5- Diálogos entre el cuerpo y el pensamiento de un peregrino

          Se empeñan algunas partes de mi cuerpo en no dejarme olvidar que mi peregrinación está reciente. Todo está fresco en la mente y quizás logre poner orden en ellos para elaborar algún relato que me permita compartirlo con vosotros y obligarme a no olvidarlo nunca.

tendinitis_de_rodilla          Mi rodilla izquierda cobra protagonismo mostrándose algo inflamada, con algún pinchazo de vez en cuando, y algún que otro paso inestable que pone en evidencia su estado doliente. A mí me parece que no es para tanto, pero ella no renuncia al protagonismo que ha logrado durante unos días en que la he mimado como nunca con untes, masajes y caricias. Creo que busca, más que quejarse, recuperar ese protagonismo y afecto que nunca antes había sentido. Fue en la bajada a Portomarín cuando empezó a quejarse ostensiblemente. Ambas rodillas lo hicieron, pero la izquierda con más intensidad, hasta tener que bajar la dura pendiente en zigzag para suavizar el desnivel y disminuir el esfuerzo articular de cada paso.

          Uno, que es prudente, acudió al médico para conocer la opinión de un colega. Era una joven y guapa doctora que exploró mi rodilla con esmero y diagnosticó solo sobrecarga muscular leve y que podría seguir sin problemas. Me recomendó una crema que yo he recetado mil veces a mis pacientes. Y desde entonces un par de veces al día vengo dando a mi rodilla izquierda un buen masaje para absorver el unte, mientras la hablo con cariño: ánimo amiga, no te me rompas, que la cabeza, los brazos, el tronco y todas las partes del cuerpo te necesitamos para seguir adelante, sin tí no hacemos nada. Y la acaricié con mimo, y se sintió importante, y se recuperó perfectamente, aunque expresando algunas molestias pera seguir recibiendo su dosis de cariño. Para asegurar la contención del proceso, unos buenos amigos de Lugo me facilitaron algunos antinflamatios que resultaron muy eficaces.

          No descuidé, para evitar celos, la otra rodilla, ni las plantas de los pies, a los que diariamente daba su sesión de masaje con una crema hidratante para prevenir ampollas. Estos detalles me han permitido entrar en Compostela pletórico de fuerza y de ánimo.

          Pero la rodilla izquierda se huele que esto se ha acabado y amaga algunas dolencias vagas, y para que se quede tranquila descargo el peso apoyándome en la barandilla de las escaleras, o al andar, mostrando un andar un poco asimétrico que remeda una leve cojera. Así algunos vecinos y compañeros preguntan y les explico brevemente que la causa es la peregrinación a Santiago y que como secuela ha quedado esta ligera molestia de rodilla. Y la rodilla se hincha, pero ahora lo hace de orgullo sabiéndose protagonista de la hazaña.

          Así que al llegar a casa del trabajo, repito las sesiones de masaje en los albergues y la hablo: querida rodilla mía, perdona estos excesos que te he hecho hacer y gracias por tu respuesta obediente a mis exigencias y a mis cuidados. Y ella me contesta: no necesito perdón ni agradecimiento, gracias a ti por sacarme del sedentarismo y darme un protagonismo que me ha dado vida. Y ya en silencio la doy su masaje de crema con caricias y veo que se siente feliz.

mano y bordón          Centro ahora la atención en la mano derecha mientras escribo. Su dorso está bien curtido por el frío, el viento y el sol mientras portaba el bordón. Muchas horas a la intemperie mientras su compañera buscaba el bolsillo para protegerse. Por eso su aspecto es de un cobrizo brillante bajo el que subyace una leve sensación ardorosa que soporta con gozo sabiéndose rectora del bordón, compañero emblemático del peregrino, a quien ha sujetado con fuerza mostrando voluntad y firmeza en el andar. Es mi derecha la mano de escribir, de indicar, de dar el saludo y de llevar el bordón. También la hablo con afecto: gracias a miga por trabajar más que tu compañera sin quejarte ni un ápice. Y me contesta: ¿gracias?, soy yo quien agradece este honor… ¿donde está mi silencioso compañero?, le echo de menos y al caminar me siento vacía sin su presencia con la que a cada paso, al ceñirlo, trasmitía su firmeza rectilínea, su impacto sobre el suelo marcando el ritmo de marcha, o encontrando en él el apoyo en los momentos de fatiga que no faltaron. Y la tranquilizo: descuida amiga mano, ese bordón es ya parte de nosotros, bajo su aspecto áspero y noble de rama de castaño hay un querido amigo que nos acompañará en otros caminos, él tampoco sabe ya prescindir de nosotros.

          Y dirigiendo a todas las partes de mi cuerpo pregunto en voz bien alta para que me escuchen: ¿otros daños que alegar?.

          ¡¡¡Eeeeehhhh!!! ¡¡¡aquí arriba!!!. Habla la cúspide, allí donde el frontal se articula con los parietales. Aquí guardo -dice- como una reliquia que se diluye, una herida abierta por la piedra. Fue el autor de aquella, el dintel superior del dormitorio de Ribadiso, una rústica casa de piedra con una de sus salas comunicada por una puerta de poca altura que se estampó contra mi cabeza a altas horas de la madrugada en que volvía, medio dormido del urinario. Entre el dolor frontal y los ronquidos del vecino la noche se torció un poco. Son cosas de la peregrinación, contesté. A lo que dijo, no, si no me quejo, aprendí aquello de que el peregrino no exige sino que agradece, solo quiero mi porción de gloria. Tuya ha sido la visión más noble y la perspectiva mejor en nuestra entrada en Compostela ¿no te parece?. Y se quedó conforme.

          Toma la vez la cadera izquierda. Yo tengo aquí algunos moratones y varias heridas que he soportado estoicamente. Disculpa querida cadera, tengo la costumbre de llevar los pantalones algo caídos y te tocó sufrir pinzamientos entre el cinturón y los refuerzos inferiores de la sujeción del macuto a la cintura. Mereces tu mención y tu reconocimiento. Nada más dijo a pesar de que aún nota alguna molestia.

 peregrino-en-el-albergue-la         La planta del pie izquierdo toma la palabra y con discreción dice: solo una leve ampolla presenté el primer día que resolvió con una leve cura evacuadora, ni yo ni mi compañera hemos vuelto a quejarnos a pesar de nuestra cercanía al camino y de soportar todo el cuerpo sobre nosotras. Merecéis vuestra distinción, pues el verano pasado sufristeis mucho y aguantasteis no pocas dificultades hasta llegar a Compostela. Esta vez habéis cumplido con toda solvencia. Seguiremos, amigas, caminando en cuando se tercie. Los pies suelen ser los que más sufren durante el camino, pero también son los que más aguantan y luego los que más agradecen nuestros cuidados. Yo converso con ellos para consolarlos y animarlos a seguir. Acaricio mis pies y les hablo. Perdonad amigos, el castigo, os habéis portado. Y una vez ya en Compostela me sorprenden con esta contestación: ¡que dices de castigo, nos tenías aburridos hasta que saliste al Camino, a ver cuando repites algo así!. Los acaricio emocionado y los libero de apreturas con unas sandalias bien abiertas, ellos merecen como nadie un paseo triunfal por Compostela.

  2741_01        El dedo gordo del pie derecho se decide a hablar. Mi uña, dice, parece el caparazón de una tortuga y ha perdido el agarre al lecho ungueal; terminará cayendo de aquí a unos días como un tributo. Soportó estoicamente el castigo , no se quejó a pesar de que llegó negra por la hemorragia. Y durante días ha permanecido, ya inerte para aún parte de mí, en su sitio, acaso temerosa de perderse una nueva aventura sobre el Camino de Santiago. Al ver ahora, tras resistir el castigo y el luto, caer mi uña como cae una hoja en otoño, siento nostalgia del camino que hicimos juntos. Ha caido empujada por la nueva uña que crece debajo, pidiendo renovación y nuevo camino. Sufrido dedo, le contesto, tu dosis de gloria y reconocimiento para ti.

          Y hablando a todas las partes del cuerpo, digo en voz alta: permaneced tranquilos y satisfechos, lo merecéis tanto como yo que soy el pensamiento que alimenta vuestras acciones.

Nueva imagen (2)          Y así, con estos diálogos que durará todavía unos días, mi casa se convierte en un albergue más en el que descansaré entre este camino y el próximo, y mientras tanto acudiré a menudo a este albergue virtual en el que nos encontraremos cuantas veces queráis, para intercambiar nuestras inquietudes peregrinas, y que cada cual aporte lo que quiera, lo que sepa o lo que pueda.

          Unos entran y otros salen. A nadie se pide cuentas ni méritos. Tome cada cual lo que le convenga y deje lo que le sobre.

          ¡Ultreia! ¡Esuseia! y buen camino a todos.

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2 respuestas a 5- Diálogos entre el cuerpo y el pensamiento de un peregrino

  1. Alicia dijo:

    Bonita reflexión, gracias. Ahora que comienzo a tomar conciencia de lo que deseo afrontar en agosto, esto le da la magnitud necesaria para ir bien preparada. Estoy muy entusiasmada con lo que creo va a ser la mayor experiencia existencial de mi vida.

    Gracias, y buen camino.

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