29- Herodes en la historia del cristianismo

          Con el nombre de Herodes no estamos señalando a un personaje concreto, sino a varios, más bien a una dinastía familiar, aunque han sido tres Herodes los que han tenido una relevancia histórica y en especial en el cristianismo.

          El primero de ellos es Herodes llamado el Grande que reinó en Judea entre el 37 a.C y el 4 a.C. Fue el que inició la dinastía de reyes al servicio de Roma. Destacó por su enorme inseguridad y crueldad, que le llevó a cometer multitud de abusos y crímenes por asegurar su trono. Alrededor del 19 a. C., realizó la demolición y construcción del segundo Templo de Jerusalén. También construyó teatros, anfiteatros, hipódromos, ciudadelas, fortalezas, palacios, jardines, templos en honor a César, acueductos, puertos, monumentos e incluso ciudades a las que puso su propio nombre, el de sus parientes o el de los emperadores de Roma. Reconstruyó las fortalezas de Antonia y Masada, esta última con gran lujo. Hizo obras de construcción en ciudades tan lejanas como Antioquía de Siria y Rodas. Construyó un puerto artificial en Cesárea que supuso una magnífica obra de ingeniería. Poco antes de su muerte protagonizó la matanza de los inocentes tras la visita de los Sabios de Oriente, mandando matar a los niños varones de Belén. Aunque hay controversia sobre su realidad histórica, el relato bíblico de la matanza de todos los niños varones menores de dos años de edad en Belén y sus distritos, está en armonía con otros registros históricos que hablan acerca de la iniquidad y la catadura moral de Herodes mandando asesinar a cuantos amenazaron su trono. Poco antes de su fallecimiento, sintiendo la proximidad de su fin, ordenó la muerte de su hijo Antipatro, y amargado porque intuye que nadie lamentará su muerte diseña un plan diabólico: ordena que todos los nobles de su corte sean confinados en Jericó, dejando instrucciones ocultas de que fueran asesinados a su muerte, como modo de asegurar que se lamentara su muerte, órdenes que por fortuna fueron revocadas a tiempo pero que acreditan bien la bajeza moral de este monarca.          El segundo es Herodes Antipas, hijo del anterior, tetrarca de Galilea y Perea entre el 4 a.C y el 34 d.C. Se significó en la historia bíblica porque se casó con la mujer de su hermano Herodes Felipe, hecho que fue condenado por Juan el Bautista lo que le costó ser condenado por decapitación en el trance del baile de su hija Salomé a la que prometió conceder lo que pidiera y, asesorada por Herodías, su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista. También intervino en el juicio a Cristo, recibiéndolo de Pilatos y devolviéndoselo con la decepción de no presenciar ningún milagro.

          Finalmente y en el que más nos centraremos por su vinculación con la Tradición Jacobea, es Herodes Agripa I, nieto del primero y sobrino del segundo. Fue el que protagonizó la muerte de Santiago el Mayor y el encarcelamiento de Pedro con su posterior liberación.

          El rey Herodes Agripa nació en el año 10 a.C. Su abuelo fue Herodes el Grande, rey de Judea en el tiempo del nacimiento de Jesucristo, quien por desconfiar de la lealtad de sus más íntimos, mandó matar a su propia esposa, con la que había sido feliz durante ocho años y que le dio dos hijos Aristóbulo y Alejandro. Luego también desconfió de ellos y los ajustició como había hecho antes con su madre.

          A la muerte de Aristóbulo, su madre llevó a Roma a su hijo el joven Agripa, donde llevó una vida de dispendio y derroche que le valió perder el favor de la familia imperial, y tener que abandonar Roma. En el año 36 regresó a Roma donde fue arrestado por Tiberio, pero su amistad con Cayo Calígula, le valió que al suceder éste a Tiberio en el imperio, favoreció sin medida a Agripa con valiosos obsequios e incluso lo nombró rey de Galilea y posteriormente en el año 39 le concedió también los territorios de su tío Felipe a quien exilió: Iturea, Traconite, Lisanias y Abilinia.

          Cuando Calígula fue asesinado en el año 41, Agripa se encontraba en Roma y aprovechando su trato de amistad, ayudó a Claudio a ascender al trono, y a convertirse en el nuevo César; Claudio añadió Judea y Samaria a su reino, haciéndole mucho más grande que su abuelo. En ese mismo año se trasladó a su extenso reino. Los judíos no aceptaron bien su llegada por considerar que era amigo del imperio romano y que venía con educación y maneras de romano. Descubrió entonces, asesorado por el Sanedrín, una manera de ganarse la aceptación de los judíos: perseguir a los miembros de la naciente iglesia cristiana. Fue entonces cuando mando ajusticiar al apóstol Santiago a quien condenó por traición al judaísmo, informado de que Santiago era uno de los líderes del cristianismo al que podía atacar por su punto débil, la apertura a los gentiles, inaceptable para los judíos, lo que le valió el favor de los fariseos y fanáticos de la ley de Moisés. Al ver que pudo cometer ese crimen con impunidad y obtener la aquiescencia de los judíos, decidió arrestar a Pedro durante la celebración de la Pascua, y como la ley judía no permitía ejecuciones durante esa festividad, no se precipitó como con Santiago, sino que le custodió en la prisión con intención de llevarlo a juicio después de la fiesta. Advertido de que Pedro gozaba de gran prestigio y seguimiento mandó poner fuerte guardia para que fuera vigilado intensamente por turnos, y lo encadenó con rigor, pues lo usual era encadenar una de las muñecas del prisionero a la del guardia. Con Pedro se duplicó la seguridad y ambas muñecas estaban encadenadas con un guardia romano a cada lado, y otros dos que vigilaba la puerta, todo en turnos de tres horas. La estricta vigilancia muestra que el caso era muy relevante para Herodes Agripa. El enorme gentío que visitaba la Pascua, la popularidad de Pedro y la advertencia del Sanedrín, hizo temer a Herodes que algunos de sus seguidores intentara rescatarle aprovechando la confusión que había en la ciudad. Dicen las Escrituras que un Ángel del Señor lo liberó milagrosamente y, sin pretensión de desmentir que lo fuera, el relato de la liberación de Pedro se entiende bien como un complot liberador bien preparado que sin tiempo ni espacio para rescatar a Santiago, pudo actuar con eficacia en el caso de Pedro. Pasada la fiesta y cuando iba a iniciar el juicio, Herodes no encontró a Pedro ni pudo averiguar cómo se produjo su inesperada liberación, por lo que entró en cólera al ver fracasada su estrategia, y mandó castigar a la guardia. Es muy factible que esa guardia se formara con soldados de la Cohorte Itálica que mandaba el centurión Cornelio en Cesárea Marítima, la propia sede de Herodes, pero que había acudido a Jerusalén, quizás con el propio Herodes, para reforzar la guarnición militar, como era costumbre en toda Pascua. Cornelio era un incondicional seguidor de Pedro y había recibido él y todos los de su casa, soldados entre ellos, el bautismo y la condición de cristianos. No encontraría ninguna dificultad en acreditar órdenes y documentos que indicaran el traslado del preso, y cayeran cadenas, rejas y puertas a la orden del centurión, facilitadas por sus soldados cristianos. Esta fue la trama más lógica y comprensible de la liberación de Pedro, en donde Cornelio y sus soldados, seguidores de Pedro y del cristianismo, actuaron como un verdadero ángel salvador, y hasta es viable que el propio Pedro así lo llamara para no dar señal alguna de su identidad.

          Pedro acudió entonces a la casa de la Madre de Marcos, el futuro evangelista, donde solían reunirse los cristianos, les mando que difundieran su liberación y se fue a otro lugar que las Escrituras no precisan. Un lugar discreto, casi clandestino, como la casa de Simón el Curtidor en Joppe, citado en las Escrituras, donde encontraría complicidad plena para planificar desde el puerto de Joppe la evasión del cuerpo de Santiago a Hispania una vez tratado y camuflado en un fardo de pieles, en compañía de la guardia itálica que buscaba huir de Herodes, así como la de Pedro a Roma para atender la misión de su Maestro: “Id y haced discípulos a todas las naciones y bautizadles en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles todo lo que os he enseñado…”

          La muerte de Agripa acaeció poco después, tras un episodio en que las Escrituras le asignan aceptar la adoración de los judíos como si fuera un dios, por lo que dicen las Escrituras que “Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:21-23). De nuevo la mediación de un Ángel en la muerte de Herodes que puede explicarse mejor como un proceso abdominal agudo, el llamado cólico miserere que no es más que una apendicitis aguda, mortal en esos tiempos, pues no tratada evolucionaba inevitablemente a una perforación peritoneal y muerte por septicemia en pocos días. El libro apócrifo las Virtutes Ioannis añade sobre la muerte de Herodes Agripa: “Viviendo una vida indigna, murió con una muerte digna”, es decir, merecida.

          Para cerrar el ciclo cabe aún mencionar a un cuarto Herodes con papel bíblico, Herodes Agripa II, hijo del anterior, nacido en Roma el 27 d.C. y educado al cuidado del emperador Claudio. Era aún muy joven cuando murió su padre por lo que Claudio no permitió que asumiera el mando del reino que volvió a ser provincia romana. Con los años llegó a concedérsele condición real de otras provincias. Su intervención más conocida es su encuentro con San Pablo (Hch 25.13-26.32), a quién expresó su disposición a convertirse al cristianismo, y posiblemente lo hubiera hecho de no haber sido por presiones políticas y familiares. Con él se extinguió la rama judía de la dinastía herodiana.

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Una respuesta a 29- Herodes en la historia del cristianismo

  1. JA Valdez dijo:

    Una maravilla…leer los Hechos de los Apóstoles con tus ojos coloca todo dentro de la razón y de la historia. Gracias

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