2- El Cartujo Hospitalero

O EL VALOR DEL DIÁLOGO

sacromonte-abadia          Historia peculiar ésta, que algunos convirtieron en chiste vulgar, fruto del contraste entre la palabra enclaustrada y la comunicación frustrada, que aconteció a Ernesto Candela, hijo de la joven lavandera de la Abadía del Sacromonte granadino, víctima de una enfermedad fatal cuando Ernesto no tenía aún edad para llorarla. Abandonado por un padre buscavidas que nada quiso saber de su hijo, los monjes lo acogieron con dedicadomarcelino afecto ante su inocencia y el agrado con que parecía sentirse en ese ambiente de recogimiento y oración, de manera que como si un regalo de Dios se tratara, como un Marcelino Pan y Vino a la medida del monasterio, lo adoptaron en el animo de ofrecerle techo y proporcionarle formación para una vida futura, quizás fuera del convento.

 convento-de-santa-ana1         Pronto aprendió Ernesto a ver con familiaridad las costumbres piadosas y los hábitos disciplinados, a la par que aprendía los usos de la jardinería, para la que parecía mostrar una especial habilidad, y que extendió al cultivo de plantas alimenticias y la recolección de las que reunían propiedades medicinales de interés para el cenobio. Tras algunos años allí refugiado y educado por los monjes en la filosofía del ora et labora, quiso el abad comprobar si el joven Ernesto estaba o no llamada a la vida civil, y se le buscó una tarea de asistente de jardinería en el Generalife y la Alhambra.

LAS MANOS DEL JARDINERO          Disfrutaba Ernesto cuidando de las plantas y las flores sin darse cuenta de que hablaba con ellas, como solía hacer también en el Sacromonte, pero no soportaba el agobio de los turistas que acudían cada día como alborotado enjambre a turbar su tranquilidad, por lo que en horas de visita buscaba las sombras y el silencio en algunos patios reservados, y entendió que la paz del silencio era lo que su alma necesitaba, tanto que se sintió generalifellamado a una vocación de renuncia mayor de la que su espíritu volátil y comunicativo podía asumir, y decidió ingresar en el monasterio de la orden cartuja de Granada, convencido que en la austeridad del verbo y del cuerpo, encontraría la paz que su espíritu ansiaba.

          A su ingreso le explicó el prior el rigor de la regla del silencio cartujo y laDos frailecitos austeridad de sus costumbres que llegaban a ser incluso severas y ásperas, y especialmente el inquebrantable silencio como vía de dejar trascender el espíritu. Solo cada diez años, hermano, podrá acudir a mi celda y decir únicamente dos palabras con que dar escape a sus inquietudes, fueron las palabras del prior antes de recluirse en aquella rigurosa vida monacal.

          A los diez años acudió, no ya el novicio, sino un monje de venerable tonsura, a la celda del prior. Toc, toc. Un chirrido de gozne oxidado fue el anuncio de una breve abertura de puerta dando asomo a la cara circunspecta e inquisitiva del prior: ¡sus dos palabras hermano!… el monje vivió con angustia aquellos instantes antes de elegir las cartujo 2dos palabras que resumían su alma en pena y su espíritu reivindicativo tras aquellos duros diez años, ante la emoción indescriptible de volver a usar su laringe y emitir un sonido… ¡COMIDA MALA!… fueron las palabras que emergieron ante la oportunidad de expresar de nuevo una inquietud corporal.

 cartujo 6         No ha aprendido usted nada, hermano, vuelva a su celda y descubra usted la verdadera dimensión de la vida espiritual. Y se cerró la puerta de nuevo tras el crujido de su anquilosado gozne.

          Con sensación de despilfarro retornó el monje a su celda ycartuja-208x300 a los rigores de la disciplina cartuja y su más absoluto silencio. Era esto lo que peor llevaba. Siquiera un ratito de tertulia aunque fuera parca y sobria después de vísperas. Pero ni eso. Y el monje asomaba su oído por la reducida oquedad del ventanuco de su celda anhelando oír alguna palabra humana que nunca llegaba, hasta acabar dando tal valor al zumbido del aire, a la Ventanucoagitación de las hojas y de las ramas, al canto de los pájaros, al ruido de la lluvia… y mantenía largas conversaciones con estos elementos de la naturaleza a través del pensamiento.

          Diez años nuevamente habían pasado y la disconformidad con aquella represión inútil le recomía y le atormentaba el alma, perocartuXer-38- se sentía atado por el compromiso y la palabra dada, y dada tan obligadamente que no podía usarla hasta diez años después, de modo que al notar cumplido el plazo que le daba una nueva opción de usar su voz para transmitir un pensamiento, el que fuere, acudió raudo a la celda del prior. Toc, toc. Chirrido y puerta semiabierta que a él le pareció semicerrada ante el rostro inquisitivo y severo del prior: ¡Sus dos palabras hermano!. Que podía decir el monje si sus inquietudes espirituales habían sido debatidos ampliamente y hasta con vehemencia con el aire, con el viento, con las nubes, con la ramas, con los pájaros, con la lluvia… vino a su mente en ese instante el sufrido lumbago tras veinte años de dormir sobre su duro camastro, y las dos palabras que se le escaparon fueron ¡CAMA DURA!.

cartujo 6          El entrecejo del prior se frunció con marcado enojo y su voz adquirió un tono de reproche y censura con palabras recriminatorias. Sigue sin aprender nada, hermano, vuelva a su celda y aprenda por el silencio y la oración cual es el verdadero camino del espíritu.

          Aquel reproche le sonó injusto, inmerecido, inaceptable, y fue un sentimiento de indignación el que inundó su espíritu. Pues esto no se queda así, se va a enterar éste dentro de diez años. Como la costumbre termina por hacerse norma, esperó diez años como quien espera diez minutos, acatando su disciplina y su silencio como hábitos ya muy asumidos a través de la oración, pero con una idea muy clara de cuales serían sus dos siguientes palabras en las que volcaría una nueva decisión para su vida. Cuando se aprende a hablar con el viento, con los relámpagos,cartujo 5 con la lluvia, con la naturaleza… el tiempo cobra otra dimensión, y pasaron los diez años que venían a sumar treinta desde su ingreso. Dos toques con retumbo, toc, toc, chirrido de viejo gozne sin lubricar, puerta semiabierta o semicerrada y rostro inquisitivo de prior reflexivo y severo. No había espacio para matices anímicos, de modo que estos fueron volcados en el volumen sonoro que fue estruendoso, huracanado, sobrenatural, desinhibido, liberador, dado a dos palabras por otro lado breves y corrientes pero que expresaban una convicción incontestable que dejaron al prior absorto mientras sus cabellos eran arrastrados hacia atrás por el vendaval sonoro que explotaba frente a su cara… ¡¡¡ME VOOOOOYYY!!!

 238410956_41adfe49dc         Y el monje colgó los hábitos, se vistió con las ropas que guardó en su arcón treinta años atrás, roídas, desteñidas, ajadas, pero liberadoras y acogedoras de una decisión tomada a tiempo, porque el tiempo tiene siempre un valor relativo para quien sabe hablar desde el silencio. Y dejó de rasurar su tonsura y retornó a la ajetreada vida y al mundanal ruido, que lo recibió como si nada hubiera ocurrido.

          Sus conocimientos de jardinería y agricultura doméstica, así como de los usos de limpieza y cocina aprendidas en su dilatada vida monástica encontraron perfecto acomodo en un albergue rústico del Camino de Santiago, en donde se mostró como hospitalero encomiable que todos apreciaban. Y siguió cultivando la paz de la jardinería, y la oración en la ermita cercana, y la tranquilidad del silencio, sin imposiciones ni exigencias desmedidas ni palabras contadas. Y fue feliz hablando y escuchando sin preocuparse tanto de lo que se decía como del valor del diálogo.

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4 respuestas a 2- El Cartujo Hospitalero

  1. CORRINA dijo:

    Y EL PRIOR LE CONTESTÓ…¡¡¡ HALA VETE…QUE LLEVAS AQUÍ 30 AÑOS Y NO HAS PARADO DE QUEJARTE!!!

  2. Me ha encantado tu historia, Alberto. Andaba yo buscando una imagen de un cartujo con la cabeza tonsurada para añadirla con un link hacia la web del propietario en mi relato novelado por capítulos sobre los moriscos de Andalucía y he dado con tu blog. Da gusto leerte. Te felicito. Con tu permiso voy a añadir un enlace hacia tu blog en el mío. Un cordial saludo.

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