, Servita de María, Hermann Künig von Vach, he compuesto este folleto llamado Camino de Santiago. ¡Que Dios nunca me deje morir y permanezca siempre cerca de Él! Lo escribí en el año 1495, el día de Santa Ana. ¡Que Dios nos preserve del castigo eterno! Amén”.

 

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