12- Endrina y los cantos peregrinos

 y2pc         “Endrina y el secreto del peregrino” es una magnífica novela escrita para el público juvenil pero que bien merece ser leída por todo tipo de públicos, y especialmente las variadas gentes de ámbito jacobeo. Su autora, Concha López Narváez, teje una trama ingeniosa y atractiva que atrapa al lector al mismo tiempo que describe el costumbrismo jacobeo medieval con literaria maestría. Tras estudiar Filosofía y Letras, se licenció en Historia de América y ha dedicado muchos años a la enseñanza y la investigación. Autora de más de cuarenta novelas infantiles y juveniles, la docencia y la creación literaria ocupan el mismo lugar en su corazón. Sobre Endrina, la protagonista de esta hermosa endrinaaventura, la propia autora dice que es una joven alegre, decidida, valiente, curiosa, pero también comprensiva y tierna; y sobre todo, inteligente y culta, a pesar de ser una mujer del siglo XII. Vive en Navarra, y desde allí inicia un largo viaje hasta Santiago de Compostela, marchando con dos peregrinos, uno anciano y otro joven; pero siendo ella quien los acompaña y facilita el Camino. Mujeres independientes, cuidadoras de sí misma, así son todas las que aparecen en los libros de Concha López Narváez, y entre ellas Endrina es su preferida.

 

3. ENDRINA Y LOS CANTOS PEREGRINOS

 Valcarlos-Spencer Jones    A Endrina solían venirle ideas a la mente como golpes de viento, de pronto y sin aviso: ¡marchar a Compostela! Eso era; caminar al lado de Guillaume y Henri durante muchos días y conocer lugares diferentes… ¡Tenía que partir! Su valle de Carlos era hermoso, pero ahora sentía una extraña inquietud que no podría calmar sino en otros caminos.
-¡Padre, madre! -suplicó-. Otros marcharon antes. No soy una niñuela que no pueda cuidarse de sí misma; para San Juan de junio tendré cumplidos los quince años.
Pedro de Tabladiello se debatía entre dudas; ciertamente, marchando a Compostela había lugares de gran aspereza y posibles peligros: ríos de aguas bravas, bandoleros, fiebres, lobos, tormentas, lluvias, soles… Pero aún tenía vivos en la memoria aquellos caminos que recorrió de mozo con su viola al hombro y los ojos cuajados de ilusiones. Entonces conoció muchas gentes distintas, y bullicio de villas y ciudades, y también supo de cuitas y zozobras… Pero siempre fue hermoso. Era osado entonces, como osada era también Oria, su esposa, a quien, siendo fijadalga, le quedó el corazón prendido en su viola y, olvidando hidalguía, se dejó atrás padre, madre y tierras de Castilla para seguirlo. Y ahora aquella Endrina suya, pequeña y brava, también quería marchar. Sin embargo, había sombras de dudas en los ojos de Pedro.
Endreina, advirtiéndolo, añadía razones a las que ya había dado:
-Recuerda, padre, a la llamada Bononova de Lombardía, de la que aún se habla, que siendo mujer recorrió al menos doce veces el camino que lleva a Compostela. Guiaba peregrinos y, según tengo oído, era de mayor osadía que muchos hombres fuertes, la primera en todos los peligros y la más animosa en medio de las cuitas…
Pedro de Tabladiello asintió al fin, apartando las dudas de su mente.
-Dejemos volar el pájaro temprano, que los vuelos primeros son gozosos -dijo.
Oria sentía en el alma inquietudes de madre, pero también había sido inquita en sus años de moza y podía entender aquello que se andaba agitando en el pecho de Endrina.
-Puesto que tú lo dices , dejémoslo volar, y quiera Dios que sean sus vuelos alegres y ligeros- exclamó, mirando en primer lugar a su marido y después a su hija.
Al oírla, todo en Endrina se volvió júbilo, pero fueron las palabras de Dimio, que tenía las raíces muy hondas en sus montes y no entendía inquietudes de marcha, las que empañaron su dicha.
-Padre no puedo comprender de qué modo permites que tu única hija, todavía casi niña, marche por caminos tan largos y difíciles con la sola guarda de un anciano y un mozo de quienes apenas conocemos otra cosa que el nombre. ¿Ysi luego resultan ser rufianes?.
La cara de Endrina enrojeció se ira. Iba a empezar una indignada plática, pero su padre tomó primero la palabra:
Jakobs_Brueder-1568-Bajo los hábitos de esos dos peregrinos se ocultan cumplidos caballeros. No me engañan los ojos de los hombres, Dimio, hijo; he conocido a muchos… Y además nuestra Endrina sabe cuidarse sola, es brava y es prudente y, sobre todo ello, su mente tiene ingenio.
Tú sabrás, padre, lo que se ha de hacer; pero si después tuviera alguna desgracia o agún tropiezo, recuerda que ya te lo había advertido.
-¡Calla ya, pájaro de negras plumas, que siempre estás graznando con augurios adversos! –exclamó Endrina, saliendo luego aprisa para buscar a Henri.
Lo divisó junto a Don Guillaume, en un alto, con la vista perdida entre valles y montes, como si de algún modo quisiera grabarlos en su alma.
-¡Henri, Henri, parto en vuestra compañía! –gritaba , corriendo hacia su encuentro.
Jadeaba sonriente cuando se detuvo junto a los dos peregrinos.
Don Guilaume la miró con ojos sorprendidos:
-Entiende, hija, que no podemos brindarte ninguna recompensa; nada poseo que tenga algún valor, pues de la bolsa que has tenido en tus manos sólo me pertenece el deber de llevarla a Compostela.
-Pero, señor, yo no deseo otra cosa que marchar en vuestra compañía y ver caminos nuevos.
-Los caminos son largos y ásperos. El cansancio es a veces tan hondo que se adentra en las almas… y además acechan los peligros, Endrina.
trovador1-Nunca temió a los peligros la hija de Pedro de Tabladiello. Mi padre recorrió la mitad de las tierras del mundo con su viola al hombro; mi madre se olvidó de toda su hidalgía para casarse con él, y halló honra doblada tornándose villana; mi abuelo Gonzalvo fue valiente y también mi trasabuelo* Xoan, que además fue esforzado y generoso, pues él solo, sin tener otra ayuda que la de sus dos manos levantó un puente de tablas sobre un río de Galicia para alivio de cansados peregrinos. Xoan de Tabladiello le llamaron por eso, y Endrina de Tabladiello me llamo en su memoria. Teniendo tal linaje, espero los peligros con la mirada en alto y mostrando sonrisas.
Henri estaba tan alegre como día de sol pero solía hallar divertimento alterando los ánimos de Endrina.
-¿Y que ayuda podrías tu prestarnos? -preguntó.
-¿Qué ayuda dices? ¿No has oído hablar de los lenguajereos*? Pues lenguajera soy, y no de las peores. Estira las orejas y, si puedes, escucha.
Las palabras salían de la boca de Endrina con tanta ligereza que apenas si podían oírse todas ellas; eran muchas en la lengua de Francia, bastantes en la de los teutones*, algunas en la de los ingleses…, y además un torrente de dichos castellanos y gallegos alternando con aquellos otros que se oían en las tierras de vascos y navarros…
Henri y don Guillaume no hacían otra cosa que callar y asombrarse. Endrina siguió hablando:
-Catorce años de mi vida, los que ahora tengo, he pasado a orillas del camino que llaman Francés porque, cruzando Francia, conduce a Compostela romeros de todos los países. A muchos escuché, con muchos hablé y de todos aprendí una palabra nueva. A varias lenguas de España yo las tengo por mías y en la misma medida fue mi trasabuelo Xoan, leoneses mi padre y mi abuelo Gonzalvo; los cantos de Castilla los escuché en boca de mi madre cuando yo todavía no hablaba, y la lengua de vascos y navarros es la mía.
-Henri la tomó de las manos:
-Al nacer tú ya hablabas, y por Santa María que prefiero marchar por los caminos empleando el lenguaje de las señas que llevar a mi lado a quien tanto y tan aprisa habla -exclamó sonriendo.

     Los días que siguieron fueron de prisas y de afanes; apenas tuvieron el tiempo necesario para coser el hábito de Endrina y aviar alforjas y bordón…
Obispo bendice a un peregrino antes de salirA fin llegó la hora de la marcha. ¡Qué hermoso rompió abril aquella amanecida!
De rodillas en medio de sus padres, entre otros peregrinos, Endrina recibía, bendecidos, los símbolos de su peregrinaje de manos del abad del monasterio de San Salvador de Ibañeta:
-Te entrego este bordón y estas alforjas como signo de tu peregrinación…
Después los cantos peregrinos se alzaron al Señor con voces de alabanza:

Te Deum laudamus;
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur…

(A vos, oh Señor , os alabamos; / a vos, oh Señor, os reconocemos, /
A vos, Eterno Padre, / os venera toda la Tierra…)

Portada de Colección Austral Juvenil

     Comenzando la marcha, a Endrina le invadía un sentimiento nuevo: por primera vez se alejaba de su valle de Carlos, de su hogar, de sus padres, de su fiel Juan sin cuitas… El gozo de marchar seguía en su interior pero envuelto entre brumas de una cierta tristeza; era igual que la niebla cuando ocultaba la cumbre de los montes.
A Oria se le iban las lágrimas.
No te aflijas, mujer, que habrá de ir segura, pues doné al monasterio veinticinco sueldos* para el buen fin de la peregrinación, y los santos protectores de los caminos nos lo tendrán en cuenta –exclamó su marido para darle sosiego.
-¡Que Santa María y Sant Yago os guarden, hija mía…!.
-Quedad con Dios, padre y madre; queda con Dios, mi buen hermano Dimio.
Cientos y cientos de peregrinos, llegados de todos los lugares, descendían ya las verdes y suaves laderas que bajaban hasta Roncesvalles. Comenzado el día entonaban el himno que llamaban de Ultreia o de los peregrinos de Flandes, pero que tenían por suyo todos los romeros que iban a Galicia. Era un canto de esperanza que al romper cada mañana se elevaba a lo alto en todos los caminos del peregrinaje:

Dum pater familias,
rex universorum
donaret provincias,
jus apostolorum;
Jacobus Hispanias
lux illustrat morum.

¡Herru Sanctiagu!
¡Got Sanctiagu!
E ultreia e sus eia
Deus, adiuva nos.

(Cuando aquel buen Padre, / rey de toda guía / a los doce apóstoles los reinos cedía, /
Santiago a su España santa luz traía. / ¡Oh Señor Santiago! ¡Gran Santiago! /
E ultreia e sus eia; protégenos, Dios.)

     Henri y Endrina se adelantaron por el sendero abajo. Cantaban cogidos de la mano:

¡Herru Sanctiagu!
¡Got Sanctiagu!

     El camino volvía y revolvía igual que una larga serpiente, los prados brillaban de sol sobre el rocío, y en los bosques de hayas y de robles había hojas tiernas apuntando en verdes diferentes… Ya no quedaban nieblas en el alma de Endrina.
¡El día estaba hermoso! Los cantos peregrinos proseguían:

¡Herru Sanctiagu!
¡Got Sanctiagu!

     Después los romeros dejaron los himnos en latín y cantó cada cual en su lengua. Semejaban una alegre algarabía de pájaros distintos y contentos.
Henri y Endrina se detuvieron a orillas del camino por mejor escucharlos; de pronto oyeron hablar a sus espaldas:
-Gozosos bajan los romeros. Dijérase que les tomó los ánimos la nueva primavera.
Se dieron la vuelta con presteza y se hallaron de frente con un pastor de ovejas anciano y encorvado. Tenía el rostro oscuro y cejijunto, cruzado por cien surcos de arrugas; pero en sus ojos viejos todavía quedaba un rescoldo de júbilo…
-¿Marchan los peregrinos hacia el monasterio de los agustinos de Roncesvalles?.
-Hacia allá íbamos, amigo. Por cierto que no sé si habremos errado en el camino, pues pensé que el monasterio estaría más cercano –respondió Endrina.
-Por buen camino vais; enseguida tendréis el monasterio delante de los ojos.
Doblando un último recodo, lo avistaron de pronto, apoyando sus piedras grises sobre el verde de una ladera.
Después, sentados en la hierba, oyeron de boca del anciano la historia del monasterio de Nuestra Señora de Roncesvalles; algún poco en francés, que el pastor lo conocía un tanto,, y otro poco en lengua de los vascos,; entonces Endrina escuchaba y después hacía de lenguareja.
patronimicos_02-El tiempo de este sucedido está ya muy lejano –comenzó a decir el pastor-. Los viejos lo oyeron de otros viejos, que también lo escucharon de otros. Dicen que en una noche oscura tres pastores vieron entre las hayas luces vivísimas y que primero se turbaron pensando que eran fulgores de almas peregrinas. Pero como el fulgor se repitió varias noches seguidas, acordaron llegar hasta el lugar en el cual lo divisaban para ver si era cosa de vivos o de muertos. Y cuentan que en medio de dos hayas avistaron un ciervo con los cuernos ardiendo que parecía venirles con mensajes, pues comenzando a andar, de trecho en trecho volvía la cabeza, y si cesaban los pasos de los hombres, él detenía los suyos. Llegando el animal al lado de una fuente que manaba entre peñas, quedose junto a ella sin hacer movimientos. Entendieron entonces los pastores que era aquello señal de un hecho prodigioso, y con grandes esfuerzos abrieron un hueco entre las rocas y hallaron, al amparo de un arco de piedra, una preciosa imagen de la Virgen Gloriosa…, y aquel fue desde entonces un lugar de oración. Luego corrieron muchos años, y cuando yo era mozo, el obispo de Pamplona, don Sancho de Larrañosa, mandó alzar, donde ocurrió el prodigio, un monasterio de clérigos de San Agustín que fue al mismo tiempo hostal para romeros. En aquel que veis…
El pastor era un pozo de dichos pero los cantos peregrinos ya estaban tan cercanos que hubo de poner fin a sus palabras, aunque con gran descontento, según advirtieron Endrna y Henri.
8496336-72-7_g - copiaNada sucedió en el monasterio de Roncesvalles digno de ser contado, sino que, hallándose un nuevo grupo de peregrinos, encontraron entre ellos a un monje de la Orden de San Benito que dijo llamarse fray Roderick de Chester. Era un hombre de edad más que mediana, de cuerpo enjuto y color pálido, que tenía unos profundos ojos azules que parecían poder entenderlo todo. De sus débiles hombros colgaban unas grandes y pesadas alforjas. A partir de su encuentro, Don Guillaume y él caminaron juntos como sifueran antiguos amigos. Y también sucedió algo menos importante, pero que llenó a Endrina de sorpresa y contento: salían del monasterio cuando se les hechó encima un torbellino peludo envuelto en ladridos y saltos. ¡Allí tenían a Juan sin cuitas¡ Cansado y jadeante, pero loco de júbilo.
-¡Eres tú, Juan sin cuitas! ¡Eres tú! –reía Endrina, tomando a su perro entre los brazos y besando, con besos repetidos, el lucero negro que tenía en la frente.
El perro le lamía la cara, las manos, el vestido… y no cesaba de menear el rabo.

*Lenguajeros: traductores, muy numerosos en Navarra.
*Sueldos: moneda de la época.
*Teutones: alemanes.
*Trasabuelo: tatarabuelo.

libro_1262278727Endrina y el Secreto de los Peregrinos
Editorial Espasa Juvenil
Capítulo 3: Endrina y los cantos peregrinos, pp 27-37
http://www.planetadelibros.com/endrina-y-el-secreto-del-peregrino-libro-2879.html
 

 

 

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