37- Fulberto de Chartres en el Códice Calixtino

          El “Codex Calixtinus” que atesora la biblioteca de catedral compostelana, es un verdadero monumento histórico, literario y litúrgico, y lo es también valiosamente en el terreno musical. La originalidad de su repertorio es indudable, tanto por el número de obras en él contenidas como por la ausencia de equivalentes en otras fuentes. En él aparece, como hallazgo exclusivo, el primer canto a tres voces documentado en Occidente: “Congaudeant catholici” (fol. 185).

          Todas sus obras son atribuidas a personajes eclesiásticos importantes dentro de la Iglesia, algunos de ellos, como Fulberto de Chartres (960?-1028), muerto hacía ya siglo y medio (“Rex inmense Pater pie”, fol. 188v).

          Algunos autores sostienen que no hay razón para dudar de la autenticidad de tales atribuciones cuando éstas se refieren a autores coetáneos, como los maestros Albert (“Congaudeant”) y Gautier (“Regi perennis” y “Cunctipotens”), ambos de París. Parece, no obstante, más sugerente conceder a dichos personajes la autoría antes de los textos que de la música. Las 35 composiciones musicales del Calixtino son de muy distinto carácter y valor, atribuidas a diversos autores que van desde el citado Fulberto de Chartres a Guillermo de Jerusalén, pasando entre otros por un innominado obispo de Benevento, o por un desconocido “doctor” gallego, que no sabemos qué nombres pueden encubrir. Es decir, que se nos presentan las piezas, por supuesto contando en primer lugar con el llamado Calixto papa, como de la autoría de escritores que pertenecen a todos los lugares de la tierra conocida, en una dispersión geográfica que alude a algunos nombres prestigiosos de la literatura de aquél tiempo, manejando la obra las tres lenguas sagradas, como en un poema atribuido al papa Calixto: el hebreo, el griego y el latín. Es decir, que a la universalidad geográfica se une la más prestigiosa tradición que otorgaba la verdadera universalidad sacra.

          Precisamente entre las primeras composiciones que encontramos en el oficio de la Vigilia de Santiago, dos van atribuidas a Fulberto de Chartres, excelente escritor y poeta que elevó la escuela cartonense a altos niveles tanto técnicos como líricos. A este autor se atribuyen cuatro poemas más todas las piezas, riquísimas y variadas que integran la curiosa Misa farcida de Santiago. Por su espléndido carácter de representación, en que no falta cierto juego escénico -siendo el escenario naturalmente el altar- merece dedicarle unos instantes. La misa farsa, o misa farcida, como su nombre indica, es una misa en que las piezas principales (Kyrie, Gloria, Sanctus, Agnus Dei y hasta la bendición) van intercaladas con incisos de diverso tipo, a veces con intervención de dos coros, que dialogan entre si y con el cantor principal, que representa al oficiante. Las misas farcidas comienzan a ser muy frecuentes por este tiempo sobre todo en las grandes iglesias de Francia. En esta línea que pudiéramos decir de actualidades se encuentra siempre el Calixtino. Ecce adest nunc Iacobus folio 133r/v — FARSA OFICII MISSE SANCTI IACOBI a domno Fulberto Karnotensi episcopo, illustri uiro, composita: in utroque festo eiusdem apostoli cantanda quibus placebit.

He aquí que viene Santiago, a quien alabar debemos,
cuya fiesta celebrando con devotos pensamientos
le exaltamos con oficios y a quien veneran los pueblos.

Mas quien es ese Santiago al que tenéis como preso
y al que honráis con vuestras voces, contadnos a todos luego,
para mejor venerarle y amarlo por conocerlo
y darle más alabanzas y suplicarle con ruegos.

Este es en verdad Santiago, el tan amado de nuestro
Señor, por ser su soldado y su abanderado egregio,
bien probado en la milicia, apóstol de los gallegos,
peregrino muy famoso, digno de honores sin cuento,
maravilloso en milagros y en gloria resplandeciendo,
a quien los pueblos acuden de la patria y extranjeros.

Aleluya y en la gloria para Dios loor eterno;
felicítese la Iglesia con tal patrón floreciendo;
regocíjense los santos, el mar, la tierra y el cielo,
y alégrese nuestro coro alabando a Dios en versos.

          Fulberto había sido un poeta excelente, y maestro de la renombrada escuela catedral de Chartres. Se conservan de él numerosas obras, de gran riqueza lírica y de mucha técnica literaria; los poemas del Calixtino no aparecen entre sus obras genuinas. Ello no significa que debamos considerarlas enteramente apócrifas, sino que más bien nos induce a pensar que alguien posterior a Fulberto siguió sus huellas y su escuela, y utilizó su nombre para realce de su propia producción. Cabe pensar que muchos de los poemas fueron gestados por autores contemporáneos, y quizá compostelanos, aunque en esta denominación geográfica mejor que un concepto nacional haya de verse resultados de la marea verdaderamente internacional que llenaba Compostela continuamente. Puede asegurarse que entre los peregrinos los habría de toda clase y condición. En casi ninguna fuente se nos habla especialmente de la visita de personajes literarios a Compostela. Pero no podemos olvidar que las dos grandes obras que nos ha legado el tiempo de Gelmírez, o inmediatamente siguiente, son obras en que con certeza han colaborado hispanos -casi siempre gallegos- y extranjeros.

          La universalidad geográfica y sacra que emana del Calixtino conecta bien con los pensadores del medioevo cristiano que entendieron el universo como una totalidad musicalmente ordenada. La catedral de Chartres habría sido concebida como una Imago Mundi que reproduce, simbólicamente, las armonías musicales del cosmos.

          Durante la Edad Media se fue conformando una concepción musical del universo que combinó ciertos principios filosóficos de la Escuela Pitagórica y del Timeo platónico con elementos de la teología cristiana. Esta concepción musical, que se fue elaborando lentamente a lo largo de los siglos, fue heredada por los pensadores de la Escuela de Chartres en el siglo XII, y constituyó el fundamento filosófico y teológico de la estética chartriana.

          La formulación de la teología musical del Medioevo se inicia, en realidad, a fines de la Antigüedad con la obra de San Agustín (354- 430). Este filósofo latino constituye un vínculo fundamental entre el Neoplatonismo pagano y el pensamiento cristiano occidental. En sus obras De ordine y De musica desarrolla sus concepciones místicas y estéticas basándose en los conceptos de orden, número y armonía. Si bien estos conceptos provienen del Pitagorismo y del Platonismo, en San Agustín adquieren un carácter definitivamente cristiano, puesto que para este teólogo el orden, el número y la armonía provienen de Dios (De musica, VI).

          La concepción místico- musical del universo también influyó sobre las ideas delos pensadores de la Escuela de Chartres. Su fundador, el obispo Fulberto (c. 960-1028), mantuvo vínculos intelectuales y espirituales con los teólogos del monasterio de San Emerano. Efectivamente, Fulberto fue maestro y guía espiritual de algunos de los monjes que desarrollaron sus labores en dicha institución. Aún hoy se conservan, en este monasterio, varios de sus escritos y de sus composiciones musicales. Fulberto fue, además de teólogo y maestro de obras, músico y poeta. Como músico escribió, entre otras cosas, tres responsorios en honor de la Virgen María y varias piezas litúrgicas. Se dedicó al estudio de la obra de Boecio alcanzando, durante el siglo XI, cierta reputación no sólo como compositor sino como teórico. Bajo la dirección de este monje- músico la Escuela catedralicia de Chartres se convirtió en un centro humanístico de enorme envergadura. Por intermedio de Fulberto las ideas platónicas cristianamente interpretadas –que tan profundamente influyeron sobre los pensadores de la Escuela Carolingia y de otros importantes centros del Medioevo Occidental- impregnaron también el pensamiento de los maestros chartrianos, y conformaron el fundamento de la cosmología elaborada allí durante el siglo XII.

          Tal como se ha dicho, la Escuela de Chartres fue fundada en el siglo XI por el obispo Fulberto. A través de su maestro Gerberto de Aurillac (siglo X) este obispo recibió toda la influencia de las ideas neoplatónicas cultivadas en la Escuela Carolingia. Fulberto era, además de músico, maestro de obras. Como tal, emprendió la reconstrucción de la catedral de Chartres luego del incendio que la destruyó en el año 1020. Una miniatura del siglo XI muestra al fundador de la Escuela de Chartres predicando ante el edificio de la catedral.

          Bajo la regencia de Fulberto se construyó la cripta de la iglesia. El plan de la cripta obedece a la misma traza y presenta las mismas proporciones que la planta del edificio actual. Esta similitud en la disposición y en las proporciones permitiría suponer que el plan arquitectónico de la catedral, tal como hoy la conocemos, podría haber sido ideado por el propio Fulberto.

          Acorde con esta visión universal y sacra de su filosofía cosmológica, Fulberto de Chartres dejó su impronta en el Códice Calixtino (s. XII), donde expresa con esplendor literario y versificador un Himno al apóstol Santiago donde dice que los peregrinos acudían de todas partes atraídos por los milagros que obraba Santiago en su sepulcro de Compostela, “en las lejanas tierras del Finisterre”:

Alégrese el pueblo fiel,
cante en coro celestial,
la gloria de los apóstoles
eterna celebran ya.
En cuyo coro Santiago
Refulge como el primero,
Pues por la espada de Herodes.
El primero subio al cielo.
Santiago el de Zebedeo
el que Mayor es llamado
que milagros a millares
en Galicia lleva a cabo.
A cuyo espléndido templo
viniendo las gentes todas
de todas las partes del mundo
la gloria de Dios pregonan.
Armenios, griegos, pulleses,
anglos, galos, dacios, frisios,
naciones, lenguas y tribus
acuden con donativos.
Del Padre y del Hijo el celo
y del Espíritu Santo
bañe nuestros corazones
con auxilio de Santiago.

          Existen dudas razonables sobre la autoría de Fulberto de algunos de los textos que se le atribuyen en el Calixtinus, pero es indudable que el autor conocía perfectamente su escuela y arte versificador. Por otra parte Fulberto no es ajeno al conocimiento de la peregrinación a Santiago y su universalidad, pues Chantres se localiza en la prolongación de la Vía Turonense hacía París.

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Una respuesta a 37- Fulberto de Chartres en el Códice Calixtino

  1. Nelson Branco dijo:

    Obrigado pelas suas partilhas, aprendo sempre muito com elas. Abraço

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