30- Castelao y el Apóstol Santiago

          Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao (1886-1950), la figura más relevante de la cultura gallega del siglo XX, fue un hombre muy polifacético en sus manifestaciones artísticas y culturales, pues fue narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante y político, además de médico obstetra, y uno de los más destacados padres del nacionalismo gallego, que mereciera ser homenajeado en el Día de las Letras Gallegas de 1964. En diciembre de 2011 la Junta de Galicia declaró su obra como “Bien de Interés Cultural Inmaterial” y La Real Academia Gallega de Bellas Artes le dedicó el Día de las Artes Gallegas 2016 por los «extraordinarios méritos artísticos» de su obra. Sus restos descansan en el panteón de gallegos ilustres en la iglesia del monasterio de Santo Domingo de Bonaval, junto a Rosalía de Castro y Eduardo Pondal entre otros.

          Puede parecer sorprendente citar a Castelao en relación al Apóstol Santiago, pero hay una vinculación de interés entre ambos por iniciativa del propio Castelao, pues el 25 de Julio del 1923 publicó en el periódico Galicia, de Vigo, un dibujo con dos viñetas. En una se veía a Santiago evangelizador con aspecto acogedor, reproducción en esencia de la estatua del pórtico de la Gloria. En el otro lado reproduce la figura de Santiago Matamoros. Y en la portada del diario de ese mismo día lucía un dibujo de Santiago Peregrino que completa la triple imagen del apóstol Santiago.

          El dibujo interior que ahora analizaré, llevaba un claro mensaje que fue muy criticado en el panorama sociopolítico. Según él, la imagen de Santiago Matamoros correspondía a una España violenta y centralizadora que identificaba con los carlistas, los monárquicos, los conservadores y en general a los opuestos a los ideales de la república, mientras que al nacionalismo gallego correspondía la imagen encarnada por el apóstol maestro, pacífico y acogedor. Finalmente a Europa le correspondía el concepto del Apóstol peregrino de la portada.

        El propio Alfonso Rodríguez Castelao lo explica así en su libro, Sempre en Galiza: “Europa representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos seus peregrinos, con esclavina e chapeu cubertos de conchas-vieras, un bordón na man dereita e un libro la esquerda, os pes descalzos e en actitude de andar tal como se ve na cume de Saint Jaques de París, a modo de Santo protector dos camiños, símbolo da alma viaxeira de Europa“.

          Continúa: “Hespaña representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos guerrilleiros da Reconquista, montado nun cabalo branco e brandendo uhna espada, terror dos sarracenos, tal como foi descrito por Alfonso X, o Sabio, na sua referencia da batalla de Clavijo; este é o Santiago Matamoros, que se venera nas iglexas hispanas a modo de patrón provincial o patrón das Hespañas“.

          Sigue: “Galiza representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos Patriarcas, sentado en maxestade, un bastón na man esquerda e un pergamino na dereita, a cabeza erguida, os ollos enfiados cara o ignoto Occidente e os beizos repetirán aquel salmo de Davide: no mar están os teus camiños e nas moitas augas as tuas sendas. Así o representou o mestre Mateo e así os esculpiu no Pórtico da Gloria, con replica no altar mayor para recibir os antiguos visitantes da sua Catedral“.

          Desde la plena admiración por la persona y la obra de Castelao, creo no obstante que yerra en el terreno jacobeo y lo toma de modo tendencioso. Es normal que así ocurra, no quiero hacer juicios de valor que pertenecen al pasado, pero si me servirá para hacer mi propia valoración. La visión general del apóstol es ciertamente triple, como es recogido en las representaciones pictóricas y escultóricas a lo largo de la historia: en primer lugar como Guerrero o Caballero (centro), generalmente en representación ecuestre y militar; en segundo lugar como Maestro, Apóstol evangelizador o Patriarca, en postura sentada, pacífica y con un libro o filacterio como expresión de conocimiento y transmisión de mensaje (derecha); y finalmente como Peregrino, con el vestuario propio del peregrino medieval, la vieira, el bordón y la calabaza (izquierda). Aunque hay representaciones intermedias que participan de una u otra imagen, puede aceptarse que éstas son las tres formas de ver a Santiago.

          No le falta a la distribución que hace Castelao una lógica teórica, pero en la práctica su exposición se sustenta en sus convicciones más personales, que expresa con propósito interesado en donde aplica lo que entiende deseable y positivo a lo propio, y lo que entiende negativo y malo lo aplica a lo ajeno, al otro. En suma, arrima el ascua a su sardina, lo que hacemos todos de un modo u otro, pero que aquí Castelao usa con gran arbitrariedad. El error creo que está en interpretar una y otra visión con distribución geográfica excluyente, en donde la visión del apóstol peregrino corresponde a Europa, la del Maestro evangelizador a Galicia, y la del Apóstol caballero y matamoros al resto de España.

          Aparcando al peregrino europeo en la portada del diario, Castelao centra la cuestión en el dibujo interior, de dos viñetas o dos dibujos paralelos, por un lado el Maestro Evangelizador al que etiqueta como “O noso”, y por otro el Caballero guerrero y matamoros que etiqueta como “O d’eles”.

          El primero, la viñeta izquierda que numera como I la subtitula como “O noso”, va vestido al modo bíblico, está sentado, sostiene en la mano izquierda un libro o filacterio judío, que representa su misión evangelizadora, apoyando su diestra en un bastón en forma de tau como símbolo de autoridad y magisterio. Su mirada refleja gran inteligencia y suma bondad. El sencillo y hermoso dibujo de Castelao viene a representar en unos pocos rasgos la figura del Apóstol Santiago del Pórtico de la Gloria, con esa figura de Padre venerable y cariñoso que cautiva y atrae.

          La contrapartida es la viñeta de la derecha, que numera como II, que etiqueta como “O d’eles” y que es justamente la antítesis de la viñeta anterior, en actitud belicosa blandiendo una espada intransigente sobre caballo casi volador, que impone y destruye. Los moros fugitivos, heridos o suplicantes, no son aquí tales, sino que más bien representan víctimas de hoy, indefensas, obligadas, sometidas, componiendo una imagen negativa y rechazable que atribuye a otros.

          Aunque esa figura que representa su fe y su labor predicadora es patrimonio común de todos los españoles y podría decirse que de todos los pueblos cristianos, el autor se lo adjudica a los gallegos, y aunque esa imagen ecuestre lo que realmente traduce es la labor protectora y liberadora de un pueblo invadido y castigado, Castelao desmerece este significado y lo reduce a una labor destructiva y malévola que asigna a otro bando que no es el suyo. Como si Galicia no hubiera tomado parte ni sufrido la Reconquista ni el enfrentamiento con el Islam, ni la destrucción de Compostela por Almanzor, ni en las luchas contra las razias sarracenas. La interpretación es injusta en sí mismo, y muy equivocada en su perspectiva, pues hay en Galicia muy abundantes expresiones y representaciones populares de enfrentamiento al islam, como puede verse en cantigas en poesía popular, coplas y romances, y sobre todo en la Iconografía jacobea de Galicia, en donde el tipo predominante es el Santiago guerrero blandiendo la espada y jinete en blanco corcel. En Galicia son muy numerosas las consagradas al Apóstol Santiago, y en ninguna falta una imagen ecuestre que no presida el tímpano de sus atrios, o una escultura de caballo y espada que con frecuencia preside las procesiones rurales, y es mucho más conocida y popular en el medio rural la imagen del Santiago matamoros.

          Mas que una interpretación objetiva y culturalmente dominada, Castelao adopta esta irreal diferenciación por intereses sociopolíticos personales y quizás por improvisación periodística ante la necesidad de aportar su cuota en modo de dibujo crítico para su periódico de tirada diaria, bajo el epígrafe común que preside ambos Santiagos de “Os dous espritus”, que aquí quieren ser el nacional y el nacionalista, en donde Castelao busca propagar una idea sociopolítica y lo que hace es manipular la imagen del apóstol, porque no ha existido nunca esa diferencia de criterios o espíritus que pueda adjudicarse a la población gallega en exclusiva, ni al resto de la española, distribuyendo al albur y a conveniencia, actitudes, sentimientos y querencias.

          La propuesta de Castelao consiste, por tanto, en asignar a Santiago Matamoros a la iglesias españolas y a las gallegas el Santiago predicador y maestro, lo que parece querer esconder (no es posible que lo desconociera) que el pueblo gallego ha erigido al Apóstol Santiago, desde antaño hasta nuestros días, multitud de imágenes ecuestres, y que el Santiago matamoros es destacado patrimonio jacobeo de Galicia y del pueblo gallego, tanto de dentro como de fuera de la península, pues en su día la Asociación Española de Santiago Apóstol de Buenos Aires, de aplastante predominio gallego, acordó hacia el primer cuarto del siglo XX, justamente la época del artículo y dibujos de Castelao, reproducir una imagen del Apóstol Santiago para celebrar los festejos del 25 de Julio. Se acordó por unanimidad, que la imagen fuese ecuestre, y se eligió el modelo del Santiago Matamoros de la Catedral de Santiago, obra maestra del escultor gallego José Gambino en el siglo XVIII, que reprodujo admirablemente el escultor Magariños en el siglo XX. Como más significativos de la Edad Media señalaremos el del tímpano de la entrada de la iglesia de Santiago de La Coruña (Siglo XIII), y el tímpano de la iglesia de Santiago de Betanzos (Siglo Xlll), pero sobretodo el conocido tímpano románico de Clavijo de la Catedral de Santiago, notablemente más antiguo que los anteriores pues se trata de una talla procedente de la rehecha basílica tras la razzia de Almanzor a finales del X, es decir, muy anterior a la catedral románica iniciada por los obispos Peláez (1070-1094) y Gelmírez (1100-1140). El culto gallego ha dado siempre destacada representación a la figura ecuestre del apóstol Santiago a través de los tiempos, desde las antiguas representaciones mencionadas hasta la talla más moderna de Santiago ecuestre que culmina el Palacio de Rajoy.

          Galicia y España entera albergan en su historia y en sus expresiones artísticas los tres prototipos de la imagen del apóstol Santiago y en particular los dos modelos del apóstol Santiago, que nos es de uno ni de otros, sino de todos y sobre todo de nuestra historia común. Que me disculpe el acreditado Alfonso Rodríguez Castelao desde su merecido descanso en el Panteón de Gallegos ilustres, pero en el tema jacobeo no estuvo nada acertado.

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