39- Pero Meogo y el ciervo como símbolo amoroso

          Poeta galaicoportugués del que apenas se conocen datos biográficos, aunque se asume que fue un juglar gallego del siglo XIII; algunos especulan que fuese juglar-clérigo, interpretando el origen de su apellido. La prueba indirecta de la imitación literaria de una cantiga de don Denis («Levantou-s’a velida») de la quinta cantiga de Pero Meogo, («Levou-s’a louçana, levou-s’a velida»), parecen situarlo, no en el reinado de don Denis (1279-1325) como se pensó en principio, sino en el de Alfonso X el sabio (1252-1284) y Alfonso III de Portugal (1248-1279), es decir, en el tercer cuarto del siglo XIII, momento de los trovadores más conocidos, como Nuno Fernandez Tomeol, Meendinho, Martin Codax y Joham Zorro, momento de madurez y maestría técnica en que encaja bien Pero Meogo. Analizando el Tumbo C de la catedral de Santiago, José Antonio Souto Cabo cree objetivo identificarlo en Petrus Moogus, registrado en 1260 y 1261, como clérigo-presbítero en la parroquia de S. Simão de Ons de Cacheiras (Teo), en las inmediaciones de Compostela, de donde sería natural, en donde aparece asociado a otros clérigos de ámbito trovadoresco, que permite incluirle en los encuentros entre juglares, segreles y trovadores que solían producirse en la ciudad del Apóstol. Es una propuesta plausible y documentada que requiere más investigación.

          Los cancioneros galaico-portugueses conservan nueve cantigas de amigo con el nombre de Pero Meogo, en donde lo más diferenciador son sus escenas amatorias de ciervos en fuentes a las que acuden, donde el ciervo simboliza la virilidad, la fuente la fertilidad, con un mensaje global sentimental en que predomina el deseo sexual. Para esta singular combinación del motivo del ciervo/amante y la necesidad de ofrecer una excusa a la madre de la amada se ha acuñado un género distintivo como el de cantigas de cazador, en donde el ciervo representa al amante añorado. Se trata de poemas que combinan la lírica más emocional y erótica con un extraordinario refinamiento formal y simbólico, por lo que han sido considerados como auténticas cumbres en su género.

          De la producción de este autor, nos llegan las nueve cantigas contenidas en el cancionero de la Vaticana (números 789 a 797) y en el de Colocci-Brancuti (números 1184 a 1192) dispuestas en ambos cancioneros en el mismo orden, y su poesía se ha considerado a medio camino entre la narrativa y la lírica. Hay consenso entre los críticos de su obra en entender que sus nueve cantigas son un conjunto narrativo sobre una historia de amor en forma lírica con una unidad estilística, y con una secuencia de acción que conforma un pequeño drama, con tiempo, espacio, personajes y acción dramática. Cabe incluso imaginar una escenificación teatralizado de las cantigas de Meogo, pues se percibe una estrategia teatral que alterna elementos que van de lo lírico a lo dramático, de lo elegíaco a lo humorístico, de lo erótico a lo sentimental, como un divertimento erótico festivo en crítica a los códigos morales de la época.

          Cantiga I. Planteamiento.
          En esta primera cantiga se inicia la trama argumental como un conflicto sentimental al haber concertado un encuentro con el amado (amigo) en la fuente donde los ciervos van a beber, pero al que la amiga dice que no acudirá por obediencia a la madre que quiere proteger la virginidad de su hija, y a pesar del enojo del amigo. Domina una tensión dramática entre madre e hija, con el dilema entre la obediencia materna y la promesa hecha al amigo. El ciervo es aquí símbolo del sexo masculino, y por tanto, del enamorado, y la fuente juega un papel femenino, receptivo, como espacio de encuentro amoroso. Se intuye la mentira simulada con el significado de que por encima de las convenciones sociales, está el deseo de ir adonde el amigo la espera.

1. O meu amig’, a que preito talhei,
con vosso medo, madre, mentir-lh’-ei:
e, se non for, assanhar-s’-á.

Talhei-lh’eu preito de o ir veer
ena fonte u os cervos van bever:
e, se non for, assanhar-s’-á.

E non hei eu de lhi mentir sabor,
mais mentir-lh’-ei con vosso pavor:
e, se non for, assanhar-s’-á.

De lhi mentir nen un sabor non hei;
con vosso med’a mentir-lh’haverei:
e, se non for, assanhar-s’-a.

1. A mi amigo, al que estoy obligada,
por miedo a vos, madre, tendré que mentirle:
y si no voy, se enfadará conmigo.

Le prometí que lo iba a ver
a la fuente, donde los ciervos van a beber:
y si no voy, se enfadará conmigo.

Y no encuentro yo en mentirle placer,
pero he de mentirle por miedo a vos:
y si no voy, se enfadará conmigo.

En mentirle ningún placer encuentro,
por miedo a vos tendré que mentirle:
y si no voy, se enfadará conmigo.

          Cantiga II. Despecho
          En la cantiga segunda continúa el monologo y descubre que la hija mentía al decir que no iría al encuentro con el amado, pero confiesa que fue él quien no acudió, con la consecuente espera y despecho de la amiga tanto por el desaire del amigo como por la conciencia de haber desobedecido a la madre en vano. Predomina el resentimiento en su orgullo femenino por no asistir el amado a la cita convenida, siendo ella tan hermosa y siendo el lugar de encuentro tan apacible e idílico. Interpreta como una burla que el amante la tome por tonta, y enseguida se expresa una impaciente ansiedad por la espera en que se detecta que la hija está perdidamente enamorada del amigo.

2. Por mui fremosa que sanhuda estou
a meu amigo, que me demandou
que o foss’eu veer
a la font’, u os cervos van bever.

Non fac’eu torto de mi lh’assanhar,
por s’atrever el de me demandar
que o foss’eu veer
a la font’, u os cervos van bever.

Afeito me ten ja por sandía,
que el hoje non ven, mas envía
que o foss’eu veer
a la font’, u os cervos van bever.

2. Muy hermosa pero ensañada estoy
con mi amigo, que me pide
que yo lo vaya a ver
a la fuente, donde los ciervos van a beber.

No hago mal en enfadarme con él
por atreverse a pedirme
que yo lo vaya a ver
a la fuente, donde los ciervos van a beber.

Seguro que me tiene por tonta,
él hoy no viene mas pretende
que yo lo vaya a ver
a la fuente, donde los ciervos van a beber.

          Cantiga III. Distanciamiento
          Queda sobrentendido el acuerdo de una nueva cita, a la que ahora será ella quien no acuda, no tanto para cobrarse el desplante recibido como por despertar celos en el amado, en actitud de distanciamiento para conseguir una evidencia a la propuesta de su amor que todavía no se ha visto correspondido, y avivar el amor por la pena de la ausencia. En las dos primeras estrofas la hija declara a la madre como su más cercana confidente, con cierto aire de triunfo, que el amigo va herido de amor por ella, aunque pronto vacila su convicción al plantear la duda del riesgo de huida del amado o su posible muerte en el mar, que supondría su pérdida definitiva. Se ve el mar como hostil que impone la separa del amado o que se lo arrebata. Quizá el amigo se embarque desafiando la muerte guerreando contra el moro. Es la madre quien a continuación interviene previniendo a la hija del riego de engaño, rememorando su propia experiencia en que también ella amó a un amigo que se fingió apenado como ardid para alcanzar su objeto.

3. —Tal vai o meu amigo, con amor que lh’eu dei,
come cervo ferido de monteiro del-Rei.

Tal vai o meu amigo, madre, con meu amor,
come cervo ferido de monteiro maior.

E, se el vai ferido, irá morrer al mar;
si fará meu amigo, se eu del non pensar.
…………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………

—E guardade-vos, filha, ca ja m’eu atal vi
que se fez mui coitado, por guaanhar de min.

E guardade-vos filha, ca ja m’eu vi atal
que se fez mui coitado, por de min guaanhar.

3. —Así va mi amigo con el amor que le di,
como ciervo herido por montero del rey.

Así va mi amigo, madre, con mi amor,
como ciervo herido por montero mayor.

Y, como va herido, irá a morir al mar;
así hará mi amigo, si yo no pienso en él más.

…………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………

—Tened cuidado hija, que yo esto ya lo he visto,
se hace el cuitado para ganar mi confianza.

Tened cuidado hija, que yo ya me vi en esto,
se hace el cuitado para mi confianza ganar.

          Cantiga IV. Lamento
          El distanciamiento propuesto desata en esta cuarta cantiga un sentimiento de pesadumbre en la amante, un sentimiento de desolación inesperada por la ausencia del amado, por lo que se dirige a las ciervas solicitando su consejo ante el temor aflictivo de una demora incierta y prolongada. Es la cantiga de la queja o lamento, en que la amante invoca a quienes en la naturaleza por sintonía pueden ser capaces de hacerse eco de su dolor.

4- Ay, cervas do monte, vinvos preguntar,
foyss’o meu amigu, e se ala tardar,
qué farey, velidas!

Ay, cervas do monte, vínvolo dizer,
foyss’o meu amigu, e querría saber
qué faría, velidas!

4. Ay, ciervas del monte, vine a preguntaros:
se fue mi amigo, y si allá se demora,
¡qué haré, hermosas!

Ay, ciervas del monte, vine a decíroslo,
se fue mi amigo y quería saber
¡qué haré, hermosas!

          Cantiga V. Expectación.
          Al fin hay noticias del amigo y como excepción especial un narrador nos cuenta que la amada, ante la expectante llegada del amado, se esmera en prepararse para recibirle, yendo a la fuente a lavar sus cabellos e inmersa en desbordante felicidad que impregna toda la cantiga. Esta quinta cantiga que Pero Meogo sitúa en el centro de su cancionero, concluye con dos estrofas que encierran el secreto alegórico de la acción: El amigo se identifica en el ciervo montaraz, que acude a la fuente de agua clara. Pero en contraposición a la actitud apacible de la doncella, llevado de impetuosa e impaciente fogosidad, resuella y escarba con sus pezuñas el fondo y revuelve el agua, sugiriendo claramente la acometividad sexual masculina. El tema del encuentro amoroso queda nuevamente replanteado inmerso en alusiones eróticas.

5. Levou-s’a fremosa, levou-s’a velida,
vai lavar cabelos, na fontana fría,
leda dos amores, dos amores leda.

Levou-s’a fremosa, levou-s’a louçana,
vai lavar cabelos, na fría fontana,
leda dos amores, dos amores leda.

Vai lavar cabelos, na fontana fría,
passou seu amigo, que lhi ben quería,
leda dos amores, dos amores leda.

Vai lavar cabelos, na fría fontana,
passa seu amigo, que a muit’amava,
leda dos amores, dos amores leda.

Passa seu amigo, que lhi ben quería,
o cervo do monte a augua volvía,
leda dos amores, dos amores leda.

Passa seu amigo, que a muit’amava,
o cervo do monte volvía a augua,
leda dos amores, dos amores leda.

5. Se levantó la hermosa, se levantó bellida,
se va a lavar el pelo en la fontana fría,
alegre de amores, de amores alegre.

Se levantó la hermosa, se levantó lozana,
se va a lavar el pelo en la fría fontana,
alegre de amores, de amores alegre.

Se va a lavar el pelo en la fontana fría,
pasa su amigo, que bien la quería,
alegre de amores, de amores alegre.

Se va a lavar el pelo en la fría fontana,
pasa su amigo que mucho la amaba,
alegre de amores, de amores alegre.

Pasa su amigo, que bien la quería,
el ciervo del monte el agua movía,
alegre de amores, de amores alegre.

Pasa su amigo, que mucho la amaba,
el ciervo del monte movía el agua,
alegre de amores, de amores alegre

          Cantiga VI. Dicha por el retorno
          En esta cantiga la propia amante expresa un sentimiento de felicidad colmada por la presencia del amado, evocando su amor. Si en la cantiga cuarta la desolada amante invoca a las ciervas del monte, ahora, rebosante de sentimiento amoroso, se complace en rememorarlo en comunión con las criaturas más cercanas, evocando la fogosidad de “os cervos bravos” frente al remansa de receptividad femenina de las ciervas, de modo apasionado y en estrecha asociación con el emotivo escenario y con una evidente carga erótica en que se desprende una predisposición de la amada a someter su libertad a la voluntad del amigo, aunque finalmente con un velado reproche de que el amigo pasara sin acercarse a ella. La amante, madura de amor, está a punto de sucumbir, pero la unión camal aún no se ha consumado, aunque la entrega parece inminente.

6. Enas verdes hervas,
vi anda-las cervas,
meu amigo.

Enos verdes prados,
vi os cervos bravos,
meu amigo.

E con sabor delas
lavei mias garcetas,
meu amigo.

E con sabor d’elos
lavei meus cabelos,
meu amigo.

Des que los lavei,
d’ouro los liei,
meu amigo.

Des que las lavara,
d’ouro las liara,
meu amigo.

D’ouro los liei
e vos asperei,
meu amigo.

D’ouro las liara
e vos asperara,
meu amigo.

6. En las verdes hierbas,
vi andar a las ciervas,
amigo mío.

En los verdes prados,
vi a los ciervos bravos,
amigo mío.

Y disfrutando de ellas
lavé mis trenzas,
amigo mío.

Y disfrutando de ellos
lavé mis cabellos,
amigo mío.

Después de lavarlos,
con oro los trencé,
amigo mío.

Después de lavarlas,
con oro las trenzaba,
amigo mío.

Con oro los trencé
y os esperé,
amigo mío.

Con oro las trenzaba
y os esperaba,
amigo mío.

          Cantiga VII. Entrega inminente.
          La inminencia de la consumación es ahora el motivo del encuentro entre hija y madre, y la situación conflictiva entre ellas se hace más tensa. La madre intuye la situación y representa la amonestación reflexiva que busca detener o retardar el desenlace, pues desea la seguridad de la hija, mucho mejor garantizada a través del matrimonio, aunque en el fondo consciente de que la suerte está echada, una suerte querida y aceptada. Se entrevé que el enlace del sacramento no parece posible por diferencia social de las partes y quizás también alguna lejana añoranza del autor. No obstante la hija intenta justificarse ante la madre. La cantiga es un monologo en que supone que la madre está presente, y en que la hija pregunta a la madre y tal vez a sí misma si el amigo podría hablar con ella en su presencia, deduciéndose que el impedimento no sería sólo para el amado, sino también, y quizá aún en mayor medida, para la amante. Se trata, pues, de una pregunta que intuye una negativa, por lo que la hija termina por declarar su decisión irrevocable de acudir a la fuente donde van los ciervos del monte, anunciando que la entrega es inminente.

7. Preguntar-vos quer’eu, madre,
que mi digades verdade,
se ousará meu amigo
ante vós falar comigo.

Pois eu migu’hei seu mandado,
querría saber de grado,
se ousará meu amigo
ante vós falar comigo.

Irei, mia madre, a la fonte,
u van os cervos do monte,
se ousará meu amigo
ante vós falar comigo.

7. Preguntaros quiero yo, madre,
que me digáis la verdad:
¿se atreverá mi amigo
ante vos a hablar conmigo?

Ya que recibí su recado,
querría saber de grado:
¿se atreverá mi amigo
ante vos a hablar conmigo?

Iré, madre mía, a la fuente,
a donde van los ciervos del monte.
¿se atreverá mi amigo
ante vos a hablar conmigo?

          Cantiga VIII Conclusión.
          En esta cantiga la madre, hasta ahora como trasfondo mudo, entra en escena. La decisión anunciada por la hija se ve confirmada ahora por la madre y la consecuencia es un hecho: la virginidad perdida. La madre reprocha resignadamente a la hija desoír su consejo. Como mujer experimentada y quizá antaño en situación similar a la de la hija hogaño, se solidariza con ella como fatal repetición del suyo.

8. Fostes, filha, eno bailar
e rompestes i o brial:
poi-lo cervo i ven,
esta fonte seguide-a ben,
pois o namorado i ven.

Fostes, filha, eno loír
e rompestes i o vestir:
poi-lo cervo i ven,
esta fonte seguide-a ben,
pois o namorado i ven.

E rompestes i o brial,
que fezestes ao meu pesar:
poi-lo cervo i ven,
esta fonte seguide-a ben,
pois o namorado i ven.

E rompestes i o vestir,
que fezestes a pesar de min:
poi-lo cervo i ven,
esta fonte seguide-a ben,
pois o namorado i ven.

8. Fuiste, hija, y con el bailar
rompiste el brial:
ya que el ciervo de allí viene,
esta fuente seguidla bien,
ya que el enamorado de allí viene.

Fuiste, hija, y con el roce
rompiste el vestido:
ya que el ciervo de allí viene,
esta fuente seguidla bien,
ya que el enamorado de allí viene.

Y rompiste allí el brial,
lo hiciste a mi pesar!:
ya que el ciervo de allí viene,
esta fuente seguidla bien,
ya que el enamorado de allí viene.

Y rompiste allí el vestido,
lo hiciste a pesar de mí!
ya que el ciervo de allí viene,
esta fuente seguidla bien,
ya que el enamorado de allí viene.

Cantiga IX.
Cantiga dialogada entre madre e hija que constituye una dramatización de la mentira por amor y en la que Pero Meogo culmina su arte poético. La madre que abre y cierra el diálogo es la parte más importante del coloquio. No es una madre confidente que se limita a escuchar las quejas amorosas de la hija, sino que interviene activamente inquiriendo y apelando a la hija, y es su actitud lo que desencadena la respuesta de la hija. Es pues un dialogo a dos bandas entre posturas contrarias. Entre las intervenciones se intercala el estribillo o refrán, que no pronuncia nadie del diálogo sino que indican al lector desde el principio que la madre sabe que la hija miente. La madre interpela a su hija “bella y joven”, dulcificando su interrogatorio con un toque afectivo en la primera estrofa llamándola bella y en el segundo lozana, revelan afecto y complicidad así como preocupación por su bisoñez, con el expresivo recurso literario del paralelismo. La hija responde reconociendo su retraso, e insertando aquí la figura retórica del ciervo, que ha enturbiado el agua y ha tenido que esperar para recogerla, para improvisar una explicación falaz que implica evidentes connotaciones amorosas y que reitera para dar más consistencia al argumento y al retraso. Lo que da la madre entonces no es una respuesta sino una reflexión sobre su sospecha que refleja amargura y decepción por verse mentida por la hija, a la que siente alejada de su control maternal que ve sustituida por el del amado. La madre, en esta cantiga que cierra el ciclo de las precedentes.

9. —Digades, filha, mia filha velida:
porque tardastes na fontana fría?
Os amores hei.

Digades, filha, mia filha louçana:
porque tardastes na fría fontana?
Os amores hei.

—Tardei, mia madre, na fontana fría,
cervos do monte a augua volvían.
Os amores hei.

Tardei, mia madre, na fría fontana,
cervos do monte volvían a augua.
Os amores hei.

—Mentir, mia filha, mentir por amigo!
Nunca vi cervo que volvess’o río.
Os amores hei.

Mentir, mia filha, mentir por amado!
Nunca vi cervo que volvess’o alto.
Os amores hei.

9. —Decidme, hija, hija mía bellida:
¿por qué tardaste en la fontana fría?
Amores tengo.

Decidme hija, hija mía lozana:
¿por qué tardaste en la fría fontana?
Amores tengo.

—Tardé, madre mía, en la fontana fría,
ciervos del monte el agua movían.
Amores tengo.

Tardé, madre mía, en la fría fontana,
Ciervos del monte movían el agua.
Amores tengo.

—Mentir, hija mía, mentir por amigo!
nunca vi ciervo que moviese el río.
Amores tengo.

Mentir, hija mía, mentir por amado!
nunca vi ciervo que moviese el alto.
Amores tengo.

En las cantigas de Pero Meogo hay una emoción creadora que surge de la llama del deseo y su impulso vivo e irreprimible con un discurso poético de tono melancólico y un ritmo musical que las hace intemporales.

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2 respuestas a 39- Pero Meogo y el ciervo como símbolo amoroso

  1. Abel de Jesus de Sousa Máximo dijo:

    ~tenho arquivado Tradição Jacobina~bem haja Al-berto

  2. Luis Troca de Castro dijo:

    estoy trabajando en un proyecto que es simbologia de los caminos en la edad media iria fabricado en la fachada de una casa en azulejos. Templarios como guardianes de los Caminos (Frances, Via de la Plata, Camino Portugues, Primitivo y otros Al lado izquirtdo de la casa irian unos mapas señalando los hitos mas significativos y al lado ferecho irian escudos de las ordenes militares y otros. Masones como constructores de catedrales prerromanicas, rromanicas y goticas en todos esos Caminos. Me interesa desde el juego de la Oca como narraciones en piedra.Abel de Jesus de Sousa Maximo

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