4- Santiago apóstol, Luz de Peregrinación

   OLYMPUS DIGITAL CAMERA       En el Santo año de 1999, visité por primera vez el museo de las Peregrinaciones de Santiago de Compostela. Me encantó aquella vieja casa de época, perfectamente adaptada como museo y dedicada al mundo de las peregrinaciones, aunque parece que ha quedado desbordada y ya está visitable su ampliación en la Plaza de Platerías. Mi nostalgia me dice que el verdadero museo de las peregrinaciones siempre será esa vieja y noble casa gótica de la Rúa San Miguel.

PIC_0447          Mucho que ver allí acerca de la Tradición Jacobea en sus aspectos mas variados, y en particular en iconografía del Apóstol Santiago. Recuerdo que al terminar la visita salía haciéndome una pregunta que ???????????????????????????????a veces me hago al salir de un museo: si pudieras, ¿qué pieza te llevarías contigo?. Nunca antes había respondido con tanta inmediatez: me llevaría el apóstol peregrino en alabastro del siglo XV, que el museo ha inventariado con el número 620. Como no podía ser, me lo llevé en mi cámara fotográfica tal y como podéis verle aquí. Se trata de una talla de alabastro de algo más de 40 cm de altura, del segundo tercio del siglo XV, pieza anónima de la escuela española con influencias, según la precisión técnica, de una tendencia mixta borgoñón-flamenca que caracterizaba la escultura hispano-cristiana de esa época.

          Siguiendo el efecto mimético de representar a Santiago con el vestuario de los peregrinos jacobeos medievales que caminaban hacia el santuario compostelano, Santiago el Mayor viste túnica y manto hasta los pies, va calzado con sandalias y se cubre con sombrero de ala ancha doblada y decorada con vieira; en la mano derecha lleva el bordón con la escarcela colgando. Pero se añade, lógicamente, un elemento que delata que no se trata de un peregrino común, sino del mismísimo Apóstol en labor evangelizadora, el Libro sagrado, que lleva en la mano izquierda. Todo el conjunto compone una figura inconfundible que se identifica de inmediato con Compostela y con la cultura del Camino.

IMG_0003          Toda escultura tiene su propia historia, y esta añade algún detalle particular que me hace quererla como si fuera un poco mía. Y es que, cuatro años después de visitarla en Compostela, vino ella a visitarme a mí a Madrid. A finales del 2003, el Xacobeo trajo al Museo Arqueológico de Madrid la exposición “Luces de Peregrinación” que visité con mi buen amigo Moncho Trigo. Mi sorpresa fue que allí estaba el alabastro de Santiago peregrino. Hasta me pareció que me sonreía y me saludaba al notar mi alegría. En este encuentro madrileño, que luego se repitió otras veces en Compostela, porque no dejo de ir a visitarle siempre que paso por allí, como peregrino o como cantante, pude informarme mucho más de la talla, y conseguir fotografías de mucha mayor definición.

          La escultura, al mirarla con detalle, se ve que fue una talla policromada, y dicen los entendidos, entre ellos mi gran amigo Francisco Singul, que aunque su origen no es conocido, debió pertenecer a un sepulcro o a un retablo pétreo, terminando por libre como producto del coleccionismo y comercio indiscriminado de obras de arte. La casa de subastas Sotheby’s y sus anteriores dueños, la familia Hohenlohe, aseguraban en 1979, año de su venta al Estado español, que se trataba de una obra hispana, datada en torno a 1500 por Andrés Ordax.

IMG_0001          Dice Francisco Singul, como verdadero entendido en la materia, que la tradición borgoñona, derivada de la fascinación causada por el escultor gótico de origen holandés Claus Sluter, será la razón del cuidadoso realismo de la cabeza del Apóstol: la morbidez del rostro bajo su estructura ósea, la cuidadosa plasmación de cabellos y barbas, el detalle virtuoso de la vieira, la búsqueda de una individualidad o caracterización psicológica que acerque la obra a un retrato. La barba partida y refinadamente ondulada también concuerda con la imaginería de Sluter.

          El concepto ortogonal, rígido y estrictamente frontal del cuerpo obedece, sin embargo, a otra tradición escultórica: lejos del abarrocamiento de paños con búsqueda de texturas y multiplicación y blandura de pliegues en los tejidos propia del estilo borgoñón, el manto que cubre la túnica de Santiago se adapta al convencionalismo del pliegue aristado y duro de ascendencia flamenca, aunque se ablande a la altura del tronco. Por otra parte, la adustez de miembros y disposición de manos sujetando el Libro y el bordón, se encuentran en las antípodas del naturalismo borgoñón. Esta dualidad flamenco-borgoñona concuerda con una posible filiación hispana, integrada en un horizonte cronológico situado entre los años 1430-1470.

          Nada hay como acercarse a las cosas y admirar sus detalles de cerca para amarlas un poco más de lo que las propias cosas nos despiertan.

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