8- La Cruz dos farrapos

puerta-santa          Colocándose junto al muro del convento de San Paio de Antealtares y entre las dos Quintanas, Quintana de muertos y Quintana de vivos, nos presenta la Catedral su Fachada Este, la de la Puerta Santa, con la particularidad de que solo desde este punto, aunque no sin dificultad, puede percibirse, al pie de la cúpula, una cruz griega que en otros tiempos constituía el punto de finalización de la peregrinación jacobea.

Catedral,_claustro,_02-38          Originalmente esta cruz se encontraba en las inmediaciones de la entrada norte de la catedral románica, la llamada Puerta del Paraíso, lugar principal de llegada y acceso de los peregrinos del Camino Francés, donde podían asearse en la fons mirábilis del siglo XII (actualmente en el claustro catedralicio) y dejar sus viejas ropas a los pies de la “Cruz dos Farrapos”, que toma su nombre de los harapos que allí dejaran los peregrinos, como rito tradicional de finalización de la peregrinación a Santiago de Compostela con un acto entre ritual e higiénico por el que quemaban sus viejas y harapientas ropas a los pies de la esa cruz.

fachadatraseradelacatednh7          En el siglo XVII un incendio motivó la sustitución de la antigua portada románica norte por la fachada actual del siglo XVIII, comenzada en estilo barroco por Lucas Ferro Caaveiro y rematada en estilo neoclásico según directrices de Ventura Rodríguez. La Cruz fue trasladada a los tejados de la catedral, en donde hoy se encuentra y puede visitarse, situada sobredsc00295 la girola, encima de la cruz-corderobóveda del ábside más inmediata al crucero. De un color azul turquesa apagado por tantos siglos a la intemperie, y de cerca de dos metros de alto, tiene unos brazos trapeciformes formados de láminas de hierro y cobre, confluyen por su lado menor en un círculo, e incrustada en un bloque de piedra en forma de cordero, símbolo de sacrificio.

images          En su base hay una construcción de piedra a modo de horno incinerador donde los peregrinos continuaron la tradición de quemar las vestimentas que les habían servido durante la peregrinación como renovación y purificación y signo de renuncia a su vida anterior e inicio de una nueva vida. La piedra aún muestra signos de calcinación por su frecuente uso anterior, del que hay constancia en el siglo XVI pero como rito muy anterior, con el dato documentado de que el Cabildo Catedralicio proporcionaba ropa nueva a los peregrinos. Algunas leyendas medievales afirmaban que quien no podía pasar por el agujero que hay en la base de la cruz, estaba en pecado mortal, muy en sintonía con otras leyendas gallegas relativas a la piedra horadada.

peregrinosJuan Dorado

          

          No siempre la ropa era quemada; cuando procedían de peregrinos nobles y eran de buena calidad y reutilizables, permanecía en el pilón o se colocaban en unos hierros que hay por la parte exterior de las grandes vidrieras de la cúpula; se guardaban y eran subastadas posteriormente. Así en el año santo de 1490, hay constancia documentada en los archivos catedralicios que produjeron 51.000 maravedíes.

???????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????          Pero en otros muchos casos, cuando las ropas estaban muy deterioradas, fruto de la larga peregrinación con escasa higiene y empapada de sudores, lluvias y suciedades, entonces lo más higiénico era incinerarlas, y nada mejor que hacerlo en ese pilón cuadrangular de sillería de granito, reduciendo el inservible y ajado vestuario en cenizas que finalmente la frecuente lluvia terminaba por diluir y eliminar por un desague existente en el fondo del pilón-pira. Las alturas de la catedral resultaba un lugar idoneo para ello.

          Cuando los peregrinos llegaban a Santiago tras su larga peregrinación, lo primero que hacían era saludar y rendir honores al Apóstol en el altar mayor con el rito del abrazo, dándole gracias por haber podido llegar, y a continuación, se dirigían al tejado de la Catedral, protegidos por unas balaustradas, hasta la Cruz dos Farrapos donde realizaban el ritual de la quema y sustitución de la ropa que daba por concluida la peregrinación.

          Como propone José María Máiz Togores, la cruz era pieza imprescindible en la historia del Camino de Santiago como columna que soportaba los andrajos o remiendos, ya fueran físicos o morales, de los peregrinos que llegaban a Compostela extenuados de un agotador viaje, dando amparo a sus almas, escuchando sus lamentos y atestiguando el cambio de la esforzada penitencia en la alegría y júbilo del perdón. Testigo fiel durante siglos de la conversión que experimentaron muchísimas almas, la otrora entrañable y emblemática Cruz dos Farrapos quedó olvidada en losLamas Carvajal tejados de la Catedral con el abandono de esta costumbre ritual. Con sentida nostalgia Lamas Carvajal rememora la perdida tradición y advierte al peregrino que no se haga ilusiones “pois cando chegues alí esmorecido, ninguén che dará roupa nova a cambeo desa vella que levas, porque oxe esa cruz esquecida a ninguén empresta amparo”.

100_0325          Recuperando parte de su perdido valor, hoy puede volver a visitarse la Cruz dos Farrapos, aunque la mayoría de las veces solo para ser observada con humana y turística curiosidad por los visitantes que realizan la visita guiada del Palacio de Gelmirez y el triforio catedralicio desde el que hay acceso directo a los tejados de la catedral, que nos permite una visión única de la Catedral y de Compostela, que ya era recomendada en el siglo XII en el Códice Calixtino.

vista interior (mía)

Vista tejados

    No olvidada por todos la Cruz sigue atenta a las miradas y las sensaciones de los peregrinos aunque ya sin farrapos que redimir ni peregrinos que amparar. Aunque apagado el papel gratificante de esta cruz para infinidad de peregrinos y sin el emblemático significado de conclusión que representó en la historia del Camino.

  Finisterre        La quema de los farrapos constituyó un rito tan arraigado que la querencia popular reinstauró esta tradición en el Finisterre con ese valor de conclusión de la peregrinación. La quema de ropas, que hasta entonces no era una tradición frente al mar, encuentra nueva ubicación y llega a constituir un verdadero problema municipal con riesgo de incendio local, acúmulación de 6781579279_bfc0ef1fb8_zinmundicias y daño a la naturaleza, por no existir ningún tipo de infraestructura preparada para este fin y el uso anárquico de esta desubicada tradición peregrina. Desconociendo el origen, estos peregrinos quizás regresarán orgullosos y hablarán de la magia de su ritual donde se conjuntaron mar y tierra. La realidad es que, reinventando una tradición que ya no tiene mucho sentido, han dejado un montón de basura y dañado un paraje natural. Los restos de hogueras, de ropa a medio quemar o directamente tirada por los acantilados del cabo dan una imagen deplorable de una zona tan maravillosa como Finisterre que por su valor emblemático todos debemos cuidar. Hubo modernamente que diseñar una plataforma específica de granito para estos 1012630_137071033158811_598462377_nusos y evitar el daño a la naturaleza y el acumulo de desperdicios, investidos de una ficticia tradición pagana. Muchos prefieren olvidar o ignorar el verdadero origen de este ritual y le dan valores históricos que nunca existieron pero que resultan románticos y atractivos.

          Peregrino jacobeo, sé siempre tú quien decide como y donde termina tu Camino, no te dejes llevar por corrientes ni modas, porque puedes ser turista o peregrino tanto ante el mar como ante la catedral; si visitas los tejados y pasas junto a esa Cruz que durante tantos años brindó consuelo al peregrino, sea cual sea tu credo, no dejes de apreciar su emblemática función, pues aunque parezca que se ha perdido, su valor es eterno.

Cruz dos Farrapos  Fotografía de Xosé Castro

Esta entrada fue publicada en 8- La Cruz dos farrapos, D - RELATOS. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s