26- Simón el Curtidor y el cuerpo del apóstol Santiago

          Uno de los escollos propuestos como insuperable por los críticos de la Tradición Jacobea es la conservación del cuerpo del apóstol Santiago en el largo viaje que supondría el traslado del cadáver desde las tierras de Palestina a las de Hispania. Se ha expuesto como un problema insalvable que haría imposible la realización del viaje. El obstáculo toma otro cariz al considerar a un personaje clave expresamente citado en los Hechos de los Apóstoles como es Simón el Curtidor. Su importancia estriba tanto en su labor profesional y su vinculación con el naciente cristianismo, como en su estratégico lugar de residencia. Se trata de un personaje que vivía en Joppe y en cuya casa se hospeda el apóstol Pedro durante una larga estancia.

          La importancia de la ciudad de Jaffa (Joppe, Yafo), viene de la antigüedad, y se debe principalmente a la presencia de su puerto natural sobre el Gran Mar, el Mediterráneo, puerto del que salían las embarcaciones rumbo a todo el mundo conocido, de antigua importancia estratégica tanto comercial como militar, pues su altura de unos 40 metros sobre el nivel del mar ofrecía una vista privilegiada de la bahía y de todo su contorno. A él llegó la madera de cedro del Líbano, necesaria para la fabricación del Templo de Jerusalén en la época del Rey Salomón. De él partió la nave que Jonás tomó hacia Tarsis tratando de huir del mandato del Señor de ir a Nínive como profeta. Y a él acudían infinidad de peregrinos como punto de entrada a Jerusalén, incluso dando nombre a una de las siete puertas de su vieja muralla, la que daba acceso a su lado occidental, puerta de Jaffa, ya que esta ciudad portuaria era el acceso a la Ciudad Santa.

          Los Hechos de los Apóstoles reflejan que en aquellas inmediaciones había comunidades de hebreos creyentes en Cristo a los que Pedro visita para fortalecerlos en la fe. Allí acontecieron hechos importantes para el cristianismo y desde allí salió Pedro hacia Cesárea Marítima para atender la llamada del centurión Cornelio.

         La profesión de curtidor, que los judíos debieron aprender durante su cautiverio en Egipto, no tenía ningún prestigio entre los judíos, a causa del contacto con cadáveres y pieles que debía conservar, y la tradición hebrea consideraba un oficio inmundo y degradante. El Talmud lo consideraba peor que quien se dedicaba a recoger heces de perro, que eran necesarias para el proceso de curtir. Como además utilizaba agua marina en sus tareas y debido a los malos olores del proceso, su negocio y su casa estaban situados cerca del mar, a las afueras de la ciudad, algo apartado del resto de viviendas de la población al ser considerada una profesión impura y puesto que la ley judía prescribía guardar por lo menos cincuenta metros de distancia de las otras casas de la villa. Pese a todo, Pedro no tuvo reparos en alojarse allí, superando los prejuicios judíos y con la ventaja de tratarse de un lugar discreto. Un curtidor era capaz de tratar y conservar un cuerpo animal y por tanto también uno humano, mediante procesos de deshidratación y secado, y realizaban su labor en un ambiente apartado y de cierta clandestinidad, muy cerca del mar por su necesidad de abundante agua en el tratamiento de las pieles. Las escrituras revelan que la casa de este curtidor fue un núcleo importante del cristianismo: “…que hagan venir a Pedro, que se hospeda con Simón el Curtidor, que tiene su casa junto al mar”. La casa de Simón es pues un lugar de residencia de Pedro y posiblemente de los apóstoles, superando el prejuicio judío de la supuesta impureza de la labor de curtidor, y donde tuvieron lugar algunos acontecimientos relevantes para el devenir del naciente cristianismo.

          Pedro ha visitado a las comunidades de Lida y Joppe, comunidades judeo-cristianas dependientes de Jerusalén. En Lida (Lod), Pedro se encuentra con Eneas, paralítico desde hacía ocho años y a quien sana milagrosamente, ganando con ello muchos adeptos a la causa. Y es requerido a continuación en Joppe por la enfermedad de Tabita (o Dorcas), una discípula que «abundaba en buenos hechos y en dádivas de misericordia»; muere antes de su llegada y Pedro la devuelve a la vida invocando el poder de Cristo, logrando de nuevo gran repercusión local y numerosa conversión de gentes.

          A causa de estas conversiones Pedro decide permanece allí muchos días para consolidar el crecimiento en la comunidad de creyentes, y lo hace hospedándose en la casa de Simón el Curtidor por expreso deseo del dueño, que implica poner al servicio del cristianismo su casa como soporte evangelizador y, llegado el momento, sus conocimientos en el tratamiento de cuerpos y pieles, que será tan útil ante la necesidad de conservar un cuerpo que debe ser evacuado clandestinamente, como ocurrirá poco después con el Apóstol Santiago.

          Residiendo en esta casa será entonces cuando acontecen dos hechos importantes. En la azotea de la casa Pedro decidió la apertura a los gentiles, tras una vivencia singular que las escrituras relatan como un éxtasis visionario de animales puros e impuros, que le descubre que no debe considerar profano o impuro ningún alimento animal ni tampoco a ningún hombre que acepta la nueva fe aunque no fuera judío. Hospedado en esta casa Pedro comprende la vocación abierta del cristianismo y toma algunas decisiones relevantes para el futuro, lo que acredita que este lugar proporcionado por Simón el curtidor queda muy integrado con el movimiento apostólico y la nueva doctrina, a la que prestó importantes servicios. Y hospedado en esta casa, fue requerido por el centurión Cornelio, un gentil del que las Escrituras dicen ser justo y temeroso de Dios, al que Pedro decidió conceder el bautismo junto a su familia por sus méritos de vida piadosa y como culminación de ese aperturismo a los gentiles. Cornelio es precisamente centurión de una corte de la ciudad hispana de Itálica, posiblemente ciudad natal suya y de parte de su guarnición, en modo que la participación de Cornelio en la encrucijada jacobea, con una guardia romana que busca escapar de la represalia herodiana, puede justificar bien que la fuga, con el cuerpo del apóstol Santiago tratado por Simón el Curtidor, encontrara una vía idónea de evacuación desde Joppe, por mar, y su destino pudiera ser muy bien las tierras de Hispania.

          A pesar de los años y aunque remodelada, esta casa se conserva y es actual motivo visita turística de gran demanda. El inmueble en cuya terraza el apóstol Pedro tuvo la famosa visión con los animales impuros todavía existe en Jaffa, hoy integrada en Tel Aviv desde 1950, muy cerca del antiguo puerto, fácil de localizar siguiendo la costanera en la Vieja Jaffa. Y mantiene una funcionalidad moderna pues, aprovechando el sólido basamento de piedra del inmueble, sobre su terraza se construyó un faro en 1865 por orden de las autoridades otomanas que regían entonces la ciudad, para orientar las embarcaciones que llegaban al puerto inmediatamente debajo de la colina. La casa que había sido de Simón el curtidor, fue comprada por una familia armenia cristiana, cuyos miembros operaron el faro por varias generaciones, y permitía que turistas cristianos subieran a la terraza para ver el lugar en que Pedro oró y tuvo la visión. Una nueva torre se levantó en el mismo lugar, con equipamientos más modernos, en la época del mandato británico (1923-1948) fácilmente visible pintada de rojo y blanco. Estuvo operativo hasta 1966, en que se decidió su apagado en favor del nuevo puerto de Ashdod (40 km al sur), pero mantiene su utilidad como baliza diurna. Hoy, la antigua casa de Simón ya no es hogar familiar, sino que el Ministerio de Turismo de Israel y la Asociación de Turismo de la Vieja Jaffa la ha restaurado para recibir nuevos turistas.

          Para conmemorar estos acontecimientos del inicio de la cristiandad como religión abierta a toda la humanidad, se levantó la Iglesia de San Pedro en lo más alto de la colina de Jaffa, en ese rincón de una belleza natural que se asoma al Mar Mediterráneo. La torre de la iglesia, que domina el puerto de pescadores, durante siglos fue un faro para los peregrinos que se acercaban a Tierra Santa. Fue edificada en 1654 sobre una fortaleza medieval, sufrió dos destrucciones durante el siglo XVIII y la estructura actual de estilo barroco se remonta a 1894. Su interior se ornamenta con ricos mármoles y vidrieras. A la derecha un púlpito en madera finamente esculpido con algunas escenas evangélicas de Jesús con san Pedro, y decoración en ramas de olivo como mensaje de paz. En el retablo principal se puede apreciar el cuadro que representa la visión de san Pedro, y a la izquierda otro cuadro que representa la resurrección de Tabita por San Pedro. A un costado de la iglesia hay una plaza con la Fuente del Zodiaco, y desde ella surge una antigua escalera que desciende hasta la casa de Simón el Curtidor.

          En sintonía con el vacío sobre la sepultura de Santiago y la presencia en las Escrituras de Simón el Curtidor, resulta verosímil pensar en una iniciativa de rescatar el cuerpo de Santiago que había sido condenado a muerte por traición al judaísmo, cuya pena, según tradición judía, era decapitación sin sepultura. Para borrar su memoria se arrojaba el cadáver del ajusticiado a la Gehena, o Valle de Hinón, barranco junto a la muralla sudoeste de Jerusalén, que se convirtió en vertedero de la ciudad donde se incineraba basura y cadáveres de animales o los de algún criminal. Dejar sin sepultura era la mayor afrenta que podía hacerse a un judío, y este destino tan a mano en Jerusalén, encaja bien con el destino ideado para un decapitado por traición al judaísmo.

          Ante un abandono así en quien era considerado un líder de la nueva fe, y acorde con la falta de sepultura, es verosímil aceptar la tradición cristiana de sustraer el cuerpo abandonado, tratarlo para su conservación y buscar una forma de huir de Palestina, de modo forzosamente clandestino, habida cuenta del riesgo que supondría viajar con el cuerpo de uno de los más destacados líderes de una ideología rechazada por judíos y romanos. La vía marítima era el mejor recurso, desde Joppe, el puerto más próximo a Jerusalén, donde su cuerpo pudo ser convenientemente tratado y ocultado en casa de Simón el curtidor, y luego llevado a un lugar remoto que pudo ser Hispania, lugar de origen de la guardia romana del Centurión Cornelio, que debió fugarse ante la represalia de Herodes tras la liberación de Pedro en un viaje clandestino vía marítima. Todo ello da sentido a la evasión a Joppe, la conservación del cuerpo y la evacuación por mar, de modo que la vieja Tradición Jacobea no es una opción caprichosa e increíble, sino una posibilidad coherente y la respuesta más lógica y factible en las circunstancias de la muerte del Apóstol Santiago.

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