2- Reyertas en la Catedral

Busto de Torrente Ballester en el Parque Reina Sofía de Ferrol     Prestamo literario tomado del librito de Gonzalo Torrente Ballester, “Compostela y su ángel”, un texto exquisito que debería estar en la mesilla de noche de todo peregrino. Titulo este fragmento como “Reyertas en la Catedral”.

          “En el altar del Apóstol arden los cirios, arden millares de cirios, millares de oraciones. No hay ya canónigos en el coro, ni acólitos en el presbítero, ni música de órgano, ni salmos. Descansa la oración litúrgica para dar paso a la piedad espontánea. La casual compañía del camino se ha desecho, y ahora se agrupan por naciones, buscando cada uno sus semejantes en la lengua y en el origen. Los teutones, de una parte; los galos de otra, y así todos haciendo coros alrededor del altar, coros que alternan en las canciones. Unos tocan las cítaras; otros las liras; otros las gaitas, tubas o violas, y no falta quien maneja la zanfoña, y por turnos cabales ponen en solfa su alegría o su arrepentimiento. Turnos cabales. Pero a veces, entre francos y teutones, o entre ingleses y escoceses, por quiénes cantan primero, salta la cuestión, y dejando en tierra los instrumentos, se arremeten a palos, y sacan las espadas, que el hábito peregrino disimula, y los alrededores del presbiterio se convierten en campo de Agramante. El ruido de la reyerta conmueve a la multitud. Unos huyen, otros se acogen a rincones disimulados, otros trepan por las rejas, poniendo a salvo su cuerpo pecador. El interior de la iglesia es un puro grito, un tumulto. Sobre las gradas hay un hombre muerto y varios heridos. Los soldados del arzobispo vienen a poner paz y a llevarse al responsable, si se halla. Después de mucho rato, se ha sosegado la cólera y ha renacido la tranquilidad. El presbiterio queda desierto. Un rumor de rezos quedos sustituye a la furiosa algarabía. Entre los rezos, un quejido doliente. Sale un preste revestido, y con unas bendiciones, con ceniza y agua bendita, reconcilia la Iglesia, pues la Santa Sede ha concedido privilegio especial para estos casos. Ya pueden salir los señores canónigos a cantar sus nocturnos. Para los cansados peregrinos son como canciones de cuna. Sobreviene el silencio”.

8709042330[Gonzalo Torrente Ballester (Compostela y su ángel)
libro de bolsillo. Alianza Editorial S. A., Madrid 1998
ISBN: 84-206-3398-4.  Pág 133]
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