7- Santiago peregrino del arzobispo don Álvaro de Isorna

          El prelado gallego Álvaro Núñez de Isorna fue eclesiástico que, durante la mayor parte de su vida, se dedicó al servicio regio en diversas facetas, destacando las ceremonias y la diplomacia, especialmente durante el reinado de Juan II de Castilla. Persona procedente de la Iglesia de Compostela, fue obispo de Mondoñedo, de León, de Cuenca y finalmente arzobispo de Santiago de Compostela entre 1445 y 1449, siendo su trato paternal y afable con su cabildo y su clero. De él Lopez Ferreiro dice que su breve pontificado fue como un ligero rocío que refrigeró por algún tiempo la sed de paz y justicia en que ardían los pueblos. Su carácter dulce y apacible, unido al gran prestigio que en todas partes se había conquistado, a todos los tenía contenidos, aún a los más osados, dentro de la barrera del deber. Entre sus bellas cualidades resalta también su amor a la ciencia y a la ilustración. Fue sepultado en la Catedral compostelana en la capilla de su fundación, cuyo solar fue luego absorbido por el nuevo claustro del siglo XVI. La capilla fue demolida y los clérigos racioneros Sancti Spiritus trasladaron sus restos a su capilla en el crucero de la catedral, pero sin dejar constancia de donde fueron colocados.

          Como regente de la sede compostelana, su principal preocupación fue la redacción de su testamento, para evitar los conflictos que había ocasionado la herencia de su predecesor, Lope de Mendoza, mediante una Reserva Pontificia para que su sucesión fuera decidida por el Papa.

          A su muerte su legado patrimonial se incorpora a la catedral, destacando una estatuilla del Apóstol Santiago que sin embargo no aparecerá en el inventario del Tesoro de la Catedral hasta 1537, inventario en donde se presenta así: “de plata, todo dorado, con su diadema en la cabeza, tiene en la mano derecha un bordón y en la izquierda su libro; está sobre un pilar, con un escudete de armas de Arçobispo Isorna”. Los punzones que aparecen en la propia pieza “F” y “M” permiten identifican al autor, el orfebre italiano Francesco Marino, llegado a Compostela en tiempos del Arzobispo Lope de Mendoza (1399-1 445), que marca el momento de esplendor de la escuela compostelana, en la que se señala a este orfebre como “prateiro do dito señor arçobispo”. La pieza en cuestión es un cargo que le hace Álvaro de Isorna para su devoción personal como pieza para su oratorio privado.

          En ella el autor, conforme al gusto de la época, busca la impresión artística clásica mediante la frontalidad del cuerpo y del rostro. La estatuilla viste sobre-túnica de ondulados pliegues que se abre a los lados sobre los brazos, con las dobladas solapas, botonaduras y botines puntiagudos con veneras y hebillas que enriquecen la pieza y le confieren un aspecto italianizante propia del autor. La imagen incluye los símbolos propios de la iconografía del peregrino medieval, pero solo el zurrón es de época, mientras que el bordón con la calabaza, la esclavina y el libro son del siglo XVII. El Libro lleva la inscripción: “EN ESTE LIBRO AY DE LA VESTIDURA DE NRo Patrón Santo”. En su interior se encuentra una tela de seda roja, con unas perlas cosidas y un cuarto creciente y una estrella, recortados en lámina de oro, que han permanecido en contacto con el sepulcro apostólico. Una presencia singular confiere a la pieza su gran diadema, elemento incorporado también en el siglo XVII, en franjas de abanico a partir de una faja curva ceñida a la cabeza, decorada con vistosa pedrería que sustituye a otra de similares características que si tenía la obra en principio.

          El rostro de Santiago, marcado por el realismo de la época, muestra una mirada fija con sentido de súplica intercesora, buscando acentuar sus facciones con barba, gran mostacho y cabellera corta, además con sobredorados para aumentar el halo divino. La alta peana es hexagonal y en dos cuerpos. El primero inferior más ancho y con una fila de bolas y friso de seriadas ventanillas caladas. El segundo superior con los recuadros de cada lado del hexágono decorados con rosetones flamígeros. El cuarterón central luce el escudo de armas de don Álvaro.

          Forma parte de una de las piezas mas distinguidas y celebradas del Tesoro de la Catedral que puede admirarse en la Capilla de las Reliquias.

 

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