1- Peregrinación Familiar (Año Santo 2010)

Nueva imagen (2)          Me gusta peregrinar solo, pero la experiencia de caminar en familia es incomparable. Son dos formas distintas pero muy relacionadas: cuando caminas solo hay encuentro con el yo interior, y cuando peregrinas con la familia hay encuentro, a la vez, con tu ayer y tu mañana, al caminar junto a tu mujer, tus hermanos, hijos y sobrinos, padres, tíos, abuelos y nietos.

Nueva imagen (2)          Desde hace tiempo la familia Solana viene haciendo distintos tramos del Camino Francés. Son tramos de algunos kilómetros, no demasiados, pues participan desde venerables hasta niños de chupete; cuatro generaciones de Solanas han compartido un espíritu común sobre el Camino de Santiago. La marcha de cada sector de edad era distinta, pero formábamos bloques estratégicos para que nadie quedara descolgado.

          La vivencia del Camino se asociaba a una visita cultural y a un encuentro gastronómico: los Solana somos buenos tragaldabas. En incursiones fugaces recuerdo bien nuestro paso por Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Castrojeriz, San Martín de Frómista, Murias de Rechivaldo, León, la Cruz de Hierro… Este Año 2010 cierra un ciclo que pide concluir en Compostela.

          La convocatoria fue el 30 de abril en el Albergue del Monte do Gozo. Fuimos llegando a cuentagotas, dispuestos a unificar en un fin de semana nuestra marcha como peregrinos a Santiago. Algunos tuvieron tiempo para visitar la ciudad que al día siguiente nos abriría sus puertas como peregrinos. Pasearon por sus calles, se dejaron seducir por vendedores ambulantes, y sobre todo por el color de la tarde que alcanza las paredes y suelo medieval, y rebota amarilla y tostada hacia las cubiertas de esta mágica ciudad. Así resultó más fácil conciliar el sueño antes de compartir las emociones que nos esperaban.

Nueva imagen (2)          Ya es sábado 1º de Mayo y, tras un buen desayuno, se reúne toda la comitiva. Me toca decir unas palabras iniciadoras y dar algunas consignas. Es fácil; hay sintonía general. Entrego a cada uno una vieira jacobea y todos la reciben con sorpresa y satisfacción, especialmente los más pequeños que de inmediato las cuelgan de sus cuellos entendiendo cuál es su uso. Seguimos su ejemplo, como un bautizo colectivo que ellos inician.

Nueva imagen (3)          Nos dirigimos al Mirador de los peregrinos de bronce que atisban por fin la ciudad. Emociona su mirada al asomarse a este balcón; una mirada satisfecha y alegre, posada sobre el perfil del paisaje, como ahora la nuestra, detectando las torres de la Catedral sobre el verdor de las colinas y el cielo gris infinito, con una nota de nostalgia por lo que queda atrás, los momentos y las gentes irrepetibles que se cruzaron en el camino y fueron parte de él.

San Marcos          Desde el Mirador, nos dirigimos a la ermita de San Marcos, junto al monumento a la visita del Papa Juan Pablo II. Sellamos las credenciales domésticas que he diseñado para la ocasión, y desde allí la comitiva inicia oficialmente el trayecto hacia Santiago. El grupo se disgrega poco a poco, pero nos reagrupamos de cuando en cuando para que la entrada en Santiago sea conjunta. Viene a mi mente el himno jacobeo que compuse años atrás:

Compostela surge sobre el horizonte
Ya sus torres, como lirios, lo detectan
Desde el monte los sueños se hacen de gozo
Y la ciudad nos deja abrir sus puertas
Oh, señor Santiago.
Oh, gran Santiago.
Adelante, arriba y adelante.
Hacia Compostela…
 

Nueva imagen (5)          Y alcanzamos la Plaza de Quintana. La catedral inunda el paisaje, en el que reina la Puerta Santa. Nos incorporamos a la cola; algunos aprovechan para tomar un tentempié, sentados en las escaleras. Esperamos turno para entrar por la Puerta Santa, para subir al Camarín del Apóstol. Apenas unos pasos más para darle un abrazo y bajar a la cripta sepulcral con la urna de plata que custodia sus restos. ¡Hemos llegado! ¡Los restos de uno de los Apóstoles que vivió con Jesús! ¡El Señor Santiago! ¿Serán de verdad sus restos? Lo sean o no sentimos que el Apóstol está allí y que espera nuestro abrazo. Vamos subiendo y se lo vamos dando cada cual con sus motivos, y algunos susurramos algunas palabras emocionadas.

urna

          Bajamos a la cripta sepulcral y nos impresiona estar frente a la urna de plata en ese marco sagrado. Y su estrella, preciosa, como “colgada” en el cielo, queriendo simbolizar las luminarias del ermitaño Pelayo, las mismas que un día, según la leyenda, se “descolgaron” del cielo mágicamente y decidieron caer sobre aquel sepulcro.

          En la Plaza del Obradoiro nos hacemos la obligada foto de grupo. Uno se siente abrazado por ese entorno de piedra milenaria.

Tejados          Es hora de la visita al palacio del Arzobispo Xelmírez. Discurrimos por el salón de armas, el patio, el salón de fiestas, con su bóveda de crucería y las ménsulas con esculturas divertidas, y la cocina, donde imaginamos escenas culinarias de la época. Y acabamos por las nubes, porque hemos subido a las cubiertas de la catedral, desde donde las vistas son únicas. Pasear por los tejados de la catedral ofrece una perspectiva inesperada no sólo de la catedral sino también de la ciudad. Un lugar único para hacer fotografías y dejar que los ojos viajen más allá del horizonte. Asusta dejar a los pequeños solos aquí arriba, así que los padres ponen cuidado en no soltar de la mano a sus hijos pequeños.

Nueva imagen (8)          La comida es en otro lugar emblemático: Casa Manolo. Mi amistad con el dueño nos asegura espacio en un lugar céntrico y económico de garantía. Luego hay un rato de libre disposición, que unos aprovechan para tomar café y orujo en algún lugar del Preguntoiro y otros para dar una cabezada en una de las salas acogedoras y silenciosas del Parador/Hostal de los Reyes Católicos.

          Renovadas las fuerzas acudimos al punto de encuentro para visitar el Pórtico de la Gloria. Nos explican su simbolismo que, con la Cripta por debajo y la Tribuna por arriba, busca asemejarse a la Jerusalén Celeste del Apocalipsis de San Juan. El grupo supera el límite máximo de visita, y algunos voluntarios se quedan en la Cripta, que representa la tierra donde habitan los pecadores, bajo el sol y la luna que sostienen los ángeles desde la bóveda celestial. Los más afortunados subirán más allá de los cielos para contemplar, desde los andamios de restauración, la representación de la Gloria.

andamio          Ver en primera línea a los 24 ancianos con sus instrumentos, al Cristo coronado, al profeta Daniel, a los evangelistas y al mismo Santiago. Como compensación a los que permanecieron en el subsuelo, la organización nos regaló una visita al reconstruido Coro Pétreo del Maestro Mateo, el mismo autor del Pórtico, que se representó a sí mismo arrodillado ante el altar mayor. Se trata del coro que ocupó gran parte de la nave central hasta su destrucción.

          El día termina en el Monte do Gozo, en una cena de grupo, en la que se reparten obsequios que he obtenido de un buen amigo del Xacobeo. Entrada la noche algunos volvemos de nuevo al mirador de los peregrinos de bronce, desde el que, en la oscuridad, puede ahora observarse el perfil de la ciudad iluminada por la luces urbanas bajo el cielo compostelano, que camufla hoy a la que entonces fue única luz que orientaba a los peregrinos rezagados, desde lo alto de la torre Berenguela. Los más marchosos quisieron aprovechar la oportunidad de acercarse a aquellas luces y conocer la cara nocturna y festiva de la ciudad. Pero la mayoría necesitamos asimilar la jornada y, atiborrados de sensaciones y quizás pensando en la agenda del día siguiente y las emociones que nos aguardan, nos dejamos vencer por el sueño.

Museo          Así llega el domingo 2 de Mayo, día de la Madre. Algunos aparecen con regalos para las suyas. Bajamos a Santiago, a pie unos y en autobús otros, citándonos en el Museo de las Peregrinaciones. De camino el sol nos acaricia a ratos y lo impregna todo de color.

          A las 12 comienza la Misa. El templo está hasta arriba. Se percibe mucha emoción en el ambiente, con el Apóstol Santiago observando desde lo alto del altar, mientras le abrazan por detrás los que suben al Camarín por la Puerta Santa.

          He redactado una invocación al Apóstol y he pedido a mi sobrino-nieto Sergio, de seis años, que me ayude. Se sienta conmigo en los bancos reservados. El presbiterio se llena de sacerdotes de diferentes lugares del planeta. El Chantre inicia los cantos.

          Llega el momento de la invocación. El canciller anuncia: “Y a continuación la invocación, con el canto del Dum Pater Familias, que hace la familia Solana de Madrid”.

Nueva imagen (9)          Avanzo de la mano de Sergio, en cuyo rostro infantil y actitud decidida percibo alegría ante su papel protagonista de acompañante. Parece seguro y tranquilo. Coloco el micrófono a mi altura, reorganizo mis papeles, vuelvo a coger la mano de Sergio y, alzando la vista hacia el Apóstol, comienzo mi discurso:

          “Señor Santiago, hace muchos años trajiste hasta las tierras de Hispania la primera luz que alumbra los Caminos de Europa, los caminos que los peregrinos han transitado en busca de tu santo sepulcro. Este camino nos ha traído hasta ti, como predicador que fuiste de la buena nueva evangélica.”

          Siento que mis palabras se esparcen por todos los rincones de la catedral. Siento el silencio en medio de la aglomeración. Quiero creer que el tono de mi voz invita a escuchar. Y Sergio mira al frente y de reojo a mí, su tío abuelo.

          “Hoy llegamos aquí 30 miembros y allegados de la familia Solana de cuatro generaciones, que hemos querido finalizar lo iniciado años atrás con distintos tramos del Camino Francés que concluimos hoy en Compostela.

          No llegamos solos. Junto a los peregrinos que hoy llegan con nosotros, nos acompaña la memoria de nuestros mayores, que nos pusieron en la senda, que caminaron a nuestro lado, y que se marcharon indicándonos la ruta. Y de nuestra mano traemos a nuestros hijos y a nuestros nietos –alzo la mano de Sergio-, que son la esperanza de nuestro futuro.

          Nos presentamos todos ante ti, Señor Santiago, con la ilusión y la confianza puestas en la protección apostólica y patriarcal.

          Como ofrenda de mi familia, de todos los peregrinos que hoy llegan a Compostela, y de los que vienen siendo a través de los siglos, quiero entonar en tu honor un fragmento del himno jacobeo por antonomasia, el que cantaban ya en el siglo XII los peregrinos de toda Europa mientras se daban ánimos para continuar la dura marcha o se felicitaban por la dicha de llegar a Compostela.”

          Y sin cambiar de postura, sin apenas pausa, empiezo a cantar el himno medieval, a capela, en la Catedral de Santiago, como ofrenda de nuestra familia. Realmente solo un fragmento muy breve del mismo, tal como había pactado con el Chantre. La emoción intenta ahogar mi voz, pero refuerzo la laringe y el canto fluye nítido, amplificado por las bóvedas del templo por cuya inmensidad viaja entre sus naves rebotando entre muros y columnas:

Jacobi Gallecia
Opem rogat piam
Plebe cuius gloria
Dat insignem viam
Ut precum frequentia
Cantet melodiam
“Herru Sanctiagu
Grot Sanctiagu
E ultreya e suseya
Deus adjuvanos”.
Amen
 

 

Nueva imagen (10)         La Misa concluye con el solemne vuelo del Botafumeiro, contratado por nuestra familia. El celebrante me llamó a los pies del botafumeiro y me invitó a echar unas cucharadas de incienso. Tras apartarnos los tiraboleiros ocuparon el territorio e iniciaron el espectacular yNueva imagen (11) particularísimo rito compostelano que forma parte de su tradición y su riqueza litúrgica.  El “echahumos” voló como un cometa a lo ancho y alto de la Catedral, elevando las miradas de todos, y abriendo bocas de asombro y emoción.

          Y salimos de la catedral con la indulgencia ganada y, no sé si será por ella o por las emociones vividas, nos sentimos más ligeros.

          El reencuentro está previsto en el centro del Obradoiro. Repleta de gente y con el sol reinando en el cielo, nos reunimos y detecto que se han sentido identificados en mis palabras.

          La comida es la conclusión idónea; discurre con el gozo sereno de haber disfrutado una experiencia única. Hay brindis y tarta de Santiago.

          Y con la luz de la tarde confundida entre voces y risas, nos vamos marchando, cada uno de vuelta a casa. Nos volvemos con los bolsillos cargados de familia y con el sabor de habernos transformado, por unos días, en peregrinos espontáneos del Camino de Santiago.

fachada

 

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Una respuesta a 1- Peregrinación Familiar (Año Santo 2010)

  1. Maricarmen Matos, Puerto Rico dijo:

    Hermoso relato y maravilloso video. Me emocioné tal y cual hubiese participado de esta gran aventura familiar, de la que fuimos testigo desde nuestro albergue virtual. Maravilloso Alberto!

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