13- Juan de Sanclemente y el ocultamiento de las reliquias.

640px-Hans_Holbein_d._J._074          La sucesión al trono de Inglaterra fue uno de los grandes problemas durante el gobierno del rey Enrique VIII a causa de los constantes conflictos y enfrentamientos religiosos, que tanto influyeron en toda Europa, y que tanta repercusión tendrán en la generación de un episodio sorprendente y aparentemente inexplicable de la Tradición Jacobea como el que analizaremos en este artículo.

          Las dos primeras hijas de Enrique VIII, María, tenida con Catalina de Aragón, e Isabel, tenida con Ana Bolena, fueron consideradas Ana Bolena. National Portrait Galleryilegítimas al forzarse la declaración de nulidad del primer matrimonio, y al ser ajusticiada su segunda esposa bajo las falsas acusaciones de adulterio, incesto y traición. Su tercer hijo, Eduardo, hijo de su tercer matrimonio, con Juana Seymur, colmó la satisfacción y las expectativas de su padre por un heredero varón, y fue designado como tal a la corona de Inglaterra. La sexta y última esposa de Enrique VIII, Catalina Parr, consiguió que se reconciliara con las hijas deslegitimadas y fueran incluidas en la línea sucesoria después de Eduardo, a pesar de seguir siendo oficialmente ilegítimas.

Portrait_of_Edward_VI_of_England          A la muerte de Enrique VIII en 1547, le sucedió su único hijo varón con derechos hereditarios, que aún niño, gobernó como Eduardo VI hasta 1553, fecha en que murió con solo quince años de edad y apenas seis de reinado. A través de un subterfugio matrimonial, accedió al trono la sobrina nieta de Enrique VIII, Lady Juana Grey, saltando Lady_Jane_Grey_portraitfraudulentamente el derecho de María Tudor, que por ser Católica se buscaba impedir que reimplantara el catolicismo: pero Juana I de Inglaterra perdió enseguida sus apoyos y fue derrocada y destronada solo nueve días después de su coronación, y ajusticiada con solo dieciséis años, así como su familia, para evitar revueltas sucesorias. Subió entonces al trono María Tudor, hija del primer matrimonio de Enrique VIII, que María I de Inglaterra, de Antonio Morose casó con el hijo del emperador Carlos, el futuro Felipe II, buscando un heredero que sentara el catolicismo en Inglaterra. Pero María murió sin descendencia y fue entonces cuando subió al trono Isabel, que como Isabel I asumió la corona de Inglaterra e Irlanda entre 1558 y 1603, accediendo al trono de un país dividido dramáticamente por cuestiones religiosas, con las que se propuso acabar, y con una relación gélida y hostil con Felipe II que nada bueno podría traer a ninguno de los dos reinos.

Isabel I de Inglaterra, Atribuido a Isaac Oliver           Una de las primeras medidas que tomó Isabel I, en línea con su padre Enrique VIII y su hermanastro Eduardo VI, fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, de la que se convirtió en la máxima autoridad. Se sintió amenazada por la durísima represión del Duque de Alba de las revueltas protestantes en Holanda, así como por el ataque de Felipe II contra los barcos de Francis Drake, cuya actividad pirata contra la marina mercante española era abiertamente apoyada por la reina Isabel. La derrota de la Armada Invencible española en 1588, creada por Felipe II para acabar con la hegemonía naval inglesa, supuso un alivio y sobretodo un acicate en las hostilidades con España, que conducen a Inglaterra a atacar los puertos de Galicia, y fomentar la sublevación de Portugal y de los Países Bajos como forma de menoscabar el poderío del imperio español.

Sir Francis Drake (1591), obra de Marcus Gheeraerts, o Jovem, no National Maritime Museum          Al año siguiente al desastre de la Armada Invencible, creyéndose dominador de la situación y buscando explotar la coyuntura naval, la Flota del corsario Francis Drake atacó el puerto de la Coruña, donde se habían refugiado muchas de las naves que lograron volver del desastre. Sitió la ciudad con un ejército de catorce mil hombres, buscando crear una cabeza de puente para llegar a Santiago; de hecho algunas fuerzas inglesas hacían incursiones hacia el interior asolando cuanto encontraban a su paso, saqueando y profanando las iglesias. El objetivo declarado era Santiago, considerada por las huestes protestantes como el principal emporio de la superstición papal, para apoderarse de sus tesoros y profanar el Sepulcro del Apóstol, por desatada animadversión al Catolicismo, al modo que, por la política de desmantelamiento de santuarios católicos, había ocurrido ya con la tumba de Santo Tomás de Canterbury, en propio terreno inglés, que siendo ya foco de peregrinación del mundo católico, fue profanada en 1538 durante el reinado de Enrique VIII, fundador de la Iglesia anglicana, iniciándose las difíciles relaciones con el Catolicismo.

El jóven Felipe II. Tiziano. Fragmento          La rivalidad naval y el enfrentamiento religioso entre España e Inglaterra eran muy fuertes, y saquear Santiago y profanar sus reliquias era el modo de hurgar y agravar la herida española, pues en ese sepulcro había buscado amparo espiritual Felipe II ante su matrimonio con María Tudor, con quien se casó un 25 de Julio. La reina inglesa María Tudor, nieta de los Reyes Católicos, era devota de Santiago y según algunos biógrafos, deseaba peregrinar a la tumba apostólica. El saqueo de Compostela ofrecía a Francis Drake un desquite personal de Isabel I de Inglaterra, humillando la memoria de su hermanastra y predecesora en el trono.

maria-pita-icono          La valentía y la hábil estrategia de la escasa guarnición y de la población de la Coruña, al mando del marqués de Cerralbo, donde resaltó singularmente el papel heroico de María Pita, obligaron a Drake a reembarcarse tras sufrir numerosas pérdidas y sin conseguir conquistar Santiago como pretendía.

24clemente_507604          Entretanto la amenaza era vivida con alarma en Santiago de Compostela, por lo que su Arzobispo Juan de Sanclemente pidió auxilio real para que el Santo Cuerpo del Apóstol no fuera profanado. Pero nada dijo ni dejó escrito sobre las medidas que se adoptaron para la protección de los Sagrados Restos. Se puso a salvo el patrimonio jacobeo, enviando los documentos valiosos y objetos preciosos que atesoraba el templo compostelano, a la catedral de Orense y la Torre de Camba (en el partido judicial de Lalín). Pero se opone a que los restos apostólicos saliesen de la Catedral, pronunciando aquellas memorables palabras: Dejemos al Santo Apóstol, que él se defenderá y nos defenderá a nosotros. El cabildo resuelve entonces ocultar las santas reliquias del Apóstol y de sus dos discípulos, dentro de la misma catedral, sacándolas de sus sepulcros y depositándolas en un tosco sarcófago construido con cierta precipitación y en un ambiente de impenetrable reserva, en modo que solo el Prelado y unas pocas personas a las que confió esta misión, fueron conocedores de la decisión de ocultamiento de las reliquias apostólicas y del improvisado lugar de ocultación.

          Allí deberían permanecer en principio hasta que los ingleses levantaran el cerco y reembarcaran hacia sus lejanas tierras, momento en que deberían haber sido restituidas al primitivo lugar donde habían estado durante siglos. La realidad fue que las reliquias no fueron restituidas ni siquiera años después de que Drake fuera vencido y se viera obligado a retirarse con sus naves y su ejército; consta en actas del Cabildo compostelano que, a pesar de la retirada de las fuerzas inglesas, persistía la inquietud y la alarma en la ciudad, por lo que Juan de Sanclemente mantuvo el ocultamiento y el secretismo sobre el lugar en que se había realizado. Y así se mantuvo la situación durante los años sucesivos hasta el fallecimiento del Prelado en 1602, llevándose consigo el secreto del lugar donde quedaron escondidos los restos del Apóstol, sin dejar documento ni referencia sobre la cuestión. Es de suponer que dejó informado a colaboradores del Cabildo, pero igualmente guardaron con tanto celo el secreto, que se fueron de esta vida sin dejar constancia del ocultamiento, que terminó por perderse en la memoria de todo el ámbito compostelano.

          Cuesta pensar que tal cosa pudiera haber ocurrido, acaso por imprevisión o quizás por un cálculo erróneo de los acontecimientos. Pero la explicación de este sorprendente suceso tenía una justificación que no podía ver la luz y que esclarece por qué permaneció ignorado bajo un secretismo hermético.

Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b          El gran proyecto de Felipe II era la construcción del Monasterio de San Lorenzo del Escorial con el propósito de que fuera templo de culto, palacio real y panteón de la monarquía hispánica, con aspiración de ser el centro cultural, científico y religioso más importante del mundo. Apasionado devoto del catolicismo, sentía una honda atracción por las reliquias de santos. Por expresa orden del monarca, el erudito historiador, arqueólogo y cronista del reino Ambrosio de Morales realizó un viaje por España, inventariando reliquias y manuscritos de monasterios, iglesias y ermitas, especialmente por los reinos de León y Galicia y Principado de Asturias. Después cursó órdenes a todos lamina11-598x448los lugares bajo su dominio, para que le fuesen remitidas todas las reliquias posibles, en modo que adquirió una enorme colección de las más variadas e increíbles reliquias; se contaban por miles, perfectamente organizadas, distribuidas y separadas incluso por sexos, en el Gran Relicario del Monasterio del Escorial, que en año 2004 dio pié a la elaboración del libro “Las reliquias del Monasterio del Escorial”, de más de 1000 páginas, aunque muchas de esas reliquias fueron objeto de el-escorial-relicario--644x362un gran expolio por las tropas francesas, durante la invasión Napoleónica. El Padre Sigüenza, dedicado a la catalogación y custodia de las reliquias, decía que en El Escorial había reliquias de todos los santos con excepción de San José, San Juan Evangelista y Santiago el Mayor, cuyo cuerpo íntegro se custodiaba en Compostela.

          Aquí está la justificación del secretismo compostelano. Si las reliquias se vieron amenazadas por la incursión de Francis Drake, el Cabildo Compostelano temió que el monarca, en su afán recopilador, con excusa de protegerlas, las reclamara y se hiciese con ellas. Por esa razón llevó una política que hiciera imposible de todo punto la visualización de los restos y su posible extracción.

images          En su visita a Santiago en 1571, Ambrosio de Morales no pudo bajar a la cripta sepulcral, ya que seguía tapiada e inaccesible como la dejara Gelmírez tras su reforma del altar, y se limitó a describir minuciosamente el altar Mayor del Apóstol levantado por Gelmírez, que describe así: “El altar es hueco, y en el testero del Evangelio tiene una puertecita cerrada que solo se abre a los Arzobispos cuando vienen de nuevo, y a los Reyes, y a mí se me abrió por ir de mandado de V.M. Lo que hay dentro es dos piedras llanas en el suelo, y al cabo de ellas un agujero pequeño, por el que no cabrá más que una naranja, y está tapado con cal; este pasa a un hueco que está debajo del altar y de sus gradas, y aún hasta más afuera de la capilla mayor. En esta 396 4 Viaje de Ambrosio de Moralesconcavidad está el cuerpo del Santo Apóstol en su tumba de mármol, en que fue hallado, y es muy celebrado en nuestras historias, y en los privilegios de los reyes muy antiguos y con estar toda la iglesia por debajo hueca, cuando llega la cripta a la capilla mayor, está atajada con un muro grueso, para dejar cerrado del todo el santo cuerpo”. Y hablando de Gelmírez de cuyo tiempo era el altar descrito, añade: “Él fue el que encerró el cuerpo del Apóstol, así que ya no se puede entrar a donde está, porque debía ser muy grande la frecuencia de mostrarlo a los Reyes y grandes Príncipes, que de todas partes venían a la santa romería, año de 1105 de J.C., como afirman los versos inscritos en el frontis del altar”. Ambrosio de Morales sospecha las causas por las que fue cerrada la cripta del sepulcro santo: el regalo de alguna reliquia de la cabeza del Apóstol a la catedral de Pistoya “hecho con suma dificultad, pero con benigna caridad”, dice el propio Morales.

          Si el monarca, ante la amenaza del ataque inglés, hubiera ordenado una inspección en firme para hacerse con las reliquias, no encontrarían reliquia alguna que llevarse, pues habían sido puestas a buen recaudo bajo el más absoluto secreto.

g_vigoenfotos_0611x          El resto del Cabildo y el pueblo entendían que las reliquias seguían allí, pues no tenía noticia del ocultamiento ni información alguna de que hubieran sido evacuadas. Para venerar a su Santo Patrón, como se hacía desde los tiempos de Gelmírez, los fieles se arrodillaban en el centro del deambulatorio, en el mismo lugar que los canónigos, en las procesiones capitulares, se detenían cantando la antífona “Corpora sanctorum in pace sepulta sunt et nomina eorum vivunt in aeternum”. Y compensaban la falta de evidencia sepulcral a través del rito del abrazo a la figura románica del Apóstol Santiago, obra de la escuela del maestro Mateo, rito que se mantiene con toda su fuerza, a pesar de la recuperación del acceso a la cripta sepulcral.

          Pero la situación precisa del lugar donde estaban los restos apostólicos era ignorada, y la situación va a permanecer así durante los próximos tres siglos hasta el redescubrimiento de los mismos en el siglo XIX.

 Nueva_imagen_1_         El Arzobispo Juan de Sanclemente rigió la sede compostelana durante 15 años (1587-1602), un espacio de tiempo ostensiblemente superior a la media de permanencia en el cargo superando a la mayoría de arzobispos que ocuparon la sede compostelana. Son numerosas las aportaciones y acontecimientos de interés vividos durante su conducción. Afrontó épocas de pobreza, hambre y peste, que ocasionaron mucha mortalidad y orfandad, lo que le llevó a crear escuelas primarias, un colegio para chicas pobres que con el nombre de Las Huérfanas llega hasta nuestros días, y Colegio de pasantes becados que lleva su nombre (actualmente Instituto Rosalía de Castro) iniciativas y fundaciones que hablan de la preocupación e inversiones en educación y ayuda para combatir la pobreza. Afrontó la reforma del Coro Catedralicio y acometió el img_xjrtwv1bfnc3kmleembellecimiento del cimborrio, con apertura de ventanales y renovación de las vigas y poleas que sustentaban el funcionamiento del Botafumeiro, lo que incidió en que este único y emblemático ritual haya llegado hasta nuestros días, pues muchos canónigos eran partidarios de su desaparición por considerarlo una antigualla medieval.

          Pero, dentro de este amplio bagaje compostelano del arzobispo Juan de Sanclemente, el acontecimiento históricamente más interesante y singular es el episodio del ocultamiento de las reliquias apostólicas que, por permanecer durante mucho tiempo ignorado, merece la pena conocerse en los detalles de su marco histórico para explicarnos este momento poco conocido en la interpretación histórica de la Tradición Jacobea.

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