6- Pícaros y picaresca en el Camino de Santiago

???????????????????????????????          Tomo este préstamo literario de Pablo Arribas Briones, quien además de honrarme con su amistad, es un santiaguista y escritor insigne, verdadero Cervantes de la literatura jacobea. En el encuentro de peregrinos de Villaviciosa de Odón de Junio de 2011, en que le hicimos entrega del premio “Plaza del Peregrino”, tuve ocasión de dedicarle estas palabras en alguna medida también prestadas y que quiero reeditar: “Escritor, conferenciante y amigo de poetas, Pablo Arribas es una de esas personas sorprendentes que de vez en cuando da la tierra; habla de lo que bien conoce, con desenfadado estilo en el que afloran sus hondas raíces castellanas. Hombre sin doblez, leal y agradecido; más ???????????????????????????????clásico y culto de lo que a veces muestra, gusta de sacar a relucir esa su faceta jovial y jocunda, de fino catador de cigarros y de vinos, de maestro y cofrade queimador. Su buque insignia, “Pícaros y Picaresca en el Camino de Santiago”, es una valiosa investigación jacobea que aporta enorme cantidad de datos recogidos por el autor que, por lo riguroso y original del tratamiento del tema, su sistematización en “itinerarios” y “etapas” y la frescura del conjunto, le asegura un puesto entre los clásicos de la peregrinación jacobea“.

Villaviciosa 4 - 2

          El préstamo toma dos pequeñas muestras de esta excelsa obra, una relativa al hambre como impulso de peregrinación y otra sobre las faldas y el pecado de la carne en el Camino Francés.

” …y aún podríamos decir que si en todas las partes
fuesen tan bien atendidos (los peregrinos) como en
Roncesvalles, se despoblarían muchas comarcas
para vivir en perpetua peregrinación”.
Martín Burges de Elizondo
(Manuscrito de la Real Colegiata de Roncesvalles, siglo XVII)
 

EL HAMBRE COMO IMPULSOR DE LAS PEREGRINACIONES

El europeo de hoy no sabe lo que es el hambre crónica, sobre todo cuando las salidas para su remedio están cerradas por circunstancias sociales y sólo queda abierto el portillo, casi una gatera, de la mendicidad o la aventura. A lo sumo en algunos países puede hablarse de un “hambre de variar de alimentos”; de una queja en la monotonía de las comidas. Los cortos de imaginación, o quienes no hayan pasado necesidades, no pueden hacerse idea de lo que supuso la falta de alimentos en la época histórica de las peregrinaciones y la consecuente importancia de su remedio en una sociedad en la que la nómina de desheredados y, vagabundos, que aumentan en relación directa con la decadencia de las peregrinaciones, tiene que poner en juego suerte o ingenio para encontrar, dia a día -y por ello no todos- alguna sopa boba, limosnas o unos mendrugos de pan que echarse al coleto.

Junto a los pobres “naturales” (por mor de las limitaciones biológicas; enfermedad, vejez, viudedad), como historia Luis Martínez García,los siglos XIV y XV, periódicamente afectados por calamidades naturales, las guerras y el hambre, dieron lugar a que proliferasen otros “ocasionales”; en primer lugar, los pecheros, jornaleros, o modestos artesanos que rozaban los límites de la pobreza o la traspasaban. “En un ambiente de crisis tal, no es de extrañar que surgieran vagabundos, malhechores o falsos peregrinos, quienes, en banda o por si solos, se alimentaban del pillaje y del engaño”.

A los pobres “naturales, al pauper evangélico, se suman los pobres ocasionales”, que incluso sin cometer ningún acto delictivo, se echan a la gran senda de la romería santiaguesa para no morir de inanición. Como al Cid le hace decir el poeta aquello que comienza “’Por necesidad cabalgo…”, el hambre les hace decir a un montón de desheredados “’Por necesidad soy peregrino del Señor Santiago”. Y es que no tenían otra salida: el pobre hambriento, hay épocas en Europa que llega a ser cerca de la cuarta parte de la población para subsistir, no tienen otro asidero más cómodo que el de la mendicidad en la senda donde mejor socorren. Sin olvidar que al fin y al cabo, “pedir limosna”, como bellamente han dicho Barret y Gurgand” “forma parte de la vocación de peregrino. Por la actitud de humildad que implica, la mendicidad es una forma de plegaria”.

“”Guardati da pellegrini
Colle Barbe e co’catini
Che limoine Chiedendo
Colle donne van sedendo.”
(Guárdate de peregrinos con barba y
escudilla que pidiendo limosna con
la dueña se van acostando).
Del Reggimento di donne, de Francesco de Barberino.
 

LAS FALDAS Y EL PECADO DE LA CARNE EN EL CAMINO FEANCÉS

El camino hecho rectamente no se presta a los escarceos amorosos: el cansancio al final de las etapas duras, que lo son todas; la rusticidad de los albergues y aún de la comida; la prisa del verdadero jacobita que gusta de ir derecho meditando o cavilando; la ascesis, en suma, del Camino, son un cúmulo de circunstancias y estados de ánimo que no propician los devaneos, o dicho mejor en palabras sabias del Codex: “el camino de peregrinación refrena la voluptuosidad y contiene los apetitos de la carne”. Pero no todos llegan tan cansados, ni llevan prisa, ni gustan de ir a derecho, ni, en suma, son iguales los propósitos ni la fuerza para vencer las tentaciones.

Sabido es desde muy antiguo que la carne es débil y el demonio tentador, pegadizo acompañante de los jacobitas, siempre andaba al acecho de todo lo que ocurría en el camino. Si a esto añadimos que para algunos hombres y mujeres la peregrinación era una disculpa de negocios o aventuras, comprenderemos que las tentaciones en el camino nunca faltasen. Si no, que se lo pregunten al andariego Arcipreste de Hita, pagador de peajes en especie y defensor contumaz de las aficiones eróticas de los tonsurados en su Cantiga de los clérigos de Talavera.

Se da de adehala en la sagrada senda un hecho que tuve ocasión de constatar hace muchos años, cuando éramos pocos los romeros y yo escribía así: “La tentación acompaña al peregrino como su sombra; la seducción la traen las bellezas del Camino, los ojos de la moza curiosa y maternal que ve pasar al romero cansado y sin hacer caso. Hay algo dentro del alma femenina que se ve atraída por la aparente indiferencia del caminante; indiferencia que tiene tanto de fatiga como de espiritualidad”.

Decía Cervantes, que “es natural condición de mujeres desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece”, A la moza también le tienta la figura exótica del peregrino…”

A mí pocas veces me han venido a comprometer las mujeres (las normales, se entiende), pero, entre estas pocas veces, cuento dos yendo de camino; una en Astorga, frente al Seminario donde nos albergamos por deferencia de su Obispo (quien además nos dio dos mil pesetas). Vinieron dos mozas ya mayores a enredarnos a otro y a mí, que nos habíamos quedado al atardecer descansando en unos bancos. Increíblemente no andábamos para juegos; pero tan tonta se puso una de ellas (hasta me atusó el pelo), modista creo recordar, que acabé soltando el bordón y ¡a por ella! Se me escurrió entre los setos sin que pudiera echarle mano…

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Obra: Pícaros y picaresca en el Camino de Santiago (1993).
Autor: Pablo Arribas Briones
Editor: Berceo Editorial (5 de marzo de 2010)
 
 
 
 
 
 
 
 
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Una respuesta a 6- Pícaros y picaresca en el Camino de Santiago

  1. ANGEL RAMOS JIMENEZ (hirohito) dijo:

    Hola mi nombre es Angel Ramos (hirohito) estas fotos te las hice yo antes de echarte una copa de vino tinto en esa camisa color salmón que llevabas.
    Cómo puedo hacerme con este libro Pablo?
    angel.hirohito@gmail.com

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