12- Botafumeiro: rey de los incensarios

FARO SANTIAGO          Si hay un elemento singular en el culto jacobeo de la catedral compostelana es, sin duda alguna, el Botafumeiro, incensario de extraordinarias proporciones cuyo uso constituye, además de un acto de culto litúrgico heredado de tiempos remotos, un verdadero espectáculo cuyo atractivo desborda la curiosidad y la admiración de propios y extraños. Se juntan en un mismo acto el culto religioso con significado de alabanza y la fascinación popular, ante las proporciones extraordinarias del incensario y de su fabulosa dinámica pendular, conformando un lance de una fuerza inusitada que se viene perpetuando a través de los siglos.

 ???????????????????????????????         Realmente es a comienzos del siglo XIX cuando surge una verdadera atracción por este elemento litúrgico del pasado y, como veremos, el regalo de un ejemplar por parte de la monarquía francesa a mediados del siglo XVI acredita que el uso es una tradición anterior a esta fecha. Pero durante mucho tiempo no se ha sabido con precisión el momento de su inicio en la liturgia compostelana.

 fig 1. Nota marginal del 1er cuarto del siglo XV. Códice Calixtino, folio 162r         La primera referencia documental que se tiene del Botafumeiro es una cita del Códice Calixtino, en el que se le llama “Turibulum Magnum”. Se trata de una nota marginal, registrada con letra probablemente del siglo XIV, incluida en el códice de la iglesia de Santiago, de los llamados Libros de Calixto II, en la parte en que se describe la solemne procesión instituida para festejar el Santo Apóstol (fol. clxii, libro III y cap. IV): [La procesión está] ahora engalanada con la cabeza de Santiago Alfeo en un busto de extraordinaria magnitud de plata dorada, con muchas y grandes piedras preciosas, y principalmente con un gran incensario de plata, suspendido de cuerdas desde la parte superior de la iglesia, corriendo por poleas desde el pórtico septentrional hasta el meridional, lleno de carbones encendidos y portando incienso, a un lado y otro de la parte superior de la iglesia, mientras asiste el Prelado revestido con ornamentos pontificales con toda la procesión, según queda descrita.

          Acerca del origen del Botafumeiro, Neira de Mosquera (1852) dice sucintamente que se pierde en los remotos tiempos de la peregrinación a la catedral de Santiago, remontándose al siglo IX. Tal afirmación es desechada a finales del siglo XIX, en que JosusPhotillos. Tomada el 2 de enero, 2012prevalece la tesis de López Ferreiro que, a partir de la nota marginal del Códice Calixtino, pudo avanzar solo que ya existía en el siglo XIV, lo que propició especular con que el inicio de su uso podría estar en los siglos XII, XIII o bien, con más frecuencia, XIV, concretamente bajo el episcopado de Berenguel de Landoira (1318-1330) que fue quien mandó crear el busto-relicario de Santiago Alfeo (1322) que es citado en la nota del Calixtino.

JulioVázquezCastro          El profesor Julio Vázquez Castro en septiembre de 2010 realiza una relectura de la nota marginal del Códice Calixtino reseñando que lo destacable no es el uso del busto-relicario (existente desde 1322) sino su rica ornamentación con joyas de la colección del arzobispo Juan García Manrique (1382-1398), que fueron engastadas en el segundo semestre de 1398, por lo que la Detalle jpgnota del Calixtino no puede ser anterior a esta fecha. Por otra parte en julio de 1426 se realizó un recuento de los objetos del tesoro de Santiago entre los que se incluye el gran incensario. En una lectura detenida del texto marginal observaremos como a pesar de que el busto-relicario de Santiago Alfeo se había decorado con ricas y muy costosas piedras hacía poco tiempo, lo que realmente interesa y llama la atención en el texto fue el uso del Botafumeiro, y a él se dedican once líneas y media del total de veintidós que presenta la citada anotación marginal, por lo que, en opinión de Vazquez Castro, el texto refleja el asombro por un nuevo artefacto. Es decir, el texto de la nota marginal se escribe entre mediados de 1398 y mediados de 1426, justo en el momento en el cual se introduce ese nuevo ritual en la iglesia compostelana. El Botafumeiro, por lo tanto, posiblemente tuviese su origen entre los citados años, o redondeando, entre 1400 y 1425 aproximadamente, bajo el mandato del arzobispo Lope de Mendoza, en cuya biografía Escudo del Arzobispo Lope de Mendozaaparecen otras claras iniciativas de buscar una gloria póstuma que no le deje relegado al olvido, y el deseo de magnificar, engrandecer y solemnizar la Iglesia compostelana y sus oficios litúrgicos. El primer cuarto del siglo XV reúne estas connotaciones y precisar como el tiempo más probable, el transcurrido entre 1422 y 1423, ya que, aunque proyectado desde 1400, el 1423 fue en realidad el primer Año Santo Compostelano, y en otras citas de la época se detecta la pretensión de engrandecer la sede compostelana meta de peregrinaciones de toda Europa, con la iniciativa de unos actos litúrgicos en el interior de la catedral sin precedente histórico, en donde encaja plenamente el Botafumeiro, cuya función principal y casi exclusiva fue la de solemnizar las procesiones realizadas en el interior del templo los días de las mayores festividades religiosas.

DSC00264          La construcción del cimborrio gótico de la catedral, que se llevaría a cabo entre 1422 y 1426 es otro factor importante en esta datación, por cuanto se dio la circunstancia de la necesidad de instalación de una polea amarrada a vigas, durante largo tiempo, que serviría para subir y bajar candelabros y lámparas, así como materiales y pequeños sillares, generando las condiciones idóneas para que surgiera la idea de instalar un gran incensario y disponer del tiempo necesario para las pruebas pertinentes de seguridad y garantía que se dieron precisamente en este tiempo por las obras del cimborrio del templo, permitiendo los ensayos y pruebas necesarias hasta desarrollar la dinámica de impulsión y parada del artefacto entre la intuición, la práctica, la perspicacia y el azar, hasta generar la experiencia que condujo a la Fig 6 Tambores coaxiales de distinto diámetro para el funcionamiento del botafumeiro. Catedral de Santiago de Compostelaideación de una polea doble con un mismo eje pero con tambores de distinto diámetro para que cuando los tiradores al recoger y soltar cuerda, generasen una amplificación del vuelo del nuevo artefacto litúrgico qué, de modo rápido llegaba prácticamente hasta las bóvedas del templo, como señala la citada nota marginal del Códice Calixtino.

          Estudiado bien el funcionamiento del mecanismo, se procedería a realizar un incensario de plata de gran tamaño y considerable peso, como reflejan la nota marginal del Calixtino y el inventario de 1426, y con el dominio de la técnica surge la escuela y la transmisión celosa generacional, designándose una persona específica para el manejo del nuevo artefacto, como consta en las relaciones del personal catedralicio a finales del siglo XV y comienzos del XVI.

louis-XI          En el s. XV el rey Luis XI de Francia costeó la fabricación de un incensario de plata, que en 1809 será sustraído por las tropas napoleónicas para su fundición y conversión en plata durante la Guerra de la Independencia. Tuvo que ser sustituido por otro más moderno y menos ostentoso. Hoy existen dos ejemplares que se guardan en la Biblioteca Capitular: el de uso común es de 1851, de latón bañado en plata, con unos 160 centímetros de altura y unos 54 kilos de peso. El segundo es una réplica en plata, obsequio de los Alféreces Provisionales a la Catedral en 1971.

 Retrato de José María Gil Rey a plumilla, El anfiteatro Anatómico Español, nº 39 (31-08-1874).         José María Gil Rey (Santiago, 1815-1853), uno de los gallegos más distinguidos durante el segundo tercio del siglo XIX, además de trabajos botánicos, geológicos y químicos, publicó algún trabajo histórico-literario sobre Compostela y su catedral, con atención particular al Botafumeiro, al que dedicó un escrito que impulsó el interés por la antigua tradición del incensario compostelano:

               Hay en esta cúpula cuatro sustentáculos en arco, dorados como toda ella, que suspenden desde su entrecruzamiento, en los días de mayor festividad, un enorme incensario que recorre en sus oscilaciones todo el crucero, y al efecto es puesto en movimiento por una porción de hombres: nada me ha sorprendido mas, que verlo pasar por encima de las cabezas de la muchedumbre, durante la procesión, al mismo tiempo en que los cánticos solemnes, la armonía con que se corresponden las voces é instrumentos de la capilla y el son ruidoso de los órganos, la magnificencia de los ornamentos sagrados, y el aroma del incienso, llenan los corazones de un profundo arrobamiento religioso.

          Si los relatos precedentes de siglos anteriores eran descriptivos, aquí no solo se describe una ceremonia más o menos pintoresca, sino que además se expone una vivencia que surge del “espectáculo” total de la ceremonia que llena la vista, el oído y el olfato, y es capaz de conmover al asistente.

 Nueva_imagen_8_         Tal vez a partir de esta referencia de Gil Rey, sumada a una referencia atribuida a Victor Hugo sobre el incensario compostelano, Antonio Neira de Mosquera (Santiago, 1818 – 1853) realizará en 1952 un estudio del Botafumeiro, en el que de atiende los aspectos descriptivos, históricos y artísticos, con un análisis de su origen, su función y sus valores artísticos, con tal repercusión que es a partir de este trabajo cuando el Botafumeiro se convierte en un símbolo compostelano de valor universal.

Tiene un santo Compostela,
Y el rey de los incensarios
Que de nave á nave vuela.
VICTOR HUGO. Orientales

 jacinto         La cita no es realmente de Víctor Hugo, ni deja de serlo tampoco, sino que se trata de una traducción libre de unos versos ciertamente de Víctor Hugo que hizo el poeta gallego Jacinto de Salas y Quiroga, donde incluye algo de su cosecha para cuadrar la rima, modificación que toma Neira Mosquera como original del poeta francés. Lo cierto es que constituye una referencia de prestigio para el Botafumeiro que pasa a ser el rey de los incensarios, aunque la autoría no fuese con precisión la señalada.

          Un hecho que puso de actualidad el Botafumeiro, fue que en 1851 se fabricó un nuevo incensario, y su inauguración debió constituir otro impulso de exaltación romántica acerca de la renovación de un viejo rito con raíces medievales. Procedía resaltar la novedad pero dejando constancia histórica del antiguo botafumeiro ya desaparecido.

FARO SANTIAGO          Guardando cierto paralelismo con las ideas románticas expuestas por Gil Rey, Neira nos dice que “existe algo de misterioso, de simbólico y de solemne en este espectáculo religioso. El pavor descompone en nuestra imaginación sus líneas sombrías y aterradoras, y de la sorpresa pasamos al estupor, y del estupor al recogimiento, como se llega a la oración desde la desgracia, y al remordimiento desde la culpa”.

Nueva imagen (2)          En este artículo se da nombre, por vez primera, al gran incensario: vota-fumeiro, término que Neira usa ya en el título del trabajo, “O Vota-fumeiro de la catedral de Santiago”, exponiendo que dicho término equivale en dialecto gallego á “echa humo”, paráfrasis vulgar que describe la palabra incensario en base a su función: esparcidor de humo. El vocablo adquiere un éxito absoluto, pasando a ser el nombre por el que es universalmente conocido, aunque con la grafía corregida ya desde finales del siglo XIX: Botafumeiro. El nombre no aparecía en ningún documento precedente, y aunque es muy factible que fuera el nombre vulgar con el que los compostelanos se referirían al gran incensario, nunca antes fue reflejado por ningún autor en ninguna crónica, por lo que cabe concebirlo como una intuición genial del autor.

Fig 3 El botafumeiro y la procesión en la catedral de Santiago de Compostela.Grabado sobre dibujo de Antonio Caula y Cornejo. 1897          En cambio si obtuvo éxito su opinión sobre su función. Para Neira la función primera surge de la necesidad de purificar la atmósfera del templo, enrarecido a causa de la aglomeración de peregrinos, sobre todo en la vigilia de la fiesta del Apóstol. Expone que del siglo IX al XV, los peregrinos eran recogidos bajo las galerías de la metrópoli, de suerte que la catedral servía a la par de santuario religioso y de hospital caritativo, en el que los fines de curación e higiene justifican la conveniencia de un incensario de grandes dimensiones. En el siglo XVI, tras la construcción del Hospital de los Reyes Católicos, los peregrinos enfermos ya no pernoctaban en la catedral, por lo que el Botafumeiro se convierte en un instrumento litúrgico manteniendo las dimensiones originales, de modo que llega hasta nosotros el supuesto origen purificador de las suntuosas festividades de la catedral. Pero esta propuesta de Neira no es fruto del estudio histórico, sino que responde a su propia deducción. Ocurrió al revés, es decir, surgió con un fin litúrgico y ceremonial, pero con el tiempo, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, ocupa un lugar destacado su función de purificar y perfumar y llega a ser considerado el fin primero, encontrando refuerzo en opiniones de la época. Una observación más rigurosa permite concebir que la función de perfumar el templo fue una consecuencia, positiva, pero secundaria, del incensario que ya desde sus orígenes fue “Turibulus magnum” con la finalidad de engrandecer el culto litúrgico.

lamina 3 jpgLamina 2 jpg          Un aspecto de interés es el aspecto artístico que se atienden por primera vez en el estudio de Neira. Nos muestra dos botafumeiros, en primer lugar el entonces botafumeiro reciente, construido en 1851 por José Losada, dando sus medidas y precisando que era de latón plateado. Y en segundo lugar el incensario antiguo, un brasero con rejillas a semejanza de los pebeteros moriscos, con las mismas dimensiones pero realizado en hierro. La iconografía aportada de la época es anónima. Asimismo constata que se conserva la tradición de que antiguamente era de plata, tradición ésta que puede documentarse históricamente en la donación en 1554 del rey Luis XI de Francia.

          Literariamente el trabajo de Neira es de los más bellos se han escrito:

          …las oscilaciones de un incensario de seis pies de altura, á ochenta pies de elevación, recorriendo el espacio de doscientos setenta pies, agitado por seis ú ocho hombres […], se anublarán sus ojos, sorprendido por la rugiente carrera de ese colosal brasero, que ya se remonta impetuoso y arrogante, soltando por los abiertos hierros de su plateada cúpula, las revueltas llamas que el viento enciende y apaga á la vez, como el reflejo de un incendio en el agua, ya desciende grave y reposado en medio de los oscuros torbellinos de humo que señalan su curso como el copo de hollín de una fragua amortiguada, ora parece en su descenso una campana que se desploma, ora se asemeja en su elevación á una granada de viva y encendida espoleta.

 botafumeiro voló sobre las cabezas         La multitud se acerca á las rejas de la iglesia para observar al vota-fumeiro, que traspira en revueltos torbellinos de humo, como un lidiador que se inquieta para la lucha, exhalando de las concavidades de su pecho el ardoroso aliento de la impaciencia. De pronto sube á la altura de un guardia de la catedral que lo lanza trabajosamente al espacio como un ariete de quebradas fuerzas, y la muchedumbre abre instantáneamente un surco […], y cuando se remonta hacia los rosetones […], la nave principal es desalojada por la concurrencia, y desde las columnas de las naves laterales sigue con la vista al gigante de greñuda cabeza, que se entrega á los sacudimientos de sus férreos músculos, haciéndolos recrujir como la armadura de los fabulosos y titánicos paladines de los libros de caballería. […] y al detenerse la procesión mitrada al lado opuesto de su salida […], su oscilación es rápida, fugaz, instantánea. Barre de un soplo la atmósfera. No se mueve, no oscila, esto es poco, vuela. […] A guisa de corcel desbocado se le contiene y refrena […] al inquieto vota-fumeiro. […] Desaparece la procesión por segunda vez en las naves laterales, y el vota-fumeiro decae en sus movimientos, desfallece en sus oscilaciones: cualquiera diría que descansa de su infatigable carrera. Al comenzar el villancico de la Soledad, el mismo guardia que lo había lanzado al espacio, detiene sus últimos pasos sobre la reja, como un domador vuelve a su jaula una fiera postrada por la lucha […], es conducido entre dos guardias a la sala capitular, donde se muestra a los forasteros, encerrado en una caja de madera.

          Con el resurgimiento del culto jacobeo durante el pontificado de Payá y Rico (1875-1886) tras el redescubrimiento de los restos apostólicos (1878) y la consiguiente revitalización de las peregrinaciones, el Botafumeriro adquirió un papel destacado, que se hace patente con la aparición de bellos grabados.

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 Botafumeiro07         El actual Botafumeiro realizado en 1851, con unos 54 kilogramos de peso y unos 160 cm de altura con las cadenas extendidas, asciende casi hasta los 21 metros de la altura de las naves y describe un arco de 65 metros, a una velocidad máxima de casi 70 kilómetros por hora. En tan solo 80 segundos alcanza su máxima amplitud de 82 grados. Objeto de admiración de propios y extraños, viene cautivando la admiración del hombre tanto del actual del medieval. Ha sido objeto de atención de obras literarias y artísticas (fig. 7), e incluso la definición de su movimiento plantea diferentes puntos de vista y de estudio.

          No puedo terminar esta revisión sin mencionar el más bello contacto que he podido tener con el Botafumeiro, tradición milenaria sobre la que pude posar mis huellas como peregrino; fue el 2 de Mayo del año santo 2010 al final de la misa del peregrino de mediodía. El celebrante me convocó al centro del presbítero y me invitó a echar el incienso sobre las brasas. Nueva_imagen_10_jpgFue un momento emocionante que quedó grabado para mi suerte, y deja buena constancia de la majestuosidad del momento en que los tiraboleiros, dirigidos por el hijo del maestro tiraboleiro Armando Raposo (tristemente fallecido el 6-4-2014) hacen volar el magno incensario durante los grandiosos sones del órgano y la voz bien timbrada del sochantre o canónigo cantor de la catedral D. Antonio Suárez Nueva imagen (10)Carneiro. Enternecedor ver a uno de los con-celebrantes sacar su cámara para llevarse una instantánea del espectacular momento y enternecedoras las miradas siguiendo la estela del echa-humos.

Fuentes bibliográficas:
– Antonio Neira de Mosquera, «O vota-fumeiro de la catedral de Santiago», Semanario Pintoresco Español, 43 (24 de octubre de 1852), pp. 338-340. Hemeroteca Virtual da Real Academia Galega. Revista Galaica.
 
– El rey de los incensarios. Victor Hugo y el redescubrimiento romántico del Botafumeiro. Julio Vázquez Castro. Abrente: Boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, ISSN 0212-6117, Nº. 40-41, 2008-2009 , págs. 149-186
 
– Un delirio de grandeza en la Compostela medieval. Julio Vázquez Castro. Mirando a Clío: el arte español espejo de su historia : actas del XVIII Congreso del CEHA, Santiago de Compostela, 20-24 de septiembre de 2010 / 2012, ISBN 978-84-9887-840-0
 
– Física del botafumeiro. Sanmartín Losada, Juan Ramón (1990) Física del botafumeiro. In: Orden y caos. Libros de investigación y ciencia. Prensa Científica, Barcelona, pp. 127-137. ISBN 8475930425
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4 respuestas a 12- Botafumeiro: rey de los incensarios

  1. María A.Galindo dijo:

    Que hermosura!

  2. Pedro Feijoo dijo:

    Buenas tardes.

    Muchísimas gracias por lo detallado de su artículo. Lo cierto es que, hasta la fecha, el suyo es el más elaborado de todos los que he podido consultar. Nada más le encuentro un único problema, que paso a consultarle.
    Verá, la cuestión es que todos los textos a los que he podido acceder repiten, una y otra vez, el mismo dato: que el segundo incensario, aquel de plata que las tropas del mariscal Soult robaron en 1809, data del siglo XVI, ya que (según todos esos artículos, entre los que también se encuentra el suyo) “en 1554 el rey Luis XI de Francia regaló el ya citado incensario”. Mi problema es el siguiente: si en realidad la procedencia de ese incensario está relacionada con ese monarca en concreto, una de dos: o la pieza es muy anterior, o el rey hizo el regalo estando un poco muerto, ya que Luis XI falleció en 1483… Así pues, mi problema es el que sigue: ¿conoce usted alguna otra explicación que justifique el origen de esa pieza?
    Le ruego disculpe mi obcecación con ese aspecto en particular, pero es que llevo tiempo queriendo escribir algo a cerca de ese episodio, y no consigo concretar nada. Por lo demás, permita que le vuelva a felicitar por lo detallado de su entrada!

    • Amigo Pedro, tienes mucha razón y fruto de tu observación he rectificado el error, sin duda fruto del copio y pego en el que tantos caemos. Incluso algunas fuentes citan que la donación fue en 1400, en que aún ni había nacido. En alguna fuente he encontrado escrito que no fue una ofrenda de Luis XI sino que fue una ofrenda a Luis XI, lo que no tiene mucho sentido. Desde luego no pudo ser en 1554, pues como bien dices Luis XI murió en 1483, de modo que lo primero que he pensado es que el error puede ser de una cifra y que haya sido en 1454 que encaja mejor, pero resulta que aún no era rey pues fue entronizado en 1461. Claro que la donación pudo hacerla entonces sin ser aún monarca, pero como no he encontrado este detalle y dado que la cita de la donación de Luis XI es generalizada y la veo coherente finalmente me he inclinado por poner esta redacción (que he encontrado en otra fuente): “En el siglo XV el rey Luis XI de Francia costeó la fabrización de un incensario de plata…” que es como ahora puedes verlo escrito.

  3. racurac2 dijo:

    Muchas gracias por su artículo! Es verdaderamente la mejor descripción que he encontrado en la red. Ayer se la leí a mis padres, esposo e hijas y creo que aprendimos muchísimo. Que siga usted disfrutando del botafumeiro con mucha salud y espero poder asistir algun día a verlo volar en persona

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