27- Missa Solemnis de Beethoven en Santiago de Compostela

 Retrato de Beethoven trabajando en la Missa solemnis de Joseph Karl Stieler.         La Missa Solemnis para cuatro voces solistas, coro, orquesta y órgano en Re Mayor, Opus 123 de Ludwig van Beethoven es una colosal obra que guarda con la ciudad del Apóstol un relación histórica a la vez que un significado muy personal como peregrino y como profesional del canto. Las obras de los más prestigiosos compositores de Europa han llegado a España en buena medida a través del Camino de Santiago y de las actividades culturales jacobeas. Lo es en términos generales en las obras musicales que se interpretan en los programas en torno a las fiestas del Apóstol Santiago, especialmente en los años santos jacobeos. Pero un hecho singular que merece su reseña es el hecho de que unos peregrinos alemanes, como regalo de culto al Apóstol, donaron al arzobispo, entonces el cardenal Miguel Payá y Rico, un ejemplar del libreto de esta “Missa Solemnis”, que se convirtió en una de las excelentes músicas que la Capilla de Música Compostelana empezó a interpretar para solemnizar el culto de la catedral, según consta en notas de la época. La orquesta y el grupo de voces de la capilla de música del cabildo contaba con un amplio repertorio sinfónico, entre las que figuraban expresamente las misas de Rossi, de Eslava, de Beethoven y de Cherubini, además de un programa de obras litúrgicas del amplio patrimonio musical catedralicio.

Capilla-de-música          A finales del siglo XIX y durante algún tiempo constituyó un lujo musical esta extraordinaria pieza de compleja factura, considerada por los estudiosos  como su testamento final, que muestra en su máximo esplendor el pensamiento musical y espiritual de Ludwig van Beethoven. Eran tiempos en que todavía el cabildo catedralicio en aras a dar grandeza y solemnidad a los actos litúrgicos mantenía una Capilla de Música bien nutrida tanto en cantores como instrumentistas, agrupaciones que durante varios siglos había mantenido un importante prestigio en Europa, que alcanzó su esplendor en el siglo XVIII y que mantuvo durante las primeras décadas del XIX pero que lamentablemente entra en clara decadencia hasta su total extinción en el XX, en que las interpretaciones musicales pasan a ser realizadas por otras agrupaciones civiles, como signo de los tiempos en que se produce una renovación cultural y un cambio en los hábitos sociales de los ciudadanos, que culmina en lo musical y cultural con la  creación del Auditorio de Galicia y sus agrupaciones artísticas, en el jacobeo Burgo de las Naciones. Hoy hay además agrupaciones vocales en forma de Coro Mixto (C0ro Cardenal Quiroga) y escolanía infantil (Ángeles de Compostela), que cubren el espacio que dejaron aquellas agrupaciones propiamente eclesiásticas de los pasados siglos.

auditorio          En diciembre de 2006 el auditorio gallego incluyó la Missa Solemnis en la programación de la Real Fhilarmonía de Galicia y su ejecución, dirigida por el maestro Antoni Ros Marbá y la intervención del Cor de Cambra de Palau de la Música Catalá y el Coro de la Comunidad de Madrid (del que soy miembro), entonces dirigidos ambos por el maestro Jordi Casas. El resultado fue una interpretación memorable que para mí cobró un gran significado de homenaje al Apóstol recordando que dábamos sentido al regalo de los peregrinos alemanes que trajeron por primera vez esta excepcional composición, a través de la peregrinación jacobea, junto a las fechas entrañables navideñas con que Compostela lucía sus mejores galas navideñas y junto al triste hecho de que sirvió para recordar el fallecimiento cercano de un compañero del coro Barcelonés, lo que creo un especial clima de colaboración y encuentro entre ambas agrupaciones. 

800px-Rudolf-habsburg-olmuetz          Centrándonos en la obra en cuestión, hay un momento biográfico que revela el inicio de su gestación, en marzo de 1819; el joven archiduque Rodolfo, amigo, alumno y protector de Beethoven, fue elegido arzobispo de la ciudad morava de Olmütz (hoy Olomouc). El propio compositor escribe al archiduque que “el día en que una gran misa compuesta por mí sea ejecuta en las solemnidades que se lleven a cabo para consagrar a Su Alteza Real será el más feliz de mi vida y Dios me iluminara para que mis débiles fuerzas puedan contribuir a la exaltación de un día tan solemne“. El alcance del proyecto  conforme a la ambición de su pensamiento musical mucho más allá de lo que requería una simple misa ceremonial de la época y la dedicación a otras partituras, impidieron cumplir su deseo a tiempo. En la ceremonia oficial sonó música de Haydn, Hummel y otros compositores, pero no de Beethoven, que no concluyó la partitura hasta el verano de 1822 en la ciudad austriaca de Döbling, solo cinco años antes de su muerte. Una ejecución parcial de las tres secciones de la obra, Kyrie, Credo y Agnus Dei, se llevó a cabo en Viena el 7 de mayo de 1824, exactamente en el mismo concierto en que se estrenó en la Novena sinfonía, con un éxito rotundo que desbordaron las posibilidades perceptivas de un Beethoven extraordinariamente mermado por su sordera.

beethoven3          En su elaboración el autor, libre por fin de otros compromisos, se alejó de los modelos clásicos, y profundizó el sentido del texto litúrgico católico hasta lograr, de modo audaz y personal, la expresión de sus sentimientos: la aceptación de la adversidad, la victoria sobre el destino, la dignidad del ser humano como parte de la creación divina, en modo que la obra encierra muchos estados de ánimo, desde el lamento a la sincera oración, pasando por el más angustioso grito en contra de la violencia que sacudía el mundo. Es esta construcción tan personalizada en circunstancias tan peculiares lo que hace que siga sorprendiendo al oyente por la audacia de su diseño, lo que no depende de modas ni estilos costumbristas, y muy posiblemente lo siga haciendo siempre en los tiempos venideros, pues hay en ella valores eternos.

Beethoven tocando el piano par un grupo de amigos que lo escuchan embelesados, aunque el genial músico prefería que aplaudiesen su arte y no lloraran de emoción          Hay muchos testimonios sobre la personalidad de Beethoven en su última época que ayudan a comprender su pensamiento musical y los desafíos que afrontó en sus últimas obras. Su encuentro con Goethe, conservado en una carta del gran poeta a Zelter, encierra una descripción del compositor. “Nunca he visto a un artista más concentrado, más enérgico, más profundo. Entiendo que su actitud debe ser extraordinaria con respecto al mundo. Su talento me impresionó, pero por desgracia, es una personalidad distante y arisca que, aunque no se equivoca al decir que el mundo es detestable, no se esfuerza lo más mínimo por que sea más habitable o tolerable, ya sea para sí mismo o para los demás. Su actitud es, por otra parte, muy comprensible e incluso digna de compasión, ya que perdió el oído, y esto seguramente le hiere aún más en su naturaleza musical que en la social. Su carácter es lacónico y supongo que con el tiempo será cada vez más escéptico debido a sus problemas físicos“.

220px-Incident_Teplitz_1812          Según una famosa anécdota recogida en una imagen de la época, Goethe y Beethoven se cruzaron durante un paseo con el archiduque Rodolfo y la emperatriz. El poeta se hizo a un lado, con respeto, y se quitó el sombrero. El compositor, sin embargo, continuó su camino sin inmutarse y sin responder al saludo de la familia imperial. Revela la soledad y el aislamiento de Beethoven, lo que no era por orgullo ni por grosería. Es más propio hablar de un hombre taciturno, melancólico, tempestuoso muchos momentos, pero marcado por su destino infeliz. Tuvo que dejar de tocar el piano en público y en reuniones privadas, pues llegó a no oír con precisión el piano que llegaba a desafinarse sin que pudiera percatarse y perdió su famoso virtuosismo en el teclado. Si es una gran desgracia para cualquiera quedarse ser sordo, tanto más para un músico.  No era sorprendente ni injustificada la gran melancolía que mostraba Beethoven.

011          Cuando la sordera lo deja completamente aislado del mundo exterior, Beethoven se refugia en sí mismo. Otros se hubieran vuelto locos. Pero Beethoven vivió para la música hasta lograr la interpretación de su vida en incansable compromiso creador, alcanzando una grandeza humana y espiritual portentosa. Esa es la grandeza que ilumina especialmente la Missa Solemnis de una singularidad que no tiene nada que ver con su única misa anterior, la Misa en do mayor op 86, ni con la herencia de las misas clásicas. Componiendo una música que mira hacia el futuro con continuas novedades estructurales, pero también mira el pasado teniendo muy en cuenta el gran legado polifónico renacentista, tratando de forma innovadora, y con un poder expresivo extraordinario, una estructura de apariencia tradicional con las típicas secciones de la misa católica: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus-Benedictus y Agnus Dei, pero construida  con la sorprendente expresividad que da al texto litúrgico, fruto de un sentido dramático de excepcional intensidad.

Concierto-Beethoven          Mucho se ha debatido sobre el tratamiento de la voz que hace Beethoven, tanto en las voces solistas como en las del coro. La fuerza y vigor con que las diseña no admite intérpretes de recursos frágiles pues su interpretación no resulta cómoda ni plácida. También la orquestación, pues los pasajes instrumentales encierran no pocas dificultades y, a pesar de la tensión de la tesitura, que lleva al límite a cantantes solistas y coro, los efectos que consigue son de absoluta brillantez y la fuerza dramática resulta sobrecogedora. La tensión anima sin desmayos un doble diálogo lleno de riesgos para los artistas; por un lado de la balanza está el diálogo que mantienen la orquesta y la masa coral, contemplada a su vez como si de un conjunto orquestal se tratase. Por otro lado está el diálogo orquestal y coral con los cuatro solistas. La confrontación, sin duda, hace sufrir a los cantantes, pues la voz humana no soporta un esfuerzo prolongado como pueden hacer los instrumentos, y obliga a transitar sin descanso por zonas de gran tensión vocal. Con la fama de obra “imposible”, de compositor “enigmático” e “incomprensible”, se constituyéndose inequívocamente como obra única que rompe vínculos con el pasado y los abre al futuro.

          El sentimiento como intérprete es también muy singular y llega uno a sentirse como espectador excepcional de ciertas modulaciones rápidas e inesperadas, los brutales contrastes estilísticos y anímicos, la línea contrapuntística, las fugas impresionantes, el desarrollo melódico, los diseños rítmicos sorprendentes e innovadores.

 Beethoven_Waldmuller_1823         Beethoven es un hombre de profunda fe que supera circunstancias adversas a través de una constancia y una energía incontenibles que logran resultados absolutamente geniales. Así aparecen momentos de contraste que sobrecogen tanto al oyente como al intérprete, no pocas veces con la piel erizada y los ojos húmedos. Si uno es creyente puede sentir la presencia del mismo Dios mientras entona el “Domine Deus, filius patris” del Gloria, o el “homo factus est” del Credo, o en el prodigioso sólo de violín del Benedictus. Momentos sobrecogedores nunca antes oídos aparecen en su Agnus Dei, inicialmente tétrico y conmovedor, en el que contrastan momentos de desconsuelo con otros de total indignación ante algunos pasajes de sonoridad militar y de ecos bélicos que nos recuerdan el mayor de los pecados del mundo que esperan un inmerecido perdón entonando un “Qui tollis pecata mundi” que se debate entre el drama y la resignación desembocando en un “Dona nobis pacem” en una plegaria e invocación final con desenlace que parece inconcluso, como si quisiera escamotear un desenlace o dejándolo expresamente pendiente de resolución.

129          Quizás consciente de que sus hallazgos tardarían en ser comprendidos por sus contemporáneos, el propio Beethoven nos da una valiosa pista para disfrutar de su Missa Solemnis, en una nota que figura e inicio de la copia manuscrita de la obra: “Vom Herzen. Moege es wieder zum Herzen gehen”, es decir, “Desde el corazón. Que vuelva al corazón de nuevo”. Más allá de sesudos análisis  musicales, la mejor manera de profundizar en esta obra de acentos, ideas y emociones impredecibles, es escucharla con el corazón. Sabio consejo que, afortunadamente, sirve para vivir la música en directo de la emoción pura que desafía el paso del tiempo.

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