2- Camino breve

IMG_0006          Cierto mes de Mayo de hace algunos años, se cumplió un sueño que quiero recordar: caminar un breve tramo de camino junto a mi hija Blanca, de 11 años. En Burgos, ciudad peregrina donde las haya, encontramos una tienda con productos del camino. Papá, dice Blanca, necesito una concha. Le había prometido la mía, pero quería la suya propia. Así que entramos a comprar la vieira que ella eligió. Enterado el dueño de que íbamos a hacer una jornada del Camino, y al conocer que Blanca soportaba un corsé por su escoliosis y una escayola en el brazo izquierdo queIMG_0001 llevaba limpia y blanca como su nombre, le dijo: a esto hay que darle solemnidad, así que como no llevas credencial, vamos a poner en tu escayola el sello de peregrino. ¿Siiiiiiii…..?, contestó Blanca con los ojos como platos y la sonrisa de oreja a oreja. Y sin dudarlo, y a pesar de que lleva 4 semanas resistiendo todo intento de los amigos de firmar en la escayola, la puso ante el dependiente como quien firma un pacto, y se llevó con todo orgullo el sello impreso que decía “El Peregrino”.

IMG_0016 - copia

IMG_0010          Luego nos desplazamos hasta Hontanas para hacer los 10 km que hay hasta Castrogeriz, suficientes para que un padre y una hija se descubran, caminando. En la iglesia local, nos encomendarnos a la protección del Apóstol y del Santo del lugar, nos hacemos una foto, llenamos nuestra cantimplora, y comenzamos la andadura sobre las 11 h partiendo en perfecto estado de revista: gorra bien calada, concha jacobea al pecho, una pequeña mochila con una chaqueta y un chubasquero, y sobretodo una vara a modo de bordón, que nos regaló el tío Emilio para este menester y que Blanca hizo suya desde el comienzo.

cowmanure          A los pocos minutos de marcha encontramos una montaña de estiércol, que nos avisa su presencia antes con el olor que con la vista, y nos obliga, entre risas, a acelerar el paso. Blanca está muy animada, no para de hablar, de gesticular, de brincar, y de espantarse unas abejas que parecen seguirla… la noto acelerada, algo descentrada del camino que compartimos… Le digo: ¡Blanca!, al terminar el camino, vamos a redactar, juntos, un resumen para recordarlo, anotando todas las cosas que vemos, IMG_0005que oímos, que olemos, que sentimos… llevo aquí una libreta y vamos a ir apuntando las cosas que creamos interesantes. Blanca se centra, deja de estar agitada, las abejas ya no la incordian…. Me mira suspicaz y dice: papá, apunta lo primero el montón de mierda que acabamos de pasar (se ríe cuando ve que tomo nota)… que más hija… que estoy contenta…. (tomo nota)… que más…. sí… mira… flores… y el campo… que verde está… y el cielo que azul… y esa mariposa…

          Blanca y yo hemos sintonizado y así será ya hasta la meta, en una misma frecuencia. Y entonces el camino se convierte para los dos en una experiencia compartida a cada paso, a cada piedra, a cada bache, a cada incidencia. Nos damos cuenta que el silencio allí es un imposible porque pueden percibirse multitud de ruidos que nos acompañan. El tintineo de su concha golpeteando sobre su rígido corsé, el viento moviendo algunas ramas, los cantos de varias especies de pájaros, el cri cri de unos grillos, nuestras propias pisadas, el zumbido de alguna abeja que ya no embiste, el graznido lejano de algún cuervo, el hu – hu – hu de un búho, y sobretodo una sensación muy íntima, protectora, feliz, la compañía mutua que ambos nos proporcionamos.

IMG_0004          Caminamos por el margen derecho de una vaguada que a veces parece llanura entre colinas a uno y otro lado, bajo un tiempo soleado y una brisa fresca que se combinan a la perfección para caminar. Percibimos que nuestro olfato también nos da información, más abundante de la que podemos describir. El olor a tierra, a hierba, a humedad, a estiércol, son los únicos olores a los que nos atrevemos a poner nombre, pero sentimos otros mucho a los que no sabemos como llamar.

          Para animar nuestro paso, invito a Blanca a componer una canción entre los dos: con rapidez inesperada entre los dos improvisamos una letra y un soniquete que decía:IMG_0001

Somos peregrinos
y venimos a peregrinar
y por este camino
llegaremos hasta el final
 

IMG_0017          El Camino, hasta ahora de tierra, desemboca en la carretera a Castrogeriz, y se hace más duro a partir de ahora, porque el asfalto es más fatigoso para los pies. Era ésta, al menos, una carretera local amable, de poca anchura y escaso tráfico, bordeada a uno y otro lado de árboles frondosos que proporcionaban buena sombra. Unos ciclistas nosALIM0120 adelantan. Así ya se puede, dice Blanca, que asume pronto que son peregrinos “embicicletados” y da a entender que es una manera de hacer trampa al camino. Le explico que es un modo legítimo de peregrinar y que es más bonito peregrinar andando, pero que cada cual peregrina como quiere. Lo asume sintiéndose más ortodoxa a pie que en bicicleta.

IMG_0002          Llegamos a las ruinas del convento de San Antón. Dos de sus arcos vacíos dan monumental cobijo al camino en una simbiosis sorprendente que enamora al caminante. Es como si el viejo templo no quisiera abandonar su función de culto, y aceptando que el peregrinar es también una forma de rendir culto, el templo ha absorbido al camino y lo ha incorporado aIMG_0011 sus entrañas para protegerlo y sentirse útil. Esa mezcla mágica en la que coexisten armónicamente el templo, el camino y el caminante, constituye un momento grande para el peregrino, con sensación de tránsito a través del tiempo y del espacio. Blanca seguro que a su medida, se hace reflexiones parecidas porque refuerza su alegría y se pone a canturrear:

Somos peregrinos
y venimos a peregrinar
y por este camino
llegaremos hasta el final
 

IMG_0003          Tras una curva, aparece la vista de Castrogeriz. ¡Qué no habrán presenciado esa colina y las ruinas de su castillo, como observadores perpetuos de ese paisaje y de su historia. Se intuye que, como las ruinas de San Antón, ese conjunto forma una unidad histórica que nace del camino y que al camino protege. Lugar estratégico durante siglos, aparece ahora en el horizonte como reclamo al peregrino, como testigo emblemático que a distancia ofrece su mensaje: tranquilo amigo, sigue tu camino que aquí podrás descansar a gusto y protegido. Blanca y yo lo percibimos, y como esa sensación ya la habíamos sentido y compartido antes, los dos a un tiempo le ponemos a ese momento nuestro sello:

IMG_0009Somos peregrinos
y venimos a peregrinar
y por este camino
llegaremos hasta el final.
 
castrojeriz

          Así seguimos avanzando, cantando estas y otras canciones, y Castrogeriz nos lo agradece ampliando sus dimensiones a nuestros ojos y acercándose poco a poco a nuestros pies, que ya empezaban a quejarse un poco.

IMG_0013          La entrada en Castrogeriz viene marcada por un crucero de estupenda factura. Nos recuerda el contenido espiritual que una peregrinación propone, y siguiendo su ruta, vamos entrando en el pueblo por su lado más peregrino y rústico, junto a la emblemática figura de la Colegiata de la Virgen del Manzano.

          Pasamos junto a la Iglesia de Santo Domingo, y a Blanca le llama la atención dos calaveras labradas en la piedra de uno de los muros; sobre una de ellas pone “Mors”, sobre la otra “Eternitas”, que la hacen entender que el Camino esta lleno de misterios y detalles quecalaveras merecen apreciarse. El poblado irá adquiriendo un tono más urbanizado, con alcantarillado, y van apareciendo comercios, tiendas, y casas que se notan habitadas y cuidadas. Así llegamos a la Plaza Mayor, y descubrimos el bazar de don Amancio, en el que compramos varios pines jacobeos.

castrojeriz 02

castrojeriz iglesia de san juan          Continuamos por la Calle Real de Poniente, que nos lleva a la imponente iglesia de San Juan. Seguimos hasta descubrir que Castrogeriz se termina y que si seguimos nos encontraremos la cuesta de Mostelares. Hemos descubierto que Castrogeriz es un poblado de curiosa distribución: largo, lineal, curvo e inclinado. Largo y lineal porque surge sobre el Camino, curvo porque contornea la colina sobre la que se yergue, e inclinado porque se afana en adosarse a esa colina histórica con la que se siente inseparablemente unido.

          Blanca da señales de fatiga. Ya no canta ni sonríe. Empieza a dolerse de los pies y su resoplar es lastimero. No quiero un final doliente, así que la estrecho entre mis brazos y me la como a besos. Ya hemos llegado hija, se acabó nuestra aventura, y la monto a mis espaldas y nos dirigimos al trote hacia donde su madre y su hermana nos esperan, otra vez entre sonrisas y cantos.

Somos peregrinos…

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Una respuesta a 2- Camino breve

  1. Maricarmen Matos, Puerto Rico dijo:

    Recuerdo esta aventura cuando recien fue hecha, me emociona mucho leer cada instante de la misma, pues se asemeja mucho a la hecha con mi hija en el 2005, cuando contaba con 16 años. Es todo un evento recorrer el Camino que tanto nos ha cambiado, con seres que amamos profundamente.

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