13- Sancho y los peregrinos

          El inmortal Quijote cervantino y la peregrinación jacobea, dos temáticas de ámbito universal, tienen un punto de encuentro excepcional que hace de ambos mundos espacios únicos donde conviven la realidad con el sueño, la ilusión con la historia, la ficción con la autenticidad.

          Miguel de Cervantes tuvo una especial vinculación con Esquivias (Toledo), pues allí contrajo matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios y gozó de una estabilidad durante su estancia en esa localidad manchega que resultó decisiva para inspirarle a escribir su obra más universal: Don Quijote de la Mancha. No en vano quedó escrito, y con fundamento, que: “Sin Esquivias no hubiera existido el Quijote”.

          Cervantes llega a Esquivias por mediación de Doña Juana Gaitán, una de las personas más influyentes de Esquivias, localidad pequeña pero con abundantes hidalgos, caballeros y nobles, con una vida social muy activa y relevante. Doña Juana acudió a Don Miguel para que con su prestigio le ayudase en la difusión de un “Cancionero” inédito de su difunto esposo, el poeta Pedro Laínez, que fuera en vida buen amigo del escritor.                   En Esquivias conoció a la joven Catalina de Salazar y Palacios, procedente de una familia de nobles hidalgos castellanos, con la que contrajo matrimonio en Diciembre de 1584 en la iglesia parroquial de Esquivias, cuya sacristía recoge la constancia documental del enlace. Ella tenía 19 años y nunca había salido de Esquivias. Él con 37 casi le doblaba en edad y estaba curtido en avatares, batallas y cautiverios. La vida cruzó dos figuras muy distintas que se compenetraron a la perfección y juntos formaron un matrimonio quizás atípico pero muy sólido durante 32 años en vida, que se prolonga en la eternidad, pues sus restos permanecen juntos en una sepultura común del convento de las Trinitarias de Madrid.

          Tras el enlace vivieron en una casa de un pariente de ésta, de la familia de los Quijada de Salazar, don Alonso Quijada, amigo de lecturas de caballería y parece que con alguna excentricidad que pudo muy bien sugerir alguna inspiración sobre el protagonista de su inmortal novela, modificando ligeramente el apellido y convirtiéndole en el caballero de la triste figura. Otros niegan que el matrimonio residiera en esa vivienda, pero en todo caso es seguro que conocieron la casa, sus dependencias y el personaje de Alonso Quijada, que sugirió a Cervantes el nombre y probablemente algunas características y anécdotas del mismo. Luego genialmente noveladas por la pluma y la inventiva literaria de Don Miguel. Este Alonso Quijada, hidalgo manchego dado a las lecturas caballerescas, como pariente protector de doña Catalina Palacios, opuso una tenaz resistencia al matrimonio de su sobrina con Cervantes, y pudiera ser este antecedente lo que despertó la fijación cervantina por este personaje, en principio quizás por menoscabarle literariamente, pero finalmente volcando en su figura los valores del valedor de la justicia, del amor platónico, de la lealtad y la noble hidalguía que hará del Quijote una obra de genio y renombre universal, en todos los idiomas traducida y admirada.

          Y no solo Don Quijote, sino que fruto de su especial relación con Esquivias, otros personajes del lugar, según consta en distintos documentos y registros, sirvieron a Don Miguel para conformar su famosa novela, en modo que distintos cervantistas consideran que Esquivias es la patria chica del Quijote, el “lugar de la Mancha” que Cervantes quiso dejar anónimo como escenario vital de un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

          Entre otros, hay constancia documentada de la presencia en Esquivias de personajes en los que Cervantes pudo inspirarse, como el Cura Pero Pérez, el Bachiller Sansón Carrasco, Teresa Panza, el Vizcaíno y Ricote el Morisco. Es este último el que servirá de conexión entre los mundos del Quijote y de la peregrinación jacobea.

          En la Segunda Parte del Quijote, en el Capítulo LIV, tiene lugar el encuentro de Ricote el Morisco con Sancho Panza. Según registros documentales de Esquivias (registro parroquial de Defunciones y Matrimonios), doce familias de moriscos de los más ricos y distinguidos llegaron a Esquivias procedentes del Reino de Granada y de Murcia hacia mediados del siglo XVI. En los años que permanecieron en el lugar, vivieron y murieron, se desposaron, engendraron y bautizaron a su descendencia, según costa en los registros parroquiales. Diego Ricote el mozo era hijo de Diego Ricote el Viejo, que junto con su mujer y sus otras dos hijas, Isabel y María, llegaron a Esquivias en el año 1570, donde permanecieron hasta su expulsión de España en 1610 a causa del decreto de expulsión. En ese tiempo los moriscos no solamente bautizaban a sus hijos, sino que además encontraron todo el apoyo de los Hidalgos del lugar de Esquivias, tal como se aprecia en las siguientes actas bautismales, en las que figura el apadrinamiento de miembros de la familia Quijada y Palacios Salazar, así como otros personajes cuyos topónimos aparecen en El Quijote. Los moriscos gozaban de una notable tolerancia cultural en el tiempo de Cervantes, y eran considerados como cristianos nuevos como procedentes de moros convertidos al cristianismo en el año 1501, y bautizados antes del decreto de 1502, por lo que se consideraron incluso como cristianos viejos. En el 14 de febrero de 1502 se promulgó la Pragmática de conversión forzosa, por la que se daba a elegir a los musulmanes sometidos (mudéjares) de la corona de Castilla entre el exilio y la conversión al cristianismo, y es esta nueva categoría social así surgida, los cristianos nuevos de origen musulmán, lo que recibieron el nombre de moriscos. Estos moriscos de Esquivias se hallaban perfectamente integrados en la sociedad esquiviana, viviendo, desposándose, naciendo bautizándose y siendo enterrados con los mismos derechos que cualquier vecino de Esquivias, y se hallaban estrechamente relacionados por vínculos de sangre con la Hidalguía esquiviana, y sobre todo con los Quijadas. La existencia de estos moriscos y su contexto histórico era muy bien conocido por Cervantes, y entre ellos a los miembros de la familia Ricote, que permanecieron en Esquivias hasta el año de su expulsión definitiva de España en el año 1610. Miguel de Cervantes Saavedra conocía muy bien la realidad de los moriscos y de los Ricote de Esquivias cuando escribió su famoso pasaje en la segunda parte del Quijote, el año 1615, sobre el encuentro de Sancho con el morisco Ricote, y de algún modo el autor personaliza en él la tragedia de todo un pueblo.          Avanzando el siglo XVI, entre los moriscos granadinos y valencianos, que optaron por una conversión solo teórica pero guardando todas sus formas musulmanas, se endurecieron las condiciones de vida y la presión para que abandonaran sus costumbres tradicionales. El Decreto de las Cortes de Monzón promulgado del en Valencia el 21 de mayo de 1528 prohibía la lengua, el vestido y las costumbres alimentarias, matrimoniales y mortuorias de los moriscos, y disposiciones aún más restrictivas plantea el Sínodo de Guadix de 1554 para los moriscos granadinos. La situación se precipita a partir de la Revuelta de las Alpujarras (1568-1571), contra la legislación islámica restrictiva que generó graves niveles de violencia islámica que luego fue duramente reprimida, desembocando algunos años después en una medida drástica: la expulsión definitiva de toda la población morisca de la Monarquía Hispánica, que se acometió por orden de Felipe III en 1609 y se completó en la expulsión definitiva de 1610.

          Pagaron justos por pecadores porque el decreto de expulsión afectó a todos los moriscos, tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria, como los convertidos obligadamente y convertidos solo en apariencia, porque unos y otros pasaron a ser denominados moriscos. Así es como el Ricote de Esquivias se vio obligado a salir de España y refugiarse en Europa, donde encontró motivos para retornar clandestinamente.

          Sancho acaba de vivir la experiencia de Barataria, momento cumbre en la evolución de Sancho, en que muestra sagacidad para juzgar la conducta humana y sabia conciencia para renunciar al gobierno de la ínsula; Sancho Panza vuelve entonces en busca de su señor don Quijote, y en este trance vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos extranjeros que piden la limosna cantando, y a los que Sancho dio de sus alforjas medio pan y medio queso, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles.

          Entre los peregrinos venía un conocido de Sancho, el tendero morisco Ricote, quien ve una cara amiga a la que darse a conocer: ¿Cómo y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?. ¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime quién te ha hecho franchote y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura.

          Es entonces cuando Ricote cuenta a Sancho las penalidades de su salida y su retorno clandestino a España en busca de su tesoro oculto y de noticias sobre su hija también desterrada. En este pasaje el morisco deja patente sus sentimientos de hispanidad y amor hacia la patria perdida. Durante el encuentro, se viven momentos de compañerismo y solidaridad, en donde el vino y los buenos manjares consolarán por un rato las penas. Sancho, da muestras de no dar por buena la expulsión de los moriscos y en particular de su amigo y vecino, y aunque no acepta participar en la búsqueda del tesoro escondido de Ricote, no delata a su buen amigo: “…conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino…”, “Y déjame partir de aquí, Ricote amigo; que quiero llegar esta noche adonde está mi señor don Quijote.” Dios vaya contigo, Sancho hermano, que ya mis compañeros se rebullen y también es hora que prosigamos nuestro camino.” Y luego se abrazaron los dos, y Sancho subió en su rucio y Ricote se arrimó a su bordón, y se apartaron.

          La expulsión de los moriscos no es todavía historia, sino un hecho reciente que preocupa y duele al autor del Quijote y a sus personajes, y en su obra late el desgarrón sentimental entre los desterrados y sus vecinos. Confesando que aquel día lloró, el propio Sancho cuenta la salida de los moriscos de su pueblo y como se vivió esa hora amarga la esposa y la hija de Ricote, verdaderas cristianas, rodeadas del afecto de todo el pueblo.

          Cada uno a su modo, Sancho y Ricote, resultan ser verdaderos peregrinos en pos de sus ideales, que se encuentran y luego necesariamente cada uno continúa su camino.

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Una respuesta a 13- Sancho y los peregrinos

  1. Mario Calvo dijo:

    Qué interesantes y recónditas anécdotas peregrinas nos cuentas amigo Alberto. Muchas gracias y un abrazo.

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